Nosotros desaparecemos

Traducción del inglés al español por Daniela Sánchez


Si caminas a lo largo del río Bering en Sibir, te encontrarás un pueblo llamado Vatirkan,
conocido entre los rusos locales como Hartika. En la lengua chucota el nombre de este lugar
significa seco y estrecho. Quién sabe, tal vez esto sugiere la esterilidad de la tierra de este
pueblo, el cual está situado en una planicie. Su tierra demuestra que las personas que habitan
ese lugar no se ocupan de su agricultura. Su principal sustento es la pesca. La parte baja del
pueblo se inunda por las corrientes del río Vatirkan. Sus aguas son tan frías como el hielo.
Normalmente, las personas van a pescar al río, los pescadores expertos van a las orillas del
río Bering. Los peces cachados son enviados a la planta situada en otro pueblo, donde es
procesado. Ellos pueden aceptar tanto dinero como productos a cambio. La razón por la que
cuento esto es porque mi destino está dirigido hacia este pueblo.

El cielo parecía estar triste; todo estaba cubierto por nieve. Todo comenzó cuando conocí a una
niña llamada Akana en Anadir. Ella tenía los ojos un poco bizcos, el cabello claro; su piel
estaba un poco oscura. No estoy seguro de que me atrajo hacia esa niña. Sus amables ojos
increíblemente se hicieron tan íntimos para mí que era infeliz a menos que pudiera verla.
Aunque ella también me quería, yo no podía abrir mi corazón a ella. Pero un día tuve que
decirle todo cuando ella me dijo que se iba del pueblo para siempre. Mi corazón comenzó a latir
desesperadamente.

“Mi padre Coockie, me está llamando. Es viejo, y quiere que me case mientras él siga vivo”, ella
me dijo.

“Akana”, dije sabiendo que ésta seria una situación conveniente para abrirme con ella, “si tú
quieres casarte, yo quiero ser tu esposo. Te amo…”

“Lo sabía,” dijo ella,”pero no puedo casarme contigo.”

“Pero, Akana, si nos amamos, ¿por qué no?”

“Cierto”- inesperadamente admitió y comenzó a llorar. “Si yo fuera chucota o rusa, me podría
casar contigo, pero soy kerek.”


Kerek- me sorprendió que nunca antes hubiera escuchado acerca de ese país. Pensé que era
un estado al norte de Chukotka y le dije:

“No me importa de dónde seas. ¿O es que tú menosprecias a los uzbekos? En nuestro país las
personas de mayor estatus no quieren que sus hijos se casen con personas de menor. Pero
todo esto no tiene sentido. ¡Todos somos hijos de Adam y Eva, no deberíamos presumir de esa
manera!”

“No, Avaz, no me has entendido.”- me miró con tristeza. “Te aprecio, pero nuestra posición es
diferente. Este es un término diferente. Las personas de Kerek son muy pocas en el mundo. Leí
en algún libro que somos considerados como una de las naciones que están desapareciendo.
De hecho, nuestra nación está desapareciendo.”

“¿Cuántos son?”- Algo apareció en mi garganta.

“Somos ocho en total. Es algo terrible. Estamos desapareciendo, tienes que entender.”

“Sí, Akana, es muy difícil. No soy tan ingenuo como para no entender la tragedia en Kerek,
pero no puedo vivir sin ti. Dame una oportunidad.”

“No”- ella me rechazó- “Hay un niño kerek que va a casarse conmigo. Mi padre quiere que me
case con él.”

“Pero, ¿qué pasa con nuestro amor?”
“¡No necesito amor cuando mi nación está desapareciendo! Por favor, perdóname.” Huyó con
lágrimas en los ojos. Yo me quede en Anadir con el corazón roto. Ella abandonó el pueblo y yo
me quedé, sorprendido y sin poder creerlo. No podía olvidarla. Después de una semana, fui a
Vatirkan siguiéndola. Volé en helicóptero hacia Kharkhatain y después viajé en coche. Un
hombre llamado Misha que trabajaba en una estación de carga eléctrica me ayudó a llegar a mi
destino. Todo alrededor estaba hecho de madera, también las casas que se habían pintado de
negro por la nieve. Se veían como si se hubieran quemado. Como me explicó Misha, ahí sólo
vivían chucotos y rusos. Le pregunté por los kereks, pero se encogió de hombros y me dijo
distraído:

“No lo sé, ¿para qué los necesitas?”

“Soy un antropólogo.” Tuve que mentirle a Misha. No podía hablarle acerca de Akana, tampoco
que venía del otro lado del mundo por mi amor. Eso era muy raro en nuestra época, en la que
difícilmente se puede encontrar el amor verdadero. Cuando llegamos al lugar Misha me
preguntó:

“¿Dónde te quedarás, antropólogo?”

“No lo había pensado.”- Le dije la verdad.

“Ven conmigo, yo vivo solo aquí. A mi esposa Nika no le gusta Vatirkan y ella no vendrá si no
quiere. Yo trabajo todo el día, así que puede quedarse conmigo.” Estaba encantado con la
oferta del bondadoso hombre. Cuando estás tan lejos, este tipo de ofertas te alegran mucho.
Crees aún más en Dios. Así que fui a la casa de Misha, era de madera, como las otras.

“En realidad, esta casa pertenece a mi tía Darya, pero después de su muerte, hace diez años,
me la dejaron a mí.”

“Entendible,” le dije.

Después de instalarme comencé a averiguar acerca de Akana y de los kereks. Una hombre
chucoto me miró.

“Tú, uzbeko, estás buscando a la hija de Coockie. Malvado, ella se fue a Anadir a buscar un
marido. Además, Coockie siempre se está quejando de que los chucotos devoran a los kereks
sin saber lo que su hija ha estado haciendo.”

Con dificultad pude soportar sus palabras. En otro caso, le diría que esa no es forma de
hablarme, pero él conocía a las personas que estaba buscando, así que me calme. Me explicó
como llegar a la casa de Coockie. Fui a la calle Kergentagina y encontré la casa. Era una casa
vieja. Akana abrió la puerta. Por un momento, estuvo feliz de verme, pero después comenzó a
asustarse y dijo:

“¿Aún así viniste?”- Me miro frustrada.

“Quiero conocer a tu padre.”

Akana y yo fuimos con Coockie. “Coockie” en la lengua kerek significa vaca. Existe una
leyenda acerca de Coockie y su esposa Mita. Pero Coockie, como pude ver, no era parecido al
de la leyenda. Su esposa había muerto tiempo atrás, Akana me lo había dicho en Anadir.
Coockie era un hombre viejo, que envejecía cada día más. Su edad era sólo evidente para
Dios.

Escuchó que quería casarme con su hija, furiosamente pero en silencio.

“¿Cuál es tu nacionalidad?”- Me preguntó.

“Soy uzbeko.”- le dije.

“Oh, los uzbekos son personas amables, según me han dicho. Me he asegurado de ello al
haberlo conocido. Pero, tiene que entender, no puedo darle mi hija a otra nación. Has perdido
tu tiempo al venir hasta acá. Akana se casará sólo con un kerek.”

“La amo.”

Coockie sonrió sarcásticamente y abrió su adolorido corazón.

“Agradezco su inagotable e insensato amor, pero nuestra nación está desapareciendo.”

“Un amigo mío, de Rusia, me ha mostrado una lista de la población actual. Después de la
Segunda Guerra Mundial, los kereks eran un poco más de cien personas. Creo que en ese
momento todavía podíamos haber salvado nuestra nación. Pero todo debió controlarse de la
manera correcta. Debimos haber vivido en un solo lugar. Debimos hacer que nuestras esposas
dieran a luz más hijos y dar a nuestras hijas sólo a hombres kereks, pero, nuestras hijas se
casaron con hombres de otros países,” me dijo.


Coockie continuó, “Pero, todos hicimos los contrario. ¿Cuáles son las consecuencias? Los
chucotos nos devoraron. Mi amigo ruso lo llama adaptación. Yo sé que antes éramos muchos,
pero poco a poco nos hemos perdido. Las mudanzas, la epidemia de varicela, el frío del río, la
guerra y los romances como el tuyo son algunas de las razones por las que nuestra nación
desaparece.”

“Cuando los soldados alemanes invadieron Rusia mi padre rogó para que los hombres kereks
no fueran enviados a la guerra. El comandante Timofey Vozdukhov aceptó y dijo- “Está bien,
ningún hombre kerek irá a la guerra.” Después, ordenó a sus soldados matar a todos los
hombres kerek porque ninguno iría a la guerra. Este tipo de desastres han sucedido todo el
tiempo. ¿Quién sabe? No mucho después nos contaban cómo se cuentan a los puercos. Sólo
quedamos nosotros ocho. Estamos en Minipilgino y Hachkhatain, no hay más kereks en el
mundo. Pero, alguna vez fuimos casi mil personas, ahora nos bastan nuestros dedos para
contarnos. Lo sé, desapareceremos en unos años, pero mientras sigamos vivos hablaremos en
kerek y lucharemos por salvar nuestra nación.”

“Así que no te doy permiso para casarte con mi hija. ¡No hay problema con que se hayan
enamorado! Si me entiendes, sal de mi casa y nunca vuelvas. Si regresas, sabrás que nosotros
habremos desaparecido.”

Akana me vio salir. Abandoné su casa con el corazón afligido. No tenía una razón para
convencerlo. Mi amor era una tontería comparado con lo que Coockie me había contado. Traté
de creer eso. Fuera de su casa, la abracé y le di un beso en la frente por última vez.
Permaneció tranquila, aunque sus ojos entrecerrados estaban llenos de lágrimas.

“Deja este pueblo pronto, es muy frío,”- me dijo ella, mirando a su alrededor.

“Akana”- le dije aun abrazándola- “entiendo todo. Me iré y jamás volveré. Cásate con el hombre
kerek que tu padre quiere que aceptes. Olvídate de mí. Desapareceremos para siempre de la
vida del otro.”

Después de una corta despedida me fui sin ver lo que dejaba atrás. Escuché como lloraba,
pero no podía regresar. Mientras caminaba por las calles del pueblo, me di cuenta que habían
copos de nieve sobre mi ropa. Estaba nevando en Vatirkan…



26 de agosto del 2014
Tashkent – Chilanzar

Notas:
El nombre del río Bering viene del nombre del marinero Vitus Bering (1681- 1741). Colinda con
la parte chacota de Okrug, Rusia.

Khatirka es un pueblo en la región de Anadyr de Chukotka

En el 2014 la población era casi de 367 personas.
Vatirkan- Los chucotos la llaman Khatirka Vatirkan, que significa lugar seco y angosto. Su
población vive de la pesca. Principalmente, chucotos y rusos viven ahí. Algunos kereks viven
en ese pueblo.

Chukshi- principalmente viven en los territorios de Chukotka, Kamchatka, Magadan y en la
República de Saha. Rusia registró el mayor número de chucotos, 15908, en Meynipilgino, un
pueblo que significa “boca grande”. Principalmente viven ahí chucotos y rusos. La población
llegó a 406 personas en el 2012. Su territorio consta de 1.5 kilómetros cuadrados. Una fábrica
produce pescados en ese pueblo.

Anadyr- un pueblo costero y el centro administrativo de la parte chucota autónoma de Okrug,
Rusia. Fue fundada en 1889. Hasta 1923 se llamaba Novomarink. De acuerdo a las
estadísticas del 2014 la población llegó a 14,029 personas.

Kerek- los chucotas llaman a esta nación Kereket. De acuerdo el censo ruso del 2002 sólo
existían ocho personas. En el 2010 existían cuarenta personas. Pero en 1959 habían más de
cien personas. Un escritor ruso, Andrey Belkovskiy, mencionó en su libro “Chukotka sin Kereck”
que las personas kerek eran más de seiscientas en 187 y en 1927 sólo eran 315. Actualmente,
las personas kerek en los territorios de Vatirkan y Meynipilgino y también en Khachkhatain.


Khachkhatain actualmente se llama Berinovskiy. Las personas kerek la llaman Gachkhatain
(Khachkhatain), que significa el fin del gorjeo.

De acuerdo al censo del 2013 en Khachkhatain vivían 1102 personas.

Kergitaina- una de las calles en Vatirka, era donde los kereks vivían.

Coockie y su esposa Mita- la leyenda y el cuento de hadas de los kereks. En 1971 Leontev la
escribió en Meynipilgino. La leyenda cuenta acerca de Coockie, el cuervo, y su esposa Mita.
Ellos lucharon por alimentar a sus hijos y poder salvar su vida. Como si la leyenda reflejara el
destino de los kereks.

(Asimilación) Adaptación- del latín “ser como”. Si lo analizamos, sociológicamente, significa
inclusión. La asimilación de naciones significa la combinación de naciones definidas con otras.
Los kereks se asimilaron, principalmente, con los chucota.


Sherzod Komil Khalil nació el 13 de septiembre de 1982 en distrito Kitab, en la región Kashkadarya, en Uzbekistán. Estudió en la Universidad nacional de Uzbekistán Filosofía de 1999 al 2003. Sherzod obtuvo su maestría en Filosofía Moderna e Historia de Occidente del 2003 al 2005.  Él también estudió un Curso Superior de Literatura. Sherzod trabajó como profesor de filosofía en el Instituto Tashkent de industria textil y ligera. Estudió, también, en la Universidad Nacional de Uzbekistán su postgrado. Actualmente Sherzod Komil Khalil es un escritor independiente y vive en Moscú


Daniela Sánchez (Ciudad de México, 1998) estudia Escritura Creativa y Literatura en el Claustro de Sor Juana en la Ciudad de México e Ingeniería en Innovación y Diseño en la Universidad Panamericana. Participó en las Microficciones del Claustro de Sor Juana en el 2018. En el 2019 cursó el Diplomado en Literatura Europea Contemporánea en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. Actualmente forma parte del equipo de Cardenal Revista Literaria como jefa de traducción y editora de poesía.

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