Armando Gama: Arte y sociedad civil. Un diálogo en relación con Konesh Soluciones

por Cardenal Revista Literaria


A penas inicia marzo y el preludio de la primavera ya se siente en el clima. A pesar de ello, la frescura de la sombra de la terraza de Café Boicot, en la colonia Condesa, me permite sentarme frente a frente, con un chocolate caliente en mano, con Armando Gama, reconocido cantante barítono de ópera.

En fechas reciente hemos entrevistado a algunas personas de la comunidad cultural y artística de la Ciudad de México, quienes han encontrado respaldo por parte de un grupo de la sociedad civil que se preocupa por apoyar a las artes y la cultura; me refiero a la empresa de facturación Konesh Soluciones. Las conversaciones que hemos sostenido con estas personas giran en torno a ese tema urgente y sustancial que nos permite generar comunidad: el apoyo entre miembros de la sociedad civil, en general, y a los proyectos culturales y artísticos en particular. Ciertamente, la conversación que sostuvimos con Armando Gama ha sido una de nuestras favoritas, por las interesantes opiniones y perspectivas de Armando en relación con temas como el arte, el Estado, la sociedad civil y la democracia.

Reseñar quién es Armando Gama se torna complejo pues, como bien reconoció él, Armando Gama es la conjunción de toda una vida de experiencias, conocimientos, chismes, saberes, etcétera. Reseñar, admito, tiene como efecto simplificar, reducir y, por ende, omitir –arbitrariamente– los elementos importantes que definen a una persona en su individualidad. Académica y profesionalmente, y para acercar a la comunidad lectora de Cardenal Revista Literaria a este importante actor del arte mexicano, me importa mencionar –sin las pretensiones reduccionistas mencionadas–que Armando cursó sus estudios en la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México; ha formado parte de la Academia de Artes Vocales de Filadelfia; es miembro de la Compañía de Ópera de Bellas Artes; e interpretó el rol de Donizetti en L’Elisir d’Amore en el Festival Opera de Walnut Creek, California.

Sentados, uno frente a otro, Armando nos saluda y empieza la conversación en torno a algunas preguntas que le habíamos hecho llegar anticipando nuestro encuentro.

“Es papel exclusivo del Estado apoyar al arte y la cultura,” me dice atendiendo a una de las preguntas de la entrevista, “tú y yo sabemos que no; que sí y que no a la vez. Es deber del Estado facilitar al individuo, a la empresa, a todo aquel que desea participar dentro de la vida cultural, los medios para que lo pueda hacer. La cultura es el mejor exponente del bienestar o del malestar de un país. No hay mejor indicador. Yo no soy marxista, pero Marx lo dice: hay una estructura y una superestructura; la superestructura es justamente esta parte tan importante; no puedes tener una superestructura sin estructura; no puedes una estructura así nada más sin ´presumirla´ en la superestructura, que es la punta del iceberg.

“Durante muchos años había sido el Estado el único proveedor de cultura, pero eso tiene un pero muy grande, que solamente se visualiza la cultura que el Estado quiere, o que el Estado piensa que es la correcta, y que puede ser cierta o no, pues se pueden quedar fuera de esa visión un montón de exponentes, un montón de versiones (cultura no solamente hay una, sino muchísimas, infinitas; las culturas que conforman la Cultura, desde las llamadas culturas suburbanas hasta la general, lo que representa ser mexicano).”

Antes de esta pregunta, hay otra primigenia, pues parte importante de esta conversación es acercarnos a su trabajo en y para la cultura. En este sentido, conozco yo un poco sobre su trayectoria; más allá de la imagen pública, o de lo que podamos leer acerca de usted, ¿quién es Armando Gama, cómo se concibe usted?

Preguntar quién es Armando Gama es muy “al aire”. Te puedo platicar desde mis primeros recuerdos personales, en el kínder, hasta el día de ayer; pero es muy ambiguo. Es más fácil que responda algo más concreto: ¿qué quieres saber de quién soy? Incluso está el chisme, y ese es una parte importante.

Lo que me forma como artista, es el deseo de hacer lo que mis ídolos dentro de la ópera hicieron; eso fue lo que me movió a ser como ellos. Tú sabes, el público va al teatro, va al escenario, va al foro, a que el artista lo seduzca. El público quiere ser como el artista. ¿Qué es el arte? El arte no es otra cosa que la cola del pavo real, que los colores del tigre. Nosotros como especie, somos sumamente débiles en cuanto a una demostración de fuerza física, de atributos físicos, que hacen que los demás animales que hay sobre la Tierra, dotados de elementos físicos, de dimorfismo sexual –que está encaminado a la perpetuación de esa especie (como la cola del gallo o el adorno en los machos). Nosotros, como humanos, tenemos muy poquitas herramientas para ese respecto. Lo que creamos es belleza a través del arte; no solo belleza física, porque sí hay quienes cultivan su cuerpo de manera tal que crecen estéticamente, muy agradables, por supuesto; pero no todos tenemos esa capacidad, ni esas ganas; hay personas que desarrollan algo más profundo: el intelecto, y la manera de transmitir ese intelecto, que es a través del arte representativo, y ese arte representativo se ve, se lee, se siente, se escucha. Eso yo lo descubrí mucho después, ya cuando uno se da cuenta porqué está allí haciendo cosas difíciles, arduas, que no a todas las personas les gusta, que son consideradas en ocasiones como aburridas y elitistas; está allí porque se es necio, pero se es necio por algo que entra en juego y que llama directo al instinto del ser humano: el golpe de adrenalina que produce estar en el escenario exponiéndose uno mismo, como individuo, a un montón de ojos y orejas que son capaces de decidir si les gusta o no. Nosotros estamos en el escenario porque somos adictos a esa adrenalina y queremos más, queremos sentir otra vez esa emoción, queremos otra vez estar al filo de la navaja, y por eso pulimos nuestro arte, pulimos nuestro quehacer, pulimos nuestra especialidad, hasta llevarlo a un punto de dominio más allá de la media, porque lo que queremos no es llegar sino seguir estando ahí. Todos lo queremos. Recuerda que solo hay dos tipos de artistas: los que están en formación y los que están en deformación. El pico entre ambos puntos dura muy poco. Dura tanto cuanto uno lo quiera mantener.

El artista no es altruista. Todo en esta vida es un intercambio. En este caso, un bombardeo químico interno a través de la aceptación, porque el artista tiene su aceptación fuera de sí mismo, el artista vive de la aceptación de los demás, no de la aceptación propia, de la interna, que es la que se busca a través de la iluminación de algunas religiones, ciertamente, pero sabemos que eso en el arte no existe.

Su respuesta descubre el papel que el arte juga en su vida; ¿qué papel juega el arte para la sociedad en general?

El arte, desde la unidad, desde yo, el arte en mi vida es mi vida. Hoy vivo del arte, con el arte y para el arte. No puedes hacer otras cosas; es cierto, me encanta hacer cosas que nada tienen que ver con la música, porque eso es lo que me distrae también de la música. La música, el canto, la ópera, son como tener una relación sentimental con una pareja, a quien tienes que extrañar de vez en cuando, porque si la ves diario, si la soportas las 24 horas, de los 7 días de la semana, de los 365 días del año, le terminas poniendo el cuerno porque te hartas; necesitas extrañarla, por eso salen los hobbies, las aficiones, las distracciones, que hacen que extrañes, con mucho cariño, a tu amor verdadero. Eso es en cuanto para mí “qué es la música, la ópera, el canto”.

En el contexto general, ya no es la música, el canto, la ópera. Repito, la cultura general, sirve para distraer -como sociedad-, sirve para presumir -sirve dentro de la presunción (esto soy yo, esto somos nosotros), una especie de chauvinismo-.

No estoy de acuerdo con que un artista deba necesariamente de tomar una postura política, sobre todo si es un artista independiente. Hay gente que adopta tener una postura política, pero sabe que lo que tiene que perder ahí es mucho mayor que lo que tiene que ganar; se pueden perder afectos, hasta la nacionalidad, si se adquiere postura política acérrima. No es raro encontrar a algún colega que ha tenido que dejar su pasión, su vida, de lado, porque no lo contratan por tener, si no una postura política, sí una ideológica. Deja de gustar.

Recordemos que el artista lo que busca, es gustar. Sí es cierto que el artista también tiene una misión de transmitir ideas, pero eso ya es un político haciendo arte. Y con eso, yo no estoy de acuerdo. Las demás personas podrán tener otras opiniones.

Como sociedad, tu cultura, lo que te identifica como esa sociedad, es ese túnel llamado la cultura de tu país, lo que te hace darte cuenta de quién eres, y es ahí donde entramos todos como artistas. Te mencionaba que es un método de presunción. En lo que a mí respecta, que es lo que yo conozco y de lo que más puedo yo hablar sin temor a equivocarme, una de las maneras de presumir más hermosas que tenemos, que más orgullo nos dan, es los artistas mexicanos, los cantantes mexicanos, es muy sabido internacionalmente que México es un semillero de cantantes: da cantantes para todos lados; en todos los continentes, hay un cantante mexicano cantando, en mayor o menor medida, los tienes a algunos, como Ramos Vargas, como Rolando Villason, como Francisco Araisa, que están en el topo del topo, y hay otros que están honestísimamente trabajando y viendo de su arte, trabajando en el coro de la ópera de fulano, en el coro de la ópera de tal ciudad, en proyectos chiquitos, en venias chiquitas, y no por eso son menores, porque siguen siendo una panoplia para presumir por nosotros, el problema es que no los conocemos. A la mayoría de los de abajo, no los conocemos: puede ser que ellos mismos no estén interesados en darse a conocer tanto -razones hay muchas-, pero también porque nosotros mismos queremos desconocerlos, y de eso se trata, en una gran parte, el proyecto del radio que tiene Konesh.

Konesh quiere dar un espacio, a parte de los intereses empresariales internos, alrededor de esos intereses, quiere que exista un espacio para que se sepa quién es el artista mexicano, no nada más el artista de la ópera, el de la música, el artista en general. El artista mexicano es riquísimo en su variedad expresiva, en sus expresiones, hay incluso gente que no tiene un solo arte.

El arte escénico es efímero, pero las artes que se quedan impresas, escritas, se quedan hasta que uno quiere, incluso hay manifestaciones de las cuales, si bien ya no queda ningún registro, siguen siendo objeto de diálogo.

El arte no debería ser panfletario, opinan algunas personas; el arte debe ser ajenos a las diversas posturas políticas. Hay quienes, por el contrario, opinan que la estética necesariamente implica una ética y, por ende, una política.

En eso tienes toda la razón. Pienso que es prioridad del individuo determinar hasta qué punto intervendrá su postura ética. Es muy fácil cuando un individuo no tiene nada que perder, que lo dé todo. Cuando uno no tiene nada, lo puede dar todo. Cuando se tiene nada más medio pedazo de pan, lo más seguro es que se seguirá teniendo hambre cuando se lo de a alguien, entonces se da todo. Ahí es donde entra en juego, quién es quién se está aventurando a darlo todo por una postura ética, por una postura política. Si de entrada la razón de tu existir dentro de la cultura y el arte que te rodea, antes que todo, es esa postura ética, también tenemos que tomar en cuenta con qué calidad se nos está entregando; no se trata nada más de decir lo que uno quiere, sino el medio a través del cual se hace; es como tratar de convencer a una novia, no se lo dice nada más así como tal, se le tiene que envolver en huevo, freír y ponerle azúcar; una postura ética no puede ser metida en un tubo con una baqueta hasta que embote, tiene que ir poco a poco, suavemente, hasta que uno crea que fue su idea y no la del artista. Hay artistas que prefieren ir contundentes; también es una postura personal. A algunos se les cree más que a otros, a esos me refiero, son esos quienes tienen el poder de la seducción que uno busca como público, y te dan el producto a cuentagotas, como uno lo quiere, precisamente para que se quiera más.

Lo encuadran bien en los parámetros estéticos.

O lo disfrazan.

Me pasa en el medio literario que me encuentro con poesía “posmoderna”, que en ocasiones rompe, sin fundamento, algunas estructuras.

Romper sin fundamento, no es romper, es transgredir. No se puede cambiar una postura, no se puede introducir una postura, una idea, desde la ignorancia. No puedes romper sin ser doto de aquello con lo que se quiere romper. Si uno quiere romper algo, es porque ya lo tiene hasta la coronilla y algo nuevo quiere. Eso nuevo se encontró con base en lo anterior, en la falla que se encontró en lo roto. Es el deber ético, entonces, como artista, señalar esa fractura.

“¿De qué vas a vivir?” es una cuestión que se presenta cotidianamente. Sabemos, como personas creadoras, que nuestro quehacer implica trabajo, y como tal debe ser remunerado. ¿Por qué nuestro Estado, sin pretender que sea paternalista, no está creando oportunidades laborales para personas artistas, y por qué surge la necesidad de que la sociedad civil juegue un rol importante en el apoyo a las artes y la cultura?

El proyecto del radio es una herramienta para poder adentrar a Konesh, que ya lo ha estado haciendo desde hace tiempo, pero cada vez se quiere más sólida la participación.

Se busca que además de la participación de Konesh como empresa, se unan más y más individuos de la sociedad civil, como empresas. ¿Qué obtiene un individuo?

Al gobierno no le gusta soltar dinero porque no lo va a recuperar inmediatamente; no del mismo lugar, y no nada más porque sí. Esto es un intercambio, y como tal debe ser justo y equitativo. Es como una relación: ambas partes se deben querer proporcionalmente, si no una de las partes se irá; quien se fue ya no querrá hacerlo, y quien se quedó solo también estará resentido, y ya no buscarán intercambio. Lo mismo del intercambio cultural y económico, al mismo tiempo, tanto la sociedad civil como el gobierno. Lo que tenemos que entender como sociedad, es que el Estado debe facilitar ese intercambio, no estorbarlo. Como la dirección orquestal: el primer deber de todo director de orquesta es no estorbarle a su orquesta, porque si no saben marcar la orquesta no sabrá lo que quieren, y si la orquesta no sabe lo que quiere no le harán caso. Si el Estado estorba, tendremos una gran barrera, estorbo, para poder lograr que la parte civil de nuestra sociedad pueda a su lugar en la sociedad portar de muchísimas maneras al desarrollo cultural de su propio país, incluso también, por qué no decirlo, muchísimos individuos desconocen por miedo, su valor al enriquecer la cultura de su país por desconocimiento. Uno lo puede ver en las micro sociedades; por ejemplo, en una escuela, en un grupo escolar infantil: los grupos son los primeros conjuntos sociales donde se forma un niño, donde aprende a ser sociable; es en la escuela donde desarrolla.

Ahí tenemos un ejemplo sublimado del por qué la cultura da miedo. Cuando tienes a un niño que siempre le responde a la maestra de forma correcta, ese niño asusta, y eso intimida a los demás niños, y la respuesta lógica es la agresión física, la más rápida, sin miramientos, sobre lo primero que siente. Hoy en día condenamos el bullying, el acoso; antes te defendías o te seguían molestando; hoy la postura es que uno tampoco debe agredir, lo que refuerza que uno debe ayudar a su hijo, ayuda a quien no debe de agredir. Es fácil perder la noción de lo que es el poder. El poder entra también en lo que es la cultura. Ahorita voy a hondo en lo del poder. El poder de un individuo, el poder de una empresa se puede demostrar de muchas maneras. Decía Theodor Roosevelt: “hablar suave y llevar un buen bastón”. Cuando hablas suave, cuando no te alteras, cuando eres dueño de la situación, ni tienes que gritar, pero tu instrumento coercitivo tiene que ser lo suficientemente grande para que uno no tenga que gritar, y este instrumento si bien puede ser económico, bien puede ser punitivo a través de la fuerza legal o ejecutiva, está adornado de piedritas, de brillitos, que hacen que voltees a verlo, pues si está adornado definitivamente no ha tenido que ser usado. Es como quien trae un gran auto, seguro es porque le va bien, y ahí está la parte fundamental de por qué necesitamos presumir la cultura del país, el equivalente a ese auto flamante, que hace a las personas decir que a su dueño le va bien. Toda sociedad que se precia de que le va bien, tiene una cultura variadísima, enorme, grandísima.  Si el individuo desea preservar y presumir ese enorme instrumento que es la cultura de su país, necesita aportar, no necesariamente de forma económica (prestando espacios, abriendo programas, etc.) .

Siempre habrá un intercambio fructífero cuando hay dos personas que saben lo que quieren, y cuando una de ambas no sabe lo que quiere, hay que darle las posibilidades. No todo es reguetón; que nos guste o no, eso no importa, como parte de la cultura es una expresión válida, pero también son válidas otras posibilidades, como es válida la música contemporánea, que a muchos de nosotros no nos gusta porque solo la entiende el compositor, dice él, y lo más seguro es que ni siquiera él la conozca ni sepa cómo se toca, hasta que la escucha por primera y última vez. Es una expresión válida de nuestra cultura de nuestro país.

Con base en esto, la cultura y las artes juegan un papel más allá que el del entretenimiento de las personas, y de ser objeto de presunción del Estado para que sepamos que está bien. Es algo sustancial, aunque el Estado –entendido como el gobierno– no lo considera así; siempre lo pasa a segundo plano. Para Konesh Soluciones resulta relevante no trasladar a la cultura a un segundo plano; a pesar de ser un proyecto que nada tiene que ver con las artes y la cultura, consideran que éstas deben estar en un primer plano. Si el Estado no logra colocarlas ahí. Konesh juega un papel importante por la cultura. La sociedad civil juega un rol esencial; hay muchos proyectos artísticos independientes.

No es que el Estado no lo haga; el Estado mexicano tiene sus mecanismos para ello. No le interesan al gobierno central. Los delega a su instancia adecuada, que es la que se encarga de las riendas de ello; es a ellos a quienes les debe importar. La tragedia de la cultura subvencionada por el gobierno en este país es que solo dura 6 años, y al siguiente sexenio, si bien nos va, y si sigue el partido en turno siendo quien favorece a esa institución, pues ya no tuvimos que sufrirlo tanto, pero si cambia radicalmente una postura política –o mejor dicho, un color, pues la pintura se raspa y abajo siempre hay cemento-; si el color ya es diferente, no siempre te va a favorecer, con eso me refiero a que es muy peligroso que el artista tome una postura política, sobre todo si tiene mucho que perder. Puede ser una bendición o una maldición que sea el Estado quien se encargue de la cultura porque lo que termina mostrándose a la sociedad va manchado del color del cristal con el que se mira, pero cuando es el individuo el que pide y el que da, entonces ya no hay colores, ya es transparente, porque ahora es la elección personal la que manda, por eso el Estado, si bien no se va a encargar absolutamente de la difusión cultural de su sociedad, debe de facilitar que los demás los puedan hacer cuando quieran o deban hacerlo.

Desafortunadamente, México es uno de esos pocos países en los cuales durante mucho tiempo fue quien se encargó de la difusión cultural. México tuve su época de oro en el siglo XX, gracias a la intervención gubernamental tenemos lo que tenemos, no podemos patear el pesebre, no podemos ser desagradecidos, sería una locura ser desagradecidos con esa visión que en los 20, 30, 40, incluso hasta los 80, se tuvo por el color del cristal con el que se miraba. Cuando ese color cambió, la óptica también cambió, el lente empezó a mirar a otros lados y entonces ya no importaba. No entiendo, como individuo, históricamente, por qué durante el periodo comprendido (20-80), el color con el que se miraba la óptica del panorama nacional incluía necesariamente la cultura del país, su desarrollo; no de todas, ciertamente, se buscaba que se pareciera a los colores de otras culturas, pero por algo se empieza; copiar algo bien hecho se llama hacer escuela; no se puede aprender si no hay ejemplos, si no hay a quien seguir. Como cuando me preguntabas el papel de la música y de la ópera en mi vida, yo tenía que buscar cómo parecerme cada vez más dentro de los posible a aquellos a quienes yo considero o consideraba los máximos exponentes de mi quehacer artístico. Es lo mismo. Antes veíamos hacia afuera. Ahora debemos ver hacia adentro, hay que traer de fuera hacia dentro, para poder ser grandes culturalmente otra vez. Cada vez lo somos más económicamente. Somos muy suertudos como país, somos muy ricos, tanto que a veces no lo podemos ver, porque incluso somos muy desperdiciados, no nos importa. Si está muy caro el limón, no necesitamos comprar de afuera, acá tenemos muchos limones, incluso aquí en la Roma y en la Condesa. Somos muy ricos en recursos, por eso no nos importa de primera mano la posibilidad de llegarlo a perder, por eso somos desperdiciados. Hay que aprender que un día se va a acabar el conocimiento, la cultura, de tanto ver para afuera, se nos va a agotar, tenemos que ver para adentro ya.

Hay un tema interesante sobre el papel que juega la forma de un gobierno democrático. ¿Por qué importa la democracia para el desarrollo del arte, para que no sea la imposición de cierta perspectiva artística para evitar la censura, y sea la pluralidad de expresiones la que va conformando?

Es peligroso hablar de democracia. No por la postura en torno a ésta. Me dirás que soy transgresor, pero el mejor ejemplo de que la democracia no existe es una orquesta. En una orquesta, conformada por un promedio de 60 músicos, no puede haber democracia. No puede haber 60 versiones de cómo se hacen las cosas. No puede haber 60 maneras de hacer las cosas. Si quieres que la grabación, concierto, ensayo, salga bien hecho, rápido, se necesita una visión, y esa visión, quien tiene el deber de aportarla, es el director de la orquesta; es él quien dice cómo se hacen las cosas. Puedes tener muy buen director o un charlatán. Pobres de nosotros si nos toca un charlatán, porque entonces las 60 versiones se van a empezar a pelear, dirán que así no se hace. Si quien está en la cabeza de la orquesta no sabe lo que hace, creará un caos. Pero si tienes a un director que conoce versiones, puntos de vista, estilos, otras formas de hacer, y de allí crea la que el considera que es la mejor para que esa orquesta, con los elementos que tiene, hace que suene de la mejor manera posible, ese podrá ser un patán, un autoritario, pero es un buen director, porque dice que vale mucho la opinión de todos, pero le importa más la experiencia y perfección individual de cada uno para que toda esta orquesta suene gloriosa; no puede haber democracias, deber haber experiencia y saber cómo encauzarla.

Donde mucha gente me va a criticar, y van a tener razón en un aspecto: ¿qué pasa cuando quien es la autoridad se vuelve autoritario sin experiencia? Regresamos al caos. Ejemplos como tales vemos todos los días; la gente que está cargo de esta gran orquesta que es el país, no sabe dirigirla.

Hay algo interesante del proyecto de Konesh. No únicamente quieren apoyar a los artistas, sino darlos a conocer.

¿Cómo se les va a apoyar si no se les conoce? A partir de eso, es como mejor se les va a ayudar. No puedes vender un diamante si no lo presumes. El que no enseña no vende.

Hay autores que opinan que sin audiencia con quien se pueda generar un dialogo, el objeto artístico no puede ser arte.

El arte siempre es bilateral, muy bien señalado. Aunque sea una persona quien lo crea, y muchos sus espectadores; o muchos sus creadores, y un solo espectador. Como cuando estás oyendo un disco que fue creado por una pléyade de trabajadores que se encargaron de crear un cd, pero lo escucha uno solo.

No puede ser unilateral, tiene que haber un diálogo que despierte pensamiento, que despierte emoción. Con esos dos elementos uno crea el interés, el “quiero más de esto”. El arte se ayuda de los elementos más básicos del instinto humano, la preservación de la especie. Pero lo ignoramos, porque igual que oler un perfume bonito, no sabes por qué nos gusta, porque a mi forma de ser, a mi química interna, le cuadró algo de ese aroma. Igual, culturalmente, artísticamente hablando, a mi ADN cultural interno, le cuadró algo que estoy experimentando, viendo, oyendo, voy a buscar más.

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