Poesía colombiana actual: Estefania Almonacid Velosa

Meridiano

Con la frente inundada de peces
recorro los naranjos.
Anuncio que la memoria
jamás fallará al subir la peña.
Es allí donde está enterrado
el álbum de flores disecadas
el espejito
y la pintura de la mujer con tacones.
Busco una tarde de pelícanos
frascos y caminatas de selva
aullidos, moluscos y tazas de sal.
Duermo sobre el escritorio
en medio de tantas postales
que me inventan las estaciones.



Blue in Green
 
En la radio suena la trompeta
el cielo retumba entre los edificios de Nueva York.
Hay que quitarse la ropa y meterse en la cama para escucharlo.
Los despertadores se apagan 
hay tiempo suficiente
adivinar el color de las prendas en las fotografías antiguas. 
Vale la pena abrir un directorio telefónico
encontrar al que reveló las siluetas en los tocadores.
La trompeta sigue sonando
no hay necesidad de encender las lámparas al pisar las alfombras.
Los reflectores de los autos dibujan jeroglíficos en el rostro.
Colocar una silla frente a la ventana
oler el café del tarro y volver a la cama 
esperar la noche para invocar a Miles Davis. 




Llamar su atención
 
                                  Inspirado en el bolero de Roberto Roena
 
Te miro frente al océano
tu espalda es la memoria que se desliza
y deja huellas de pintura como sendero.
Desde aquí intuyo tu rostro
es la canoa que encuentra al mochuelo.
Sano en la contemplación de tus manos
que señalan la llegada del candil.
Te hago llegar un vendaval recién nacido
o los cimientos de unas piedras al frotarlas.
Me convierto en una ráfaga de brisas
hago cuencos de agua para inventar
un movimiento sereno.
Quizá voltees a mirar algún día.




Vagabundo

                                                            A Yuri Buenaventura

Un muchacho moreno sale del platanal.
En un cuarto estrecho un hombre llora
desde la televisión.
El muchacho toca las congas en el metro
y París lo devora.
Ha caído en el río Sena
pero vuelve al metro y recuerda a Jacques Brel
el hombre en la pantalla.
Ha creado un universo lleno de pureza.
Regresa a la tierra ébano para cantarles a los niños
salsa en francés.
Ha nacido África en las profundidades de un puerto
lo inquietante es cómo arrastra la manigua
por todo el mundo.


Estefania Almonacid Velosa (Bogotá, 1991) es periodista y magister en Estudios Literarios de la Universidad Nacional. Es autora del poemario Zalamera, un homenaje a la salsa y el bolero, de la editorial Piedra de Toque (2021). Su trabajo cronístico y literario ha sido publicado en diferentes antologías nacionales e internacionales, y en su blog de periodismo literario Los desvelados. En el 2021 fue otorgada la beca Periodismo Cultural y Crítica Literaria, del Instituto Distrital de las Artes, con el proyecto titulado: “Un recorrido por Bogotá con Emilia Pardo Umaña”. Es autora del libro Emilia por Bogotá (Idartes, 2022), crónica que busca las huellas de una de las pioneras del periodismo en Colombia, Emilia Pardo Umaña.

Poesía costarricense actual: Rebeca Bolaños Cubillo.

FANFARRIA DE METALES

Pongo la mesa, sirvo la comida
y te observo marcharte.

Siento que tengo la cabeza
metida entre las piernas,
apenas contengo el vómito,
las ganas de arrojar todas las sillas
y romperle la sombra a la luna.

He buscado el descanso de las escaleras
para sentarme a interrogar cada plato roto
que ahora ya no puedo buscar en los basureros.

Nada responde, pero toda grita.

No se puede alcanzar ninguna paz
con planes de regreso
a lugares a los que nunca se ha ido,
con una olla de carne a la leña cada sábado,
con abrir el oído para que entre el estiércol
que sale de una boca
que dejó de encontrar tu beso.

El tedio le busca una miga de pan a la esperanza,
pero es el mismo tedio
el que repite siempre los rituales
en los que se acaban las boronas.

Tres metros de soga
se sientan en el mismo descanso
de la escalera
y simulan no ser una invitación
a la condena.

El ventanal proyecta un horizonte
lleno de luz, de luces;
un espejismo que interpreta
la Sinfonía Dante
en el primer movimiento:

“Abandona toda esperanza,
tú que entras aquí.”

Cierra en un fortissimo
mientras desciendo con Franz Liszt
a mi ajustado infierno personal
sentada frente a dos platos de comida.

BUKOWSKI PIDE CHICAS TRANQUILAS Y LIMPIAS CON LINDOS VESTIDOS

“No traigan más una puta por acá”
Bukowski

De pronto un hombre al final de su vida,
después de repartir sus bienes y sus fuerzas
entre mujeres que le han cobrado el amor,
requiere una mujer “buena”.

La necesita tanto que logra imaginar
todo lo que haría por ella.

Sin construir nunca la vereda,
conseguir almohadas para su cabeza
o provocar su risa.

La necesita, dice,
pide a sus amigos que no le lleven más putas.

Sabe que existe,
pero no la encuentra.

Volvé a nacer, Hank,
y dejá el alcohol, los celos y los puñetazos en el papel,
no en las mujeres que convertiste en putas.

LA ÚLTIMA CARTA

“Y la luna,
bajo su oscura capucha,
se cae del cielo cada noche,
con su hambrienta boca roja
para lamer mis cicatrices.”
Anne Sexton

Apenas viste el pico de mi iceberg, perdón por el lugar común, no encuentro otro
modo de llamarle a esta forma que tuvo la vida de obligarme a tener que buscarte
de nuevo para encontrarnos frente a frente en un espacio infinito al que fuiste y yo
aún desconozco.

Había secado al sol la bandera blanca que pensaba mostrarle a la muerte, tres
parece que fuera un número suficiente, hasta que de nuevo se te hace pequeño el
momento y más negro, todo negro el futuro. Y cuando el clavo de la circunstancia
te obliga a preguntarte si existe ese tiempo pendiente, o si solo hay un camino en
una línea que siempre se quiebra. ¿Cuál futuro?

Yo que nunca he renegado de las cicatrices, me siento harta de serlo yo, cada
pedazo de corazón que apenas sana, vuelve a abrirse y el llanto, que de tanto
mostrarse a pocos, ya no puede salir, se atora, se queda en el pecho y se hace
latido.

Ya no te llegará esta carta, ni todas las cosas que íbamos a decirnos serán
realidad. Somos una historia que ni siquiera encontró cómo empezar y se quedó

en el tiempo, derrapó en alguna calle húmeda y oscura para estrellarse y
provocarme el grito que ya jamás vas a escuchar.

Y, sin embargo, te escribo la carta, porque quiero poder leértela cada vez que se
la lea al mundo y así tal vez llegue a vos como un susurro al otro lado del dolor.


Rebeca Bolaños Cubillo. (1973) Graduada en RRPP y Comunicación y en Bellas Artes. Estudiante de Antropología. Publicó su primer libro “41 meses en pausa” en el 2018 – Editorial Nueva York Poetry Press. En el 2019 la plaqueta “Reporte del tiempo”- Proyecto Editorial La Chifurnia.
Su segundo libro se encuentra en revisión.
Productora Ejecutiva del FIPCR (2016 y 2017); y de los proyectos Fuego Cruzado y Canto a la Semilla, además de colaboradora del proyecto Ojo de Cuervo – Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres, iniciado en El Salvador en el año 2019.
Certificada como facilitadora de escritura terapéutica y reflexiva por el Fondo @TrustedWords.

Poesía española actual: Margarita Leoz

DESINTEGRACIÓN

Me he mecido como los bejucos perezosos que, en lugar de trepar, se dejan caer con la
languidez de la muerte. He extraviado identidad y nombre, he sido una sombra transparente:
todo aquello a lo que pertenecía se ha borrado.

Desaparecer, de eso se trata, conservar solo la esencia, despojarse hasta chocar con un
corazón abierto, expuesto y palpitante. Que las moscas se posen sobre mis restos, que los
zanates celebren un banquete en mi honor. Ser entregada al fuego del sol, al embate de la ola,
burlando así a la predestinación, a las arrugas, al polvo de los museos.

No caminar nunca más, perder mis piernas. Que los charancacos altivos repten por mi pecho,
se detengan a olisquear y continúen su camino, como si mi cuello fuese uno más de esos
troncos atrapados con delicia por los muslos de la tierra.

Que mi sangre se torne del añil del mar y mis ojos del verde de Yojoa. Desprenderme de las
últimas cruces, de las últimas sogas. No necesitar ya más de la respiración ni del oxígeno. Que
mis cabellos devengan plantas acuáticas y, llegada la hora, en un amanecer radiante,
desaprendan la capacidad de flotar:

con suma lentitud me irán hundiendo
―hacia abajo, hacia abajo―
hacia ese fondo donde no se distingue el agua del limo,
donde ni siquiera la luz podrá venir a rescatarme
en el límite del tiempo, en el extremo olvido.

Lago de Yojoa, julio de 2022
Poema inédito

QUIERO MORIR ENTRE LAS FLORES

Quiero morir entre las flores
y no ahogada
o con una espina de pez
atravesando mi garganta.
Los pétalos que cubran
como sudorosas hormigas mis ojos,
ceder así sin ver
el testigo de mi duelo a las estatuas.

Y ser vencida por la imperdonable tierra,
por sus huestes herradas de sol,
para que mi cuerpo
estirado por el uso
deje de preguntarse
qué es esa cosa de que las rocas
te devoren
o de ser pasto de la hierba.

De El telar de Penélope, Calambur, Madrid, 2008

EL DORADO

Un pájaro cuyo nombre desconozco emite un gorgojeo y después, como azuzado por un
recuerdo urgente, sale volando de la rama.

Por encima de las picas de los soldados, escucho el tráfago del viento entre las lianas. La punta
de mi arcabuz oscila levemente con el oleaje. Si tan solo un disparo pudiese romper
este silencio, marcar el camino certero por las bifurcaciones salvajes del Amazonas.
Pero no, mi pregunta hiere:

cuántos quedaremos con vida,
cuántos, de los trescientos que salimos de la ciudad de Lima, regresaremos del viaje
incauto,

tantos han ungido ya con su sangre las riberas de este río caníbal. Tan solo obstáculos para su
liquidez invicta que no conoce piedad, dos bergantines y un fluctuar de balsas,
trémulas miradas sobre la superficie.

Vosotras, columnas de follaje, hojas de esmeralda en ruinas, vosotras, que inclináis en una
hondísima quietud vuestras ramas bajo los cielos desprendidos que no alcanzamos a
divisar, vosotras, torres caídas que se lamentan, astros vegetales que dibujáis
quimeras en el aire, vosotras, pobres plantas, hijas de otras constelaciones, atadas a
esta tierra pestilente, demasiado húmeda, maldita, nos atraéis hacia el horror,
vuestros brazos abiertos nos invitan a compartir un espantoso destino. Cuando
alcanzamos la orilla y vamos apartando las flores de bruñidos estambres, exhaláis,
como única venganza, un dulce perfume.

Pesadas gotas se hinchan hasta desfallecer por los picos de las hojas. El día oscurece, se
desprende de su envoltura doliente, cada atardecer como un manto insonoriza la vida
para dejar a su paso un leve susurro, ansioso, anegando el cauce trenzado del río, y la
luz del último sol refleja las aguas moribundas, filtra una niebla de mosquitos, se torna
menos radiante, nos recuerda que

el hogar de los hombres nunca estará a los pies de este suelo, en esta estación indiferente que
es eterna y nunca se sacia.

Cuando se hace de noche, fingimos dormir abrazando nuestros cascos pero empuñamos
insomnes las ballestas. Creemos alejar así las pesadillas que se inmiscuyen en nuestras
bocas como peces calientes. Pero ninguno saldrá ileso. Enloquecidos, perseguimos un
mapa de oro que no existe, estamos remontando esta inmensidad sin objeto, este
arañazo putrefacto de desierto, y, sin embargo, naufragamos más cerca del vacío.

De Cartografía humana, poemario inédito


MARGARITA LEOZ (Pamplona, España, 1980)
Licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Salamanca y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Autora del libro de poesía El telar de Penélope (Calambur, 2008), de los libros de relatos Segunda residencia (Tropo Editores, 2011) y Flores fuera de estación (Seix Barral, 2019) y de la novela Punta Albatros (Seix Barral, 2022). Sus artículos y sus críticas literarias han aparecido en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista 5W, Litoral. En 2021 fue seleccionada para el proyecto «10 de 30» de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), que elige a los diez mejores escritores españoles menores de cuarenta años para promover su obra en el extranjero.

Poesía costarricense actual: Marianella Sáenz Mora

22

Tengo el ansia desarraigada del aire,
una insuficiencia de luz
envolviéndome las nostalgias,
aun las que creía guardadas
en los cajones de mis parpados dormidos,
porque enganché a tu vientre
mi rosa de los vientos
los ojos de Juana
y el gris tristísimo de la higuera.


Tengo una nostalgia libre
dormida
en el pretérito del suspiro
porque anhelo la paz
sostenida con un hilo de nylon
sobre esta piel
olorosa a mañanas y naranjas
sin esquirlas de añil sobre el insomnio.


Tengo, pero ¿qué tengo?
si no tengo nada,
sólo mi cabellera extendida
reinando inútil
y descaradamente satisfecha
sobre tu almohada.

                                                                                 Alusión a Juana de Ibarbourou





26



Me gustan los monstruos.
Ese amor teratológico
cargado de significación inmaterial
de sentimientos contrapuestos,
revelador de secretos amnióticos
de acciones prohibidas,
de confusión y cuestionamientos.


Proyección de las regiones oscuras
en el mar de mi psique
donde la supervivencia orbita
en medio de
la involuntaria colección de propiedades
que fluctúan entre el amor y el miedo.


Un solo ojo
tres corazones bombeando sangre azul,
veo su cara de ave mientras dibuja herbolarios
para camuflar sus cicatrices
víctima también.


Unidos ahora por la resiliencia
acepto los juegos que la claridad refleja ocasionalmente
en las paredes más ocultas del ser
y así
decido girar la llave exhibida
en el cerrojo más antiguo
al centro del pecho.



                                                           Ambos del poemario Transgredir(se), Torremozas 2019




DESDE FUERA DE LA CAJA 


Un caracol me mira con sorpresa
desde su manera de soñar,
no puedo negar que su presencia
es el recurso simple de algún recuerdo
para ver la luz.

En esta versión de la realidad,
mi voz es un frasco de tinta
para experimentar la palabra
y salpicar paredes blancas en la caída,
desde todas las coordenadas
donde la rosa de los vientos
inmersa en un mar oscuro y quieto,
sirva de anclaje en la distancia.


Aprendo el oficio
de salirme del cuadrado,
pongo a prueba
la fuerza de mi intención
esa que me libera
de la parálisis expectante del silencio.


En este ámbito del experimento
donde convergen tantas cosas salvajes
y la pasión es espiral,
se gestan sueños,
pequeños mundos de sal
mientras todo reposa
sobre la fragilidad de su circunferencia.


Contemplo la imagen
para seducirla, para hacerla mía,
letra a letra
pese al efímero instante en que aparece,
sutil y húmeda como rastro de molusco.


Entonces, un escozor en la consciencia
parecido a las sombras de los árboles
empieza a callar la noche,
y es un juego añejar la palabra
en el último estadio de la metamorfosis
que dará a luz al poema,
si no
habrá que convertirlo en briznas del aire
resquebrajarlo con pizcas de luz
para que lo sueñen niños y monstruos
sin que nos demos cuenta.

                                                                   Para Jon Andion, con Intertextos de su obra





Gestión por María Macaya


Marianella Sáenz Mora (Costa Rica) Turismóloga graduada de UMCA y ULACIT. Poeta, narradora, gestora cultural orientada a la acción social. Además escribe haiku y literatura infantil (inédita).Facilitadora de talleres de fomento de lectura de poesía contemporánea, creación literaria inicial y de poesía como herramienta terapéutica. Ha publicado tres poemarios y participa en más de una veintena de antologías internacionales. Su obra ha obtenido reconocimientos tanto dentro como fuera de su país, cabe destacar el Primer Lugar en la categoría de cuento del Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarro, Chile (2020) y el Segundo Lugar en Poesía del Certamen Literario Brunca (2015), Sede de Occidente de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Muestra poética de Diego Quintero Martins

Salet

Nadie quiere verse desnudo sin furia sin calcio, sentir lo perdido por el tiempo —envejecer y decirse su padre. Regreso al útero donde la música es sad y los colores púrpura y las razones de los colores una reacción hormonal. Regreso al útero donde reside lo explicativo y contemplo el resto de mis dientes.

Baby we rolling

Sonámbulos en un motel a la ribera
donde teorizo con el fémur
si soy quien digo ser, tal vez un chico rudo
junto a otro menos rudo.
Un motel a la ribera donde es fácil
cuestionar mi nombre a gritos, el eco
que rasga cuando un hombre entra
dónde ningún hombre entró,
la lengua como una arteria
entre la pelvis y el latido.
Sonámbulos pero no iguales,
nunca iguales, ahí la gracia
de la piel sudorosa: brilla
como lo nuevo, un diamante
en la carne. La mañana siguiente
diremos haberlo perdido.

I

Nací al límite de la soviet donde los árboles, recuerdo, las hojas, recuerdo, se abrazaban a la tibieza de julio como las manos pequeñas y grises del recién nacido. Lo demás se diluyó en la nebulosa de los primeros días tal cual la juventud paterna se diluye en lo cirílico. Taskent se olvida y avanza y se adhiere a la gangrena del tiempo, repta, sí, con el cuerpo acercándose a la descomposición necesaria, inevitable. Mi enfisema es signo de varios trabajos de call center y los kilómetros equidistan los años, un bólido es para soñarse ¿o no? Un bólido me lleva a una isla microscópica del atlántico. Mis abuelos viven en Mindelo con algo de sosiego a pesar de pertenecer a un pueblo vibrante y pienso en la morabeza y pienso en la morna y los barcos son temporales.


Diego Quintero Martins (Taskent, Uzbekistan, 1990) es autor de los poemarios Estación Baudelaire (Ediciones Espiral, 2015) y Taskent soledad ultra (Ediciones Espiral, 2017/Ediciones liliputienses, 2019).

Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía hondureña actual: Armando Maldonado

OFICIO IMPOSIBLE

Mi corazón es el nido que espera a los alcatraces que habitan en las ruinas luminosas de un mundo  que solo ha sido habitado por las fábulas. Amar es un oficio difícil, más cuando se ha nacido tarde  para cumplir la misión para la que has nacido. No hablaremos de los pliegos vacíos que han  depositado mis venas en el puerto en llamas de esta ciudad, que atardece esperando el galeón triste de la noche y sus tripulantes de espectros y fornicación.

Mi corazón, blando como una mano que se niega a matar, solo conoce las notas de la música que sirve para dormir la marea de los ahogados. Amar es un oficio relativamente fácil si has nacido con el pecho inflamado en la penosa asfixia del asma. Ahora todo es tranquilo en el barrio en el que nací.

Mi corazón es una roca que se desmorona en cada latido de la montaña. Amar es un oficio imposible bajo el sol de nuestros días.

BAILANDO SOBRE LA MUERTE

Y allí está, el fantasma de Mao Zedong bailando, vestido de arlequín mientras cambia la bombilla que alumbra la puerta de la casa donde nació. Una mujer vestida de rojo le entrega un libro, Mao Zedong no para su baile frenético. Un camino de piedras coloradas le llama, Mao Zedong baila, trina una flauta en llamas invitando a los vagabundos a lavar sus harapos en las aguas de su río. El fantasma de Mao Zedong es delgado y viste una chaqueta gris, después de eso no tiene datos relevantes más que un par de monedas con rostros de gente igual de muerta que él en sus bolsillos y campanas que anuncian la formación de tropas en todas las plazas del mundo libre. El fantasma de Mao Zedong baila y sus zapatillas blandas han tomado el fuego de un arcabuz ronco, tenor que desgarra silencios en su garganta. Se ha extraviado su boina gris, las bancas de la plaza no dan referencia. Y allí está, el fantasma de Mao Zedong, bailando sobre la muerte, solo bailando.

DAMICLES ERRANTE

El que ha dejado su casa para hacer suyo algún pastizal seco en otra parte ha creído en la profecía de las estufas apagadas. El que en su huida no ha dejado nada más que un cuadro de la Virgen colgado en pared y un par de calcetines en los tendederos que no llegaron a secarse antes del alba. El que contra todo pronóstico salió de su hogar como un ladrón, tomando niños y zapatos al azar. El que aun sabiendo que imaginando el olor de otros campos no encontrará el jardín para el descanso. Ese que huye de lo suyo y abandona los sueños forjados en el vientre de las pesadillas. Ese que cruza ciudades, desiertos y vías de trenes moribundos, ese que un día huyó de los rezos, huyó del pinar, huyó de la bala incandescente, del sortilegio enmarañado que tejían las bestias. Ese que no tiene más destino que lo incierto. Ese Damocles errante, triste, lloroso y despreciado, al que los temas virginales de las fronteras son una espada sobre su cabeza sostenida por el soplido imaginario y tardío de burócratas y tenderos de monedas.

DILUVIO

Un diluvio ha inundado las gargantas de mi gente. Es la hora en que las bestias de la seda engullen la época, el tiempo es un Chardonay más puro que el Jordán del año 30. Los moradores del pie de la montaña trajeron noticias del aguacero cuando todavía era un charco descalzo que saltaba ríos y comía los frutos de la rivera la mañana de los domingos. Nadie creía por aquellos días que la vorágine sería erguida como un mar de pie, inmóvil, donde los hombres tristes y mujeres huérfanas de caricias chocarían en sus ansias de pan y luz. Los moradores del pie de la montaña advirtieron estos días. Su profecía turbia inundó nuestras voces. Henos aquí,

ahogados.

Armando Maldonado

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1983. Es Poeta, editor y gestor cultural. Fue fundador del Grupo literario Máscara Suelta. Fue miembro del Colectivo de Poetas PaísPoesible y del Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes. Director de Ediciones MALPASO. Ha dirigido y colaborado en la creación de espacios culturales y literarios por más de 15 años.

Ha publicado: Caligrafía de la sed en 2021, Ciudad que no canta en 2021, Misa de los suicidas en 2019, Coloquio de la tempestad en 2019, Un poema que hable del mar en 2016 y Así tu cuerpo en 2013.

Poesía fronteriza: Masiel M. Corona Santos

                                                         Gestión por María Macaya

LA ESTRELLA COYOTE

Un millón de ventanas se abren
escalamos la culebra
su cúspide llega al centro
el cordón de cada llave
       engancha una campana;
            en su vientre
                 nos hundimos.
Dividiéndose las puertas
            el viaje:
nuestros dedos esparcidos por el suelo
     tocan el agua sobre un cachorro lienzo.
     Lenguas sagaces
     cortan el cabello de las hienas
     birretes imprimen anillos; en los brazos
            lunares.
La mirada somete al cauce sin orillas
en ojos cerrados
      la luz no resplandece.



LA SACERDOTISA

Entre el corazón y los ojos
estamos
     dentro del cuello
        luna
             agua
                 viento invertido.

El día se agita
la oscuridad su destino cede
desnudos
      enraizamos las corrientes
            barajamos las preguntas.



LUNA DE FUEGO

Su garganta serpentea voces
exhuma a los muertos
     divide.
Su lengua
      como serpiente
desciende por el ombligo
      golpea la tierra
se vuelve raíz.
Sus ojos invocan el fuego.
Ella dibuja círculos en las hojas
un remolino devora cuerpos
damos vueltas en él
soltamos nuestros miedos
       estamos dentro.
En la boca hay hormigas
atraviesan nuestros labios
sentimos su poder.
Cuando nos escupen debajo
nos cortan las alas
nos volvemos bestias.




El PARAJE

Entre la lengua y las manos
gira la rueda
       donde se unen
                  las palabras
tejidas con aire
            voces
       parpadean sin hundirse.

Habitar el lado secreto
     domina a la serpiente
                detiene los ríos
         altera el curso de la luna.

Seres de fuerza
           cambian el tiempo
      guían
             los sueños
en la tierra del fuego
             y la memoria.
*Ilustración por Sergio Sánchez Santamaría

Masiel M. Corona Santos M.A. en Literatura Hispánica, Lingüística y Civilización (California State University of San Bernardio). Se certificó en la enseñanza del idioma inglés (California State University of Fullerton). Lic. en Literatura Hispánica y Cultura, Especialidad en Estudios Chicanos/ Latinos (University of California Irvine). Es autora del poemario Cantos Revolucionarios (Editorial Letras Huastecas, Nuevo León, México) y fundadora, editora de Revista Raíces.
Colabora como editora de Revista Quimera (Costa Rica). Ha publicado en diferentes espacios impresos y digitales como Literary Journal Voices (CSUSB 2019, 2020), Punto de Partida, UNAM, Periódico Poético, UNAM (México), Nueva York Poetry Review, El Beisman (Chicago), La Ninfa Eco (Reino Unido), Pruka (Venezuela), Alma América (España), Somosenescrito (California), entre otros. Sus poemas también aparecen en varias antologías.

Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.

Poesía peruana actual: Andrea Cabel

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Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.