ODA A LA GRATITUD POR EL AMOR Y LA VIDA: 55 ASOMBROS DE SOL, DE LAUREANO ALBÁN

Por Marta Rojas Porras

El libro 55 asombros de sol, de Laureano Albán, es publicado por Casa de Poesía en convenio con la Editorial de la Universidad de Costa Rica, debido a que fue el poeta costarricense a quien se le dedicó la edición n°18 del Festival Internacional de Poesía Costa Rica.

Laureano Albán es autor de numerosos libros, con una carrera poética nacional e internacional destacada y premiado tanto dentro como fuera del país. Muchos de sus libros se han hecho acreedores en Europa, América y Costa Rica de los más importantes galardones internacionales: El Adonáis, en España; el Premio de Cultura Hispana, Madrid; el Premio Hispanoamericano de Literatura Juan Ramón Jiménez, Huelva; el Premio Anual de Columbia University Transnation Center, Nueva York; el Premio Internacional de Poesía Religiosa, Burgos; el Premio Único de la VII Bienal de Poesía Walt Whitman; el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, Madrid; el Premio Nacional de Literatura Aquileo Echeverría en Poesía, Costa Rica, y el Premio Nacional de Cultura Magón. Su poesía, además, se ha traducida al francés, inglés, hebreo, italiano y alemán.

Por parte de la crítica nacional e internacional, sus obras han sido abarcadas por grandes estudiosos como Edmon Cros, Luis Rosales, Florencio Martínez, Leonardo Semkman, Pieragnolo, Isaac Felipe Azofeifa, Carlos Duverrán, Carlos Francisco Monge, Amparo Amarós, Ronald Campos, Peggi von Mayer y más. En algunos círculos, la simple mención de su nombre es motivo de polémica. Ronald Campos, a partir de sus rigurosas revisiones y estudios sobre la crítica con respecto a la producción poética de Albán, señala :

           Existen artículos y notas periodísticas sobre la producción poética albaniana; no obstante,       una cantidad considerable corresponde a juicios impresionistas o a invectivas, cuyos         comentarios se fundamentan en aspectos de la figura personal del poeta, antes que en            criterios meramente literarios y críticos de los textos poéticos en sí.

A continuación planteo una acercamiento a la obra de Albán, no desde una visión como especialista de la literatura  ̶ que no soy ̶ , sino desde una perspectiva de lectora-poeta.

La admiración es esa capacidad para apreciar las cosas, las acciones, los detalles y asombrarse ante su existir. Para ejercerla, no es suficiente con «mirar», sino que hay que «saber mirar». Según Jeannet Ugalde Quintana (2017) esta acción consiste en adoptar la actitud de quien abre los ojos por primera vez y se admira ante lo que ve. A esto agrego yo:  También lo que no vemos nos puede asombrar.

La admiración, como postura contemplativa, implica el reconocimiento del misterio y de la grandeza del ser humano y de toda realidad. El sujeto sale de sí mismo y se deja cautivar por el cielo y las estrellas, la belleza de una mirada, la complejidad del cerebro humano, la bondad de un gesto, la maldad, la fealdad, el amor, el ser amado…

El poeta Albán nos presenta un poemario con el nombre 55 asombros de sol, cuyo título propone mostrarnos “cosas” que lo maravillan, en un mundo de luz (sol). 

Yo fui testigo de cómo de 50 asombros -50 poemas- se pasó a 55, y como no creo en casualidades, y como me gusta el juego de números y palabras, intrigada por la búsqueda de sentido, le solicité a mi amigo y maestro, el Dr. Conrado Umaña, que me descifrara el significado cabalístico del número 55 y, para mi asombro, el 55 debía pasar por el 50, o sea, para explicar el 55 había que decodificar también el 50.

Esta fue la respuesta del Dr. Umaña: “Cábala es el pensamiento esotérico del judaísmo. En ella se usa mucho la guematria, método que utilicé para este análisis”. El número 50 corresponde a la letra נ (Nun), que significa “vida, salud, continuidad”; el número 5 corresponde a la letra ה (Hei), cuyo significado es “aliento, intervención de Dios, gratitud”, por tanto, el significado de 55 es “Gracias a Dios por Su intervención a favor de mi salud y del aliento de vida en mi ser”.

Ante esto, quienes conocemos del quebranto de salud del poeta Albán y de su renacer, podríamos sorprendernos por ese significado; pero, volviendo al título, queda claro, a mi opinión, que la adición de 5 asombros no fue casualidad, pues en esa suma es donde se concentra, oculto, el sema más englobante de este poemario, cuyo centro yace en la idea de gratitud, la gratitud por cada asombro de luz.

A su vez, en la página de la dedicatoria, se esbozan cinco hilos temáticos: amor, testimonio, perpetuidad, asombro y protección que brindan la poesía y la amada. Todo ello englobado por la gratitud planteada, de manera latente, en el título.

La mención, en esta dedicatoria, de una de las siete maravillas del mundo (Taj Mahal, resultado de una trágica historia de amor interrumpida por la muerte), instala en el género amoroso y declara la búsqueda de la perpetuidad (indeleble) en una estructura compacta de mármol (poesía), cuyo motor es el asombro por la irrupción de la mano solidaria de la amada, que es, a su vez, la mano de Dios.

En lo que sigue, cuando hago alusión al poeta, me refiero al yo lírico, inscrito en el poemario como “yo poeta”.

El acto escritural en cuanto proceso, atrapa el tiempo, la eternidad:

          Aquí estoy/ esperando una palabra, /yo que he sido /todas las palabras de amor…// Yo que           amé / todas las palabras. /Yo que he perdido /todas las palabras. /Y todo por vestirlas /con            una nueva desnudez… //Estoy aquí /buscando las palabras/ que necesitan otro corazón. / (…)            Aquí estoy esperando/ la primera palabra /de un poema que sueño /en cada poema nuevo: /             Algo así como / balbucear… con amor / la huidiza eternidad… (Asombro de volver)

El poema eterniza el amor:

           Cómo voy a esconder/ al mundo tu milagro, /si en cada poema pongo/este poema que eres           /al amarme… (…) // Te esconderé en mis /poemas: en su/ insondable    asombro…/ En esta caja          fuerte/ del tamaño de todo, /donde todo es asombro /para la eternidad... (Asombro de tu            ser)

Esta acción de eternizar no tiene escape

           No te pido perdón/ por inventarte en mí… /por inventarme en ti… / ¡y   en ambos la poesía           (Asombro del perdón)

Hay, en este poemario, una concepción de Dios como presencia cotidiana y, por lo tanto, realmente cercana. Este Dios inunda plenamente la vida del ser poeta y resulta en una suerte de comparación poeta-Dios, en tanto creadores (de la vida, del amor, de los poemas): Dios está tanto en el acto inventivo, como en el acto de soñar y en el acto de hacer el amor.

Este creador de poemas inventa con Dios:

…celajes/ que para ti inventamos/ Dios y yo           (Asombro de tu ausencia)

            Quiero hacerte poemas/ en que aparezcas/ tal como Dios te soñó/ cuando te envió a         salvarme (Asombro de la manzana)

El yo lírico, hacedor de mundos poéticos, quiere que la amada crea en él como se cree en Dios:

           Yo te quiero mentir…/ con la verdad entera de mi vida/ para que creas en mí/ como se cree            en Dios, / arduamente invisible… (Asombro de lo invisible)

Sus caricias son caricias de un Dios que es cómplice personal:

            Y un abrazo sea Dios/ casi abrazándote

            Dios sea mi cómplice/ cuando te estoy amando (Asombro de la culpa)

El poeta es dios con minúscula, pero en una relación tan cercana al Dios mayúsculo que a veces este se le impone:

           Te he amado tanto /que grabé en las estrellas /tu nombre de campana iluminada/ para que             Dios tuviera/ que mirarte en cada amanecer… (El asombro de)

Ese dios minúsculo se reconoce como tal, falso y débil, pero rearmado por el amor:

           Yo solo soy un dios/ que ha borrado la vida, /un dios de contrabando /en todos los espejos. //             (…) Pero llega tu amor /y me tira a la cama, /para armarme de nuevo / solamente con besos…

A lo largo del poemario se establece, claramente, el destino y propósito del acto escritural: proclamar la inmortalidad del amor y, por lo tanto, de la poesía y ese canto a la amada. El yo lírico se declara inmortal, rejuvenecido por el amor salvador, escribiendo desde ese mismo amor, su esperanza, para su amor. De este modo, explicita su decisión de entrega, de la poesía a su amada, como testimonio de su capacidad de amar:

            Me declaro inmortal / porque te amo, /insaciable de todo para ti, /el muchacho      invasivo/           que a los setenta y siete/ descubrió que existías/ y ha nacido contigo…// El   púber que te             escribe/ estos poemas confesos, /irresponsablemente azules/ para ti     (El asombro de tu             asombro)

            Esta es mi herencia:/ Todos los poemas-relámpagos/ que me traspasaron…//
            Esta es mi ofrenda:/ Todo iluminado para ti
(El asombro de mí)

         Aquí está el mar, amor, (…) // Te lo entrego esta tarde /de lluvia inmerecida,/ junto al perfil             transparente /del volcán en fuga/ en que nací…// Yo te lo entrego todo / porque el poeta es el            dueño/ de todo y nada, siempre…// La  palabra en el poema/ es la cadena azul/ que lo ata a          este mundo, /casi como el amor… //Y la luna invasiva/ no podría faltar/ en esta enardecida       ofrenda/ de cosas que no tengo, /pero que en la palabra /son mías por un instante…//       Quisiera homenajearte/ con todo lo que quepa /en la copa de un beso. //Porque soy el            fugaz /propietario del canto…/Y no hay nada / que se le niegue al canto…// … (El asombro de             la ofrenda)

Además de ofrendarle la poesía a la amada como testimonio íntimo, pretende acercarla a una concepción del Dios cotidiano, presente en todo su quehacer:

           Yo te voy a enseñar cosas prohibidas…/ Como que Dios está en tu cama siempre/ aun cuando            yespero un descuido/ de tus ojos de almendra pensativa/ para hacerte el amor (Asombro de            la  sorpresa)

La amada, en tanto presencia milagrosa y restauradora de vida, deviene, en este poemario, en una suerte de extensión de Dios:

       ¿Para qué estás aquí? // Para que algo de Dios/ duerma en mi cama (El asombro de tu            ausencia)

        Y apareciste tú/ con los dados/ abiertos en tus manos/ donde jugaba Dios (El asombro de             volver)

           Estoy tratando/ de existir de nuevo…/Un poco tú, un poco Dios…/ Y trocito a trocito/ la                        esperanza de ser (El asombro de existir)

           Yo soy un acertijo de tu amor. / Un juguete de Dios/ para que jugaras/ a ser Él… (El asombro            de viajar)

           Y trato de encontrar una fisura/ para huir de tu amor/ pero de nuevo/ un empujón de Dios/             me detiene en tus brazos… (El asombro del omniamor)

           El amor es posible/ solo mientras veamos/ el rostro de Dios/ en el rostro amado (El asombro            del amor)

           No sé si te inventé/ no sé si me inventaste// O ambos somos/ una invencible/ travesura de             Dios. (El asombro de buscarte)

El amor, la amada-Dios y la poesía son, en este poemario, la fuente de la vida, del renacimiento, del rescate de la muerte, la revitalidad. Este amor rescata de la muerte, negocia la vida:

           Y yo caí tres veces /cumplidas a la muerte/donde todos los ríos/callaban en mi frente// Y             apareciste tú… (El asombro de la muerte)

           Yo creí que eras/ el ángel del destino/ negociando más sueños/ con mi muerte... (El asombro             de la aproximación)

       Yo sé que tú venías/ porque el mundo se iba… (…) /Yo sé que tu venías/ golondrina de          ausencias/ a vencerme despacio/ con besos, este antiguo dolor. // Yo sé que tu venías/ porque     el mundo se iba/ desliendo lentamente/para inventarlo nuevo/inmensamente tú… (El            asombro de pasar)

           Tus besos se impusieron/ a la muerte, con un / «no pasarás»… que todavía/ retumba en los            pasillos del hospital… // Y cambiaste/ la eternidad por/ nuestra eternidad… (El asombrode             nacer)

En Albán, el amor es motor, eternidad, fuente de vida:

           Por eso tú llegaste/ al hospital en cada/ madrugada, para darle a mi sueño los plazos/ del            amor… // Estoy tratando/ de existir de nuevo…/ Un poco tú, un poco Dios…/ Y trocito a trocito            /la esperanza de ser… // Sí, casi un espejismo/ especializado en besarte/ a ti y a los poemas…//        Un ajedrez de olvidos:/ jaque mate de sueños./ Y todo porque tú/ decidiste reparar/ este          juguete / para la eternidad…// (…) /¡Ya casi existo! // Ya, mi amor, / sigue intentándolo… (El             asombro de existir)

          Y llegaste tú, sol, / con una sonrisa que no entiendo/ y conjuraste el mar en mis milagros, / y         sostuviste el mundo en una mano/ y el amor en la otra /que es la única forma/ de vencer            todavía… (El asombro de los milagros)

           Tú me viste cayendo/ al recoger asombros, /y me clavaste alas/ en el precario sitio/ donde             estaban mis llagas. (El asombro de renacer)

El renacimiento de la mano de la amada convierte al renacido, al que ama, en un mejor ser humano:

           Soy una herida de la luz/ en medio de la niebla, / (…) Pero tu amor / me vuelve más humano           /quizá que mis olvidos. // Porque mi disfraz de hombre/ suele rasgarse un poco/ cada día, y            solo tú sabes / remendarlo con luz…  (El asombro de tu secreto)

El poemario abunda en luz. Se juega con el campo semántico del nombre del tú lírico Sol y se configura, desde el título, una propuesta de asombros luminosos. De nuevo, ese sol deviene en figura divina, una metáfora del cielo, cercano en su asombro

           Es que a veces/ no creo que tú existas, /que tu nombre: Sol Salas, /es una metáfora/ del cielo, /            que yo solo recojo palabras / para imitar tu asombro. (El asombro de tu existir)

      Yo quería mil soles, /pero me dieron uno… // Además de una estrella/ que inventara            destinos… // Yo quería mil soles /pero me dieron todos /en tu nombre. Y el mío/ se encendió             con el tuyo… (El asombro de la pregunta)

La presencia de la amada, metáfora de Dios, fuente de luz, ilumina, incendia y llena de color el mundo del poeta:

         ¡Que no quede una sombra /donde no haya un asombro! // Que quien pase se entere/ que        aquí estuvo Sol/ iluminándome… // Su luz no es de este mundo: /Lo he comprobado /         amándola en el mundo… // (…) Sabe que del futuro/ el presente es la chispa / totalmente            incendiaria. // (…) Estos poemas son / las esquirlas que vuelan /de cuando ella me incendia         // Yo soy la tea y ella la llama, / porque la llama arde /cuando la tea existe… (Asombro del            alma)    


Podemos decir que la amada-luz alumbra, tanto el espacio exterior, como el interior del poeta:

       ¡Que se abran todas / las puertas en punto /de la vida! // Que el sol entre /a la sala         enamorado, /y se siente a reír /entre nosotros… // Que el mediodía / sostenga las redes /            agoreras de la lluvia… // Que la fosforescencia / de la niebla descienda, /iluminando todos los           caminos…// Y que las flores muestren / los colores invisibles / que siempre guardan/ tan solo            para Dios… // (…) Porque te acercas ya/ incendiando mi vida /con esa luz que cruza/ desde tu            alma a mi cuerpo / y de mi cuerpo a tu alma... (El asombro de tu llegada)

           [Eres]la muchacha inexplicable /que supo marcar /la dirección de luz, / que faltaba a mi             vida (El asombro de nacer)

           Cuando me abrazas/ quedo nimbado/ de estrellas totalmente… / (…) //Y entran por mi boca,            mis ojos, /mis poros extasiados /espantando las oscuridades /que le quedan a mi alma, /las      maldiciones ajenas /que aún se aferran a mi alma /hasta convertirlas /en un cielo            estrellado, / en una transparente / avenida de luz (El asombro de la estrella)


        Eres el sol de frente /que me guía impasible /más allá de mí mismo / hacia la eternidad…            (Asombro de los cuerpos)

En este ambiente físico y psicológico, todo es radiante. Las sombras son apenas enunciadas en cuanto alusiones al pasado o a penumbras desalojadas por la luz que vence.

           Todas las luces /caen sobre mí /cuando me miras. // (…) Eres una invasión/ de plenitudes…/            Una sombra al revés, /un diluvio de estrellas/ sin olvido… // (…) Todas las estrellas /son más        que estrellas /cuando me abrazas. // (…) Eres la parte   /luminosa de este mundo. (El            asombro del destino)

      Yo sabía, entre las sombras / zaheridas del hospital, /yo sabía que venías /venciendo            madrugadas, / porque se anunciaba /el temblor de tu luz /en las sombras que huían…

El poder incandescente de esta luz es expuesto claramente en estos últimos fragmentos del poema “El asombro de la culpa”, donde se sitúa a la amada, de nuevo, como la figura Sol en fuerza y brillo:

           (…) Tú tienes la culpa/ de que todas las flores /de mi invierno sean soles… // Tú tienes la culpa /            de que cada mañana / todo quiera encenderse para mí. // Tú tienes la culpa / de que la misma          estrella / que fue sombra, ahora brille /más allá de las sombras. // (…) Tú tienes la culpa /de          que cada noche /la noche no me visite más, /porque a fuerza de ser tú misma / la iluminaste            toda… // Y tú, Sol, tienes la culpa /de que el final de este poema /sea el principio de un mundo.

De este modo, queda en evidencia que 55 asombros de sol es una obra donde impera el amor como fuerza que da cohesión al universo poético. El yo lírico se sorprende por la irrupción de lo imprevisible, se asombra ante el detalle, las acciones, las preguntas, cada mirada o presencia de la amada en su dimensión humana y divina. Ese asombro o admiración lo lleva del estado pasivo, casi de muerte o resignación, a un estado activo del amor esperanza. Es un tránsito donde cada asombro se sucede por otro asombro y otro más.

En estos asombros, la figura de Dios se concibe en alusión a la complicidad, y su presencia se hace evidente en la amada, Sol, mensajera y nacida de la luz para el amor. La gratitud subyace, oculta, en todo el poema, pero se desprende como olor grato en cada rayo de este sol.

Contrario a lo que sucede en otros textos con el tema del amor, incluso del mismo Albán, el poemario ha excluido la angustia por la temporalidad de la vida y del amor. Aunque aparece el tema de la muerte, este se instala en un clima de paz y esperanza donde la luz terrenal deviene en esa luz divina que llena todo vacío y alumbra toda posible penumbra.

La poesía mística amorosa de 55 asombros de sol, de Laureano Abán (2019), es, por tanto, un sitio de luz plena; en él, el agradecimiento por la resurrección amorosa solapa cualquier conflicto e instala una armonía total a partir de esta luz.

Marta Eugenia Rojas Porras (1950). Filóloga. Catedrática pensionada de la Universidad de Costa Rica. Poemarios publicados: (1993, 1998). La sonrisa de Penélope y su costumbra del adiós. Editorial de la Universidad de Costa Rica. (1996, 2005). Aposentos del deseo. Editorial de la Universidad de Costa Rica. (2005). Habitar la casa del tesoro. Ediciones Perro Azul. (2019). Destejiendo la intemperie. Ediciones Perro Azul. (2019). Zárate desencadenada. Texto lírico dramático. Ediciones Perro Azul. Publicaciones en revistas (1998). “Oda a la muerte de mi madre”. Káñina. Revista de Artes y Letras, 22(3). (2003). “Entre duelos y amaneceres”. Revista Nacional de Cultura, 46, (2003). “Estela de fragancias y luces”. Revista Educación, 27(2). (2003), “Como volver a casa”. Káñina. Revista de Artes y Letras, 27(2).  (2004). Entre recital y charla: El acto creador y unos apuntes sobre Penélope. Educación, 28(2). (2020). Atunis Galaxi Poetry. Antologías en las que publican su poesía (1994). Indómitas voces. Las poetas de Costa Rica. Antología. Selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora y Flora Ovares. Editorial Mujeres. (2006). Lunada poética. Poesía costarricense actual. Ediciones Andrómeda.(2020). La palabra provocada. Antología poética costarricense. Instituto Cultural Iberoamericano. (2020). Vivencias en tiempo de pandemia. Enlaza2. (2020) El valor de la palabra. Antología poética. Ediciones Santoamor. (2020), Los gritos de Medea: Violenci de género en la poesía feminista costarricense. Antologadores: Luis Gustavo Lobo y Yordan Arroyo. Editorial Arboleda. (2020). Antología en tiempos de COVID 2020. Antologadora Marlen Ramírez.

MÍSTICA Y EROTISMO EN MINERVA MARGARITA VILLARREAL

por Evodio Escalante Betancourt


Ignoro si Minerva Margarita Villarreal estaba predestinada a ser poeta. Su nombre forma ya por sí mismo un endecasílabo, con acentos en la segunda, la sexta y la décima sílabas. Tenemos un endecasílabo hecho y derecho, con los acentos en su justo lugar y además con una música sugestiva. La diosa que se vuelve flor, con aliteraciones de por medio. Esta armonía del nombre, repetido y escuchado una y otra vez desde los días de la infancia, quiero suponer que ha producido efectos. En dado caso, los resultados están a la vista: más de una docena de libros de poesía, varios de ellos premiados en diferentes certámenes incluyendo el Nacional de Aguascalientes en 2016, parecen comprobarlo. Por supuesto, esta destinación “nominal” tiene que estar acompañada de otras cosas: yo agregaría de inmediato imaginación e intensidad de vida. Desde sus primeros libros Minerva Margarita Villarreal se caracterizó por ser una escritora libérrima, que se montaba en el potro de la imaginación para tramar unos versos que sorprendían por su factura y por sus atrevidas imágenes donde el sexo, la finitud y la muerte podían trenzarse del modo más espontáneo posible. ¿La base de ello? Yo diría que, a menudo, un instinto surrealizante en el manejo del lenguaje, al que acompaña un temperamento intenso, una inclinación por las situaciones extremas, por las situaciones límite. Hice alusión a la intensidad. Con ello no quiero referirme a la persona del poeta, sino a la calidad de sus textos. Son textos intensos, a veces desbordados. Para dar una mejor idea de lo que quiero decir con esta palabra, recurro al Diccionario de autoridades: “Intenso. Término físico que se aplica a la calidad aumentada por grados o de otro modo. Ordinariamente significa el último grado de aumento a que puede subir.”

Inmejorable. Minerva Margarita suele manejarse en los últimos grados de aumento a que llega la escala. Aludo en este caso a algo físico, por supuesto, pero también emocional. Encuentro huellas de lo anterior en uno de sus primeros libros, Dama infiel al sueño (1991). Vean de qué manera retoma la historia de Penélope en este poema titulado “La espera”, y que deja leer: “Clavé la navaja en su cuerpo / Bebí su sangre / Padezco insomnio y mi túnica aún está manchada / Con ansia y miedo busco los hilos de amor todas las noches / Busco el camino de regreso / Pero he perdido el punto / Y mi tejido es hoy una labor inexplicable / Como también lo sería / Mostrarle a Ulises mi amor por otro”

Lo que emerge en el último verso no es sólo una Penélope violenta, capaz de enterrar cuchillos, sino también infiel, lo que rompe con los esquemas que heredamos de Homero. La subversión continúa y tiene varios nombres. Me gustaría citar “La labor de Penélope”, que dice así: “Un cristal precioso, / una pequeña caja que destella figuras marinas. / Al fondo, pedazos de tus ojos / cortados por el viento. / Tu mirada es un hilo / y mis manos lo tejen / hasta cubrirlo todo.” Este poema, por cierto, está dedicado a Enriqueta Ochoa, uno de los antecedentes de su poesía.

Todavía hay otra imagen, esta vez más escalofriante, de la misma Penélope. Veamos este apretado poema que lleva su nombre: “Durante veinte años he tendido una soga / donde prefiero colgarme todas las noches / a estar entre tus brazos / enteramente tuya / enteramente muerta.” Cualquier exégesis sería parcial e insuficiente. Estamos ante uno de los poemas de amor, o de desamor, más violentos que he conocido. Por su fuerza, por su intensidad, me recordó un poema de la gran Rosario Castellanos que quisiera citar aquí. Tiene el título de “Elegía”: “Nunca, como a tu lado, fui de piedra. // Y yo que me soñaba nube, agua, / aire sobre la hoja, / fuego de mil cambiantes llamaradas, / sólo supe yacer, / pesar, que es lo que sabe hacer la piedra / alrededor del cuello del ahogado.”[1]

A fin de cuentas, no es el amor sino la muerte lo que impera en estos dos poemas análogos y a la vez diferentes. El erotismo y la pulsión de muerte serían las dos caras de una misma moneda con la que siempre bajamos al mercado.

También hay lugar en Dama infiel al sueño para el erotismo positivo. Qué mejor ejemplo que “De madrugada”, poema que abre esta selección: “Entro en tu cuerpo como quien camina sola por la noche. / Entro en tu cuerpo desde que desabrocho tu camisa, / desde que el pantalón cae hasta quedar sin vida. / Y cuando mi lengua te recorre, / cuando tu piel es abarcada, mordida, ensalivada; / cuando me deleito en la calidez de tu dureza… / Temblorosa de súbito: / ¡Cómo penetras de entero / tú en mi!”

Pérdida, ganador del Premio Alfonso Reyes 1990, es otro de mis favoritos. Uno de los versos de este libro nos sitúa “en el deseo inabarcable, ingobernable, inmortal”. Habla de “La desesperación, la ira, / el desdén que emerge de tu sexo como un monstruo cautivo.” También refiere que: “Cabezas de cabellos lacios penden de la noche, / cuerpos deambulan hacia la nada; / y yo, / desde la ventana, / me ofrezco.”

El torbellino de la destrucción se diría que casi siempre está presente: “La noche se puebla de alimañas. / Del cortinero desciende un firme y apoltronado vientre marino, / un devorador de carne humana que atraviesa los muros, / un tiburón con alas y quijadas voraces.” En efecto, esto es como una pesadilla. Son las imágenes que habitan en lo oscuro y que acaso no permiten que nos desvanezcamos en el sueño. Lo corrobora la autora: “Intento conciliar el sueño / y no son ovejas sino cabríos y no son cien sino cientos / y no es la calma sino el tiburón que desciende a desgarrar mi sueño.”

Esta búsqueda intensa del erotismo que traspasa las lindes de la moralidad y de la muerte tendría que confluir de algún modo en el éxtasis místico, es decir, en la absoluta pérdida del yo que ama y escribe. Pero a este éxtasis se llega a través de un trabajo de resistencia. No es una gracia, es un estar erizo, si me permiten la expresión. Minerva Margarita Villarreal detecta este estado especial en los poemas de Ida Vitale. Encuentra que los exiliados trabajan “una singular forma de resistencia”, y que estos extraños, estos arrojados y despojados de todo, “entrenan su anatomía.” Me detengo en esta frase singular, la paladeo, y sigo: “entrenan su anatomía, y algunos logran, quizá sin proponérselo, que sus acciones empaten con las de los místicos españoles del siglo XVI”.[2]

Adamar (1998), otro de sus libros de poemas, lo sintetiza en dos renglones: “Es la asunción / es Él quien llama.” No resisto la tentación de transcribir un poema completo de este libro en el que la búsqueda de lo divino, como ya lo hiciera en otra época Concha Urquiza, se convierte en ejercicio carnal, acaso no exento esta vez de tintes sadomasoquistas: “Mi señor es montaña / mi señor es jauría / es montaña / cima de montaña / y mentira que ha de bajar / porque el cielo es puro rapto / pura mentira / duro de escalar está el cielo / Besa mis labios, anda, baja / Mi señor es montaña / mi señor es jauría / es montaña / cima de montaña / y mentira que ha de bajar / porque el cielo es puro rapto / pura mentira / Anda, baja, azótame / Mas Él / flotando entre las nubes / sonríe / se aleja / Mi señor es mañana.”

Aunque la respiración es completamente moderna, se adivinan en Adamar a veces como trasfondo cuadros de la religiosidad barroca: suplicios, degollaciones, tormento, sangre y lágrimas. Véase este ejemplo: “Ágil movimiento de manos que atan las piernas de ella; vitrales trasvasados de relámpago, yeso, paredes sudando al jadeo de la oración primera. // Concupiscible, lúbrica, signaria; fiel a la tradición de Pitágoras, uncida al yugo de la negación, la belleza resplandece tras el martirio.”

¿Cómo no recordar en este contexto esos Cristos de pueblo que fascinaban a Siqueiros, esos Cristos sufrientes, llenos de llagas y escurriendo sangre?

En este prisma de religiosidad y erotismo abunda la poesía de Adamar: “Medrar medrar bajo la sangre de la cruz / andar en círculo   con el centro vacío / y en añicos el cristalino verbo / … / Vaciabas en la copa pulida tus dedos glaciales y líquidos / eras el mismo cáliz / Medrar medrar bajo la sangre de la cruz / beber beber hasta embriagarme.”

Me gustaría decir que estos son los prolegómenos que conducen a Las maneras del agua, su libro maestro del que me gustaría hablar en otra oportunidad. Felicitaciones a Minerva Margarita Villarreal por su arduo y muy complejo recorrido. En su obra se cumple un dístico filosófico que hubiera agradado a Heráclito, el pensador del devenir y de la interconexión de los contrarios, y que a la letra dice: “todo lo que se mueve sosegado es / y lo que calmo está por dentro en furia fluye.” –Lo escribió la autora en otro de sus libros más afortunados, con un título hermoso: La paga común del corazón más secreto (1995).


NOTAS

[1] CASTELLANOS, Rosario. Poesía no eres tú. México: Fondo de Cultura Económica, 2006.

[2] Palabras preliminares en Ida Vitale, Sobrevida. Antología poética. México, Ediciones Era, 2015).


FUENTES DE CONSULTA:

CASTELLANOS, Rosario. Poesía no eres tú. México: Fondo de Cultura Económica, 2006.

VILLARREAL, Minerva Margarita. Adamar. México: Verdehalago (Las cascadas prodigiosas) / Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1998.

— — — — — Dama infiel al sueño. México: Universidad de Guadalajara / Xalli, 1991.

— — — — — La paga común del corazón más secreto. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Puentelibre, 1995.

— — — — — Las maneras del agua.  México: Fondo de Cultura Económica, 2016.

— — — — — Pérdida. México: Premià (Libros del Bicho) / Gobierno del Estado de Nuevo León, 1992.

VITALE, Ida. Sobrevida. Antología poética. México: Ediciones Era, 2015.



Evodio Escalante Betancourt (1946) es un investigador, crítico literario, poeta, ensayista y docente mexicano. Además de colaborar en «La Jornada Semanal» y «Proceso», coordinó la edición crítica de Los días terrenales, de José Revueltas (editada en CONACULTA). Ganó el Premio de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde en 2009 y publicó en 2013 Las sendas perdidas de Octavio Paz (UAMI / Ediciones Sin Nombre).