ODA A LA GRATITUD POR EL AMOR Y LA VIDA: 55 ASOMBROS DE SOL, DE LAUREANO ALBÁN

Por Marta Rojas Porras

El libro 55 asombros de sol, de Laureano Albán, es publicado por Casa de Poesía en convenio con la Editorial de la Universidad de Costa Rica, debido a que fue el poeta costarricense a quien se le dedicó la edición n°18 del Festival Internacional de Poesía Costa Rica.

Laureano Albán es autor de numerosos libros, con una carrera poética nacional e internacional destacada y premiado tanto dentro como fuera del país. Muchos de sus libros se han hecho acreedores en Europa, América y Costa Rica de los más importantes galardones internacionales: El Adonáis, en España; el Premio de Cultura Hispana, Madrid; el Premio Hispanoamericano de Literatura Juan Ramón Jiménez, Huelva; el Premio Anual de Columbia University Transnation Center, Nueva York; el Premio Internacional de Poesía Religiosa, Burgos; el Premio Único de la VII Bienal de Poesía Walt Whitman; el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, Madrid; el Premio Nacional de Literatura Aquileo Echeverría en Poesía, Costa Rica, y el Premio Nacional de Cultura Magón. Su poesía, además, se ha traducida al francés, inglés, hebreo, italiano y alemán.

Por parte de la crítica nacional e internacional, sus obras han sido abarcadas por grandes estudiosos como Edmon Cros, Luis Rosales, Florencio Martínez, Leonardo Semkman, Pieragnolo, Isaac Felipe Azofeifa, Carlos Duverrán, Carlos Francisco Monge, Amparo Amarós, Ronald Campos, Peggi von Mayer y más. En algunos círculos, la simple mención de su nombre es motivo de polémica. Ronald Campos, a partir de sus rigurosas revisiones y estudios sobre la crítica con respecto a la producción poética de Albán, señala :

           Existen artículos y notas periodísticas sobre la producción poética albaniana; no obstante,       una cantidad considerable corresponde a juicios impresionistas o a invectivas, cuyos         comentarios se fundamentan en aspectos de la figura personal del poeta, antes que en            criterios meramente literarios y críticos de los textos poéticos en sí.

A continuación planteo una acercamiento a la obra de Albán, no desde una visión como especialista de la literatura  ̶ que no soy ̶ , sino desde una perspectiva de lectora-poeta.

La admiración es esa capacidad para apreciar las cosas, las acciones, los detalles y asombrarse ante su existir. Para ejercerla, no es suficiente con «mirar», sino que hay que «saber mirar». Según Jeannet Ugalde Quintana (2017) esta acción consiste en adoptar la actitud de quien abre los ojos por primera vez y se admira ante lo que ve. A esto agrego yo:  También lo que no vemos nos puede asombrar.

La admiración, como postura contemplativa, implica el reconocimiento del misterio y de la grandeza del ser humano y de toda realidad. El sujeto sale de sí mismo y se deja cautivar por el cielo y las estrellas, la belleza de una mirada, la complejidad del cerebro humano, la bondad de un gesto, la maldad, la fealdad, el amor, el ser amado…

El poeta Albán nos presenta un poemario con el nombre 55 asombros de sol, cuyo título propone mostrarnos “cosas” que lo maravillan, en un mundo de luz (sol). 

Yo fui testigo de cómo de 50 asombros -50 poemas- se pasó a 55, y como no creo en casualidades, y como me gusta el juego de números y palabras, intrigada por la búsqueda de sentido, le solicité a mi amigo y maestro, el Dr. Conrado Umaña, que me descifrara el significado cabalístico del número 55 y, para mi asombro, el 55 debía pasar por el 50, o sea, para explicar el 55 había que decodificar también el 50.

Esta fue la respuesta del Dr. Umaña: “Cábala es el pensamiento esotérico del judaísmo. En ella se usa mucho la guematria, método que utilicé para este análisis”. El número 50 corresponde a la letra נ (Nun), que significa “vida, salud, continuidad”; el número 5 corresponde a la letra ה (Hei), cuyo significado es “aliento, intervención de Dios, gratitud”, por tanto, el significado de 55 es “Gracias a Dios por Su intervención a favor de mi salud y del aliento de vida en mi ser”.

Ante esto, quienes conocemos del quebranto de salud del poeta Albán y de su renacer, podríamos sorprendernos por ese significado; pero, volviendo al título, queda claro, a mi opinión, que la adición de 5 asombros no fue casualidad, pues en esa suma es donde se concentra, oculto, el sema más englobante de este poemario, cuyo centro yace en la idea de gratitud, la gratitud por cada asombro de luz.

A su vez, en la página de la dedicatoria, se esbozan cinco hilos temáticos: amor, testimonio, perpetuidad, asombro y protección que brindan la poesía y la amada. Todo ello englobado por la gratitud planteada, de manera latente, en el título.

La mención, en esta dedicatoria, de una de las siete maravillas del mundo (Taj Mahal, resultado de una trágica historia de amor interrumpida por la muerte), instala en el género amoroso y declara la búsqueda de la perpetuidad (indeleble) en una estructura compacta de mármol (poesía), cuyo motor es el asombro por la irrupción de la mano solidaria de la amada, que es, a su vez, la mano de Dios.

En lo que sigue, cuando hago alusión al poeta, me refiero al yo lírico, inscrito en el poemario como “yo poeta”.

El acto escritural en cuanto proceso, atrapa el tiempo, la eternidad:

          Aquí estoy/ esperando una palabra, /yo que he sido /todas las palabras de amor…// Yo que           amé / todas las palabras. /Yo que he perdido /todas las palabras. /Y todo por vestirlas /con            una nueva desnudez… //Estoy aquí /buscando las palabras/ que necesitan otro corazón. / (…)            Aquí estoy esperando/ la primera palabra /de un poema que sueño /en cada poema nuevo: /             Algo así como / balbucear… con amor / la huidiza eternidad… (Asombro de volver)

El poema eterniza el amor:

           Cómo voy a esconder/ al mundo tu milagro, /si en cada poema pongo/este poema que eres           /al amarme… (…) // Te esconderé en mis /poemas: en su/ insondable    asombro…/ En esta caja          fuerte/ del tamaño de todo, /donde todo es asombro /para la eternidad... (Asombro de tu            ser)

Esta acción de eternizar no tiene escape

           No te pido perdón/ por inventarte en mí… /por inventarme en ti… / ¡y   en ambos la poesía           (Asombro del perdón)

Hay, en este poemario, una concepción de Dios como presencia cotidiana y, por lo tanto, realmente cercana. Este Dios inunda plenamente la vida del ser poeta y resulta en una suerte de comparación poeta-Dios, en tanto creadores (de la vida, del amor, de los poemas): Dios está tanto en el acto inventivo, como en el acto de soñar y en el acto de hacer el amor.

Este creador de poemas inventa con Dios:

…celajes/ que para ti inventamos/ Dios y yo           (Asombro de tu ausencia)

            Quiero hacerte poemas/ en que aparezcas/ tal como Dios te soñó/ cuando te envió a         salvarme (Asombro de la manzana)

El yo lírico, hacedor de mundos poéticos, quiere que la amada crea en él como se cree en Dios:

           Yo te quiero mentir…/ con la verdad entera de mi vida/ para que creas en mí/ como se cree            en Dios, / arduamente invisible… (Asombro de lo invisible)

Sus caricias son caricias de un Dios que es cómplice personal:

            Y un abrazo sea Dios/ casi abrazándote

            Dios sea mi cómplice/ cuando te estoy amando (Asombro de la culpa)

El poeta es dios con minúscula, pero en una relación tan cercana al Dios mayúsculo que a veces este se le impone:

           Te he amado tanto /que grabé en las estrellas /tu nombre de campana iluminada/ para que             Dios tuviera/ que mirarte en cada amanecer… (El asombro de)

Ese dios minúsculo se reconoce como tal, falso y débil, pero rearmado por el amor:

           Yo solo soy un dios/ que ha borrado la vida, /un dios de contrabando /en todos los espejos. //             (…) Pero llega tu amor /y me tira a la cama, /para armarme de nuevo / solamente con besos…

A lo largo del poemario se establece, claramente, el destino y propósito del acto escritural: proclamar la inmortalidad del amor y, por lo tanto, de la poesía y ese canto a la amada. El yo lírico se declara inmortal, rejuvenecido por el amor salvador, escribiendo desde ese mismo amor, su esperanza, para su amor. De este modo, explicita su decisión de entrega, de la poesía a su amada, como testimonio de su capacidad de amar:

            Me declaro inmortal / porque te amo, /insaciable de todo para ti, /el muchacho      invasivo/           que a los setenta y siete/ descubrió que existías/ y ha nacido contigo…// El   púber que te             escribe/ estos poemas confesos, /irresponsablemente azules/ para ti     (El asombro de tu             asombro)

            Esta es mi herencia:/ Todos los poemas-relámpagos/ que me traspasaron…//
            Esta es mi ofrenda:/ Todo iluminado para ti
(El asombro de mí)

         Aquí está el mar, amor, (…) // Te lo entrego esta tarde /de lluvia inmerecida,/ junto al perfil             transparente /del volcán en fuga/ en que nací…// Yo te lo entrego todo / porque el poeta es el            dueño/ de todo y nada, siempre…// La  palabra en el poema/ es la cadena azul/ que lo ata a          este mundo, /casi como el amor… //Y la luna invasiva/ no podría faltar/ en esta enardecida       ofrenda/ de cosas que no tengo, /pero que en la palabra /son mías por un instante…//       Quisiera homenajearte/ con todo lo que quepa /en la copa de un beso. //Porque soy el            fugaz /propietario del canto…/Y no hay nada / que se le niegue al canto…// … (El asombro de             la ofrenda)

Además de ofrendarle la poesía a la amada como testimonio íntimo, pretende acercarla a una concepción del Dios cotidiano, presente en todo su quehacer:

           Yo te voy a enseñar cosas prohibidas…/ Como que Dios está en tu cama siempre/ aun cuando            yespero un descuido/ de tus ojos de almendra pensativa/ para hacerte el amor (Asombro de            la  sorpresa)

La amada, en tanto presencia milagrosa y restauradora de vida, deviene, en este poemario, en una suerte de extensión de Dios:

       ¿Para qué estás aquí? // Para que algo de Dios/ duerma en mi cama (El asombro de tu            ausencia)

        Y apareciste tú/ con los dados/ abiertos en tus manos/ donde jugaba Dios (El asombro de             volver)

           Estoy tratando/ de existir de nuevo…/Un poco tú, un poco Dios…/ Y trocito a trocito/ la                        esperanza de ser (El asombro de existir)

           Yo soy un acertijo de tu amor. / Un juguete de Dios/ para que jugaras/ a ser Él… (El asombro            de viajar)

           Y trato de encontrar una fisura/ para huir de tu amor/ pero de nuevo/ un empujón de Dios/             me detiene en tus brazos… (El asombro del omniamor)

           El amor es posible/ solo mientras veamos/ el rostro de Dios/ en el rostro amado (El asombro            del amor)

           No sé si te inventé/ no sé si me inventaste// O ambos somos/ una invencible/ travesura de             Dios. (El asombro de buscarte)

El amor, la amada-Dios y la poesía son, en este poemario, la fuente de la vida, del renacimiento, del rescate de la muerte, la revitalidad. Este amor rescata de la muerte, negocia la vida:

           Y yo caí tres veces /cumplidas a la muerte/donde todos los ríos/callaban en mi frente// Y             apareciste tú… (El asombro de la muerte)

           Yo creí que eras/ el ángel del destino/ negociando más sueños/ con mi muerte... (El asombro             de la aproximación)

       Yo sé que tú venías/ porque el mundo se iba… (…) /Yo sé que tu venías/ golondrina de          ausencias/ a vencerme despacio/ con besos, este antiguo dolor. // Yo sé que tu venías/ porque     el mundo se iba/ desliendo lentamente/para inventarlo nuevo/inmensamente tú… (El            asombro de pasar)

           Tus besos se impusieron/ a la muerte, con un / «no pasarás»… que todavía/ retumba en los            pasillos del hospital… // Y cambiaste/ la eternidad por/ nuestra eternidad… (El asombrode             nacer)

En Albán, el amor es motor, eternidad, fuente de vida:

           Por eso tú llegaste/ al hospital en cada/ madrugada, para darle a mi sueño los plazos/ del            amor… // Estoy tratando/ de existir de nuevo…/ Un poco tú, un poco Dios…/ Y trocito a trocito            /la esperanza de ser… // Sí, casi un espejismo/ especializado en besarte/ a ti y a los poemas…//        Un ajedrez de olvidos:/ jaque mate de sueños./ Y todo porque tú/ decidiste reparar/ este          juguete / para la eternidad…// (…) /¡Ya casi existo! // Ya, mi amor, / sigue intentándolo… (El             asombro de existir)

          Y llegaste tú, sol, / con una sonrisa que no entiendo/ y conjuraste el mar en mis milagros, / y         sostuviste el mundo en una mano/ y el amor en la otra /que es la única forma/ de vencer            todavía… (El asombro de los milagros)

           Tú me viste cayendo/ al recoger asombros, /y me clavaste alas/ en el precario sitio/ donde             estaban mis llagas. (El asombro de renacer)

El renacimiento de la mano de la amada convierte al renacido, al que ama, en un mejor ser humano:

           Soy una herida de la luz/ en medio de la niebla, / (…) Pero tu amor / me vuelve más humano           /quizá que mis olvidos. // Porque mi disfraz de hombre/ suele rasgarse un poco/ cada día, y            solo tú sabes / remendarlo con luz…  (El asombro de tu secreto)

El poemario abunda en luz. Se juega con el campo semántico del nombre del tú lírico Sol y se configura, desde el título, una propuesta de asombros luminosos. De nuevo, ese sol deviene en figura divina, una metáfora del cielo, cercano en su asombro

           Es que a veces/ no creo que tú existas, /que tu nombre: Sol Salas, /es una metáfora/ del cielo, /            que yo solo recojo palabras / para imitar tu asombro. (El asombro de tu existir)

      Yo quería mil soles, /pero me dieron uno… // Además de una estrella/ que inventara            destinos… // Yo quería mil soles /pero me dieron todos /en tu nombre. Y el mío/ se encendió             con el tuyo… (El asombro de la pregunta)

La presencia de la amada, metáfora de Dios, fuente de luz, ilumina, incendia y llena de color el mundo del poeta:

         ¡Que no quede una sombra /donde no haya un asombro! // Que quien pase se entere/ que        aquí estuvo Sol/ iluminándome… // Su luz no es de este mundo: /Lo he comprobado /         amándola en el mundo… // (…) Sabe que del futuro/ el presente es la chispa / totalmente            incendiaria. // (…) Estos poemas son / las esquirlas que vuelan /de cuando ella me incendia         // Yo soy la tea y ella la llama, / porque la llama arde /cuando la tea existe… (Asombro del            alma)    


Podemos decir que la amada-luz alumbra, tanto el espacio exterior, como el interior del poeta:

       ¡Que se abran todas / las puertas en punto /de la vida! // Que el sol entre /a la sala         enamorado, /y se siente a reír /entre nosotros… // Que el mediodía / sostenga las redes /            agoreras de la lluvia… // Que la fosforescencia / de la niebla descienda, /iluminando todos los           caminos…// Y que las flores muestren / los colores invisibles / que siempre guardan/ tan solo            para Dios… // (…) Porque te acercas ya/ incendiando mi vida /con esa luz que cruza/ desde tu            alma a mi cuerpo / y de mi cuerpo a tu alma... (El asombro de tu llegada)

           [Eres]la muchacha inexplicable /que supo marcar /la dirección de luz, / que faltaba a mi             vida (El asombro de nacer)

           Cuando me abrazas/ quedo nimbado/ de estrellas totalmente… / (…) //Y entran por mi boca,            mis ojos, /mis poros extasiados /espantando las oscuridades /que le quedan a mi alma, /las      maldiciones ajenas /que aún se aferran a mi alma /hasta convertirlas /en un cielo            estrellado, / en una transparente / avenida de luz (El asombro de la estrella)


        Eres el sol de frente /que me guía impasible /más allá de mí mismo / hacia la eternidad…            (Asombro de los cuerpos)

En este ambiente físico y psicológico, todo es radiante. Las sombras son apenas enunciadas en cuanto alusiones al pasado o a penumbras desalojadas por la luz que vence.

           Todas las luces /caen sobre mí /cuando me miras. // (…) Eres una invasión/ de plenitudes…/            Una sombra al revés, /un diluvio de estrellas/ sin olvido… // (…) Todas las estrellas /son más        que estrellas /cuando me abrazas. // (…) Eres la parte   /luminosa de este mundo. (El            asombro del destino)

      Yo sabía, entre las sombras / zaheridas del hospital, /yo sabía que venías /venciendo            madrugadas, / porque se anunciaba /el temblor de tu luz /en las sombras que huían…

El poder incandescente de esta luz es expuesto claramente en estos últimos fragmentos del poema “El asombro de la culpa”, donde se sitúa a la amada, de nuevo, como la figura Sol en fuerza y brillo:

           (…) Tú tienes la culpa/ de que todas las flores /de mi invierno sean soles… // Tú tienes la culpa /            de que cada mañana / todo quiera encenderse para mí. // Tú tienes la culpa / de que la misma          estrella / que fue sombra, ahora brille /más allá de las sombras. // (…) Tú tienes la culpa /de          que cada noche /la noche no me visite más, /porque a fuerza de ser tú misma / la iluminaste            toda… // Y tú, Sol, tienes la culpa /de que el final de este poema /sea el principio de un mundo.

De este modo, queda en evidencia que 55 asombros de sol es una obra donde impera el amor como fuerza que da cohesión al universo poético. El yo lírico se sorprende por la irrupción de lo imprevisible, se asombra ante el detalle, las acciones, las preguntas, cada mirada o presencia de la amada en su dimensión humana y divina. Ese asombro o admiración lo lleva del estado pasivo, casi de muerte o resignación, a un estado activo del amor esperanza. Es un tránsito donde cada asombro se sucede por otro asombro y otro más.

En estos asombros, la figura de Dios se concibe en alusión a la complicidad, y su presencia se hace evidente en la amada, Sol, mensajera y nacida de la luz para el amor. La gratitud subyace, oculta, en todo el poema, pero se desprende como olor grato en cada rayo de este sol.

Contrario a lo que sucede en otros textos con el tema del amor, incluso del mismo Albán, el poemario ha excluido la angustia por la temporalidad de la vida y del amor. Aunque aparece el tema de la muerte, este se instala en un clima de paz y esperanza donde la luz terrenal deviene en esa luz divina que llena todo vacío y alumbra toda posible penumbra.

La poesía mística amorosa de 55 asombros de sol, de Laureano Abán (2019), es, por tanto, un sitio de luz plena; en él, el agradecimiento por la resurrección amorosa solapa cualquier conflicto e instala una armonía total a partir de esta luz.

Marta Eugenia Rojas Porras (1950). Filóloga. Catedrática pensionada de la Universidad de Costa Rica. Poemarios publicados: (1993, 1998). La sonrisa de Penélope y su costumbra del adiós. Editorial de la Universidad de Costa Rica. (1996, 2005). Aposentos del deseo. Editorial de la Universidad de Costa Rica. (2005). Habitar la casa del tesoro. Ediciones Perro Azul. (2019). Destejiendo la intemperie. Ediciones Perro Azul. (2019). Zárate desencadenada. Texto lírico dramático. Ediciones Perro Azul. Publicaciones en revistas (1998). “Oda a la muerte de mi madre”. Káñina. Revista de Artes y Letras, 22(3). (2003). “Entre duelos y amaneceres”. Revista Nacional de Cultura, 46, (2003). “Estela de fragancias y luces”. Revista Educación, 27(2). (2003), “Como volver a casa”. Káñina. Revista de Artes y Letras, 27(2).  (2004). Entre recital y charla: El acto creador y unos apuntes sobre Penélope. Educación, 28(2). (2020). Atunis Galaxi Poetry. Antologías en las que publican su poesía (1994). Indómitas voces. Las poetas de Costa Rica. Antología. Selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora y Flora Ovares. Editorial Mujeres. (2006). Lunada poética. Poesía costarricense actual. Ediciones Andrómeda.(2020). La palabra provocada. Antología poética costarricense. Instituto Cultural Iberoamericano. (2020). Vivencias en tiempo de pandemia. Enlaza2. (2020) El valor de la palabra. Antología poética. Ediciones Santoamor. (2020), Los gritos de Medea: Violenci de género en la poesía feminista costarricense. Antologadores: Luis Gustavo Lobo y Yordan Arroyo. Editorial Arboleda. (2020). Antología en tiempos de COVID 2020. Antologadora Marlen Ramírez.

Nota de Prensa: Vuelo Nocturno: Los cuentos de Pilar Dughi

Post en el Facebook de Tadeo Palacios:(https://www.facebook.com/tadepv/videos/622836355636762)

En 2021, a través de Proyecto Machete, dicté tres talleres dedicados a la cuentística peruana que aborda el tópico de la violencia política durante el Conflicto Armado Interno. Esta vez, a lo largo de cuatro sesiones, nos centraremos en el legado y obra de Pilar Dughi, y propondremos algunas claves de lectura que nos permitirán hacer frente a la pregunta de por qué su producción narrativa sería urgente en estos tiempos de incertidumbre.

Informes y formulario de inscripción:

https://forms.gle/UAXLnXLSMSVhP9y76

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I.INTRODUCCIÓN

La obra cuentística de Pilar Dughi (Lima, 1956-2006) —escritora, psiquiatra, gestora de salud mental comunitaria y promotora de los derechos de los niños y las mujeres— ha cosechado con el tiempo, y desde la aparición de su primer volumen de relatos, un legítimo reconocimiento a una vocación narrativa audaz.

Sin recurrir al patetismo o a la condescendencia, y dueña de una pericia clínica, Dughi supo auscultar las costuras de un país que sufría los estragos de la guerra interna que lo asolaba y que estaba plagado de males que aún hoy se hallan lejos de cesar. Dughi integró varias líneas temáticas en un intento de aprehender, comprender y representar fenómenos como la violencia comunitaria e intrafamiliar, la crudeza del machismo, la creciente desigualdad social, la descomposición de los lazos que nos unen a los otros y los porvenires truncos en los que el desencanto y la soledad suelen trazar un retrato del espíritu de su época.

El objetivo de este taller consiste en acercarnos a la producción cuentística más relevante de Pilar desde la lectura crítica y el diálogo, a fin de comprender sus estrategias narrativas y reflexionar en torno a la multiplicidad de temas abordados por la autora.

II. SESIONES

Sesión 01: Pilar Dughi y la Generación de los 80: entre la violencia, el desencanto y la construcción de la escritura/escritora

Sesión 02: Narrativas de la historia, lo fantástico y lo psicológico

Sesión 03: Literatura, género e identidad como eje articulador

Sesión 04: Violencias ineludibles: Género y Conflicto Armado Interno

III. INFORMACIÓN

Precio: 100 soles.

Sesiones: 04 sesiones. Del 05.03.22 al 26.03.22.

Horario: Los días Sábados de 16:00 a 19:00 horas.

Duración: 03 horas

Incluye lecturas y acceso a las sesiones grabadas de las clases.

Informes: tadeo.palacios@pucp.edu.pe

Dirigido por Tadeo Palacios Valverde:

Escritor, abogado por la Universidad Nacional de Piura y candidato a Magister en el posgrado de Literatura Hispanoamericana de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se ha desempeñado como asistente de docencia del curso Técnicas de escritura de novelas en la Maestría de Escritura Creativa (MEC) del mismo claustro.

Ha sido becario del programa de pasantías literarias Arequipa Imaginada del Ministerio de Cultura del Perú y de la fundación alemana Hanns Seidel. Su cuento “El legado” fue uno de los ganadores del Concurso Nacional Nuestros Relatos, organizado en 2020 por la Presidencia del Consejo de Ministros y el Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú.

Ha publicado el conjunto de cuentos sobre la memoria, la ausencia y la violencia política Mañana nunca llega (Editorial Pesopluma, 2021) y diversos ensayos sobre la violencia política en revistas como Red Literaria peruana y Espinela, del posgrado de Literatura PUCP. Sus áreas de interés académico son la narrativa de la violencia política, la memoria y los afectos en la narrativa latinoamericana, los estudios de género y la cultura pop japonesa contemporánea.

Puedes generar el pago del taller vía YAPE o por depósito/transferencia a la siguiente cuenta BCP. Luego, no olvides adjuntar la captura del comprobante de pago y comunicarte con el tallerista. También si cuentas con PayPal puedes pagar el monto de 26 dólares por concepto de inscripción vía el siguiente enlace:

http://paypal.me/tadeopalacios

Crónica: Los cines han vuelto, por “El Dragon Chang”

Por: Alex J. Chang

Hace poco tuve la oportunidad de ir —junto a mi familia— al cine después de dos años, debido a la crisis sanitaria del coronavirus, a ver la película peruana Un Mundo para Julius. Fuimos al Cinestar de Metro UNI. Digo fuimos porque toda la familia disfruto del film, en el cual se cumplieron los protocolos de bioseguridad: el uso de mascarillas, la distancia social en las butacas; además en la entrada nos echan alcohol en las manos y nos miden la temperatura.

Fue un Miércoles 17 de Noviembre, del año 2021; eran las 6:30 de la noche. Ya habíamos comprado las entradas para la función de las 7:30 de la noche. En esa hora se proyectaba la película Un Mundo para Julius. Entonces, para “matar el tiempo”, nos fuimos a cenar un rico pollo a la brasa, una gaseosa Inka Kola de litro y medio, unas salchipapas y un cuarto de pollo broaster. Nos chupamos los dedos con la delicia de cena que nos “empujamos”. Eso no es todo. Guardamos los huesitos y sobras en una bolsita para las mascotas de casa. Al terminar de cenar, mi reloj marca 10 minutos para iniciar la función de cine.

—Ya falta poco —dije a mis padres y a mi hermano menor—. Son las 7:25, según mi reloj.

Los autos transitaban apurados; cláxones estruendosos, tan ensordecedores que golpeaban a mis oídos. Mi hermano menor reía a carcajadas, expresando su felicidad de volver al cine; la familia salía a pasear después de mucho tiempo. Se respiraba un aire fresco que relajaba nuestros sentidos; la noche empieza a oscurecerse; el alumbrado público iluminaba la ciudad de un anaranjado tenue.

Ingresamos, 2 minutos antes de la función, a la Sala 2. En aquella sala se proyectaría la adaptación cinematográfica sobre la novela más conocida de Alfredo Bryce. Después de ingresar, nos sentamos, tomamos la gaseosa, la canchita, las papas y los jugos (escondidos habilidosamente en nuestras bolsas; nadie nos descubrió). Nos “comimos” alrededor de 20 minutos de videos de publicidad.

Todos en la Sala 2 estábamos expectantes.

***

A los pocos minutos, nos matábamos de risa. Eso para empezar. Mientras trascurría la película, la humedad de nuestros ojos —sobre todo los de mi madre— se escurrían en nuestras mejillas. Nos sentimos impactados con un drama tan cercano a nuestra realidad, tan cercano a nuestra experiencia y tan cercano a nuestra sensibilidad.

“Que hijo de puta… Huevón de mierda”, dicho por un grupo de jóvenes de aproximadamente 20 años. Sí, al finalizar la película quedabas enfadado/melancólico al ver tanta inmundicia, tanta porquería, tanta… No sigo porque tal vez…

En fin, Julius de 11 años nos dibuja el contexto social latinoamericano en el cual impera la discriminación y la carencia de valores, de humanidad. Esto no ha cambiado a pesar de que la película se desarrolla en los años 50.

“Esta película sólo puede ser entendido por un público sensible y culto; lamentablemente los jóvenes de hoy no están preparados para esta obra cinematográfica.”, enfatizó mi padre con suma resignación.

Fin

Película Un Mundo para Julius de Rossana Díaz Costa.

*P. D: Esta crónica empezó como un borrador en el mes de noviembre, año 2021. Para ser concluido, después de varias correcciones, y publicarse en diversos medios.

Poesía peruana actual: Andrea Cabel

                                                         Gestión por María Macaya 


Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

Poética de Bhawani Shankar Nial

por Bhawani Shankar Nial
traducción al español y selección por María Del Castillo Sucerquia


Bhawani Shankar Nial (1968), nació en Kalahandi, estado de Odisha. Es poeta, editor, pensador y activista de derechos humanos. Escribe en odia e hindi. Es autor de tres poemarios. Sus poemas han sido traducidos al inglés, español, italiano, ruso, chino, polaco, entre otros.  Ha trabajado como coordinador nacional de muchas organizaciones y es fundador de instituciones sociopolíticas y culturales en la India. Ha liderado muchos movimientos populares en pro del desarrollo sostenible y la democracia participativa. Edita las revistas: The Surjya, The Kalahandi Express, The Bande Kalahandi & The Mahuri, la revista literaria del estado de Odisha. Es el presidente del Premio de literatura contemporánea Mahuri, fundado en el 2008.

Los siguientes poemas hacen parte de su libro “Encierro”, que comprende un extraordinario testimonio de lo sucedido en India durante el aislamiento preventivo por covid-19. El poeta, desde su cosmogonía, nos revela otra manera de ver la pandemia y sus pormenores, a su vez, inusuales elementos de salvamento y razones de amonestación. Sin duda, una voz que, en variadas formas e intervalos, vale la pena imaginar, experimentar, encarnar.

-María Del Castillo Sucerquia.


IDENTIDAD

un inminente juicio allí
donde los húmedos graneros 
en sospechosa transición 
como errantes nubes al final de la aldea
se esconden en un abrir y cerrar de ojos 
donde los sentidos entorpecen el olvido…
en algún momento, en alguna parte

¡es cierto!
el ritmo de la mente supera 
nuestros caballos de luz 
de verdad, una itinerante multitud 
surge al compás de los peces que nadan en los ríos 
la tarea de medir la cadencia de la autoconciencia 
nunca cesa en las escrituras ni en el cielo 
es más, una incansable corriente de viento amortigua 
delinea los nostálgicos cuentos donde
como la gran muralla china 
al menos, se levanta un muro 
para los trascendentales pensamientos  
cuando el ser primordial y eterno 
asumió una entidad efímera 
en el colosal vientre del loto 
en el insondable océano 
y sobre las adversarias olas marinas 
los fonemas de la vacuidad, entonces
no se descubrieron  

sin embargo, las fronteras en las montañas
las celestes olas del mar lejano 
contemplan la piadosa envergadura del abismo  
en el loto blanco del estanque 
nos acoge en el refugio del tiempo 
en su régimen y movimiento 
al unísono con la Escritura de la Palabra
y el Vacío

8 DE MARZO

un desfiladero es Ella  
madre de las civilizaciones y sus testimonios
contempla los innumerables auges 
y declives a lo largo de las edades  
hija, nuera y madrastra también es 
la identidad de una mujer íntegra
 y florecida a plenitud 

la garganta de donde nacen los diversos mitos 
y cuentos del pasado y el futuro
las historias sobre la infinidad 
de anhelos que peligran hoy 

VEN

¡ven! 
andemos el camino extraño 
venzamos su largura 
resistamos paso a paso 
andemos el camino 
en compañía del estoicismo y la soledad 
marchemos en el retiro 
de nuestra propia reclusión
¡ven!
seremos uno en este viaje 

¡ven!
caminemos un poco más lejos
atendamos las voces interiores 
¡ven!
por favor
pero sin la rabia del otro día 

recordemos otra vez 
¿quién eres?
¿quién soy?
¿por qué eres?
¿por qué soy?

María Del Castillo Sucerquia, nacida en Barranquilla, Colombia (1997), es una poeta bilingüe, escritora, tutora, médica oriental (Neijing, España) y traductora (francés, Inglés, italiano, portugués, español y alemán). Con experiencia en radio y actuación (teatro y cine). Ha participado en numerosos festivales de poesía, recitales, foros, conferencias y encuentros culturales. Sus poemas han sido traducidos en diversas antologías (Encuentro internacional de mujeres poetas Cereté, Relatos para adolescentes, Poesía Colombiana y Ecuatoriana, entre otras), revistas, periódicos y sitios web nacionales e internacionales (Filogicus, Libresta, María Mulata, Bharatha Vision, Azahar, Atunis Poetry, El Heraldo, Muelle Caribe, Crisol, Uttor Kota, Sol y Luna, entre otros). Y traducidos al canarés, árabe, urdu, bangla e Inglés. También colabora con las revistas Vive Afro (Medellín), Altazor (Chile), Cronopio (Missouri), Golem (México).

Poesía costarricense actual: Sean Salas

Gestión por María Macaya

(De Ciudad Gótica, 2022)

Georg Trakl en sueños

Cuando los murciélagos cantan el amanecer en Borneo
se barren las gradas de la iglesia
donde estuvo sentado el leproso
y la anciana se prepara para ir de puerta en puerta
ofreciendo manzanas rojas
a los tristes que ni siquiera sirven para vender el alma.

Primero despiertan los dedos,
luego los pies y muy despacio los labios,
la densa niebla motiva al poeta a usar el traje
guardado en un armario bajo tierra.

Esto es la gloria:
emborracharse hasta dormirse cantando
y despertar en una tumba ajena,
placeres carnales que arrancan el amor
como el bebé que no pidió vivir
arrancó con un mordisco el pezón a su madre.

Mueren rápido los días felices
de cocaína y naipes pornográficos,
el recuerdo se debilita
como el vaho en la ventana del sótano
donde el diablo se ocultó durante la quema de brujas.

Al cuerpo paralizado del poeta
se acerca de puntillas como una adúltera sigilosa
la sombra que regresa del viaje astral.

(De Alter Mundus, 2021)

La despedida

(Remedios Varo)

Apagaron el fuego que sentían
cuando sus sombras estaban a punto de besarse.

No sabrán si eran el uno para el otro.
Ambos tomaron su propio camino
en direcciones opuestas,
atajos a una soledad
que aún no debían conocer.

Ninguno de los dos quería despedirse,
ambos cedieron a pronunciar el adiós.
Solo un gato que miraba la escena
sabe quién se equivocó primero.

Leyendo a Lafcadio Hearn

De nuevo el mismo sueño:

asciendo la montaña de cráneos
que me pertenecieron en vidas pasadas
y justo cuando llego a la cima
despierto pateando
dentro del vientre materno.


Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).

Carlos Gassols: “Sería interesante que cuando uno ya no esté en este mundo, haya hecho algo positivo en beneficio del país y de la humanidad.”

Entrevista a Carlos Ernesto Gassols Eizaguirre, reconocido actor peruano

Por: Alex J. Chang

Carlos Ernesto Gassols Eizaguirre (Perú, 1929), mejor conocido como Carlos Gassols, es un destacado actor peruano, reconocido en el mundo cinematográfico/teatral/televisivo en el Perú —sobre todo en el cine peruano— por aparecer en películas como Caídos del Cielo (1997), Tinta Roja (2000); recientemente por actuar en filmes como Viejos amigos (2014), interpretando el papel de Domingo Culotti; Once Machos (2017).También ha aparecido en producciones televisivas como Al fondo hay sitio (2015) ) interpretando a Sergio Estrada, padre; Cumbia Pop (2017) como el padre Juan. En el teatro, trabajó en producciones teatrales como Vallejo (1992), Cita a Ciegas (2007), 12 hombres en pugna (2013), Vivir es formidable (2018).

En el año 2015, escribió su libro de memorias “Mi vida en el teatro”, publicado por el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega (Perú).

Ha obtenido diversos reconocimientos: Condecorado con la «La medalla de Lima» por su vasta trayectoria como artista en la Municipalidad de Lima (2010), Mejor Actor en el Festival Internacional de Vladivostok “Pacific Meridian” (2011); entre otros.

Actualmente conduce su propio programa podcast llamado “El Podcast de Carlos Gassols”, que forma parte de “Nacional Podcast”, en el cual habla sobre diversos temas culturales. En general, su programa nos invita a rescatar los valores olvidados en la actualidad, y esto se logra gracias a sus reflexiones sobre el arte, la cultura y el teatro. Podcast disponible en diversas plataformas como Speaker, Ivoox, Google Podcast, etc.

Por supuesto, uno de sus pasatiempos favoritos es la pintura y el dibujo. Sin embargo, la pintura, por diversos motivos, lo ha dejado de practicar. No obstante, continúa realizando dibujos en papel y lapicero.

Desde Lima, Perú; y, a través de una computadora y un correo electrónico; en su domicilio, se realiza esta entrevista escrita en el cual Carlos Gassols, nuestro entrevistado, nos confesará detalles íntimos de su faceta personal, muy escondidos detrás del telón rojo, de las cámaras y las luces.

Alex J. Chang: ¿Qué recuerdos se le viene en la mente sobre su niñez y adolescencia? Con respecto a los primeros años de su existencia, ¿Qué recuerdos tiene sobre la convivencia con su familia?

Carlos Gassols: Bueno de mi niñez y adolescencia tengo muy bonitos recuerdos porque tuve la suerte y el privilegio de tener una familia muy unida y donde todos compartíamos el amor al arte. Fuimos cinco hermanos, tres mujeres que fueron las mayores, Irma, Zaida e Hilda y dos hermanos, Fernando y yo, yo soy el menor, y precisamente por esa condición me engrieron muchísimo y me sentía muy querido.

Recuerdo con nostalgia, lo bien que la pasábamos en la casa huerta en los Barrios Altos, los paseos familiares y sobre todo los viajes que hicimos con la Compañía a varios países de Sudamérica.

AJC: En una entrevista a la Revista Impresa Lima Gris 18, usted menciona sobre la cultura limeña en la primera mitad del siglo XX: «Lo primero que puedo decir es que la gente se vestía mejor. Eso de los jeans no existía, yo no me pongo eso. […]Además, a las chicas se les respetaba mucho.” Sobre esto, ¿Qué extraña, además, de lo dicho en aquella entrevista, de la Lima de aquellos años? ¿Qué cambios ha notado, además, de lo mencionado en dicha entrevista, sobre la ciudad de Lima, en los últimos 20 años?

CG: Extraño que en aquellos años la delincuencia casi no existía, por eso se podía vivir con mayor tranquilidad. Se me viene a la memoria una anécdota, una vez un tipo se estaba robando de una casa una radio y cuando lo vieron unos vecinos empezaron a gritar y el tipo dejó el aparato en la vereda y antes de irse les dijo: Para que dejan la puerta abierta pues.

La ciudad de Lima ha cambiado bastante debido a que ha crecido, tenemos distritos enormes tanto en el norte y el sur, a muchos solo los conozco por el nombre porque nunca he ido. Lo que si me da mucha lástima es la cantidad de casonas antiguas con una arquitectura hermosa que han sido demolidas para convertirlas en edificios modernos, como la recordada casona Marsano, por ejemplo, que ahora es un centro comercial.

AJC: ¿Ha pensado alguna vez en publicar un libro de cuentos? Sobre su cuento «El premio» ¿Es posible una adaptación teatral, cinematográfica o televisiva?

CG: Si me gustaría, pero requiere de tiempo para recopilar todo lo que he escrito. Y respecto al cuento que me pregunta me daría por servido con verlo publicado.

Libro «Mi Vida en el Teatro» de Carlos Gassols (Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2015)

AJC: Sobre su libro de memorias titulado: «Mi vida en el teatro», ¿Siente que dijo todo o le ha quedado algún pendiente que cree haber sido considerado?, ¿Tiene pensando en publicar más libros? Coméntenos un poco al respecto.

CG: Lo que he me ha pasado referente a ese libro, es que he cometido algunos errores en los saltos de tiempo y no lo supe ver, lamentablemente no se corrigió y se publicó así.

Si lo he pensado, pero no creo que me alcance el tiempo porque toma mucho trabajo y paciencia, hasta tengo el título, “Las mieles amargas de la ilusión”.

AJC: Sobre el mismo libro, ¿Qué mensaje trató de tocar en su libro? En otras palabras, ¿Qué lecciones nos enseña su libro?

CG: Toda mi vida he pensado que todas las personas, y esto siempre se lo he dicho a mis alumnos, que sería interesante que cuando uno ya no esté en este mundo, haya hecho algo positivo en beneficio del país y de la humanidad.

Película “Viejos Amigos” protagonizado por Ricardo Blume (en el centro de la foto), Enrique Victoria Fernández (en el lado derecho de Ricardo Blume) y Carlos Gassols (en el lado izquierdo de Ricardo Blume). Año de estreno: 2014.

AJC: ¿Es posible que el buen humor esté siempre presente en la vejez, para una mejora en la salud? Según su propia opinión, ¿Qué hace tan humorística y picara la película Viejos Amigos?

CG: Creo que es bueno tratar de mantener el sentido del humor porque a la tercera edad lo natural es que tengamos malestares y dolencias y de esta manera lo hacemos más llevadero.

Pienso que ver a tres viejos envueltos en tantas situaciones jocosas más los diálogos entre ellos hace que el público de toda edad la haya podido disfrutar. Hay escenas graciosas como la de la iglesia, donde a mi personaje le suena el celular y no tiene ni idea de cómo usarlo o cuando van al cajero automático a sacar dinero y por hacerse los expertos dejan la tarjeta.

AJC: Con respecto a los fallecidos actores Enrique Victoria Fernández (2018) y Ricardo Blume (2020), con quiénes protagonizó la película «Viejos Amigos», ¿Qué recuerdos conserva de sus colegas y que palabras tiene para sus buenos amigos?

CG: Para mí fue muy grato participar en esta película con ellos, como éramos los únicos miembros de la tercera edad, nos poníamos a cantar y recuerdo que Ricardo y yo empezábamos a cantar algo para recordar nuestras épocas, pero en voz bajita y despacio para no perturbar el trabajo de los otros actores y llegaba Enrique que se acoplaba, pero a él si le gustaba cantar en voz alta para que lo escucharan todos.

AJC: ¿Consideró, usted, a la pintura como un hobby o un pasatiempo? ¿Continúa pintando, es decir, sigue cultivando las artes plásticas: dibujo, caricatura, pintura?

CG: Para mí siempre fue un hobby y en una época me daba tiempo para hacerlo. Aún conservo en mi casa las pinturas que hice.

Ya no pinto por la sencilla razón de que hay que tener un espacio adecuado y tiempo. Lo que, si no he dejado de hacer, es dibujar, lo hago hasta con un lapicero y en cualquier papel que tenga a la mano.

AJC: ¿Por qué la educación artística, en general, es infravalorada en el sector educativo? ¿Qué otros beneficios, según su criterio, se podría obtener con la enseñanza y con la práctica del teatro en la niñez y adolescencia?

CG: Porque se da mayor importancia a los otros cursos y se desconoce que la enseñanza del teatro principalmente sería de mucha ayuda para complementar todos los demás cursos.

El teatro tiene un valor humano y formativo lo que definitivamente ayudaría a reforzar las habilidades sociales de los estudiantes, la creatividad, la integración en conjunto, en fin, tiene innumerables beneficios.

Cada vez que yo he tenido oportunidad lo he expresado y me da mucha pena que hasta ahora no se le de la importancia que debería.

El reconocido actor peruano Carlos Gassols posando en su casa y rodeado de sus dibujos y pinturas.

Crónica: De Sombreros y de Charros, en las tierras de Piura, por Fernando March

Por: Fernando March (Perú)

Aquí, en las soleadas tierras del norte del Perú, el verano es intenso, ardiente y sofocante. La tradición piurana, de antaño, obligaba el uso de sombrero, dada la fuerza y la agresión del sol. Piura es una tierra de arenales inmensos, algarrobos ásperos, una melancolía y una desolación de muerte, además de una chicha blanca que es más alcohol artesanal y acritud, que dulzura.

Para las gentes del centro y sur de la costa, así como de la sierra y la selva, Piura es sólo sinónimo de playas. Y, sí que las tiene, a porfía: costas bañadas por espumosas olas; mares de topacio; horizontes hermosos, a la caída de la tarde. Sin embargo, Piura, no es sólo eso. Una tierra milenaria condenada a la sed. Una vegetación que sobrevive por obra de un milagro de la naturaleza. Y, con todo, el omnipresente sol, el rubio sol, inclemente y desaforado. Perfecto astro tutelar que motiva las pasiones más violentas y las indiferencias, más insufribles, en el alma de su gente.

«El charro» posando con su sombrero piurano y acompañado de un caballo.

Me acuerdo aquella mañana que llegamos a Piura, por el mes de noviembre, del año 1975. Fue Talara, nuestro primer destino. Mi madre, Johan y yo, habíamos aterrizado en un vuelo de Aero Perú, procedente del Cuzco. Abandonábamos, así, un capítulo inolvidable de nuestras vidas. Alejándonos de las montañas tutelares, de los ríos torrentosos, de los nevados imponentes, de la feracidad y frondosidad de la sierra, para integrarnos a una tierra, donde, según mi madre—exponente de sinceridad total—: “daba mucha lástima morirse”. Con mis padres y mi hermano (aún, de meses de nacido) pasamos un año inhóspito y difícil, antes de estar completamente aclimatados (mejor digo: casi completamente) porque, en realidad, en Piura, uno jamás se aclimata del todo. Siempre tenemos una palabra de rencor, en contra del calor, tan infernal. 

Pese a vivir al lado del mar, junto al inmenso Océano Pacífico, Talara, era dueña de un sol arrogante y bronceador, hasta más no poder. El uso del sombrero era un recurso indispensable, una necesidad inevitable que, lastimosamente, ya no era una regla a seguir. En la novela La casa verde (1966) de Mario Vargas Llosa, el personaje de Anselmo, y todos los habitantes de la Gallinacera y la Mangachería, solían usar sombrero. El mangache era el habitante de la zona norte de la ciudad de Piura. Lugar muy mentado como “Barrio de Guapos” o individuos que se trompeaban, por casi nada, y de la manera más salvaje y ruin, hasta la muerte. Esto lo aprendí en los años en que asistía al colegio parroquial, del Barrio Particular. Mis compañeros de clases—sobre todo los más beligerantes—solían repetir las trágicas historias que habían aprendido de sus padres, sobre la gente brava de Piura, y como esta era tenida por una ciudad forajida, que jamás tuvo ni un instante de paz, mientras existió rivalidad, a muerte, entre los “gallinaceros” del sur y los “mangaches” del norte.

Fernando March, autor de la presente crónica, posando con un sombrero piurano.

El asunto es que, muchos de ellos, portaban soberbios sombreros de jipi japa. Los Hacendados, de igual modo, sostenían la tradición de llevar ancho sombrero de Catacaos, al estilo de Froilán Alama (1). Integrantes de la familia Seminario, Cuglievan o los Hilbck eran representantes de la más rancia tradición que se apegaba, aún, al uso cotidiano del sombrero de paja. Para mí, que venía de una tierra donde sólo veía usar chullos y monteritas, de Tinta, el sombrero de jipi japa, era una agradable tentación, era un sueño apetecido, en una tierra donde, el calor, era un Rey absoluto, desquiciado y perturbador. Sin embargo, para esa época, el uso del sombrero, en las ciudades, ya había caído en un olvido, inmerecido. Sólo la gente del campo lo usaba, para sus faenas diarias.

Cuando llegamos a tener televisión, el único canal que existía en Talara, por esos años era el Canal 2, de Piura, filial del Canal 4, de Lima. En esos mismos días recuerdo a un personaje entrañable, que, era el único, que solía mostrar su enorme y ondulado sombrero, grácil y elegante: “El Charro” Humberto Requena Oliva.

Aquel, era todo un señor alcalde, de Catacaos y que, por el gobierno de Francisco Morales Bermúdez, era el Rey de la Teletón: “La navidad del niño cataquense”. Una vez, cada año, jodía todo un día de programación regional del Canal 2; pero, a decir verdad, no ha habido, ni habrá jamás un alcalde, en Catacaos, como él.

Todos aquellos que llegaron, después, fueron simples advenedizos que asumieron el cargo, sólo para forrarse en dinero ajeno, sin preocuparse por su pueblo.

El Charro Requena tenía un restaurante, “a la entradita de Catacaos”. Mi padre, como Ingeniero, en Jefe, del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Talara (por el Ministerio de Vivienda) solía conocer a muchos personajes importantes de la región. El Charro Requena, era uno de ellos. Era su amigo personal.

Sombrero de jipi japa.

Su prestancia, su carisma y su elegancia hicieron, de él, un personaje legendario.

Un fin de semana, el Charro Requena, invitó, a mi padre, a degustar deliciosos potajes de la culinaria piurana, en su famoso restaurante. Salimos de Talara, al amanecer, para hacer el tramo agotador de Talara-Sullana- Piura-Catacaos. Cinco horas de viaje ininterrumpido, dado que mi padre era cuidadoso de la velocidad, al volante, y, mi madre, jamás desperdiciaba la oportunidad de recorrer, por casi media hora, el centro de cada ciudad, a la que llegábamos.

Cuando ingresamos a Catacaos, al medio día, el mismo Charro Requena, en persona, salió a recibirnos, ¡y los potajes, dignos de Rey, que nos ofreció! (bueno, a mi padre). Allí, aprendí a comer el exquisito seco de chavelo, el cabrito con tamales y menestra, el cebiche de Ojo de uva y, por, sobre todo, una bebida de agradable sabor y muy refrescante, que se quedó, en mi paladar, para siempre: el afamado clarito. Este, es un sobrenadante dulce de la chicha. Un trago delicioso que ameniza con cualquier plato. En “El Charro” se degustaba con piuranidad pura. Y el amable anfitrión, portando alegre, aquel sombrero entrañable, que hacía juego con sus enormes bigotes de tártaro y su fragante guayabera blanca.

Era maravilloso ver a un señor, tan ameno y sencillo. Sin duda, él, era lo mejor que podía ofrecernos aquella tierra de Piura: tan árida, como dura. Desde ese momento, tuve predilección por el uso del sombrero cataquense. Claramente, don Humberto Requena Oliva, llevaba consigo una tradición, antaño extendida, en todo el norte del Perú. Y que hoy, es sólo un recuerdo. Como es un recuerdo, que, una vez, existió un hermoso y acogedor restaurante, de deliciosa comida piurana, que estaba “a la entradita de Catacaos”. Y que, en ella, el Charro Requena—en persona— agitaba su sombrero, te daba la bienvenida y te atendía. Como es un recuerdo, que, un domingo, al año, en el único canal que había en Piura, el Charro se robaba todo un santo día, tarde y noche, con su “Navidad para el niño cataquense”. Y que jodía el fin de semana, impidiendo ver programas de variedades o películas de romanos, de vaqueros o de guerra, contra japoneses, sólo con el único propósito de ver dibujada una sonrisa en la cara de un niño, de su pueblo, con un juguete en las manos. Como es un recuerdo, que fue el único alcalde de Catacaos que hizo algo por sus paisanos. Y trató de hacer más, desde un Congreso de pelagatos, que no daba para mucho.

«El Charro»

Desde entonces, uso sombrero. En señal de respeto a la memoria de personaje tan carismático, y todo un caballero de Piura, pero, además (y por hacer honor a la verdad, que siempre acompaña a mi madre) porque el calor de Piura jode y enferma, y necesito, con urgencia, un tapasol que proteja y refresque mi cara.

Ciudad Coloma.

Enero 2022

(1) Bandolero piurano. Inmortalizado por Carlos Espinoza León en una novela homónima.

Froilan Alama, novela de Carlos Espinoza.

Poesía costarricense actual: Diego Mora, selección poética de dos libros inéditos

Lamentos de Raven Darkhölme alias Mística a Eric Lehnserr alias Magneto

Olía a sal, a mar. Pero estaba lejos de él, y el frío del otoño dulce y cruel lo envolvía todo en tonalidades rojas. No solamente era un estupor general, era la certeza de un árbol vivo, un chico vivo, una tarde inesperadamente blanca, permeada de niebla; y esas mismas facciones cada vez que te miras al espejo. La estúpida mirada de siempre, la torpe sonrisa de un rostro no fotogénico, sin poder cambiar de piel, cargando con ella día a día, calle a calle, etcétera tras etcétera. Soy la niña que nunca fui, metamorfa de sentimientos; mientras el disco sigue girando, y los glóbulos blancos, y las células mutadas y tus estúpidos intentos de cubrir mi vergüenza con tu casco.


Reminiscencia de Peter Parker alias Spider Man antes de la extinción del homo sapiens

Saltando por inercia sobre los escombros de la ciudad de New York, Peter Parker, el de potentes telarañas se preguntó: ¿qué hice mal? ¿A qué villano no maté? ¿Por qué me excluyeron de la batalla cósmica? Debo conformarme con la III Guerra Mundial, donde ni siquiera estoy implicado. Puedo perfectamente arreglármelas solo, huir de las bombas y cataclismos. ¿Qué hago defendiendo a estos imbéciles? ¿Lo hago por Mary Jane? ¿Por heroísmo? Quizá es por adicción, soy adicto a la violencia, al rush del peligro.

No hay sentido arácnido que pueda contra esto. Saltar de edificio en edificio, la sensación de vértigo, la persecución de asesinos y mafiosos, el saber que el ayuntamiento de la ciudad cuenta con trabajadores dedicados a limpiar telarañas me provoca una extraña sensación de placer. Pero es como ir a una guerra que nunca acaba. Solamente vas acumulando amigos muertos.

Si como dicen se han destruido tres cuartas partes del universo, ¿qué nos garantiza que sobreviviremos? ¿Por qué no me picó una araña con rayos cósmicos? Pertenecería a los 4 Fantásticos. Tal vez si se lesiona Hawkeye pueda sustituirlo en los Vengadores. ¿Para qué me torturo con esas ideas? Nunca me llamarán. Soy un superhéroe de cuarta categoría. El mundo se viene abajo bomba tras bomba, ciudad tras ciudad y no me importa. Voy a quitarme este ridículo traje. Si es por adicción, que sea con una máscara menos.


Salmos de Lilandra

De haber podido omitir este día lo habría hecho. Así no hubiera llegado este sentimiento de autodestrucción, de holocausto. Llega la insinuación vislumbrada desde hace tantos años: al final, cuando todo iba a terminar tal como estaba planeado, algo lo sabotearía. Basta darse cuenta de que somos repelentes ante lo que añoramos. Basta verme con una herida profunda en mi metafórico dedo central de la mano izquierda. Sea lo que sea, está ejerciendo una fuerza incontrolable, una revancha final. No sé si sobreviviré a esto, pero tenía que adelantarlo: estaba mirando esas nubes y justo cuando pensé que ya nada me interesaba, las nubes desaparecieron y una estrella —una sola— comenzó a brillar para mí. Ahí estaba, solitaria en el firmamento, respondiendo todas mis dudas.

Puede que se despeje esta tristeza de tinta negra y vuelva a la ficción en cualquier instante. Por lo pronto no puedo acabarme, ni solucionarme. No puedo salir a la calle a pegar alaridos. No puedo llorar en mi cuarto. ¡Si tan solo saliera el sol! Pero será una larga noche, y mis amigos estarán muertos a esta hora. Eso es lo que ha terminado conmigo. ¡Parecen dos mil vidas! ¡Juraría que han pasado dos mil vidas si no tuviera las fechas y los números conmigo! Ha reabierto todas las heridas. ¡Ya había olvidado este dolor!  Es mejor cuando el dolor te supera, y tienes que irte de tu cuerpo; pero cuando lo manejas, es una lucha que te agota, te quita aliento. Este dolor se mantiene en la línea de lo tolerable, pudiendo acabarme se empecina con su sadismo y por eso hasta puedo describirlo.

Soy como un animal: aprendo a golpes. Estoy asustada. Me duele el dedo que sostiene mi cabeza. Este dedo que presiona mis lóbulos, que escarba en la raíz. Mejor vayan a criar cuervos. ¡Yo tengo tanto qué perder! ¡Son tantos signos de exclamación! Si fueran de otro tipo, si evocaran otras cosas, pero permanecen en la misma posición, como pedazos de marea en el cielo. Es esta especie de brillo inconmensurable, la risilla perversa, ese crujir de la madera vieja o del techo de zinc cuando sueñas con algodón. Es este pasillo inquieto y frío, sin final, un pasillo solo para mi sufrimiento. Solo yo paso por él una y otra vez, hasta que se vaya con la noche larga, como ahora, que solo puedo evocarlo, pero late, aquí a la par, como si fuera él quien está de este lado escribiendo.

¡Duelen tantas cosas insignificantes! Todo se irá al carajo, incluidos nosotros. Debo orinar vidrios. Debo sangrar a cuentagotas. Debo verme las heridas recién hechas. Pero la estrella vendrá por mí. Entonces verás el tiempo. Regresaré cubierta de tu sangre, empapada de venganza. Y no dejaré que se marche el recuerdo, para reabrir tus heridas.

Por eso me doblas el cuello con tanto odio, porque sabes que llegará mi tiempo, porque pretendes vengarte de lo que aún no ha sucedido, porque desde ahora sientes los chorros bajando por tu espalda, los desmembramientos, los crujidos.

Se te adormeció el brazo prematuramente. Es inevitable. No estés tan confiado. Siempre hay una salida de emergencia. Salirse del libreto es cuestión de despegarse del suelo un segundo. Cambias el giro de la historia y todo se vuelve magma de nuevo, y los cielos se entristecen por centurias, y luego los renacuajos, los pterodáctilos y los propulsores de plasma.

Otra vez tengo ganas de vomitar. Me duele tanto la espalda. ¡Parece increíble que apenas tenga dos millones de años! Me calculo doscientos billones, al menos. Falta tanto. Es sorprendente que en medio de las guerras cósmicas haya visto gente divirtiéndose en Tenochtitlan, con esperanza. No puedo añorarlos, son los que sufren al final. Los demás me verán en el espejo. A veces siento que estoy tocando las teclas del piano o de la computadora. Como si estuviera componiendo una sinfonía, un réquiem para ustedes. Y va tan triste la melodía, y es casi como si pudiera verlos leer y escuchar, temblorosos, sin imaginar la palabra que viene, presintiendo algunas cosas sin forma. Al renglón siguiente lo entenderé, pero pasan las hojas y no entiendes nada, no entiendes nada, te quedas ciego, de pie frente a mí, preguntas qué escribo, que si son secretos, y me cierras la puerta; te conozco, me cierras la puerta en la cara, pretendiendo ahuyentar los lobos, tranquilo, hoy no hay luna, solo nubes y arena en tus ojos.

Sigue el ritmo. Siente las pausas. Mírate tan inocente. Entonces llega el disparo, la penetración del metal, el calor de la sangre a borbotones. Caes inundado en un charco de signos interrogativos, y sabes que de ahí no te levantarás. No puedes mover ni un solo dedo. Pero te saco del agujero, yo, que te metí. Te doy un respiro, y vuelve esta desazón, el dolor de cabeza, la incomodidad de toda posición, la mirada perdida en el centro de una letra cualquiera.

Este es el silencio que temía: el final, la ausencia de palabras. De explicaciones. Volver a lidiar con el abandono fetal cuando parecías obra maestra. No me queda ni una letra más en el corazón. Me vacié. Arrójame antes que te contagie. No te dejes seducir por el blanco. Repite la estrofa hasta que la memorices. Llevarás contigo la profecía, el mundo a tus espaldas, pero nunca la buena nueva.


Diego Mora: Vásquez de Coronado, San José, Costa Rica; 1983. Ha publicado Tótem Suburbano (poesía): Ediciones Andrómeda; San José, Costa Rica, 2006. Estación Tropical (poesía): Editorial Catafixia; Ciudad de Guatemala, 2010. Historias de inodoro (microcuento): Milena Caserola; Buenos Aires, Argentina, 2010. Educación con medios (académico): Editorial Académica Española; Madrid, España, 2011. Facebookatura (novela gráfica): Ladrillo Negro, 2012. Las Meseras del Park Avenue Café (poesía): Editorial (H)onda Nómada; Ciudad de México, 2013. Peter Pan 220 (poesía): Editorial Jaguar; Quito, Ecuador, 2014. Monóxido de carbono (poesía): Hanan Harawi Editores; Lima, Perú, 2015. Niños no hagan esto en casa (poesía): Ediciones Litost; Santiago, Chile, 2019. Aparece en antologías tanto de poesía como de narrativa y en revistas literarias, académicas y digitales. Es Doctor en Estudios Culturales de la Universidad de Cincinnati, Máster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Estatal de Nuevo México y Licenciado en Psicología de la Universidad de Costa Rica. Ha dirigido talleres literarios y proyectos cartoneros en diferentes tierras del continente americano. Actualmente es profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica.