Poesía peruana actual: Andrea Cabel

                                                         Gestión por María Macaya 


Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.

Poesía mexicana actual: Margarito Cuellar

TIERRA NATAL (1)


El cajero automático sonríe
mientras arroja billetes de baja denominación.
¿Y el menú de este restaurante de paso como nosotros?
Los pasajeros alimentan a Gula y a Pereza
o bajan a estirar las piernas.
Una mujer se transparenta a bocanadas de humo
y envejece al instante. Toda la vida ha estado ahí.

El horizonte engulle al autobús.
Un aluvión borra casas   sombras   jardines de las grietas.
Los parques olvidan al héroe que los deja.

Nací acá, mas los lobos aúllan
como si nunca nos hubiéramos visto.


TIERRA NATAL (2)

Sacudan mi memoria: hallarán frutos secos
siluetas que tropiezan con fantasmas
y calles sin regreso.

No siento mío este remedo de árboles
ni la plancha de tierra que se abre si la pisas.
¿De quién este paisaje de víboras descalzas
mapas en blanco   región sin para cuándo?

Los héroes trovan hazañas

a una audiencia de jubilados en harapos
que cabecean al son de las palomas.

¿Quién reconoce como propio un círculo de auras?
Yo no. Y sólo voy de paso.



CUERVOS

Vuelan en círculos
y con graznidos sellan
su pacto con la noche.
Al descender comprueban
que la carroña sigue
en el baldío de la existencia.

Sus largas patas descienden
y libres ya de toda cautela
hacen de los despojos su pira funeraria.

El cuervo sanea el aire
y pasa de la escala más baja
a la cumbre de la belleza.

                              (De En el hotel de la vida todos somos extranjeros,
                                                Laberinto/ Conarte, México, 2021)




LUNA ABRIÉNDOSE CAMINO EN LA ZARZA DE NIEBLA

Se ascienda o se descienda
se vaya al sur o a otro planeta

los caminos conducen a la diosa.
Luna Abriéndose Paso en la Zarza de Niebla
Barco sin Capitán
Asteroides Bajo el Arco Perfecto de su Espalda.

Mas hay caminos a lo alto de una escalera
y la única señal que distingue
desde ese punto el náufrago
       un resplandor de estrella
       que flota con la idea
       de integrarse a la vida.

                                                             Noviembre 10 de 2014


ARMA BLANCA

A veces cuando el frío es muy intenso
y no hay calefacción que aliente
me acuerdo del cuchillo que dejaste
clavado en algún sitio
entre el olvido y la esperanza
de que un día volvieras a sanar las heridas.
O a enterrarlo más hondo. Da igual
el que un día te cantó
ha muerto varias veces de distintas maneras.

Así como la hoja me habla de ti   siempre
pero más animosa en los inviernos


antes que tú hubo balas
y autos que atropellaron mis heridas.

Ninguna de estas muertes importa
sólo el filero   tuyo como un pacto de acero
me recuerda:
      El amor no es en la vida cualquier cosa.

Y todavía hechas limón a las heridas
para que no se olvide nuestra prenda de amor
¡oh   asesina hermosa!

                                                                 Junio 22 de 2017
                                                                       (Inéditos)

Margarito Cuéllar. Poeta mexicano originario de San Luis Potosí, México. Radica en Monterrey, Nuevo León. Libros recientes: En el hotel de la vida todos somos extranjeros (Laberinto/Conarte, México, 2021); Heridas luminosas que se quiebran (Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2021); Nadie, salvo el mundo (Moguer, Huelva, España, 2020). Con el libro Teoría de la belleza (Instituto Sinaloense de Cultura, 2018) obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira 2019 organizado por el Banco del Austro de Cuenca, Ecuador. Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2020 convocado por la Diputación de Huelva. Con Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas obtuvo en 2021 el Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador (Salamanca, España). En diciembre del 2020 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Golden Magnolia de Shanghái.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

El Rocío y otros poemas de Margarita García de Aizpuru

por Margarita García de Aizpuru


EL ROCÍO

Surges de las rosas
entreabiertas,
envuelto entre las sombras
de la noche...
Perla del manto desprendida,
eres el rocío
que besa la tierra.

BALLENA

Yubarta, como una montaña
serena, con el oleaje
llegas a tu viaje primitivo
al mar de Baja California
esperas... al Ballenato,
las ondinas le cantan
al manantial de la vida.
Ballena eres fuerte, suave,
hecha de mar, nadas
y rompes el clamor de las olas,
saltas y giras en el aire,
te sumerges en el silencio
de la profundidad.
Al amanecer te reflejas
en el fuego de la aurora.
Eres una melodía que flota
en el mar, como un jirón
de niebla en el amanecer.

PAMELA

Pamela, eres blanca
como una azucena.
Eres luz en mi existencia,
eres ave, que algún día
volarás en busca
de tus sueños.

LÁGRIMA

Lágrima soy
la que de los ojos brota.
Me forman las borrascas
de la vida
y el ardiente sentir
del alma humana,
cuando sufre pena amarga.

EL MAR

Las olas del mar
lavan y lavan
cuando caminan por la playa.
Aguas transparentes
con sabor del océano:
Flores de espuma...
reflejos nacarados
que dejan sobre mi cuerpo
recuerdos de seda.

LA CASA ABANDONADA

La casa abandonada
a la orilla del mar,
abierta...
Un paisaje de escombros...
Un viejo reloj suspendido
cuyo corazón no late más.
Los recuerdos se agolpan
en mi alma
y mis manos recorren
las arenas del tiempo.

Margarita García de Aizpuru nació en Platón Sanchez, Veracruz. Entre sus libros de poesía se encuentra Sonata de Fuego Verde, Insomnio del Mar, Sortilegio del Viento, Añoranza, Antología Poética, además de Cuentos Narraciones y ensayos y dos libros infantiles: El Castillo Embrujado y las Aventuras de Terry.

Poesía costarricense actual: Sean Salas

Gestión por María Macaya

(De Ciudad Gótica, 2022)

Georg Trakl en sueños

Cuando los murciélagos cantan el amanecer en Borneo
se barren las gradas de la iglesia
donde estuvo sentado el leproso
y la anciana se prepara para ir de puerta en puerta
ofreciendo manzanas rojas
a los tristes que ni siquiera sirven para vender el alma.

Primero despiertan los dedos,
luego los pies y muy despacio los labios,
la densa niebla motiva al poeta a usar el traje
guardado en un armario bajo tierra.

Esto es la gloria:
emborracharse hasta dormirse cantando
y despertar en una tumba ajena,
placeres carnales que arrancan el amor
como el bebé que no pidió vivir
arrancó con un mordisco el pezón a su madre.

Mueren rápido los días felices
de cocaína y naipes pornográficos,
el recuerdo se debilita
como el vaho en la ventana del sótano
donde el diablo se ocultó durante la quema de brujas.

Al cuerpo paralizado del poeta
se acerca de puntillas como una adúltera sigilosa
la sombra que regresa del viaje astral.

(De Alter Mundus, 2021)

La despedida

(Remedios Varo)

Apagaron el fuego que sentían
cuando sus sombras estaban a punto de besarse.

No sabrán si eran el uno para el otro.
Ambos tomaron su propio camino
en direcciones opuestas,
atajos a una soledad
que aún no debían conocer.

Ninguno de los dos quería despedirse,
ambos cedieron a pronunciar el adiós.
Solo un gato que miraba la escena
sabe quién se equivocó primero.

Leyendo a Lafcadio Hearn

De nuevo el mismo sueño:

asciendo la montaña de cráneos
que me pertenecieron en vidas pasadas
y justo cuando llego a la cima
despierto pateando
dentro del vientre materno.


Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).

Poesía costarricense actual: Diego Mora, selección poética de dos libros inéditos

Lamentos de Raven Darkhölme alias Mística a Eric Lehnserr alias Magneto

Olía a sal, a mar. Pero estaba lejos de él, y el frío del otoño dulce y cruel lo envolvía todo en tonalidades rojas. No solamente era un estupor general, era la certeza de un árbol vivo, un chico vivo, una tarde inesperadamente blanca, permeada de niebla; y esas mismas facciones cada vez que te miras al espejo. La estúpida mirada de siempre, la torpe sonrisa de un rostro no fotogénico, sin poder cambiar de piel, cargando con ella día a día, calle a calle, etcétera tras etcétera. Soy la niña que nunca fui, metamorfa de sentimientos; mientras el disco sigue girando, y los glóbulos blancos, y las células mutadas y tus estúpidos intentos de cubrir mi vergüenza con tu casco.


Reminiscencia de Peter Parker alias Spider Man antes de la extinción del homo sapiens

Saltando por inercia sobre los escombros de la ciudad de New York, Peter Parker, el de potentes telarañas se preguntó: ¿qué hice mal? ¿A qué villano no maté? ¿Por qué me excluyeron de la batalla cósmica? Debo conformarme con la III Guerra Mundial, donde ni siquiera estoy implicado. Puedo perfectamente arreglármelas solo, huir de las bombas y cataclismos. ¿Qué hago defendiendo a estos imbéciles? ¿Lo hago por Mary Jane? ¿Por heroísmo? Quizá es por adicción, soy adicto a la violencia, al rush del peligro.

No hay sentido arácnido que pueda contra esto. Saltar de edificio en edificio, la sensación de vértigo, la persecución de asesinos y mafiosos, el saber que el ayuntamiento de la ciudad cuenta con trabajadores dedicados a limpiar telarañas me provoca una extraña sensación de placer. Pero es como ir a una guerra que nunca acaba. Solamente vas acumulando amigos muertos.

Si como dicen se han destruido tres cuartas partes del universo, ¿qué nos garantiza que sobreviviremos? ¿Por qué no me picó una araña con rayos cósmicos? Pertenecería a los 4 Fantásticos. Tal vez si se lesiona Hawkeye pueda sustituirlo en los Vengadores. ¿Para qué me torturo con esas ideas? Nunca me llamarán. Soy un superhéroe de cuarta categoría. El mundo se viene abajo bomba tras bomba, ciudad tras ciudad y no me importa. Voy a quitarme este ridículo traje. Si es por adicción, que sea con una máscara menos.


Salmos de Lilandra

De haber podido omitir este día lo habría hecho. Así no hubiera llegado este sentimiento de autodestrucción, de holocausto. Llega la insinuación vislumbrada desde hace tantos años: al final, cuando todo iba a terminar tal como estaba planeado, algo lo sabotearía. Basta darse cuenta de que somos repelentes ante lo que añoramos. Basta verme con una herida profunda en mi metafórico dedo central de la mano izquierda. Sea lo que sea, está ejerciendo una fuerza incontrolable, una revancha final. No sé si sobreviviré a esto, pero tenía que adelantarlo: estaba mirando esas nubes y justo cuando pensé que ya nada me interesaba, las nubes desaparecieron y una estrella —una sola— comenzó a brillar para mí. Ahí estaba, solitaria en el firmamento, respondiendo todas mis dudas.

Puede que se despeje esta tristeza de tinta negra y vuelva a la ficción en cualquier instante. Por lo pronto no puedo acabarme, ni solucionarme. No puedo salir a la calle a pegar alaridos. No puedo llorar en mi cuarto. ¡Si tan solo saliera el sol! Pero será una larga noche, y mis amigos estarán muertos a esta hora. Eso es lo que ha terminado conmigo. ¡Parecen dos mil vidas! ¡Juraría que han pasado dos mil vidas si no tuviera las fechas y los números conmigo! Ha reabierto todas las heridas. ¡Ya había olvidado este dolor!  Es mejor cuando el dolor te supera, y tienes que irte de tu cuerpo; pero cuando lo manejas, es una lucha que te agota, te quita aliento. Este dolor se mantiene en la línea de lo tolerable, pudiendo acabarme se empecina con su sadismo y por eso hasta puedo describirlo.

Soy como un animal: aprendo a golpes. Estoy asustada. Me duele el dedo que sostiene mi cabeza. Este dedo que presiona mis lóbulos, que escarba en la raíz. Mejor vayan a criar cuervos. ¡Yo tengo tanto qué perder! ¡Son tantos signos de exclamación! Si fueran de otro tipo, si evocaran otras cosas, pero permanecen en la misma posición, como pedazos de marea en el cielo. Es esta especie de brillo inconmensurable, la risilla perversa, ese crujir de la madera vieja o del techo de zinc cuando sueñas con algodón. Es este pasillo inquieto y frío, sin final, un pasillo solo para mi sufrimiento. Solo yo paso por él una y otra vez, hasta que se vaya con la noche larga, como ahora, que solo puedo evocarlo, pero late, aquí a la par, como si fuera él quien está de este lado escribiendo.

¡Duelen tantas cosas insignificantes! Todo se irá al carajo, incluidos nosotros. Debo orinar vidrios. Debo sangrar a cuentagotas. Debo verme las heridas recién hechas. Pero la estrella vendrá por mí. Entonces verás el tiempo. Regresaré cubierta de tu sangre, empapada de venganza. Y no dejaré que se marche el recuerdo, para reabrir tus heridas.

Por eso me doblas el cuello con tanto odio, porque sabes que llegará mi tiempo, porque pretendes vengarte de lo que aún no ha sucedido, porque desde ahora sientes los chorros bajando por tu espalda, los desmembramientos, los crujidos.

Se te adormeció el brazo prematuramente. Es inevitable. No estés tan confiado. Siempre hay una salida de emergencia. Salirse del libreto es cuestión de despegarse del suelo un segundo. Cambias el giro de la historia y todo se vuelve magma de nuevo, y los cielos se entristecen por centurias, y luego los renacuajos, los pterodáctilos y los propulsores de plasma.

Otra vez tengo ganas de vomitar. Me duele tanto la espalda. ¡Parece increíble que apenas tenga dos millones de años! Me calculo doscientos billones, al menos. Falta tanto. Es sorprendente que en medio de las guerras cósmicas haya visto gente divirtiéndose en Tenochtitlan, con esperanza. No puedo añorarlos, son los que sufren al final. Los demás me verán en el espejo. A veces siento que estoy tocando las teclas del piano o de la computadora. Como si estuviera componiendo una sinfonía, un réquiem para ustedes. Y va tan triste la melodía, y es casi como si pudiera verlos leer y escuchar, temblorosos, sin imaginar la palabra que viene, presintiendo algunas cosas sin forma. Al renglón siguiente lo entenderé, pero pasan las hojas y no entiendes nada, no entiendes nada, te quedas ciego, de pie frente a mí, preguntas qué escribo, que si son secretos, y me cierras la puerta; te conozco, me cierras la puerta en la cara, pretendiendo ahuyentar los lobos, tranquilo, hoy no hay luna, solo nubes y arena en tus ojos.

Sigue el ritmo. Siente las pausas. Mírate tan inocente. Entonces llega el disparo, la penetración del metal, el calor de la sangre a borbotones. Caes inundado en un charco de signos interrogativos, y sabes que de ahí no te levantarás. No puedes mover ni un solo dedo. Pero te saco del agujero, yo, que te metí. Te doy un respiro, y vuelve esta desazón, el dolor de cabeza, la incomodidad de toda posición, la mirada perdida en el centro de una letra cualquiera.

Este es el silencio que temía: el final, la ausencia de palabras. De explicaciones. Volver a lidiar con el abandono fetal cuando parecías obra maestra. No me queda ni una letra más en el corazón. Me vacié. Arrójame antes que te contagie. No te dejes seducir por el blanco. Repite la estrofa hasta que la memorices. Llevarás contigo la profecía, el mundo a tus espaldas, pero nunca la buena nueva.


Diego Mora: Vásquez de Coronado, San José, Costa Rica; 1983. Ha publicado Tótem Suburbano (poesía): Ediciones Andrómeda; San José, Costa Rica, 2006. Estación Tropical (poesía): Editorial Catafixia; Ciudad de Guatemala, 2010. Historias de inodoro (microcuento): Milena Caserola; Buenos Aires, Argentina, 2010. Educación con medios (académico): Editorial Académica Española; Madrid, España, 2011. Facebookatura (novela gráfica): Ladrillo Negro, 2012. Las Meseras del Park Avenue Café (poesía): Editorial (H)onda Nómada; Ciudad de México, 2013. Peter Pan 220 (poesía): Editorial Jaguar; Quito, Ecuador, 2014. Monóxido de carbono (poesía): Hanan Harawi Editores; Lima, Perú, 2015. Niños no hagan esto en casa (poesía): Ediciones Litost; Santiago, Chile, 2019. Aparece en antologías tanto de poesía como de narrativa y en revistas literarias, académicas y digitales. Es Doctor en Estudios Culturales de la Universidad de Cincinnati, Máster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Estatal de Nuevo México y Licenciado en Psicología de la Universidad de Costa Rica. Ha dirigido talleres literarios y proyectos cartoneros en diferentes tierras del continente americano. Actualmente es profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica.

Poema a Carmen Nozal

por Isbel Hernández Monteagudo Cuba


Yo te vigilo desde el envés de una foto.
Supuestamente te has ido.
Pero eres de los griegos que se van.
O de las griegas que se marchan.
Eres agua en la geografía que discurre.
Agua en tus poemas
de la Confesión nocturna,
que son para el nazareno como imaginaba.
Por eso escribo poemas para ti
y el Cristo me bautiza,
le pone nombre a las piedras 
y al vino que nunca bebieron juntos,
como tú querías hacerlo, 
Carmen Nozal
puesto que las cosas divinas
las anhelas para ti en la tierra,
no en el cielo.
Dime que estás cerca de esa foto
allá en Galicia,
posando en otra desde México
sobre una bicicleta
con cestas y nuevos evangelios.
Cuéntame de tu andar de mundo
 el solitario
Y de la manera 
en la que sólo a veces nos salva
algún Dios.
Y yo te cuento de mis calles 
con Dios a la diestra de mis bullas.
Soy de madera Carmen,
soy de madera,
para que claves tu cruz.

El ahorcado y otros poemas de Nidia Garrido

por Nidia Garrido


Los temas de la poética de Nidia Garrido siembran el alma de desasosiego porque más allá del encuentro amoroso está la música, el sigilo, el grito, la entrega y la marcha de lo que se ama. La lectura de estos versos me lleva a pensar que efectivamente, como dice la autora en sus poemas, estamos hechos de migajas de luz. Y cuando nos compartimos o nos exploramos en el otro, se produce la lluvia y lo que sigue es un espectro que va del arcoiris a la desintegración de las formas. El amor, como toda guerra cuerpo a cuerpo, es una guerra. En el campo de batalla de la vida quedan los días de gloria y las derrotas. Pero más allá de todo esto queda el canto. El amor erótico eleva la mirada al rango de lo sagrado y está representado en todas las culturas. Lo encontramos en el “Ciclo de Adán y Eva” de la Biblia de Grandval (Siglo IX); en las mujeres menstruando, talladas enmadera al sur de la India; en los budas con vulva de la cultura japonesa y en las figuras de arcilla de Grecia (siglo III). El cuerpo desnudo en este sentido es una ofrenda y como tal se ofrece y se recibe, se goza y se canta. En síntesis, lo que nos ofrece Nidia en sus poemas es un viaje, y como tal es circular. No hay retorno, porque un punto lleva a otro y una vez en la sima todo tiene fecha de caducidad. Afortunadamente queda el canto.

Margarito Cuéllar Monterrey,
México, febrero 6 – 2021.


NIHILISMO CON AMOR

Nada amor, nada olvido, la cama espera ser usada por durmientes que abrazan la loza fría del averno, la nada y el amor, me dice que el miedo le recorre la piel, no ama la nada, no ama el amor, no quiere la entrega, sufre y llora si lo hace, nada de nada, la cama es un lobo lleno de hastío.

Me dice que no quiere sufrir, me dice que llora de noche, me dice que el amor es mal de brujas, mal de males, la nada es nada pura, prefiere no amar, es cobarde y no quiere sufrir, y sufre por no amar.


MONOTONIA

El encuentro será en dos horas, mis labios se encienden, mi piel esconde su aroma para el plebeyo, mis ojos brillan, la esperanza es un ser sin ojos, se posa en mi pelo y me lame, la felicidad me embarga, espero seducirlo, besarlo, amarlo. El salta como felino, se agazapa y toma el bus de las seis.


LA DANZA LETAL

Lo imposible, lo inhumano, lo mundano, la cábala salpica el rol del paisano, 
sus manos no tocan las sábanas blancas, yo abrazo mi cuerpo siniestro 
y toco el medioevo, la diosa de ébano se encuentra acéfala, el rey ha muerto, 
la cábala recibe, no suma, no resta, los múltiplos son mirlas 
en un naranjo sin ramas,
el amor me encontró en obra negra,
 tejiendo en dos agujas, 
el espejo me devuelve dos ojos con espinas,
los dardos se han clavado en la pupila,
el amor no es sano, 
el espejo es mi reflejo, tu reflejo,
las palabras son letra muerta, 
mi cuerpo se rinde, 
el sortilegio sigue de largo, 
el artilugio no enciende motores,
el sacrilegio cumple su rol de pájaro agorero.

PADRE NUESTRO

Nuestro padre ha muerto,
dos hombres famélicos han notificado a mi madre,
seño; seño, usted conoce, conoció a Roberto, el cura del 
pueblo, el padre de sus crías?
Dos caballeros altos como la nieve le han descargado un fusil 
entero, le han rasgado el hígado, le han partido en dos el 
corazón, las uñas de la mano izquierda, si, aquellas que 
siempre se comía se las han pintado de purpura, si, le han 
tildado de maricon, dicen que debajo de su sotana escondía 
el infierno con ojos de muerto, si, las dulces sonrisas se 
apagaron allí.
Padre nuestro, calvo, siniestro, bisiesto, deshonesto, un 
sabueso descargo una ráfaga, un alma en pena fue liberada.
Padre nuestro, siniestro. 

EL AHORCADO

La imaginaria cuerda floja absorbe mi ser, 
lo inhabilita para el mundo racional,
me muevo en estas coordenadas y me pierdo en el abismo,
el punto ciego está en la extensión de tu inmensidad, 
las arenas calizas que piso embriagan mis sentidos 
y me sumergen en el Mar Caspio,
ahí descansa mi armadura letrada.

SED

I.

Si digo boca aparece la  tuya,
si digo sed vienes como un vendaval,
te llevas mi mundo, mis palabras,
si digo voz, reduces mi ego y empapas mi coraza de viento submarino,
si digo risa, llegan a mis manos tus ojos,
inquilinos furtivos de mi mente,
el secreto que guardas en ellos se desliza por el cuerpo de las sirenas que calzan baletas y se alinean en tu espalda danzando en esa planicie perfecta,
si digo canto, aparecen tus pies descalzos trepando por una enredadera invisible,
tienen hambre de nada y de todo,
si digo piel, desnudas mi alma,
increpas mi monte Everest y te apropias de esta cordillera con vista al sol,
si digo dedos, notas melodiosas cargan mi amanecer,
tu lluvia empapa mi aliento y te cuelas por las milimétricas rendijas que habitan mi universo,
te ínstalas, te apropias de mis demonios, los habitas con ese eco sereno y gutural, si digo alma, es la tuya, si digo cuerpo, está en el inframundo, si digo roce, tu lengua corta como un dedal en cruz, si digo cruz, extiendo mis brazos y tomo tu aliento citadino, si digo norte, apareces tú,si digo sueño, te deslizas sobre mi  fémur y reposas en él, si digo éxtasis entras en mi cerebro con efectos tántricos, moras en mi surco dinámico y ahí te instalas, los seiscientos cincuenta músculos se adhieren a mi.

II.

Me he asentado principalmente en uno de tus estómagos,
ahí me siento cómoda,ahí anidas mis miedos, mis manos, mi prisa, mi frío, mi marcha rápida, mis letras, mi boca, mis dedos, el cabello qué cuido cómo un grano de arena en el fondo del mar, mis rimas, mis líneas, el rincón  donde te he instalado y lo hago mío , y río porque eres tú el que aparece en mi mente al despuntar el Alba, y miro un cordel atado a un becerro, a la pata de una gallina, a un colibrí, a un perrito, al cuento, a la certidumbre, a tu boca, a tu pelo, a tu sonrisa, a tus miedos, a mis miedos, a estas ganas de seguir comiéndome el mundo y sigues ahí, en mi piel, te has instalado como un león herido  y me gusta verte en mi, en ti, en este cascabelear citadino que nos envuelve en sus redes, me gustas, bello entre los bellos. Mis letras tienen imánes y se escurren hasta ti, siempre.

III.

Aún guardo pájaros en la boca, colibríes en los ojos, aún sueño despierta con arenas movedizas, con el Perineo, con la ruleta rusa que danza en mi cuerpo y me despoja del caparazón de epidermis sin usar, una constante en mi cordillera sensible, la piel es un colgajo que atrae y vibra, es un calendario sin usar, uno que el viento ha llevado en su eco, la piel muerde , áraña, absorbe, besa, muerde, hace cábalas con ojos de cangrejo, siente, vuelve a morder y sueña con Dante, los círculos, el viaje a ultratumba , estoy perdida cómo Dante en la selva, en la colina, esos círculos alegóricos al fuego me queman, mi sueño es de otro mundo , mi infierno me acaricia y ronda mi entrepierna, la sal del mar muerto se apropia de las caracolas que he sumado en todas las lunas rojas, lo increpo y me devuelve mi espejo, la sombra de un corcel cabalgando  mis cinco sentidos despiertan mi alma.

IV.

El manto sagrado.
Mis manos buscan afanosas el recuerdo de la nube gris, el lecho permanece intacto, la tela de lino se unge con la presencia del manto sagrado, eruditos han llegado de oriente, husmean la tela , la faz de un  ángel se dibuja en el lecho, arde la nieve, escriben, preguntan, miran y fingen ver rostros cargados de espinas, lecho de muerte, el mesías ha regresado, el olor a sexo derrite la lumbre, habla el más viejo, si, aquí, aquí pernocta, pernocto la dicha de invierno, el verbo hecho carne, luz de luz, estrella de oriente, descarga eléctrica, el santo sudario, el semblante resplandece, su fulgor es único, el manto sagrado reposa en oriente, la estrella de David lo guía a su morada, la carne hecha verbo, la cúpula enrostra la fina tela con olor purpura.


LA CUARTA LETRA DEL DURMIENTE

La daga delibera diametralmente,
dosifica la dicha, 
dictamina el dogma,
decide el dolor, 
decente doctor, 
documentos difíciles,
drama diario,
delirio del disparo,
democracia doble,
danzarina,
dignidad, 
dátil delgado,
dimensión, 
dejadez, 
dureza, dualidad, dos, dictamen, discernimiento dócil, dibujo David, 
digo David, dedos de David, diferencio, decoro, deambulo, deja vu, determinación, determinado, dientes duros, delicia de durazno, duermo, Dinamarca, 
dime David, ¿dónde descansa el durmiente?

Nidia Garrido. Bogotá, 1970. Es poeta y periodista, también abogada igual que Franz Kafka, especializada en derecho procesal y derecho público. También echa las cartas, igual que madame Sosostris, el personaje de T.S. Eliot. Desde muy niña sintió el llamado de las letras y dice que aún sigue siendo esa niña. Tiene una marcada educación sentimental por el paisaje, por lo que es una magnífica viajera. Comparte por igual el gusto desmedido por Pablo Neruda, el Marqués de Sade, Anaís Nin y los mapas de ruta. Esta poeta kafkiana mira para el cielo y encuentra palabras, fragmentos de libros anónimos, retazos de biografías de escritores apócrifos y letras de baladas celtas que los fantasmas le dicen a oído mientras duerme su noche. También le gusta Pizarnik y la poesía de los románticos ingleses del siglo xix. Ha publicado los libros La respiración de las cosas, 2016, Tratado de las Bajas Pasiones (2017), Perversa Caligrafía para tu Piel (2018), El abismo, la nada y el punto ciego (2019), Naturaleza muerta con trapecio (2021). Actualmente escribe el libro de ensayos Bogotá en tiempos de Fernando Denis.

Poesía mexicana: Indira Díaz

por Indira Díaz


Sueño al ser que me derrota
Nada he sido sino papel en blanco
Repliegue y borradura
Nada, sino la memoria 
de todo aquello que matamos

*

Todo en la boca se transforma
El pensamiento, la angustia,
Ciento y más anillos 
Abismos circulares
¿A quién interrogar ahora
que el techo se ha convertido 
En la única extensión
de nuestras vidas?

*

Llegada la tarde
Me puse a pensar 
Repitiendo
la misma imagen 
Qué trágica belleza 
tiene la memoria
Cuando a la sombra invoca
No hay vida en vano   

*

Saberme sin castigo
 a media dicha 
de no culparme 
Sostenerme la mirada 
ante el espejo
He sido 
A veces fui
Sigo siendo
Y de pronto 
ya no duele

Indira Díaz. Poeta y traductora. Nació en 1988 en la ciudad de Puebla (México). Desde 2016 está a cargo del dossier de poesía rusa que se publica en la revista electrónica Círculo de poesía. Seleccionó y tradujo la antología Puente y precipicio. Última poesía rusa (Círculo de poesía, 2018). Ha traducido poesía del inglés al español y algunos artículos sobre poética que se encuentran publicados dentro del volumen Reinventar el lirismo. Problemas de poética actuales (Valparaíso, España, 2015.)

Poesía costarricense actual: Steven B. G

                                                       Selección por María Macaya

HASTÍO

       Lento y cuidadosamente el alba nos recuerda que no existe muro que soporte el golpe de mareas de la muerte. La podredumbre se come a la sombra y a la luz. Es ahí que toda fruta termina entre las muelas de las hormigas y éstas entre las muelas del invierno. En cada cosa podrida está el eco de una ciudad yerma, de una avenida sola, del cénit que sucumbe y la carne que aprieta. Quedarían solo el amor y la esperanza, pero no son más que placebos de súcubos borrachos. La pulpa sensible del nanosegundo de Todo queda desnuda y en nuestros horizontes es visible una Ítaca indiferente, resignada.



A UN POLVO

Tú sobre la cúspide nevada,
yo bajo los puentes, 
tú en el túnel, 
derramándote, desbordándote
hasta volverte yo, hasta volverme tú.
Es absurdo preguntar ahora
de quién es esta pierna, 
de quién son estos ojos.




UN RESUMEN

Lluvia alguna vez
en un país de cardo y ceniza
mi amor
extenuado, sepultado bajo malangas,
no valió la pena.



NO CUENTES ESO

«Fueron grandes amigos» 
dijeron los historiadores 
en nuestras biografías 
y con solo eso
las canciones de Aznavour cantadas en mi oído;
las veces que cogimos 
en la cama, 
en la sala 
y el baño;
la oscuridad de un túnel sobre nuestras manos tocándose;
los cafés preparados en ambos crepúsculos,
mi escaso gusto por el fútbol y tus gritos por un gol,
mis labios besándote el glande,
y todo lo que fuimos 
no tuvo lugar 
en las cortas menciones 
que nos competen.


Steven B. G. (Costa Rica, 2000) es un escritor. Aparece en la antología digital Nueva Poesía Costarricense (2020). Ha sido publicado en varias revistas literarias internacionales como Hiedra y Kametsa, además ha sido traducido al italiano.