Poesía hondureña actual: Armando Maldonado

OFICIO IMPOSIBLE

Mi corazón es el nido que espera a los alcatraces que habitan en las ruinas luminosas de un mundo  que solo ha sido habitado por las fábulas. Amar es un oficio difícil, más cuando se ha nacido tarde  para cumplir la misión para la que has nacido. No hablaremos de los pliegos vacíos que han  depositado mis venas en el puerto en llamas de esta ciudad, que atardece esperando el galeón triste de la noche y sus tripulantes de espectros y fornicación.

Mi corazón, blando como una mano que se niega a matar, solo conoce las notas de la música que sirve para dormir la marea de los ahogados. Amar es un oficio relativamente fácil si has nacido con el pecho inflamado en la penosa asfixia del asma. Ahora todo es tranquilo en el barrio en el que nací.

Mi corazón es una roca que se desmorona en cada latido de la montaña. Amar es un oficio imposible bajo el sol de nuestros días.

BAILANDO SOBRE LA MUERTE

Y allí está, el fantasma de Mao Zedong bailando, vestido de arlequín mientras cambia la bombilla que alumbra la puerta de la casa donde nació. Una mujer vestida de rojo le entrega un libro, Mao Zedong no para su baile frenético. Un camino de piedras coloradas le llama, Mao Zedong baila, trina una flauta en llamas invitando a los vagabundos a lavar sus harapos en las aguas de su río. El fantasma de Mao Zedong es delgado y viste una chaqueta gris, después de eso no tiene datos relevantes más que un par de monedas con rostros de gente igual de muerta que él en sus bolsillos y campanas que anuncian la formación de tropas en todas las plazas del mundo libre. El fantasma de Mao Zedong baila y sus zapatillas blandas han tomado el fuego de un arcabuz ronco, tenor que desgarra silencios en su garganta. Se ha extraviado su boina gris, las bancas de la plaza no dan referencia. Y allí está, el fantasma de Mao Zedong, bailando sobre la muerte, solo bailando.

DAMICLES ERRANTE

El que ha dejado su casa para hacer suyo algún pastizal seco en otra parte ha creído en la profecía de las estufas apagadas. El que en su huida no ha dejado nada más que un cuadro de la Virgen colgado en pared y un par de calcetines en los tendederos que no llegaron a secarse antes del alba. El que contra todo pronóstico salió de su hogar como un ladrón, tomando niños y zapatos al azar. El que aun sabiendo que imaginando el olor de otros campos no encontrará el jardín para el descanso. Ese que huye de lo suyo y abandona los sueños forjados en el vientre de las pesadillas. Ese que cruza ciudades, desiertos y vías de trenes moribundos, ese que un día huyó de los rezos, huyó del pinar, huyó de la bala incandescente, del sortilegio enmarañado que tejían las bestias. Ese que no tiene más destino que lo incierto. Ese Damocles errante, triste, lloroso y despreciado, al que los temas virginales de las fronteras son una espada sobre su cabeza sostenida por el soplido imaginario y tardío de burócratas y tenderos de monedas.

DILUVIO

Un diluvio ha inundado las gargantas de mi gente. Es la hora en que las bestias de la seda engullen la época, el tiempo es un Chardonay más puro que el Jordán del año 30. Los moradores del pie de la montaña trajeron noticias del aguacero cuando todavía era un charco descalzo que saltaba ríos y comía los frutos de la rivera la mañana de los domingos. Nadie creía por aquellos días que la vorágine sería erguida como un mar de pie, inmóvil, donde los hombres tristes y mujeres huérfanas de caricias chocarían en sus ansias de pan y luz. Los moradores del pie de la montaña advirtieron estos días. Su profecía turbia inundó nuestras voces. Henos aquí,

ahogados.

Armando Maldonado

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1983. Es Poeta, editor y gestor cultural. Fue fundador del Grupo literario Máscara Suelta. Fue miembro del Colectivo de Poetas PaísPoesible y del Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes. Director de Ediciones MALPASO. Ha dirigido y colaborado en la creación de espacios culturales y literarios por más de 15 años.

Ha publicado: Caligrafía de la sed en 2021, Ciudad que no canta en 2021, Misa de los suicidas en 2019, Coloquio de la tempestad en 2019, Un poema que hable del mar en 2016 y Así tu cuerpo en 2013.

Poesía costarricense actual: Armando Calvo

La casa del Generalísimo



«Os juro por lo que fui
Que me iría de aquí
Pero los muertos están en cautiverio
Y no nos dejan salir del cementerio.»

Joan Manuel Serrat – Pueblo blanco


Para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

Miguel De Unamuno- Oración del ateo

La grisácea amenaza, crece a paso de sol y luna

Se extiende cual maléfica enredadera que de un muro se apodera y lo vuelve todo hiedra retoñando espantos.

Las raíces extendiéndose aprisionan pequeñas manos que pasan cuentas de rosario

Que en temblores puede apenas una voz terminar un dios te salve.

Un padre nuestro ¿ qué estás dónde?

Padre, Al cual se le implora que retoñen piernas de dónde hay muñones.

Al cual se le ruegan alas puesto que solo hay vacío de paso y libertad.

En Torrelodones o en el Pardo, se extiende cual maléfica marea la avaricia del hombre, de nuestros viejos se apoderan y los vuelven a todos mármol.

El óxido se hace uno con la carne y lo desgastado de las llantas de una silla de ruedas.

La televisión les da una voz que habla sin calor ni cena

Mientras se coleccionan úlceras de sofá a como fue una vez estampas y coloridos pajarillos en una subasta furtiva.

Las últimas voces de la guerra, se ahogan en flema , en tos percuten un reclamo al espacio que dejó la nada.

Y ese eco no lo contesta nadie…

Solo una abeja pútrida les sobrevuela, dando a traición un aguijón ardiente o cápsulas de sueño
e hiel.

Con su boca seca de yute ajado dan un beso y una bendición, una mano con Parkinson nos persigna y nos retoña una flor de muerto…

Que se enraíza en este poema y en esta casa

Donde la vida por los ventanucos se precipita

Es esta casa, en la cual solo permanece viva la muerte.

Y mañana, ¿es navidad?

No quiero a hablar de los huecos de las calles, sino de sus vacíos.

Los que pasan por las aceras con pesos de cartón las espaldas, con ojo muerto, manos callosas que no encuentran la proximidad de otra palma.

No quiero hablar de los pilares ni de lo que sostienen, sino de las espaldas rotas que se abren contra la tela y el alquitrán del suelo.

Los espectros de trapos manchados y alambrina en el rostro a los que nadie les ha contado que en ellos cabria un dios.

Mañana es Navidad para los que pueden recibir a un niño de cerámica, cuando en el centro de una mujer sin hogar duerme el Emmanuel.

A como habita en todos, por en el hoy mas en él que en cualquiera de nosotros.

Porque mañana es navidad y su madre aún no encuentra una posada dónde nazca el niño.

Los portales siempre me han aterrado, el cobijo del niño Dios de cerámica pudo ser el de un niño de carne que duerme hoy en alguna caja.

Niña de papel y tiza (Susanita)

Susanita intenta despertar a su madre para que la lleve a la escuela.

En sacudidas balbucea un regaño con voz de ginebra y tabaco, un «no» innecesariamente largo. Tres kilómetros de sol y acera

Una lonchera percudida de princesas

Y un moño echo con una la liga que le quitó al cilantro

¿Pequeñita cuando te pariste?

¿Quién te peina el cabello?

¿Quién te saca las liendres?

Niña de papel y tiza, entre risas sale al recreo

Se arrecuesta a un poste poniendo sus manos en la cara.

Acumulando números para que sus amigas se vayan a esconder.

«98,99,100 no se vale perrito guardián»

De sus amigas escondidas muchas no aparecieron

Y a veces ella se recuerda buscándolas en el pabellón.

Ahora sale del colegio, décimo año

Le recoge todos los días en la salida un auto

Alguien que es menos que hombre y no es su padre la aguarda

Una sweater colombiana

Un cabello largo olor a reciente keratina

¿Pequeña cuando te tomaron?

¿Qué Judas te vendió por 30 monedas?

¿Qué manos pasan hoy por tus rodillas?

Mujer de labial y falda, entre taconazos sale a las luces.

Se arrecuesta en un poste sin poner las manos en la cara.

Calculando números para terminar su turno.

Nadie sabe qué pasó con Susanita

Pero todos saben dónde encontrar a Susy.

Nimrod

Los multimillonarios han hecho una escalera de cadáveres hasta llegar al espacio, y el dinero compra el derecho a una torre de Babel.

Armando Calvo (1996) Hatillo, San José, Costa Rica. Estudiante de psicología, poeta emergente introducido al mundo de las letras por accidente y tradición familiar de escritores y poetas. Concentra su obra en temáticas de desamor, existencialismo, mística, su crianza en un barrio marginal y critica social; Es subdirector del «Escenario Poético Viento De Cristal» y miembro de la editorial «Astillero«. Trabaja actualmente en su primer poemario «Muy viejo para morir joven» el cual aún no tiene fecha definida.

La fecundidad del canto en Semillas cósmicas de Julio Barco, por Francois Villanueva*

Por: Francois Villanueva Paravicino*

El poeta prolífico y desbordante, irreverente y cuestionador, Julio Barco, en su paso por Huamanga y Huanta, me obsequió un ejemplar de Semillas cósmicas (Mención Honrosa del XI Concurso Poeta Joven del Perú del 2020), una obra donde, creo yo, se define y moldea mejor su Ars Poética, tal vez con mayor originalidad y voz lírica propia que en sus entregas anteriores.

Si en aquellas obras se expresaba y rendía tributo con la mímesis o imitación de sus modelos poéticos (dígase Hora Zero, Kloaka, Neón, etcétera), explorando la ciudad urbana a través de una voz psicosomática o esquizoide, sus bordes y descentramientos, sus periferias y sus formas urbanísticas, en Semillas cósmicas encontramos un canto propio, sincero y honesto con sus ideales y su forma de entender la poesía.

“El poemario de Julio Barco podría considerarse como una obra que, tomando como motivo lo absurdo del hombre en su pluralidad, hurga en la inaprensible naturaleza del lenguaje”, afirmó el Jurado Calificador del certamen. Y es cierto. Tal vez en esta obrita se entienda que la principal preocupación de la poesía de Barco es el lenguaje: sus excesos-desbordamientos, su parquedad y sus límites, su potencia y su fuerza, su fuerza de procreación y su instinto destructor. He allí sus méritos.

Julio Barco, autor del poemario Semillas cósmicas.

“Todo lenguaje es simiente / Toda simiente es poesía / El poeta es madre de la luz”, afirman los versos finales del primer poema del libro. Y, como una advertencia o unas palabras liminares, el hablante lírico de los poemas desarrollará en su canto la idea central de que las palabras, el verbo y el lenguaje son fecundos, son vida, son la razón principal de la existencia humana.  

“Yo no soy el bosque. Yo soy apenas un hombre lleno de hombres. Un cuerpo lleno de señales y sentidos.  Abierto un instante a la vida: con cerebro y profundidad de ideas”, rezan los versos en prosa de la composición “Volcán de Agosto (balada de las semillas)”, donde metaforiza al ser humano como un ser “lleno de señales y sentidos”; es decir, como un cuerpo construido de lenguaje, de verbo y de significación.

“Y tu fuego será una semilla en una hoja. / Y la semilla multiplicará su sentido. / Resplandor, epígrafes, nubes: / me alejo por siempre de las bibliotecas”, se destacan en el poema “Me inquietan los caminos que toma la gloria”, donde de forma versista se conjuga la metáfora de la fecundidad de la cultura letrada, libresca y bibliográfica. Es decir, de la fertilidad de la hoja escrita, que, como enseñan los maestros, imita o supera a la vida.

“El alma viaja en la simiente, el ser en el lenguaje, y este lenguaje es pulido material del sueño”, se escribe en el poema “(El sueño y las semillas)”, que, como una fenomenología del espíritu, relaciona al lenguaje como la casa del espíritu y del ser. “La poesía es una semilla que repercute en el cuerpo (…): fecunda tu idioma y canta”, también afirma el hablante lírico del poema “(El destino de la semilla)”.

Por ello, el poeta Julio Barco destacó, en la ceremonia de la premiación, la idea que inspiró este poemario: “El arte de la poesía, en su belleza, surge de la necesidad de un rito antiguo: la fecundidad y el canto, la necesidad de manifestarnos, el hambre voraz de aclarar, entre las dudas, la interrogante sin medida que somos, la fiesta de nuestros nombres en la noche de origen”.

En ese sentido, la óptica que aprendemos de este nuevo libro de Julio Barco (autor de más de 10 libros pese a su joven edad) es que la poesía nos ayuda, cuando la escribimos, a conocer más un tema que nos inquieta o, como contraparte, nos sugiere más interrogantes, más dudas o problematiza de forma compleja algo que creíamos saber, pero cuya verdad tiene muchas más aristas y salidas de lo que se creía. Por ello, la poesía siempre es una forma de conocimiento, de nosotros mismos y de los otros.

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*Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). También, ha sido reconocido en otros certámenes literarios. 

Francois Villanueva, autor de la presente reseña literaria

Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.

Poesía chilena actual: Moira Meléndez Castro

Silvestre, espíritu

Cuando era niña
la irascibilidad trazaba
cada uno
de mis pasos
Vaivén de fuego
en mi sangre mamífera
salvaje, libre
Las huellas marcadas
en el hogar, mientras
lo invisible
se tornaba visible
huellas celosas de la
volatilidad
de mi espíritu

Cuando
la temporalidad
y la adultez
desearon irrumpir en mí
Mordí sus pieles
con aquellos incisivos
tan propios
de la niñez
marcas violáceas,
tiñendo aquellos animales
heridos
dolor lacerante
estampado en sus miradas

Miradas
que sentenciaron
civilizarme,
convirtiéndome en una joven
silenciosa
inmersa en un estanque
monótono y grisáceo
Pero mis pulmones
Implacables
como siempre
me ayudaron a sobrevivir

Nadando en el océano
de mi propio silencio
encuentro a Silvestre,
mi espíritu
en diversas formas
onírico
cotidiano
fantástico
y puedo ser esa niña
de nuevo
la mujer que huye
entre escritos
para proteger
su fuerza indomesticable.



El cuerpo saqueado

A través de las miradas
colonizadoras
de hombrecitos que juegan
a ser hombres
soy
idealizada
y
nombrada «una gran musa»

La caída del título
es parte de un microsegundo
Bestial
Vertiginoso

Ahora soy nombrada «una gran puta»
porque mi expresión
de seriedad
les ofendió y destruyó
sus ansias de conquista territorial
sus risitas
su imaginación
y sus instintos

Los instintos dirigen
la mano y el ojo
para saquear mi cuerpo,
durante días queda vacío, estropeado
desdibujado

Pero ellos no saben
no entienden que
soy una artista
que reconstruye su cuerpo
escribiendo
existiendo.

Quien escribe

Quien escribe,
se transforma
Quien escribe usurpa historias
Quien escribe habita
entre obsesivos puntos
y comas
Quien escribe
respira tanto la belleza
como el terror



Quien escribe
se encuentra
en estado de subordinación,
bajo los sentidos
y la estética

Y ahora digo que
escribir,
es autoexcavación
entre venas,
entre nervios;
océanos
hay un aguajero negro, sin fin
sólo hay más y más

Moira Meléndez Castro. Estudiante de Pedagogía en Francés y español como lengua extranjera, UMCE, Chile. Autora del artículo: Littérature française: Antonin Artaud et le corps souffrance, Revue REF, deuxième édition 2020 y de los poemas Ansiedad, Nostalgia y La mano, Revista Phantasma, edición 2021. 

Poesía peruana actual: Andrea Cabel

                                                         Gestión por María Macaya 


Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.

Poesía mexicana actual: Margarito Cuellar

TIERRA NATAL (1)


El cajero automático sonríe
mientras arroja billetes de baja denominación.
¿Y el menú de este restaurante de paso como nosotros?
Los pasajeros alimentan a Gula y a Pereza
o bajan a estirar las piernas.
Una mujer se transparenta a bocanadas de humo
y envejece al instante. Toda la vida ha estado ahí.

El horizonte engulle al autobús.
Un aluvión borra casas   sombras   jardines de las grietas.
Los parques olvidan al héroe que los deja.

Nací acá, mas los lobos aúllan
como si nunca nos hubiéramos visto.


TIERRA NATAL (2)

Sacudan mi memoria: hallarán frutos secos
siluetas que tropiezan con fantasmas
y calles sin regreso.

No siento mío este remedo de árboles
ni la plancha de tierra que se abre si la pisas.
¿De quién este paisaje de víboras descalzas
mapas en blanco   región sin para cuándo?

Los héroes trovan hazañas

a una audiencia de jubilados en harapos
que cabecean al son de las palomas.

¿Quién reconoce como propio un círculo de auras?
Yo no. Y sólo voy de paso.



CUERVOS

Vuelan en círculos
y con graznidos sellan
su pacto con la noche.
Al descender comprueban
que la carroña sigue
en el baldío de la existencia.

Sus largas patas descienden
y libres ya de toda cautela
hacen de los despojos su pira funeraria.

El cuervo sanea el aire
y pasa de la escala más baja
a la cumbre de la belleza.

                              (De En el hotel de la vida todos somos extranjeros,
                                                Laberinto/ Conarte, México, 2021)




LUNA ABRIÉNDOSE CAMINO EN LA ZARZA DE NIEBLA

Se ascienda o se descienda
se vaya al sur o a otro planeta

los caminos conducen a la diosa.
Luna Abriéndose Paso en la Zarza de Niebla
Barco sin Capitán
Asteroides Bajo el Arco Perfecto de su Espalda.

Mas hay caminos a lo alto de una escalera
y la única señal que distingue
desde ese punto el náufrago
       un resplandor de estrella
       que flota con la idea
       de integrarse a la vida.

                                                             Noviembre 10 de 2014


ARMA BLANCA

A veces cuando el frío es muy intenso
y no hay calefacción que aliente
me acuerdo del cuchillo que dejaste
clavado en algún sitio
entre el olvido y la esperanza
de que un día volvieras a sanar las heridas.
O a enterrarlo más hondo. Da igual
el que un día te cantó
ha muerto varias veces de distintas maneras.

Así como la hoja me habla de ti   siempre
pero más animosa en los inviernos


antes que tú hubo balas
y autos que atropellaron mis heridas.

Ninguna de estas muertes importa
sólo el filero   tuyo como un pacto de acero
me recuerda:
      El amor no es en la vida cualquier cosa.

Y todavía hechas limón a las heridas
para que no se olvide nuestra prenda de amor
¡oh   asesina hermosa!

                                                                 Junio 22 de 2017
                                                                       (Inéditos)

Margarito Cuéllar. Poeta mexicano originario de San Luis Potosí, México. Radica en Monterrey, Nuevo León. Libros recientes: En el hotel de la vida todos somos extranjeros (Laberinto/Conarte, México, 2021); Heridas luminosas que se quiebran (Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2021); Nadie, salvo el mundo (Moguer, Huelva, España, 2020). Con el libro Teoría de la belleza (Instituto Sinaloense de Cultura, 2018) obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira 2019 organizado por el Banco del Austro de Cuenca, Ecuador. Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2020 convocado por la Diputación de Huelva. Con Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas obtuvo en 2021 el Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador (Salamanca, España). En diciembre del 2020 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Golden Magnolia de Shanghái.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

El Rocío y otros poemas de Margarita García de Aizpuru

por Margarita García de Aizpuru


EL ROCÍO

Surges de las rosas
entreabiertas,
envuelto entre las sombras
de la noche...
Perla del manto desprendida,
eres el rocío
que besa la tierra.

BALLENA

Yubarta, como una montaña
serena, con el oleaje
llegas a tu viaje primitivo
al mar de Baja California
esperas... al Ballenato,
las ondinas le cantan
al manantial de la vida.
Ballena eres fuerte, suave,
hecha de mar, nadas
y rompes el clamor de las olas,
saltas y giras en el aire,
te sumerges en el silencio
de la profundidad.
Al amanecer te reflejas
en el fuego de la aurora.
Eres una melodía que flota
en el mar, como un jirón
de niebla en el amanecer.

PAMELA

Pamela, eres blanca
como una azucena.
Eres luz en mi existencia,
eres ave, que algún día
volarás en busca
de tus sueños.

LÁGRIMA

Lágrima soy
la que de los ojos brota.
Me forman las borrascas
de la vida
y el ardiente sentir
del alma humana,
cuando sufre pena amarga.

EL MAR

Las olas del mar
lavan y lavan
cuando caminan por la playa.
Aguas transparentes
con sabor del océano:
Flores de espuma...
reflejos nacarados
que dejan sobre mi cuerpo
recuerdos de seda.

LA CASA ABANDONADA

La casa abandonada
a la orilla del mar,
abierta...
Un paisaje de escombros...
Un viejo reloj suspendido
cuyo corazón no late más.
Los recuerdos se agolpan
en mi alma
y mis manos recorren
las arenas del tiempo.

Margarita García de Aizpuru nació en Platón Sanchez, Veracruz. Entre sus libros de poesía se encuentra Sonata de Fuego Verde, Insomnio del Mar, Sortilegio del Viento, Añoranza, Antología Poética, además de Cuentos Narraciones y ensayos y dos libros infantiles: El Castillo Embrujado y las Aventuras de Terry.

Poesía costarricense actual: Sean Salas

Gestión por María Macaya

(De Ciudad Gótica, 2022)

Georg Trakl en sueños

Cuando los murciélagos cantan el amanecer en Borneo
se barren las gradas de la iglesia
donde estuvo sentado el leproso
y la anciana se prepara para ir de puerta en puerta
ofreciendo manzanas rojas
a los tristes que ni siquiera sirven para vender el alma.

Primero despiertan los dedos,
luego los pies y muy despacio los labios,
la densa niebla motiva al poeta a usar el traje
guardado en un armario bajo tierra.

Esto es la gloria:
emborracharse hasta dormirse cantando
y despertar en una tumba ajena,
placeres carnales que arrancan el amor
como el bebé que no pidió vivir
arrancó con un mordisco el pezón a su madre.

Mueren rápido los días felices
de cocaína y naipes pornográficos,
el recuerdo se debilita
como el vaho en la ventana del sótano
donde el diablo se ocultó durante la quema de brujas.

Al cuerpo paralizado del poeta
se acerca de puntillas como una adúltera sigilosa
la sombra que regresa del viaje astral.

(De Alter Mundus, 2021)

La despedida

(Remedios Varo)

Apagaron el fuego que sentían
cuando sus sombras estaban a punto de besarse.

No sabrán si eran el uno para el otro.
Ambos tomaron su propio camino
en direcciones opuestas,
atajos a una soledad
que aún no debían conocer.

Ninguno de los dos quería despedirse,
ambos cedieron a pronunciar el adiós.
Solo un gato que miraba la escena
sabe quién se equivocó primero.

Leyendo a Lafcadio Hearn

De nuevo el mismo sueño:

asciendo la montaña de cráneos
que me pertenecieron en vidas pasadas
y justo cuando llego a la cima
despierto pateando
dentro del vientre materno.


Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).