Poesía costarricense actual: Silvia Elena Guzmán

Selección por María Macaya

Coincidencias con amigas

I

Mi casa ya no es mi casa desde que salí de ella

con una caja de libros y el corazón en una bolsa.

Mido el tiempo según el lugar que habito

la humedad que cambia el ánimo

y el calor de las paredes que desmancho

en cada muda

en cada centímetro de concreto.

II

Mi casa, los novios o los trabajos

son las unidades con las que mido

esta vida

que me es más fácil pensar desde afuera.

Mi casa, que ha estado en el centro del país

y en todos sus bordes

se ha definido por espacios amarillos

y melancólicos,

las visitas de las amigas

y mi humor de temporada.

IV

Mi casa, que es templo y cueva

va conmigo

rodando de puerta en puerta.

La llorona

Entre el esófago y la lengua

tengo atorada

la marca de las magdalenas

el quejido de las que divagan

fantasmales.

Lloro al almuerzo,

cuando veo los árboles caer,

con el pálpito de las canciones,

después de los orgasmos.

Soy agua incontenida

pared que chorrea

savia y libertad.

Soy bosque tropical

manto acuífero

y lloro

guindada a la boca de mis amigas cuando sonríen

o descalza sobre la paciencia de mis sobrinas.

Soy la gota de siglos

sedimento

los recuerdos del desierto.

Tengo esta marca

la angustia por costumbre

en mi cuerpo líquido.

Lloro desde niña

en las fiestas familiares.

Soy incómoda

ya no saben qué hacer conmigo

cómo evitar que me derrita

que me deje de ir densa sobre los charcos.

Cómo hacer que me detenga

y olvide en los closets

las tinajas de agua estancada

qué cargo conmigo a los espacios sólidos.

Lloro

impertinente

frágil

cálida

soy Ixchel, luna que me habita

y Oshun, río que se desborda.

No hay modestia entre mis ojos

que absueltos

se precipitan.

 

Actriz Porno

Estoy convencida, por ejemplo,

de que mis manos tienen ojos

de que las estudiantes de teatro se ofenden

cuando nosotras, “las que fingen”,

les llamamos colegas

de que nunca podremos, por ejemplo,

formar un sindicato

escoger libremente la ropa interior

o repetir el primer orgasmo frente a las cámaras

-Aquel suave orgasmo que tuve arrescostada a la corteza de un árbol mientras Jaime me besaba sin tocarme-

de que nunca sabremos, por ejemplo,

el dolor de las niñas lituanas, eslovenas o polacas

que repiten nuestras escenas de 1000 dólares

a cambio de agua, pan y drogas.  

Himen

Hace veintidós hombres y unos meses que no me pongo el himen donde debo.

Antier salí de la casa en miniseta y lo coloqué sobre mi ombligo.

El himen como las cosas gastadas, lo guardaba en el cajón sintético del closet.

En otras ocasiones lo había usado de diadema o arete,

                                        pero ya soy grande 

así que lo planche y lo use sobre las carnes.  

Un himen es así, impecable

 y se luce            

como los regalos maternos.  


Silvia Elena Guzmán Sierra (1991) es Máster en Derechos Humanos y Educación para la Paz. Es también parte de la Colectiva Jícaras.
Ha publicado artículos, poemas y cuentos en diferentes revistas y antologías nacionales y latinoamericanas, tales como Repertorio Americano, Íkaro, Revista Toxicxs, Revista Catarsis y Liberoamérica. Es autora del libro de poesía Juana (Editorial Eva 2020) y Enfermas de Juventud de narrativa corta ( Editorial Bosque 2021). Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés y al portugues.
Ha participado en diferentes festivales poéticos nacionales y centroamericanos tales como la Fiesta Nacional de la poesía en 2017, Feria Internacional del Libro 2018 y 2019, Encuentro de la Espera Infinita 2020 y Festival Internacional de Poesía Costa Rica 2020, II Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres Ojo de Cuervo: Deshilar las Costuras de la Nación.
Actualmente es asesora en género, diversidades y juventudes para agencias de Naciones Unidas en Costa Rica y el Programa Integral Transfronterizo (Argentina-Bolivia). También es investigadora en temas de género y derechos humanos, y coordinadora de la revista Repertorio Americano en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional.

Poesía costarricense actual: Carlos Manuel Villalobos

Ars curandera

Para sembrar esta luz
hay que abrir los ojales de la sombra
y coser con la palabra.

Para alumbrar esta semilla
hay que aruñar adentro
y aporcar el ama
con los arados de la metáfora.

No se nace sin la tijera
que corta los cordones
ni se vuelve a nacer de otro modo.

Nadie es héroe sino se sale victorioso del infierno.

No hay vuelo sin que duela la caída

Este antiguo y sanador este ritual.

Pero hay que entrar descalzo
y alumbrarse con la jaula de la herida.

Diana

No. No fue la primera oscuridad de Dios.
No fue la herida que llamó a la muerte.

Diana fue la primera luz de los profetas,
la primera sed que da la sal cuando amanece.

No fue fácil esconder la sangre de mujer en los silencios.
No fue fácil negarle el deseo al labio de la piedra.

Lucifer, su hermano, lo supo demasiado tarde.
Quiso matarla con las misas de la culpa,
pero Diana fue siempre más astuta.

Ahora ella es el ojo de un felino,
el caldo de las ollas,
y la yema de las llamas.

Es ella la que corta yerbas para amar.
Es ella la que sube por los montes en busca de la llaga.

Los hombres que cortejan a la muerte la buscan para hacerla suya,
pero Diana es siempre más astuta.

Los barcos de los mares puritanos
prefieren la deriva que los puertos donde duerme Diana.

Los curas de los templos ebrios
la buscan con los perros más borrachos.

Pero Diana es siempre más astuta.

De su lengua de partera es hija Aradia.

La niña también sabe cocinar
las uñas de la noche,

también sabe vestirse de sueño
cuando llegan los que duermen.

Madre e hija son la misma abeja
y el mismo hilo de las ruecas.

Son las hojas de un árbol que lo sabe todo:
El evangelio de las brujas.

Ixquic

Esto que está aquí es el semen de un árbol muerto.
Aquí cuelga la cabeza del sol oscuro.

Miras el cráneo que se pudre como una brasa.
Ahora es un fantasma de saliva que sueña con la luna.

Esta jícara es su corazón
y este liquen es la boca que se estira para besarte.

Lo llaman Hunahpú:
el niño de maíz que será un guerrero.

Con tus manos de amasar la llama
le arrancas el ojo a penumbra.

Hunahpú se asoma por el hueco de la sed que crece.

Dejas que te escupa cuentos en tu vientre.

Dejas, bella Ixquic, que un nuevo sol
grite el alba en tu regazo.

Tiamat

Al principio solo había un sigilo que reptaba,
y entonces, Madre,
amasaste tu vientre con la sal de las palabras.

Pero no todo fue calma
en este nido de acepciones y gusanos.
Hubo perros de discordia
a la orilla de tu cueva.
Hubo razas de odio que vinieron
a saludar tu corazón.

Pero tú, Madre, untada de mar
te abriste el vientre
como se abre una ventana
y así, así Madre,
nació el Cielo
y este pecho tuyo
que se llama Tierra.

Fotografía por Anel Kenjekeeva


Carlos Manuel Villalobos, Costa Rica, 1968.
Ha sido ganador del premio nacional UNA-Palabra en el género de cuento, y en poesía ha ganado los premios: Brunca de la Universidad Nacional de Costa Rica, el premio Editorial de la Universidad de Costa Rica y el Arturo Agüero Chaves. Entre sus publicaciones literarias están Altares de ceniza, El cantar de los oficios, Trances de la herida, El ritual de los Atriles, Insectidumbres, Tribulaciones, El primer tren que pase, El libro de los gozos y Ceremonias desde la lluvia. Es doctor en Literatura Centroamericana, máster en Literatura Latinoamericana, y licenciado en Periodismo. Se desempeña como docente en la Universidad de Costa Rica, donde imparte Semiótica y Teoría Literaria.

Poesía colombiana actual: Fadir Delgado Acosta

Sala neonatal

El enfermo no tiene dientes
tiene dentro de la boca un desierto oscuro
Ahora es como un recién nacido
que se retuerce en la cama de un hospital.

Pregunta del niño

Madre

¿es la lámpara
  la jaula de la luz?

Quirófano

Creo que soy un muro al que le trazan un agujero para que salga la luz
Quién lo creería
También soy una cruz en el quirófano

Lo sé:

Este lugar es brutal
No escucho la sangre que se pega a la herida de los cuchillos
El cuerpo es un pez con los ojos congelados que aún tienen el salto del agua
Estaré en este hospital hasta que las aletas revienten el hielo

Lo sé:

Los hospitales son neveras llenas de desinfectantes que buscan la blancura que
no existe
No le pongan gasas a mi temblor

Escuchen los glaciales que bajan por mis piernas
Mis piernas que ahora son dos hipocampos muertos en la orilla

Mi carne está agujerada
Me amarran como un animal rabioso
Y todo mi cuerpo convulsiona
Dicen que me calme
Y siento que un cielo de pólvora va a explotarme por dentro

Han atado mis brazos
Han partido mi vientre

Quién lo creería
En la luz de este quirófano
veo el bisturí con el que abrirán mi destino.

Sangre en el vientre

La piel se abre como tierra
como la cabeza deforme de un dios
y su tristeza

No tengo auxilio
No puedo encender
el fuego porque este incendio no es mío

No son mías
las palabras
No son mías
las espinas
ni las piedras
ni las larvas del jardín

No son mías las ventanas
Ni siquiera es mío el salto

Ni siquiera es mía
la herida
tampoco la sangre que limpio de este vientre

No son míos
los muertos de esta casa.


Fadir Delgado Acosta: Escritora de Colombia. Magister en creación literaria. Autora de los libros: La Casa de Hierro, El último gesto del pez, No es agua que hierve, Escritura del precipicio (Colombia), Lo que diga está lleno de polvo (Ecuador), Sangre seca en el espejo (Costa Rica), La tierra que se tragó el cuerpo y La temperatura exacta del miedo (España).
Premio Internacional de poesía Tiflos de España 2021. Premio internacional de poesía Universidad Nacional de Costa Rica 2020. Premio de poesía del Portafolio de Estimulo de Barranquilla (2017). Premio Distrital de Cuento de Barranquilla (2018). Ganadora de la Beca de Circulación Internacional para creadores (2019) que otorga el Ministerio de Cultura de Colombia. Mención especial del Premio Internacional de poesía de Puerto Rico, 2020. Primera mención del Premio Nacional de poesía Tomás Vargas Osorio, 2020, Finalista del VII Premio Internacional de Poesía Jovellanos de España, 2020. Premio en Poesía del Concurso Internacional de literatura de la Universidad de Buenaventura (Colombia). 2014. Ganadora de la Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec, en el área de literatura. 2013. Ganadora de la convocatoria internacional de la Oficina de la Juventud de Québec para participar en un intercambio literario en esta Provincia. 2010. Su libro El Último gesto del pez fue traducido y publicado al francés por la editorial Encre Vive de Paris en el 2015. Sus textos han sido publicados en diferentes revistas literarias nacionales e internacionales. Invitada a distintos festivales y encuentros culturales en Europa, Latinoamérica, Canadá y Egipto. Sus textos han sido traducidos parcialmente al inglés, al árabe, al francés, al italiano y portugués. Se desempeña como tallerista literaria y es coordinadora de la Fundación Artística Casa de Hierro de Barranquilla.