Poesía ecuatoriana actual: Jonathan León

Pega-mente

Sigo tu espectro y en el camino me hallo a mí mismo:
al niño que hizo hogar en la calle de al lado
imposibilitado por la pobreza de no tener patria
de no tener manos, pies ni alma de refugiado
Sus caninos incrustados en el cemento
son mis centavos que perdí al lanzarlos a la fuente

pidiendo:

que el pecho de mamá no sepa a pegamento

que los puños de papá no lastimen el pecho de mamá que sabe a pegamento
 
que los chapas amarren los puños de papá para que no lastimen el pecho de mamá que

sabe a pegamento

Y lloro

Porque los puños que caen sobre mi cara
huelen a sangre y pegamento

inhalo

lo que un día fue el pecho de mi madre



rrenacerr


Santificado sea tu hombro

lleno de cicatrices provocadas por doce fantasmas de nicotina.

Retroceder a tus vertebras

es firmar una sentencia de vida, porque la muerte es algo celestial y en tus mejillas

reposa mi piel,

aquella piel que ha mudado de un cuerpo vacío e inquieto
para convertirse en la sombra de la soledad perpetua:
tu tranquilidad perturbada por lunas desnudas y soles danzantes.
Imágenes salidas de tu mente, de tus sueños, de tu pasado dibujado sobre arena

con tinta de odio y con sangre de razone.

SOLO POR HOY

danzo en el resplandor de tus ojos ansiosos y certifico mi declive hacia tu vientre para
morir y (re)nacer veintiséis mil veces, poco más pero nunca menos.




Cenizas


Quedarán reducidas a cenizas tus pestañas inquietas

Y gritaré
¡Por fin soy libre!

Pues, eran tus pestañas las cadenas que me ataban

A la vida
A la melancolía
Ahora que ya no tengo nada
Asomaré mi cara al lugar donde nací
Allí, desnudaré los atrofiados recuerdos de tu piel
Ante la beatificada fotografía de mi madre
Alzaré tu sombra con sogas de cristal
Alabaré con salmos tu nombre
Abriré mi pecho en dos
Cuestionándome
¿Tu alma o mi libertad?

Jonathan León (Loja, Ecuador, 1995). Estudiante de carrera Lengua Literatura de la Universidad Nacional de Loja. Ha publicado en la revista de la carrera “Ripio” en microcuento, poesía y ensayo. En la editorial independiente “Hidden Writers” publicó tres poemas. De igual forma en poesía publicó dos poemas para la revista boliviana de poesía “Margen de Luz”. Obtuvo el tercer lugar en el primer concurso de poesía organizado de la Facultad de la Educación, el Arte y la Comunicación de la Universidad Nacional de Loja y la Casa de la Cultura ecuatoriana Núcleo de Loja. Columnista frecuente de la Gaceta Cultural del Archivo Histórico de Loja. Ha participado como ponente en el Congreso Internacional de Historia “EDUCERE” organizado por el Municipio de Loja y el Archivo Histórico de la ciudad. Asimismo, participó como ponente en el XXI congreso desarrollado por la Asociación de Ecuatorianistas y la Universidad Nacional de Educación.

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Poesía colombiana actual: Estefania Almonacid Velosa

Meridiano

Con la frente inundada de peces
recorro los naranjos.
Anuncio que la memoria
jamás fallará al subir la peña.
Es allí donde está enterrado
el álbum de flores disecadas
el espejito
y la pintura de la mujer con tacones.
Busco una tarde de pelícanos
frascos y caminatas de selva
aullidos, moluscos y tazas de sal.
Duermo sobre el escritorio
en medio de tantas postales
que me inventan las estaciones.



Blue in Green
 
En la radio suena la trompeta
el cielo retumba entre los edificios de Nueva York.
Hay que quitarse la ropa y meterse en la cama para escucharlo.
Los despertadores se apagan 
hay tiempo suficiente
adivinar el color de las prendas en las fotografías antiguas. 
Vale la pena abrir un directorio telefónico
encontrar al que reveló las siluetas en los tocadores.
La trompeta sigue sonando
no hay necesidad de encender las lámparas al pisar las alfombras.
Los reflectores de los autos dibujan jeroglíficos en el rostro.
Colocar una silla frente a la ventana
oler el café del tarro y volver a la cama 
esperar la noche para invocar a Miles Davis. 




Llamar su atención
 
                                  Inspirado en el bolero de Roberto Roena
 
Te miro frente al océano
tu espalda es la memoria que se desliza
y deja huellas de pintura como sendero.
Desde aquí intuyo tu rostro
es la canoa que encuentra al mochuelo.
Sano en la contemplación de tus manos
que señalan la llegada del candil.
Te hago llegar un vendaval recién nacido
o los cimientos de unas piedras al frotarlas.
Me convierto en una ráfaga de brisas
hago cuencos de agua para inventar
un movimiento sereno.
Quizá voltees a mirar algún día.




Vagabundo

                                                            A Yuri Buenaventura

Un muchacho moreno sale del platanal.
En un cuarto estrecho un hombre llora
desde la televisión.
El muchacho toca las congas en el metro
y París lo devora.
Ha caído en el río Sena
pero vuelve al metro y recuerda a Jacques Brel
el hombre en la pantalla.
Ha creado un universo lleno de pureza.
Regresa a la tierra ébano para cantarles a los niños
salsa en francés.
Ha nacido África en las profundidades de un puerto
lo inquietante es cómo arrastra la manigua
por todo el mundo.


Estefania Almonacid Velosa (Bogotá, 1991) es periodista y magister en Estudios Literarios de la Universidad Nacional. Es autora del poemario Zalamera, un homenaje a la salsa y el bolero, de la editorial Piedra de Toque (2021). Su trabajo cronístico y literario ha sido publicado en diferentes antologías nacionales e internacionales, y en su blog de periodismo literario Los desvelados. En el 2021 fue otorgada la beca Periodismo Cultural y Crítica Literaria, del Instituto Distrital de las Artes, con el proyecto titulado: “Un recorrido por Bogotá con Emilia Pardo Umaña”. Es autora del libro Emilia por Bogotá (Idartes, 2022), crónica que busca las huellas de una de las pioneras del periodismo en Colombia, Emilia Pardo Umaña.

Poesía costarricense actual: Rebeca Bolaños Cubillo.

FANFARRIA DE METALES

Pongo la mesa, sirvo la comida
y te observo marcharte.

Siento que tengo la cabeza
metida entre las piernas,
apenas contengo el vómito,
las ganas de arrojar todas las sillas
y romperle la sombra a la luna.

He buscado el descanso de las escaleras
para sentarme a interrogar cada plato roto
que ahora ya no puedo buscar en los basureros.

Nada responde, pero toda grita.

No se puede alcanzar ninguna paz
con planes de regreso
a lugares a los que nunca se ha ido,
con una olla de carne a la leña cada sábado,
con abrir el oído para que entre el estiércol
que sale de una boca
que dejó de encontrar tu beso.

El tedio le busca una miga de pan a la esperanza,
pero es el mismo tedio
el que repite siempre los rituales
en los que se acaban las boronas.

Tres metros de soga
se sientan en el mismo descanso
de la escalera
y simulan no ser una invitación
a la condena.

El ventanal proyecta un horizonte
lleno de luz, de luces;
un espejismo que interpreta
la Sinfonía Dante
en el primer movimiento:

“Abandona toda esperanza,
tú que entras aquí.”

Cierra en un fortissimo
mientras desciendo con Franz Liszt
a mi ajustado infierno personal
sentada frente a dos platos de comida.

BUKOWSKI PIDE CHICAS TRANQUILAS Y LIMPIAS CON LINDOS VESTIDOS

“No traigan más una puta por acá”
Bukowski

De pronto un hombre al final de su vida,
después de repartir sus bienes y sus fuerzas
entre mujeres que le han cobrado el amor,
requiere una mujer “buena”.

La necesita tanto que logra imaginar
todo lo que haría por ella.

Sin construir nunca la vereda,
conseguir almohadas para su cabeza
o provocar su risa.

La necesita, dice,
pide a sus amigos que no le lleven más putas.

Sabe que existe,
pero no la encuentra.

Volvé a nacer, Hank,
y dejá el alcohol, los celos y los puñetazos en el papel,
no en las mujeres que convertiste en putas.

LA ÚLTIMA CARTA

“Y la luna,
bajo su oscura capucha,
se cae del cielo cada noche,
con su hambrienta boca roja
para lamer mis cicatrices.”
Anne Sexton

Apenas viste el pico de mi iceberg, perdón por el lugar común, no encuentro otro
modo de llamarle a esta forma que tuvo la vida de obligarme a tener que buscarte
de nuevo para encontrarnos frente a frente en un espacio infinito al que fuiste y yo
aún desconozco.

Había secado al sol la bandera blanca que pensaba mostrarle a la muerte, tres
parece que fuera un número suficiente, hasta que de nuevo se te hace pequeño el
momento y más negro, todo negro el futuro. Y cuando el clavo de la circunstancia
te obliga a preguntarte si existe ese tiempo pendiente, o si solo hay un camino en
una línea que siempre se quiebra. ¿Cuál futuro?

Yo que nunca he renegado de las cicatrices, me siento harta de serlo yo, cada
pedazo de corazón que apenas sana, vuelve a abrirse y el llanto, que de tanto
mostrarse a pocos, ya no puede salir, se atora, se queda en el pecho y se hace
latido.

Ya no te llegará esta carta, ni todas las cosas que íbamos a decirnos serán
realidad. Somos una historia que ni siquiera encontró cómo empezar y se quedó

en el tiempo, derrapó en alguna calle húmeda y oscura para estrellarse y
provocarme el grito que ya jamás vas a escuchar.

Y, sin embargo, te escribo la carta, porque quiero poder leértela cada vez que se
la lea al mundo y así tal vez llegue a vos como un susurro al otro lado del dolor.


Rebeca Bolaños Cubillo. (1973) Graduada en RRPP y Comunicación y en Bellas Artes. Estudiante de Antropología. Publicó su primer libro “41 meses en pausa” en el 2018 – Editorial Nueva York Poetry Press. En el 2019 la plaqueta “Reporte del tiempo”- Proyecto Editorial La Chifurnia.
Su segundo libro se encuentra en revisión.
Productora Ejecutiva del FIPCR (2016 y 2017); y de los proyectos Fuego Cruzado y Canto a la Semilla, además de colaboradora del proyecto Ojo de Cuervo – Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres, iniciado en El Salvador en el año 2019.
Certificada como facilitadora de escritura terapéutica y reflexiva por el Fondo @TrustedWords.

Poesía argentina actual: Damián Jerónimo Andreñuk

Donde nace el arcoíris

Una firme determinación en cada músculo feroz.
Un grito desgarrado en las vértebras del hambre.

Una larga cicatriz en la alegría.
Un cisne que se ahoga en su belleza más inútil.

Un aroma indescifrable que baja desde las montañas.
Un crepúsculo manchado de ángeles promiscuos.

Una trompada con violencia y precisión.
Una palabra luminosa de una niña de seis años.

Un abrazo que nos nutre la raíz.
Un insomnio que termina donde nace el arcoíris.

Un milagroso amor sin almanaques ni exigencias.
Una caricia con regusto a ingenuidad y mariposas de menta.

Una poesía como un hacha que atraviesa la mentira.
Un mundo de ilusión donde pululan marionetas.

Canto de guirnaldas

Existe una mujer
con quien siempre estoy en éxtasis
y acompañado
como arriba de un bellísimo milagro
que atraviesa las tinieblas.

Existe una mujer
cuyo abrazo es como un canto de guirnaldas.
Que da el calor del paraíso aunque llegue el invierno.
Que libera mariposas en delirio
cuando dice buen día.

Existe una mujer
cuya cálida luz irreprochable
me lava la esperanza
y me enciende los huesos.

Necesidades terrenales

Un deseo insatisfecho me hiere de nunca.
Un puñado de cenizas me cubre la inocencia.
Un cuervo diminuto me agrede las felicidades.

Oigo esa leve melodía del vino macerando.

Sé que la muerte es un portal,
sólo un despojo de lo transitorio.
Sé que hay una quietud
como un orgasmo.
Que hay un amor errado
que llega hasta el suicidio.

Cuando un sendero se bifurca
ya hay una encrucijada.
No debo ahogarme por completo absurdamente
en las poquísimas necesidades terrenales.


Damián Jerónimo Andreñuk nació en City Bell en 1986 y reside en Villa Elisa, ambas localidades ubicadas en el partido de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Publicó diez libros, todos a través de Certámenes en diferentes editoriales: Omisiones (2010), Portales al vacío (2011), Formas concretas (2013), Silencio de crisálidas (2015), Metástasis (2015), Vértigo insondable (2017), Música del polen (2021), Yamila (2021), Donde orinan los lobos (2021) y Dimensiones de lo breve (2022)

Que sangre: Soledad Castresana

Invocación a la diosa

Acá estoy, Coyolxauhqui, 
borracha de tan extranjera.

Traigo el cuerpo destrozado 
igual que el tuyo,
pero a mí no se me nota.

Como ofrenda, te dejo este hijo
que estoy perdiendo ahora
y mi lengua cruzada de tajos.

Quisiera frotar tus pezones azules, 
que tu leche me llene la boca.



De cuando visité por primera vez el Templo Mayor 

En el campo, el silencio de noche es como un golpe 
de martillo en las orejas. Por eso cuando era chica, 
yo quería un dios o una diosa que me ayudara a dormir.
No me servía un hombre que elegía a otros hombres 
para enviarlos por el mundo a contar sus hazañas.
Ni una virgen que limpiaba con lágrimas
las heridas del hijo, que aceptaba el misterio
y subía a los cielos. Esclava y sin manchas. 
Tampoco, ese hijo que ofrecía la mejilla y después, 
mientras sufría sabiéndose dios,
llamaba al padre llorando de miedo.
No.

Me hubiera encantado tener una diosa 
de torso desnudo, con falda de serpientes,
con rodilleras hechas de cráneos de los tontos 
y los pies bien metidos en el fuego,
que mostrara las piernas abiertas, las garras 
y tuviera un serrucho por lengua.
Que viniera, no a salvarme 
sino a enseñarme a matar a la madre,
que luchara con el hermano deforme 
y perdiera la cabeza entre las piedras.

Ahora, no necesito nada para mí, 
aprendí a dormir sola. Pero para mi hija 
yo quisiera una diosa que sangre.



La Virgen en el mercado

Adherida a la columna, una lámina 
en papel satinado de la Virgen
con su raro disfraz de Guadalupe. 
Quien imprimió esta imagen le agregó 
un poco de su fe, de su alegría. 
Los colores se alejan del gris santo,
alzan vuelo y se encienden y compiten
con las piñatas que cuelgan rabiosas
del techo del mercado en Coyoacán.
Y porque tal vez la acumulación
funciona en ciertos casos, le pusieron
un marco de un millón de rosas rojas
y un diluvio universal de purpurina.
Pero es curioso observar que nada 
le ha cambiado en el gesto a la señora:
sigue quieta, los ojos hacia abajo
y las manos unidas sobre el pecho. 
¡Qué poca vanidad!, me digo y miro
mi perfil de reojo en la vitrina 
sucia de un puestito de tostadas.
Cualquier diosa, yo misma, si tuviera
tales brillos y flores, alzaría 
la vista sonriendo. Aunque en el fondo 
supiera que no soy más que otra mosca
sobre la carne cruda y las guayabas.



Mi madre de visita

Aparece un insecto en la casa, una suerte de grillo
salido de un mal sueño del Creador. 
“Cara de niño” lo llaman. No hay metáfora. 
Investigo y todo es mito: los poderes terribles 
de los ojos, el veneno mortal, el mismísimo 
rostro del maligno tatuado en el abdomen.
No es que yo no sea valiente, 
pero tiendo a procrastinar. Pasa el día y otro día 
y queda el bicho muerto en el rincón.
Hasta que llega mi madre de visita. Desde lejos, 
se lo muestro, lo señalo, se lo explico. Ella, 
nada de escoba ni de escudo, lo agarra de una pata. 
Parece un bebé recién nacido –dice–. No es tan feo.
Y lo mete en la basura.



Si no podés dormir

Lo que podés hacer es un tzompantli: 
poné en el piso los cuerpos de las mujeres 
a las que mataste últimamente, cortales 
la cabeza. Abrile a cada una un agujero 
en los huesos temporales 
de 25 centímetros de diámetro 
y enhebrala en un poste de madera. 
Así con todas.
Dejalas a un metro de distancia, 
más o menos. Podés poner por línea 
cuantas quieras. Después, 
igual que a las ovejas, contalas. 
Poemas de Que sangre (Caleta Olivia, Buenos Aires, 2019)

Soledad Castresana nació en la provincia de La Pampa, Argentina. Publicó los libros de poemas: Carneada (2007), Selección natural (2011), Contra la locura (2015) y Que sangre (2019). Hay poemas suyos en diversas antologías de Argentina y de Latinoamérica. Algunos de sus libros recibieron premios y menciones. Escribe, además, pequeñas crónicas y cuentos. Algunos de ellos han sido premiados y publicados en revistas digitales. En estos días prepara su primer libro de cuentos. Cada tanto, coordina talleres de lectura y escritura, y clínicas de obra. Vivió en Buenos Aires, en Bogotá, en Medellín, en Ciudad de México y en Bangkok. Actualmente reside en San José de Costa Rica. Estos poemas están tomados del libro Que sangre (Caleta Olivia, Buenos Aires, 2019) y se escribieron durante su vida en la CDMX en 2015 y 2016.

Poesía española actual: Transferencias (selección poética) de Remei González Manzanero

La verdad que no vemos

No, no quiero los sueños. Es la vida,
la realidad la que nos llama. Escucha
.
Leopoldo de Luis

Deja que te lo explique, no en palabras
— que con palabras no se entiende a nadie —
sino a mi modo oscuro, que es el claro
.
Mirta Aguirre

Está aquí, déjame que te lo muestre,
en este pequeño espacio de aire,
esta dimensión, toda esta anchura
de trazas, de briznas
aciculares, está en esta brisa ingenua
que tanteo con los dedos,
que trato de asir para hacer mía,
es de sí misma,
está aquí.
Está en este soplo hecho de desgarros,
está en el lápiz que me cae de las manos
si abro la palma,
está en esta corriente alterna,
está en genios y mediocres,
en las nubes de las partículas,
en las ínfulas extrañas
y en el pliegue de las alas de un cóndor negro,
en la precipitación de un vidrio
que no nos hiere apenas
y en los resquicios invisibles
de nuestras cicatrices más finas,
está en el cieno de los ríos
que arrastras a las cimas,
en la cima lozana
que hallas en la mirada,
las miradas tiernas
que no adviertes,
y las que adviertes,
está aquí,
no puede estar en ningún otro lado.
La recogemos,
este soplo que resollamos
está hecho de ella.
Este vasto espacio que media
entre tú y yo,
los lugares entre nosotros
que no habitamos
y que alcanzamos al vuelo
con esfuerzo
y devoción de céfiro,
la verdad es que es esto,
está aquí.

(Poema de «La verdad que no vemos», XVI Premio Águila de Poesía 2020)

Viejo puente otomano

Un poema es un puente otomano que conduce al poema siguiente,
que retorna a las ciudades viejas
donde ocurrieron las batallas más sangrientas
y salva geográficamente las pequeñas distancias del alma.
En sus arcos perfectos se apoyan metáforas, metonimias
y otros hechos salvajes,
ondea el río viendo la arcada lejana desde abajo
y al poner el poeta los pies sobre la baranda
sabe que la distancia de sus rodillas hasta el río Neretva
no tiene en realidad importancia.

(Poema de «La verdad que no vemos», XVI Premio Águila de Poesía 2020)

Ángeles
Es preciso que lo sepas: los ángeles existen.

Yo misma los he sentido volar dentro de mis brazos
intactos,
con la piel pulsándome,
ceder en los límites de mi corporalidad andrómina,
yo misma los he oído arrancando a cantar en la cabeza
y sonaban a cuchichí de perdiz
mezclado con cante jondo
y he ladeado el cuello,
empujado mis orejas, para oírlos mejor.

Yo misma los he olido en algunas noches
pétreas,
en residuos de mañanas exactas como esta
y huelen a carmesí y a ambientador para el baño
y sus alas saben a lo que sabe la corteza de los árboles tras la lluvia
o a lo que le supo un pedazo de gaviota a Luis Alejandro Velázquez.

Yo misma, yo, los he besado
intacta
y su transparencia blanca plácida
se ha volcado en mis labios,
a mí me han derramado verdades como hadas,
yo misma, yo, intenté tocarlos,
traté de hablarles con lo que quedaba de mi boca.

Y mudando, ellos, los ángeles, sus cuerpos
diminutos,
pegándome en mi espalda sus alas, preguntaron:
¿Yo misma
quien es?

Solo así supe lo supe: los ángeles existen.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)

Huida hacia adentro

Bajar hasta uno mismo y ensuciarse
de materia, de mundo…

Vicente Gallego

Vengo huyendo
de estos hilos rojos,
seda cubierta
de intestinos,
pelos, cicatrices
y nervios,
me lanzo intrépida
hacia el interior mismo
y encuentro,
más allá de todo esto
que debía ser tanto
y es tan poco,
esto
que no somos.

Parece que lo dejé todo
donde lo dejaste hace años,
lo escondí tan al fondo
de nosotros
que no puedo encontrarlo.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)

Cuando ya no esté aquí

Se murió diez centímetros tan solo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo…
Ángel González

Mis uñas seguirán creciendo,
cuando no esté aquí
y siga estando de alguna manera,
dejaré de morderme las uñas,
mi sangre seguirá corriendo
disecada, las plaquetas
funcionando, mis pulmones quejumbrarán
todo lo que no respiro,
y de nadas bombeará el corazón
con soplo incontingente
estos latidos extraños,
mis articulaciones engranarán
las poleas graznidas
zurrirán inflamados los tendones
de la espalda intermedia,
crepitarán mis manos pequeñas
intentando asir el tiempo
tan naranja, hecho de alambres
de paraguas rotos
los días que no llueva.

Cuando ya no esté
y siga estando de esta manera
tan tibia y seca,
empezaré a decrecer,
menguarán las bárbaras tripas
de mi estómago encogido,
hogar que acogerá
entre colonias los parásitos benévolos
comiéndose mis uñas.

Pero ahora estoy aquí
y me estoy mordiendo las uñas.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)


Remei González Manzanero (Barcelona, 1990). Es poeta y profesora y realiza estudios de doctorado. Autora de La verdad que no vemos (XVI Premio Águila de Poesía, de Aguilar de Campoo 2020), de Habitantes de un paraíso minúsculo (II Premio de Poesía La Equilibrista 2020, publ. 2022) y los cuadernos de La confesión de la carne: Desdenes del vacío (2017) y de El mundo de las almohadas (2017). El resto de su obra se encuentra diseminada en varias antologías y revistas y su próximo poemario, inédito por el momento, ha sido finalista en varios certámenes internacionales. Recientemente, le ha sido otorgado el accésit en la última edición del Certamen Calamonte Joven por el poema «Besos».

Poesía española actual: Margarita Leoz

DESINTEGRACIÓN

Me he mecido como los bejucos perezosos que, en lugar de trepar, se dejan caer con la
languidez de la muerte. He extraviado identidad y nombre, he sido una sombra transparente:
todo aquello a lo que pertenecía se ha borrado.

Desaparecer, de eso se trata, conservar solo la esencia, despojarse hasta chocar con un
corazón abierto, expuesto y palpitante. Que las moscas se posen sobre mis restos, que los
zanates celebren un banquete en mi honor. Ser entregada al fuego del sol, al embate de la ola,
burlando así a la predestinación, a las arrugas, al polvo de los museos.

No caminar nunca más, perder mis piernas. Que los charancacos altivos repten por mi pecho,
se detengan a olisquear y continúen su camino, como si mi cuello fuese uno más de esos
troncos atrapados con delicia por los muslos de la tierra.

Que mi sangre se torne del añil del mar y mis ojos del verde de Yojoa. Desprenderme de las
últimas cruces, de las últimas sogas. No necesitar ya más de la respiración ni del oxígeno. Que
mis cabellos devengan plantas acuáticas y, llegada la hora, en un amanecer radiante,
desaprendan la capacidad de flotar:

con suma lentitud me irán hundiendo
―hacia abajo, hacia abajo―
hacia ese fondo donde no se distingue el agua del limo,
donde ni siquiera la luz podrá venir a rescatarme
en el límite del tiempo, en el extremo olvido.

Lago de Yojoa, julio de 2022
Poema inédito

QUIERO MORIR ENTRE LAS FLORES

Quiero morir entre las flores
y no ahogada
o con una espina de pez
atravesando mi garganta.
Los pétalos que cubran
como sudorosas hormigas mis ojos,
ceder así sin ver
el testigo de mi duelo a las estatuas.

Y ser vencida por la imperdonable tierra,
por sus huestes herradas de sol,
para que mi cuerpo
estirado por el uso
deje de preguntarse
qué es esa cosa de que las rocas
te devoren
o de ser pasto de la hierba.

De El telar de Penélope, Calambur, Madrid, 2008

EL DORADO

Un pájaro cuyo nombre desconozco emite un gorgojeo y después, como azuzado por un
recuerdo urgente, sale volando de la rama.

Por encima de las picas de los soldados, escucho el tráfago del viento entre las lianas. La punta
de mi arcabuz oscila levemente con el oleaje. Si tan solo un disparo pudiese romper
este silencio, marcar el camino certero por las bifurcaciones salvajes del Amazonas.
Pero no, mi pregunta hiere:

cuántos quedaremos con vida,
cuántos, de los trescientos que salimos de la ciudad de Lima, regresaremos del viaje
incauto,

tantos han ungido ya con su sangre las riberas de este río caníbal. Tan solo obstáculos para su
liquidez invicta que no conoce piedad, dos bergantines y un fluctuar de balsas,
trémulas miradas sobre la superficie.

Vosotras, columnas de follaje, hojas de esmeralda en ruinas, vosotras, que inclináis en una
hondísima quietud vuestras ramas bajo los cielos desprendidos que no alcanzamos a
divisar, vosotras, torres caídas que se lamentan, astros vegetales que dibujáis
quimeras en el aire, vosotras, pobres plantas, hijas de otras constelaciones, atadas a
esta tierra pestilente, demasiado húmeda, maldita, nos atraéis hacia el horror,
vuestros brazos abiertos nos invitan a compartir un espantoso destino. Cuando
alcanzamos la orilla y vamos apartando las flores de bruñidos estambres, exhaláis,
como única venganza, un dulce perfume.

Pesadas gotas se hinchan hasta desfallecer por los picos de las hojas. El día oscurece, se
desprende de su envoltura doliente, cada atardecer como un manto insonoriza la vida
para dejar a su paso un leve susurro, ansioso, anegando el cauce trenzado del río, y la
luz del último sol refleja las aguas moribundas, filtra una niebla de mosquitos, se torna
menos radiante, nos recuerda que

el hogar de los hombres nunca estará a los pies de este suelo, en esta estación indiferente que
es eterna y nunca se sacia.

Cuando se hace de noche, fingimos dormir abrazando nuestros cascos pero empuñamos
insomnes las ballestas. Creemos alejar así las pesadillas que se inmiscuyen en nuestras
bocas como peces calientes. Pero ninguno saldrá ileso. Enloquecidos, perseguimos un
mapa de oro que no existe, estamos remontando esta inmensidad sin objeto, este
arañazo putrefacto de desierto, y, sin embargo, naufragamos más cerca del vacío.

De Cartografía humana, poemario inédito


MARGARITA LEOZ (Pamplona, España, 1980)
Licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Salamanca y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Autora del libro de poesía El telar de Penélope (Calambur, 2008), de los libros de relatos Segunda residencia (Tropo Editores, 2011) y Flores fuera de estación (Seix Barral, 2019) y de la novela Punta Albatros (Seix Barral, 2022). Sus artículos y sus críticas literarias han aparecido en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista 5W, Litoral. En 2021 fue seleccionada para el proyecto «10 de 30» de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), que elige a los diez mejores escritores españoles menores de cuarenta años para promover su obra en el extranjero.

Chicas malas: Arabella Salaverry

Chicas malas

Fuimos las chicas malas

Asustamos a vecinos
escandalizamos a señoras
de misal y rosario

Siempre de negro
diluidas entre sombras
y desapareciendo en los espejos

Tomábamos cognac
en tardes clandestinas
mientras el jazz
nos cubría
para escurrirse luego
por los poros

Disfrutábamos la hierba
ocasionalmente
sin compulsiones
cuando queríamos
abrir los ventanales del cielo
  y mirar trasnochadamente lo que hubiese

Nacimos despidiendo guerras
vivimos Vietnam
un acto obsceno
y en la piel
el dolor de Hiroshima y Nagasaki

Nos desvelamos con Sartre
mas fue Simone quien hilvanó
 nuestra protesta

Consideramos a los Beatles
un tanto pueriles
era Piaff
quien nos alimentaba
Trenzamos flores
guirnaldas
pero fuimos suspicaces
con las exportaciones del Norte

Nunca pensamos
que seríamos reinas

Sí quisimos con el Che
ser compañeras

Compartimos cuerpo y alma
sin pedir nada a cambio

La vida ha sido nuestro manifiesto

Encendimos lámparas
para apagar la angustia
de estar vivas

Vivimos tan
pero tan intensamente
que ningún dolor nos fue
ni nos podrá ser jamás ajeno

Fuimos las chicas malas

Olíamos a incienso
A pachulí
  otras veces a menta fresca

Pero el olor
que nos acompañó
fue el de la melancolía

Fuimos las chicas malas
y aunque no lo confiese abiertamente
por el qué dirán
          los hijos
los amigos sensatos
           el perro
los parientes
seguimos y seguiremos siendo
chicas malas


Mi voz

Te presto mi voz
                      hermana

Te presto la escasa lucidez
de este siglo vestido de torturas

Te presto mareas
por si se te ocurre deshacer las rocas

Te presto lo visceral del grito
de algunos animales los olvidados
                                ya en el destierro
                               ya en su último recodo

Te presto también mi voz
para que hablés por ejemplo
de los espejos
donde no se refleja tu impotencia
Para que denunciés
la presencia invisible de tus sueños
Para que nombrés
el pan ausente que frecuenta tu mesa

Te presto mi voz para que hablés
en nombre de los niños borrados
y mencionés 
si te parece
su desesperada esperanza

Te presto mi voz para que denunciés
la fría bayoneta de la muerte
 invitada imprescindible de las guerras
Te presto lo que tengo y lo que no tengo

Lo que soy y lo que quisiera ser
Lo que el tiempo ha dejado de lo humano

lo que los dioses han perdido en el camino

Te presto este poema Del libro Chicas malas (URUK Editores, 2009)


Dónde (poemas de la pandemia)

Me quedo en pausa
No sé si la acción ya fue
o espera en el futuro

No sé si la desmemoria es un momento
entre los tantos donde se hilvana el tiempo

O es el tiempo

todo el tiempo
el antes el ahora el después
cabalgando sobre el inescrutable sueño
de mi espalda

No sé si ya me moví
o aún no dibujo en el aire mi silueta
camino y los pasos se deslíen
conducen a un destino clausurado

Abro un libro y la página fue
la historia se cierra circular
cada hoja agita su soledad perfecta
hermética
termina abandonándome

Reparo entonces que el hilo de la vida
se enreda
y se mezcla y se destiñe
 en el cajón de las cosas olvidadas


De besos (a propósito del poema de Lorca Balada Interior)

Vivo repleta
de primeros de segundos
de terceros besos
los dulces
los amargos
los que fueron
los imaginados
los deseados
los torpes
los sabios
los remisos

Cada uno replicante
en la quebrada honda del recuerdo
sumatoria
para al final en la extensión del beso
delinear la perfección de un beso
el que amaneció
después de los insomnios
en el lado oscuro de la noche

Poema inédito.

Caribe (una vez más el mar con olor a Caribe)

Ese clamor de mar
vivido como único destino
donde los deseos se diluyen
en partículas saladas
recordatorio de lágrima
 presencia rumorosa de la vida
allí y solo allí no caben responsos
heridas
tristeza itinerante

Vedado el dolor
por la fuerza que desata
y revierte hacia el cielo
en un juego incesante
vaivén de la esperanza
fuego que aniquila
Y la sal
Siempre la sal
dibujando senderos
para abofetear fronteras
soliviantar las ansias
liberarte desatarte desnudarte
exponerte de par en par
con tus ventanales abiertos
más su luz que los cerrojos

Y contienes al mar
el mar te arrastra
te signa con vendavales
para ir haciendo ruta
una con anegados santuarios

Esa llave para abrir horizontes
te la confiere el mar
el timón de mando es tuyo
te lo regala el mar
cabalgas tormentas
navegas huracanes

tejes ciudades enredadas
en el laberinto de sus arrecifes
Inventas ciudades dormidas en sus costas
calles cuyo destino es arena
litorales para las más altas ceremonias

Te dedicas a anubarrar tu grito
expresar así esa ansia de caminos
ese levante de corazón abierto
ese alarido preñado
ese regreso a los orígenes

El temblor visceral que te acomete
con la sola dimensión de su presencia

Del poemario Dónde estás Puerto Limón (UNED 2011)


En la ciudad del desierto

En la ciudad del desierto
trocamos los pájaros

Ahora el cielo entintece
su desnuda claridad con los misiles

Ya no hay alas bordeando el horizonte

En la ciudad del desierto
anulamos los pájaros

Solo un resplandor de plata que encandila
solo el pulcro estallido de las bombas
usurpa el espacio de los pájaros

En la ciudad del desierto
con la misma golosa dedicación
sacrificamos pájaros
asesinamos niños y mujeres

Y nos desinfectamos las manos


Llueven pájaros

Llueven pájaros
Azotan las ventanas

Pájaros que son ángeles agobiados

Llueven pájaros
los tejados repiquetean mientras los pájaros
golpean contra el claro de luna

llueven ángeles
que son pájaros
para hablarnos desde el grito infernal
de su caída

llueven pájaros
saetas
flechas malheridas
llueven pájaros
 habitantes desmesurados de las nubes

Estos pájaros que suelen ser ángeles
lloran este planeta que arderá
quemado por nuestro propio desatino

Estos ángeles que suelen ser pájaros
se llenan la garganta con arena
mientras escupen fuego

Sus palabras son entonces pedernales
que nos golpean desde la arremolinada soledad
de la ceguera

Del poemario Llueven pájaros (Editorial UCR, 2015).

New York

Las mariposas se incrustan
en el alto estallido del cemento
Juro que caminé tus avenidas
con la soledad a cuestas
en ese universo de piernas extranjeras
venidas de rincones extraviados

Traté de asir una mano
cualquiera
pero solo la materia fría
la argamasa
el acero
Las palomas bravías no encuentran
donde depositar sus nidos
y un viento de prisas y de ahogos
recorre tus calles ateridas

Sé que hay un mundo escondido en el asfalto
vibra como el corazón de un pájaro carpintero
trato de rescatarlo de la muerte
pero mis manos terminan en muñones

Te prometo
que seguiré hurgando en tus resquicios
hasta encontrar el másti
donde ondeará el desvelo
y la noche entonces
se cubrirá con mareas
y en mi insomnio te seguiré nombrando
hasta que al fin seas mía                          

Arabella Salaverry. Escritora y actriz costarricense. Premio Nacional de Cultura Magón, Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría rama cuento (2016) rama poesía (2019).Una infancia en el Caribe define su presencia literaria. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas, Filología y Teatro.  Nueve poemarios publicados en Costa Rica y España, tres libros de cuentos, Impúdicas, Infidelicias e Íntimas y las novelas El sitio de Ariadna y Rastro de sal. En poesía ha publicado: Búscame en la palabra, Llueven Pájaros, Violenta piel, Chicas Malas, Continuidad del aire, Erótica, Dónde estás Puerto Limón, Breviario del deseo esquivo, Arborescencias configuran a la fecha su obra literaria, así como la edición de Mujeres poetas de Costa Rica, Antología Bilingüe 1980-2020, un hito en la historia literaria del país. Traducida al inglés, al turco, polaco, catalán, italiano al húngaro al francés y al bengalí. Recién edita la primera antología bilingüe de poesía de mujeres que se publica en el país, la cual recoge las voces de cincuenta poetas. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas y Filología. (México, Venezuela, Guatemala y Costa Rica). Su voz presente en antologías, periódicos, revistas y blogs literarios en Costa Rica, México, Ecuador, Argentina, Brasil, Colombia, Italia, España, Polonia e India; y en diversos escenarios en recitales personales. Traducida al inglés, francés, polaco, catalán, portugués, italiano, húngaro y bengalí. Ejerció la Presidencia y la Vicepresidencia de ACE (Asociación Costarricense de Escritoras) 2004-2008, 2008-2010; y prosigue su labor de promoción cultural desde la dirección del Grupo EL DUENDE. Jurado en concursos de poesía y narrativa y acreedora de múltiples reconocimientos por su labor. Actriz protagónica y de reparto en más de cincuenta montajes y veinte películas. Trabaja en producción, dirección y actuación para teatro, radio, cine y televisión; imparte talleres de comunicación e imagen y escritura creativa.

Cántigas de Escarnio: Alfonso Chase

CÁRMENES

PARA JEANNE SALZMANN
(1889-1990)
MAESTRA

I

Escribo interna forma que transcribe la pura soledad
del cántico: el cardo y la paloma girando en el magma inicial
de la raíz y el fruto contenidos en la imagen del sueño
que al solo palparlo deviene realidad inmediata
fecha: águila llameante que imagina su propio vuelo.

II

Escribo interna forma bamboleante palabra
inflamada sílaba hacia el mortero loco del espacio
más allá del relámpago y más cerca del confín
en donde los ojos crean eclipses y formas lúcidas
para interpretar el cielo en la aureola austera
del sol cayendo sobre el vaso lustral de la memoria.

III

Escribo con la sangre algún deseo inmediato:
algo que después es estribillo cantado por los otros
palabra deslenguada hirviendo sobre el labio
para decirse su propio lenguaje circular y su estallido.

IV

Escribo enigmas que conciben la pupila como un ojo
abierto y fijo perdido ante su propio rumbo
voluntad de palabra más allá de su significado
Signo puro de un coro que murmura entre la bruma
lo que nos fuera otorgado sin pedirlo.

V

Escribo bamboleante ritmo crujiendo entre las venas
la voz de mi enemigo: anillo sobre el cual descansan
todas las plagas de la tierra y las bendiciones obtusas
necesarias migas para complacer designios que objetamos
al abrir y cerrar todas las puertas dibujadas al frente.

VI

Escribo en libertad de ser solo una voz plural
desperdigada en un grano de luto sobre el mundo.
Escribo en cárcel de palabras rasgo la hoja en dos
y descuajo los ternísimos insectos del lenguaje
asidos al imán de los vocablos: huyen entonces hacia:
mariposas brillando como lunas.

VII

Escribo lentos goces temblando
sobre la piel ajena mascullo lenguajes que ignoramos
bebo en mis propias manos del agua que mana de las venas
absortas en su plena piedad de llama súbita
creciendo volcando construyendo plenas en su
poder de remontarse hasta el agua lustral que arde en vientre
para cubrirnos de sueños mientras un áspero
coro gime entre las sienes su lenguaje de estrellas y de abismos.

2010

Del Libro de los esplendores (2019).


A QUIEN BUSCARE EL CORAZÓN DE LOS LUGARES

Aunque encubras estas cosas en tu corazón, yo sé que
de todas te has acordado.

Job 10-13

A Jack Gerardi

I

Donde nadie sabiendo quiénes somos nos reconoce.  Donde proviniendo de lejanos días alguien extiende su mano y establece el puente, crea las horas y desata a las memorias con el rencor de los perros.

Donde la música, proviniendo de ella misma, hace de nuestro rostro una ceremonia suspensa.

II

Abres tu cuerpo. Tú mismo, llave para todos los sentidos y las hierbas que sobre tu piel se extienden.

Abres los nombres porque para nombrarte el mundo carece de sílabas y las palabras son pretextos para saberte vivo.

Yo te contemplo. Vivo para tu propio tacto y apenas existente para que mi cuerpo pueda justificar su aliento.

III

Apenas amparado a una piel que corresponde a un cuerpo he perdido la voz, la claridad. La noche se hace forma en sí misma y se despliega con vastedad de manos. Se hace polvo a la llegada de todas las palabras y sobrevive por algún milagro posible y acontece en el linaje enemigo que sustenta su base.

IV

¿Cómo ser de la noche y no perder la cualidad de iluminar y desbandar sobre los cuerpos follajes pequeños, espigas como rencores y pródigos insectos?

V

No decir tu cuerpo. Hablar de la ciudad y de los árboles y de las gentes que en este momento te recorren. Tu mismo mundo, ríos, vegetaciones, manos y ojos de todos creando alguna ciudad de puentes verdosos y jardines a los cuales les ha de ser concedida alguna pareja de amantes, una fuente y tres insectos.

VI

Sobreviven las cosas por la posibilidad de los lenguajes. El polvo es apenas un discurso fragmentado y el aire transcurre por todas las ciudades, como posibilidad para escindir la soledad de alguno.

Todo se satura de purulencia de palabras, se nutre de sílabas y estalla oscuramente, blasfemando, apostrofando. Desbandándose de su centro inicial.

VII

Boca de la noche: tacto de los días. Polvo de todos los instantes gastados cubriendo párpados y pestañas.

Suturas sobre todos los labios. Goce en desbandada, música ciega girando sobre su propio engranaje.

Todo en rigor se tiende en máscara. Dando forma a otra forma algo se cumple y el barniz que se adelgaza es el reflejo del nacimiento de una estrella, para la contención evidente de algún sueño.

VIII

Todo se extiende en cuerpo. Se vuelca sobre muslos y resucita bañado de mundo. Bajo el acto se ocultan los objetos, el agua, las inventadas aves de los sueños y los emblemas de alguna posible crucifixión.

IX

Como si fuera un ciego o piedra o escondido silencio. Tal el vuelo quebrado de alguna semilla con alas, dispuesta a fecundar la tierra o a devolverse a sí misma para cumplirse, me extiendo sobre todos los cuerpos y todos los tactos. Crezco. Sueño en la memoria y me doy a todos los días por la señal de tu cuerpo.

X

Tú solo eres mi patria. A ti te conozco desde la infancia y transcurro por tus brazos y me hundo en tu vientre buscando algún fragmento de mi propio nacimiento. Tú solo me contienes. Me llevas desde siempre en la memoria de un trozo de palabra y te expandes sobre el aire para recorrerme. Tú me das lo esencial. La palabra para hacer el silencio un recuerdo antiguo y de mis párpados algo semejante a la nostalgia.

XI

En el cuerpo somos solo los inventados.

Las pálidas creaciones de nuestras manos que, como espejos, reproducen innumerables fragmentos de nuestro rostro.

A las palabras como al cuerpo. Con toda la libertad de los sentidos. Con la nostalgia de los ancianos y con la piel de los niños.

XII

Brusca, repentina comprensión de las dos manos. Rumor y deslumbramiento del tacto. Constelación de círculos pequeños, presentidos, perdidos sobre las palabras. Hechos silencio. Los tactos se reconocen y se guardan, para siempre, en el escondido silencio de su sangre.

XIII

Todo en sí cumple su deleite. Los amantes apenas saben de la intimidad de la llama y conciben su amor como una semilla desnuda y falta de sol y apenas constelación de labios diminutos que la fuerzan a estallar dentro del suelo.

Porque la carne es el imán y la llama es escombro de alguna luz desbocada.

XIV

Cuando para buscar alianzas de palabras descubro tu boca, encuentro la agonía de todos los lenguajes.

Cuando para expresarme me aproximo a tu cuerpo, convoco, de súbito, a todas las inocencias gastadas ya a los envejecidos vocablos, preñados de polvo y olvidados de su posibilidad de puentes.

XV

A pesar de tus poros y tus brazos y tus muslos desnudos ya que te ovillas en perpetua posición para encontrarte, yo te hallo en los libros y en los poemas y en las calles y en los llantos que resbalan por los muros de las casas.

Yo sé que existen sobre todos y hasta en la clara membrana del aire te repites. Oscuro y asfixiado sobre los cuerpos muertos, celebro algún oficio antiguo, nocturno y propicio de tu desnudez ausente.

XVI

Me preparo. Huyo dentro de mí. Me despeño en las palabras y llamo a guerra al cuerpo, al tacto, al sexo y hasta enfrento al labio el otro aliento.

Cerco al miedo y burlo la locura porque ante el temor de ser la llama soy un agua.

XVII

Como un lápiz que solo escribe poemas o una hoja en blanco, solitaria, el cuero no puede vivir sin las dos manos. Ellas crecieron con el cuerpo y aman la finísima extensión del propio tacto y enamoradas de sí mismas sobreviven gracias a su propio calor.

Por tus manos sé que el mundo existe y que las gentes crecen y que la historia transcurre sobre la pasividad de los objetos.

Tus manos son el testimonio de la muerte y el borde de alguna memoria antigua que repite su oficio por mi cuerpo.

XVIII

Me desplazo en los sonidos. Vestigios tuyos
disecados. Sacramentos podridos en su propia santidad.
El día alza la hostia de tu cuerpo. Las cigarras y el aire
devoran los ojos de las estatuas.
Pasa la lluvia y la ciudad se abre. Nace
para mis pasos y los tuyos.
En el lenguaje muere: tal la agonía
en la garganta rota de algún niño.
Solo un lenguaje poblado de naranjas,
un agua exhausta, carcomida y viva
en su propia contención.
Súbitamente mi cuerpo es música
y anudado a tus manos resucito,
como si alguien, desvestido de nombres,
llenare de signos algún cuarto.

XIX

De lo que en Concilio dijeron los Obispos, los Párrocos, los Diáconos, los Arzobispos y los Cardenales y por último el Romano Pontífice, sobre el cuerpo y su función en la tierra, únicamente estoy de acuerdo en aquello que decía que el cuerpo es semejante al surco y que el amante es la semilla.

De los temores, los exorcismos, los pecados y las excomuniones me río, cuando desnudo, el cuerpo es la formación más hermosa de que Dios existe.

XX

¿Con qué lenguaje soñarte, palparte, saberte? ¿Con el de las palabras o con el de los signos?

Quizá con el del silencio.

Bogotá, octubre, 1969.


RELACIÓN DE LA TRISTÍSIMA
DESTRUCCIÓN DE INDIAS
(1535-1968)

LLAVE DE FUNDACIÓN

Yo tomaban cuanto a su alcance veían:
collares, pectorales, frutas,
mancebos y mujeres, porque
diezmados por el hambre o el horror
ellos se dejaban tomar.
Agobiados por el peso del botín
algunos invasores se ahogaron
al cruzar los ríos
y en el fondo de los canales,
entre escombros,
los niños jugaban con los cuerpos
y los huesos
de los que fueron sus verdugos.
Sesenta y cinco días duró el sitio.
Durante todo ese tiempo
aprendimos a beber la sangre de nuestros hijos
para lograr subsistir
y cuando la ciudad
al fin se rindió,
abrimos todas las puertas
y, tendidos, la boca contra el suelo,
pedimos la pueste para nuestros cuerpos.
Y luego fue la dispersión.
El rumor de aguas llenando los oídos
Y los pájaros mordisqueando los ojos
y los días cayendo como flecas en los caminos.
Y no teníamos comida o escudos o armas
y la ciudad empezó a podrirse
tal una fruta
y los gusanos nacieron de nuestras bocas,
senos y cabellos.
Doquier fue soledad
y lluvia
y sangre
y luego el calicanto
cercando edificios, rincones, templos,
hasta volvernos todos a la vida,
como nacidos de un sueño ligero
en el deslumbramiento del día.

COMBATES HUBO

Combates hubo entre las sierras.
Ojos desparramados entre el verde secreto
de los árboles
y en la oscura galaxia
de las manos.
Armas surgieron. Roncos batallones
de palabras vivas y fusilamientos
detrás de muros y paredes.
Muertes también se registraron
en los códices
y se pusieron las listas de combatientes
a la salida de las escuelas
para que los niños reconocieran
el rostro de sus padres.
Entre secretas rondas
y dispuestos silencios
arrancaron las uñas de algunas compañeras
y los dueños de las tierras extendieron los cercados
y algunas gentes compraron televisores a colores
para ver más nítidamente a la muerte.
Combates hubo en la ciudad.
El agua fue cortada y los niños
estudiaron a la luz de las velas
y el sol no aparecía
y la noche estaba fija sobre todo,
desvelada de estrellas, ropajes
y nombres.
Combate hubo y hubo,
en la ciudad y en la sierra,
hasta que palabra a palabra
llegó el aire de nuevo.
Combates hubo, amigo,
hasta sobre la piel del jade.

PALABRAS PARA UN PRÍNCIPE

Mira que no te acuerdes
de cosa carnal alguna.
Que tu cuerpo un árbol sea
y que en tu alma viva el aire
y se establezcan los pájaros.
Que te reconozcas en el pensamiento
y en el ánimo humilde
y no respondas palabra dura
o golpees con tu bastón a los ancianos.
Allégate a los sabios, a los poetas
y a los niños.

FIESTAS

Para los primeros días mataban
muchos niños.
Para las calendas cada cuerpo
era la historia
de una lejana sucesión de rostros
y en el momento de la muerte
se cumplía algún solsticio.
No los crucificaban, ni los colgaban
entre los ladrones, sino que los extendían
sobre la piedra dura
y luego comían los corazones.
Por la tarde repartían los muslos
y los brazos
y los sexos
entre el pueblo.
De noche, los muros hedían
y la costra oscura de la sangre
atraía moscas y perros
y sonaban los gritos
y sobre todos los rostros
estallaba la fiesta amarilla de la luna.

SORDO REPOSO

El pecho le brillaba
untado de aceites y bálsamos.
Caminaba seguido de ocho pajes
y en las últimas noches retozaba
con cuatro doncellas.
Era alto y melancólico
como si se supiera embalsamado
en sus propias palabras.
Durante trescientos sesenta y cuatro días
vagó por las calles
cegado por su propia belleza
y no fornicaba
en la contemplación
de sus manos.
El día del sacrificio
subió las escaleras con dignidad
y en la muerte
tuvo el oficio
que da la guerra continua con la vida.
Del sabor de su corazón
dice este poema
y la suave memoria de su desnudo cuerpo
fue obstinación de pensamiento
por largos días
en algunas muchachas
y muchachos.

QUE SON PUERTAS

Charcos de sangre y de palabras.
Palabras muertas y palabras vivas
nos alcanzan,
nos pisan los talones, nos escupen
sus gritos y disputan entre sí.
Los ojos de todas las palabras. Sueltos
sobre la mesa. Luchando por mirarnos,
por romper el silencio y ser testigos
de alguna devastación obstinada.
El agua del canal hierve en palabras.
Sobre sí mismas se arrojan.
Se devoran como perros
y entre babas, aullando,
de destrozan en el suelo.
Pero no temas. Las palabras
guardan sus armas en los dinteles.
Se dispersan como ordenadas huestes
de soldados vencidos
y se pierden, menudas y sonámbulas,
por entre puertas abiertas.

¿1535? : 1968

Nos dejaron caer bombas de napalm,
nos envenenaron las aguas,
sembraron los campos de minas
y nos pusieron trampas
en los jardines.

Los códices se estuvieron silenciosos
y los periodistas
reseñaron que no teníamos miseria,
ni explosión demográfica, y que la tierra
era compartida en común
y no teníamos gases lacrimógenos
o celdas especiales de tortura.

No hubo diarios que informaran
de nuestro llanto
ni teletipos que transmitieran
nuestros gritos.

Ningún compañero empapeló
con proclamas
el vacío de los muros
ni desde los balcones
los francotiradores
hicieron blanco en los yelmos.
Ellos siguieron tomando nuestras tierras
y vendiendo a nuestros niños
y el silencio fue el único camino
para nuestros pasos.

No hubo tableteo de ametralladoras
o golpes con bastones eléctricos,
y bebieron mezcla en vez de Coca Cola
y masticaron peyote en lugar de chiclets
y celebraron gozosos la caída de la ciudad
y la pudrición de sus habitantes.

PEQUEÑA HISTORIA

Toda la noche
escuchó la voz de su hermano
entre las piedras y canales.
Toda la noche batalló con las palabras
hasta hartarse de horror
con el sonido de su propio nombre.
Tres veces cerró la puerta de piedra
de su recámara
y otras tantas el viento la empujó
y lo encontró desnudo y ebrio
entre las mantas.
Al amanecer hizo encender los braceros
y quiso que el incienso lo llenara todo,
hasta que los niños se ahogaran.
Por la tarde se lavó,
fornicó e hizo fiesta
Por la muerte de su hermano
Y de su amigo Tzicquatzin
y los dos mil ochocientos guerreros
que iban a sitiarle.

BATALLA FLORIDA

Donde el agua sin armas
de los dedos
expande nombres y arcabuces.
Donde lo apenas vivido
es contemplado
en su áspera destrucción
por atrapar los pasos
y penosas palabras se levantan
y son puentes.
Donde las flores
se están quietas. Donde lo limpio ofende
y la historia es solo un nombre
encarnado en el instante próximo
que se estalla en sonajas, códices y pasos.
Y a pesar de los crímenes,
los sacrificios y las guerras,
una piedra y otra piedra se levantan
para construir
el rostro de todos.

ÚLTIMO ESTAR

Volcado sobre sí mismo como un río,
pasa los días girando,
leyendo textos
y evitando la cercanía de la carne.
Modera su enojo. Corta puentes
y establece trampas en los ventanales
y esconde las armas
y desesperado mira las estrellas.
Incendios hubo adentro de su sangre
y murió de una pedrada,
como un perro.
De tantos signos adversos,
de tanta traición
y tanta mierda,
ahíto de astrólogos y sueños,
con la cabeza colgada, vacío de su propia sangre,
su cuerpo estuvo muchos días con sus noches
tendido en los mercados,
y el agua temblaba
en todos los canales
y el miedo
picoteaba los ojos
y los labios
de las gentes.

SUEÑO CUMPLIDO

Los soldados apartan la neblina
con sus ametralladoras
y cumplen en las calles
su oficio de insectos.
Lavan raíces. Limpian muros
y raspan a las piedras
con sus cepillos de acero.
En la ciudad: México, Bogotá, Caracas,
los niños salen a la calle de nuevo
y tienen miedo de recibir el sol
en sus ojos y los perros
lamen la sangre de los estudiantes.
Jack y yo
caminamos entre huesos
 y purulencias y destrucción
 de días ceremoniosos y carcomidos
 como si fuera 1535,
pero en 1968 resulta inútil
hablar de antiguas fiestas o navíos
cuando nos queda entre las manos
solo un lenguaje de rifles y gritos.

Tlatelolco, Bogotá, San Francisco, Praga.
1968-1970.


FANFARRIA PARA UNA AMIGA TRISTE

Ingredientes: una acera, una
piedrecita, un zapato, y un be-
llo dibujo con tiza, preferente-
mente de colores.

JULIO CORTÁZAR, Rayuela

Para Zulay Soto

1

Página a descifrar o rito mudo
de su centro impreciso la noche desborda.
Saquea los armarios, abre libros
y desparrama flores viejas y postales
y sin timón se cuela en los rincones
y en ese rito mudo llueve sombras
para cubrir de olvido las palabras.

2

Memoria o desmemoria: a menudo tu tacto

Rendidos a la noche somos suyos.
Abrimos ojos interiores. Puertas viejas
que conducen a corredores
ante los cuales lo innombrado brota
y es creado un lenguaje deslumbrante
para guardar en él las manos
absortas en su propia tibieza.
Conozco de la noche solamente
lo que ella entrecortada engendra.
Sus bordes, su atmósfera,
su acento lleno de serenas mentiras
y el poder de sostener las hojas en el árbol
y sustentar eternamente los besos del amante.
Conozco que la noche es el olvido de la lluvia
o la imagen de un mundo infinito y sin salidas,
engendrado en la matriz de todos los objetos.
Sé de la noche por sus párpados gastados
y la muda forma del agua
y sellada belleza a cuyo peso me rindo.

3

Palabras, mutaciones, signos

Llegó la noche por mi infancia
antigua y el silencio
y brevedad de todos sus minutos.
Quizá también me acerco a ella
al escuchar la voz menguada de los ríos
o los silencios desnudos bajo cielo.
Junto al despliegue de la noche el mundo crece.
En la farmacia
algunos muchachos beben Cola-Cola
y fuman mariguana, hablan a gritos
y hacen silencio repentino
al pasar una muchacha.
Esto es el mundo. El aire que se enreda
en los cabellos de alguna mujer
empuja un poco de la historia
y un insecto muerto es un anuncio pequeño
que advierte y participa
en el secreto ritual de todos nuestros actos.

4

De ti mismo olvidado, él me vigila

Y uno despierta y se levanta
incapaz de reposo y se desploma.
Obstruye la palabra y extiende óxidos
para cubrir a todos los recuerdos.
Sé que estoy vivo y sin embargo
mi rostro ha perdido sus facciones
y se ha gastado en movimientos
para celebrar a todos los recuerdos.
Poblar un parque vacío con la palabra
y darle hojas al árbol
y límite a la fuente y crear con sílabas
el tejado y a la puerta.
Y la voz perseguida de ese todo que somos
y que dialoga en diáspora continua.
Canción es la mirada en suyo fondo
y se escucha un eco sembrado de sonidos:
madriguera en la que vamos a encontrarnos,
cara a cara, huraños y sin rostros.

5

Pequeña agonía de mi padre

Mi padre amasaba las sombras
y creaba sílabas y rostros
que transmitía confiado
y yo soy su hijo con mi disfraz de sombras
y obsesionado de palabras.
Fuer artista, relojero, oficinista
y a veces marinero
y cuando recorrió joven el mundo
tocando la guitarra y bailando el swing y el charleston.
Era alegre
pero suspiraba triste por los tejos, la nieve
                                                                     /y las colinas
de West Virginia o Massachusetts.
Hace años vivía secuestrado
por sí mismo. Escribiendo textos
que olvidaron las sombras
y asistido por la mirada de mi madre.
Para escribir sobre él es necesario el sueño.
El sueño descarnado que verifica que un cuerpo
es siempre el trozo de algún árbol
y el plomo sobre el molde no puede desterrar
la angustia o dispersar el miedo.
Hablo del sueño sembrador de fechas.
El que pasa su mano sobre el tiempo
y el terror del ajusticiado
al contemplar los restos de su cuerpo.
Nunca más solos frente al sueño. Abrid
todas las puertas y ventanas.
Dejad que la luz y los mendigos
forcejeen ante el umbral
y dejadlos entrar al festín del sueño
que transcurre y esparce su libertad sobre los cuerpos.
Caminaba mi padre siempre como por sí mismo,
buscando la razón de sus manos
y sus ojos y las huellas de nuestros viejos abuelos
que vendían delicatesen en Manhataan.
Y escribía nombres extraños en el Libro de Zohar
y criaba las plantas y cortaba las rosas
y copiaba mis poemas en su oficina.
De memoria en memoria,
húmedo de recuerdos se enfermó de pronto
y escuchando música a oscuras
creía ver el perfil de algún amigo
donde solo eran sombras
y nunca aceptó completamente la muerte del Che
o que en Vietnam del Norte
los niños sigan yendo a la escuela bajo el suelo.
Se murió de círculo en círculo.
Irrecuperable para sí mismo
en la orfandad de nuestras miradas
y desde el principio en la música
y desde siempre en la tierra.
Y unos niños cantaron el salmo catorce
y un pequeño fragmento de la Misa Criolla.
Tal es su historia. Como toda biografía:
un parpadeo, un pequeño acaso de algo
entrevisto por diminutas rendijas.
Un rostro sin escape, un cuerpo para siempre
debajo del aire, único en la tierra
en un monólogo mudo y una pequeña placa:      

Our beloved father
1903     1968

6

De lo que de ella conozco

Ante el lugar señalado abro la puerta
y el corazón y las dos manos.
Riego mi voz y soy recompensado
al recibir las voces del mundo.
Crezco sobre mis ojos y soy arrastrado
a celebrar el silencio prolongado
en la piel de dos amantes ayuntados.
Con insistencia castigo a las palabras.
Conjugo un verbo y creo del corazón
de cada sílaba la oscuridad sonora.
Sé que me agobia la noche.
Pero canto lo que de ella conozco
y satisfago una deuda
con su bondad de panecillo rancio.

7

La total estación

Que del verano nazca, crezca y ramifique
la total estación.
La siempre viajera buscando
un cuerpo o una orilla,
reúne fragmentos para hacerse
o completarse en la noche.
La música profunda escuchada hacia dentro
que crea sonidos que solo en silencio repercuten.
La estación que es río, que es mujer
y madre de mí mismo
y sin embargo procede de mi carne.
Solo el aire la puede contener
con su desordenada luz
rondando por los cuerpos y escondida al final
por entre vellos y linfas.
Mirándola mudante en un espejo,
sus dos senos firmes y nocturnos
la separan de la traición del tiempo.
Duerme sobre sí misma. Envuelve al mundo.
Lo recrea y lo libra de la prisión del aire.
Que del verano nace y es invierno
y otoño y a veces primavera
con su verdor pequeño y su musgo transitorio.

8

Oboe sostenido para mis amigos lejanos

Acogido en tu piel y desplegado
me llego hasta tus ojos,
ahuecando mis manos para contener las voces
y al invierno y a las melodías
que se escapan de los bares y retroceden
en duro combate con el viento
hasta su lugar de origen.
Alguien a quien he olvidado
me dijo que hay un día
dispuesto para todos nosotros.
A pesar de los diarios y las agencias de noticias
y los vigilantes consumidos en la mirada
de sus propias fechorías
y a pesar de los impuestos y la apatía de los jóvenes.
He encontrado en ese día varios rostros
de mis amigos y vecinos.
Yo pienso en una mesa en que estaremos todos.
En el día de las manos abiertas
y en el cerillo que incendie el granero
en que se esconden las sombras.
Voy invisible de un oído al otro.
Me adelgazo y me adentro en las casas vacías
y en las llenas de gentes
y en las llenas de nada.

9

Color de lluvia, mi ciudad se te asemeja

Debo decir de mi ciudad.
Cartago huele a pan horneado,
a eucalipto, y es justo decirlo, a veces a boñiga.
Es una ciudad pagada de sí misma
que sin embargo amo
como si fuera una muchacha flaca
o una abuela impertinente.
Vive de historias
que ella misma se inventa
y que hemos visto crecer detrás de las cortinas,
donde débiles ancianas
de lenguas móviles, y por ello diminutas,
cuentas chismes o dicen oraciones,
olvidadas en roídos misales.
Cartago tiene acequias
bordeadas de berros y de peces
y árboles grandes de los que cuelgan
nidos de oropéndolas y piapias.
Esta ciudad se nutre de nombres antiguos casonas
y de poetas que adoran lechuzas
y monseñores que tenían hijos con las criadas.
Cartago es un recuerdo de botella sellada.
De don Ricardo Jiménez con bombín
jugando al escondite con Beatriz Zamora
                                                                   /en los corrales
y terremotos suspensos sobre todas las torres
y lágrimas lentas y campesinas
cayendo sobre surcos y huertas.
Mi ciudad es como el polvo de gofio
o las escapadas para buscar gusanos y abejones
en potreros y patios.
Debo decir de esta ciudad verde y oscura
que tanto se asemeja a tus gestos simples
y a tus palabras gastadas.
Hablar del mueble
dentro del cual las polillas enloquecen
porque sus nuevos dueños
han barnizado las puertas y victrolas
y han quemado las sillas que olvidaron
los antiguos señores y han echado al fuego
los empapelados de flores inmensas.
Cartago es reaccionaria
y triste y solitaria
a pesar de las casas nuevas
y la súbita invasión
de algunos nuevos apellidos.
Sobre sus calles todavía repercuten
los tacones
de alguna beata rezagada
y a veces una señora vieja
toca el piano, Chopin o Schumann, puede ser,
cuando los peones vienen de las fincas
y en la plaza los chicos descalzos
y con el torso desnudo y dorado
juegan al fútbol o hablan de muchachas.
Cartago es una ciudad de nombre masculino
y sexo femenino,
que amo porque ya no tiene estaciones
y casi no le quedan parques o estatuas
y en medio de una batalla entre la niebla y el aire
sus colibríes emigraron al norte.
Es una isla diminuta
y a ella pertenezco pues se te parece
y porque el corazón y el sueño quedan para siempre
en el paisaje dentro del cual
olvidamos la inocencia.

10

A menudo un final apenas desemboca.

Como se anuncia una estación perpetua.
Como se mueve la nieve
y empiezan a brotar los insectos
y las hojas y la hierba sobre el aire,
una nocturna barcarola sobre la piel del mundo
va creciendo.
Nazco a una boca o quizás a una pupila.

San José, enero de 1970.


ODA A NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

A Eunice Odio

Coelorum reginae, Angelorum Dominae Reipublicae
de Costa Rica dilectae ac delectae Patronae…

MONS. VÍCTOR SANABRIA M.

El alfiler va ahondando
al duro corazón de piedra. Miguel,
desde la cumbre, hirsuto toca la gota
de agua santa, raspando la intensidad
de la piedra. La cera recibe el último
deseo del peregrino. La bruja, tonta,
en su arabesco ingiere su ración
de trementina, para evitar que se le pudra
la garganta. Las rodillas, testarudas, luchan
contra la lustral alfombra del pecado. Rafael
recibe el lagrimal con toscas manos espectrales
y la placenta se pega suavemente al aire,
dulcemente sonámbula en su sueño. La sierpe
inmóvil cae: los fieros colmillos
atacando el seno de la Virgen.
El abismo pesado del lenguaje goteando en el reloj
no escuece el humo de los ojos. El agua santa mana
y brota de la ceniza algún augurio: alfombra o molusco
para raspar los milagros. La vela, sedienta,
ataca al ángulo desnudo de la luz, bailando
sobre la espalda fúlgida de los peregrinos,
sin preocuparse de la patinada aridez
bajo la nave del ojo.
María, hierática, lentísima
entre las cortes celestiales, sostenida
por la forma superior del jaguar,
protege al Hijo por sobre la transmigración
de la substancia. María, esposa de José,
el hijo de Jacob y nieto de Mattán,
la madre invisible de Emmanuel.
Tegumento misterioso esta mujer que vence
a las arañas. Discípula del Sol,
madrépora mineralizada por ángeles de seda.
He aquí la velocidad de su cuerpo irguiéndose:
              Alma y cuerpo subiendo,
              desperdigándose en átomos.
              Arde. Sube
por sobre el círculo benéfico, triturando serpientes
legañosas, polen pascual que la cubre
como diminuta cariátide de piedra avanzando
entre caballitos de mar. Sello erguido
como un pedestal silbante entre las ruinas.
              Esta es la esencia del amor:
La destrucción del tálamo, el cumplimiento
                                                        /exacto del designio:
La flor silbante en vilo por la noche.
La metamorfosis de la rosa en hálito de Dios:
El címbalo hecho agua sobre el rostro del Crucificado.

1-2 de agosto de 1972, San José

Del libro Cántigas de Escarnio (2018).

Selección: Lovesun Cole

ALFONSO CHASE (Cartago, 1944) es uno de los escritores costarricenses más destacados e influyentes. Participó activamente en la fundación de la Universidad Nacional (UNA), de la cual fue catedrático, y donde se desempeñó como profesor de talleres literarios, asesor cultural de Rectoría, docente investigador en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje y director de Extensión del Centro de Estudios Generales, entre otros cargos. Asimismo, ocupó puestos de diversa naturaleza en varias instituciones de Costa Rica, entre las que podemos citar la Editorial Costa Rica (ECR), la Asociación de Autores y el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD), del cual fue cofundador (1970). Ha publicado los poemarios: Música solar. Antología poética: 1966-2016 (2017), Cántigas de Escarnio (2018), Piélagos (2017), Jardines de asfalto (1995), entre otros. En novela; Los juegos furtivos (1967), Las puertas de la noche (1975), El pavo real y la mariposa (1996), entre otros. En cuento; Mirar con inocencia (1975), Ella usaba bikini (1991), Fábula de fábulas (1979), entre otros En ensayo; Nuestra señora de los ángeles: madre de la cultura, (1996), Los herederos de la promesa (1997). Y compilaciones; La hora del cuento, (textos para secundarios, 1982), Las armas de luz (poesía de la América Central, 1985), entre otros. Ha sido profesor en universidades de Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela y Guatemala y jurado de los principales premios literarios del continente americano. Es miembro PHI BETA DELTA, de la Honor Society for International Scholars, miembro extranjero de honor de la Popular Culture Association (PCA), ambas de EE.UU. Y pertenece al capítulo costarricense de la International Board on Books for Young People (IBBY). Poemas y relatos suyos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, polaco, serbiocroata, ruso y griego moderno, entre otros, e incluidos en numerosas antologías. Premio Nacional de Cultura (1999), Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en las ramas de poesía (1967 y 1995), cuento (1975), novela (1968 y 1996) y ensayo (1986). Premio Carmen Lyra de literatura infantil (1978). Reconocimiento Doctorado 𝘩𝘰𝘯𝘰𝘳𝘪𝘴 𝘤𝘢𝘶𝘴𝘢 de la Universidad Nacional de Costa Rica (2022).

Poesía costarricense actual: Marianella Sáenz Mora

22

Tengo el ansia desarraigada del aire,
una insuficiencia de luz
envolviéndome las nostalgias,
aun las que creía guardadas
en los cajones de mis parpados dormidos,
porque enganché a tu vientre
mi rosa de los vientos
los ojos de Juana
y el gris tristísimo de la higuera.


Tengo una nostalgia libre
dormida
en el pretérito del suspiro
porque anhelo la paz
sostenida con un hilo de nylon
sobre esta piel
olorosa a mañanas y naranjas
sin esquirlas de añil sobre el insomnio.


Tengo, pero ¿qué tengo?
si no tengo nada,
sólo mi cabellera extendida
reinando inútil
y descaradamente satisfecha
sobre tu almohada.

                                                                                 Alusión a Juana de Ibarbourou





26



Me gustan los monstruos.
Ese amor teratológico
cargado de significación inmaterial
de sentimientos contrapuestos,
revelador de secretos amnióticos
de acciones prohibidas,
de confusión y cuestionamientos.


Proyección de las regiones oscuras
en el mar de mi psique
donde la supervivencia orbita
en medio de
la involuntaria colección de propiedades
que fluctúan entre el amor y el miedo.


Un solo ojo
tres corazones bombeando sangre azul,
veo su cara de ave mientras dibuja herbolarios
para camuflar sus cicatrices
víctima también.


Unidos ahora por la resiliencia
acepto los juegos que la claridad refleja ocasionalmente
en las paredes más ocultas del ser
y así
decido girar la llave exhibida
en el cerrojo más antiguo
al centro del pecho.



                                                           Ambos del poemario Transgredir(se), Torremozas 2019




DESDE FUERA DE LA CAJA 


Un caracol me mira con sorpresa
desde su manera de soñar,
no puedo negar que su presencia
es el recurso simple de algún recuerdo
para ver la luz.

En esta versión de la realidad,
mi voz es un frasco de tinta
para experimentar la palabra
y salpicar paredes blancas en la caída,
desde todas las coordenadas
donde la rosa de los vientos
inmersa en un mar oscuro y quieto,
sirva de anclaje en la distancia.


Aprendo el oficio
de salirme del cuadrado,
pongo a prueba
la fuerza de mi intención
esa que me libera
de la parálisis expectante del silencio.


En este ámbito del experimento
donde convergen tantas cosas salvajes
y la pasión es espiral,
se gestan sueños,
pequeños mundos de sal
mientras todo reposa
sobre la fragilidad de su circunferencia.


Contemplo la imagen
para seducirla, para hacerla mía,
letra a letra
pese al efímero instante en que aparece,
sutil y húmeda como rastro de molusco.


Entonces, un escozor en la consciencia
parecido a las sombras de los árboles
empieza a callar la noche,
y es un juego añejar la palabra
en el último estadio de la metamorfosis
que dará a luz al poema,
si no
habrá que convertirlo en briznas del aire
resquebrajarlo con pizcas de luz
para que lo sueñen niños y monstruos
sin que nos demos cuenta.

                                                                   Para Jon Andion, con Intertextos de su obra





Gestión por María Macaya


Marianella Sáenz Mora (Costa Rica) Turismóloga graduada de UMCA y ULACIT. Poeta, narradora, gestora cultural orientada a la acción social. Además escribe haiku y literatura infantil (inédita).Facilitadora de talleres de fomento de lectura de poesía contemporánea, creación literaria inicial y de poesía como herramienta terapéutica. Ha publicado tres poemarios y participa en más de una veintena de antologías internacionales. Su obra ha obtenido reconocimientos tanto dentro como fuera de su país, cabe destacar el Primer Lugar en la categoría de cuento del Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarro, Chile (2020) y el Segundo Lugar en Poesía del Certamen Literario Brunca (2015), Sede de Occidente de la Universidad Nacional de Costa Rica.