La poética de Osmany Echevarría

por Giselle Lucía Navarro

Esta semana los invito a conocer la obra de un poeta cubano que sostiene la poesía como una experiencia de vida, punto de salvamento contra lo rutinario de los días y la soledad.

Osmany Echevarría Velázquez nació en Sandino, Pinar del Río, en 1979. Es poeta y editor. Licenciado  en Lengua Inglesa, ha sido profesor universitario con categoría Asistente, periodista y traductor. Editor y corrector en el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz. Ha obtenido menciones en el Concurso Alcorta, auspiciado por la UNEAC de Pinar del Río en los años 2005 y 2007; así como la Beca de Creación “Sigifredo Álvarez Conesa” en el 2009, auspiciado por el Consejo Nacional de Casas de Cultura. Asimismo, fue finalistaen el concurso literario Paco Mir, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)  en la Isla de la Juventud, 2013. En el 2020 fue ganador de la Beca Dador, en la categoría de proyecto de libro de poesía, que otorga el Instituto Cubano del Libro.

Tiene publicado los libros: Confesiones del Péndulo, Editorial Hermanos Loynaz, Pinar del Río, 2003.  Naufragios del Pez Lunar, Editorial Hermanos Loynaz, Pinar del Río, 2011. Compilador de Antología de narrativa cubana y uruguaya Distancias del Agua, Editorial de la Universidad del Trabajo de Uruguay, 2012 y Turismo Nacional, Editorial Áncoras, Isla de la Juventud 2017.

Su poesía, de lenguaje claro, libre de discursos autoimpuestos, casi siempre desde lo autorreferencial, hilvana temáticas relacionadas con la vida cotidiana, la muerte, el dolor, el tiempo, las pérdidas inevitables, el pasado, las creencias espirituales, el desamor, la nostalgia, la ausencia, la espera, los desasosiegos y contradicciones del hombre que se refugia en el vacío, y se construye desde esa nulidad. Explora los límites del recuerdo, la ansiedad y la propia conciencia para traducir su esencia en palabras, palpar en ella realidades e historias, y regalarle esas sensaciones e inquietudes al lector.

Los poemas, como catarsis, viejos pasajes interiores, van colocándose en la cabeza del poeta. Osmany camina en el interior de un apartamento, una ciudad, un flashback de su memoria, vacía y habitada por tantos seres innombrables; se asoma a la ventana, o en la puerta de su casa, observa los alrededores, se mira en el espejo y, mientras fuma un cigarrillo, se pregunta “¿qué es la soledad?”, y las palabras vuelven a acomodarse en el papel, como la única cura contra el solipsismo.  


CONFESIONES DEL PÉNDULO

Existe la musculatura del tiempo…
Rafael Acosta de Arriba

…Viento y arena fueron mis palabras:
no vivimos, el tiempo
es quien nos vive
Octavio Paz

Me deslizo sobre el cóncavo decursar
                                 del reloj,
tejiendo melodías en la sed de mis fantasmas,
ocultando toda ambición en el vestigio de los años.
El tiempo es este carrusel que nos rige
en el preciso instante
que la vida se lanza al acertijo;
de su mordida no emana sangre:
solo viento y arena en las palabras.
 
Débiles somos ante su musculatura
(un punto inerte en una cuerda sin límites)
polvo y cenizas danzando en la grieta
                                  de las horas.
El vacío nos ata a sus extremidades
como a simples marionetas,
nos lanza al suicidio
y tratamos de sostener ese hálito de eternidad
que se anida en el legado de los actos.
No intentes buscar la salvación
en el irrevocable parpadeo del calendario,
el secreto está en amar cada segundo
que te desviste
como si la vida fuera un pez,
a punto de escurrirse de las manos.

(Confesiones del Péndulo, Ed. Loynaz 2003).


DESDE LOS LENTES DE OTRO NÁUFRAGO

a John Lennon

Este apagón sin horas luz ni interruptores,
mis palabras crucificadas por la hibridez;
las arterias cerrándose como un portazo
y el corazón como un drum en esta isla.
Nadie pregunta si la felicidad
consiste en esperar la partida
o la ausencia de otro viaje.
Aquí el mar es un slogan reciclado;
unos se reconocen héroes en el vientre de los peces,
otros los acusan de necios por beberse dos orillas.
Claro está,
          ni los himnos,
ni las canciones de gloria harán brillar a las ratas
—como dioses—
tampoco mis argumentos en las pupilas de Yoko Ono.
Soy un extraño en la discordancia
de mis canciones:
a veces reales,
             a veces etéreas.
Los jóvenes olvidan sus tatuajes, me abrazan,
lloran en la complicidad del bronce,
de mi piel que es lo mismo,
y el anciano trae flores maldiciendo el silencio
después de ahogarse en alcohol,
otros  maldicen el alcohol después de ahogarse en el silencio
o en cosas menos transparentes
como este apagón en la inocencia de yesterday,
con los lentes del náufrago que soy,
del espía que siempre me creyeron,
—cruzado de piernas—
en una costa inconclusa como mi nombre.

(Naufragios del Pez Lunar, Ed. Loynaz 2003).


TEORÍA IMPRECISA PARA ATRAPAR AL PEZ LUNAR

Se duerme aún en las aguas
del país,
sin gárgolas que espanten pesadillas
ni la ceguera elemental de quien mira
a través del espejismo cotidiano.
Scream my name, dice el muchacho
ante el espantoso graffiti en su espalda;
scream before the sun sets,
aclaman todos ante la ausencia del pez lunar.
Una muchacha gira en el desliz de mis reflejos
mientras Panero se retuerce en el lodo,
yo también llevo una mujer sobre mi espalda...
 mordiéndome el cuello ebria de mi sangre.
Me proclamo out of order al asaltarme la amnesia,
y respondo como si Jesús ordenara:
“Levántate y anda”
ya sin inteligencia para descifrar las calles
que me (pre)disponen,
ya sin alma porque el corazón
es inversamente proporcional al vacío.
Bebe, sonríe, llora,
calla cuando la lluvia se precipite
sobre el vientre de tus fantasías,
salta al otro lado de las olas si es preciso;
la felicidad puede ser un bastón en reposo
sobre las podridas tablas
de un banco cualquiera,
en un parque cualquiera,
de un país cualquiera
y para atrapar al pez lunar basta con descubrirse
en la imperfección de sus manchas.

(Naufragios del Pez Lunaz, Ed. Loynaz, 2003).


NOCHE VIEJA

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas…

Andrés Eloy Blanco

Alguien deja doce uvas en mis manos,
y ante el jugo es ácida la boca.
Pide un deseo con cada una, dijeron,
pero con su piel quedé atragantado.
Apenas fui extranjero,
quise escapar de ciertas cosas
como el peso de la mala vida sobre el espinazo.
No temo a esta ciudad con nombre indígena,
sus calles de buhoneros,
y habitantes que sudan cada tarde
en la avenida.
Colón tiende la mano en una plaza
con palomas y niños que hablan de economía;
quienes también extienden la mano
por monedas;
y el calor es un negocio,
el sexo una cita con chicas gordas,
capaces de sacarle ganancia
a sus cuerpos quemados
       por el sudor y el semen.
Dios está en los cerros,  
en las esquinas
donde los muertos renacen desde las balas.
A medianoche otros se besan;
otro año se esfuma en la voz
de la emigrante colombiana
       que me llama ermitaño,
hombre sin más patria que sí mismo;
el peso de sus palabras rondan la noche vieja,
en un país ajeno y cercano a pesar de todo.
Cierra la noche
      con la fe de mi madre sobre la espalda,
y la certeza de que quien regresa
no es el mismo.

(Turismo Nacional, Ed. Áncoras, 2017).


SOBRE LOS BREVES ESCRITOS EN UN CAFÉ

La gente se agrupa alrededor de las tazas y el humo trepana fosas nasales como un espectro delicioso; mientras tú, desconocido ectoplasma ante los otros, lees las corrugadas letras en las paredes como postmodernos jeroglíficos decorativos. Y descifras trescientos sesenta grados alrededor, cuánta soledad existe en los contorsionados mensajes escritos:

Un árbol solo crece al amparo de la lluvia ¿pero dónde llueve ahora mismo con tanta sequedad dentro de mí?

Amo al ser humano, pero el ser humano ignora que existo…

El amor me ha sido negado por la estéril manía de los hombres de emigrar como aves sin cabeza.

Soy una tierra donde nadie permanece…

La soledad tiene ojos sepia igual a las amantes que partieron sin previo aviso, mientras espero que regresen, mientras persisto en creer que el amor existe.

Dentro de mí crece un vitral, no pregunten cómo hago para sobrevivir, solo sé que no puedo quebrarme…

Sobre la teoría del vaso a la mitad, tuve la opción de escogerlo medio lleno, pero ¿qué soy sino un recipiente medio vacío?

Así, terminas deslizando un marcador en algún espacio mientras absorbes el café y te marchas: Soy Walter B. Jehovah, nunca escogí la ausencia, inevitablemente la ausencia me escogió a mí.

(Discurso de un hombre en el vacío, inédito).


Giselle Lucía Navarro (Cuba, 1995) Poeta, narradora y diseñadora. Es licenciada en Diseño Industrial por el Instituto Superior de Diseño de la Universidad de La Habana y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Profesora de la Academia de Etnografía de la Asociación Canaria de Cuba. Dirige el Grupo Literario Silvestre de Balboa. Ha obtenido diversos reconocimientos entre los que destacan el Premio Edad de Oro 2018, el Pinos Nuevos 2019 y el David de Poesía 2019 que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Ha recibido menciones en los concursos internacionales Ángel Gavinet (Finlandia, 2012), Poemas al Mar (Puerto Rico, 2012) y Nósside (Italia, 2019). Ha publicado Contrapeso (Colección Sur Editores, 2019), El circo de los asombros y ¿Qué nombre tiene tu casa? (Editorial Gente Nueva, 2019). Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés e italiano, y publicados en antologías y revistas de Cuba, España, Chile, Perú, Estados Unidos, México, Finlandia, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, Italia, India y Bélgica.

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