Nunca están perdidas
Cinco detonaciones a distancia me abrieron los párpados. Cinco los años de mi niño. Cinco a la hora que lo llegué a despertar para la escuela. Cinco sentidos fenecidos frente a mí. Las balas perdidas siempre paran en algún lugar.
Durmiente
Sus párpados se abrieron como un pequeño telón y se vio a sí misma acostada sobre el lecho rodeada de flores marchitas. En el sueño que soñaba, se vio despertar y al abrir sus ojos, se encontró con otro par que la veían, y aunque deseó no tener ese presentimiento al filo de sus labios, supo de inmediato que lo soñado era una pesadilla: la de vivir durmiendo y esperar al príncipe que la despertara.
Despertó entonces y al abrir los ojos se enteró que aún seguía soñando y que la imagen vista, no era más que su imagen repetida en centenares de espejos durmientes y proyectaba lo absurdo de su existencia, un sueño tras otro, sin retorno.
Irrealidad
Gregorio se miró insecto. No supo si lo soñaba, si lo sentía, si lo deseó. Gregorio se dispuso a probar el insecticida. Luego de eso, no supo si lo soñaba, sentía o deseó o, si más bien, moría.
Resignación del amante
Él lo amaba, aunque cada luna llena tuviera que cubrir los ventanales con gruesas cortinas.
Alternativas
Estás frente a mí, desconocido y conocido al mismo tiempo. Hemos caminado silentes sobre las calles empedradas, fuimos dos cangrejos en la arena de una playa migrante; no sabíamos lo que se vendría en el futuro y ¿por qué habríamos de saberlo?
Incluso ahora, sigues estando frente a mí parecido a una estatua de sal, no podría decirte qué ocurrió.
Quizá volteaste la vista hacia esas historias, quizá yo conjuré una clepsidra bajo nuestras camas; quizá somos dos peces creyendo que son humanos y nadan en cardúmenes anónimos y desmemoriados sin saber de su propia existencia.
Automanjar
Cavo la tumba. Profunda fosa para el cadáver de una mujer. La muerte me da miedo, pero eso no me detiene, pronto estaré dentro de ella y sabré a que saben sus delicias.
Precuela
La noche la sacudió desnuda sobre la cama. La sonrisa lunar no provoco una de vuelta. Ella tenía miedo. La luna, la noche, la oscuridad, el aullido de un perro, el canto del gallo, eran malos augurios. Las madrugadas le generaban una ingrata desesperación.
Clock, clok, el minutero corría hacia el minuto que murió. Una lágrima vaporosa le alargaba la pestaña sin pedir permiso. El miedo la invadía. Algo malo había de pasar, ese presentimiento era un juego de ruleta rusa cada noche o cada dos.
El picaporte se sacudió con torpeza, luego la puerta se abrió. Ella ovillada en la sábana contuvo la respiración. La sombra se alargó bajo el marco de la puerta y el hedor a licor que expelía el cuerpo robusto, le anticipó la cruenta batalla de golpes de la que una vez más no iba a escapar.

Laura H. Zúñiga
Nace en 1982, nace en Desamparados, San José, Costa Rica. Investigadora, escritora, gestora cultural y docente. Licenciada en la Enseñanza de la literatura y el castellano (UCR). Diplomado en Educación Primaria. Máster en Escritura Creativa de la Universidad de la Rioja, España y Maestría en Literatura Latinoamericana en la UCR. Ha recibido formación en artes escénicas, bailes folclóricos, danza contemporánea y flamenco. Ha sido profesora universitaria.
Su obra se ha publicado nacional e internacionalmente en libros, antologías y revistas. Ha participado en ponencias de literatura en Honduras, Francia, Italia, Guatemala, entre otros. Ganadora del Premio Nacional de Cultura Aquileo J. Echeverría (2024) en cuento con su obra Anatomía de una casa, I Lugar en el Certamen UNA Palabra (2022) y el II Lugar en el Certamen Luis Ferrero Acosta (2021) con “En el estero sube y baja la marea” (cuento) Mención de honor en certamen de poesía Estados Unidos.
