Luis Miguel Tapia Bernal
Goran Vojnović
Yugoslavia, mi tierra
Libros del Asteroide, 2017
Barcelona
365 páginas
Este año en mi cumpleaños, recibí una novela extraordinaria que leí como se bebe un buen vino, saboreando y degustando cada página, sorbo a sorbo. Una obra inquietante, sensible y profunda, de esas joyas que aún pueden encontrarse en medio de esta sociedad líquida donde los libros son un objeto más de consumo, pensados únicamente para vender con fórmulas garantizadas que, en el mejor de los casos, son simplemente buenas narraciones sin más.
El libro es Yugoslavia, mi tierra, del esloveno Goran Vojnović (Liubliana, 1980) quien estudió comunicación audiovisual, es guionista, director de cine y televisión. La edición está a cargo de Libros del Asteroide, con una traducción impecable de Simona Škrabec que nos ofrece notas muy precisas y valiosas para poder comprender aún mejor el contexto, las palabras, el sentido y los personajes o acontecimientos históricos involucrados. De momento en español, es el único libro traducido de este escritor, que ya es considerado de los mejores de su generación. Ha publicado artículos, poesía y su obra ha sido traducida a varios idiomas.
La historia tiene una premisa aplastante: un hijo cree que su padre murió y años después, buscando en internet, no sólo descubre que está vivo, sino que está acusado por crímenes de humanidad en la guerra de los Balcanes, por lo que decide empezar su búsqueda, en medio de los recuerdos, el desconcierto y una serie de destinos rotos, donde la guerra, que es herencia de años y que marca generaciones va dejando cenizas a su paso.
Vladan, el protagonista, perdió su mundo y su país. Un día inesperado, debe dejar su ciudad natal cerca del mar y se va sin despedirse de sus amigos con los que compartía códigos y aventuras. Las familias del ejército debían salir para, ¿ponerse a salvo? Ahí comienza un desplazamiento y un mundo que se rompe cada vez en pedazos más pequeños, que le hace perder su idioma, su identidad y lo lleva directo a la orfandad y la soledad más profunda. Así pasan los años y conoce a Nadja, su novia, con quien vive, pero con quien no puede abrirse, porque su pasado es un tormento al que no quiere volver. Es entonces cuando comienza el camino detrás de las huellas de su padre, entre la esperanza, la duda, la guerra interna, la contradicción y el miedo.
La novela se sostiene en todo momento en un equilibrio entre la precisión y la sensibilidad, con una arquitectura que va mezclando el pasado y el presente, las ciudades, los países, las ideologías, los extremos, el trasfondo político, los ecos de una guerra, la desconfianza que se respira en el aire, la música y sus consignas, Eurovisión, los partidos de futbol, los vecinos, las tardes llenas de momentos memorables en medio de lo cotidiano que se valoran profundamente justo cuando ya no están, los abrazos fraternos, los juegos, las bebidas que desaparecen, los padres de otro tiempo, los secretos, las explicaciones, los que fueron y ya no pueden ser.
A lo largo de las páginas toca muchos temas que va desmenuzando e interpelan al lector. La ceguera elegida que todos en algún momento tomamos como salida ante una realidad dura y terrible. La dualidad o las muchas formas que una misma persona puede adoptar ante las situaciones. La relación tan compleja entre padres e hijos que cargan su propia historia y sus secretos. El duelo y sus muchas caras para afrontarlo, postergarlo o dejarlo abierto permitiendo que se convierta en un fantasma que aterra y persigue con los dientes afilados del dolor que te muerde y no te suelta. El amor y sus formas, y esa vida que va mucho más allá del blanco y el negro, donde las víctimas son perpetradoras y los perpetradores fueron, son o serán víctimas. La huida como única forma de vida que te convierte en un cobarde que sólo sobrevive. Hasta que enfrentas el miedo, lo miras a la cara y confrontas todo aquello difícil de procesar. Aunque hay experiencias tan complejas que no es sencillo acomodar, pero que al menos al mirar de frente permiten poder tejer la vida en donde se rompió.
Es un libro lleno de contrastes, donde no es necesario juzgar, señalar, o meter una moralidad que entorpece el fluir de la vida y menos en una guerra donde los códigos cambian por completo, ya que se despliega toda una serie de propagandas, fichas que se mueven, heridas que se reabren, elecciones personales o simples respuestas ante los acontecimientos abrumadores. Lo cual no significa dejar de señalar los actos, sino poder mirar un panorama más amplio como el que logra ir trazando Vojnović.
Hubo una frase en especial que quedó retumbando en mi: «La soledad es el lastre de todos aquellos que sueñan que son inocentes». Esa inocencia que se busca preservar para poder vivir, a veces elegida y otras como producto de las acciones, las respuestas, los patrones que surgen y no se cuestionan, aunque se mantienen en el tiempo, pero al verlos perdemos la inocencia para adueñarnos de lo que nos toca. Pretender la inocencia ante las situaciones en las que interactuamos es garantizar el abandono de uno mismo.
Espero puedan leer pronto esta gran novela y deseo que se traduzcan y lleguen más libros de este prometedor escritor.

Goran Vojnović (Liubliana, Eslovenia. 1980). Estudió comunicación audiovisual, es guionista, director de cine y televisión.

Luis Miguel Tapia Bernal (México). Sociólogo y psicoterapeuta. Autor del libro: Las intermitencias del amor (2019)
