Horticultura
Al corazón de una cucurbitácea no se llega con flores y chocolates. Se escoge la que de vista luzca uniforme en color y, al tacto, de rugosidad parejita.
Se lleva a casa y coloca en el euclídeo espacio de la tabla de cocina, con coordenadas polar por radial y acimutal.
Se toma una hoja afilada, de papel cultural preferentemente, y se hiende en dirección al centro, considerando una magnitud en ángulo que forme un eje.
Si se llega al origen, escribir una anécdota sobre tardes en las que se apaga el calor comiendo fruta. Si no, repasar el despeje de la fórmula, buscar una figura geométrica y pensar en el movimiento que haga un poema, como el cilindro del vaso de Muerte sin fin.
Retrato
(Final de cuentas)
Y ahora, una vez más, pido a mi espantosa progenie que prospere.
Le guardo cariño, pues fue el retoño de días felices,
cuando la muerte y el dolor no eran más que palabras,
que no encontraron genuino eco en mi corazón.
Mary Shelley
Mi cuerpo es nación extensa y blanda que se distingue
de otras 10 mil sólo por ser mía;
mi cabeza es una acacia perennifolia, floreciente en invierno
de longas raíces y duro setim pardo;
con ojos anómalos de distancias, pero escrutadores como pulpo mediterráneo;
mis mejillas son melocotones pringados de melanina; la boca, una gruta sinuosa
con efluvios de caramelo; las manos,
se extienden en largos juncos que hilan mantillas,
versículos de pie quebrado que tejen historias.
Como prueba de mi génesis hay dos huecos, un ombligo y una lápida;
papá suplió los abrazos por los tratados filosóficos, y las caricias
por un libro en blanco; mi leche nutricia
fue el mosto de la poesía.
Con toda esta materia en mi constitución,
soy yo y solo yo
la que, ensoñada en un delirio,
ha creado al gólem, antinarciso;
el moderno pero fallido Prometeo;
un engendro, insulso Fausto, progenitor en fuga,
el pervertido que arrancó a la naturaleza su cariz de madre consoladora
y la convirtió en feroz enemiga.
Soy la madre,
yo, di a luz con mi pluma a Víctor,
el verdadero monstruo.
Barbaturex morrisoni
Los perros muerden el aire de la noche parisina, dan la bienvenida al tacón de su bota y al chasquido del estoperol.
El cadenero del club de los 27 es estricto con el DNI. Jimbo le espeta en la cara:
Despierta, estamos llegando a casa, sol, sol, quema, quema, luna, te atraparé pronto, soy el lagarto, soy el rey lagarto, todo lo puedo.
No se haya la muerte en un pabilo sino al fondo de la bañera: Marat del siglo XX, sin Charlotte, con alma de cobra, riff de guitarra y slide en verso delirante.
Cancela su cita con el doctor Hofmann; el poeta intenta nadar hasta la luna: olvida que la bañera no es el océano, pero tiene marea.
Fiel a su espíritu, el chamán del rockandroll, se ahoga. La legión púrpura de la noche se aleja y esparce las semillas de la duda.
Aliada I
Antes que los hombres se aposentaran en Sinar pasado el diluvio
y su lengua fuese nación; desde Sem, Cam y Jafet
con sus carnes lavadas hasta Abram, Nacor y Haram
todo antes del gran pacto
Antes que cocieran ladrillos en fuego para hacerse de un nombre
antes de que Etemenanki acabase con Babel, con sus azules mayólicas
que rozaban el cielo, y la soberbia divina
confundiera las lenguas
Cuando la tierra toda tenía un solo idioma, cuando las palabras
se sucedían una a otra y dibujaban una sola línea
cuando no había punto ni aire o digresión en el texto
y Él loado era sin prorrumpir su nombre
Cuando los parágrafos eran intrincados escaparates
que asfixiaban las gargantas, la vista y las extremidades
y el neófito podía ahogarse, hundirse, morir por el lenguaje
cuando fuego y hogar eran lo mismo
ya estaba tatuada en mi lengua
la bilabial de tu nombre
Islas
A Daniel e Iván por la putada de morirse
Estar frente a un amigo muerto a la deshora de septiembre
es un pan duro contra la mejilla, un hedor de florero olvidado
las piernas salpicadas por agua de cloaca Llega el vacío frente a lo que de él queda: una camisa a cuadros
Hay que llenarlo con tierra, volverlo una isla
y esperar sobre ella a que acuda un bote y nos rescate

Anja Aguilera. Peregrina de la costa del Pacífico. Estudió Letras en la UNAM. Le apasiona capturar recuerdos con su cámara y forjar poesía. Es editora y especialista en el fomento de la lectura y la escritura. Coordina Luz Vesania, gestión de contenido. Fundadora de Astrolabio de Hipatia, respuesta editorial a favor del conocimiento y anfitriona, junto a Claudia Islas, de Las Correcaminos, podcast de poesía y otros textos en petit comité. Desde 2019 tutela talleres de escritura creativa exclusivos para mujeres, en los que aborda las preocupaciones y ocupaciones de la mujer contemporánea, su relación con sus ancestras y el devenir de su futuro.
