Poesía española actual: Margarita Leoz

DESINTEGRACIÓN

Me he mecido como los bejucos perezosos que, en lugar de trepar, se dejan caer con la
languidez de la muerte. He extraviado identidad y nombre, he sido una sombra transparente:
todo aquello a lo que pertenecía se ha borrado.

Desaparecer, de eso se trata, conservar solo la esencia, despojarse hasta chocar con un
corazón abierto, expuesto y palpitante. Que las moscas se posen sobre mis restos, que los
zanates celebren un banquete en mi honor. Ser entregada al fuego del sol, al embate de la ola,
burlando así a la predestinación, a las arrugas, al polvo de los museos.

No caminar nunca más, perder mis piernas. Que los charancacos altivos repten por mi pecho,
se detengan a olisquear y continúen su camino, como si mi cuello fuese uno más de esos
troncos atrapados con delicia por los muslos de la tierra.

Que mi sangre se torne del añil del mar y mis ojos del verde de Yojoa. Desprenderme de las
últimas cruces, de las últimas sogas. No necesitar ya más de la respiración ni del oxígeno. Que
mis cabellos devengan plantas acuáticas y, llegada la hora, en un amanecer radiante,
desaprendan la capacidad de flotar:

con suma lentitud me irán hundiendo
―hacia abajo, hacia abajo―
hacia ese fondo donde no se distingue el agua del limo,
donde ni siquiera la luz podrá venir a rescatarme
en el límite del tiempo, en el extremo olvido.

Lago de Yojoa, julio de 2022
Poema inédito

QUIERO MORIR ENTRE LAS FLORES

Quiero morir entre las flores
y no ahogada
o con una espina de pez
atravesando mi garganta.
Los pétalos que cubran
como sudorosas hormigas mis ojos,
ceder así sin ver
el testigo de mi duelo a las estatuas.

Y ser vencida por la imperdonable tierra,
por sus huestes herradas de sol,
para que mi cuerpo
estirado por el uso
deje de preguntarse
qué es esa cosa de que las rocas
te devoren
o de ser pasto de la hierba.

De El telar de Penélope, Calambur, Madrid, 2008

EL DORADO

Un pájaro cuyo nombre desconozco emite un gorgojeo y después, como azuzado por un
recuerdo urgente, sale volando de la rama.

Por encima de las picas de los soldados, escucho el tráfago del viento entre las lianas. La punta
de mi arcabuz oscila levemente con el oleaje. Si tan solo un disparo pudiese romper
este silencio, marcar el camino certero por las bifurcaciones salvajes del Amazonas.
Pero no, mi pregunta hiere:

cuántos quedaremos con vida,
cuántos, de los trescientos que salimos de la ciudad de Lima, regresaremos del viaje
incauto,

tantos han ungido ya con su sangre las riberas de este río caníbal. Tan solo obstáculos para su
liquidez invicta que no conoce piedad, dos bergantines y un fluctuar de balsas,
trémulas miradas sobre la superficie.

Vosotras, columnas de follaje, hojas de esmeralda en ruinas, vosotras, que inclináis en una
hondísima quietud vuestras ramas bajo los cielos desprendidos que no alcanzamos a
divisar, vosotras, torres caídas que se lamentan, astros vegetales que dibujáis
quimeras en el aire, vosotras, pobres plantas, hijas de otras constelaciones, atadas a
esta tierra pestilente, demasiado húmeda, maldita, nos atraéis hacia el horror,
vuestros brazos abiertos nos invitan a compartir un espantoso destino. Cuando
alcanzamos la orilla y vamos apartando las flores de bruñidos estambres, exhaláis,
como única venganza, un dulce perfume.

Pesadas gotas se hinchan hasta desfallecer por los picos de las hojas. El día oscurece, se
desprende de su envoltura doliente, cada atardecer como un manto insonoriza la vida
para dejar a su paso un leve susurro, ansioso, anegando el cauce trenzado del río, y la
luz del último sol refleja las aguas moribundas, filtra una niebla de mosquitos, se torna
menos radiante, nos recuerda que

el hogar de los hombres nunca estará a los pies de este suelo, en esta estación indiferente que
es eterna y nunca se sacia.

Cuando se hace de noche, fingimos dormir abrazando nuestros cascos pero empuñamos
insomnes las ballestas. Creemos alejar así las pesadillas que se inmiscuyen en nuestras
bocas como peces calientes. Pero ninguno saldrá ileso. Enloquecidos, perseguimos un
mapa de oro que no existe, estamos remontando esta inmensidad sin objeto, este
arañazo putrefacto de desierto, y, sin embargo, naufragamos más cerca del vacío.

De Cartografía humana, poemario inédito


MARGARITA LEOZ (Pamplona, España, 1980)
Licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Salamanca y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Autora del libro de poesía El telar de Penélope (Calambur, 2008), de los libros de relatos Segunda residencia (Tropo Editores, 2011) y Flores fuera de estación (Seix Barral, 2019) y de la novela Punta Albatros (Seix Barral, 2022). Sus artículos y sus críticas literarias han aparecido en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista 5W, Litoral. En 2021 fue seleccionada para el proyecto «10 de 30» de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), que elige a los diez mejores escritores españoles menores de cuarenta años para promover su obra en el extranjero.

Chicas malas: Arabella Salaverry

Chicas malas

Fuimos las chicas malas

Asustamos a vecinos
escandalizamos a señoras
de misal y rosario

Siempre de negro
diluidas entre sombras
y desapareciendo en los espejos

Tomábamos cognac
en tardes clandestinas
mientras el jazz
nos cubría
para escurrirse luego
por los poros

Disfrutábamos la hierba
ocasionalmente
sin compulsiones
cuando queríamos
abrir los ventanales del cielo
  y mirar trasnochadamente lo que hubiese

Nacimos despidiendo guerras
vivimos Vietnam
un acto obsceno
y en la piel
el dolor de Hiroshima y Nagasaki

Nos desvelamos con Sartre
mas fue Simone quien hilvanó
 nuestra protesta

Consideramos a los Beatles
un tanto pueriles
era Piaff
quien nos alimentaba
Trenzamos flores
guirnaldas
pero fuimos suspicaces
con las exportaciones del Norte

Nunca pensamos
que seríamos reinas

Sí quisimos con el Che
ser compañeras

Compartimos cuerpo y alma
sin pedir nada a cambio

La vida ha sido nuestro manifiesto

Encendimos lámparas
para apagar la angustia
de estar vivas

Vivimos tan
pero tan intensamente
que ningún dolor nos fue
ni nos podrá ser jamás ajeno

Fuimos las chicas malas

Olíamos a incienso
A pachulí
  otras veces a menta fresca

Pero el olor
que nos acompañó
fue el de la melancolía

Fuimos las chicas malas
y aunque no lo confiese abiertamente
por el qué dirán
          los hijos
los amigos sensatos
           el perro
los parientes
seguimos y seguiremos siendo
chicas malas


Mi voz

Te presto mi voz
                      hermana

Te presto la escasa lucidez
de este siglo vestido de torturas

Te presto mareas
por si se te ocurre deshacer las rocas

Te presto lo visceral del grito
de algunos animales los olvidados
                                ya en el destierro
                               ya en su último recodo

Te presto también mi voz
para que hablés por ejemplo
de los espejos
donde no se refleja tu impotencia
Para que denunciés
la presencia invisible de tus sueños
Para que nombrés
el pan ausente que frecuenta tu mesa

Te presto mi voz para que hablés
en nombre de los niños borrados
y mencionés 
si te parece
su desesperada esperanza

Te presto mi voz para que denunciés
la fría bayoneta de la muerte
 invitada imprescindible de las guerras
Te presto lo que tengo y lo que no tengo

Lo que soy y lo que quisiera ser
Lo que el tiempo ha dejado de lo humano

lo que los dioses han perdido en el camino

Te presto este poema Del libro Chicas malas (URUK Editores, 2009)


Dónde (poemas de la pandemia)

Me quedo en pausa
No sé si la acción ya fue
o espera en el futuro

No sé si la desmemoria es un momento
entre los tantos donde se hilvana el tiempo

O es el tiempo

todo el tiempo
el antes el ahora el después
cabalgando sobre el inescrutable sueño
de mi espalda

No sé si ya me moví
o aún no dibujo en el aire mi silueta
camino y los pasos se deslíen
conducen a un destino clausurado

Abro un libro y la página fue
la historia se cierra circular
cada hoja agita su soledad perfecta
hermética
termina abandonándome

Reparo entonces que el hilo de la vida
se enreda
y se mezcla y se destiñe
 en el cajón de las cosas olvidadas


De besos (a propósito del poema de Lorca Balada Interior)

Vivo repleta
de primeros de segundos
de terceros besos
los dulces
los amargos
los que fueron
los imaginados
los deseados
los torpes
los sabios
los remisos

Cada uno replicante
en la quebrada honda del recuerdo
sumatoria
para al final en la extensión del beso
delinear la perfección de un beso
el que amaneció
después de los insomnios
en el lado oscuro de la noche

Poema inédito.

Caribe (una vez más el mar con olor a Caribe)

Ese clamor de mar
vivido como único destino
donde los deseos se diluyen
en partículas saladas
recordatorio de lágrima
 presencia rumorosa de la vida
allí y solo allí no caben responsos
heridas
tristeza itinerante

Vedado el dolor
por la fuerza que desata
y revierte hacia el cielo
en un juego incesante
vaivén de la esperanza
fuego que aniquila
Y la sal
Siempre la sal
dibujando senderos
para abofetear fronteras
soliviantar las ansias
liberarte desatarte desnudarte
exponerte de par en par
con tus ventanales abiertos
más su luz que los cerrojos

Y contienes al mar
el mar te arrastra
te signa con vendavales
para ir haciendo ruta
una con anegados santuarios

Esa llave para abrir horizontes
te la confiere el mar
el timón de mando es tuyo
te lo regala el mar
cabalgas tormentas
navegas huracanes

tejes ciudades enredadas
en el laberinto de sus arrecifes
Inventas ciudades dormidas en sus costas
calles cuyo destino es arena
litorales para las más altas ceremonias

Te dedicas a anubarrar tu grito
expresar así esa ansia de caminos
ese levante de corazón abierto
ese alarido preñado
ese regreso a los orígenes

El temblor visceral que te acomete
con la sola dimensión de su presencia

Del poemario Dónde estás Puerto Limón (UNED 2011)


En la ciudad del desierto

En la ciudad del desierto
trocamos los pájaros

Ahora el cielo entintece
su desnuda claridad con los misiles

Ya no hay alas bordeando el horizonte

En la ciudad del desierto
anulamos los pájaros

Solo un resplandor de plata que encandila
solo el pulcro estallido de las bombas
usurpa el espacio de los pájaros

En la ciudad del desierto
con la misma golosa dedicación
sacrificamos pájaros
asesinamos niños y mujeres

Y nos desinfectamos las manos


Llueven pájaros

Llueven pájaros
Azotan las ventanas

Pájaros que son ángeles agobiados

Llueven pájaros
los tejados repiquetean mientras los pájaros
golpean contra el claro de luna

llueven ángeles
que son pájaros
para hablarnos desde el grito infernal
de su caída

llueven pájaros
saetas
flechas malheridas
llueven pájaros
 habitantes desmesurados de las nubes

Estos pájaros que suelen ser ángeles
lloran este planeta que arderá
quemado por nuestro propio desatino

Estos ángeles que suelen ser pájaros
se llenan la garganta con arena
mientras escupen fuego

Sus palabras son entonces pedernales
que nos golpean desde la arremolinada soledad
de la ceguera

Del poemario Llueven pájaros (Editorial UCR, 2015).

New York

Las mariposas se incrustan
en el alto estallido del cemento
Juro que caminé tus avenidas
con la soledad a cuestas
en ese universo de piernas extranjeras
venidas de rincones extraviados

Traté de asir una mano
cualquiera
pero solo la materia fría
la argamasa
el acero
Las palomas bravías no encuentran
donde depositar sus nidos
y un viento de prisas y de ahogos
recorre tus calles ateridas

Sé que hay un mundo escondido en el asfalto
vibra como el corazón de un pájaro carpintero
trato de rescatarlo de la muerte
pero mis manos terminan en muñones

Te prometo
que seguiré hurgando en tus resquicios
hasta encontrar el másti
donde ondeará el desvelo
y la noche entonces
se cubrirá con mareas
y en mi insomnio te seguiré nombrando
hasta que al fin seas mía                          

Arabella Salaverry. Escritora y actriz costarricense. Premio Nacional de Cultura Magón, Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría rama cuento (2016) rama poesía (2019).Una infancia en el Caribe define su presencia literaria. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas, Filología y Teatro.  Nueve poemarios publicados en Costa Rica y España, tres libros de cuentos, Impúdicas, Infidelicias e Íntimas y las novelas El sitio de Ariadna y Rastro de sal. En poesía ha publicado: Búscame en la palabra, Llueven Pájaros, Violenta piel, Chicas Malas, Continuidad del aire, Erótica, Dónde estás Puerto Limón, Breviario del deseo esquivo, Arborescencias configuran a la fecha su obra literaria, así como la edición de Mujeres poetas de Costa Rica, Antología Bilingüe 1980-2020, un hito en la historia literaria del país. Traducida al inglés, al turco, polaco, catalán, italiano al húngaro al francés y al bengalí. Recién edita la primera antología bilingüe de poesía de mujeres que se publica en el país, la cual recoge las voces de cincuenta poetas. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas y Filología. (México, Venezuela, Guatemala y Costa Rica). Su voz presente en antologías, periódicos, revistas y blogs literarios en Costa Rica, México, Ecuador, Argentina, Brasil, Colombia, Italia, España, Polonia e India; y en diversos escenarios en recitales personales. Traducida al inglés, francés, polaco, catalán, portugués, italiano, húngaro y bengalí. Ejerció la Presidencia y la Vicepresidencia de ACE (Asociación Costarricense de Escritoras) 2004-2008, 2008-2010; y prosigue su labor de promoción cultural desde la dirección del Grupo EL DUENDE. Jurado en concursos de poesía y narrativa y acreedora de múltiples reconocimientos por su labor. Actriz protagónica y de reparto en más de cincuenta montajes y veinte películas. Trabaja en producción, dirección y actuación para teatro, radio, cine y televisión; imparte talleres de comunicación e imagen y escritura creativa.

Poesía costarricense actual: Marianella Sáenz Mora

22

Tengo el ansia desarraigada del aire,
una insuficiencia de luz
envolviéndome las nostalgias,
aun las que creía guardadas
en los cajones de mis parpados dormidos,
porque enganché a tu vientre
mi rosa de los vientos
los ojos de Juana
y el gris tristísimo de la higuera.


Tengo una nostalgia libre
dormida
en el pretérito del suspiro
porque anhelo la paz
sostenida con un hilo de nylon
sobre esta piel
olorosa a mañanas y naranjas
sin esquirlas de añil sobre el insomnio.


Tengo, pero ¿qué tengo?
si no tengo nada,
sólo mi cabellera extendida
reinando inútil
y descaradamente satisfecha
sobre tu almohada.

                                                                                 Alusión a Juana de Ibarbourou





26



Me gustan los monstruos.
Ese amor teratológico
cargado de significación inmaterial
de sentimientos contrapuestos,
revelador de secretos amnióticos
de acciones prohibidas,
de confusión y cuestionamientos.


Proyección de las regiones oscuras
en el mar de mi psique
donde la supervivencia orbita
en medio de
la involuntaria colección de propiedades
que fluctúan entre el amor y el miedo.


Un solo ojo
tres corazones bombeando sangre azul,
veo su cara de ave mientras dibuja herbolarios
para camuflar sus cicatrices
víctima también.


Unidos ahora por la resiliencia
acepto los juegos que la claridad refleja ocasionalmente
en las paredes más ocultas del ser
y así
decido girar la llave exhibida
en el cerrojo más antiguo
al centro del pecho.



                                                           Ambos del poemario Transgredir(se), Torremozas 2019




DESDE FUERA DE LA CAJA 


Un caracol me mira con sorpresa
desde su manera de soñar,
no puedo negar que su presencia
es el recurso simple de algún recuerdo
para ver la luz.

En esta versión de la realidad,
mi voz es un frasco de tinta
para experimentar la palabra
y salpicar paredes blancas en la caída,
desde todas las coordenadas
donde la rosa de los vientos
inmersa en un mar oscuro y quieto,
sirva de anclaje en la distancia.


Aprendo el oficio
de salirme del cuadrado,
pongo a prueba
la fuerza de mi intención
esa que me libera
de la parálisis expectante del silencio.


En este ámbito del experimento
donde convergen tantas cosas salvajes
y la pasión es espiral,
se gestan sueños,
pequeños mundos de sal
mientras todo reposa
sobre la fragilidad de su circunferencia.


Contemplo la imagen
para seducirla, para hacerla mía,
letra a letra
pese al efímero instante en que aparece,
sutil y húmeda como rastro de molusco.


Entonces, un escozor en la consciencia
parecido a las sombras de los árboles
empieza a callar la noche,
y es un juego añejar la palabra
en el último estadio de la metamorfosis
que dará a luz al poema,
si no
habrá que convertirlo en briznas del aire
resquebrajarlo con pizcas de luz
para que lo sueñen niños y monstruos
sin que nos demos cuenta.

                                                                   Para Jon Andion, con Intertextos de su obra





Gestión por María Macaya


Marianella Sáenz Mora (Costa Rica) Turismóloga graduada de UMCA y ULACIT. Poeta, narradora, gestora cultural orientada a la acción social. Además escribe haiku y literatura infantil (inédita).Facilitadora de talleres de fomento de lectura de poesía contemporánea, creación literaria inicial y de poesía como herramienta terapéutica. Ha publicado tres poemarios y participa en más de una veintena de antologías internacionales. Su obra ha obtenido reconocimientos tanto dentro como fuera de su país, cabe destacar el Primer Lugar en la categoría de cuento del Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarro, Chile (2020) y el Segundo Lugar en Poesía del Certamen Literario Brunca (2015), Sede de Occidente de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Poesía mexicana actual: Natalia Gómez

EN CASI TODAS LAS PELÍCULAS DE ACCIÓN
hay edificios que se destruyen
también autos
esas calles
a las que les explota el pavimento
con aceras llenas de árboles
personas
flores
¿Qué verdad se oculta en todo ello?
¿Cuánta violencia debe ser necesaria para un gran final?
Las familias
la reconstrucción
los heridos de gravedad
los ilesos trastornados
toda esa serie y brutal caos
que dejan a la ciudad endeudada
y sin trabajo
ni inmuebles
¿Quién se responsabiliza?
¿Dónde quedan los protagonistas para hacerle frente?
¿Dónde los senadores y toda aquella gente que debe resguardar la metrópoli?
La realidad también es una película de acción
con personas que lo pierden todo
países con intereses
abren fuego
preparan guerras
a veces con armas
otras con ideas
nos convierten en héroes y villanos
En los créditos no hay finales justos
tampoco en la vida diaria
y nos miramos los unos a los otros
desde nuestro propio cine en casa.


ESCUCHO A MIS PADRES HABLAR CON SUS PROPIAS LENGUAS

mirarse y admirar su propio dialecto
analizar y aprender la lengua del otro
Alguien menciona una frase
y hay un silencio
mientras se toman de las manos
ambos entienden esa cuarta lengua
que no es la nativa
ni aquella que usan en la ciudad
Es la lengua con que dieron descendencia
las que extendieron fuera de sus raíces
la lengua con la que ahora entiendo
que un idioma no sólo nace del corazón de un pueblo



A LAS DOS DE LA MAÑANA
un hombre espera
que cambie el semáforo para cruzar

Al extremo
una mujer se sostiene
reclinada en alguna pared de la avenida

El semáforo está en rojo

Un coche se acerca
tres sujetos bajan armados
bruscos la levantan
y avientan al auto.

El semáforo está en rojo

El hombre que espera
no sabe que ella desconoce
que su cuerpo será arrojado
en una bolsa negra
rumbo a otra ciudad

La luz ya es verde


Natalia Gómez (Campeche, 1991)
Comunicóloga y profesora. Ha sido beneficiaria del programa PECDA 2020 en Campeche y del Festival Interfaz ISSSTE Yucatán en 2017. Egresada del II Diplomado Virtual de Creación Literaria del INBAL. Ha participado en algunas antologías como Fractal, Anuario bilingüe de Poesía de San Diego y Novísimas, reunión de poetas mexicanas Vol. II
Algunos de sus textos se encuentran en revistas electrónicas como Letralia, Círculo de Poesía, Carátula, Con la A, Ablucionistas, Santa Rabia Magazine,The Ofim Press Magazine y Beltway Poetry. Actualmente es miembro del Proyecto de Escuela de Escritores Campechanos (ESCESCAM) y del consejo editorial de Cracken Fanzine.

Poesía mexicana actual: Francisco Trejo

Vivo en la ciudad que fue líquido en su génesis: espejo con monstruos
hipnotizados ―como los enfermos de ojos amarillos que acostumbran dormir con
las cortinas abiertas, por si acaso sueñan con los astros y, al despertar de súbito,
presencian su esquirloso escape de huesos y de luces―. Soy el que escribe la
vida y sus ruidos a bordo de un camión que cruza la urbe, de norte a sur en su
desierto. Otear es mi forma de reconvenirme, mientras las cosas del mundo
transcurren por una ventanilla. Busco otros motivos y sirenas, otros lagos para
soltar los peces de mi voz, como cardumen de sangre, desde los órganos heridos.


Aquella vez, después de darme un beso, mi madre me dejó un surco en el rostro.
Luego la ingresaron al hospital en una camilla. Vi su cuerpo a lo lejos, pálido de
voz, y parecía una escultura en porcelana a punto de quebrarse. Su enfermedad
pintó de ocre mi mejilla, como el sol pinta las nubes del ocaso. He tratado de
arrancar su beso de mi carne, pero no hay filo en la zarpa del poema.


Mi corazón se redujo al espinazo de un pez. Escucho sus ruidos y siento la
punción de sus astillas. Piensa que soy agua, pero soy casi costra en esta
soledad. Que aguarde, le digo, porque ha de llover mañana —cuando exista razón
para llevar una imagen diferente a la poesía—.


Hoy encendí, desde muy temprano, el cigarrillo oculto en el cajón de mis nervios.
No recuerdo haber soñado durante la noche. Después de la ducha, volví a estar
seco de la piel y del sonido. Ahora sigo, aridozo, la misma ruta de siempre. Me
sostengo de esta voz quebrada para no caer de rodillas ―por no decir «quedarme
sin cuerpo»― y limpio el cristal empañado para ver mejor las cosas. Si pudiera
soñar, seguro sería, otra vez, la escena donde me corto la mano con los vidrios de
un vaso, mientras intento borrar de su fondo la mancha de la muerte.


¿En dónde está, por qué calles pudo perderse el amor de mi criatura? No todos
los cuerpos que se ausentan están muertos. Hay corazones que laten y esperan la
luz entre el agua y los juncos, como el que espera un rostro conocido para
saberse de nuevo carne viva.

Fragmentos de Esdrújulo monstruo, animal de lágrima en sus ojos amarillos
(Editorial Praxis, 2022)


Francisco Trejo (Ciudad de México, 1987). Poeta, ensayista, investigador y editor. Entre otros reconocimientos, obtuvo el VIII Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2012, el XIII Premio Internacional Bonaventuriano de Poesía 2017, el VI Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2019 y el XIV Premio de Poesía Editorial Praxis 2021. Algunos de sus libros publicados son: Penélope frente al reloj (2019/2021), De cómo las aves pronuncian su dalia frente al cardo (2018/2021), Canción de la tijera en el ovillo (2017/2020) y El tábano canta en los hoteles (2015).

Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía mexicana actual: América Femat Viveros

ESTACIONES

Negación el nombrar: Yo tuve un amado sextante.
Era mi pulmón izquierdo, mi brazo derecho,
mi viento de capa y telón; mi arteria anónima.
Fue el inamovible sombrero de mi mundo.
La vela ondeante, carne de estrella a destiempo y a mitad del viaje:
Sextante Marino, lágrimas de ámbar y número de oro.
En esta gravidez de alas y caracolas,
ni una sola de sus aves anida en mi ovario;
no hubo estación para el descanso.
no desovó la tortuga en esta playa, algo alteró el ciclo.
¿Y a mí?, a mí no me basta con una (sola–sola) estación.

CAS/ZA

Delira sobre la costa,
alas heridas;
se pierden entre la selva,
ave intrusa.
—Acechada luz en los ojos del felino—.

SALTO AL SUEÑO

I

El sonido comprende del silencio,
el lenguaje de las piedras que duermen.
El fondo sueña, mece su eco de anémona entraña,
teñido de su corona blanca

emula su sonido en la caracola.

Voz y augurio, hunde los signos de la costa

golpea honda, batiente; clarea el disco del horizonte.

Has de ser auspicio, pez de filamentos; presientes las señales de auxilio.
El mar te llama.

II

Pescador,
este océano de sal multiplicada me cubre.
Yo ante la ola baja de mis branquias
embestida de la máscara del pez o el ave.

Me enciendo de asfixia —¡brindemos!— estoy de pie
ante el pez sacrificado y a punto de saltar
hacia un arpón celeste
ya preparado.

PRECIPITACIONES

I
Ninguna tormenta arrastró el secreto de mis aguas
ni la inmensidad trazada me hizo olvidar
la ruta de los naufragios.
Hallado el mapa —continente de emociones—
mi ola vencida murmuraba:

vertidas, todavía en mi cuerpo están:

las ruinas de esta sed.

¿Escuchas el brillo?
Mi onda moribunda, desmembrada a la deriva
murmuraba:
da vuelta al mar o devuelta al mar.

II

Te hiciste a la orfandad de la ceniza,
a la estrella que entre las manos de un cielo escurre.

Comprensible (hombre pequeño)
ataste ficciones a una mar traspasada y dócil.
Te hiciste rey sin corona. Nada pudiste hallar o conocer.
Sólo aullidos de tren enfilaron el futuro, a todo vapor.

Espiraciones: mareas de enjambres; espiral del ruido
Lo sé, divinizaste la traición;
me obligaste, Exilio, a un silencio de caracola.


América Femat Viveros. México, 1984. Poeta y editora mexicana. Fundadora del proyecto Cipselas editorial. Beneficiaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, (PECDA, 2017). Finalista en “Jardín de Figuras Abiertas II” de Bitácora de Vuelo Ediciones. Obra suya ha sido leída dentro del marco, Día de las Escritoras, en la Biblioteca Nacional de México. Integrante de la Mesa Directiva de la Academia Nacional de Poesía de Hidalgo. Obra suya forma parte de diversos medios digitales e impresos. Autora de Inexorable (Ablucionistas), Muestra poética América Femat (Biblioteca virtual, Chile), Atisbo (Letras de barro), Irrupción (Cipselas), La estación del agua (Congreso del Estado de Hidalgo), Los designios del agua (Big Bang Ediciones).

Dos poemas de Juan Carlos Abreu y Abreu

por Juan Carlos Abreu y Abreu


agua de barandal

…qué gusto aquél, niña,
luego de la llovizna
recorrer la lengua por la herrería del balcón,
gesto inocente y ocioso.

…qué gusto aquél, niña,
no hacer caso, por no hacerlo,
sin remordimientos, ni pesares;
ese abandonarse al valemadres,
por la eterna vocación
de hacer de la orden
          lo contrario.

…qué gusto aquél, niña,
lamer los breves cuencos,
          las lagunas
          que guardaban
los sedimentos del septiembre
          que se nos iba
en grises llantos sin sentido;
el salitre y la polución,
mixtura de nuestro encierro:
          la melancolía
escrita con vaho en la ventana
y la espiral que asciende
          en fumarolas.

…qué gusto aquél, niña,
alejarse del trapaleo cotidiano,
de regaño y perorata;
          esconderse,
aparecer y desaparecer,
etéreo e inocente parvulito,
          tan desapercibido
como el segundear las manecillas,
la impertinencia del cucú,
el tiempo que es asfixia.

…qué gusto aquél, niña,
probar un sorbo de óxido,
           lluvia y lágrima,
el dejo sanguino que despierta
           el placer licántropo,
           hermosa mutación,
víctima del resplandor selene,
se hinchan las comisuras ahora fauces,
vislumbran los colmillos
que anuncian rabiosas tarascadas
           que desgarran
de la piel a la osamenta;
           furia,
           el ansia incontenible
de ver manar la sangre a borbotones
           bajo la impía garra,
           el zarpazo del instinto.

Absorto contemplaré
los insondables misterios de la luna,
el proyectil de plata que atravesó el telón,
           plumbago nocturno
salpicado por un fogonazo incandescente,
           orificio letal
por donde se desangró el día.

           Lontano lubetón,
           ahora voy,
           me pierdo
entre la espesura y el remanso,
devoro a bocanadas
tempestades de tu carne,
voraz desgarro y paladeo
el púrpura encendido, tus jadeos;
hinco los colmillos como las palabras,
se me trincan las mandíbulas;
sólo he cumplido los designios del destino;
he desollado el símbolo,
ése que encerraba
lo vedado para muchos,
          críptico,
el manto develado de la noche;
congregados los hijos de la viuda,
he conocido los arcanos,
por eso es que voy libre;
cada vez me aparto más de mí y de los míos,
           me aíslo, me castigo,
           me rasgo las vestiduras,
           me escondo,
agazapado en escondrijos;
           oteo,
           palpo el terreno;
           esta fiereza
           que me enerva tanto
           como causa mi pereza;
tras de mí tantos años
la luna dominando mis mareas,
los humores de las hembras
me hacen osco,
           gruño;
crepita la hojarasca,
se desmigaja la tenebra,
la niebla espesa y asfixiante
entre suspiros se quiebra,
aguacero y lodazales,
me hundo en lo más profundo de tu vientre:
           tus entrañas,
víctima de un designio selene.

…qué gusto aquél, niña,
ese grato soliloquio,
           eterno andar
           vagabundo y estepario.

la ceiba en llamas

...quisiera ser como los locos
                     que oyen voces,
para echarles la culpa de mis desatinos;
         pero mis vicios
están bajo el sombrero:
         el cielo y el infierno
son engendros de mi voluntad;
         ni siquiera el amor
tiene vela en este incendio:
         es el desencanto.


                      Es natural...

Poemas extraídos de Abreu y Abreu, Juan Carlos (2017). la neblina del ayer. México: Ediciones y Punto.


Juan Carlos Abreu y Abreu, es originario de Palizada, Campeche (1968). Abogado, con una sólida trayectoria como docente e investigador, ha publicado diversos textos académicos. Es autor de tres libros de poesía: Estrenar destierros (Tintanueva, 2005), letras vencidas, cartas marcadas (Versodestierro, 2007) y la neblina del ayer (Ediciones y Punto, 2014)

Poesía hondureña actual: Armando Maldonado

OFICIO IMPOSIBLE

Mi corazón es el nido que espera a los alcatraces que habitan en las ruinas luminosas de un mundo  que solo ha sido habitado por las fábulas. Amar es un oficio difícil, más cuando se ha nacido tarde  para cumplir la misión para la que has nacido. No hablaremos de los pliegos vacíos que han  depositado mis venas en el puerto en llamas de esta ciudad, que atardece esperando el galeón triste de la noche y sus tripulantes de espectros y fornicación.

Mi corazón, blando como una mano que se niega a matar, solo conoce las notas de la música que sirve para dormir la marea de los ahogados. Amar es un oficio relativamente fácil si has nacido con el pecho inflamado en la penosa asfixia del asma. Ahora todo es tranquilo en el barrio en el que nací.

Mi corazón es una roca que se desmorona en cada latido de la montaña. Amar es un oficio imposible bajo el sol de nuestros días.

BAILANDO SOBRE LA MUERTE

Y allí está, el fantasma de Mao Zedong bailando, vestido de arlequín mientras cambia la bombilla que alumbra la puerta de la casa donde nació. Una mujer vestida de rojo le entrega un libro, Mao Zedong no para su baile frenético. Un camino de piedras coloradas le llama, Mao Zedong baila, trina una flauta en llamas invitando a los vagabundos a lavar sus harapos en las aguas de su río. El fantasma de Mao Zedong es delgado y viste una chaqueta gris, después de eso no tiene datos relevantes más que un par de monedas con rostros de gente igual de muerta que él en sus bolsillos y campanas que anuncian la formación de tropas en todas las plazas del mundo libre. El fantasma de Mao Zedong baila y sus zapatillas blandas han tomado el fuego de un arcabuz ronco, tenor que desgarra silencios en su garganta. Se ha extraviado su boina gris, las bancas de la plaza no dan referencia. Y allí está, el fantasma de Mao Zedong, bailando sobre la muerte, solo bailando.

DAMICLES ERRANTE

El que ha dejado su casa para hacer suyo algún pastizal seco en otra parte ha creído en la profecía de las estufas apagadas. El que en su huida no ha dejado nada más que un cuadro de la Virgen colgado en pared y un par de calcetines en los tendederos que no llegaron a secarse antes del alba. El que contra todo pronóstico salió de su hogar como un ladrón, tomando niños y zapatos al azar. El que aun sabiendo que imaginando el olor de otros campos no encontrará el jardín para el descanso. Ese que huye de lo suyo y abandona los sueños forjados en el vientre de las pesadillas. Ese que cruza ciudades, desiertos y vías de trenes moribundos, ese que un día huyó de los rezos, huyó del pinar, huyó de la bala incandescente, del sortilegio enmarañado que tejían las bestias. Ese que no tiene más destino que lo incierto. Ese Damocles errante, triste, lloroso y despreciado, al que los temas virginales de las fronteras son una espada sobre su cabeza sostenida por el soplido imaginario y tardío de burócratas y tenderos de monedas.

DILUVIO

Un diluvio ha inundado las gargantas de mi gente. Es la hora en que las bestias de la seda engullen la época, el tiempo es un Chardonay más puro que el Jordán del año 30. Los moradores del pie de la montaña trajeron noticias del aguacero cuando todavía era un charco descalzo que saltaba ríos y comía los frutos de la rivera la mañana de los domingos. Nadie creía por aquellos días que la vorágine sería erguida como un mar de pie, inmóvil, donde los hombres tristes y mujeres huérfanas de caricias chocarían en sus ansias de pan y luz. Los moradores del pie de la montaña advirtieron estos días. Su profecía turbia inundó nuestras voces. Henos aquí,

ahogados.

Armando Maldonado

Nació en Tegucigalpa, Honduras en 1983. Es Poeta, editor y gestor cultural. Fue fundador del Grupo literario Máscara Suelta. Fue miembro del Colectivo de Poetas PaísPoesible y del Taller de Poesía Edilberto Cardona Bulnes. Director de Ediciones MALPASO. Ha dirigido y colaborado en la creación de espacios culturales y literarios por más de 15 años.

Ha publicado: Caligrafía de la sed en 2021, Ciudad que no canta en 2021, Misa de los suicidas en 2019, Coloquio de la tempestad en 2019, Un poema que hable del mar en 2016 y Así tu cuerpo en 2013.

Dos poemas de José Miguel Lecumberri

por José Miguel Lecumberri


YAOTZIN, EL DE LA PIEL DE JAGUAR

Triante y desgloso la carabina
El primate ejerzo con la verdad a cuestas
Y de tumbo en rabo la colina cribo 
El trasto soy bajo el chorro latifundio
Presto ojo a la colmena cenicienta
A la crin que vuela como siderales flamazos
De una Estrella vahídos
Rafago la tumba que me acecha 
Como una madre puma a sus cachorros 
En el centrelo de la Tierra acurrucados 
Al calor de una nostalgia inocua
Desconocida y yerma fulgo 
Me mueco de mis estrechuras me silbo 
Fúnebremente 
Y camino osco airado por aceras craquel 
Donde ningún dios se ha quebrado la pélvica 
Manía de la dionisiaca servilitud 
El Osado cráneo que fino 
Con plomo al diente 
Y relámpago olímpico
Ya caigo en cuenta cuán ruin
Cuánto esperpento me marchitó la floresta
Ahora que oigo al quetzal florear los hielos
Floriponda existencia entre pluma y canto
Entre flor y sangre.

YOHUALLI EHECATL NAHUALLI TOTECUHYO

Goteaba un verso árboles postrados al otoño 
Un recuerdo cuya ventana da a la tristeza
Miradas retirándose como niebla entre los árboles
Cuerpo esculpido por la noche
Adquiere la forma del olvido
Hay un silencio enredado al humo de mi cigarrillo
Hay cenizas cayendo de mis palabras
Aún calientes
Aquí está la ausencia mostrándonos su victoriosa carne 
Su guirnalda de sombras
Aquí estamos con un laberinto de hojas en el alma
Con una voz que el polvo oscurece
Aquí estamos ante el súbito descubrimiento 
que el dolor deja caer como un puño de piedras preciosas
En el fango
Goteaba un beso los frutos de un paraíso prohibido 
Cada uno deja su nuevo rostro en las antiguas piedras de la mentira
En el artificio feliz que arrastra tu nombre por aquello que ignoro
Por tus famélicos dioses que hoy deliberan en silencio
En catacumbas que contienen los secretos de la resurrección 
En la ciudad se van extinguiendo las luces
Mientras me esperas en la cama tibia
Y el sol destroza sus rayos 
Para construirte una caja de cristal.

Yohualli Ehecatl Nahualli Totecuhyo: Se trata de una expresión encontrada en el Códice Florentino. Difrasismos de la paremiología nahuatl que significan: ”viento de la noche”, en tanto inexorable, intangible.


José Miguel Lecumberri (Navarra, 1981) poeta, aforista, filósofo y músico. Ha escrito varios libros entre los que destacan los poemarios: El jardín de las nueces (Editorial Praxis), Moncloe Pisicis (Versodestierro) y Amaia (Barbas Poéticas), el libro de ensayos: El matemático negro (Mezcalero Brothers) y la recientemente publicada colección de aforismos: La cuna de Judas (Cisnegro). También ha publicado sus textos y traducciones en las revistas digitales Zenda, La Otra y Barbas Poéticas.  Como músico participa en el ensamble sueco-mexicano de noise avant-garde Dark Ages MirrorMan que cuenta con un EP Tezcatlipoca y actualmente está por publicar su primer LP.

Estos poemas forman parte del libro ”En las venas de la noche”, de próxima aparición por la editorial Buenos Aires Poetry.