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Porque la hiciste tú, tú la hiciste! ¡Eres tú quien hace las flores! Con tu cuchillo de
cocina, plateado y fino. Tu tijera negra. Laboras en lo hondo de la tierra. Y en la luz
haces aparecer los lirios. Marosa Di Giorgio. Diamelas a Clementina Médici, 2000
al despertar pensé en mi madre
me levanté y
salí a hacer las compras
en una casa
cerca de la esquina
habían colgado una maceta de cemento
sin pintar
en la reja de la ventana
apenas asomaba una matita verde
recordé a mi madre
otra vez
repasé su vida
¿cuáles habrán sido sus íntimos anhelos
qué sueños ocultó
mientras limpiaba
casas ajenas
desde su juventud
trajinando
de un lugar a otro
sacudiendo el polvo de los muebles
ordenando los cuartos?
sentí el peso de su vida
sin más propósito que el descanso al final de la jornada
para comenzar de nuevo
día tras día
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pero hoy
al ver la plantita
abriéndose paso en el mundo
para alegrar la ventana
-no pensé en ella en ese momento
ahora lo pienso-
creo haber entendido algo
a mi madre
le gustaba cultivar huertos en cualquier rincón del patio
flores donde hubiera tierra disponible
en macetas improvisadas
tachitos o baldes
su jardín era su obra
su legado
encontrarme con ella
así
de improviso
en las macetitas que alguien pone en la vereda
una breve pausa
recordándome que la tierra está ahí
nos llama
y que mi madre lo sabía desde siempre
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sentada en el café
leo
el hombre alto y yo esta noche
no dormiremos juntos*
otro hombre mira un partido de futbol
en un Smart de 43 pulgadas
del negocio de electrodomésticos
enfrente
con la cara roja camina de un lado
a otro
a veces se detiene
se empina una botellita plástica
que saca del canasto de la bicicleta apoyada en la pared
el hombre mira la pantalla
absorto
yo tomo café y leo
como si ninguno de los dos pudiera o tuviera ganas
de volver a casa
*June Jordan
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se me ha perdido un corazón
si alguien lo tiene por favor
quiero que vuelva
y el sueño de la casa propia
se me perdió
el sueño
la casa
los ladrillitos Rasti con los que construía casitas
en el piso
armaba planos sobre las baldosas
el recibidor
el baño
la cocina
el patio
ya había perdido
el corazón
los muñequitos de los chocolatines Jack
que mamá ponía sobre el televisor
los tres años mirando Plaza Sésamo
sola en una habitación de hotel
tenía una muñequita de plástico que hacía caminar entre los muebles de la casa
la sentaba en el sofá de ladrillitos blancos
vestido amarillo y corte carré
se me perdió
se me ha perdido un corazón
canta Gilda con voz dulce
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desde spotify
todo lo di sin esperar
era feliz pudiendo amar
así extendiendo el sonido de la m y haciendo rodar el aire largamente en la lengua con
la r final
podría amar
a alguien diferente
no importaría
que no pudiera caminar
o fuera ciego
tonto
o feo
vos podrías amar / yo podría amar
largamente a un hombre así
te prometías que lo amarías a pesar de todo
si él me amara
no pude amar
a un hombre así
no pude amar a un hombre hermoso
con los ojos color del tiempo
tampoco
aunque me quisiera
se me ha perdido un corazón
camina la muñequita de una habitación a otra
se recuesta sobre la cama
va a la cocina
sale al parque
mira el pasto verde recién cortado que se prolonga
en suaves ondulaciones
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vuelve
se sienta otra vez en el sillón
para mirar Plaza Sésamo
donde bailan las sorpresitas de los chocolatines Jack
mientras Gilda canta

Claudia Beatriz Lucero nació el 6 de marzo de 1968 en Mercedes provincia de Buenos Aires, Argentina. Publicó: Un árbol nunca está solo, 2022; No puede haber un puma en mi mirada (fanzine), 2023; Eclipse contínuo (fanzine), 2023. Forma parte de las antologías Hilos de 2023 y El lenguaje de los pájaros de 2026 (en imprenta); todos los títulos publicados por Vuelo de Quimera. Ha sido publicada en revistas literarias de Argentina e Iberoamericanas.
