1
Llegaste a casa
minutos antes que la nieve.
Soltaste tu abrigo
de ramas frías
sobre el sillón ocre
y juraste
que no volarías por las noches.
Como se cree
a quien se queda,
te creí.
Cumpliste.
Desde entonces la oscuridad
aprendió a durar
y el destino de los cuerpos
fue la distancia.
No volvió ninguna brisa.
Las palabras,
las notas,
las cosas leves,
se las llevó el tiempo
sin hacer ruido.
A veces deseamos
que vueles otra vez.
No por esperanza,
sino por ruptura.
Ya los árboles serán distintos.
Como nosotros mismos.
2
El rostro de aquel hombre parecía de papel.
De agua por las noches y de polvo en invierno.
Tantos rostros diferentes jalonaban su historia,
desde el último obrero en aquel tren asiduo
hasta el ciego romano que luchó en Siracusa.
El rostro de aquel hombre emanaba de un sueño,
era el insomnio de una fría madrugada.
El rostro de aquel hombre, el rostro de mi padre.
Suelo verlo llorar con frialdad en el espejo.
3
Estar presente
es faltar
en otra parte.
Faltar
en todas las demás,
en realidad.
La ausencia no irrumpe:
desgasta.
Mata
sin ruido.
Hay un solo sitio
que todavía respira.
Pero no nos pertenece.
El mío,
si existe,
es uno más
entre los infinitos
sitios muertos.
4
Las horas pasan, fieles a su intento,
de ir matando horas anteriores.
¿Qué queda de esas horas ya vencidas
que antecedieron a este mismo instante?
Apenas si acertamos a inventarlas,
a rellenar de voces el silencio,
a sembrar árboles húmedos
en áridos desiertos de memoria.
Quizá no seamos más que suma de horas
guardadas en los pliegues del recuerdo,
murmurándole al tiempo que nos lleve
hasta el certero y último minuto:
el que de verdad recordaremos.
5
He sabido mirar el lago y sus promesas,
mirar de frente —o apenas de reojo—
la bondad.
Te miré desnuda
y vi tus alas.
He sabido escuchar a las cigarras,
el eco pobre de unas olas,
esa nota suspendida.
Te escuché llegar
y también partir.
He sabido oler la flor recién cortada,
el café negro, el pasto anónimo.
Te olí purísima,
recién salida del agua.
He sabido sentir las piedras,
las hojas del parque,
el barro y la nieve.
Te toqué sin querer,
mientras mirábamos a Godard.
He sabido saborear el dulce en diciembre,
la sinrazón, ciertas derrotas.
Probé el temblor
de tu lengua inquieta.
Ahora coso las horas
con una hebra fina de memoria.
Intento romper el ovillo
con mi pico de pájaro,
con las alas cubiertas de paisaje,
de caracolas,
de viento y de agonía.
6
Entro al cuarto de baño.
Estás de espaldas, frente al espejo:
un lienzo aún intacto,
velado por el vapor inocente.
Lo atraviesas despacio con la mano abierta
y tu imagen se alza lentamente,
como se alza la mañana
cuando el sol tropieza en los cristales.
Te miro, fugaz
como un tren en el desierto,
decisiva, vital, irrenunciable,
entre un segundo y el siguiente.
Me falta el aire.
Solo me atrevo a pedirte silencio
en la hendidura del tiempo.

Raúl Alonso nació en Mar del Plata (Buenos Aires, Argentina) en 1963. Actualmente reside en Granada, España. Es escritor, músico y cantante.
Cursó estudios de Economía como así también de Filosofía y Letras. En 2005 se radicó en Madrid en donde colaboró en revistas y dio forma a su poemario Estación Uno. A su regreso a Argentina cofundó la revista digital de cultura CIRQUE.
En 2017 publica su libro de poesía URBANO y en 2018 edita LO AMARGO POR MIEL, ambos en GOGOL EDICIONES (Buenos Aires, Argentina) En 2020 publica el libro de cuentos ALÉTHEIA (AZUL FRANCIA EDICIONES, Buenos Aires, Argentina) En 2021 edita, ya en Granada, NO HABRA CESADO EL RITO (ALIAR EDICIONES, España) y NADIE SABE RESPONDER (ILIADA EDICIONES, Berlín, Alemania) En 2023 publica su último trabajo BUENOS AIRES, EL AYER Y EL UNIVERSO (AVERSO POESIA, Granada, España) En el año 2025 obtuvo el Primer premio en el Concurso de Poesía de Cúllar Vega y el Primer premio en el XLVII Concurso de Poesía Castillejo Benigno Vaquera de Pinos Puente.
