Obituario
Amor,
¡qué tal si me muero!
Y reencarno
en un asesino a sueldo
o en un niño que vende dulces y bolígrafos,
en un traficante de órganos
o peor aún
en una pared
sin un solo grafiti.
La mascota de mi hermana Carolina (Historia de un infame conejo llamado Paco)
El tal Paco, no era otra cosa
que un maldito malviviente.
Todos los días
se tiraba al sol
diciendo ser
el excremento de los vecinos
se comía las matas de chile dulce,
las galletas del perro
y el cereal del desayuno;
se tomaba la cerveza del refrigerador,
le escondía las gafas a mi madre
deseoso
de que se tropezara en la escalera
y le vendía las alhajas
para comprar marihuana.
A Carolina
le robaba el maquillaje
para imitar a Gene Simmons
mientras decía
que el rock era una mierda,
abusaba de las muñecas Barbie
que quedaban en la alfombra
y a punta de engaños
incitaba al perro
a comer veneno para ratas,
luego se metía en su casa
a ver pornografía,
le mordía los talones al cartero
y le desinflaba la bicicleta,
cada vez que aparecía,
le escupía en los pies a mi abuela,
trataba de zorra mi vecina de enfrente
y me arrojaba los cigarrillos al inodoro.
Nunca se cansó
de llamar imbécil a mi primo
por tener Síndrome de Down
y le gritaba cochinadas a mi novia.
De esto no había ninguna duda
él era la vergüenza de la familia
y aunque sé
que nunca fui afín a los asuntos religiosos
no hubo una noche
que no rezara un rosario,
esperando que por fin
amaneciera muerto
ese hijo de puta.
El erotismo Potenzoniano (Bautizado por Carolina Bustamante, Valparaíso Chile)
A María González
Entramos a mi habitación
aprovechando
que mis padres y hermanos
andaban de viaje
ellos
no regresarían hasta el domingo
yo tenía la casa para mí
y hoy apenas era viernes.
Te desnudaste
y con una violenta suavidad
te arrojé sobre la cama
me acosté junto a vos
empecé a tocarte
olerte
besarte
acariciarte
olerte
besarte
y volver a besarte
por todo tu cuerpo
por todo
hasta por donde la iglesia
y el Misterio de Salud
prohíben
y luego,
¡cómo decirlo en una forma poética!,
nos hicimos uno solo
y después de un buen rato
así como estábamos
nos quedamos dormidos.
En la mañana al despertar,
¡mi familia estaba en casa!
¡tuve miedo!,
supuse,
que me iban a linchar
tengo que esconderte
y cuando te busqué,
afortunadamente,
vos no estabas
y fue entonces
cuando comprendí
que los sueños
no siempre son pesadillas.
A Priscila,
en las afueras de un teatro
¿por qué no venís conmigo?
A manchar de nombres las aceras
a barnizar duendes en los parques
y allí en la cuna de los volcanes
hechizaremos
ciudades y aeropuertos
e iremos
a partir calles como sombras
con nuestras manos
contaremos estrellas en los charcos
y pintaremos de gris
el arcoíris.
A Paola Fernández Carmiol
Tus labios
los quisiera probar aunque me maten
me escondería en ellos en cuanto llegue la noche
el único lugar en el mundo
donde no me importaría quedar atrapado
A Daniela Lizano
No olvides
la música en la radio,
el café que nos debemos,
la conversación de anoche,
los charcos en la cocina,
el aguacero de hace unos días,
el clavo suelto en la repisa,
el pronóstico del clima,
el reloj que no siempre funciona,
la muerte que vendrá a buscarnos,
los besos que nos esperan,
la cerveza tibia sobre la mesa,
el cumpleaños de Don Pedro,
el libro que no empezaste
y lo que no es
y también nos une.
La Bati Bruja
A Andrea Mendoza,
León, Nicaragua
No quiso ser malvada.
Ella prefería recolectar margaritas
cambiarse el nombre
para evadir a la muerte y la cocina
sé lo bien
que preparaba la mesa y la emboscada
en sus días libres
zarpaba en veleros
caminaba bajo la lluvia
era feliz
al dividir el pan
tomando en cuenta a las hormigas.
Le gustaba
coleccionar besos y canicas
regar las plantas
y de igual modo las noticias.
Al bailar flamenco
hacía más grande su lista de refranes
de amores pasajeros
por citar la luna
abreviando lo nunca dicho
la vi soltar amarras
correr tras un gato en el mercado
vestir al destino de payaso
no conocía el miedo
jamás se lo presentaron
aunque fingía ser otra
cuando llegaba la policía.
La filosofía del despecho
Me haré el duro,
el indiferente,
sin despertar sospechas
te haré creer
que me mantengo en forma,
que he dejado de fumar,
que olvidé tu nombre
que no estoy muriendo
de ganas de besarte
que no me importa
-en lo más mínimo-
verte en brazos de un imbécil.

SEBASTIÁN POTENZONI. (San José, Costa Rica. 1974) Formó parte de Taller Literario: Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz. 1998 – 2002. Ha participado en diversos Recitales de Poesía, en su País. En 2013. Público su Primer Poemario titulado: LA FILOSOFIA DEL DESPECHO. Su Estilo es variado en relación con su temática. De manera independiente se ha desempeñado como Gestor Cultural.
