un poema ingenuo
a mis padres y sus padres
creo que la felicidad
no existe en el brumoso mañana
si hay felicidad
(si hubo)
está atrás en la infancia
se quedó junto a las mareas, junto a la curiosidad desbocada
allí
chiquita
temblando
nos pasamos la vida tratando de encontrarla
(perdemos el tiempo)
quien dice que es feliz
que tiene la alegría entre los dedos
quiere decir otra cosa
y no importa
(no realmente)
si habla desde la soledad de un asilo
desde el desahucio de un psiquiátrico
o con la esperanza incrustada en los ojos
no importa
pueden tener las manos y rodillas hinchadas
los dedos irreconocibles
una dentadura postiza
y todos te dirán
que al final estuvo bien
(con todo el apretado vacío de esa sílaba)
que uno tendría que ponerse a pensar seriamente
para recordar las fosas comunes
(esas que nunca se van del todo
y quedan como mariposas carcomidas)
los recuerdos se diluyen en luz
como polaroids
van dejando atrás su claridad su contraste
la muerte se vuelve encuentro
vaivén de voces
el olor a lirios se queda impregnado en la ropa
el polen también entre las arrugas
el peso de lo vivido
(eso insustancial y denso)
va colándose va
volviéndose
cada vez más etéreo
y eso débil y humano que hicimos se
vuelve tierra se descompone
junto a nuestra convicción de hacer las paces
y lo que hicimos
lo que quedó
se vuelve cicatriz y luego olvido
y así
(con suerte)
podemos tener la dicha
de dejarnos atrás
y morir sin miedo
y eso no es felicidad
(es otra cosa).
(Un pequeño olvido, 2025)
rostros
¿en qué hemisferio quedan los rostros?
¿en qué rincones estos trazos de piel,
estas máscaras que dejó el tiempo y el mar
se vuelven sustancia?
habrá una esquina
—algún diminuto dominio—
en donde habita el recuerdo
de un amigo muerto, deformado por el olvido,
aquella mujer de la infancia
que amé sin saberlo y
luego la vida, el suceder de las cosas
—la entropía acaso—
develó la brecha insondable que nos separaba,
que también sin saberlo, nos mostraba distantes
como las dos orillas de un surco central
alejando su tacto
de mi capacidad de expresar estas líneas
sé
que cierto giro fusiforme
se encarga de clasificar los rostros
de hacerlos inteligibles
pero
¿dónde quedan los rostros en toda su gloria o decrepitud?
¿dónde se van los olvidados
—los descoloridos por el oleaje del mar—
esos que usamos para engañarnos?
¿quedarán guardados
doblados cálidamente en un ropero
esperando
d e s a p a r e c e r ?
(Un pequeño olvido, 2025)
Muere todo lo que fuimos.
somos nuestra elegía.
Nicomedes Suárez Araúz
el cuerpo es solo eso
cuerpo
y yo sé
que quisiéramos ser más
que no nos calzan bien estos límites
que quisiéramos trascender nuestra piel
pero no,
no somos sólo polvo
afortunadamente
somos accidente
somos un cúmulo de violencia
somos también todos los cadáveres que consumimos
somos las cicatrices que dejamos en este planeta
y somos nada
y en unos cuantos años
en un pestañear realmente
no habrá ni indicio
que fuimos pero
estará el planeta
y sus cordilleras
y esta vida que hierve en el mar
y todos estos bosques serán consumidos por sí mismos
y serán otros
entonces eso
somos solo cuerpo
tan distantes de esa sombra
de polvo y astro somos
(Un pequeño olvido, 2025)
leer lo ya leído
pero si es necesario
debes sobornar al sol
Emma Villazón
a C. Vallejo
quiero leer
pero no me alcanzan los ojos
desde el estante pessoa y cerruto
me miran
mientras duermo
mientras leo otros libros
mientras me acuesto y los miro
quiero leer
pero la concentración se me escapa
mientras leo a safo, pienso en pound
cuando leo hesíodo, pienso en shelley
y cuando leo a lawrence sterne
woolf me susurra incesante sus novelas
quiero leer pero me rebasan las listas
listas que delinean un canon
listas de libros recomendados
listas de libros en otros libros
listas divididas por tiempo, por lengua, por género
por afinidad propia, por compromiso político
lista de libros para leer y poder dar un comentario interesante
listas de libros solo para leerlos y renegar de ellos
quiero leer
pero mis manos se rebelan
comienzan a acariciar otros libros
a hojearlos
a contar las páginas
a sentir la irregular planicie de sus lomos
quiero leer
pero no me alcanza el día
cada vez que abro una página
el tiempo
se retuerce, se expande
se burla de mí
quiero leer
pero con cada libro me acerco
más a la muerte
de haber leído todo lo que quise
o al abismo
de no poder leerlo todo
(La tormenta que dejamos, 2026)
dudar de la Noche
a G. Chávez Casazola
maestro,
no puedo
no me da la espuma
para que un día lejano
pueda dudar de la Noche
ni siquiera si
con el hígado maltrecho y
temblando de olvido
en un arrebato fugaz de coraje
abra de punta en punta el pecho de saenz
para ver si sus pulmones
son aún azufre y carbón
no, maestro
yo a lo mucho
podré dialogar
con cierta velocidad espectral
o rondar humildemente
la pregunta sobre
el origen de la
luz
(La tormenta que dejamos, 2026)

Aldair Apodaca (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1994)
Es poeta. Estudió Escritura Creativa en la UPSA. Publicó su primer poemario Un pequeño olvido (2025), bajo El Ángel Editor de Ecuador. Miembro del taller Llamarada Verde, publicará con este sello su segundo poemario, La tormenta que dejamos (2026). Ha participado en festivales destacados como el Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos, la Semana Internacional de la Poesía de Bolivia, el festival Jauría de Palabras y el Encuentro de Poesía Paralelo Cero.
