Ella canta
Dejaré los zapatos
en la entrada
y me quitaré la camisa
al llegar a casa.
Quizá así,
ligera y descalza,
beses este cabello.
Cuando te vea danzar
o conversar con el polvo
de tus esquinas,
cuando los acertijos
sean serpientes en tus mares.
Cuando interrumpas el vivir
porque ya no hay más sillas rojas,
más sedas con las que ligarte
tus muñecas.
Cuando vuelvas
y en mi boca respires,
te revelaré mi vientre
y sus raíces
y así podrás escalarme.
No hay cima a la que seas capaz
de llegar sin mí.
Esperaré a que cantes
y aún con medias puestas
te arrastraré sobre el mármol
hasta mi mejilla
y así, entre mis lianas
encuentres los besos
que te debo.
Mujer salvaje
Siempre hay una segunda parte.
Todo renace.
No hay espacio vacío en este mundo,
solo pausas fértiles.
Aunque te vea desde mi ventana, tierra
con la ciudad desplegada en tus muslos,
agachada entre tanto humo,
aunque encuentre mi reflejo
en cada pared desnuda
y me crea sola
o que en cada mancha de café
se añeje mi sueño desprendido,
no hay piel ni cemento que nos separe.
Aunque te vea desde mi ventana, tierra,
y no sea pies entre tu barro,
no te olvido.
Y a ti regresaré, tierra,
cuando nunca más olvide que soy toda jungla
y en mí habita todo lo que ruge.
El filo del silencio
Forzar la poesía
para recordarle que sigo aquí .
Forzar el silencio.
Una estrecha incomodidad
se afina entre la noche
y el ruido mental.
Hay demasiado que ver
y no está en una pantalla.
En esta vida fácil
encerrada entre paredes
es fácil olvidar el mundo,
fácil pensar en mí, en mí.
Forzar el silencio,
invitarlo a mi cama.
Le digo:
Ansiaba verte y olvido que eres,
la posibilidad absoluta.
Regrésame a esa primitiva voz,
que soy, que somos.
Lléname del recuerdo
de esa voz que no confunde
la estrella con la noche,
el filo con la carne.
Cuando no soy suficiente,
ruego, por más silencio.
No soy suficiente,
solo uñas y ruido.
Ahí donde se han ido los sueños,
el tiempo, las ganas.
No soy suficiente.
Ruego por más silencio.
Como una cuchilla
que perfora el cielo negro.
Mira como sangro estrellas.
Una pequeña vida
Pequeña frente a los planetas
y el vasto espacio.
Pequeña frente a todas las vidas
que transitan este canal.
Pequeña en los momentos frágiles
y en las ganas de escapar.
Pequeñas compañías.
El peso de tu perro en tus piernas,
la suave piel del gato.
Pequeño lo que me desconcierta.
Inmenso el misterio
y ese impulso que me excita.
Rugir, tan pequeña,
desde un cuaderno.

Goldy Levy es escritora y periodista. Es la creadora de Encuento: Espacio de escritura libre, un taller donde comparte técnicas de escritura y activaciones creativas con escritores de todos los niveles. Su deseo es promover la creatividad como espacio de reflexión íntima accesible para cualquier persona.
Ha ejercido como productora de audio y periodista independiente por más de siete años en medios independientes, publicando en Cerosetenta, Biographic, La Liga Contra el Silencio, Context, Magma Magazine, La República y otros. Es la productora y locutora del podcast bilingüe Cruzar el río, que realiza junto al proyecto More Than Human Life (MOTH) de la Facultad de Leyes de la Universidad de Nueva York. Estudió Escritura Creativa en Emerson College en Boston y una Maestría en Periodismo en la Universidad de los Andes en Colombia. Fue editora de 070 Podcasts y 070 Proyectos en la revista Cerosetenta, en Colombia, donde dirigió la producción de más de veinte programas de podcasts y especiales regionales de periodismo. Fue profesora adjunta del Centro de Estudios en Periodismo de la Universidad de los Andes en Colombia.
Sus poemas han sido publicados en antologías en Costa Rica, entre ellas Palabras Viajeras: Mujeres poetas de Costa Rica. Publica regularmente una newsletter llamada Emotional Reactions donde comparte reflexiones sobre creatividad e invitaciones de escritura.
Nació y creció en Costa Rica, pero se considera ciudadana del mundo. Vivió en Estados Unidos, Colombia y ahora reside en Madrid, España, con su esposo y dos perros.
