Lo gótico en el «Cementerio prohibido», de Francois Villanueva Paravicino

Por: Cristhian Briceño Ángeles*

Texto de presentación del libro el pasado jueves 31 de octubre en la Casa de la Literatura Peruana (CasLit).

A primera vista, tras haber revisado la portada, la tipografía y los títulos que componen este volumen (Editorial Apogeo, 2019), podría considerarse que el nuevo de libro de Francois Villanueva Paravicino encaja en aquello que se considera literatura de terror. Una lectura atenta, sin embargo, nos revela que la intención del autor no ha sido originar miedo en el lector o, en el peor de los casos, despertar la sospecha de que estos relatos han sido concebidos con esa finalidad.

Pienso, por ejemplo, en El verdugo, primer cuento del conjunto. El narrador, a la vez personaje, huye mientras ensaya una crónica de los eventos inmediatos, de lo que acontece en tiempo real, tratando de evitar a una horda de demonios que lo persiguen para hacerlo pagar por sus faltas. De cierta forma, hallamos aquí ciertos puntos de convergencia con algunos relatos de Edgar Allan Poe, como en Un descenso al maelstrom, pero con la diferencia que, mientras la narración del Allan Poe confluye en el raciocinio, es decir, en aproximarse a una explicación lógica del infortunio o la maldad, haciendo que el narrador se detenga en lo inverosímil y lo estudie y verifique la posibilidad de un argumento que haga sentido con lo imposible, Francois Villanueva Paravicino elige formular un recuento que no busca nuestra aprobación, sino únicamente nuestra contemplación.

Con esto no quiero decir que el autor elija un camino fácil o que falle en la ejecución de sus relatos, sino que su camino es otro, su sensibilidad es diferente. Una cosa es enfrentarnos a un cuento como Los crímenes de la calle Morge y otra, muy distinta, es abordar un relato como La lotería de Shirley Jackson. En el primero, el autor no nos concede tregua en cuanto a sus pistas y observaciones milimétricas del crimen que se ha cometido, y, no contento con esto, él mismo formula las hipótesis y, finalmente, resuelve el caso con la maestría de Holmes o de monsieur Lecoq; por el contrario, Jackson nos sugiere un poblado y un culto y, también nos insinúa, además de la violencia del desenlace, el miedo y la turbación.

Más que del género del terror, la narrativa de Jackson asimila la influencia de la novela gótica de finales del siglo XVIII. La principal diferencia que podría señalar entre el terror y lo gótico es que lo gótico, más que propiciar una emoción en el lector a partir de lo que sucede con los personajes, busca recrear ambientes de deliberado claroscuro, una suerte de escenario que perturba y enrarece a los personajes inmersos en la ficción y, por extensión, estas sensaciones son transmitidas al lector.

En las descripciones que realiza Francois Villanueva Paravicino en sus relatos existe esta necesidad por ubicarnos en ambientes sofocantes, por momentos de un minimalismo malsano y, por otros, de una exuberancia que nos acosa. En Las heladas se puede apreciar este recurso, ya que, si bien nos sitúa en el inhóspito territorio de la puna, las descripciones son tan detalladas que nos sentimos atacados por la prosa del autor, por momentos despiadada en su detalle, y si a esto le agregamos la ausencia de personajes, nos sentiremos dentro de la escena, apremiados por huir. Una sensación que se parece a la que nos genera leer El castillo de Otranto de Walpole (quizá la novela que inaugura el género gótico), ya que el autor nos hace ir y venir tantas veces por galerías oscuras o ingresar en celdas donde la humedad escapa a su mención y nos hostiga, que, por un momento, la trama se anula y disfrutamos/sufrimos el diseño de la atmósfera.

Sin embargo, lo gótico en este libro de Francois Villanueva Paravicino, además de funcionar como utilería, o mero escenario de los hechos, se revierte hacia los personajes, a partir del discurso que cada uno ejerce y ofrece, por lo que lo gótico se convierte también en la decoración de la psiquis de cada uno de ellos; así, en cada soliloquio de los personajes es fácilmente reconocible ese camino de tenue iluminación, lleno de pasadizos estrechos por donde, más que ideas, transita la turbación de cada uno de ellos. No estamos, entonces, ante ese raciocinio luminoso de los relatos de Poe, sino más bien en la oscuridad de lo desconocido, en las tinieblas de la incertidumbre que, a su manera, incide en las reacciones de cada uno de los personajes de los cuentos de Francois Villanueva Paravicino.

Hay matices de estos rasgos, como en Las heladas, que ya he comentado, y también en La familia de un conocido, donde lo absurdo de la situación nos genera un extrañamiento genuino que se ve reforzado, una vez más, por la descripción de la escenografía narrativa que nos propone el autor; si a esto le agregamos ese temor a la inmortalidad (que ya ha sido explorado por otros autores como Swift o Borges), tendremos una muestra precisa de lo que persigue este libro en cuanto a sus propuestas estéticas.

Algo parecido, aunque con otros resultados, encontramos en el relato central y que da título al libro. En él asistimos a un retorno al lugar de origen, el cual encierra una serie de conflictos aún no resueltos, latentes, y con los cuales el narrador se ve enfrentado, algo bastante usual y que se ha explorado innumerables veces en la literatura (no quiero citar algo obvio como Pedro Páramo; prefiero mencionar La luna y las hogueras de Pavese). Nuevamente vemos el desconcierto del narrador, como en La lotería de Shirley Jackson, ese desfase con respecto a las formas originales, esa apariencia con que la realidad, dentro de la ficción, embiste a quien presencia los hechos. Aquí lo indescifrable o, mejor dicho, aquello para lo que no se encuentra una explicación oportuna y puntual, es también otra de las formas con que el legado de lo gótico decreta su presencia.

Recordemos las intrigas en El italiano de Ann Radcliffe o en La dama de blanco de Collins para hacernos una idea de cómo es que Francois Villanueva Paravicino establece los tiempos dentro de su relato, aunque su manera de presentar los hechos escape del sensacionalismo del dato escondido y se enfoque más en transmitir, con sensatez, sensibilidades y reacciones. Lo que podría ser una burda narración de muertos que acosan la cotidianeidad de los vivos se convierte, gracias a la pericia del autor, en una ocasión para develar cómo es que la personalidad de sus personajes hace frente a situaciones extravagantes; creo que el valor de estos relatos radica precisamente en ello, en cómo el lector puede asistir, desde la distancia benevolente de la ficción, a eventos excepcionales y que contradicen todo aquello que asumimos con nuestra normalidad. Con todo esto, y a pesar de la primera impresión que despierten estos relatos, Francois Villanueva Paravicino ha construido un conjunto que escapa de la convención del terror llano y se acercan, felizmente, a la estética privada del autor.

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*Cristhian Briceño Ángeles: Ha publicado el poemario Breve historia de la lírica inglesa y el conjunto de prosas La trama invisible. Ha sido antologizado en El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015.  En 2012 obtuvo el primer lugar de la XXV edición de El Cuento de las 1000 Palabras, organizado por el semanario Caretas, con el relato «Fiebre». Asimismo, en 2013 ganó el premio Copé de Plata de la XVI Bienal de Poesía con La comedia inmóvil (Petroperú Ediciones Copé, 2014). Sus textos han aparecido en revistas peruanas y extranjeras como Buensalvaje, El Hablador, Lucerna, Poesía (Venezuela) y Luvina (México). En 2018 fue incluido en la antología País imaginario. Poesía Latinoamericana 1980-1992 y, también, se reditó su primer libro de cuentos, La literatura en Alaska.

Portada de Cementerio prohibido de Francois Villanueva.

Nota de Prensa: Iniciación a la Teoría Literaria para Escritores con Ricardo Sumalavia

Docente: Ricardo Sumalavia

Este breve curso está destinado a ofrecerte las bases teóricas de la teoría literaria, pero con el objetivo de estimular tu creación literaria y darte mayores herramientas de lectura.

Programa:

  • ¿Qué es la literatura? Aproximación histórica/teórica.
  • Primeras teorías literarias contemporáneas. El formalismo ruso.
  • El estructuralismo. Modelo actancial. Aproximaciones al hecho poético.
  • Estética de la recepción. Competencias del lector / convenciones de la lectura. ¿A quiénes les escribimos?

INICIO: 4 de abril.
FIN: 23 de mayo.
Pago único: 580 soles/mes. (8 sesiones=16 horas) Duración: 8 sesiones de 2 horas.
𝐇𝐨𝐫𝐚𝐫𝐢𝐨: Lunes de 7 a 9 pm
𝐏𝐥𝐚𝐭𝐚𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚: Zoom.

Inscripción:
Nacional: Para inscribirse se debe hacer el depósito en una cuenta Ahorro soles del Banco Continental a nombre de Ricardo Sumalavia:
Número de Cuenta: 0011-0120-0200296039
Código de Cuenta Interbancario (CCI): 011-120-000200296039-37 Internacional: Vía PayPal (rsumala@yahoo.com) o Western Union

Luego de realizado el pago se debe enviar el comprobante al correo: laislaescuelaescritura@gmail.com Las inscripciones se realizarán hasta completar los cupos.

Audio de Ricardo Sumalavia explicando los pormenores del curso «Iniciación a la Teoría Literaria para escritores»:

https://drive.google.com/file/d/19KfUqLJqi726reH5EgX5C7L9SYG0AP4F/view?usp=sharing

Ricardo Sumalavia nos ofrecerá el curso Iniciación a la Teoría Literaria para escritores

La fecundidad del canto en Semillas cósmicas de Julio Barco, por Francois Villanueva*

Por: Francois Villanueva Paravicino*

El poeta prolífico y desbordante, irreverente y cuestionador, Julio Barco, en su paso por Huamanga y Huanta, me obsequió un ejemplar de Semillas cósmicas (Mención Honrosa del XI Concurso Poeta Joven del Perú del 2020), una obra donde, creo yo, se define y moldea mejor su Ars Poética, tal vez con mayor originalidad y voz lírica propia que en sus entregas anteriores.

Si en aquellas obras se expresaba y rendía tributo con la mímesis o imitación de sus modelos poéticos (dígase Hora Zero, Kloaka, Neón, etcétera), explorando la ciudad urbana a través de una voz psicosomática o esquizoide, sus bordes y descentramientos, sus periferias y sus formas urbanísticas, en Semillas cósmicas encontramos un canto propio, sincero y honesto con sus ideales y su forma de entender la poesía.

“El poemario de Julio Barco podría considerarse como una obra que, tomando como motivo lo absurdo del hombre en su pluralidad, hurga en la inaprensible naturaleza del lenguaje”, afirmó el Jurado Calificador del certamen. Y es cierto. Tal vez en esta obrita se entienda que la principal preocupación de la poesía de Barco es el lenguaje: sus excesos-desbordamientos, su parquedad y sus límites, su potencia y su fuerza, su fuerza de procreación y su instinto destructor. He allí sus méritos.

Julio Barco, autor del poemario Semillas cósmicas.

“Todo lenguaje es simiente / Toda simiente es poesía / El poeta es madre de la luz”, afirman los versos finales del primer poema del libro. Y, como una advertencia o unas palabras liminares, el hablante lírico de los poemas desarrollará en su canto la idea central de que las palabras, el verbo y el lenguaje son fecundos, son vida, son la razón principal de la existencia humana.  

“Yo no soy el bosque. Yo soy apenas un hombre lleno de hombres. Un cuerpo lleno de señales y sentidos.  Abierto un instante a la vida: con cerebro y profundidad de ideas”, rezan los versos en prosa de la composición “Volcán de Agosto (balada de las semillas)”, donde metaforiza al ser humano como un ser “lleno de señales y sentidos”; es decir, como un cuerpo construido de lenguaje, de verbo y de significación.

“Y tu fuego será una semilla en una hoja. / Y la semilla multiplicará su sentido. / Resplandor, epígrafes, nubes: / me alejo por siempre de las bibliotecas”, se destacan en el poema “Me inquietan los caminos que toma la gloria”, donde de forma versista se conjuga la metáfora de la fecundidad de la cultura letrada, libresca y bibliográfica. Es decir, de la fertilidad de la hoja escrita, que, como enseñan los maestros, imita o supera a la vida.

“El alma viaja en la simiente, el ser en el lenguaje, y este lenguaje es pulido material del sueño”, se escribe en el poema “(El sueño y las semillas)”, que, como una fenomenología del espíritu, relaciona al lenguaje como la casa del espíritu y del ser. “La poesía es una semilla que repercute en el cuerpo (…): fecunda tu idioma y canta”, también afirma el hablante lírico del poema “(El destino de la semilla)”.

Por ello, el poeta Julio Barco destacó, en la ceremonia de la premiación, la idea que inspiró este poemario: “El arte de la poesía, en su belleza, surge de la necesidad de un rito antiguo: la fecundidad y el canto, la necesidad de manifestarnos, el hambre voraz de aclarar, entre las dudas, la interrogante sin medida que somos, la fiesta de nuestros nombres en la noche de origen”.

En ese sentido, la óptica que aprendemos de este nuevo libro de Julio Barco (autor de más de 10 libros pese a su joven edad) es que la poesía nos ayuda, cuando la escribimos, a conocer más un tema que nos inquieta o, como contraparte, nos sugiere más interrogantes, más dudas o problematiza de forma compleja algo que creíamos saber, pero cuya verdad tiene muchas más aristas y salidas de lo que se creía. Por ello, la poesía siempre es una forma de conocimiento, de nosotros mismos y de los otros.

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*Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). También, ha sido reconocido en otros certámenes literarios. 

Francois Villanueva, autor de la presente reseña literaria

Nota de Prensa: Carlos Contreras Chipana presenta «Una carta sin Paul McCartney y otros relatos»

Bajo el sello de Caja Negra, el periodista ingresa al campo de la narrativa. “Estos relatos son un homenaje a la tradición literaria”, comenta en la contraportada del libro la poeta Carmen Ollé.

El periodista Carlos Contreras Chipana, tratando de no perder el equilibrio, ha pegado un arriesgado salto hacia las veredas literarias. Acaba de publicar «Una carta sin Paul McCartney y otros relatos» (editorial Caja Negra), su ópera prima con la que ingresa al campo de la narrativa.

En los diez cuentos, que componen esta publicación, los personajes no defraudan a su destino y se sumergen en la tentación de ser, imposiblemente, humanos. El autor confiesa que con el libro pretende retratar las vivencias de una generación a través de múltiples voces que presentan sus desamores, traiciones y soledades.

“Desde Una carta sin Paul McCartney, pasando por Matalayunza, hasta La tumba sin dueño, Carlos Contreras nos ofrece diversos mundos posibles. Al sumergirnos en ellos, surge la inminente pregunta: cuál de estos cuentos que destacan en este libro es el más próximo a lo real. ¿Acaso el primero, sobre un amor de ocasión, que se desvanece como recuerdo juvenil? ¿Tal vez la resolución de una muerte, en el segundo, que pesa sobre la conciencia de los invitados a una celebración andina? O para mayor sorpresa, ¿el desdoblamiento de un personaje que lleva flores a la tumba de un difunto desconocido? Estos relatos son un homenaje a la tradición literaria: un cuento de amor rockero con dicción adolescente y citadina; seguido de la narración costumbrista que reconstruye el habla dialectal del campo, para culminar con un texto de efecto Rulfo. Todos escritos con mano diestra y gran habilidad expresiva”, ha escrito en la contraportada la poeta Carmen Ollé.

El libro ya se puede adquirir en la página web de Caja Negra y en diversas librerías de Lima, como el Virrey de Miraflores, Book Vivant, Escena Libre y Communitas.

Sobre el autor

Carlos Contreras Chipana (Lima, 1988). Estudió Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. En sus más de 10 años como reportero ha trabajado en radio, TV y prensa. Actualmente, escribe crónicas y reportajes en el diario La República. También ha sido becario de la Red de Periodistas Latinoamericanos Cosecha Roja y es colaborador de la revista Anfibia. Ocupó el primer lugar en el Primer Concurso Nacional de Periodismo sobre Políticas Sociales (CIES-2015). Sus cuentos han sido publicados en antologías literarias. Es coautor de La banda sonora de tu vida (Autómata, 2019) y de Generación B, jóvenes del Bicentenario (Artífice, 2021).

Carlos Contreras, autor de Una carta sin Paul McCartney y otros relatos

Nota de Prensa: «Circe ascendente», reciente novela de W.A Flores:

Sinopsis:

CIRCE ASCENDENTE es la historia de un fugitivo que cometió un crimen por amor al arte, pues pretendía proteger a la víctima a quien, en muchas formas, envidiaba.

El lector debe, primero, ensamblar el caso, y luego acompañar al fugitivo por los recovecos de sus argumentos que él supone, lo justificaron para cometer el crimen. Esto implica un riesgo pues se puede caer en las artimañas del personaje y aceptar sus explicaciones, puede que le guste ser parte del delirio y, entonces, quedaría atrapado pues son muchos los laberintos absurdos que, con su supuesta simplicidad, van atando una historia delirante que no se abandonar.

¿Es una fantasía, un thriller psicológico o ciencia ficción?

¡Bienvenido a este viaje sin fin!

Adelante, ocupe su asiento. El tren pronto partirá.

Disponible en:

Mercado Libre Argentina:

https://zetacenturiaeditores.mercadoshops.com.ar/MLA-1123623409-libro-circe-ascendente-de-wa-flores-zce-_JM

Web de editoriales de Juarez:

https://www.editorialesdejuarez.com/zeta-centuria-editores-narrativa/libro-circe-ascendente-de-wa-flores?fbclid=IwAR0p0zb7sGtRw3JY1OLv5kqoiiqqKynkpwsvW8Nb2RFPNqaAcczNqpk9tac

Precio: $1.200,00

CITA:

“Para entonces mi respiración era agitada y el pulso golpeaba mis sienes. Sentí el sudor en mi frente. Mi conflicto interior era mental, pero se había extendido a mi metabolismo. No podía explicar cómo, pero supe que mi salud estaba en peligro. Mi cerebro, exhausto en la búsqueda de un asidero con la realidad, enviaba señales pidiendo que se abriera una válvula de escape que liberara las energías infinitas que emanaban a raudales al fisionarse los núcleos de los átomos mismos. No lograba emitir una respuesta o una reacción racional, pero algo tenía que hacer o sucumbiría con torpeza ante la divinidad.

Me arrodillé y me puse a llorar.”

SOBRE EL AUTOR:

William Antonio Flores García, nacido el 5 de mayo de 1961 en San José, Costa Rica. Escritor y diseñador gráfico, estudio Artes Plásticas y Filología. Ha cultivado la narrativa fantástica en sus diversos subgéneros. Fue premio Joven Creación de su país Ha publicado: “Dinosaurios en la noche” y “Miss Barbi y otros desfaces” (cuento fantástico), “La saga de los bribris: Los umbrales eternos”, (novela de fantasía épica) y “Ajeno a la Tierra” (cuentos de ciencia ficción). Dirige los grupos Taller Experimental de Narrativa Fantástica y Escribamos tu historia.

Autor: W. A Flores

Presentación virtual de la novela Circe ascendente:

https://www.facebook.com/zetacenturiaeditores/videos/1812260665777454

Nota de Prensa: Vuelo Nocturno: Los cuentos de Pilar Dughi

Post en el Facebook de Tadeo Palacios:(https://www.facebook.com/tadepv/videos/622836355636762)

En 2021, a través de Proyecto Machete, dicté tres talleres dedicados a la cuentística peruana que aborda el tópico de la violencia política durante el Conflicto Armado Interno. Esta vez, a lo largo de cuatro sesiones, nos centraremos en el legado y obra de Pilar Dughi, y propondremos algunas claves de lectura que nos permitirán hacer frente a la pregunta de por qué su producción narrativa sería urgente en estos tiempos de incertidumbre.

Informes y formulario de inscripción:

https://forms.gle/UAXLnXLSMSVhP9y76

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I.INTRODUCCIÓN

La obra cuentística de Pilar Dughi (Lima, 1956-2006) —escritora, psiquiatra, gestora de salud mental comunitaria y promotora de los derechos de los niños y las mujeres— ha cosechado con el tiempo, y desde la aparición de su primer volumen de relatos, un legítimo reconocimiento a una vocación narrativa audaz.

Sin recurrir al patetismo o a la condescendencia, y dueña de una pericia clínica, Dughi supo auscultar las costuras de un país que sufría los estragos de la guerra interna que lo asolaba y que estaba plagado de males que aún hoy se hallan lejos de cesar. Dughi integró varias líneas temáticas en un intento de aprehender, comprender y representar fenómenos como la violencia comunitaria e intrafamiliar, la crudeza del machismo, la creciente desigualdad social, la descomposición de los lazos que nos unen a los otros y los porvenires truncos en los que el desencanto y la soledad suelen trazar un retrato del espíritu de su época.

El objetivo de este taller consiste en acercarnos a la producción cuentística más relevante de Pilar desde la lectura crítica y el diálogo, a fin de comprender sus estrategias narrativas y reflexionar en torno a la multiplicidad de temas abordados por la autora.

II. SESIONES

Sesión 01: Pilar Dughi y la Generación de los 80: entre la violencia, el desencanto y la construcción de la escritura/escritora

Sesión 02: Narrativas de la historia, lo fantástico y lo psicológico

Sesión 03: Literatura, género e identidad como eje articulador

Sesión 04: Violencias ineludibles: Género y Conflicto Armado Interno

III. INFORMACIÓN

Precio: 100 soles.

Sesiones: 04 sesiones. Del 05.03.22 al 26.03.22.

Horario: Los días Sábados de 16:00 a 19:00 horas.

Duración: 03 horas

Incluye lecturas y acceso a las sesiones grabadas de las clases.

Informes: tadeo.palacios@pucp.edu.pe

Dirigido por Tadeo Palacios Valverde:

Escritor, abogado por la Universidad Nacional de Piura y candidato a Magister en el posgrado de Literatura Hispanoamericana de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se ha desempeñado como asistente de docencia del curso Técnicas de escritura de novelas en la Maestría de Escritura Creativa (MEC) del mismo claustro.

Ha sido becario del programa de pasantías literarias Arequipa Imaginada del Ministerio de Cultura del Perú y de la fundación alemana Hanns Seidel. Su cuento “El legado” fue uno de los ganadores del Concurso Nacional Nuestros Relatos, organizado en 2020 por la Presidencia del Consejo de Ministros y el Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú.

Ha publicado el conjunto de cuentos sobre la memoria, la ausencia y la violencia política Mañana nunca llega (Editorial Pesopluma, 2021) y diversos ensayos sobre la violencia política en revistas como Red Literaria peruana y Espinela, del posgrado de Literatura PUCP. Sus áreas de interés académico son la narrativa de la violencia política, la memoria y los afectos en la narrativa latinoamericana, los estudios de género y la cultura pop japonesa contemporánea.

Puedes generar el pago del taller vía YAPE o por depósito/transferencia a la siguiente cuenta BCP. Luego, no olvides adjuntar la captura del comprobante de pago y comunicarte con el tallerista. También si cuentas con PayPal puedes pagar el monto de 26 dólares por concepto de inscripción vía el siguiente enlace:

http://paypal.me/tadeopalacios

Crónica: Los cines han vuelto, por “El Dragon Chang”

Por: Alex J. Chang

Hace poco tuve la oportunidad de ir —junto a mi familia— al cine después de dos años, debido a la crisis sanitaria del coronavirus, a ver la película peruana Un Mundo para Julius. Fuimos al Cinestar de Metro UNI. Digo fuimos porque toda la familia disfruto del film, en el cual se cumplieron los protocolos de bioseguridad: el uso de mascarillas, la distancia social en las butacas; además en la entrada nos echan alcohol en las manos y nos miden la temperatura.

Fue un Miércoles 17 de Noviembre, del año 2021; eran las 6:30 de la noche. Ya habíamos comprado las entradas para la función de las 7:30 de la noche. En esa hora se proyectaba la película Un Mundo para Julius. Entonces, para “matar el tiempo”, nos fuimos a cenar un rico pollo a la brasa, una gaseosa Inka Kola de litro y medio, unas salchipapas y un cuarto de pollo broaster. Nos chupamos los dedos con la delicia de cena que nos “empujamos”. Eso no es todo. Guardamos los huesitos y sobras en una bolsita para las mascotas de casa. Al terminar de cenar, mi reloj marca 10 minutos para iniciar la función de cine.

—Ya falta poco —dije a mis padres y a mi hermano menor—. Son las 7:25, según mi reloj.

Los autos transitaban apurados; cláxones estruendosos, tan ensordecedores que golpeaban a mis oídos. Mi hermano menor reía a carcajadas, expresando su felicidad de volver al cine; la familia salía a pasear después de mucho tiempo. Se respiraba un aire fresco que relajaba nuestros sentidos; la noche empieza a oscurecerse; el alumbrado público iluminaba la ciudad de un anaranjado tenue.

Ingresamos, 2 minutos antes de la función, a la Sala 2. En aquella sala se proyectaría la adaptación cinematográfica sobre la novela más conocida de Alfredo Bryce. Después de ingresar, nos sentamos, tomamos la gaseosa, la canchita, las papas y los jugos (escondidos habilidosamente en nuestras bolsas; nadie nos descubrió). Nos “comimos” alrededor de 20 minutos de videos de publicidad.

Todos en la Sala 2 estábamos expectantes.

***

A los pocos minutos, nos matábamos de risa. Eso para empezar. Mientras trascurría la película, la humedad de nuestros ojos —sobre todo los de mi madre— se escurrían en nuestras mejillas. Nos sentimos impactados con un drama tan cercano a nuestra realidad, tan cercano a nuestra experiencia y tan cercano a nuestra sensibilidad.

“Que hijo de puta… Huevón de mierda”, dicho por un grupo de jóvenes de aproximadamente 20 años. Sí, al finalizar la película quedabas enfadado/melancólico al ver tanta inmundicia, tanta porquería, tanta… No sigo porque tal vez…

En fin, Julius de 11 años nos dibuja el contexto social latinoamericano en el cual impera la discriminación y la carencia de valores, de humanidad. Esto no ha cambiado a pesar de que la película se desarrolla en los años 50.

“Esta película sólo puede ser entendido por un público sensible y culto; lamentablemente los jóvenes de hoy no están preparados para esta obra cinematográfica.”, enfatizó mi padre con suma resignación.

Fin

Película Un Mundo para Julius de Rossana Díaz Costa.

*P. D: Esta crónica empezó como un borrador en el mes de noviembre, año 2021. Para ser concluido, después de varias correcciones, y publicarse en diversos medios.

Carlos Gassols: “Sería interesante que cuando uno ya no esté en este mundo, haya hecho algo positivo en beneficio del país y de la humanidad.”

Entrevista a Carlos Ernesto Gassols Eizaguirre, reconocido actor peruano

Por: Alex J. Chang

Carlos Ernesto Gassols Eizaguirre (Perú, 1929), mejor conocido como Carlos Gassols, es un destacado actor peruano, reconocido en el mundo cinematográfico/teatral/televisivo en el Perú —sobre todo en el cine peruano— por aparecer en películas como Caídos del Cielo (1997), Tinta Roja (2000); recientemente por actuar en filmes como Viejos amigos (2014), interpretando el papel de Domingo Culotti; Once Machos (2017).También ha aparecido en producciones televisivas como Al fondo hay sitio (2015) ) interpretando a Sergio Estrada, padre; Cumbia Pop (2017) como el padre Juan. En el teatro, trabajó en producciones teatrales como Vallejo (1992), Cita a Ciegas (2007), 12 hombres en pugna (2013), Vivir es formidable (2018).

En el año 2015, escribió su libro de memorias “Mi vida en el teatro”, publicado por el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega (Perú).

Ha obtenido diversos reconocimientos: Condecorado con la «La medalla de Lima» por su vasta trayectoria como artista en la Municipalidad de Lima (2010), Mejor Actor en el Festival Internacional de Vladivostok “Pacific Meridian” (2011); entre otros.

Actualmente conduce su propio programa podcast llamado “El Podcast de Carlos Gassols”, que forma parte de “Nacional Podcast”, en el cual habla sobre diversos temas culturales. En general, su programa nos invita a rescatar los valores olvidados en la actualidad, y esto se logra gracias a sus reflexiones sobre el arte, la cultura y el teatro. Podcast disponible en diversas plataformas como Speaker, Ivoox, Google Podcast, etc.

Por supuesto, uno de sus pasatiempos favoritos es la pintura y el dibujo. Sin embargo, la pintura, por diversos motivos, lo ha dejado de practicar. No obstante, continúa realizando dibujos en papel y lapicero.

Desde Lima, Perú; y, a través de una computadora y un correo electrónico; en su domicilio, se realiza esta entrevista escrita en el cual Carlos Gassols, nuestro entrevistado, nos confesará detalles íntimos de su faceta personal, muy escondidos detrás del telón rojo, de las cámaras y las luces.

Alex J. Chang: ¿Qué recuerdos se le viene en la mente sobre su niñez y adolescencia? Con respecto a los primeros años de su existencia, ¿Qué recuerdos tiene sobre la convivencia con su familia?

Carlos Gassols: Bueno de mi niñez y adolescencia tengo muy bonitos recuerdos porque tuve la suerte y el privilegio de tener una familia muy unida y donde todos compartíamos el amor al arte. Fuimos cinco hermanos, tres mujeres que fueron las mayores, Irma, Zaida e Hilda y dos hermanos, Fernando y yo, yo soy el menor, y precisamente por esa condición me engrieron muchísimo y me sentía muy querido.

Recuerdo con nostalgia, lo bien que la pasábamos en la casa huerta en los Barrios Altos, los paseos familiares y sobre todo los viajes que hicimos con la Compañía a varios países de Sudamérica.

AJC: En una entrevista a la Revista Impresa Lima Gris 18, usted menciona sobre la cultura limeña en la primera mitad del siglo XX: «Lo primero que puedo decir es que la gente se vestía mejor. Eso de los jeans no existía, yo no me pongo eso. […]Además, a las chicas se les respetaba mucho.” Sobre esto, ¿Qué extraña, además, de lo dicho en aquella entrevista, de la Lima de aquellos años? ¿Qué cambios ha notado, además, de lo mencionado en dicha entrevista, sobre la ciudad de Lima, en los últimos 20 años?

CG: Extraño que en aquellos años la delincuencia casi no existía, por eso se podía vivir con mayor tranquilidad. Se me viene a la memoria una anécdota, una vez un tipo se estaba robando de una casa una radio y cuando lo vieron unos vecinos empezaron a gritar y el tipo dejó el aparato en la vereda y antes de irse les dijo: Para que dejan la puerta abierta pues.

La ciudad de Lima ha cambiado bastante debido a que ha crecido, tenemos distritos enormes tanto en el norte y el sur, a muchos solo los conozco por el nombre porque nunca he ido. Lo que si me da mucha lástima es la cantidad de casonas antiguas con una arquitectura hermosa que han sido demolidas para convertirlas en edificios modernos, como la recordada casona Marsano, por ejemplo, que ahora es un centro comercial.

AJC: ¿Ha pensado alguna vez en publicar un libro de cuentos? Sobre su cuento «El premio» ¿Es posible una adaptación teatral, cinematográfica o televisiva?

CG: Si me gustaría, pero requiere de tiempo para recopilar todo lo que he escrito. Y respecto al cuento que me pregunta me daría por servido con verlo publicado.

Libro «Mi Vida en el Teatro» de Carlos Gassols (Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2015)

AJC: Sobre su libro de memorias titulado: «Mi vida en el teatro», ¿Siente que dijo todo o le ha quedado algún pendiente que cree haber sido considerado?, ¿Tiene pensando en publicar más libros? Coméntenos un poco al respecto.

CG: Lo que he me ha pasado referente a ese libro, es que he cometido algunos errores en los saltos de tiempo y no lo supe ver, lamentablemente no se corrigió y se publicó así.

Si lo he pensado, pero no creo que me alcance el tiempo porque toma mucho trabajo y paciencia, hasta tengo el título, “Las mieles amargas de la ilusión”.

AJC: Sobre el mismo libro, ¿Qué mensaje trató de tocar en su libro? En otras palabras, ¿Qué lecciones nos enseña su libro?

CG: Toda mi vida he pensado que todas las personas, y esto siempre se lo he dicho a mis alumnos, que sería interesante que cuando uno ya no esté en este mundo, haya hecho algo positivo en beneficio del país y de la humanidad.

Película “Viejos Amigos” protagonizado por Ricardo Blume (en el centro de la foto), Enrique Victoria Fernández (en el lado derecho de Ricardo Blume) y Carlos Gassols (en el lado izquierdo de Ricardo Blume). Año de estreno: 2014.

AJC: ¿Es posible que el buen humor esté siempre presente en la vejez, para una mejora en la salud? Según su propia opinión, ¿Qué hace tan humorística y picara la película Viejos Amigos?

CG: Creo que es bueno tratar de mantener el sentido del humor porque a la tercera edad lo natural es que tengamos malestares y dolencias y de esta manera lo hacemos más llevadero.

Pienso que ver a tres viejos envueltos en tantas situaciones jocosas más los diálogos entre ellos hace que el público de toda edad la haya podido disfrutar. Hay escenas graciosas como la de la iglesia, donde a mi personaje le suena el celular y no tiene ni idea de cómo usarlo o cuando van al cajero automático a sacar dinero y por hacerse los expertos dejan la tarjeta.

AJC: Con respecto a los fallecidos actores Enrique Victoria Fernández (2018) y Ricardo Blume (2020), con quiénes protagonizó la película «Viejos Amigos», ¿Qué recuerdos conserva de sus colegas y que palabras tiene para sus buenos amigos?

CG: Para mí fue muy grato participar en esta película con ellos, como éramos los únicos miembros de la tercera edad, nos poníamos a cantar y recuerdo que Ricardo y yo empezábamos a cantar algo para recordar nuestras épocas, pero en voz bajita y despacio para no perturbar el trabajo de los otros actores y llegaba Enrique que se acoplaba, pero a él si le gustaba cantar en voz alta para que lo escucharan todos.

AJC: ¿Consideró, usted, a la pintura como un hobby o un pasatiempo? ¿Continúa pintando, es decir, sigue cultivando las artes plásticas: dibujo, caricatura, pintura?

CG: Para mí siempre fue un hobby y en una época me daba tiempo para hacerlo. Aún conservo en mi casa las pinturas que hice.

Ya no pinto por la sencilla razón de que hay que tener un espacio adecuado y tiempo. Lo que, si no he dejado de hacer, es dibujar, lo hago hasta con un lapicero y en cualquier papel que tenga a la mano.

AJC: ¿Por qué la educación artística, en general, es infravalorada en el sector educativo? ¿Qué otros beneficios, según su criterio, se podría obtener con la enseñanza y con la práctica del teatro en la niñez y adolescencia?

CG: Porque se da mayor importancia a los otros cursos y se desconoce que la enseñanza del teatro principalmente sería de mucha ayuda para complementar todos los demás cursos.

El teatro tiene un valor humano y formativo lo que definitivamente ayudaría a reforzar las habilidades sociales de los estudiantes, la creatividad, la integración en conjunto, en fin, tiene innumerables beneficios.

Cada vez que yo he tenido oportunidad lo he expresado y me da mucha pena que hasta ahora no se le de la importancia que debería.

El reconocido actor peruano Carlos Gassols posando en su casa y rodeado de sus dibujos y pinturas.

Crónica: De Sombreros y de Charros, en las tierras de Piura, por Fernando March

Por: Fernando March (Perú)

Aquí, en las soleadas tierras del norte del Perú, el verano es intenso, ardiente y sofocante. La tradición piurana, de antaño, obligaba el uso de sombrero, dada la fuerza y la agresión del sol. Piura es una tierra de arenales inmensos, algarrobos ásperos, una melancolía y una desolación de muerte, además de una chicha blanca que es más alcohol artesanal y acritud, que dulzura.

Para las gentes del centro y sur de la costa, así como de la sierra y la selva, Piura es sólo sinónimo de playas. Y, sí que las tiene, a porfía: costas bañadas por espumosas olas; mares de topacio; horizontes hermosos, a la caída de la tarde. Sin embargo, Piura, no es sólo eso. Una tierra milenaria condenada a la sed. Una vegetación que sobrevive por obra de un milagro de la naturaleza. Y, con todo, el omnipresente sol, el rubio sol, inclemente y desaforado. Perfecto astro tutelar que motiva las pasiones más violentas y las indiferencias, más insufribles, en el alma de su gente.

«El charro» posando con su sombrero piurano y acompañado de un caballo.

Me acuerdo aquella mañana que llegamos a Piura, por el mes de noviembre, del año 1975. Fue Talara, nuestro primer destino. Mi madre, Johan y yo, habíamos aterrizado en un vuelo de Aero Perú, procedente del Cuzco. Abandonábamos, así, un capítulo inolvidable de nuestras vidas. Alejándonos de las montañas tutelares, de los ríos torrentosos, de los nevados imponentes, de la feracidad y frondosidad de la sierra, para integrarnos a una tierra, donde, según mi madre—exponente de sinceridad total—: “daba mucha lástima morirse”. Con mis padres y mi hermano (aún, de meses de nacido) pasamos un año inhóspito y difícil, antes de estar completamente aclimatados (mejor digo: casi completamente) porque, en realidad, en Piura, uno jamás se aclimata del todo. Siempre tenemos una palabra de rencor, en contra del calor, tan infernal. 

Pese a vivir al lado del mar, junto al inmenso Océano Pacífico, Talara, era dueña de un sol arrogante y bronceador, hasta más no poder. El uso del sombrero era un recurso indispensable, una necesidad inevitable que, lastimosamente, ya no era una regla a seguir. En la novela La casa verde (1966) de Mario Vargas Llosa, el personaje de Anselmo, y todos los habitantes de la Gallinacera y la Mangachería, solían usar sombrero. El mangache era el habitante de la zona norte de la ciudad de Piura. Lugar muy mentado como “Barrio de Guapos” o individuos que se trompeaban, por casi nada, y de la manera más salvaje y ruin, hasta la muerte. Esto lo aprendí en los años en que asistía al colegio parroquial, del Barrio Particular. Mis compañeros de clases—sobre todo los más beligerantes—solían repetir las trágicas historias que habían aprendido de sus padres, sobre la gente brava de Piura, y como esta era tenida por una ciudad forajida, que jamás tuvo ni un instante de paz, mientras existió rivalidad, a muerte, entre los “gallinaceros” del sur y los “mangaches” del norte.

Fernando March, autor de la presente crónica, posando con un sombrero piurano.

El asunto es que, muchos de ellos, portaban soberbios sombreros de jipi japa. Los Hacendados, de igual modo, sostenían la tradición de llevar ancho sombrero de Catacaos, al estilo de Froilán Alama (1). Integrantes de la familia Seminario, Cuglievan o los Hilbck eran representantes de la más rancia tradición que se apegaba, aún, al uso cotidiano del sombrero de paja. Para mí, que venía de una tierra donde sólo veía usar chullos y monteritas, de Tinta, el sombrero de jipi japa, era una agradable tentación, era un sueño apetecido, en una tierra donde, el calor, era un Rey absoluto, desquiciado y perturbador. Sin embargo, para esa época, el uso del sombrero, en las ciudades, ya había caído en un olvido, inmerecido. Sólo la gente del campo lo usaba, para sus faenas diarias.

Cuando llegamos a tener televisión, el único canal que existía en Talara, por esos años era el Canal 2, de Piura, filial del Canal 4, de Lima. En esos mismos días recuerdo a un personaje entrañable, que, era el único, que solía mostrar su enorme y ondulado sombrero, grácil y elegante: “El Charro” Humberto Requena Oliva.

Aquel, era todo un señor alcalde, de Catacaos y que, por el gobierno de Francisco Morales Bermúdez, era el Rey de la Teletón: “La navidad del niño cataquense”. Una vez, cada año, jodía todo un día de programación regional del Canal 2; pero, a decir verdad, no ha habido, ni habrá jamás un alcalde, en Catacaos, como él.

Todos aquellos que llegaron, después, fueron simples advenedizos que asumieron el cargo, sólo para forrarse en dinero ajeno, sin preocuparse por su pueblo.

El Charro Requena tenía un restaurante, “a la entradita de Catacaos”. Mi padre, como Ingeniero, en Jefe, del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Talara (por el Ministerio de Vivienda) solía conocer a muchos personajes importantes de la región. El Charro Requena, era uno de ellos. Era su amigo personal.

Sombrero de jipi japa.

Su prestancia, su carisma y su elegancia hicieron, de él, un personaje legendario.

Un fin de semana, el Charro Requena, invitó, a mi padre, a degustar deliciosos potajes de la culinaria piurana, en su famoso restaurante. Salimos de Talara, al amanecer, para hacer el tramo agotador de Talara-Sullana- Piura-Catacaos. Cinco horas de viaje ininterrumpido, dado que mi padre era cuidadoso de la velocidad, al volante, y, mi madre, jamás desperdiciaba la oportunidad de recorrer, por casi media hora, el centro de cada ciudad, a la que llegábamos.

Cuando ingresamos a Catacaos, al medio día, el mismo Charro Requena, en persona, salió a recibirnos, ¡y los potajes, dignos de Rey, que nos ofreció! (bueno, a mi padre). Allí, aprendí a comer el exquisito seco de chavelo, el cabrito con tamales y menestra, el cebiche de Ojo de uva y, por, sobre todo, una bebida de agradable sabor y muy refrescante, que se quedó, en mi paladar, para siempre: el afamado clarito. Este, es un sobrenadante dulce de la chicha. Un trago delicioso que ameniza con cualquier plato. En “El Charro” se degustaba con piuranidad pura. Y el amable anfitrión, portando alegre, aquel sombrero entrañable, que hacía juego con sus enormes bigotes de tártaro y su fragante guayabera blanca.

Era maravilloso ver a un señor, tan ameno y sencillo. Sin duda, él, era lo mejor que podía ofrecernos aquella tierra de Piura: tan árida, como dura. Desde ese momento, tuve predilección por el uso del sombrero cataquense. Claramente, don Humberto Requena Oliva, llevaba consigo una tradición, antaño extendida, en todo el norte del Perú. Y que hoy, es sólo un recuerdo. Como es un recuerdo, que, una vez, existió un hermoso y acogedor restaurante, de deliciosa comida piurana, que estaba “a la entradita de Catacaos”. Y que, en ella, el Charro Requena—en persona— agitaba su sombrero, te daba la bienvenida y te atendía. Como es un recuerdo, que, un domingo, al año, en el único canal que había en Piura, el Charro se robaba todo un santo día, tarde y noche, con su “Navidad para el niño cataquense”. Y que jodía el fin de semana, impidiendo ver programas de variedades o películas de romanos, de vaqueros o de guerra, contra japoneses, sólo con el único propósito de ver dibujada una sonrisa en la cara de un niño, de su pueblo, con un juguete en las manos. Como es un recuerdo, que fue el único alcalde de Catacaos que hizo algo por sus paisanos. Y trató de hacer más, desde un Congreso de pelagatos, que no daba para mucho.

«El Charro»

Desde entonces, uso sombrero. En señal de respeto a la memoria de personaje tan carismático, y todo un caballero de Piura, pero, además (y por hacer honor a la verdad, que siempre acompaña a mi madre) porque el calor de Piura jode y enferma, y necesito, con urgencia, un tapasol que proteja y refresque mi cara.

Ciudad Coloma.

Enero 2022

(1) Bandolero piurano. Inmortalizado por Carlos Espinoza León en una novela homónima.

Froilan Alama, novela de Carlos Espinoza.

La literatura estridente en «Los bajos mundos» de Francois Villanueva Paravicino, por Julio Buitrón

Por: Julio Buitrón (Premio Caretas de las Mil Palabras)

Si tuviera que definir la literatura de Francois Villanueva, diría que es una literatura estridente. Estridentes son sus personajes, sus historias, sus escenarios, hay una ambientación que hace sentir a la selva de trasfondo, el río Apurímac, el Vraem y los Bajos Mundos. Ya en su primer libro de cuentos encontramos estas circunstancias y personajes que se tornan violentos, alegres y trágicos, como si la escritura a nuestro autor lo divirtiera y lo angustiara, de ahí una violencia moderna (con espíritu de cómic o anime en pasajes que hacen recordar a las películas de Tarantino: la minimalista, prolongada, ambiciosa, pelea a vida o muerte de Rhino contra sus asesinos) en medio del día a día en las zonas recónditas y urbanas de Ayacucho y por ratos Lima, pues esta novela se expande del Vraem al Perú (centro-sur) como si de otro Tahuantinsuyo se tratara, una cotidianidad que no solo es estridente, pues parece mágica, un escenario en que sobreviven los mitos urbanos y los de antes del arribo de los españoles, por ello, en esta novela los capítulos son más bien estampas.

Capítulos que se subdividen y conforman esta serie de historias que, por momentos, también se pueden leer como independientes, a riesgo de perderse de alguna intriga de Los Dragones y otros retratos-historias que a la par se van desarrollando, en especial, una que nítidamente se destaca y perfila ya casi al final, cerrando con broche de oro esta comedia humana cuyo reparto se compone de actores a los que, al igual que Dostoievski y C. E. Zavaleta, caracteriza una hipersensibilidad a flor de piel (asesinos, prostitutas, curas enloquecidos, narcotraficantes, senderistas, tribus selváticas, adolescentes camino a la adultez, pobladores comunes), que es la historia de un escritor, su vocación y su locura: la cima de esta novela en la que la disección de una enfermedad mental no es nada complaciente, sino que nos golpea por aterradora, oscura, terrorífica; de esta manera, este libro dialoga con diversas vertientes de la tradición de la narrativa peruana, bebe de referentes muy diversos para convertirse en una literatura urbana, regional, de aventuras, metaliteraria, detectivesca, narcoterrorista, de la violencia.

De todas estas fuentes bebe Francois Villanueva para trasladarnos a un mundo con personajes vivos. Con gran dominio del diálogo, retrata una coloquialidad que convierte a esta novela en coral, porque en ella los sucesivos personajes se dan la posta de la narración y así nos vamos enterando de sus peripecias y desdichas, estos diálogos son tan reales, verosímiles (en su dramatización) y encantadores como los que encontramos en Vargas Llosa, quien en sus inicios quiso ser dramaturgo.

De esta suerte, Francois Villanueva continúa con su tema: retratar a un Vraem que parece irreal, pero que existe porque está en los mapas, al contrario de la fórmula de Melville, un pueblo que cabe perfectamente en la tradición forjada por Rumi, Comala, Macondo, Santa María, Villaviciosa, o también el pesadillesco Chimbote de Arguedas en los Zorros. Esta obra que en muchos momentos se entrevera, debido al estilo estridente, también es una novela de iniciación en la que se advierte al principio una historia que avanza a trompicones para luego ganar en soltura; es decir, la estridencia la ha naturalizado el lector a partir, entre otras cosas, de una prosa más fluida, armoniosa[1]. Siendo, de igual modo, una novela de iniciación en la que este desfile de destinos sin rumbo, nihilismo alegre, vital, jocoso, pantagruélico (Bryce o Gregorio Martínez), de una juventud a la deriva, se emparenta –¿un diálogo involuntario como decía Borges que ocurría cuando la genialidad crea a sus precursores?– a la aleatoriedad de los capítulos de Al final de la calle o las primeras novelas de Jaime Bayly (No se lo digas a nadie, Fue ayer y no me acuerdo).

La tradición nos empuja (Hegel) de estos jóvenes limeños desencantados y aburridos de inicios de los noventa a los jóvenes de este siglo de internet y pobreza, y entre todas estas historias satelitales se consolida la amistad de una pandilla de adolescentes que se vuelven hombres. Los únicos ausentes en esta novela son los millonarios. Ese rincón privilegiado es el único inaccesible, pero la presencia de un poder opresivo está ahí, algo que se refleja en el prostibar El Refugio, uno de los burdeles de los Bajos Mundos. Otro moridero (Salón de belleza). Un mundo de rocola con música chicha, cumbia y boleros, donde precisamente se ha ido a refugiar Celia Camelia, la protagonista de la otra historia principal, la de un (des)amor rocambolesco y funesto que tuviera ella con Fidel Larco Astete, esta especie de vaquero que va en rescate de su amada, la que se ha convertido en prostituta, madre soltera. Suena a chiste y es trágico al mismo tiempo. De este punto pasamos a una exposición que alcanza niveles regionales que, en cuanto a técnica, hace recordar al fragmentarismo de Ciro Alegría[2], una estética que luego Vargas Llosa (una desmesura abarrocada de la que vuelve con La tía Julia y que luego afianzará en los ochenta para rematar con ese invaluable testamento total que es El pez en el agua) revolverá como un cuadro de Pollock.

Si tomamos en cuenta, por último, otra particularidad que hace de Los bajos mundos (Editorial Apogeo, 2021) un muestreo de la amplia gama que ofrece la contemporánea tradición peruana[3], Francois Villanueva elige a Los Dragones como sus antihéroes (posteriormente esta candidez se pierde en la criminalidad del mundo adulto), pandilla de muchachos que podemos rastrear en Congrains, Reynoso, Vargas Llosa, Gutiérrez y los nada criminales, pero muy alegres sanisidrinos de Bryce Echenique, o los arguedianos de Los ríos profundos[4]. Pues si Vargas Llosa lamentó que cuando él empezó en el oficio se consideró un huérfano por no tener a nadie a quien tomar como padre-referente de la novela peruana, salvo Ciro Alegría, ahora no podemos decir lo mismo de nuestros titanes novelescos que para el Perú vendrían a ser lo mismo que fueron Stendhal, Balzac, Flaubert, Zola (Proust es Dios) para los franceses. Como se ve, para enriquecer a nuestra tradición se necesita de algo más que talento.

Los bajos mundos, primera novela de Francois Villanueva, joven a todas cuentas, nutre y pertenece a la tradición narrativa peruana.


[1] François me confiesa que la novela la empezó en la secundaria.

[2] El recurso de un pueblo de telón de fondo está presente tanto en Los perros hambrientos como en los escenarios selváticos de La serpiente de oro, una novela de la que el ciego Borges se sabía de memoria el primer capítulo.

[3] La transformación de la provincia y la vida de sus pobladores por la irrupción de la modernidad es otro tema caro a Los Bajos Mundos y a nuestra tradición.

[4] La narrativa peruana tiene a la juventud como su protagonista favorito, y podemos mencionar así tanto a La casa de cartón, como a Ribeyro y Rivera Martínez.

Novela: Los bajos mundos (Editorial Apogeo, 2020).
Francois Villanueva, autor de la novela Los bajos mundos