La literatura estridente en «Los bajos mundos» de Francois Villanueva Paravicino, por Julio Buitrón

Por: Julio Buitrón (Premio Caretas de las Mil Palabras)

Si tuviera que definir la literatura de Francois Villanueva, diría que es una literatura estridente. Estridentes son sus personajes, sus historias, sus escenarios, hay una ambientación que hace sentir a la selva de trasfondo, el río Apurímac, el Vraem y los Bajos Mundos. Ya en su primer libro de cuentos encontramos estas circunstancias y personajes que se tornan violentos, alegres y trágicos, como si la escritura a nuestro autor lo divirtiera y lo angustiara, de ahí una violencia moderna (con espíritu de cómic o anime en pasajes que hacen recordar a las películas de Tarantino: la minimalista, prolongada, ambiciosa, pelea a vida o muerte de Rhino contra sus asesinos) en medio del día a día en las zonas recónditas y urbanas de Ayacucho y por ratos Lima, pues esta novela se expande del Vraem al Perú (centro-sur) como si de otro Tahuantinsuyo se tratara, una cotidianidad que no solo es estridente, pues parece mágica, un escenario en que sobreviven los mitos urbanos y los de antes del arribo de los españoles, por ello, en esta novela los capítulos son más bien estampas.

Capítulos que se subdividen y conforman esta serie de historias que, por momentos, también se pueden leer como independientes, a riesgo de perderse de alguna intriga de Los Dragones y otros retratos-historias que a la par se van desarrollando, en especial, una que nítidamente se destaca y perfila ya casi al final, cerrando con broche de oro esta comedia humana cuyo reparto se compone de actores a los que, al igual que Dostoievski y C. E. Zavaleta, caracteriza una hipersensibilidad a flor de piel (asesinos, prostitutas, curas enloquecidos, narcotraficantes, senderistas, tribus selváticas, adolescentes camino a la adultez, pobladores comunes), que es la historia de un escritor, su vocación y su locura: la cima de esta novela en la que la disección de una enfermedad mental no es nada complaciente, sino que nos golpea por aterradora, oscura, terrorífica; de esta manera, este libro dialoga con diversas vertientes de la tradición de la narrativa peruana, bebe de referentes muy diversos para convertirse en una literatura urbana, regional, de aventuras, metaliteraria, detectivesca, narcoterrorista, de la violencia.

De todas estas fuentes bebe Francois Villanueva para trasladarnos a un mundo con personajes vivos. Con gran dominio del diálogo, retrata una coloquialidad que convierte a esta novela en coral, porque en ella los sucesivos personajes se dan la posta de la narración y así nos vamos enterando de sus peripecias y desdichas, estos diálogos son tan reales, verosímiles (en su dramatización) y encantadores como los que encontramos en Vargas Llosa, quien en sus inicios quiso ser dramaturgo.

De esta suerte, Francois Villanueva continúa con su tema: retratar a un Vraem que parece irreal, pero que existe porque está en los mapas, al contrario de la fórmula de Melville, un pueblo que cabe perfectamente en la tradición forjada por Rumi, Comala, Macondo, Santa María, Villaviciosa, o también el pesadillesco Chimbote de Arguedas en los Zorros. Esta obra que en muchos momentos se entrevera, debido al estilo estridente, también es una novela de iniciación en la que se advierte al principio una historia que avanza a trompicones para luego ganar en soltura; es decir, la estridencia la ha naturalizado el lector a partir, entre otras cosas, de una prosa más fluida, armoniosa[1]. Siendo, de igual modo, una novela de iniciación en la que este desfile de destinos sin rumbo, nihilismo alegre, vital, jocoso, pantagruélico (Bryce o Gregorio Martínez), de una juventud a la deriva, se emparenta –¿un diálogo involuntario como decía Borges que ocurría cuando la genialidad crea a sus precursores?– a la aleatoriedad de los capítulos de Al final de la calle o las primeras novelas de Jaime Bayly (No se lo digas a nadie, Fue ayer y no me acuerdo).

La tradición nos empuja (Hegel) de estos jóvenes limeños desencantados y aburridos de inicios de los noventa a los jóvenes de este siglo de internet y pobreza, y entre todas estas historias satelitales se consolida la amistad de una pandilla de adolescentes que se vuelven hombres. Los únicos ausentes en esta novela son los millonarios. Ese rincón privilegiado es el único inaccesible, pero la presencia de un poder opresivo está ahí, algo que se refleja en el prostibar El Refugio, uno de los burdeles de los Bajos Mundos. Otro moridero (Salón de belleza). Un mundo de rocola con música chicha, cumbia y boleros, donde precisamente se ha ido a refugiar Celia Camelia, la protagonista de la otra historia principal, la de un (des)amor rocambolesco y funesto que tuviera ella con Fidel Larco Astete, esta especie de vaquero que va en rescate de su amada, la que se ha convertido en prostituta, madre soltera. Suena a chiste y es trágico al mismo tiempo. De este punto pasamos a una exposición que alcanza niveles regionales que, en cuanto a técnica, hace recordar al fragmentarismo de Ciro Alegría[2], una estética que luego Vargas Llosa (una desmesura abarrocada de la que vuelve con La tía Julia y que luego afianzará en los ochenta para rematar con ese invaluable testamento total que es El pez en el agua) revolverá como un cuadro de Pollock.

Si tomamos en cuenta, por último, otra particularidad que hace de Los bajos mundos (Editorial Apogeo, 2021) un muestreo de la amplia gama que ofrece la contemporánea tradición peruana[3], Francois Villanueva elige a Los Dragones como sus antihéroes (posteriormente esta candidez se pierde en la criminalidad del mundo adulto), pandilla de muchachos que podemos rastrear en Congrains, Reynoso, Vargas Llosa, Gutiérrez y los nada criminales, pero muy alegres sanisidrinos de Bryce Echenique, o los arguedianos de Los ríos profundos[4]. Pues si Vargas Llosa lamentó que cuando él empezó en el oficio se consideró un huérfano por no tener a nadie a quien tomar como padre-referente de la novela peruana, salvo Ciro Alegría, ahora no podemos decir lo mismo de nuestros titanes novelescos que para el Perú vendrían a ser lo mismo que fueron Stendhal, Balzac, Flaubert, Zola (Proust es Dios) para los franceses. Como se ve, para enriquecer a nuestra tradición se necesita de algo más que talento.

Los bajos mundos, primera novela de Francois Villanueva, joven a todas cuentas, nutre y pertenece a la tradición narrativa peruana.


[1] François me confiesa que la novela la empezó en la secundaria.

[2] El recurso de un pueblo de telón de fondo está presente tanto en Los perros hambrientos como en los escenarios selváticos de La serpiente de oro, una novela de la que el ciego Borges se sabía de memoria el primer capítulo.

[3] La transformación de la provincia y la vida de sus pobladores por la irrupción de la modernidad es otro tema caro a Los Bajos Mundos y a nuestra tradición.

[4] La narrativa peruana tiene a la juventud como su protagonista favorito, y podemos mencionar así tanto a La casa de cartón, como a Ribeyro y Rivera Martínez.

Novela: Los bajos mundos (Editorial Apogeo, 2020).
Francois Villanueva, autor de la novela Los bajos mundos

Las venas de un árbol chino andino, por Julia Wong

Reseña del poemario Mientras caen mis hojas, de Nilton Maa

Nilton es el primer poeta chino andino que conozco.  Mi objeto de estudio sobre lo sino amazónico habían tenido prioridad. Y es un poeta que dentro de sus pretensiones comunicativas está   que nos enteremos que significa ser un “chino andino”. Empezar por cuestiones identitarias en una poesía que se interrelaciona en una ecuación subliminal  con la naturaleza diferenciada para  conmemorar su apellido, cual semilla madura  y la reválida.  Parte de intervenir en la alineación de  un sistema de símbolos que dialoga informando y creando un  abstracto donde la  ética hacia  la naturaleza filial y belleza se complementan. ¿Qué es un árbol? Si no una organización perfecta de la raíz a las hojas.

En esta entrega de Nilton, poeta que aunque conozco en persona hace poco más de  un año y me unen simpatías por el trabajo étnico y expresivo de la comunidad tusán en el Perú, me atrae por su dedicación y constancia en revitalizar, esa cosmovisión eco- sistemática de este jardín que los tusanes no queremos dejar perecer, a pesar de todas las desventajas, plagas y “enemigos “de este imaginario.  Este árbol que en este conjunto de poemas asume una voz poética confesional, íntima, desgarrada, elogiando la honestidad de lo inefable, en el primer capítulo acepta la muerte del padre como una caída, pero no es una caída en el sentido de fracaso, abandono o abismo. Es una caída dentro de un ciclo esperanzador.  Quién fuera rama, hoja, observador, raíz y jardinero y guardián.

Sin tratar de generalizar los múltiples lazos que se han encontrado siempre entre naturaleza y literatura, a veces ociosos, a veces necesarios, no quisiera llevar a la voz poética de Maa en esta entrega  al mismo espacio donde el naturalismo usa de estandarte a la biología, la vegetación o la ciencia natural, para adentrarse en el mundo de los sueños, las pasiones, la belleza o una ética para un curioso de su propia estirpe. Sino ponerla  bajo la luz de  un sol andino, solidario y nostálgico.

Me conmueve la forma como Maa ha dividido el libro,  1.-papi,  2.-princesa,  3.- Zurita y  4.-des-amores.  Constatando que el peso de  la hoja caída más grande es la del padre, abandona la hermosa rama para que el ciclo vital siga su continuidad causal sin llamar   a la muerte como fin , sin desesperar , sino asumiendo el ciclo  transcendental  que es  ser parte de un organismo vivo.

Encuentro casi un conjuro en este conjunto melodioso de elementos, que en su musicalidad tocan una gran lejana pena, ambas tierras China y los Andes muestran una altura, que Nilton no puede superar. Son elementos que le han hechizado desde su raíz, la abuela, el padre que ya ha caído y sin embargo no compite con la otra parte de la naturaleza del árbol sino que la complementa, a tal extremo, que  Zurita es más Zurita por que Maa le ha permitido mostrarse en su esplendor.

Te llamo, te añoro y te abandono,

y mientras deshago el camino,

me despojo del tiempo, del silencio,

de las luces que me resguardan

de la amarga noche.

Y en algún momento agrega en este acápite…cito:

tampoco deseo que te vayas.

Hipocresía matizando mis palabras.”

El árbol Zurita sabe que la hoja “papi” tiene que caer por fuerza de su propia gravedad y entre la aceptación del ocaso, y la sabiduría del destino, no puede más que reconocerse como un simple observador hipócrita.

Sólo la caída de esa hoja permitirá que una princesa limeña arda en la ciudad y reinicie el ciclo en el huerto.

Dicotomías, entre andino- chino, viejo- joven, abuelo- nieta, abuela -nieta, observador-observado se terminan porque el árbol es uno solo.

Cierra con un acto de desconsuelo, que cuestiona un presente vacío y sin historia en Desamores. No hay peor traición que no haber podido decir adiós.  Y esa nostalgia infinita por un padre amante, Nilton nos clava su propia daga de ignominia por no sentirse merecedor de ambos linajes.

Y sin embargo el riesgo de decirlo, como él lo poetiza, es como sábila nutriente que ha permitido otra vez reivindicar el follaje en su corazón.

Biodata de Julia Wong Kcomt:

Hija de migrantes chinos, heredó el Nomadismo como ejercicio. Nació en Chepén en 1965, es escritora y gestora cultural. Viajera por convicción. Cursó estudios de Derecho y Ciencias políticas en la Universidad de Lima y Humanidades y Literatura en la PUCP, llevó cursos en Romanística, Teología, Sinología y Religiones Comparadas en Alemania. Tiene 16 libros de poesía publicados, 4 nouvelles y dos conjuntos de cuentos. Es fundadora del Festival de poesía en Chepén Chepén.

Julia Wong, autora de la presente reseña literaria

Poesía internacional: Milagro Acosta (Colombia)

DONDE ESTAS CORAZÓN

¿Dónde este corazón?

¡Que no te hallo

a mi lado ¡

¡Me siento vacía sin ti,

por favor ven que yo te amo!

¡No olvides tantos momentos 

que los dos tuvimos

tan hermosos

e inolvidables! ¿Dónde estás corazón?

que no te puedo ver!

¿Porque no estas

a mi lado si yo te amo,

como el primer día o quizá más? ¡Tú sabes que mi corazón

no te puede mentir

porque tú lo conoces bien! 

¿Dónde estás corazón?

¡Porque mi corazón

ya no se halla sin ti y tu amor,

te quiero mucho y más allá del otro lado

de la luna mi amor! ♥️…

AMOR REGRESA

¡Siempre te espero

en cada minuto,

en cada instante de mi vida, 

te espero en el mismo lugar.

donde nos conocimos!

¡Porque ahí

en este mismo lugar

fue donde conocí 

a la persona que me ha dado

tanto amor.

y felicidad en mi vida!

¡Amor regresa pronto

 porque tú eres mi mejor día,

 mi mejor mañana

 y lo mejor que ha podido

 pasar en mi vida

 te amo tanto amor!

¡Ya no se vivir

 sin ti mi amor

regresa pronto

que mis labios

impacientes esperan por tus besos, 

mi cuerpo.

 tus tiernas caricias

 y mi alma extraña tu adorada presencia!

Éxtasis de Amor 💕

Quiero ser el éxtasis de

tus labios y de tu cuerpo, que en cada

beso y caricia que te

entregué quede la

huella en tu corazón, y

en tu alma…

Para que nadie pueda

borrar este sentimiento

que sentimos los dos

amor mío, porqué tú,

eres el éxtasis que mi

cuerpo necesita…

En cada minuto y cada

instante amor mí, tú

eres el deseo, la

pasión, y locura que

me atrapa al estar

entre tus brazos …

Biodata:

Milagro De Jesús Acosta Solano oriunda de Colombia. Es Embajadora por la Paz y ha participado en la Revista de Luna de Otoño con sabor a invierno como la única colombiana en su primera edición y he participado en varios eventos internacionales virtuales.

Milagro Acosta (Colombia)

Nota de Prensa: Mañana nunca llega, de Tadeo Palacios

Post: Pesopluma: una editorial de ideas
Editorial peruana Pesopluma

Primer libro del narrador piurano Tadeo Palacios, y quinto título de la colección Iceberg, reúne 12 relatos y 1 nouvelle polifónica sobre 14N, a la par que retoma la literatura como herramienta de denuncia social.

Ficha Técnica de Libro
Título: Mañana nunca llega
Autor: Tadeo Palacios
Precio: S/ 39.00
Serie: Iceberg / Cuento
226 páginas | 11 cm x 18 cm | Tapa rústica con solapas
ISBN: 978-612-4416-28-6
Fecha de publicación: noviembre de 2021  

Nacido en Piura en 1994, el narrador Tadeo Palacios Valverde debuta a sus 26 años en el escenario literario local con Mañana nunca llega, un volumen que reúne doce cuentos inspirados en la realidad nacional y una nouvelle polifónica sobre el estallido social del 14N, a un año de su acaecimiento.

Heredero de grandes narradores con conciencia social como Pilar Dughi y Miguel Gutiérrez, y también de la oralidad lírica del mejor Reynoso de Los inocentes, Palacios sorprende por su potencia narrativa, la versatilidad de su pluma y una profunda agudeza para aprovechar literariamente los grandes desencuentros que palpitan en ese territorio real e imaginado llamado Perú. A veces desde el humor ácido ribeyriano, otras indagando descarnadamente en sucesos terribles, e incluso cuando bordea el registro del terror fantástico, Palacios logra un retrato del país imperfecto, un tanto ridículo, pero sobre todo trágico, que nos cobija; esa tierra que se constituye como una sumatoria de violencias, fantasmas sociales, traumas colectivos y postergaciones. Y es, justamente, esa postergación eterna y violenta la que motiva el título de este libro: aquella promesa de un «mañana mejor» anhelado por quien sufre, usufructuado por los políticos en campaña y promocionado por la prensa mediante reportajes mediocres y simulacros marqueteros, sin que jamás se materialice. Esa secreta esperanza que el lector también abriga, pero que en Perú se trastoca en potencial decepción, palpita fuertemente en estos relatos, a la par que cuestiona el statu quo nacional, en pleno Bicentenario.

Tadeo Palacios se muestra, pues, en esta, su ópera prima —y el quinto título de la colección Iceberg—, como un narrador valiente y dispuesto a poner el dedo en la herida para dejar que «salte la pus», como decía Gonzáles Prada; un artista de la palabra que no teme develar lo que normalmente se calla y esconde, ni tampoco discutir la narrativa falaz del éxito peruano y el progreso aparente. Voces como la de él, que se levantan y exponen la aspereza de la realidad sin relegar a la belleza a un segundo plano, que denuncian sin caer en lo panfletario, son probablemente las que necesitamos hoy en día —cuando el imperio de las fake news y los likes y el imperativo de la felicidad descartable nos distraen— para detenernos un momento a pensar y reconocernos como individuos, como nación, mientras evaluamos el rumbo de nuestras vidas, la posibilidad o imposibilidad de nuestros sueños, y la patente desigualdad de nuestras sociedades.

Tadeo Palacios

Tadeo Palacios (Piura, 1994) es abogado por la Universidad Nacional de Piura y actualmente cursa la Maestría de Literatura Hispanoamericana de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). En 2017 fue becario del programa Arequipa Imaginada del Ministerio de Cultura. En 2020, una versión previa de su relato «El legado» fue ganadora del Concurso Nacional Nuestros Relatos, organizado por la Presidencia del Consejo Ministros (PCM) y el Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú. Sus intereses orbitan la narrativa de la violencia política latinoamericana, el social thriller estadounidense y la cultura pop japonesa. Actualmente, conduce el podcast Proyecto Machete y escribe en www.tadeopalacios.pe

 Instagram: @sonambulario

Twitter: @SonambuloRojo

Lima, noviembre de 2021 // SE AGRADECE LA DIFUSIÓN

Blurbs

Sin concesiones, con prosa ágil, vigorosa y registros que subvierten con talento las convenciones, los cuentos de Tadeo Palacios Valverde nos hunden en la vorágine de las pasiones humanas que los tiempos de crisis sanitaria y política han acrecentado. Se trata de la radiografía lúcida de una sociedad frente a cuya descomposición resisten con terquedad quienes aún creen que otro mundo es posible.

Christiane Félip Vidal

A pesar de su juventud, Tadeo Palacios tiene una prosa tan lograda que podría leerse cantando. Vive en ella algo de la oralidad de Oswaldo Reynoso —en Los inocentes— y de la música del hablar de Piura. Pero esta elegancia sutil no es señal de calma: el lenguaje, como un viento que se manifiesta suave solo al principio, va construyendo historias donde el dolor y la ira emergen brutales, con la sensorialidad a flor de piel.

Juan Manuel Robles

«La tarde ya lo inundaba todo con su sangre», escribe Tadeo. La tarde y su promesa agridulce, materna y paterna. Espera, abandono, amor, resistencia, malentendido, pisoteo, lucha. La tarde es ambigua y urgente. La tarde arremete, no es retráctil. Como estos cuentos. Sus colores: rojo fuego; su paisaje: el desierto, el mar y la ciudad; un sabor: tamarindo; y estos lenguajes: la ternura y la cólera. Cada tarde llega a su mañana, Tadeo, pero el mañana nunca llega.

Katya Adaui

La irrupción de Tadeo Palacios en el circuito literario con estos poderosos relatos confirma lo que intuíamos los que nos acercamos a sus primeros esbozos: no solo es el vuelo y la innegable calidad de su prosa, estamos ante un escritor impetuoso, vital, arriesgado que vive la literatura y defiende a muerte esta extraña forma de vida.

Diego Trelles Paz

Ante todo, Mañana nunca llega es un libro que no teme. No teme construir desde los insumos locales: de la Piura bullente, de su habla, mar, desierto, sueños y miedos; su burocracia y estructuras verticales, que son las del país. No teme tampoco explorar zonas grises y los saldos de la violencia del conflicto armado interno, ni teme devolverle a la ficción la posibilidad de inquirir en lo inmediato —hoy dominio de la crónica—, como la memoria del 14N. Mañana nunca llega, primera entrega de Tadeo Palacios, responde a la urgencia de contar historias a partir de la recuperación de la memoria; construye desde un lenguaje que captura la densidad de la experiencia vivida. A partir de modelos mayores como Pilar Dughi y Miguel Gutiérrez, en los que el individuo es hechura de sus vínculos, Palacios recuerda el pacto histórico de la narrativa peruana con su dimensión política, colectiva y humana.

Miluska Benavides

Descubriendo la calle del encanto del trovador menesteroso, por Alex J. Chang

Reseñamos el relato “El Trovador Menesteroso de la calle del encanto”

Por: Alex J. Chang

Mis primeras impresiones

El Trovador Menesteroso de la calle del encanto nos narra sobre las peripecias de César Vallejo y Georgette en su viaje —debido a una persecución política— de Paris a Madrid, de Francia a España.

Vemos como Georgette, esposa de César Vallejo, se muestra como una mujer abnegada, desinteresada que no le interesa los lujos; ni siquiera comer ni tener vivienda disponible. Es, a mi juicio personal, muy conmovedor. Las sugerencias que el autor brinda, con una prosa poética, nos conmueve dando martillazos a nuestros espíritus.

Es una historia hilvanada con sentimientos humanistas que se descargan desenfrenadamente, pero, que, el protagonista, César Vallejo, intenta disimular sus problemas económicos y sus emociones; nunca se lo muestra o dice a los demás, menos a Georgette. Entonces, vemos escena tras escena un cuidado manejo de la cámara y la fotografía; todo esto es posible gracias a la maestría de un exquisito cineasta: Fernando March, autor de este magnífico relato extenso.

Ni que decir del uso del contexto en favor de la historia narrada: las primeras décadas del milenio mil novecientos. Una historia que mantiene la coherencia entre el espacio y tiempo, inclusive en los lenguajes empleados: el idioma francés empleado en Francia, y fuera de ella, cuando conversa con Georgette, nativa de aquella tierra de Rimbaud; y el uso del español catalán muy empleado en España. Desde este aspecto técnico, el autor ensambla muy bien el contexto de tiempo, espacio, y lenguaje.

Viaje al fabuloso universo de La Calle del encanto

Al comenzar nuestra lectura nos ubicamos en Francia —antes de su viaje a Madrid, y a la famosa calle española: La Calle del encanto- vemos como nuestro poeta esta pasando apuros por su forma pensar, por su filosofía, su visión de la vida: un marxista creyente en Dios, en la humanidad. Para el poeta, Vallejo, es posible que la filosofía se relacione con Dios, y no sean antagónicas. No obstante, esto no es comprendido ni por sus propios camaradas del partido marxista ni por sus propios enemigos; ambos lo ven como un bicho raro. Ante estas circunstancias la justicia francesa le da un ultimátum para retirarse del país de Flaubert. Sobre esto, aquí cito un fragmento del relato de Fernando March: “Él es un comunista romántico que cree en la posibilidad de que Dios ayude a Marx a construir su paraíso proletario en la tierra…”, dicho por un policía francés quien interviene al autor de Trilce; sucedido en la estación de Quai de Orsay.

Ante esto, el poeta y su amada Georgette, huyen de aquel infortunio que los persigue y los seguirá persiguiendo hasta sus últimos días de existencia.

En Madrid, Vallejo espera una mejor vida: alejada de los malos tiempos que arrastra desde su tierra natal: Perú. Sin embargo, será una utopía regresar a Perú.

Para sobrevivir, Vallejo tuvo que buscar empleos por toda la ciudad: intentaba postular a empleos como periodista en los diversos diarios españoles. No tuvo suerte. Es ahí, entonces, que crea su propia épica, su propia fantasía, en el cual huye de su mediocre realidad: La calle del encanto. Cualquiera que preguntará y/o solicitará saber la dirección del poeta de Santiago de Chuco, siempre él respondía: La Calle del encanto. Es una quimera que nos encumbra a sus ilusiones más descabelladas; un lugar donde todo es posible. Vallejo agobiado de su tragicomedia, se encierra en su soledad, en su miseria, en La Calle del encanto.

Influencias literarias

No cabe duda que el autor conoce a profundidad la vida y la obra de César Vallejo; sobre todo, su poesía. Sabe interpretar el sentir de cada palabra escrita por el autor de Poemas Humanos. Por lo tanto, en Fernando March vemos una marcada influencia del autor de Los heraldos negros.

Otra referencia consultada por el autor fue el diario gráfico Ahora, año 1931, Madrid, España. Esto sirvió para conocer el contexto histórico en el cual se desarrolla “El Trovador Menesteroso de la calle del encanto”. Entonces, vemos una lectura minuciosa de la realidad que enfrentó Vallejo y Georgette.

Detectamos la lectura de 114 Cartas de César Vallejo a Pablo de Abril de Vivero; así, y de esta forma, sirve de conocimiento para aclarar el contexto histórico; permite complementar la información sobre lo dicho por el diario gráfico Ahora.

Por supuesto es notable la huella de Gabriel García Márquez; gracias al maestro Gabo enriquece su prosa poética. Asimismo, la influencia de otros grandes poetas: Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Por último, y no menos importante, se resalta una furtiva lectura de los libros del distinguido vallejologo peruano Miguel Pachas Almeyda.

Palabras finales

Por alguna razón, ganó, en el año 2019, el Segundo lugar en el Concurso de Relato Breve Internacional Premio Angels Fortune. Y las razones ya los he dicho en esta reseña/ensayo sobre el relato El Trovador Menesteroso de la calle del encanto.

Hasta el momento ha obtenido buenos comentarios de sus lectores y de la crítica. Un punto crucial en el cuento es el hecho de la perdida del embarazo de Georgette, y cómo este afecta/distorsiona el equilibrio mental/emocional del poeta César Vallejo. Coincidimos con lo dicho por Carloz Montero, publicado en la web Libre e independiente, en Julio de 2020.

“La consumación del cuento llega con un evento inesperado: la pérdida del embarazo de Georgette. Sobre esto último muy poco se ha dicho.  Y cuanto se ha dicho ingresa en el terreno de la especulación amarillista. Fernando March elabora una historia en base a los mejores sentimientos del poeta, a su amor por la humanidad que se congrega allí, en el amor por un niño que no le conoció y con el cual decide dar cumplimiento al mensaje, que él descubre, en el relato de la mesonera vizcaína.” ( https://libreeindependiente.com/comentario-el-trovador-menesteroso-de-la-calle-del-encanto-de-fernando-march-por-carloz-montero/ )

Para finalizar, el lector al leer este relato conocerá un poco más al poeta universal del sufrimiento, el vate César Vallejo. De inmediato se sumergirá en una historia que nos llevará a los sentimientos más íntimos de la humanidad. Además, la portada deslumbra desde el primer vistazo: unos colores vivos de una ciudad madrileña que corre a raudales relumbrado en una noche cálida.

Ficha Técnica:

  • Autor: Fernando March
  • Páginas:37
  • Editorial: Angels Fortune editions (Barcelona, España)
  • Año 2019

Título disponible en Buscalibre:

https://www.buscalibre.pe/libro-el-trovador-menesteroso-de-la-calle-del-encanto/9788412121261/p/52389338?fbclid=IwAR3MTRVswpcN8xLoZIeQm96E5kEExDw9xtVKTB9A2tfpCftuQVrXlSLIJps

Título disponible en Todostuslibros.com:

https://www.todostuslibros.com/libros/el-trovador-menesteroso-de-la-calle-del-encanto_978-84-121212-6-1?fbclid=IwAR1EK60qAcLZhL13hsupmoQezCSek7idvXV81HuwRi02HqkV1TvH-V51WNk

RESEÑA: J. J. Maldonado y la Novela Generacional en el siglo XXI, por Alex J. Chang

Reseñamos la novela El amor es un perro que ruge desde los abismos de J. J. Maldonado, publicada por Editorial Planeta Perú.

Por: Alex J. Chang

J. J Maldonado

Novela Generacional

El amor es un perro que ruge desde los abismos (Planeta, 2021), novela debut de J. J. Maldonado, ha obtenido en el primer mes de su publicación un impacto positivo y entusiasta tanto entre la crítica y los medios de comunicación nacionales, como entre un gran número de lectores que celebran en libro en historias de Instagram o post de Facebook, resaltando especialmente la esencia y la furia juvenil, así como el sinfín de referencias generacionales que acompaña el argumento del libro: la historia de un adolescente llamado Diosito, el cual enterado de que va a ser padre dentro de un sector de bloques infernales del Callao, se lanza hacia una aventura picaresca en la que se verá enredado con una mafia de trata de personas que usa como fachada un hangar dedicado a la producción clandestina de hentai (anime porno).

Sin ninguna duda el libro ha tenido una conexión muy fuerte con los jóvenes y eso ha quedado evidenciado en el sinfín de interacciones de lectores millennials y centennials en redes sociales, sobre todo en Instagram. ¿Pero a qué se debe esta conexión? Podría decir que bajo una primera lectura, El amor es un perro que ruge desde los abismos se presenta ante el lector como una carta de amor a la generación que creció en los 2000; como un libro que extrae las sensibilidades de toda una nueva juventud y que entierra para siempre el siglo XX y se aparta totalmente del espíritu de los 90, espacio temporal que yace como animal anacrónico y olvidado para cualquier joven del siglo XXI.

Así hay en esta novela todas las dinámicas y códigos que hermanan no solo a un barrio o una clase social, sino también a toda la juventud de un país, a toda su educación sentimental, a toda su nueva forma de aprehender el mundo, incluso, a toda su esencia política. En ese sentido podría pensarse que El amor es un perro que ruge desde los abismos es una novela que trata de totalizar el primer periodo del siglo XXI peruano a través de un lenguaje propio, con las características determinantes de la juventud que se formó a sí misma con la llegada del internet y el cable y los primeros celulares inteligentes. Todo esto visto no a partir de una totalidad numérica, sino de un fragmento, y en este caso el fragmento sería la furia de una periferia: el Callao, pero un Callao completamente inventado, el cual Maldonado borra para transformarlo desde la ficción en una periferia que se vuelve todas las periferias posibles.     

Entonces allí encontramos la búsqueda de Maldonado por crear la primera épica millennial de su generación a partir de los márgenes de la ciudad. Porque El amor es un perro que ruge desde los abismos se constituye como la epopeya de Diosito, un personaje periférico que se convierte en significado y significante del joven del siglo XXI, en ícono generacional. De ahí que se narre diversos planos de la vida de este personaje: lo psicológico, lo sentimental, lo físico, lo político, lo religioso, lo educativo, lo vital y, sobre todo, lo moral. Y todo esto funciona por el ejercicio de la picaresca urbana y pop que Maldonado plasma en la elaboración de su relato, creando microutopías que se sostienen por la disposición de sus materiales, pero en especial por su mirada.

En el capítulo 28 (monólogo interior larguísimo del libro) vemos quizá la clave de todo lo arriba expuesto. Menciona el protagonista:

“Qué se le iba a hacer. Yo. Mis últimos atardeceres en la Tierra. Mi hermoso final en el videojuego real. Mi vómito a la cara de toda mi generación. Sí, mi vómito. Este es mi vó- mito para ahora, para mañana, para siempre. Yo con ellos y ellos conmigo: Dieciocho años: Dragon Ball Z: Spotify: Xvideos: Photoshop: Pornhub: Asfalto: Tumblr: Soledad: 4chan: Desamor: Y soledad: Y nuevamente soledad: Y mucha más soledad en. Mi vómito a todos ellos. Sí, mi vómito”.

Ahora bien, algunos críticos han dicho que los personajes de El amor es un perro que ruge desde los abismos son marginales y que su mundo y su lenguaje y sus sueños también lo son. Pero están equivocados. De hecho la marginalidad tiene su propia poética, su propia forma de estetizar el mundo. Pero en el mundo o el universo de El amor es perro que ruge desde los abismos los personajes no son esencialmente marginales, sino más bien son personas ultraconectadas gracias al internet o la televisión que consumen en exceso. Es un desvarío seguir hablando de marginalidad en un mundo tan hiperconectado: con ese vértigo que hay en la red con su sinfín de grupos o tribus urbanas dentro del universo digital. Bajo este contexto se puede señalar que los personajes de Maldonado están determinados por algo que se conoce como la Aldea Global o la Nueva Babel, ya que, desde su espacio lejano, el barrio, la cabina de internet, la pandilla, están conectados con el mundo. De modo que eso los define como seres particulares, pero al mismo tiempo les arrebata su autonomía e identidades locales. Es decir, los desmarginaliza. Por ejemplo: los personajes de esta novela no usan jergas como “causa” o “pata” para referirse a un amigo, sino utilizan el “broder”; en lugar de “pendejada” o “carajo” usan el “mierda”, etcétera. En ese sentido, su marginalidad es paradójicamente una marginalidad globalizada. 

Tal vez por eso el lenguaje usado en El amor es un perro que ruge desde los abismos no es un lenguaje marginal, ni sucio, ni sexual ni violento, ni hamponesco o sicarial, y eso porque precisamente los personajes no están dentro de una situación marginal o hamponesca o precarizada (como los reseñistas lo han señalado desde el puro asombro), sino más bien están en una zona gris, entre lo marginal y lo globalizado; entre lo bueno y lo malo, entre la luz y la oscuridad. Y todo eso definitivamente gracias a las dinámicas e influencia del internet, porque el internet es una puerta al mundo, un pase hacia el TODO, una reconfiguración de lo que es la verdad o la mentira, lo puro o impuro. Por eso es el internet lo que batutea la novela. O mejor dicho es lo que le da su rumbo.

En razón de todo lo anotado, el lenguaje de El amor es un perro que ruge desde los abismos es funcional a ese panorama y por eso mismo es su punto más interesante. En consecuencia Maldonado no exotiza a los personajes dándoles giros lingüísticos sacados de manual de periódico chicha o de películas inverosímiles del submundo de Lima. Se salva al globalizarlos y conectarlos con el mundo. Basta darse una vuelta por los márgenes de la ciudad para llegar a la conclusión de que en las periferias del siglo XXI ya nadie habla en argot de hampón de cine barato o de literatura urbana pasada de moda. Se habla grueso, pero no con el falso exotismo que nos ha vendido Tondero. Felizmente, porque ese sería el horror y Maldonado logra librarse de eso para alegría del lector. Menos mal.

Título con reminiscencias pop

Respecto al título El Amor es un perro que ruge desde los abismos en definitiva nos remite a un  verso de Charles Bukowski ­ (autor de novelas como Factótum, La Senda del Perdedor, Cartero, entre otras, de las que Maldonado bebe sin llegar a contaminarse del todo). El verso bukowskiano es El Amor es un perro del infierno. Esta similitud nos indica, entonces, que nos adentramos al infierno terrenal. Pero también Maldonado agrega otra referencia directa y samplea ambos elementos para configurar por completo el título de su novela. Esta referencia viene de Neon Genesis Evangelion de Hideaki Anno (anime que tiene una presencia central en la historia del libro), enfocándose en el capítulo 26 de la serie japonesa que titula así: La bestia que pedía amor a gritos desde el centro del mundo. Este cruce o mestizaje de referencias hace bastante especial al libro de Maldonado, ya que encontramos tanto elementos extraídos de lo que podría considerarse la cultura oficialista como de la cultura marginal o populosa. He allí El amor es un perro que ruge desde los abismos.

Mestizaje cultural para el siglo XXI

En El amor es un perro que ruge desde los abismos se mencionan marcas juveniles y populares: zapatillas Converse o Vans Old School, chullos DC, bicicletas BMX, Motos Pocket Watts Camel 01, camisetas Element, KFC, Spotify, XVideos, OnlyFans, etc. Por otra parte, los jóvenes y las bandas del Callao (universo paralelo parecido a las películas, series, mangas y animes como Tokio Revengers, Akira, Durarara, Gungrave) practican tres disciplinas en apariencia marginales: skateboarding, BMX y freestyle rap. Estos tres deportes, por lo tanto, tienen tanta importancia por la competencia y la rivalidad entre los bloques y bandas organizados cada fin de semana.

Vemos también una marcada preferencia de los adolescentes por los dibujos animados como Los Simpson, Los Picapiedras, Tom y Jerry, South Park, Phineas y Ferb, o por animes como Naruto, Dragon Ball Z, Bleach, Evangelion, Inuyasha, Yu-Yu Hakusho, One Piece, Death Note y otras series japonesas populares en la primera década de los 2000.

Con respecto a los gustos musicales, los jóvenes de esta novela están inmersos en un ambiente de Rap y de Freestyle, en donde destacan artistas como Arkano, Snoop Dogg, Canserbero, 2pac, Nach, Kase.O, Rapper School; entre otros.

Sobre el cine, vemos mucha influencia de películas juveniles como Heathers, Attack the block, Harry Potter, Mi pobre angelito, Akira, Juan de los Muertos, Sueños Imperiales y clásicos como Depredador, Kickboxer o E.T.

Los videojuegos también están presentes y tensionan la atmosfera de la novela. Se mencionan videojuegos en línea como Dota2, Counter-Strike y StarCraft. Todos estos videojuegos están cargados de adicción, adrenalina, violencia y mucha diversión. Sin embargo, también hay estilos narrativos de videojuegos o creepypastas que se ensamblan en el montaje de la novela desde su construcción estructural. Por ejemplo, vemos en los últimos capítulos del libro un estilo narrativo sacado de Petscop y Resident Evil (el videojuego). Además, el lector atento puede encontrar diálogos de películas pornográficas o escenas sacadas de videos basura de YouTube, una mezcolanza de datos que enriquecen la lectura y crean subtextos muy interesantes para explorar.

El universo de El amor es un perro que ruge desde los abismos está lleno también de mucha poesía, de mucha lírica, de mucha literatura, siendo manifestado en sus diversas formas: poesía callejera (Freestyle Rap), poesía lírica (género literario) y poesía espontanea (sincero y voluntario, sin ninguna pretensión/ambición). Aquí vemos un desfile de autores como Vicente Huidobro, Antonin Artaud, Charles Bukowski, Leopoldo María Panero, Roberto Bolaño, Andrés Caicedo, David Foster Wallace, Bret Easton Ellis, J.D. Salinger, Hanif Kureishi, Jeffrey Eugenides, entre otros, que no solo aparecen mencionados, sino también los podemos hallar en algunos de sus versos o frases utilizadas por Maldonado dentro de la narración en un sampleo, montaje y plagio que cobra al final su propia autonomía y vuelve a la novela en un mash-up narrativo de interesante logro estético.

Huellas literarias nacionales

Oswaldo Reynoso, con su libro Los Inocentes; Julio Ramón Ribeyro en su narrativa sombría que retrata a los eternos perdedores inmersos en una sociedad limeña monstruosa e indolente; Óscar Malca, con sus espiritualidad juvenil y su furia ochentera en Ciudad de M; Jaime Bayly, con su humor sarcástico y desenfrenado a la hora de escribir La noche es virgen; Mario Vargas Llosa en sus primeros libros Los jefes, La Ciudad y Los Perros, Los Cachorros; el Fernando Ampuero de Loreto y Taxi Driver sin Robert De Niro; Niño de Guzman con sus relatos atmosféricos, así como Martín Roldán Ruiz con su Generación Cochebomba y Augusto Higa con la feroz delicadeza de Que te coma el tigre, son algunas de las huellas literarias nacionales que puede encontrarse dentro de El amor es un perro que ruge desde los abismos de J. J. Maldonado, novela que ha sabido sacar lo mejor de cada uno de sus referentes y rendirles un poderoso homenaje.

Última parada

Encontramos en la primera página del libro la conceptualización de lo que pauteará todo el relato de Maldonado. Dice así: “Yo quería que esta fuera una historia de amor, pero como el amor en las mayorías de historias suena a mentira, esta será una historia de terror…”. Quizá el “amor” o la búsqueda del amor sea el leitmotiv central de la novela. Aunque en definitiva no se trata de un amor romántico ni platónico, sino más bien un amor mucho más vital o, en todo caso, espiritual. ¿Qué es lo que buscan los personajes del libro? ¿No es acaso un poco de amor dentro de un mundo lleno de terror? He ahí el músculo del relato, su razón de ser.

Para finalizar, mención especial para el editor de la novela: el escritor y periodista Gabriel Ruiz Ortega. Se nota que ha sabido dar sentido al constructo interno de El amor es un perro que ruge desde los abismos, pues desde la invisibilidad del editor expone un excelente control del caos novelesco de Maldonado, quien en anteriores entregas se definía por un desborde verbal y estructural. En cambio ahora hay en la prosa del autor una tranquilidad o dirección narrativa que engrandece el texto y consolida una voz. De eso se han percatado también otros reseñistas como José Carlos Yrigoyen de El Comercio o Marco Zanelli de RPP Noticias, los cuales han saludado la depuración del estilo en esta novela debut. Todo ello gracias a la sabiduría del editor, quién parece conocer su oficio (la escuela Ignacio Echevarría se nota en la esencia) y, quien además, ya ha dado muestras de su inteligencia en publicaciones como la excelente Todo, menos morir de Alina Gadea y Los cojudos del enorme Sofocleto. 

Bonus Track

Hay tres escenas que me gustaría recomendar a los lectores, episodios narrativos que me impactaron y creo que le dan relevancia a la novela:

  1. Primera Escena: Un episodio perturbador relacionado a una cercana violación. Harold, compañero de trabajo en la limpieza de baños del protagonista Diosito, realiza tocamientos indebidos al adolescente sin su consentimiento. Al final de la escena, Diosito se defiende a patadas y puñetazos, pero esto lo lleva a ser despedido y amenazado de parar en la cárcel. Lo más abrumador de la estampa es cuando en un determinado momento de estos tocamientos, el adolescente cree sentir que algo de todo eso le gusta.
  2. Segunda Escena: En el capítulo 28 somos testigos de un ingenioso monólogo interior que, intercalado por momentos de quiebres realistas y oníricos, muestra las derivaciones (locuras) de Diosito al mejor estilo de Molly Bloom en el Ulises de James Joyce. Aquí nos encontramos ante una lectura adictiva, trepidante, que no permite respirar, como un freestyle de Rap que tiene pocas pausas. Sin duda, el momento narrativo y literario más alto de toda la novela.
  3. Tercera Escena: Un final abierto que sorprende y quiebra al lector. La conclusión de la historia es que no hay conclusión. Sin embargo, hay una circularidad atmosférica en donde el personaje regresa al punto de partida sin ser el mismo. Él lo dice al final: “seré otro Dios”. Potente.  

Por último, y no menos importante, sería interesante ver el libro adaptado en una serie y/o película, así como la disponibilidad de un audiolibro. Tiene todo lo necesario para aplicar a estos formatos: Cine, Televisión y Audiolibro. Sobre todo porque la novela está construida a partir de imágenes en una suerte de mecanismo de montaña rusa: acción, pasividad, acción, pasividad, acción, acción y más acción. Es decir, un formato audiovisual. Un formato siglo XXI.

Puntaje del libro: 8/10

Nota de Prensa: Un maníaco homicida a la vez

La venganza de Atuq Musetta

Un maníaco homicida a la vez en Perú: la novela de uno de los personajes de Mario Zegarra, ahora en spin-off.

Portada del libro «Un Maníaco homicida a la vez»
Título: Un maníaco homicida a la vez
Autor: Mario Zegarra
Precio: S/ 60
Editorial: Bärenhaus
Colección: Biblioteca Elegida / Novela
324 páginas | 13,5 cm x 21 cm | Tapa rústica con solapas
ISBN: 978-987-4109-99-6
Fecha de publicación: abril de 2021  

● Un maníaco homicida a la vez, libro de Mario Zegarra, es la reveladora novedad en este 2021. Con un estilo muy personal, entre el realismo policíaco y la fantasmagoría latinoamericana, junto a una atmósfera ácida, controvertida y dura, aterriza descarnadamente la venganza de Atuq Musetta, mediante una historia sin tapujos.

● Una narrativa compacta y atrevida, por momentos rompe la cuarta pared: una complicidad con el lector, sumando una intriga latente que apunta a personajes extremos y su ilimitado instinto para matar, son los rasgos más distintivos de la novela.

● Se compone de 17 capítulos. En ellos nos narran como la evolución de un ultraje convierten a la protagonista en una mujer experta en ajustes de cuentas.

● Entre los capítulos más resaltantes se encuentran “El cruel tutelaje de Macabeo di Morte”, un periplo de cómo se construye una asesina letal, y “La pata de cabra”, o el animismo de una barreta que sólo sirve para matar.

● Según el autor: “los asesinatos, las violaciones, las extorsiones, los atentados y entre otras perlas delincuenciales son la moneda corriente de la narración”.

● Editado en formato físico y en ebook por la editorial argentina Bärenhaus, sorprende a la escena literaria hispanoamericana por su contenido crítico, metaliterario y sarcástico.

La novela Un maníaco homicida a la vez, del escritor Mario Zegarra (1982), ha salido a la luz trayendo una bocanada de aire vital que nos instala en el recuento de la venganza de Atuq Musetta, una atractiva mujer tanto como estimuladora erótica de ofidios. Ella busca resarcir el dolor ocasionado en el pasado por la organización criminal liderada por el Tayta Jorge.

Con un estilo prolijo, con referencias culturales en torno a las películas y a la música, y a la literatura y a los vericuetos de la ciudad, Zegarra se apropia de un circuito físico para reflejar a personajes extremos, muchas veces melancólicos u otros caracterizados por una frialdad a prueba de balas.

La novela fue presentada en Lima el último miércoles 30 de junio por Nomi Pendzik y Marcelo di Marco, y ha sido difundida en los principales medios escritos. “Me llevó mucho trabajo escribir este libro, no pude publicarlo en el Perú, bien dicen que uno no es profeta en su tierra, pero en Argentina se interesaron por mi historia”, precisó Zegarra.

Mario Zegarra resaltó que la novela se configura en un tono de dolor, desespero y desgarro, lo que toda venganza conlleva. Y esto lo aprendió escribiendo tempranamente poemas, después se convirtió en novelista por una libertad más acorde con su disciplina de escritor.

Un maníaco homicida a la vez es la extensión de la ópera prima de Zegarra, Tan ignorado como aquí, publicado en el 2019, donde el capitán Santiago Matamoros es el eje central de este viaje, todo un tour de force. Un viaje cruel, sangriento y experimental hasta el eterno círculo distintivo del mundo del hampa, con los odios más galopantes, esos odios que deshacen personas hasta desintegrarlas en polvo.

Puede ver el video de la presentación aquí:

https://www.facebook.com/mariozegarraoficial/videos/853229458615546

En Perú, puede adquirir la novela aquí:

https://mariozegarra.com/libros/

Mario Zegarra nació en Lima, en 1982. Actualmente reside en esa ciudad, pero pasa parte del año en Buenos Aires, donde busca afilar su narrativa con desenfado, pericia y estilo. A partir de anotaciones tomadas cuando aún cursaba la carrera de Literatura y trabajaba como librero, escribió el thriller Tan ignorado como aquí (Bärenhaus, 2019), muy bien recibido por la crítica y los lectores. Guillermo Rivas apunta: “Si Álex de la Iglesia, Guillermo del Toro y Quentin Tarantino se juntaran a escribir un guion ambientado en Perú, estoy seguro de que se parecería mucho a esta novela bizarra, poética, negra, erótica y sobre todo adictiva”. Ahora Mario se encuentra escribiendo su tercera novela.

Lima, julio de 2021 // SE AGRADECE LA DIFUSIÓN

Primeras 30 páginas de Un maniaco homicida a la vez:

 Cuento: Caleta Panteón, por Fernando March                                              

Autor: Fernando March

Aquel amanecer aterido en que divisaron, a lo lejos, aquel islote remoto de acantilados fragmentados, azules y fríos, ya no quedaba, en aquellos pobres infelices, el más mínimo resquicio de aquella creencia esperanzadora que habían alimentado durante días, semanas y meses de deshonroso cautiverio:  el hecho de que, al final del mismo, les esperaba el arribo a un país de promisión y abundancia, cuyas arenas y rocas resplandecerían al recibirles, y así se darían cuenta que, en realidad, no eran arenales comunes, sino aquel oro acendrado y legítimo; comprimido y reducido a polvo por la mano benevolente de los dioses de jade.

Aquella creencia que había hecho soportable aquel viaje inadmisible, se había hecho trizas apenas arribaron a aquellas costas grises y neblinosas. El barco terminó de atracar en un muelle destartalado. Dos mozos de cuerda (oriundos del país) abrieron la puerta de la bodega infernal y dieron la orden de salir.

Ya incorporados, fueron saliendo, uno a uno, un conjunto de individuos famélicos, entumecidos, azorados y visiblemente desorientados. Entonces lo vieron: las playas estrechas; las arenas amarillas; pedriscos tugurizados; aves y lobos grises retozando sobre las rocas afiladas y húmedas, vapuleadas por el latido espumoso del mar. Un poco más allá, la que sería su ruina: los cuarteles de sanidad. Uno de los mozos de cuerda gritó, en cantonés perfecto: ¡圣洛伦佐岛! (Shèng luò lún zuǒ dǎo) (¡San Lorenzo!). Y se pusieron en fila. Fueron ingresando uno por uno a la caseta de sanidad, para ser observados, antes de ser distribuídos en rutas diversas. Fue a uno de ellos a quienes se le preguntó en mandarín si sufría de alguna enfermedad. Aquel individuo les dijo que toda la travesía había estado con 腹瀉 (Fùxiè)(Diarrea)y que sus ropas estaban tan malolientes que necesitaba un baño.  Sus interlocutores iban anotando todo con signos ininteligibles.  Desencadenaron y desnudaron al hombre. Fueron contando cada una de sus costillas, para deducir si era apto o no para las futuras labores. Asqueados de su pésimo olor le obligaron a salir a un descampado arenoso y frío donde habían unas cubetas grandes de madera, llenas de agua de mar. Provistos de odio infernal, fueron sacando agua y le iban tirando cubetazos helados, entre risas.  Aquel individuo parecía resistir, con dignidad y resignación, semejante ultraje.   Luego de la algazara, a pesar suyo, procedieron a cortarle la coleta y posteriormente le fueron alcanzadas las ropas de un cantonés, muerto en la víspera. Ya con todo aquello, decidieron su suerte. Trajeron sus escasas pertenencias en una bolsita de lino azul, que un abuelo suyo le había entregado. Así pudieron explorar su contenido: semillas de Qing guo (Olivo blanco de China), para sus problemas de diarrea constante; monedas de los antepasados de su abuelo: un Wen de bronce del extinto Emperador Daoguang; dos Wen (uno de cobre y otro de bronce) de tiempos del Emperador 乾隆 (Qiánlóng); un cepillo de hueso, fichas 麻将(mahjon) (juego de dominó) y dos fai chi (palillos para comer) para comer; un contrato con un nombre: Li You. Se los devolvieron. Aquello era todo lo que un hombre necesitaba para ser feliz, en la peor de las desgracias.

Luego de una rápida deliberación encargaron que uno de los mozos de cuerda le hablara en cantonés:

––––– ¡没有人愿意这样接待你! (Méiyǒu rén yuànyì zhèyàng jiēdài nǐ) (¡Nadie quiere

recibirte así!) ––– le dijo––,

¡你病得很重!(Nǐ bìng dé hěn zhòng) (¡Estas muy enfermo!)             

––––––我从事水稻种植多年 (Wǒ cóngshì shuǐdào zhòngzhí duōnián) (He trabajado durante años en el cultivo de arroz) –––– respondió

        ––––––你可能在那里生病了 (Nǐ kěnéng zài nàlǐ shēngbìngle) (Es posible que allí te hayas enfermado) ––––le dijo–––,

 ¡你將去隔離! (¡Nǐ jiāng qù gélí!) (¡Irás a cuarentena!)

Fue entonces que, al escuchar semejante decisión, uno de los cantoneses encadenados que esperaban su turno para ser reembarcados jaló de sus mangas y le dijo en lengua nativa: ¡你沒有機會! (Nǐ méiyǒu Jīhuì) (¡No tienes ninguna oportunidad!)

     –––––––¿你點樣知道你講緊乜嘢法?  (Nǐ diǎn yàng zhīdào nǐ jiǎng jǐn miē yě fǎ) (¿Cómo puedes estar seguro)

   –––––––¡佢哋會分開你嘅! ¡島上嘅寒冷會殺咗你! (Qú diè huì fēnkāi nǐ kǎi) (Dǎoshàng kǎi hánlěng huì shā zuo nǐ) (¡Te separarán! ¡El frío de la isla…!)                                                 

No pudo terminar de escucharle. Los mozos procedieron a sacarle, casi a rastras, del cuartel de sanidad. Ya era muy avanzada la tarde. Fue entonces que lo llevaron al otro lado de la isla. Iba anocheciendo.

Los vientos y el sonido del mar se hacían cada vez más intolerables. Al fin, luego de cruzar aquellos enormes arenales, llegaron al otro extremo del islote. En esa parte, al parecer, solían arrojar a los cantoneses muertos. Luego, delante de lo que parecía ser una fosa cavada en la arena (para albergar algún cadáver) vieron llegar a otros dos mozos de cuerda trayendo un fardo enrollado con algo o alguien en el centro. Esperaron en silencio.

Al fin, llegaron jadeando y arrojaron violentamente el fardo y su contenido al foso. Alguien parecía respirar y moverse dentro del envoltorio. Al parecer, era un ser humano, aún vivo, y en serios problemas. El individuo se inclinó. Grande fue su asombro al descubrir, entre los fardos, a un muchacho al parecer de origen cantonés, de unos quince a veinte años, todo ensangrentado y casi por completo destrozado.

El individuo se horrorizó. Los miró. Les escupió.

–––––¡卑鄙嘅殺手! (Bēibǐ kǎi shāshǒu) (¡Asesino sucio!)   ––– les gritó.

Le golpearon con una palana. El individuo cayó.

–––––¡埋葬!¡同你自己, 如果你能! (¡Máizàng!¡Tóng nǐ zìjǐ, rúguǒ nǐ néng!) (¡Entierra! Contigo mismo, si puedes) ––dijeron.

Cogieron sus fardos sus palanas y se fueron, riendo. Maldecían el hecho de que tales chinos hubieran llegado.

La ventisca era cada vez más insoportable. El azote del mar parecía haber venido en ayuda de aquellas bestias innombrables. El individuo se puso a pensar: “Yo aquí, fuera de las barracas abrigadoras. ¡Cuánto daría por estar en una de ellas, a pesar de tantos hedores, nauseabundos! ¡Dioses de mi lar, apoyadme!

Yo con un chico moribundo al que no conozco. Yo mismo expuesto a un frío que cada vez es más agobiante.

El mar es un dios que se eleva contra el débil que se aproxima ante su presencia. Su único fin es amedrentarle y hacerle sentir pequeño”

El chico empezó a temblar en su feroz agonía. Se abalanzó junto a él, esperando que estuviera los suficientemente cuerdo para reconocer una voz amiga. Y le habló, así, en cantonés puro:

––––––¿你係邊個? ¿你從哪裏來的? (¿Nǐ xì biān gè? ¿Nǐ cóng nǎlǐ lái de?) (¿Eres el elegido? ¿De dónde eres?)

Pero nunca le respondió. Jamás lo haría. Era muy posible que su alma ya estuviera caminando a las orillas del Río Amarillo. A punto de surcar el puente de jade que llevaba al palacio de 天公, Tiān Gōng, el mismo que tuvo que atravesar牛郎, Niúláng, el “boyero” para encontrarse con 织女, 織女, Zhīnǚ, “la muchacha tejedora”, hija del Emperador del Jade. Procedió a buscar algunas pertenencias del agonizante. Sus manos estaban pegajosas por la sangre que envolvía a aquel pobre muchacho masacrado. Apenas pudo sacar de entre sus carnes derruidas una bolsita como la suya, conteniendo algo que había quedado a salvo de la hemorragia que desfallecía a su dueño. Revisó su contenido: una peineta de madera; un peine doble para extraer piojos y liendres; un soporte de bambú para los Fai Chi; un ovillo de hilo azul marino envuelto alrededor de una mazorca y algo que le llamó la atención: un origami en forma de fénix. Tal vez el muchacho era un creyente en el poder evasor de los origamis. Tal vez su espíritu cobraba residencia en aquellas figuras que su destreza creaba. Los origamis venían a ser, por mucho, las únicas formas de evadirse de aquella realidad que les condenaba a consumir la peor hez de la vida. Solos. Abandonados. Sometidos a una condición de abominable servidumbre, por tan poco.

El viento era cada vez más insoportable para “Li You” (que era el nombre del contrato). Frígido y azotante. Era mejor disponerse junto a aquel pobre muchacho, en aquella fosa, donde podrían cubrirse con la arena y recibir el calor de la tierra. Salvaguardándose así, de aquel frío paralizante que amenazaba con matarlos. Li You aposentó como pudo el cuerpo, aún tibio. Le cubrió con arena y él también se dispuso a compartir el mismo foso. Las arenas, alrededor suyo, le calentaron los huesos. Tuvo cuidado de no enterrar la cara del joven. No, hasta que no estuviera muerto. Al menos uno, de ambos, tendría que sobrevivir para defender al otro del acecho voraz de los lobos marinos, que amenazaban con aproximarse. Sin duda, aquellos animales se habían acostumbrado a cebar con las carnes de aquellos cadáveres a la intemperie. Pero Li You estaba allí. Y jamás permitiría que aquel chico tierno; inferior a su edad, fuera destripado por el hambre voraz de las aves y los lobos de mar. Defendería su cuerpo hasta que estuviera consciente o tal vez, ya ausente, de los sufrimientos inmemoriales de este mundo. Soportó así, junto a su amigo “en la desgracia” varias horas de gélida brisa y el abominable acecho de los animales.

Al fin la marea subió y la tierra donde se habían sumergido quedó ensopada. Li You salió de la fosa y tocó la cara del muchacho. Ya no era de este mundo. “Al fin alcanzó la benevolencia de los dioses del jade” pensó.

Decidió algo que sería crucial para el porvenir: en la bolsita de aquel jovenzuelo, sin nombre, colocó su contrato. Aquel papel que testimoniaba su presencia y su razón de ser en el mundo: un coolíe contratado por un tal Domingo Elías. Despreciaba aquella condición infrahumana. En realidad, había sido su abuelo 敏感龍 Mǐngǎn Long (Dragón Sensible), Mandarín de Tierra al servicio del Emperador Xiangfeng, quien le había vendido al tratante peruano, con el fin de salvaguardar a su nieto de las terribles purgas a que estaban siendo sometidas las castas de los Mandarines, por supuestas “altas traiciones” durante las guerras del   天王 (Tiānwáng) (Rey Celestial).  El abuelo esperaba congraciarse con su Emperador, antes de ir, en persona, a rescatar a su nieto de su condición de eventual servidumbre. “Algo que, indudablemente, después de esta noche puede que no sea más…” pensó “Li You”, que en realidad sabía que no era tal, sino 金公雞 Jīn gōngjī (Gallo dorado) y nacido en Guangzhou (cantón), frente a la bahía del Choo-keang (Río de las perlas), en la Ciudad Nueva.  Bajo el imperio de Daoguang, en el año del gallo verde de madera (1824 D.C). Su abuelo había fraguado aquel documento lleno de mentiras para salvaguardarlo de una muerte instantánea; pero él, en estas tierras de falsa promisión había descubierto una forma lenta y denigrante de llegar a lo mismo.   Luego de enterrar por completo al muchacho masacrado miró lo que quedaba de su bolsita azul y se sintió aliviado:  tres cigarrillos húmedos y el origami del fénix. Todo lo demás lo enterró con el que ahora era “Li You”. Avanzó feliz al encuentro de su anonimato. Libre y lleno del espíritu del origami que ahora estrujaba en sus manos. Estaba convencido que el “fénix” había liberado al muchacho muerto de todo sufrimiento en esta tierra. El origami encierra no solo una porción de la vida del universo sino la vida propia de aquel que la forja con sus propias manos. Encierra el ciclo de su alma y le preserva de los lazos de ficción que esclavizan la voluntad del hombre a las necesidades opresivas del mundo. Sin duda así había sido. Pese a encontrarse casi destrozado, en su rostro y en su carne, aquel muchacho no se había quejado ni lanzado el más mínimo grito de dolor o estremecimiento. Y era porque antes de ser masacrado de la forma tan atroz, como lo fue, ya en sí mismo, había logrado traspasar la esencia de su alma al origami, que le acompañó, hasta su última morada.

Logró salir como “fénix” de este mundo y surcar el puente de jade para llegar a 天公, Tiān Gōng. Ahora le tocaba a él desliarse de los lazos de este mundo que lo mantenían atado por el dolor, el frío atroz y la desesperación. Sabía que no saldría vivo de aquella noche de gélida ventisca y de mar estruendoso y azotante que sofocaba la isla. La voz de aquel pobre infeliz, como él, que le sujetó por un instante ya le habíaadvertido lo que le pasaría, sin decírselo del todo: 

–––––––¡佢哋會分開你嘅! ¡島上嘅寒冷會殺咗你…! (¡Él te separará! ¡El frío de la isla te matará …)

Ahora, no muy lejos de allí, buscó su propio refugio entre las arenas, para lograr el descanso que merecía doliente y desahuciada humanidad.

Fue destapando la tierra con sus manos ateridas en aquella oscuridad llena de trombas acezantes y espumas de mar embravecido. Al fin logró hacerse un espacio entre la arena, aún caliente por dentro, y se fue enterrando a sí mismo para guarecerse del frío letal. Ya no pensaba en aquella tierra donde iba a dejar su cuerpo, sino en “su tierra”:  los montes de Longshen, con sus terrazas suculentas y escalonadas. El fango, en el cual metía los pies y sembraba la semilla. Los matorrales tupidos que se remontaban por encima del nivel del agua. La fase del transplante y luego las terrazas espejeantes con las primeras espigas doradas que se asomaban al final. Allí, donde iría ahora convertido en un enorme y feliz vertebrado inferior.  Listo para retozar bajo la turquesa y la luz de aquel cielo limpio y generoso que le vio nacer, y al que jamás dejaría de volver, por mucho que su mal destino lo impidiera; por mucho que la distancia enorme lo impidiera; aún sin llevar aquel cuerpo famélico y aterido que abandonaba, al fin, a los vientos gélidos y los oleajes inmisericordes que un día le vieron sufrir…

–––––––––––––––––––––––––––––––––    o      –––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

MARINA DE GUERRA DEL PERÚ.   Callao, Marzo de 2004:

El Comité de Investigación de Historia y Arqueología Marítima anuncia que en los últimos tres meses se han realizado

excavaciones arqueológicas en la Isla San Lorenzo y como resultado de ello se halló lo siguiente:

1.Entierro de Li You: Extremo NO del corte 2 del panteón. Bolsa azul de lino con numerosos utensilios y una hoja del contrato realizado con el señor Domingo Elías. En dicha hoja figura el nombre del ciudadano chino Li You.

2.Entierro XVII del Panteón: Superficial, sin ataúd. Cuerpo a escasos 0,15 metros de profundidad. Aproximadamente de 25 a 30 años. En la parte interna del saco se encontró un bolsillo que contenía tres cigarrillos y un origami representando un sapo.

CIUDAD COLOMA (2021)

                                                  “CALETA PANTEÓN” ES UN CUENTO

                TUSÁN ESCRITO POR FERNANDO MARCH

                 Y PRESENTADO EN EL PRIMER CONCURSO

                 DE RELATOS CORTOS Y ANÉCDOTAS QUE

                 CONVOCÓ LA ASOCIACIÓN PERUANO CHINA

                 En el AÑO 2021. OBTUVO PRIMERA MENCIÓN

                 HONROSA DEL CONCURSO. EL RELATO SE

                 BASA EN PERSONAJES REALES Y EN RESTOS

                 AUTÉNTICOS. (El Autor)

Biodata de Fernando March:

Escritor peruano del Big Bang Literario 2020. Escribió su primera obra teatral a los 14 años.

Ha ganado el Tagesschule de San Gerardo de Loja con sus obras de micro teatro: DESAHUCIADO (2016) e IMPUDICIAS VIRTUALES (2017)

Fue segundo finalista en el concurso de relato corto de la EDITORIAL ANGELS FORTUNE (Barcelona, España) y publicó en Europa: El trovador menesteroso de la calle del Encanto (2019). Finalista del concurso de cuento auspiciado por la Colonia China Peruana con su relato: CALETA PANTEÓN (2021)

Ensayo: La Feria de la Barbarie, por Fernando March

Autor:  FERNANDO MARCH (PERÚ)

Desde la antigüedad, los pueblos gobernados por las tiranías más abyectas, solían reclutar intelectuales que fueran afines a sus gobiernos provisionales y que armonizaran con sus estilos deplorables de dirección de Estado. No faltaban los pensadores o aristócratas ilustrados que se ofrecieran secundar los motivos más perversos posibles, en aras de una confraternidad con los poderes de turno. Esos motivos rastreros motivados por una ética torcida y nada ejemplar se vio en casos lamentables como el caso de los poetas y escritores rusos en los años de entronización del poder de los Soviets. Nombres como Boris Pilniak, María Tsvietaiéva, Mijail Shólojov, Vladimir Mayakovski, Osip Mandelstam, Boris Pasternak, Anna Ajmátova y una serie de artistas que pusieron su producción individual al servicio de un sistema de gobierno que se iniciaba como una “promesa”, como un sistema antagónico del capitalismo e imperialismo más asfixiante. El poder de seducción de los dogmas del Politburó duró hasta que alguien decidió pensar de forma diferente, y empezaron las persecuciones y las reeducaciones en los gulags de Siberia. Entonces empieza el ciclo de novelas de Alexander Solzhenitzyn y sus abrumadoras historias sobre torturas y lavados de cabeza. Pese a todo ello y a pesar de que hubieron casos como el de Boris Pasternak, que se metamorfoseó, luego de haberle cantado al surgimiento de la U.R.S.S. en su oda El año 1905 (1927), y que terminó despotricando en verso, de los intoxicantes sistemas de inteligencia soviéticos en su Doctor Zhivago, con brillantes páginas que son épicas. Pese a todo eso hubieron casos de adhesión incondicional, como el caso de Mijail Shólojov. No es que no considere su obra como lo que es: una joya. Sólo que está fundamentada sobre el más puro comunismo y sus guiños al politburó son intoxicantes. Lo único que salva su obra y la revitaliza es su dirección tolstoiana y su virtud de ser una versión totalizadora de su tiempo. Shólojov era uno de esos escritores que, toda su vida, fue incapaz de decirle a los jerarcas del comunismo ruso la barbarie que estaban realizando, en el corazón de la sagrada Rusia. Colaborador de un régimen atroz, fue promocionado como el símbolo intelectual de la U.R.S.S. Y ni qué decir de lo aberrante que resultó el estigma de la cultura procastrista en manos de inteligencias indiscutibles como: Regis Debray, Luis y Juan Goytisolo, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Pablo Armando Fernández y otros monstruos sagrados como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Antón Arrufat y León Brouwer, que retornaron de su exilio para ponerse al frente de sus actividades intelectuales, avalados por la Revolución. Todos congeniaban con los principios de un movimiento que “creían” renovaba los fundamentos y las acciones de la Revolución Rusa, aquí, en Latinoamérica. Hasta que llegó el Caso Heberto Padilla (1) y todo lo desintegró, excepto la fidelidad incondicional del más grande: Gabriel García Márquez. Casos lamentables, como aquellos, ejemplifican la intención soterrada de muchos sistemas políticos de querer tener a su servicio a intelectuales diversos, pero afines a sus políticas, para justificar las sinrazones de sus decisiones y hacer apología de sus principios absurdos o absolutistas.

El Perú no ha sido una excepción. El rastrerismo cultural se vio expresado, en su punto más alto, durante la dictadura de Velasco. Numerosos intelectuales de alto nivel y prometedoras figuras de la nación colaboraron, de la manera más descarada posible, con las utopías y devaneos de una política cultural y educacional mal dirigida y, a todas luces, condenada al fracaso. El celebrado y polémico ex guerrillero Héctor Béjar, es un ejemplo de a lo que puede llegar alguien, que se autodenomina “intelectual pro libertario”, al poner sus capacidades totales en favor de un proyecto descabellado, como fue:  la confiscación de los diarios nacionales. No hace falta decir que Don Héctor participó en el festín: salió como flamante director de un diario. Los testimonios gráficos sobran. Y así podemos mencionar a grandes pensadores de la talla de José B. Adolph o Rafael Roncagliolo, quienes se vieron, casi obligados, a colaborar con el disparate velasquista. Otros, en cambio, lo hacían por vocación destructiva: Guillermo Thorndike, Héctor Cornejo Chávez o Augusto Zimmerman Zavala, este último, el propagandista del Plan Inca. En esta época postmodernista, y de cara al bicentenario, el nuevo gobierno del Perú a través de su Ministerio de Cultura, y bajo la dirección de Ciro Gálvez, ha dado una bofetada a los representantes más celebrados de la cultura nacional, quienes ya habían sido convocados, con anterioridad, para asistir a la Feria de Libros de Guadalajara. Este hecho, que podríamos suponer no tiene mucho que ver con lo anteriormente citado, sí conlleva un rasgo tangiblemente absolutista y denigrante.

Para empezar: ¿quién era Ciro Gálvez? La respuesta es una sola: un candidato frustrado a la presidencia del Perú que jamás había gozado de algún poder en los órganos del Estado.

Inclusive en la última elección del 2021 se presentó con su partido: Renacimiento Unido Nacional (RUNA). Huancavelicano de nacimiento y cultor de la lengua quechua, así como autor de Huayno y poemas, Ciro Gálvez, es la personificación de la brutalidad que anega de rencor y frustración su corto paso por un ministerio que debería ser todo un emblema de la dignidad y la cultura nacional.

Su única medida más recordada (y la más brutal) será:  haberse parado con la relación de los representantes del Perú a la próxima FIL GUADALAJARA 2021 (ya confirmados por el saliente Ministro Alejandro Neyra) y agarrar un plumón para tachar nueve nombres, por criterios personales o motivaciones egocéntricas, que dicen demasiado la clase de persona que es.

Los nueve desbancados fueron: Renato Cisneros (simpatizante del gobierno actual), Katia Adaui Sicheri (escritora de la pérdida familiar), Jorge Eslava (poeta y educador), Nelly Luna (editora), Marcel Velásquez Castro (Doctor e investigador de CONCYTEC), Carmen Mc Evoy (historiadora), Gabriela Wiener (escritora feminista), y los casos más lamentables de Karina Pacheco (insigne antropóloga y escritora, difusora del Perú profundo) y Cronwell Jara Jiménez (un símbolo de la literatura peruana, piurano de nacimiento, y maestro vivo del relato corto).

El dichoso ministro se ufanaba de su acto imperioso y arrogante, y pretendía haber sido salomónico e “inclusivo”, expresando que “se está dando oportunidad a nuevos valores de provincia, escritores emergentes que, por falta de recursos, no han podido hacerse visibles. La cultura tiene esa obligación de apoyar a todos los peruanos, en especial a los que necesitan”. Esta expresión que, a simple vista, es una razón poderosa para “desbancar gente”, en realidad va precedida de una expresión socarrona y malintencionada: “Son escritores muy reconocidos y mis cordiales saludos, porque ellos son dignos representantes de la literatura peruana…” Entonces, cabe la pregunta pertinente: ¿por qué los desbancaron?

Mucho me temo que, en la política peruana, jamás existe un equilibrio conciliador. Las polarizaciones son frecuentes y atosigantes. Los devaneos de los postergados del poder, cuando ascienden a un cargo público, en el Estado, crea “super poderosa soberbia” en esos individuos que empiezan a manejar sus ministerios como “sus chacras”, o sea, con criterios altamente personalistas y mezquinos.

Más allá de la increíble falta de respeto para con sus intelectuales más preciados, el ministro coronó su vejamen con la convocatoria, a nivel nacional, para “ciertos tipos de escritores” que se acomoden a sus directrices torcidas. O sea, existe dinero para mandar a más gente cuyos méritos son una interrogante, pero, sin duda, para el ministro era una decisión destinada a “cambiar las viejas estructuras y las viejas costumbres de preferir solamente lo de Lima”.

La comunicadora Rosa María Palacios dejó clara su posición en una emisión de su programa SIN GUIÓN llamado: “Los Dinámicos y la FIL” (24-09-21). Para ella, sin duda, fue: “un desastre y una vergüenza pública”, y no le faltaba razón. La actitud soberbia de Ciro Gálvez no tiene perdón. Mucho menos si se es un ministro y se representa a la cultura de un país. A todas luces fue una revancha personal contra los talentos más importantes y descollantes del Perú. Algo que Ciro Gálvez, no está dispuesto a aceptar, ya que, por sus méritos propios, no se acerca, en lo mínimo, a quienes tuvo la ligereza de desbancar. Demostró una actitud nada cordial ni democrática. Demostró cuanto pesa el orgullo de tener el poder, un individuo cuyo celebrado mérito sólo es ser bilingüe y haber escrito muy poco.

Esta crítica carecería de razón si no se hubiera llenado los espacios con especialistas, en otras ramas, como el celebrado antropólogo Rubén Darío Apaza Añamuro. Celebrado sólo en su región y con una limitada difusión nacional. Rubén Apaza es autor de su tesis: El Siku en la cosmovisión aymara. Una obra de especialistas y para especialistas, que se limita a esa aparición, y la única vez que ha logrado trascender es por haber sido candidato por Perú Libre al Parlamento Andino. Más allá de eso, no ha escrito nada más. En la otra orilla se encuentra Karina Pacheco Medrano, una autora fecunda y de alto nivel artístico literario. Sus obras son maravillosas y trascienden en el espacio y el tiempo. De ningún modo estoy minimizando la obra del autor Apaza. Sé que es buena y merece un lugar en la FIL; pero ¿por qué en base a desbancar a Karina Pacheco? Esta es la pregunta que resuena y hasta ahora nadie quiere responder.

El otro caso lamentable es el de la extraordinaria Gabriela Wiener. Con Gabriela no nos une una relación amistosa. Una vez cuando defendí a Mario Vargas Llosa, al ser atacado por extremistas feministas, fue mi impresión (equivocada o no) que Gabriela tomó a mal mi defensa lógica y me bloqueó en redes sociales. Yo jamás suelo bloquear a nadie. No es mi interés callar la voz de nadie, aún si no comparte mis limitados puntos de vista. Pero, por encima de todo eso, reconozco que ella es una extraordinaria investigadora del alma libre de la mujer y de las opciones que ellas tienen para ser felices. Y la respeto. Por eso deploro, sinceramente, que haya sido desbancada sin razón aparente. Una explicación aventurada podría ser cierto rechazo, por parte de la ideología política del ministro, a las opciones feministas que ella predica. Sus novelas son fruto de esa investigación, y aunque confieso que aún no las he leído, sé que merecen todo mi reconocimiento y mi apoyo, incondicional.

Aquí, llegamos al insulto más lamentable de todos los que ya lo son: la anulación de Cronwell Jara Jiménez. El destacado y universal escritor piurano es una ausencia deplorable e injusta. El no es de Lima. Es piurano. Y su literatura es una manifestación huracanada de los vientos que asolan su tierra. Es una versión transformadora de los sucesos que acompañan al hombre del norte. Es un testimonio de lo maravilloso, lírico y conmovedor que puede ser el alma de los pueblos costeños y andinos del Perú. Maestro del relato corto, después de Julio Ramón Ribeyro, Cronwell nos ofrece una innovación literaria, sin par, en la literatura peruana. Debería estar, y con todos los honores, en la FIL Guadalajara. Lamentablemente, un plumón negro y mucho resentimiento, hicieron aquello, imposible. La falta de respeto hacia estos enormes talentos literarios ha dejado un sinsabor entre los intelectuales que se respetan, así mismos, y a sus colegas literarios.

Alonso Cueto, el famoso y celebrado autor de La Pasajera y La Hora Azul, es además una maravillosa persona, un autor cuya palabra vale quilates, porque es consecuente con su pensamiento. El prefirió salir de esa lista “aberrante” (no por los autores que están allí, sino por la mente que la diseñó) y hacer causa común con sus hermanos de letras. Así, como él, otros se han ido sumando a la lista de renunciantes: Juan Carlos Cortázar (que fue el primero en renunciar), Mariana de Althaus, Micaela Chirif, Rafael Dummet, Victoria Guerrero y Gustavo Rodríguez. Aquello es, sin duda, un acto que enaltece la cultura literaria nacional. Un acto de solidaridad con quienes representan a los “sin voz” en el Perú. Un acto que hecha por tierra el vejamen ministerial.

Todo artista, que hace de las letras su medio de expresión, es un creador que merece todo el respeto y la consideración posible, dado que está aportando para la conciencia y el alma del país. Sus aportes son los que su propio pensamiento y sensibilidad le permiten expresar. Parte de él se ofrece y se funde con el ideario colectivo de su nación. Rechazar a un creador por sus expresiones o sus idearios es una falta muy grave que acarrea animadversión. Acallarlo es un crimen irreparable. El señor Ciro Gálvez no solo se ha hecho acreedor a nuestra animadversión, sino que ha consolidado su imagen de “cínico politicastro” al pretender “crear argollas” y palabrear con recursos trasnochados y verídicamente segregacionistas a un público anhelante de revanchismos soberbios y fatuos.

La gran “mayoría” que se infesta de “democracia” cuando se haya en el lado del oscurantismo populista gobernante, aplaude, con orgullo, la barbarie de un “pseudo ministro”, sin percibir que sus aberraciones son sólo producto de un alma enferma de odio y revanchismo. Ese revanchismo que alienta y alimenta nuestra deplorable alma, día a día, y que haya excusas para no mejorar por nosotros mismos, sino por la desgracia y la caída de otros.

Esas políticas, a todas luces divisionistas, traen sólo resentimientos y una falta de valoración por los que día a día trabajan por expresar el sentimiento de una nación. Dividir a los escritores de un país por demagógicos criterios racistas, homofóbicos o clasistas no es la mejor manera de crear cultura en ese país. No es ni remotamente la mejor forma de aportar a la unidad de la nación. YO SERÍA CÓMPLICE DE TANTA BARBARIE sino levantara, ahora, la voz, para condenar semejante desfachatez. Yo no podría considerarme un escritor peruano, sino fuera capaz de decirle a mi país y a cualquier lector en el mundo que con resentimientos y aborrecimientos particulares no se hace Patria.

No cuando los segregados son personas que han dado mucho y siguen dando todo por su país.

No cuando ellos representan lo mejor que tenemos.

No cuando el criterio clasista y repudiable de un pseudo ministro Ciro Gálvez se atrevió a crear
disparates para justificar su brutal egocentrismo.

Elaborar una lista para la FIL Guadalajara con esos criterios bárbaros es mancillar nuestra representación en ella con la más pura “DEDOCRACIA”. Muchos no lo sentirán. Más bien se envanecerán de tal disparate. El problema no es “la falta de dinero”, y lo digo con suma sinceridad. Cuando el gobierno quiere gastar en sus afiliados políticos, en sus rastreros ideológicos, se agencia de recursos, como por arte de birlibirloque. Lo único real y detestable es la intención de crear una anticultura divisionista y populachera. Y eso se lo debemos a los jerarcas que hoy dominan en el Perú. Puestos allí por una interpretación torcida de “lo que es mejor para el país”. Y lo que es mejor, supuestamente, es promocionar la división cultural, la división de la conciencia nacional. Promocionar el repudio a quienes representan lo mejor de nuestra cultura peruana no nos hará más cultos, ni nos hará una nación más unida en un sólo espíritu. Alentar los egoísmos revanchistas dice mucho de nosotros, como individuos, propios de un país que se conforma con muy poco. Ni aquellos que nos han representado bien, en el extranjero, son bien considerados. Nos dejamos representar por individuos de pésimo nivel cultural, y les hacemos barras gratuitas a sus disparates.

Ahora resalto lo que dijo mi admirada Mariana de Althaus cuando declinó su participación en esa delegación menoscabada: “…me apena todo el trabajo de los organizadores y el desprecio que se dirige a los escritores que han construido una carrera sólida durante años.” En algo en que siempre estaremos de acuerdo es que la política anticultural, destructiva y populista, en nada contribuye a mejorar la conciliación nacional, más bien, crea abismos irreconciliables. La Feria de Libros de Guadalajara 2021 será recordada como el momento justo en que se desplegó una conducta irrefrenable de puro clasismo ridículo y soberbio. Ciro Gálvez será el “destructor de argollas literarias” para los peruanos revanchistas y nada edificantes. Todo un símbolo de la barbarie más chicha. Forjador de una “lista de desprecio reivindicante” que enorgullece a espíritus de muy bajo nivel ético y humano. Para quienes contemplamos sus “hazañas” luctuosas siempre será aquel pobre hombre que se autoerigió en el “árbitro infalible” de un país con una cultura esplendorosa, masiva, enriquecida con las expresiones míticas más diversas. Una cultura multiforme y multicolor que es el orgullo de sus herederos, que somos nosotros; pero por desgracia paupérrima, en lo más importante que necesita para hacerla un vehículo de identificación y hermandad absolutas:  unión y equidad.

FERNANDO MARCH

17 de Octubre de 2021

Ciudad Coloma.

Biodata de Fernando March:

Escritor peruano del Big Bang Literario 2020.

Escribió su primera obra teatral a los 14 años.

Ha ganado el Tagesschule de San Gerardo de Loja con sus obras de micro teatro: DESAHUCIADO (2016) e IMPUDICIAS VIRTUALES (2017)

Fue segundo finalista en el concurso de relato corto de la EDITORIAL ANGELS FORTUNE (Barcelona, España) y publicó en Europa: El trovador menesteroso de la calle del Encanto (2019). Finalista del concurso de cuento auspiciado por la Colonia China Peruana con su relato: CALETA PANTEÓN (2021)

Nota de Prensa: “El hábito de la subversión” Volumen I. (Lima, Setiembre 2021)

Resumen

  • El hábito de la subversión. Manual para la acción. Volumen I, libro de Max De La Rosa, es la primera entrega de un ensayo que busca empoderar al lector con respecto a su cualidad de ciudadano y llama la atención a este sobre su rol preponderante para mantener el orden democrático y republicano que tanto ha costado instaurar tras el vencimiento de órdenes monárquicos y tiránicos. Asimismo, el texto explora en la filosofía política las causas que motivan a quienes buscan subvertir el poder constituido y reflexiona sobre los peligros de los totalitarismos tanto del progresismo como del conservadurismo.
Título: El hábito de la subversión. Manual para la acción. Volumen I
Autor: Max De La Rosa
Precio: S/. 40
117 páginas /14,8 x 21 cm /Tapa rústica con solapas
Fecha de publicación: Setiembre de 2021
Ficha Técnica del libro
  • El enfoque del texto parte de los Derechos Humanos, del rechazo al terrorismo, del uso de los grandes medios de comunicación como herramientas para mantener un pensamiento hegemónico en el peruano promedio quien suele informarse-educarse mediante estos canales de radio, televisión o periódicos instalando la opinión de los editores que obedecen a las/los oligarquías/plutócratas de turno, sobre una ciudadanía usualmente distraída, aletargada, teledirigida cuasi-autómata.
  • Comentario de César Urviola

Al recibir el mensaje de mi amigo Max De La Rosa para escribir unas palabras respecto a su libro: El hábito de la subversión, mi sorpresa fue mayúscula al no compartir muchas posiciones políticas semejantes, salvo una: el utilizar la crítica como elemento principal de nuestros argumentos. Precisamente haciendo honor a ese principio crítico que nos une, debo dar algunas impresiones sobre este libro:

1.         Es de resaltar la valentía del autor por escribir este ensayo en un ambiente intelectual que parece, cada vez más, acercarse a la unidireccionalidad. Plantear por lo menos la discusión sobre el viejo concepto de la Subversión es arriesgado, más aún bajo la sombra de un pasado que en nuestro país ha estado marcado por el terrorismo. La confusión entre terrorismo y subversión tiene una delgada línea, justificada muchas veces por los grupos que pretenden el poder por la toma violenta e impuesta de una cúpula y no por la construcción y ejercicio del poder. Este libro nos ayuda con pequeños argumentos a desentrañar el concepto de la subversión y cómo en gran medida es la base de esta sociedad fruto de las revoluciones burguesas de los siglos XVIII. Este libro también nos lleva por conceptos filosóficos que van desde Rousseau a Platón, de Aristóteles a Freud, de Hobbes a Žižek, y valga la crítica aquí, muy poco o casi nada de Marx. Quizá mi buen amigo Max lo esté guardando para el segundo volumen que espero leer lo más pronto posible.

2.         El que yo no comparta muchas de las posiciones de Max De La Rosa, no ha sido impedimento para que él se arriesgue a invitarme a escribir unas líneas sobre su libro. Y el que yo aceptara escribir estas líneas demuestra también, que, si queremos o pretendemos entendernos como país, como sector social, como ciudadanía o como clase, es fundamental el debate y enfrentamiento de ideas. Si queremos entender el fenómeno terrorista vivido en el Perú en los años ochenta y el concepto de subversión es necesario discutirlo desde todas las visiones y posiciones políticas. 

3.         Comparto con Max la idea que es transversal a todo el libro: La desigualdad y la injusticia son las causas de la subversión. No creo que con esto se diga una verdad que antes no haya sido planteada a lo largo de la historia y particularmente en el Perú. Nuestra más cercana y violenta experiencia subversiva como república han sido los años ochenta y noventa, pero venimos de experiencias subversivas aún más antiguas como la gran tempestad encabezada por José Gabriel Condorcanqui, que intento subvertir el orden de cosas establecidas desde la corona española. Y si retrocedemos aún más (al contrario de lo que plantean algunos que edulcoran el Tahuantinsuyo) encontraremos actos subversivos y rebeldes en Chancas, Huancas y Cañaris. La desigualdad y la injusticia son el motor, los resortes que impulsan la violencia contra el orden de cosas establecidas. Y si planteamos que la sociedad es desigual e injusta per se, entonces ya tenemos los ingredientes ideológicos que le faltaban al coctel perfecto para dar inicio a la subversión.   

4.         Considero que el debate aún está abierto y este libro refleja el gran interés que existe por debatir y replantearnos lo que normalmente se asume. Los términos: subversión, terrorismo, democracia, libertad, no pueden seguir tomándose a la ligera, ni repetirse de paporreta por periodistas leyendo un teleprónter. Es necesario que se vuelvan a plantear los viejos, pero aún vigentes debates modernos (por más que Max crea en el fin de los metarrelatos). Considero que son necesarios más libros como el que presenta Max, son precisamente estos libros los que contribuyen al pensamiento crítico desde la intelectualidad, desde la cultura. Debo remarcar, en aras de profundizar lo antes mencionado, que el fenómeno terrorista no solo se vence con las armas, si esto fuera así ya se hubiera acabado en 1992. El terrorismo como arma política debe ser derrotado también en el campo de las ideas, en el cual es aún más difícil vencer. El estado peruano jamás derrotó al terrorismo, todos sabemos que aun anda por allí usando saco y corbata o esperando agazapado el momento de aparecer. La subversión y el terrorismo tienen un hilo muy delgado que los divide y las justificaciones para uno y otro dependerán de la ideología con la que se les analice. La subversión es casi consustancial a la sociedad humana, como dice el título del libro es casi un hábito. Pero los actos terroristas son también recurrentes en la historia humana (pero no por ello justificables). Las violaciones de mujeres dentro de las iglesias y su posterior quema durante la rebelión, sublevación de Tupac Amaru II podemos catalogarla como actos terroristas. Recuerdo ahora un documental sobre la CNT y la FAI en España en el cual aparecía un pequeño extracto de un video con Juan García Oliver, reconocido anarquista quien decía: “Lo que no tengo vergüenza en decir, lo que tengo orgullo en confesar, los reyes de la pistola obrera de Barcelona… hicimos una selección: los mejores terroristas de la clase trabajadora, los que mejor podían devolver golpe por golpe…”. Vemos una alabanza de los actos terroristas en plena Guerra civil española. O lo que en Francia revolucionaria se conoció como La Terreur, el terrorismo de estado y la imposición violenta de la justicia ciudadana deliberada. Por ello el debate es imprescindible para identificar hasta qué punto las ideas políticas y los afanes de justicia e igualdad se transforman y degeneran.       

5.         El tema racial es también crucial en este Perú que aún no logra salir de su anacronismo. Si bien es cierto podemos encontrar mayor movilidad social que en el virreinato o al inicio de la república, podemos decir que la verdadera movilidad social en el Perú se origina recién en los años ochenta. Que un ciudadano tenga actualmente mayores oportunidades por el apellido o por su color de piel, es otro ingrediente más a ese coctel de desigualdades e injusticias, y quizá este sea un ingrediente mayor, porque involucra el origen, antepasados, familia, etc. Muchas veces se ha dicho que el Perú es una bomba de tiempo, una olla a presión, quizá Velasco Alvarado liberó un poco de presión a esa fuerza que ya aumentaba de manera imparable.

6.         Finalmente, solo puedo agregar que este libro contribuye al debate político nacional en momentos tan complicados en los que parece que pedir un concepto lógico, un argumento bien elaborado, una idea política con base teórica es imposible. Este libro demuestra que el debate aún está abierto y que todavía parte de la intelectualidad quiere cumplir su función social: La crítica como propuesta.                 


Titulado en Derecho y Filosofía. Magister en Gestión Pública.  Como escritor ha publicado cuentos y poemas en antologías y revistas en Perú, México, Chile y España.

  • Comentario de Stella Russell

Desde las primeras páginas se percibe una exquisita y refrescante fragancia a divergencia.

Un libro que todo peruano debería leer, por su denso contenido y bien elaborada argumentación, cita las frases célebres precisas que tornan aún más interesante y entretenida la lectura. Una pizca de poesía y mucha dura realidad.

No es solo un escrito informativo, es una obra pedagógica, llena de elementos aleccionadores y detallismo en la explicación. Asombra, enseña y te sumerge en la reflexión de una realidad completamente distinta a la que vemos en los medios tradicionales.

No recomendar y aplaudir éstas páginas sería un crimen, ¡Que la pluma de Max De La Rosa ilumine los pensamientos apagados e incite a la transformación! ¡Buen provecho!

Activista medioambiental y en contra de la explotación animal. Setiembre 2021

Max De La Rosa nació en Lima. Historiador del Arte por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cursa el pregrado de Derecho y Ciencias Políticas. Posee estudios en las áreas de Derechos Humanos y Legislación del Arte y la Cultura. Es autor de la novela lírica Los últimos días del plástico. La necesidad inmarcesible del silencio ataráxico. Actualmente se desempeña como asesor legal y se encuentra desarrollando El hábito de la subversión. El viendo soplaba, afuera, anunciando tempestad. Volumen II.

Lima, Setiembre de 2021// SE AGRADECE LA DIFUSIÓN

Enlace de libre descarga:

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Puedes adquirir su novela lírica Los últimos días del plástico. La necesidad inmarcesible del silencio ataráxico en el siguiente enlace:

Max de la Rosa