Chicas malas: Arabella Salaverry

Chicas malas

Fuimos las chicas malas

Asustamos a vecinos
escandalizamos a señoras
de misal y rosario

Siempre de negro
diluidas entre sombras
y desapareciendo en los espejos

Tomábamos cognac
en tardes clandestinas
mientras el jazz
nos cubría
para escurrirse luego
por los poros

Disfrutábamos la hierba
ocasionalmente
sin compulsiones
cuando queríamos
abrir los ventanales del cielo
  y mirar trasnochadamente lo que hubiese

Nacimos despidiendo guerras
vivimos Vietnam
un acto obsceno
y en la piel
el dolor de Hiroshima y Nagasaki

Nos desvelamos con Sartre
mas fue Simone quien hilvanó
 nuestra protesta

Consideramos a los Beatles
un tanto pueriles
era Piaff
quien nos alimentaba
Trenzamos flores
guirnaldas
pero fuimos suspicaces
con las exportaciones del Norte

Nunca pensamos
que seríamos reinas

Sí quisimos con el Che
ser compañeras

Compartimos cuerpo y alma
sin pedir nada a cambio

La vida ha sido nuestro manifiesto

Encendimos lámparas
para apagar la angustia
de estar vivas

Vivimos tan
pero tan intensamente
que ningún dolor nos fue
ni nos podrá ser jamás ajeno

Fuimos las chicas malas

Olíamos a incienso
A pachulí
  otras veces a menta fresca

Pero el olor
que nos acompañó
fue el de la melancolía

Fuimos las chicas malas
y aunque no lo confiese abiertamente
por el qué dirán
          los hijos
los amigos sensatos
           el perro
los parientes
seguimos y seguiremos siendo
chicas malas


Mi voz

Te presto mi voz
                      hermana

Te presto la escasa lucidez
de este siglo vestido de torturas

Te presto mareas
por si se te ocurre deshacer las rocas

Te presto lo visceral del grito
de algunos animales los olvidados
                                ya en el destierro
                               ya en su último recodo

Te presto también mi voz
para que hablés por ejemplo
de los espejos
donde no se refleja tu impotencia
Para que denunciés
la presencia invisible de tus sueños
Para que nombrés
el pan ausente que frecuenta tu mesa

Te presto mi voz para que hablés
en nombre de los niños borrados
y mencionés 
si te parece
su desesperada esperanza

Te presto mi voz para que denunciés
la fría bayoneta de la muerte
 invitada imprescindible de las guerras
Te presto lo que tengo y lo que no tengo

Lo que soy y lo que quisiera ser
Lo que el tiempo ha dejado de lo humano

lo que los dioses han perdido en el camino

Te presto este poema Del libro Chicas malas (URUK Editores, 2009)


Dónde (poemas de la pandemia)

Me quedo en pausa
No sé si la acción ya fue
o espera en el futuro

No sé si la desmemoria es un momento
entre los tantos donde se hilvana el tiempo

O es el tiempo

todo el tiempo
el antes el ahora el después
cabalgando sobre el inescrutable sueño
de mi espalda

No sé si ya me moví
o aún no dibujo en el aire mi silueta
camino y los pasos se deslíen
conducen a un destino clausurado

Abro un libro y la página fue
la historia se cierra circular
cada hoja agita su soledad perfecta
hermética
termina abandonándome

Reparo entonces que el hilo de la vida
se enreda
y se mezcla y se destiñe
 en el cajón de las cosas olvidadas


De besos (a propósito del poema de Lorca Balada Interior)

Vivo repleta
de primeros de segundos
de terceros besos
los dulces
los amargos
los que fueron
los imaginados
los deseados
los torpes
los sabios
los remisos

Cada uno replicante
en la quebrada honda del recuerdo
sumatoria
para al final en la extensión del beso
delinear la perfección de un beso
el que amaneció
después de los insomnios
en el lado oscuro de la noche

Poema inédito.

Caribe (una vez más el mar con olor a Caribe)

Ese clamor de mar
vivido como único destino
donde los deseos se diluyen
en partículas saladas
recordatorio de lágrima
 presencia rumorosa de la vida
allí y solo allí no caben responsos
heridas
tristeza itinerante

Vedado el dolor
por la fuerza que desata
y revierte hacia el cielo
en un juego incesante
vaivén de la esperanza
fuego que aniquila
Y la sal
Siempre la sal
dibujando senderos
para abofetear fronteras
soliviantar las ansias
liberarte desatarte desnudarte
exponerte de par en par
con tus ventanales abiertos
más su luz que los cerrojos

Y contienes al mar
el mar te arrastra
te signa con vendavales
para ir haciendo ruta
una con anegados santuarios

Esa llave para abrir horizontes
te la confiere el mar
el timón de mando es tuyo
te lo regala el mar
cabalgas tormentas
navegas huracanes

tejes ciudades enredadas
en el laberinto de sus arrecifes
Inventas ciudades dormidas en sus costas
calles cuyo destino es arena
litorales para las más altas ceremonias

Te dedicas a anubarrar tu grito
expresar así esa ansia de caminos
ese levante de corazón abierto
ese alarido preñado
ese regreso a los orígenes

El temblor visceral que te acomete
con la sola dimensión de su presencia

Del poemario Dónde estás Puerto Limón (UNED 2011)


En la ciudad del desierto

En la ciudad del desierto
trocamos los pájaros

Ahora el cielo entintece
su desnuda claridad con los misiles

Ya no hay alas bordeando el horizonte

En la ciudad del desierto
anulamos los pájaros

Solo un resplandor de plata que encandila
solo el pulcro estallido de las bombas
usurpa el espacio de los pájaros

En la ciudad del desierto
con la misma golosa dedicación
sacrificamos pájaros
asesinamos niños y mujeres

Y nos desinfectamos las manos


Llueven pájaros

Llueven pájaros
Azotan las ventanas

Pájaros que son ángeles agobiados

Llueven pájaros
los tejados repiquetean mientras los pájaros
golpean contra el claro de luna

llueven ángeles
que son pájaros
para hablarnos desde el grito infernal
de su caída

llueven pájaros
saetas
flechas malheridas
llueven pájaros
 habitantes desmesurados de las nubes

Estos pájaros que suelen ser ángeles
lloran este planeta que arderá
quemado por nuestro propio desatino

Estos ángeles que suelen ser pájaros
se llenan la garganta con arena
mientras escupen fuego

Sus palabras son entonces pedernales
que nos golpean desde la arremolinada soledad
de la ceguera

Del poemario Llueven pájaros (Editorial UCR, 2015).

New York

Las mariposas se incrustan
en el alto estallido del cemento
Juro que caminé tus avenidas
con la soledad a cuestas
en ese universo de piernas extranjeras
venidas de rincones extraviados

Traté de asir una mano
cualquiera
pero solo la materia fría
la argamasa
el acero
Las palomas bravías no encuentran
donde depositar sus nidos
y un viento de prisas y de ahogos
recorre tus calles ateridas

Sé que hay un mundo escondido en el asfalto
vibra como el corazón de un pájaro carpintero
trato de rescatarlo de la muerte
pero mis manos terminan en muñones

Te prometo
que seguiré hurgando en tus resquicios
hasta encontrar el másti
donde ondeará el desvelo
y la noche entonces
se cubrirá con mareas
y en mi insomnio te seguiré nombrando
hasta que al fin seas mía                          

Arabella Salaverry. Escritora y actriz costarricense. Premio Nacional de Cultura Magón, Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría rama cuento (2016) rama poesía (2019).Una infancia en el Caribe define su presencia literaria. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas, Filología y Teatro.  Nueve poemarios publicados en Costa Rica y España, tres libros de cuentos, Impúdicas, Infidelicias e Íntimas y las novelas El sitio de Ariadna y Rastro de sal. En poesía ha publicado: Búscame en la palabra, Llueven Pájaros, Violenta piel, Chicas Malas, Continuidad del aire, Erótica, Dónde estás Puerto Limón, Breviario del deseo esquivo, Arborescencias configuran a la fecha su obra literaria, así como la edición de Mujeres poetas de Costa Rica, Antología Bilingüe 1980-2020, un hito en la historia literaria del país. Traducida al inglés, al turco, polaco, catalán, italiano al húngaro al francés y al bengalí. Recién edita la primera antología bilingüe de poesía de mujeres que se publica en el país, la cual recoge las voces de cincuenta poetas. Se forma en varios países latinoamericanos, en donde estudia Artes Dramáticas y Filología. (México, Venezuela, Guatemala y Costa Rica). Su voz presente en antologías, periódicos, revistas y blogs literarios en Costa Rica, México, Ecuador, Argentina, Brasil, Colombia, Italia, España, Polonia e India; y en diversos escenarios en recitales personales. Traducida al inglés, francés, polaco, catalán, portugués, italiano, húngaro y bengalí. Ejerció la Presidencia y la Vicepresidencia de ACE (Asociación Costarricense de Escritoras) 2004-2008, 2008-2010; y prosigue su labor de promoción cultural desde la dirección del Grupo EL DUENDE. Jurado en concursos de poesía y narrativa y acreedora de múltiples reconocimientos por su labor. Actriz protagónica y de reparto en más de cincuenta montajes y veinte películas. Trabaja en producción, dirección y actuación para teatro, radio, cine y televisión; imparte talleres de comunicación e imagen y escritura creativa.

Cántigas de Escarnio: Alfonso Chase

CÁRMENES

PARA JEANNE SALZMANN
(1889-1990)
MAESTRA

I

Escribo interna forma que transcribe la pura soledad
del cántico: el cardo y la paloma girando en el magma inicial
de la raíz y el fruto contenidos en la imagen del sueño
que al solo palparlo deviene realidad inmediata
fecha: águila llameante que imagina su propio vuelo.

II

Escribo interna forma bamboleante palabra
inflamada sílaba hacia el mortero loco del espacio
más allá del relámpago y más cerca del confín
en donde los ojos crean eclipses y formas lúcidas
para interpretar el cielo en la aureola austera
del sol cayendo sobre el vaso lustral de la memoria.

III

Escribo con la sangre algún deseo inmediato:
algo que después es estribillo cantado por los otros
palabra deslenguada hirviendo sobre el labio
para decirse su propio lenguaje circular y su estallido.

IV

Escribo enigmas que conciben la pupila como un ojo
abierto y fijo perdido ante su propio rumbo
voluntad de palabra más allá de su significado
Signo puro de un coro que murmura entre la bruma
lo que nos fuera otorgado sin pedirlo.

V

Escribo bamboleante ritmo crujiendo entre las venas
la voz de mi enemigo: anillo sobre el cual descansan
todas las plagas de la tierra y las bendiciones obtusas
necesarias migas para complacer designios que objetamos
al abrir y cerrar todas las puertas dibujadas al frente.

VI

Escribo en libertad de ser solo una voz plural
desperdigada en un grano de luto sobre el mundo.
Escribo en cárcel de palabras rasgo la hoja en dos
y descuajo los ternísimos insectos del lenguaje
asidos al imán de los vocablos: huyen entonces hacia:
mariposas brillando como lunas.

VII

Escribo lentos goces temblando
sobre la piel ajena mascullo lenguajes que ignoramos
bebo en mis propias manos del agua que mana de las venas
absortas en su plena piedad de llama súbita
creciendo volcando construyendo plenas en su
poder de remontarse hasta el agua lustral que arde en vientre
para cubrirnos de sueños mientras un áspero
coro gime entre las sienes su lenguaje de estrellas y de abismos.

2010

Del Libro de los esplendores (2019).


A QUIEN BUSCARE EL CORAZÓN DE LOS LUGARES

Aunque encubras estas cosas en tu corazón, yo sé que
de todas te has acordado.

Job 10-13

A Jack Gerardi

I

Donde nadie sabiendo quiénes somos nos reconoce.  Donde proviniendo de lejanos días alguien extiende su mano y establece el puente, crea las horas y desata a las memorias con el rencor de los perros.

Donde la música, proviniendo de ella misma, hace de nuestro rostro una ceremonia suspensa.

II

Abres tu cuerpo. Tú mismo, llave para todos los sentidos y las hierbas que sobre tu piel se extienden.

Abres los nombres porque para nombrarte el mundo carece de sílabas y las palabras son pretextos para saberte vivo.

Yo te contemplo. Vivo para tu propio tacto y apenas existente para que mi cuerpo pueda justificar su aliento.

III

Apenas amparado a una piel que corresponde a un cuerpo he perdido la voz, la claridad. La noche se hace forma en sí misma y se despliega con vastedad de manos. Se hace polvo a la llegada de todas las palabras y sobrevive por algún milagro posible y acontece en el linaje enemigo que sustenta su base.

IV

¿Cómo ser de la noche y no perder la cualidad de iluminar y desbandar sobre los cuerpos follajes pequeños, espigas como rencores y pródigos insectos?

V

No decir tu cuerpo. Hablar de la ciudad y de los árboles y de las gentes que en este momento te recorren. Tu mismo mundo, ríos, vegetaciones, manos y ojos de todos creando alguna ciudad de puentes verdosos y jardines a los cuales les ha de ser concedida alguna pareja de amantes, una fuente y tres insectos.

VI

Sobreviven las cosas por la posibilidad de los lenguajes. El polvo es apenas un discurso fragmentado y el aire transcurre por todas las ciudades, como posibilidad para escindir la soledad de alguno.

Todo se satura de purulencia de palabras, se nutre de sílabas y estalla oscuramente, blasfemando, apostrofando. Desbandándose de su centro inicial.

VII

Boca de la noche: tacto de los días. Polvo de todos los instantes gastados cubriendo párpados y pestañas.

Suturas sobre todos los labios. Goce en desbandada, música ciega girando sobre su propio engranaje.

Todo en rigor se tiende en máscara. Dando forma a otra forma algo se cumple y el barniz que se adelgaza es el reflejo del nacimiento de una estrella, para la contención evidente de algún sueño.

VIII

Todo se extiende en cuerpo. Se vuelca sobre muslos y resucita bañado de mundo. Bajo el acto se ocultan los objetos, el agua, las inventadas aves de los sueños y los emblemas de alguna posible crucifixión.

IX

Como si fuera un ciego o piedra o escondido silencio. Tal el vuelo quebrado de alguna semilla con alas, dispuesta a fecundar la tierra o a devolverse a sí misma para cumplirse, me extiendo sobre todos los cuerpos y todos los tactos. Crezco. Sueño en la memoria y me doy a todos los días por la señal de tu cuerpo.

X

Tú solo eres mi patria. A ti te conozco desde la infancia y transcurro por tus brazos y me hundo en tu vientre buscando algún fragmento de mi propio nacimiento. Tú solo me contienes. Me llevas desde siempre en la memoria de un trozo de palabra y te expandes sobre el aire para recorrerme. Tú me das lo esencial. La palabra para hacer el silencio un recuerdo antiguo y de mis párpados algo semejante a la nostalgia.

XI

En el cuerpo somos solo los inventados.

Las pálidas creaciones de nuestras manos que, como espejos, reproducen innumerables fragmentos de nuestro rostro.

A las palabras como al cuerpo. Con toda la libertad de los sentidos. Con la nostalgia de los ancianos y con la piel de los niños.

XII

Brusca, repentina comprensión de las dos manos. Rumor y deslumbramiento del tacto. Constelación de círculos pequeños, presentidos, perdidos sobre las palabras. Hechos silencio. Los tactos se reconocen y se guardan, para siempre, en el escondido silencio de su sangre.

XIII

Todo en sí cumple su deleite. Los amantes apenas saben de la intimidad de la llama y conciben su amor como una semilla desnuda y falta de sol y apenas constelación de labios diminutos que la fuerzan a estallar dentro del suelo.

Porque la carne es el imán y la llama es escombro de alguna luz desbocada.

XIV

Cuando para buscar alianzas de palabras descubro tu boca, encuentro la agonía de todos los lenguajes.

Cuando para expresarme me aproximo a tu cuerpo, convoco, de súbito, a todas las inocencias gastadas ya a los envejecidos vocablos, preñados de polvo y olvidados de su posibilidad de puentes.

XV

A pesar de tus poros y tus brazos y tus muslos desnudos ya que te ovillas en perpetua posición para encontrarte, yo te hallo en los libros y en los poemas y en las calles y en los llantos que resbalan por los muros de las casas.

Yo sé que existen sobre todos y hasta en la clara membrana del aire te repites. Oscuro y asfixiado sobre los cuerpos muertos, celebro algún oficio antiguo, nocturno y propicio de tu desnudez ausente.

XVI

Me preparo. Huyo dentro de mí. Me despeño en las palabras y llamo a guerra al cuerpo, al tacto, al sexo y hasta enfrento al labio el otro aliento.

Cerco al miedo y burlo la locura porque ante el temor de ser la llama soy un agua.

XVII

Como un lápiz que solo escribe poemas o una hoja en blanco, solitaria, el cuero no puede vivir sin las dos manos. Ellas crecieron con el cuerpo y aman la finísima extensión del propio tacto y enamoradas de sí mismas sobreviven gracias a su propio calor.

Por tus manos sé que el mundo existe y que las gentes crecen y que la historia transcurre sobre la pasividad de los objetos.

Tus manos son el testimonio de la muerte y el borde de alguna memoria antigua que repite su oficio por mi cuerpo.

XVIII

Me desplazo en los sonidos. Vestigios tuyos
disecados. Sacramentos podridos en su propia santidad.
El día alza la hostia de tu cuerpo. Las cigarras y el aire
devoran los ojos de las estatuas.
Pasa la lluvia y la ciudad se abre. Nace
para mis pasos y los tuyos.
En el lenguaje muere: tal la agonía
en la garganta rota de algún niño.
Solo un lenguaje poblado de naranjas,
un agua exhausta, carcomida y viva
en su propia contención.
Súbitamente mi cuerpo es música
y anudado a tus manos resucito,
como si alguien, desvestido de nombres,
llenare de signos algún cuarto.

XIX

De lo que en Concilio dijeron los Obispos, los Párrocos, los Diáconos, los Arzobispos y los Cardenales y por último el Romano Pontífice, sobre el cuerpo y su función en la tierra, únicamente estoy de acuerdo en aquello que decía que el cuerpo es semejante al surco y que el amante es la semilla.

De los temores, los exorcismos, los pecados y las excomuniones me río, cuando desnudo, el cuerpo es la formación más hermosa de que Dios existe.

XX

¿Con qué lenguaje soñarte, palparte, saberte? ¿Con el de las palabras o con el de los signos?

Quizá con el del silencio.

Bogotá, octubre, 1969.


RELACIÓN DE LA TRISTÍSIMA
DESTRUCCIÓN DE INDIAS
(1535-1968)

LLAVE DE FUNDACIÓN

Yo tomaban cuanto a su alcance veían:
collares, pectorales, frutas,
mancebos y mujeres, porque
diezmados por el hambre o el horror
ellos se dejaban tomar.
Agobiados por el peso del botín
algunos invasores se ahogaron
al cruzar los ríos
y en el fondo de los canales,
entre escombros,
los niños jugaban con los cuerpos
y los huesos
de los que fueron sus verdugos.
Sesenta y cinco días duró el sitio.
Durante todo ese tiempo
aprendimos a beber la sangre de nuestros hijos
para lograr subsistir
y cuando la ciudad
al fin se rindió,
abrimos todas las puertas
y, tendidos, la boca contra el suelo,
pedimos la pueste para nuestros cuerpos.
Y luego fue la dispersión.
El rumor de aguas llenando los oídos
Y los pájaros mordisqueando los ojos
y los días cayendo como flecas en los caminos.
Y no teníamos comida o escudos o armas
y la ciudad empezó a podrirse
tal una fruta
y los gusanos nacieron de nuestras bocas,
senos y cabellos.
Doquier fue soledad
y lluvia
y sangre
y luego el calicanto
cercando edificios, rincones, templos,
hasta volvernos todos a la vida,
como nacidos de un sueño ligero
en el deslumbramiento del día.

COMBATES HUBO

Combates hubo entre las sierras.
Ojos desparramados entre el verde secreto
de los árboles
y en la oscura galaxia
de las manos.
Armas surgieron. Roncos batallones
de palabras vivas y fusilamientos
detrás de muros y paredes.
Muertes también se registraron
en los códices
y se pusieron las listas de combatientes
a la salida de las escuelas
para que los niños reconocieran
el rostro de sus padres.
Entre secretas rondas
y dispuestos silencios
arrancaron las uñas de algunas compañeras
y los dueños de las tierras extendieron los cercados
y algunas gentes compraron televisores a colores
para ver más nítidamente a la muerte.
Combates hubo en la ciudad.
El agua fue cortada y los niños
estudiaron a la luz de las velas
y el sol no aparecía
y la noche estaba fija sobre todo,
desvelada de estrellas, ropajes
y nombres.
Combate hubo y hubo,
en la ciudad y en la sierra,
hasta que palabra a palabra
llegó el aire de nuevo.
Combates hubo, amigo,
hasta sobre la piel del jade.

PALABRAS PARA UN PRÍNCIPE

Mira que no te acuerdes
de cosa carnal alguna.
Que tu cuerpo un árbol sea
y que en tu alma viva el aire
y se establezcan los pájaros.
Que te reconozcas en el pensamiento
y en el ánimo humilde
y no respondas palabra dura
o golpees con tu bastón a los ancianos.
Allégate a los sabios, a los poetas
y a los niños.

FIESTAS

Para los primeros días mataban
muchos niños.
Para las calendas cada cuerpo
era la historia
de una lejana sucesión de rostros
y en el momento de la muerte
se cumplía algún solsticio.
No los crucificaban, ni los colgaban
entre los ladrones, sino que los extendían
sobre la piedra dura
y luego comían los corazones.
Por la tarde repartían los muslos
y los brazos
y los sexos
entre el pueblo.
De noche, los muros hedían
y la costra oscura de la sangre
atraía moscas y perros
y sonaban los gritos
y sobre todos los rostros
estallaba la fiesta amarilla de la luna.

SORDO REPOSO

El pecho le brillaba
untado de aceites y bálsamos.
Caminaba seguido de ocho pajes
y en las últimas noches retozaba
con cuatro doncellas.
Era alto y melancólico
como si se supiera embalsamado
en sus propias palabras.
Durante trescientos sesenta y cuatro días
vagó por las calles
cegado por su propia belleza
y no fornicaba
en la contemplación
de sus manos.
El día del sacrificio
subió las escaleras con dignidad
y en la muerte
tuvo el oficio
que da la guerra continua con la vida.
Del sabor de su corazón
dice este poema
y la suave memoria de su desnudo cuerpo
fue obstinación de pensamiento
por largos días
en algunas muchachas
y muchachos.

QUE SON PUERTAS

Charcos de sangre y de palabras.
Palabras muertas y palabras vivas
nos alcanzan,
nos pisan los talones, nos escupen
sus gritos y disputan entre sí.
Los ojos de todas las palabras. Sueltos
sobre la mesa. Luchando por mirarnos,
por romper el silencio y ser testigos
de alguna devastación obstinada.
El agua del canal hierve en palabras.
Sobre sí mismas se arrojan.
Se devoran como perros
y entre babas, aullando,
de destrozan en el suelo.
Pero no temas. Las palabras
guardan sus armas en los dinteles.
Se dispersan como ordenadas huestes
de soldados vencidos
y se pierden, menudas y sonámbulas,
por entre puertas abiertas.

¿1535? : 1968

Nos dejaron caer bombas de napalm,
nos envenenaron las aguas,
sembraron los campos de minas
y nos pusieron trampas
en los jardines.

Los códices se estuvieron silenciosos
y los periodistas
reseñaron que no teníamos miseria,
ni explosión demográfica, y que la tierra
era compartida en común
y no teníamos gases lacrimógenos
o celdas especiales de tortura.

No hubo diarios que informaran
de nuestro llanto
ni teletipos que transmitieran
nuestros gritos.

Ningún compañero empapeló
con proclamas
el vacío de los muros
ni desde los balcones
los francotiradores
hicieron blanco en los yelmos.
Ellos siguieron tomando nuestras tierras
y vendiendo a nuestros niños
y el silencio fue el único camino
para nuestros pasos.

No hubo tableteo de ametralladoras
o golpes con bastones eléctricos,
y bebieron mezcla en vez de Coca Cola
y masticaron peyote en lugar de chiclets
y celebraron gozosos la caída de la ciudad
y la pudrición de sus habitantes.

PEQUEÑA HISTORIA

Toda la noche
escuchó la voz de su hermano
entre las piedras y canales.
Toda la noche batalló con las palabras
hasta hartarse de horror
con el sonido de su propio nombre.
Tres veces cerró la puerta de piedra
de su recámara
y otras tantas el viento la empujó
y lo encontró desnudo y ebrio
entre las mantas.
Al amanecer hizo encender los braceros
y quiso que el incienso lo llenara todo,
hasta que los niños se ahogaran.
Por la tarde se lavó,
fornicó e hizo fiesta
Por la muerte de su hermano
Y de su amigo Tzicquatzin
y los dos mil ochocientos guerreros
que iban a sitiarle.

BATALLA FLORIDA

Donde el agua sin armas
de los dedos
expande nombres y arcabuces.
Donde lo apenas vivido
es contemplado
en su áspera destrucción
por atrapar los pasos
y penosas palabras se levantan
y son puentes.
Donde las flores
se están quietas. Donde lo limpio ofende
y la historia es solo un nombre
encarnado en el instante próximo
que se estalla en sonajas, códices y pasos.
Y a pesar de los crímenes,
los sacrificios y las guerras,
una piedra y otra piedra se levantan
para construir
el rostro de todos.

ÚLTIMO ESTAR

Volcado sobre sí mismo como un río,
pasa los días girando,
leyendo textos
y evitando la cercanía de la carne.
Modera su enojo. Corta puentes
y establece trampas en los ventanales
y esconde las armas
y desesperado mira las estrellas.
Incendios hubo adentro de su sangre
y murió de una pedrada,
como un perro.
De tantos signos adversos,
de tanta traición
y tanta mierda,
ahíto de astrólogos y sueños,
con la cabeza colgada, vacío de su propia sangre,
su cuerpo estuvo muchos días con sus noches
tendido en los mercados,
y el agua temblaba
en todos los canales
y el miedo
picoteaba los ojos
y los labios
de las gentes.

SUEÑO CUMPLIDO

Los soldados apartan la neblina
con sus ametralladoras
y cumplen en las calles
su oficio de insectos.
Lavan raíces. Limpian muros
y raspan a las piedras
con sus cepillos de acero.
En la ciudad: México, Bogotá, Caracas,
los niños salen a la calle de nuevo
y tienen miedo de recibir el sol
en sus ojos y los perros
lamen la sangre de los estudiantes.
Jack y yo
caminamos entre huesos
 y purulencias y destrucción
 de días ceremoniosos y carcomidos
 como si fuera 1535,
pero en 1968 resulta inútil
hablar de antiguas fiestas o navíos
cuando nos queda entre las manos
solo un lenguaje de rifles y gritos.

Tlatelolco, Bogotá, San Francisco, Praga.
1968-1970.


FANFARRIA PARA UNA AMIGA TRISTE

Ingredientes: una acera, una
piedrecita, un zapato, y un be-
llo dibujo con tiza, preferente-
mente de colores.

JULIO CORTÁZAR, Rayuela

Para Zulay Soto

1

Página a descifrar o rito mudo
de su centro impreciso la noche desborda.
Saquea los armarios, abre libros
y desparrama flores viejas y postales
y sin timón se cuela en los rincones
y en ese rito mudo llueve sombras
para cubrir de olvido las palabras.

2

Memoria o desmemoria: a menudo tu tacto

Rendidos a la noche somos suyos.
Abrimos ojos interiores. Puertas viejas
que conducen a corredores
ante los cuales lo innombrado brota
y es creado un lenguaje deslumbrante
para guardar en él las manos
absortas en su propia tibieza.
Conozco de la noche solamente
lo que ella entrecortada engendra.
Sus bordes, su atmósfera,
su acento lleno de serenas mentiras
y el poder de sostener las hojas en el árbol
y sustentar eternamente los besos del amante.
Conozco que la noche es el olvido de la lluvia
o la imagen de un mundo infinito y sin salidas,
engendrado en la matriz de todos los objetos.
Sé de la noche por sus párpados gastados
y la muda forma del agua
y sellada belleza a cuyo peso me rindo.

3

Palabras, mutaciones, signos

Llegó la noche por mi infancia
antigua y el silencio
y brevedad de todos sus minutos.
Quizá también me acerco a ella
al escuchar la voz menguada de los ríos
o los silencios desnudos bajo cielo.
Junto al despliegue de la noche el mundo crece.
En la farmacia
algunos muchachos beben Cola-Cola
y fuman mariguana, hablan a gritos
y hacen silencio repentino
al pasar una muchacha.
Esto es el mundo. El aire que se enreda
en los cabellos de alguna mujer
empuja un poco de la historia
y un insecto muerto es un anuncio pequeño
que advierte y participa
en el secreto ritual de todos nuestros actos.

4

De ti mismo olvidado, él me vigila

Y uno despierta y se levanta
incapaz de reposo y se desploma.
Obstruye la palabra y extiende óxidos
para cubrir a todos los recuerdos.
Sé que estoy vivo y sin embargo
mi rostro ha perdido sus facciones
y se ha gastado en movimientos
para celebrar a todos los recuerdos.
Poblar un parque vacío con la palabra
y darle hojas al árbol
y límite a la fuente y crear con sílabas
el tejado y a la puerta.
Y la voz perseguida de ese todo que somos
y que dialoga en diáspora continua.
Canción es la mirada en suyo fondo
y se escucha un eco sembrado de sonidos:
madriguera en la que vamos a encontrarnos,
cara a cara, huraños y sin rostros.

5

Pequeña agonía de mi padre

Mi padre amasaba las sombras
y creaba sílabas y rostros
que transmitía confiado
y yo soy su hijo con mi disfraz de sombras
y obsesionado de palabras.
Fuer artista, relojero, oficinista
y a veces marinero
y cuando recorrió joven el mundo
tocando la guitarra y bailando el swing y el charleston.
Era alegre
pero suspiraba triste por los tejos, la nieve
                                                                     /y las colinas
de West Virginia o Massachusetts.
Hace años vivía secuestrado
por sí mismo. Escribiendo textos
que olvidaron las sombras
y asistido por la mirada de mi madre.
Para escribir sobre él es necesario el sueño.
El sueño descarnado que verifica que un cuerpo
es siempre el trozo de algún árbol
y el plomo sobre el molde no puede desterrar
la angustia o dispersar el miedo.
Hablo del sueño sembrador de fechas.
El que pasa su mano sobre el tiempo
y el terror del ajusticiado
al contemplar los restos de su cuerpo.
Nunca más solos frente al sueño. Abrid
todas las puertas y ventanas.
Dejad que la luz y los mendigos
forcejeen ante el umbral
y dejadlos entrar al festín del sueño
que transcurre y esparce su libertad sobre los cuerpos.
Caminaba mi padre siempre como por sí mismo,
buscando la razón de sus manos
y sus ojos y las huellas de nuestros viejos abuelos
que vendían delicatesen en Manhataan.
Y escribía nombres extraños en el Libro de Zohar
y criaba las plantas y cortaba las rosas
y copiaba mis poemas en su oficina.
De memoria en memoria,
húmedo de recuerdos se enfermó de pronto
y escuchando música a oscuras
creía ver el perfil de algún amigo
donde solo eran sombras
y nunca aceptó completamente la muerte del Che
o que en Vietnam del Norte
los niños sigan yendo a la escuela bajo el suelo.
Se murió de círculo en círculo.
Irrecuperable para sí mismo
en la orfandad de nuestras miradas
y desde el principio en la música
y desde siempre en la tierra.
Y unos niños cantaron el salmo catorce
y un pequeño fragmento de la Misa Criolla.
Tal es su historia. Como toda biografía:
un parpadeo, un pequeño acaso de algo
entrevisto por diminutas rendijas.
Un rostro sin escape, un cuerpo para siempre
debajo del aire, único en la tierra
en un monólogo mudo y una pequeña placa:      

Our beloved father
1903     1968

6

De lo que de ella conozco

Ante el lugar señalado abro la puerta
y el corazón y las dos manos.
Riego mi voz y soy recompensado
al recibir las voces del mundo.
Crezco sobre mis ojos y soy arrastrado
a celebrar el silencio prolongado
en la piel de dos amantes ayuntados.
Con insistencia castigo a las palabras.
Conjugo un verbo y creo del corazón
de cada sílaba la oscuridad sonora.
Sé que me agobia la noche.
Pero canto lo que de ella conozco
y satisfago una deuda
con su bondad de panecillo rancio.

7

La total estación

Que del verano nazca, crezca y ramifique
la total estación.
La siempre viajera buscando
un cuerpo o una orilla,
reúne fragmentos para hacerse
o completarse en la noche.
La música profunda escuchada hacia dentro
que crea sonidos que solo en silencio repercuten.
La estación que es río, que es mujer
y madre de mí mismo
y sin embargo procede de mi carne.
Solo el aire la puede contener
con su desordenada luz
rondando por los cuerpos y escondida al final
por entre vellos y linfas.
Mirándola mudante en un espejo,
sus dos senos firmes y nocturnos
la separan de la traición del tiempo.
Duerme sobre sí misma. Envuelve al mundo.
Lo recrea y lo libra de la prisión del aire.
Que del verano nace y es invierno
y otoño y a veces primavera
con su verdor pequeño y su musgo transitorio.

8

Oboe sostenido para mis amigos lejanos

Acogido en tu piel y desplegado
me llego hasta tus ojos,
ahuecando mis manos para contener las voces
y al invierno y a las melodías
que se escapan de los bares y retroceden
en duro combate con el viento
hasta su lugar de origen.
Alguien a quien he olvidado
me dijo que hay un día
dispuesto para todos nosotros.
A pesar de los diarios y las agencias de noticias
y los vigilantes consumidos en la mirada
de sus propias fechorías
y a pesar de los impuestos y la apatía de los jóvenes.
He encontrado en ese día varios rostros
de mis amigos y vecinos.
Yo pienso en una mesa en que estaremos todos.
En el día de las manos abiertas
y en el cerillo que incendie el granero
en que se esconden las sombras.
Voy invisible de un oído al otro.
Me adelgazo y me adentro en las casas vacías
y en las llenas de gentes
y en las llenas de nada.

9

Color de lluvia, mi ciudad se te asemeja

Debo decir de mi ciudad.
Cartago huele a pan horneado,
a eucalipto, y es justo decirlo, a veces a boñiga.
Es una ciudad pagada de sí misma
que sin embargo amo
como si fuera una muchacha flaca
o una abuela impertinente.
Vive de historias
que ella misma se inventa
y que hemos visto crecer detrás de las cortinas,
donde débiles ancianas
de lenguas móviles, y por ello diminutas,
cuentas chismes o dicen oraciones,
olvidadas en roídos misales.
Cartago tiene acequias
bordeadas de berros y de peces
y árboles grandes de los que cuelgan
nidos de oropéndolas y piapias.
Esta ciudad se nutre de nombres antiguos casonas
y de poetas que adoran lechuzas
y monseñores que tenían hijos con las criadas.
Cartago es un recuerdo de botella sellada.
De don Ricardo Jiménez con bombín
jugando al escondite con Beatriz Zamora
                                                                   /en los corrales
y terremotos suspensos sobre todas las torres
y lágrimas lentas y campesinas
cayendo sobre surcos y huertas.
Mi ciudad es como el polvo de gofio
o las escapadas para buscar gusanos y abejones
en potreros y patios.
Debo decir de esta ciudad verde y oscura
que tanto se asemeja a tus gestos simples
y a tus palabras gastadas.
Hablar del mueble
dentro del cual las polillas enloquecen
porque sus nuevos dueños
han barnizado las puertas y victrolas
y han quemado las sillas que olvidaron
los antiguos señores y han echado al fuego
los empapelados de flores inmensas.
Cartago es reaccionaria
y triste y solitaria
a pesar de las casas nuevas
y la súbita invasión
de algunos nuevos apellidos.
Sobre sus calles todavía repercuten
los tacones
de alguna beata rezagada
y a veces una señora vieja
toca el piano, Chopin o Schumann, puede ser,
cuando los peones vienen de las fincas
y en la plaza los chicos descalzos
y con el torso desnudo y dorado
juegan al fútbol o hablan de muchachas.
Cartago es una ciudad de nombre masculino
y sexo femenino,
que amo porque ya no tiene estaciones
y casi no le quedan parques o estatuas
y en medio de una batalla entre la niebla y el aire
sus colibríes emigraron al norte.
Es una isla diminuta
y a ella pertenezco pues se te parece
y porque el corazón y el sueño quedan para siempre
en el paisaje dentro del cual
olvidamos la inocencia.

10

A menudo un final apenas desemboca.

Como se anuncia una estación perpetua.
Como se mueve la nieve
y empiezan a brotar los insectos
y las hojas y la hierba sobre el aire,
una nocturna barcarola sobre la piel del mundo
va creciendo.
Nazco a una boca o quizás a una pupila.

San José, enero de 1970.


ODA A NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

A Eunice Odio

Coelorum reginae, Angelorum Dominae Reipublicae
de Costa Rica dilectae ac delectae Patronae…

MONS. VÍCTOR SANABRIA M.

El alfiler va ahondando
al duro corazón de piedra. Miguel,
desde la cumbre, hirsuto toca la gota
de agua santa, raspando la intensidad
de la piedra. La cera recibe el último
deseo del peregrino. La bruja, tonta,
en su arabesco ingiere su ración
de trementina, para evitar que se le pudra
la garganta. Las rodillas, testarudas, luchan
contra la lustral alfombra del pecado. Rafael
recibe el lagrimal con toscas manos espectrales
y la placenta se pega suavemente al aire,
dulcemente sonámbula en su sueño. La sierpe
inmóvil cae: los fieros colmillos
atacando el seno de la Virgen.
El abismo pesado del lenguaje goteando en el reloj
no escuece el humo de los ojos. El agua santa mana
y brota de la ceniza algún augurio: alfombra o molusco
para raspar los milagros. La vela, sedienta,
ataca al ángulo desnudo de la luz, bailando
sobre la espalda fúlgida de los peregrinos,
sin preocuparse de la patinada aridez
bajo la nave del ojo.
María, hierática, lentísima
entre las cortes celestiales, sostenida
por la forma superior del jaguar,
protege al Hijo por sobre la transmigración
de la substancia. María, esposa de José,
el hijo de Jacob y nieto de Mattán,
la madre invisible de Emmanuel.
Tegumento misterioso esta mujer que vence
a las arañas. Discípula del Sol,
madrépora mineralizada por ángeles de seda.
He aquí la velocidad de su cuerpo irguiéndose:
              Alma y cuerpo subiendo,
              desperdigándose en átomos.
              Arde. Sube
por sobre el círculo benéfico, triturando serpientes
legañosas, polen pascual que la cubre
como diminuta cariátide de piedra avanzando
entre caballitos de mar. Sello erguido
como un pedestal silbante entre las ruinas.
              Esta es la esencia del amor:
La destrucción del tálamo, el cumplimiento
                                                        /exacto del designio:
La flor silbante en vilo por la noche.
La metamorfosis de la rosa en hálito de Dios:
El címbalo hecho agua sobre el rostro del Crucificado.

1-2 de agosto de 1972, San José

Del libro Cántigas de Escarnio (2018).

Selección: Lovesun Cole

ALFONSO CHASE (Cartago, 1944) es uno de los escritores costarricenses más destacados e influyentes. Participó activamente en la fundación de la Universidad Nacional (UNA), de la cual fue catedrático, y donde se desempeñó como profesor de talleres literarios, asesor cultural de Rectoría, docente investigador en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje y director de Extensión del Centro de Estudios Generales, entre otros cargos. Asimismo, ocupó puestos de diversa naturaleza en varias instituciones de Costa Rica, entre las que podemos citar la Editorial Costa Rica (ECR), la Asociación de Autores y el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD), del cual fue cofundador (1970). Ha publicado los poemarios: Música solar. Antología poética: 1966-2016 (2017), Cántigas de Escarnio (2018), Piélagos (2017), Jardines de asfalto (1995), entre otros. En novela; Los juegos furtivos (1967), Las puertas de la noche (1975), El pavo real y la mariposa (1996), entre otros. En cuento; Mirar con inocencia (1975), Ella usaba bikini (1991), Fábula de fábulas (1979), entre otros En ensayo; Nuestra señora de los ángeles: madre de la cultura, (1996), Los herederos de la promesa (1997). Y compilaciones; La hora del cuento, (textos para secundarios, 1982), Las armas de luz (poesía de la América Central, 1985), entre otros. Ha sido profesor en universidades de Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela y Guatemala y jurado de los principales premios literarios del continente americano. Es miembro PHI BETA DELTA, de la Honor Society for International Scholars, miembro extranjero de honor de la Popular Culture Association (PCA), ambas de EE.UU. Y pertenece al capítulo costarricense de la International Board on Books for Young People (IBBY). Poemas y relatos suyos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, polaco, serbiocroata, ruso y griego moderno, entre otros, e incluidos en numerosas antologías. Premio Nacional de Cultura (1999), Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en las ramas de poesía (1967 y 1995), cuento (1975), novela (1968 y 1996) y ensayo (1986). Premio Carmen Lyra de literatura infantil (1978). Reconocimiento Doctorado 𝘩𝘰𝘯𝘰𝘳𝘪𝘴 𝘤𝘢𝘶𝘴𝘢 de la Universidad Nacional de Costa Rica (2022).

Poesía y patrias: Carlos Calero

Sobre la cabeza de un perro

Tu memoria respira olores sagrados, grises, turbulentos; olores insatisfechos por el
derribo donde anidan palomas hojalateras, palomas vende ropa y helados. En los techos
viven reptiles sastres que visten corbatas y gabanes. Los insectos observan la infidelidad
de las amapolas. La casa de tu memoria amanece, no cambia de ropa, de penumbra ni
los sueños; no se peina con un espejo; no se lava el rostro ni usa collares de ballenas en
su cuello; no limpia telarañas ni exhala vapor de arroyos. La vida es atrapada por el
misterio, entre jardines y respaldos de las sillas, para que la casa espere a los viajeros,
cuando no ven más que un horizonte sobre la cabeza de un perro.

Ecología

No jugamos las cartas ni dados frente al manto de la muerte. Anunciamos el sepulcro.
¿Y la ardilla, el perezoso, las larvas, las crías de águilas vírgenes? En el bosque existen
tumbas culpables. El canto migra a los pájaros para que retornen. Nos bajan y quitan los
clavos. Trasladan muerte a las arboledas. Sabemos que ninguno pondrá sus talones en el
paraíso sin perder la honra ni la memoria sagrada de la selva.

¿Ahora qué falta?

No hablemos de ruinas. Echa bulbos el tiempo, acumula frío el recuerdo entre senderos
de piedras, árboles y sombras que reniegan del espejismo. No existe otro camino. La
infancia soy yo. Veo entrar a la muerte, con luciérnagas y aldeas de tierra. Un
camposanto en Masaya es el destino. Mi voz habla de tripulaciones que caen de los
ataúdes. Y entonces pregunto: ¿Ahora qué falta?

Victoria

No he descifrado la sandalia de tus sueños.
Decilo con el corazón sobre la tierra o la sangre de los santos mendigos.
Esta verdad, como una manta, cubre mis ojos.
Quiero escarbar las grietas que crujen.
Tus ojos solo ven ruinas de estatuas, no encuentran a los amantes.
Que no me nieguen tu sacrificio feroz por los muertos
ni la virtud esencial de los inocentes.
El silencio te hace fuerte.
Que se levante el amor con su canto y el océano.
Pretendo una canción de tribu y nieve en las montañas.
No sé si confiar en la soledad, las caravanas o éxodos, o los sepulcros
y conquistas de quien muere si ama.
Desconozco el instante de tu gloria.
Hubo un idioma, hubo profecía en el arbusto con llamas
y la hojarasca del risco sagrado.
Las palabras son mi destino.
Huye, muerte, lejos de nuestros hijos,
no intentes invadir sus sueños.


Nicaragua, 1953. Se naturaliza costarricense. Fue docente en secundaria y la universidad. Gestor cultural. Ha publicado en poesía: El humano oficio, La costumbre del reflejo, Paradojas de la mandíbula, Arquitecturas de la sospecha, Cornisas del asombro, Geometrías del cangrejo y otros poemas, Las cartas sobre la mesa. Antología Generación de los Ochenta. Poesía Nicaragüense. Ganó la convocatoria del Centro Nicaragüense de escritores con su libro El humano oficio. Mención de honor en el Concurso de Poesía Leonel Rugama. Una plaquete Muerden Estrellas. En el 2021 publica Hielo en el horizonte, con la Editorial El Ángel Editor. Ha sido publicado en revistas como Carátula, Altazor, Nueva York Poetry Review, Círculo de Poesía, El Hilo Azul, Andrómeda, Isla Negra y otras. Ha sido invitado a múltiples festivales de poesía en Centroamérica; Primavera Poética de Perú, Bogotá y Paralelo Cero, Ecuador.

Poesía mexicana actual: Margarito Cuellar

TIERRA NATAL (1)


El cajero automático sonríe
mientras arroja billetes de baja denominación.
¿Y el menú de este restaurante de paso como nosotros?
Los pasajeros alimentan a Gula y a Pereza
o bajan a estirar las piernas.
Una mujer se transparenta a bocanadas de humo
y envejece al instante. Toda la vida ha estado ahí.

El horizonte engulle al autobús.
Un aluvión borra casas   sombras   jardines de las grietas.
Los parques olvidan al héroe que los deja.

Nací acá, mas los lobos aúllan
como si nunca nos hubiéramos visto.


TIERRA NATAL (2)

Sacudan mi memoria: hallarán frutos secos
siluetas que tropiezan con fantasmas
y calles sin regreso.

No siento mío este remedo de árboles
ni la plancha de tierra que se abre si la pisas.
¿De quién este paisaje de víboras descalzas
mapas en blanco   región sin para cuándo?

Los héroes trovan hazañas

a una audiencia de jubilados en harapos
que cabecean al son de las palomas.

¿Quién reconoce como propio un círculo de auras?
Yo no. Y sólo voy de paso.



CUERVOS

Vuelan en círculos
y con graznidos sellan
su pacto con la noche.
Al descender comprueban
que la carroña sigue
en el baldío de la existencia.

Sus largas patas descienden
y libres ya de toda cautela
hacen de los despojos su pira funeraria.

El cuervo sanea el aire
y pasa de la escala más baja
a la cumbre de la belleza.

                              (De En el hotel de la vida todos somos extranjeros,
                                                Laberinto/ Conarte, México, 2021)




LUNA ABRIÉNDOSE CAMINO EN LA ZARZA DE NIEBLA

Se ascienda o se descienda
se vaya al sur o a otro planeta

los caminos conducen a la diosa.
Luna Abriéndose Paso en la Zarza de Niebla
Barco sin Capitán
Asteroides Bajo el Arco Perfecto de su Espalda.

Mas hay caminos a lo alto de una escalera
y la única señal que distingue
desde ese punto el náufrago
       un resplandor de estrella
       que flota con la idea
       de integrarse a la vida.

                                                             Noviembre 10 de 2014


ARMA BLANCA

A veces cuando el frío es muy intenso
y no hay calefacción que aliente
me acuerdo del cuchillo que dejaste
clavado en algún sitio
entre el olvido y la esperanza
de que un día volvieras a sanar las heridas.
O a enterrarlo más hondo. Da igual
el que un día te cantó
ha muerto varias veces de distintas maneras.

Así como la hoja me habla de ti   siempre
pero más animosa en los inviernos


antes que tú hubo balas
y autos que atropellaron mis heridas.

Ninguna de estas muertes importa
sólo el filero   tuyo como un pacto de acero
me recuerda:
      El amor no es en la vida cualquier cosa.

Y todavía hechas limón a las heridas
para que no se olvide nuestra prenda de amor
¡oh   asesina hermosa!

                                                                 Junio 22 de 2017
                                                                       (Inéditos)

Margarito Cuéllar. Poeta mexicano originario de San Luis Potosí, México. Radica en Monterrey, Nuevo León. Libros recientes: En el hotel de la vida todos somos extranjeros (Laberinto/Conarte, México, 2021); Heridas luminosas que se quiebran (Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2021); Nadie, salvo el mundo (Moguer, Huelva, España, 2020). Con el libro Teoría de la belleza (Instituto Sinaloense de Cultura, 2018) obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira 2019 organizado por el Banco del Austro de Cuenca, Ecuador. Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2020 convocado por la Diputación de Huelva. Con Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas obtuvo en 2021 el Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador (Salamanca, España). En diciembre del 2020 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Golden Magnolia de Shanghái.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

Los dos y otros poemas de María Esther García López

por María Esther García López


En defensa del cardo y de la ortiga…
Jesús Munárriz

                                            

ATIENDI

N’auxiliu del raitán, de l’andolina
de los mirlos, de zarricas, verderones...
N’auxiliu de calandrias, y los cantos.
N’auxiliu de la música del ríu.
N’auxiliu de los gril.los.
N’auxiliu de culuebras y l.largatos
Polos sapos, les xaronques, pol ciempiés,
pol esguil que nos mira dende l’árbol.
Pol arume a salitre, polos pexes.
Pola ouca, pol chufín, polos corales.
¡N’auxiliu!, ¡n’auxiliu!
Que la vida siga viva.
Agua espeyu, sin velenos nin fedores.
Pol sosiegu,
pola l.luz,
pol aire puru.

*

ATIENDE

En auxilio del  petirrojo, golondrinas
de los mirlos, de canarios y  gorriones...
En auxilio de calandrias, y  sus  cantos.
En auxilio de la música del río.
En auxilio de los grillos.
En auxilio de culebras y lagartos.
Por los sapos, por las ranas, los gusanos,
Por la  ardilla que nos mira desde el árbol.
por los peces,  el salitre…
Por las algas, los delfines, los corales
¡Auxilio! ¡Auxilio!
Que la vida siga viva.
Agua espejo, sin venenos  ni hedores.
Por la luz,
Por sosiego.
¡Por aire puro!

*

Publicado  en  El Parque de la Vida. Luarca (Valdés) 2020.


LOS DOS

Esta nueite
la l.luna  míranos estrañada
fálanos de miserias ya d’escombros
de visiones ya de mieos.
You, un mar de vendavales ya l.loucuras. 
El ríu baxa adulces,  en  silenciu, 
ayenu a las mias tormentas, 
ya l.lieva el caudal espesu de pasiones.
Los dos.
Los dos xuntos, nun sabemos qué dicirnos.
Yo ruempo’l   silenciu
y asegúrote, amor mío,
que
te quiero ensin preguntas,
quiérote ensin respuestas.
Asína
ensin más.
enisn más,
asína
quiérote.

*

LOS DOS

Esta noche
la luna nos observa extrañada;
nos habla de miserias y de escombros,
de visiones y de miedos.
Yo, un mar de vendavales y locuras. 
El río serpentea en su silencio, 
ajeno a mis tormentas, 
y lleva el caudal espeso de pasiones.
Los dos.
Los dos juntos, no sabemos qué decirnos.
Yo quiebro el silencio
y te aseguro, amor mío,
que
te quiero sin preguntas,
te quiero sin respuestas.
Así,
sin más.
Sin más,
así,
te quiero.

*

María Esther García López. Aveces el amor es azul. E. Setentayocho. (2020).


Árbol míu.
Son pa ti estos versos.
-Espárcelos ente los ausentes-

Si pudiera ser salvia
qu’afluire polas tuas venas
teñiríalas de deséu.
	
Si pudiera abel.lugame baxo ti,
abrazada a ti,
a xeitín, en secretu...
¡Ya que se durmiera’l tiempu...!
	
Si pudiera aniame pa siempre
ente las tuas fueyas,
sería col.lacia tuya,
ya novia
ya amante.
Sería yo, entós: amor, 
suspiros, l.letanía, 
versos,
vientu, chuvia, sol,
refuxu...
Ya viviría contigo 
	                                                   albentestate.

*

Árbol mío.
Son para  ti estos versos.
-Espárcelos entre los ausentes-

Si pudiera ser savia
Que corriese por tus venas
Las teñiría de deseo.
	
Si pudiera cobijarme bajo tus ramas
abrazada a ti,
en secreto, como en sueños.
¡Y que se durmiera el tiempo...!
	
Si pudiera esconderme para siempre
entre  tus hojas,
sería compañera tuya,
y novia
y amante.
Sería yo, entonces: amor, 
suspiros, letanía, 
versos,
viento, lluvia, sol,
refugio...
Y viviría contigo 
                                                        en tempestades.

*

Poema al robleque crece en el Parque de Los Pericones (Gixón), en memoria de  los que nos dejaron en Pandemia.


(…) tornare al nido, trovare
le ginocchia materne,
appoggiarvi la fornte…
Antonia Pozzi

RETORNO

Volver al nido,
casi deshecho por la crueldad del tiempo.
Volver al nido en invierno,
cuando huele a humedad,
y a hielo,
y a silencio.
Volver al nido en busca de unos brazos.
Imaginar el eco de tu voz
allá, a lo lejos.
Nadie puede devolverme 
la extinguida luz de tu estrella.
                 Mi luna descolorida.
                 Mis desvelos.
                 Mis sombras.
                 Mis secretos.

*

María Esther García López. Aveces el amor es azul. E. Setentayocho. (2020).


MIEDU

Cuando yera nena, 
asustábanme muito los aviones
que volaban pol cielu, 
¡tan rápido!, ¡tan alto!
ya deixaban caminos de fumu blancu,
que figuraban dibuxos xeométricos perfeutos.
Asustábanme los voladores nas fiestas,
los ruíos, los petardos,
asustábame la nueite,
las prietas solombras de los árboles.
L.lárimas del miedu.
¿Miedos?
Asustóume la primera cana
que miou pá s’arrancóu de la cabeza,
con rabia ya sorpresa. 

-Sos vieyu, papá.
¡Qué tristura!
Agarréime a las suas piernas. 
La vieyera.
Asustábame la vieyera.
Asustábame’l papón, ya l’home l’untu,
las culuobras, las curuxas, ya los viérbenes.
Miedos. Muitos miedos. Miedos.
¡Mia neñez!

*

MIEDO

Cuando era niña
Me asustaban mucho los aviones
que volaban por el cielo, 
¡tan rápido!,¡tan alto!
y dejaban caminos de humo blanco
que figuraban dibujos geométricos perfectos.
Me asustaban los voladores en las fiestas,
los ruidos, los petardos,
 me asustaba la noche,
y las negras sombras de los árboles.
¡Lágrimas del miedo!
¿Miedos?
Me asustó la primera cana
que mi padre se arrancó de la cabeza
con rabia y con  sorpresa.
 
-Eres viejo, papá.
¡Qué tristeza!
Me abracé a sus piernas
¡La vejez!
Me asustaba la vejez.
Me asustaba el papón, y el hombre del saco,
las culebras, las lechuzas, los gusanos.
Miedos. Muchos  miedos. Miedos.
¡Mi niñez!

*

Esther García López. En Lletres asturianes, 2008 Academia de la llingua Asturiana.


El color de los díes

Nueches d’insomniu.
Asáltame la velea de l’acordanza.
Siento’l distintu color de los díes.
Díes qu’amanecen escuros.
Díes qu’abro la puerta de la señardá,
y alcuentro’l ñeru vacíu.
La frialdá aniada nel cuartu aterezme’l corazón.
Amágame’l tiempu.
Les pallabres anúdanseme  na garganta.
El pianu clávame los güeyos.
Siento sones nes paredes.
Negres, corchees, semicorchees, fuses, semifuses,
claves de sol y de fa…
Ya’l silenciu, el silenciu, el silenciu…
Amágame’l tiempu y el silenciu.
Un rayu de sol entra adulces pela ventana,
ya anúnciame que non tolos díes tienen el mesmu color.

Ente sueños, los recuerdos llévanme
una nueche y otra nueche,
un día y otru día,
al camín de la señardá.
El cuartu, el pianu, la moñeca de trapu…
¡Too ta en silenciu!

*

EL COLOR DE LOS DÍAS

Noches de insomnio.
Me asaltan la tristeza y los recuerdos.
Siento el distinto color de los días.
Días que amanecen oscuros.
Días que abro la puerta a la melancolía,
y encuentro el nido vacío.
La frialdad invade tu cuarto y me hiere el corazón.
El tiempo me reta.
Las palabras se me anudan en la garganta.
El piano me clava los ojos.
Siento sones en las paredes.
Negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas,
claves de sol y de fa…
Y el silencio, el silencio, el silencio…
El tiempo y el silencio me intimidan.
Un rayo de sol entra sutilmente por la ventana,
Y me recuerda que no todos los días tienen el mismo color.
	
Entre sueños, los recuerdos vivos, 
una noche y otra noche
un día y otro día,
por el camino de la añoranza.
El cuarto, el piano, la muñeca de trapo…
¡Todo está en silencio!

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos…
Mario Benedetti

DELIRIOS

Si en dalgún momentu alviertes 
que te miro a los güeyos.
Si sientes suspiros,
como escalafríos,
piensa que ye deliriu o llocura o quimeres…
Nun sé qué me pasa,  
porque hai tiempo, munchu tiempu,
que malpenes  suspiraba.
Nin amores, nin llames, nin señardá, nin pasión...
Va  tiempu que la lluz, la lluz de los mios güeyos
taba apagada.
Y agora, amor mío,
¡yo  mírote a los  güeyos!,
estremécenseme les venes.
Fuisti tú quien  tornó a  prender esta llama,
colos  besos tuyos 
y esos abrazos 
qu’abrazan mio alma.

*

DELIRIOS

Si en algún momento adviertes 
que te miro a los ojos.
Si escuchas suspiros,
como escalofríos,
piensa que es delirio o locura o quimeras…
No sé qué me sucede.
Porque hace tiempo, mucho tiempo,
que apenas suspiraba.
Ni amores, ni llamas, ni pasión, ni nostalgia…
Hace tiempo que mi luz, la luz de mis ojos,
estaba apagada.
Y ahora, amor mío,
¡yo te miro a los ojos!
Se estremecen mis venas.
Fuiste tú quien ha vuelto a encender esta llama,
con tus besos inmensos
y esos abrazos 
que abrazan mi alma.

*

María Esther García López. A veces el Amor es azul. 2020. E. Setentayocho.


ESCONSUEÑU

ANDARLACASA de la mano.
Col mieu de la nueite ente los l.labios.
ANDARLACASA xugando al esconderite colos trasgos.
Col trasgu que m’escuende la l.loucura.
Col trasgu que t’escuende la zuna de quereme
 a xeitín, a bocaxarru.
ANDARLACASA a la gueta l’amor,
que s’escurrió pente los didos de las manos.
Arroubónoslu’l trasgu, o l’escaezu, 
o’l tiempu que cuerre ensin descansu…
¡Escondiéronnos l’amor ya la pasión!
ANDARLACASA a la gueta l’amor. 
ANDARLACASA a la gueta de los trasgos invisibles.
ANDARLACASA esperando qu’amaneza.
Y vivir outra vuelta’l color del alba.

*

ENSOÑACIÓN

ANDARLACASA de la mano.
Con el miedo de la noche entre los labios.
ANDARLACASA jugando al escondite con los trasgos.
Con el trasgo que me esconde la locura.
Con el trasgo que te esconde la ilusión de quererme 
poco a poco, con amor apasionado.
ANDARLACASA en busca del amor
que gotea entre mis dedos.
¿El amor?
Nos lo robó el trasgo y el olvido,
y el tiempo que corre sin descanso.
¡Nos hurtaron el amor y la pasión! 
ANDARLACASA en busca del amor.
ANDARLACASA en busca de los trasgos invisibles.
ANDARLACASA esperando a que amanezca.
Y vivir otra vez el color rojo del cielo apasionado.

*

María Esther García López.  El color de los días. E.  Bajamar (2019).


María Esther García López (La Degol.lada-Valdés-Asturias). Licenciada en Pedagogía, Maestra y Experta en Filología Asturiana. Es autora de varios títulos de narrativa, de poesía y de literatura infantil. Tiene en su haber varios premios literarios en ambos géneros. (Premio Oviedo de Poesía, por su poemario Pisadas. Premio Fernández Lema de narrativa. Premio Xosé Álvarez  del Centro Asturiano de Madrid, entre otros).  Además de distintos galardones como el Premio Timón a la trayectoria literaria. Su obra forma parte de distintas antologías. Es miembro correspondiente de la Academia de la Llingua Asturiana. Es autora de títulos de  investigación y de didáctica y  coautora de libros de texto para la enseñanza de la Llingua Asturiana. Colaboradora  habitual en el periódico La Nueva España, además de otras revsitas literarias. Fue colaboradora en la cadena SER (Radio). Y el la RTPA, Radio y Televisión del Principado de Asturias (RTPA). Actualmente es la presidenta de la Asociación de Escritores  y Escritoras de Asturias.

Locus Amoenus y otros poemas de Aurelio González Ovies

por Aurelio González Ovies


LOCUS AMOENUS

Nun yeren más de cuarenta
y dos metros de planta:

la cocina, los cuartos,
el pasillu pel mediu.

Fuera, unes lates d’aceite y unos turcos,
perexil y xeranios.
Una figar con xestu de matriarca,
unes llorees altes
y un gallineru. 

*

LOCUS AMOENUS

No eran más de cuarenta 
y dos metros de planta:

la cocina, los cuartos, 
el pasillo en el centro.

Fuera, unas latas de aceite con turcos, 
perejil y geranios.
Una higuera con pose de matriarca,
unos laureles altos
y un gallinero.

AL ABRIR LA PUERTA

Ya nun-y daba pa más el corazón,
teníalu más grande que la caxa, 
pero namás sentía ruxir les llaves 
tres la puerta
-los perros pal amor ganénnos n’olfato- 
anque yá nun pudiere llevantase,
venía a llambeme un poco, iñando 
y arrastrándose.

*

AL ABRIR LA PUERTA

Ya no le daba para más el corazón;
lo tenía, dijeron, más grande que la caja, 
pero tan pronto como sentía la llave
-los perros nos superan en amor
y en olfato-
aunque ya no pudiera levantarse, 
venía a lamerme un poco, gimiendo 
y arrastrándose.

CUCHIELLOS, NAVAYES…

Acercábase mui ceu de mañana. 
Nesa hora na que gallos y gallines 
alboroten los pueblos. La bicicleta 
llena d’artiluxos: piedra esmeril, 
diamante, filo plomu
y una xiringa que sonaba a morrina.
Remachaba les potes y los cazos 
y mientres afilaba: curriños

-comentábanos- as chispas coma vida...

Pañaba les perrones. Dába-yos a los pedales 
y cada vez más lloñe:

caceroles, cuchiellos,
              cachivaches, navayes..!

*

CUCHILLOS, NAVAJAS…

Llegaba muy temprano
de mañana. Cuando los gallos y gallinas 
alborotan los pueblos. La bicicleta
llena de artilugios: piedra esmeril, 
diamante, hilo de plomo
y una siringa que sonaba a Galicia. 
Remachaba las potas y los cazos, 
y mientras afilaba, curriños

-nos decía- como a vida as chispas.

Recogía las perras. Le daba a los pedales, 
y cada vez más lejos:
 
cacerolas, cuchillos, cachivaches, navajas..!

LLUNES A LLUNES

Va clariando la lluz per detrás de
los montes. Rompe’l silenciu
esti autobús de llinia. Vamos mui pocos.
Chavalinos con llibros y mochiles,
un home que comenta
         -nun para de toser-
que va pal médicu
y unes muyeres, llamentando en voz alta,
el preciu de la fruta y estes xelaes que caen 
per xineru.
Allumen entovía les faroles. Y nel mediu 
la plaza -como cuando nun sueñu 
traxinen munchos cuerpos-,
ente bultos y gallos, calcetinos y ropa, 
monten el tenderete, un llunes y otru llunes 
hacia esta mesma hora, los tenderos.

Apoyo la cabeza sobre la ventaniella.
Como faigo na vida, la metá
del camín voi pasala durmiendo.

                    (Proaza. Iviernu)

*

LUNES A LUNES

Va surgiendo la luz por detrás de 
los montes. Rasga el silencio
este autobús de línea. Vamos muy pocos. 
Unos adolescentes con libros y mochilas, 
un hombre que comenta
              -no para de toser- 
que baja al médico
y unas señoras, lamentando en voz alta,
el precio de la fruta y estas heladas que caen 
en enero.
Alumbran todavía las farolas. Y en medio 
de la plaza, como cuando en un sueño 
trajinan muchos cuerpos,
entre bultos y gallos, calcetines y ropa,
 
montan su tenderete, un lunes y otro lunes 
a esta hora, los tenderos.

Apoyo la cabeza sobre la ventanilla. 
Igual que hago en la vida, la mitad 
del camino, me la paso durmiendo.

                       (Proaza. Invierno).

CUATRO POEMAS INFANTILES

*

CON FARINA Y MOLDES

Si tenía una pena 
o taba mui sola, 
facíanos pasteles 
coles cenahories,
y pastes d’almendra 
grandes y rechonches. 
Y ellí desafogaba, 
con farina y moldes
y yemes y azucre, 
rodiada de potes.

—¿Qué te duel, mamina? 
Dinos por qué llores.

—Tranquilos, mios neños, 
fue al picar cebolles.

*

ENTRE HARINA Y MOLDES

Si tenía una pena 
o estaba muy sola, 
nos hacía pasteles 
con las zanahorias,
y pastas de almendra 
grandes y rechonchas. 
Y allí desahogaba, 
entre harina y moldes 
y yemas y azúcar, 
rodeada de potas.

-¿Qué te duele, mami? 
Dinos por qué lloras.
 
-Tranquilos, mis niños, 
fue al picar cebollas.

MADRESÍA

Un poema a toles 
madres qu'esisten, 
a les que nos peñen
y a les que nos visten. 
Un poema a toles 
madres d’esti mundu 
porque faen milagros 
d’un arbeyu crudu.
A les qu’anque tean 
con fiebre y anxines, 
tuéstennos abrazos
y ásennos sorrises. 
A les que de siempre 
yá nos quieren tanto 
que rebocen suaños
mientres traguen llantu. 
A les que del pexe 
fieru de la vida 
sáquennos la carne
y comen la espina. 
A les qu’enveyecen 
con grietes y grumos 
d’esprimise a diariu 
pa facenos zumos.
A les que yá tán 
so la nuesa cuna
llumando la nueche, 
faciendo de lluna.

A les que nos cubren, 
defenden y abracen 
aínda si duermen, 
aínda si falten.
A les que los años 
cuasi se-yos pasen 
ente planchar fuerces 
y llimpiar les cases. 
Un poema a toes 
estes siemprevives 
que sirven de fuelle 
y son como vigues.
 
Un gracies a toes 
estes madres nuestres 
que son cocineres, 
modistes, maestres;
y adornen bizcochos 
o alministren cuentes 
y trencen toquilles, 
remienden sorpreses...

A toes cuantes tán 
o yá son estrelles.

*

MADRESÍA

Un poema a todas
las madres que existen, 
a las que nos peinan
y a las que nos visten.
Un poema a todas
las madres del mundo 
porque hacen milagros 
de un guisante crudo. 
A las que aunque estén 
con fiebre y anginas, 
nos fríen abrazos
y asan sonrisas.
A las que de siempre 
nos quieren ya tanto 
que rebozan sueños 
mientras tragan llanto. 
A las que del pez 
fiero de la vida
nos sacan la carne 
y comen la espina.
A las que envejecen 
con grietas y grumos 
de exprimirse a diario 
para hacernos zumos. 
A las que ya están 
sobre nuestra cuna 
borrando la noche
y haciendo de luna.

A las que nos cubren, 
defienden y abrazan
incluso si duermen,
incluso si faltan.
A las que los años 
casi se les pasan
entre planchar fuerzas 
y limpiar la casa.
Un poema a todas 
estas siemprevivas 
que sirven de fuelle 
y aguantan de viga.
Un gracias a todas 
estas madres nuestras 
que son cocineras, 
modistas, maestras;
y adornan bizcochos 
o administran cuentas 
y trenzan toquillas
o zurcen sorpresas. 

A las que aún están
o son ya estrellas.


CARTA D’ARTURO

Anque nun vuelves, 
yá me conformo 
adivinándote
en tolos contornos.

Anque nun vuelves, 
miro la lluna
y ellí te veo:
¡cómo t’allumbra!

Anque nun vuelves, 
yá descubrí
que delles flores 
güelen a ti.

Anque no vuelves, 
sigo suañando
que, al despertame, 
me tas tocando.

Anque nun vuelves, 
en tola vida,
tu yes la fecha 
que más m’anima.

Anque nun vuelves, 
baxo l’alfombra, 
guardé una tarde
to guapa sombra.

Anque nun vuelves, 
yo yá nun lloro, 
nacer de ti
yá ye un tesoru.

*

CARTA DE ARTURO

Aunque no vuelvas, 
yo me conformo 
adivinándote
en los contornos.

Aunque no vuelvas, 
miro la luna
y allí te veo:
¡cómo te alumbra!

Aunque no vuelvas, 
ya descubrí
que algunas flores 
huelen a ti.

Aunque no vuelvas, 
sigo soñando
que, al despertarme, 
me estás tocando.

Aunque no vuelvas, 
todos los días,
eres la fecha
que más me anima.

Aunque no vuelvas, 
bajo la alfombra, 
guardé una tarde
tu hermosa sombra.

Aunque no vuelvas, 
yo ya no lloro, 
nacer de ti
es ya un tesoro.

CANCIÓN PA XUEGU DE MANES

Si lo tengo too 
apetezme nada. 
Si nada tuviera, 
too me sobrara. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedá.
Nun me duel nada
y siempre me quexo.
Cuando toi malín
sí que m’arrepiento. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis 
qué contrariedá.
Nun sé valorar 
lo que me rodea.
Y si se me pierde 
yo muerro de pena. 
Unu, dos y tres, 
qué barbaridá.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedá.

*

CANCIÓN PARA JUEGO DE MANOS

Si lo tengo todo 
me apetece nada. 
Si nada tuviera, -
todo me sobrara. 
Uno, dos y tres, 
qué barbaridad.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedad.
No me duele nada
y siempre me quejo. 
Cuando estoy malito 
sí que me arrepiento. 
Uno, dos y tres,
qué barbaridad. 
Cuatro, cinco y seis 
qué contrariedad.
No sé valorar
lo que me rodea. 
Y si se me pierde 
me muero de pena. 
Uno, dos y tres, 
qué barbaridad.
Cuatro, cinco y seis, 
qué contrariedad.

Aurelio González Ovies (Bañugues,1964). Doctor en Filología y profesor de Filología Latina en la Universidad de Oviedo (1988). Tiene en su haber, entre otros, el Premio Internacional de Poesía ‘Ángel González’ (1990), Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez (1992), Accésit Premio Adonais (1992), Accésit Premio Esquío (1994), Premio Nacional a los libros infantiles y juveniles mejor editados en 2013 con la obra Versonajes,  otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 2014, así como el Premio de las Letras de Asturias (2018). Desde su primer publicación, Las horas en vano (1989), hasta la actualidad, es autor de una cuarentena de poemarios (España, Méjico, Colombia) y de otros títulos de literatura infantil.

La mano en fueu y otros poemas de Ángeles Carbajal

por Ángeles Carbajal


XARDÍN

Pínchame siempre
la rosa,
nunca la espina.

*

JARDÍN

Me pincha siempre
la rosa,
nunca la espina.

LA MANO DE NIEVE

Díes que pasáis col sol encesu
pelos sieglos de los sieglos,
hermanos ximielgos de toos
los que marchamos ensin querer,
como l’arpa nel ángulu escuru
esperando la mano de nieve,
si nun nos toca
nun nos volveremos a ver.

*

LA MANO DE NIEVE

Días que pasáis con el sol encendido
por los siglos de los siglos,
hermanos gemelos de todos
los que nos vamos sin querer,
como el arpa en el ángulo oscuro
esperando la mano de nieve,
si no nos toca
no nos volveremos a ver.

CASA VIEYA

Casa vieya,
onde’l corazón
ye’l vasu pel que bebo,
la mesa onde como, la xarra
na que pongo flores…
Col corazón nes manes
descansa en paz el corazón.

*

CASA VIEJA

Casa vieja,
donde el corazón
es el vaso por el que bebo,
la mesa donde como, la jarra
en la que pongo flores…
Con el corazón en las manos
descansa en paz el corazón.

LA PRIMERA VEZ QUE LLORÓ NA MIO VIDA

Foi la primera vez que lloró na mio vida.
(Dempués siguí cola mio infancia infinita)
La primera vez que la vi llorar
mio ma vistióse apurada
y echó a andar caleya alantre tan triste,
caminaba como una nube pequeña
y vistida de negro apegada a la tierra.
Morriere mio güela.
¡Cómo m’asustó la soledá de mio ma!
Quixi xubir como un perrín tres d’ella
el camín empináu pel que baxaba la nueche,
nun me dexaron, y quedé esperando
porque yera mio ma esa nueche la neña. 

*

LA PRIMERA VEZ QUE LLORÓ EN MI VIDA

Fue la primera vez que lloró en mi vida.
(Después seguí con mi infancia infinita)
La primera vez que la vi llorar
mi madre se vistió deprisa
y echó a andar camino adelante tan triste,
caminaba como una nube pequeña
y vestida de negro apegada a la tierra.
Había muerto mi abuela.
¡Cómo me asustó la soledad de mi madre!
Quise subir como un perrillo tras ella
el camino empinado por el que bajaba la noche,
no me dejaron, y me quedé esperando
porque era mi madre esa noche la niña.

LA MANO EN FUEU

Nun podía imaxinar
que diben namás
qu’hacia l’olvidu
aquellos díes,
inda nun soi a creyer,
anque lo sepa,
que voi dexar de ser
un día cualquiera
que nel olvidu yá descansa
como’l restu de los díes
del ayeri y del mañana.
Pero daquella
yo punxi la mano en fueu
pa xurar que la verdá
yera tresparente,
qu’una cuesta empinada
xubiríase siempre  
nuna carrera,
y que lo que pidía’l corazón
yera de xusticia
-humana y divina-
dá-ylo;
queméme.
El casu ye
que yo xuraba 
en contra del dolor
ensin conocelu siquiera.
(En contra del dolor
namás que sé xugar con fueu).

*

LA MANO EN EL FUEGO

No podía imaginar
que iban nada más
que hacia el olvido
aquellos días,
aún no soy a creer,
aunque lo sepa,
que voy a dejar de ser
un día cualquiera
que en el olvido ya descansa
como el resto de los días
del ayer y del mañana.
Pero de aquella
yo puse la mano en el fuego
para jurar que la verdad
era transparente,
que una cuesta empinada
se subiría siempre
en una carrera,
y que lo que pedía el corazón
era de justicia
-humana y divina-
dárselo;
me quemé.
El caso es
que yo juraba
en contra del dolor
sin conocerlo siquiera.
(En contra del dolor
nada más sé que jugar con fuego).

ATAPECER

Otra tarde toi tan sola
al par d’esta mio vidina breve.
Tengo de face-y casu;
o la quiero yo
o nun la quier naide.

*

ATARDECER

Otra tarde estoy tan sola
al lado de esta mi pequeña vida breve.
Tengo que hacerle caso;
o la quiero yo
o no la quiere nadie.

EL DÍA NUEVU

Soi un día nuevu
que salta de la cama
y posa los pies
nel suelu de madera.
Voi abrir puertes y ventanes,
y regar les plantes mentes escucho
el movimientu musical 
númberu tres de Schubert
unes cuantes veces de siguío
porque ye un puru vuelu.
(Básta-y l’aire
al rellumante corazón
que tuvo triste con razón
y aprendió a tar allegre
ensin ella). 

*

EL DÍA NUEVO

Soy un día nuevo
que salta de la cama
y posa los pies
en el suelo de madera.
Voy a abrir puertas y ventanas,
y a regar las plantas mientras escucho
el movimiento musical
número tres de Schubert
unas cuantas veces de seguido
porque es un puro vuelo.
(Le basta el aire
al relumbrante corazón
que estuvo triste con razón
y que aprendió a estar alegre
sin ella).    

VELA

Llévate nes manes una neña,
camina pel pasillu
cola to lluz ente solombres,
y al llegar al cuartu
evérate a los llabios,
rellumes, con un pocoñín de miel,
nes sos pupiles,  sopla, 
tan cerca de ti tán les estrelles.

*

VELA

Te lleva en las manos una niña,
camina por el pasillo 
con tu luz entre sombras
y al llegar al cuarto
te acerca a los labios,
resplandeces, con un poquitín de miel,
en sus pupilas, sopla,
tan cerca de ti están las estrellas.

Ángeles Carbajal. Llicenciada  na especialidá d’Hestoria del Arte. (Universidá d’Uviéu). Collaboradora en revistes lliteraries como Reloj de Arena, Clarín, Anáfora,Lliteratura y otres. Tien asoleyaos los llibros La caligrafía de la distancia (Cuadernos del Bandolero, 1993), La sombra de otros días, (Editorial López y Malgor, 2002). El so llibru En campu abiertu algamó nel añu 2012 el premiu Teodoro Cuesta de Poesía. Nel añu 2014 col llibru L’aire ente la rama ganó’l premiu Xuan María Acebal de Poesía, que tamién, nel 2015, recibió’l premiu al meyor  llibru l’ añu n’ asturiano, concedíu pola Tertulia Malory. En 2016 recibe otra vegada’l premiu Xuan María Acebal pol llibru Un vasu d’agua. La editorial Impronta editó nel 2019  el llibru de poesía Quedar  a solas.

Poesía costarricense actual: Selene Fallas

                                                       Selección por María Macaya

Hijas de Safo


Para leer este poema
debés llevar un sostén negro
con encaje, sin cordones.
Lo irás soltando poco a poco
como si fuera de palabras,
como si no tuviera comas,
ni ganchillos, ni botones.
Tomarás el tirante como un renglón
que nada pesa
y liberarás tus pezones,
versos sin candado
que no apuntan a la rima.
Comenzarás en la estrofa
que se parezca más a vos,
no tenés que detenerte.
Terminarás desnuda
en el regazo de Érato,
pero no serás poesía,
ni musa, ni ninfa.
Serás la poeta,
la hija de Safo,
la castradora de Zeus.



Paradigma

Yo también me pensé irresistible,
soñé que era bella y perfecta
que mi ropa y maquillaje
daban ese último acabado
ese tono impecable
entre mujer y muñeca.




Mujeres de jabón 

Ariadna no quiere lavar platos, 
¿qué podemos hacer?
No le gusta el jabón.
Digámosle que el jabón es una luna,
que con él se fabrican cielos
y las manos se vuelven fuertes como palmas,
que el jabón hace a las mujeres sabias
en limpieza y en amor,
que la mujer es como mucho jabón en la historia,
que la historia de la mujer es como jabón.
Ella tiene que entender que los platos son hijos
y que hay que mantenerlos limpios,
solo la mujer sabe en sus entrañas
el valor de la limpieza,
solo la mujer entiende
lo que vale una cocina con platos transparentes
y vajillas azules.
Ariadna debe comprender
que su edad es de jabón,
su cuerpo, su alma y que puede resbalar en cualquier parte
y dejar de ser la niña que huye a los platos.
Las mujeres, solo somos la espuma frágil
que se marcha con el agua
y que no permanece en ningún lado.
Mi hija tiene que aprender a amar el jabón
y a ver en sus favores la paciente humildad de las uñas débiles,
del sarmiento de las manos
y de la imaginación apagada.
El jabón es solo una burbuja de escape
a la mugre del tiempo,
una ausencia para limpiar las ventanas
de recuerdos y dudas.
Tiene que aprender que los sarros del engaño,
también se lavan con jabón,
que todo se lava con jabón,
los dolores y regaños.
Mi niña Ariadna debe comprender
que las lágrimas simples de mujer
son como manchas en el piso
y que el jabón también lava el alma,
que la mujer tiene que tener limpios el rostro y la casa.
Las mujeres deben ver en el jabón
la sonrisa de una abuela,
la luna de una mujer es solo una burbuja
y el sol es otro aliado del cansancio,
otro amanecer, otra escoba que barre los sueños.
El jabón, ese bálsamo eterno
que nos limpia de cerebro y placer,
mientras bailamos nuestra cabeza
en medio de serpientes y frutos
para que los jueces nos culpen de tener labios y ojos,
de ser la espuma, la parte limpia del jabón,
de ser mujeres de jabón que han resbalado la vida,
que los han hecho caer todas las veces
y se han deshecho en el tiempo
para restregarse en la culpa.











Selene Fallas, nació en San José, Costa Rica en 1978. Estudió Literatura en la Universidad Nacional hasta obtener el grado de Licenciatura, también es egresada de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica y fue profesora en esta casa de estudio durante diez años. Ha publicado diversos artículos sobre literatura costarricense y latinoamericana y participado en varios congresos especializados. En 2015 publicó el libro El teatro en Paradiso, un análisis sobre la novela del cubano José Lezama Lima. En ese año también publicó su primer poemario Hijas de Safo (de donde son los textos que les comparto. De este libro el poema «La cólera de Tetis» fue traducido al italiano y publicado en la revista Proa (Italia) . En 2018 colaboró con el  libro 100 años de literatura costarricense (tomo II) (Flora Ovares y Margarita Rojas, Editorial Costa Rica).En el año 2020 se incluye su poesía en el libro Antologia della poesia costaricana (Emilio Coco. Raffaelli Editore). En 2021 colabora en la publicación 20 sobre 21 Literaturas costarricenses del nuevo siglo: ensayos (Albino Chacón, G.A. Chaves, Gustavo Solórzano-Alfaro, Editorial Costa Rica). Actualmente trabaja en su próximo poemario y por un proyecto personal, reside en Montgomery, Alabama. EEUU.

Poesía hondureña actual: Marco Antonio Madrid

Selección por María Macaya

Poema del mar en el sur de las aguas.

I

Aquí desemboca la noche.

Estrellas como barcas

Atadas a las aguas nocturnas.

Respira aún el tiempo

Sobre el húmedo mangle.

¿Qué fragmento del ciclo total

Es este instante?

¡Todo es silencio!

Del árbol de gualiqueme

Nace un río que luego

Se pierde en el golfo.

II

Ir,

  Venir,

            Llegar.

Ese viaje nómada del canto

Entre el sueño y la vigilia.

La ola restalla en la palabra,

Extrae soles, hermosas lunas,

Naves con gavias de luz anochecida.

Y así como abril abre caminos nuevos

En la hoja, la palabra de acerada proa

Abre renovados surcos en el agua.

Duermevela para nombrar el ave

Y buscar el canto de su vuelo en un cielo

Que cabe en otro cielo.

Estar,

        Esperar,

                     Luchar

Contra el aquilón y las afiladas rocas.

Velar las armas

Hasta que tu silencio

Hable por mi silencio.

¡Leve arcilla, dulce viento!

Mutaciones

Hasta el duro cielo de estas rocas

Ha llegado el mar.

En el, recuerda el agua

Su antigua germinación de sombra,

El paso del ánade y la huella

Acaso feliz de algún hombre,

La otra margen donde las edades del sol

Se confunden con las hojas que caen

De la lluvia.

Cenizas, nostalgia… hojas manchadas

De luz que el viento aún esparce

En algún lugar de la memoria.

Hasta el duro cielo de estas rocas

Ha llegado el mar.

Bajo su oleaje, la palabra

En los labios, descansa.

La rosa de Paracelso. 

                                                       A  Jorge Luis Borges

                                                                           Apocalipsis 2:17

Recordó la flor que antes de ser ceniza fue color,

Espiga en aroma,

Espiral al viento. Recordó la brizna de luz

En la hoja que cae del tiempo, la sombra

En el vuelo errante del ave y el canto feliz

Del astro, pensó la flor en la piedra y en la espina,

Recordó el dolor y recordó el camino.

¡Suplicó volver!, mas el ojo del escéptico no advirtió

El prodigio,

El maestro pronunció la palabra oculta…..

¡Intacta resucitó la rosa y otra era la flor

Que a la vez era la misma, así como la piedra

Era la piedra y al mismo tiempo era el camino.

Las uvas de Zeuxis

                                                         No serás el racimo de frutas

                                                          Que vanamente se disputen

                                                         Los pájaros que se llamen olvido.

Ives Bonnefoy

Han vuelto las aves

a devorar con fruición,

bajo la sombra de la vid,

las uvas frescas que el artista

ha pintado.

Habría que dibujar un hombre

con el ceño adusto o un niño

gritando o pintar un cielo

menos claro o un mar borrascoso

que las espante.

Algunas alzan el vuelo

del retorno, llevando

entre pico y garra rastros del banquete,

van a alimentar a sus crías en un rincón

boscoso del ponto Egeo.

La sombra del mar golpea la orilla

lejana. Una a una

vuelan por sobre las aguas.

Las guía el aroma destellante de la fruta

y el color que va

del verde tierno al violeta ya maduro.

Ya acechan desde el cielo

más cercano. Esperan del pincel

la próxima cosecha.

Más allá de las furias

En vano será el afán

De buscar otros nombres. De una vez para siempre

Es Orfeo quien canta. Viene y se va.

(Reiner María Rilke)

Habrás llegado tú, tierna Euridice,

Limpia ya de toda sombra.

Habrás llegado a palpar las llagas del vencido.

En las frías alamedas, mi cabeza

Es tan sólo la lejana contemplación de algún astro.

Me defiendo de la noche

Tratando de esquivar la marea de esas hojas

Que el viento arrastra hasta mis ojos;

El agua estallando en la osamenta del mundo

Es tan frágil en mis huesos.

La lluvia cae, y mi mano

Roza la piel de algún camino.

Nada soy entre infectadas amapolas,

Sobre esta corriente humana

Que se hunde en el tedio de la urbe.

Entre el asfalto y la vendimia,

Sobre la crueldad del fiero mármol,

No escucharé, el dulce canto de la lira.

El fuego lunar de las Ménades ha gastado estos muros.

Devastados los imperios,

Muero en el sueño de esa boca núbil

Que ardorosa remonta la corriente

Y me llama y me sueña.

El amor une en ti mis pedazos, tierna Eurídice,

Limpia ya de toda sombra.


Marco Antonio Madrid es licenciado en Letras con especialidad en Literatura por la UNAH. Se ha desempeñado como profesor de Filosofía y Letras en distintas universidades de Honduras. Sin embargo, su labor docente la ha desarrollado principalmente en el Departamento de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS) impartiendo la clase de semiótica y literatura. Poemas suyos han aparecido en diarios hondureños y en algunas revistas literarias extranjeras y ha participado en antologías centroamericanas e   hispanoamericanas. Es director y fundador del Magazín Literario El barco ebrio. Ha publicado los libros de poesía La blanca hierba de la noche (2000)  La secreta voz de las aguas (2010) Palabras de acerada proa (2018).