Poesía costarricense actual: Armando Calvo

La casa del Generalísimo



«Os juro por lo que fui
Que me iría de aquí
Pero los muertos están en cautiverio
Y no nos dejan salir del cementerio.»

Joan Manuel Serrat – Pueblo blanco


Para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

Miguel De Unamuno- Oración del ateo

La grisácea amenaza, crece a paso de sol y luna

Se extiende cual maléfica enredadera que de un muro se apodera y lo vuelve todo hiedra retoñando espantos.

Las raíces extendiéndose aprisionan pequeñas manos que pasan cuentas de rosario

Que en temblores puede apenas una voz terminar un dios te salve.

Un padre nuestro ¿ qué estás dónde?

Padre, Al cual se le implora que retoñen piernas de dónde hay muñones.

Al cual se le ruegan alas puesto que solo hay vacío de paso y libertad.

En Torrelodones o en el Pardo, se extiende cual maléfica marea la avaricia del hombre, de nuestros viejos se apoderan y los vuelven a todos mármol.

El óxido se hace uno con la carne y lo desgastado de las llantas de una silla de ruedas.

La televisión les da una voz que habla sin calor ni cena

Mientras se coleccionan úlceras de sofá a como fue una vez estampas y coloridos pajarillos en una subasta furtiva.

Las últimas voces de la guerra, se ahogan en flema , en tos percuten un reclamo al espacio que dejó la nada.

Y ese eco no lo contesta nadie…

Solo una abeja pútrida les sobrevuela, dando a traición un aguijón ardiente o cápsulas de sueño
e hiel.

Con su boca seca de yute ajado dan un beso y una bendición, una mano con Parkinson nos persigna y nos retoña una flor de muerto…

Que se enraíza en este poema y en esta casa

Donde la vida por los ventanucos se precipita

Es esta casa, en la cual solo permanece viva la muerte.

Y mañana, ¿es navidad?

No quiero a hablar de los huecos de las calles, sino de sus vacíos.

Los que pasan por las aceras con pesos de cartón las espaldas, con ojo muerto, manos callosas que no encuentran la proximidad de otra palma.

No quiero hablar de los pilares ni de lo que sostienen, sino de las espaldas rotas que se abren contra la tela y el alquitrán del suelo.

Los espectros de trapos manchados y alambrina en el rostro a los que nadie les ha contado que en ellos cabria un dios.

Mañana es Navidad para los que pueden recibir a un niño de cerámica, cuando en el centro de una mujer sin hogar duerme el Emmanuel.

A como habita en todos, por en el hoy mas en él que en cualquiera de nosotros.

Porque mañana es navidad y su madre aún no encuentra una posada dónde nazca el niño.

Los portales siempre me han aterrado, el cobijo del niño Dios de cerámica pudo ser el de un niño de carne que duerme hoy en alguna caja.

Niña de papel y tiza (Susanita)

Susanita intenta despertar a su madre para que la lleve a la escuela.

En sacudidas balbucea un regaño con voz de ginebra y tabaco, un «no» innecesariamente largo. Tres kilómetros de sol y acera

Una lonchera percudida de princesas

Y un moño echo con una la liga que le quitó al cilantro

¿Pequeñita cuando te pariste?

¿Quién te peina el cabello?

¿Quién te saca las liendres?

Niña de papel y tiza, entre risas sale al recreo

Se arrecuesta a un poste poniendo sus manos en la cara.

Acumulando números para que sus amigas se vayan a esconder.

«98,99,100 no se vale perrito guardián»

De sus amigas escondidas muchas no aparecieron

Y a veces ella se recuerda buscándolas en el pabellón.

Ahora sale del colegio, décimo año

Le recoge todos los días en la salida un auto

Alguien que es menos que hombre y no es su padre la aguarda

Una sweater colombiana

Un cabello largo olor a reciente keratina

¿Pequeña cuando te tomaron?

¿Qué Judas te vendió por 30 monedas?

¿Qué manos pasan hoy por tus rodillas?

Mujer de labial y falda, entre taconazos sale a las luces.

Se arrecuesta en un poste sin poner las manos en la cara.

Calculando números para terminar su turno.

Nadie sabe qué pasó con Susanita

Pero todos saben dónde encontrar a Susy.

Nimrod

Los multimillonarios han hecho una escalera de cadáveres hasta llegar al espacio, y el dinero compra el derecho a una torre de Babel.

Armando Calvo (1996) Hatillo, San José, Costa Rica. Estudiante de psicología, poeta emergente introducido al mundo de las letras por accidente y tradición familiar de escritores y poetas. Concentra su obra en temáticas de desamor, existencialismo, mística, su crianza en un barrio marginal y critica social; Es subdirector del «Escenario Poético Viento De Cristal» y miembro de la editorial «Astillero«. Trabaja actualmente en su primer poemario «Muy viejo para morir joven» el cual aún no tiene fecha definida.

La fecundidad del canto en Semillas cósmicas de Julio Barco, por Francois Villanueva*

Por: Francois Villanueva Paravicino*

El poeta prolífico y desbordante, irreverente y cuestionador, Julio Barco, en su paso por Huamanga y Huanta, me obsequió un ejemplar de Semillas cósmicas (Mención Honrosa del XI Concurso Poeta Joven del Perú del 2020), una obra donde, creo yo, se define y moldea mejor su Ars Poética, tal vez con mayor originalidad y voz lírica propia que en sus entregas anteriores.

Si en aquellas obras se expresaba y rendía tributo con la mímesis o imitación de sus modelos poéticos (dígase Hora Zero, Kloaka, Neón, etcétera), explorando la ciudad urbana a través de una voz psicosomática o esquizoide, sus bordes y descentramientos, sus periferias y sus formas urbanísticas, en Semillas cósmicas encontramos un canto propio, sincero y honesto con sus ideales y su forma de entender la poesía.

“El poemario de Julio Barco podría considerarse como una obra que, tomando como motivo lo absurdo del hombre en su pluralidad, hurga en la inaprensible naturaleza del lenguaje”, afirmó el Jurado Calificador del certamen. Y es cierto. Tal vez en esta obrita se entienda que la principal preocupación de la poesía de Barco es el lenguaje: sus excesos-desbordamientos, su parquedad y sus límites, su potencia y su fuerza, su fuerza de procreación y su instinto destructor. He allí sus méritos.

Julio Barco, autor del poemario Semillas cósmicas.

“Todo lenguaje es simiente / Toda simiente es poesía / El poeta es madre de la luz”, afirman los versos finales del primer poema del libro. Y, como una advertencia o unas palabras liminares, el hablante lírico de los poemas desarrollará en su canto la idea central de que las palabras, el verbo y el lenguaje son fecundos, son vida, son la razón principal de la existencia humana.  

“Yo no soy el bosque. Yo soy apenas un hombre lleno de hombres. Un cuerpo lleno de señales y sentidos.  Abierto un instante a la vida: con cerebro y profundidad de ideas”, rezan los versos en prosa de la composición “Volcán de Agosto (balada de las semillas)”, donde metaforiza al ser humano como un ser “lleno de señales y sentidos”; es decir, como un cuerpo construido de lenguaje, de verbo y de significación.

“Y tu fuego será una semilla en una hoja. / Y la semilla multiplicará su sentido. / Resplandor, epígrafes, nubes: / me alejo por siempre de las bibliotecas”, se destacan en el poema “Me inquietan los caminos que toma la gloria”, donde de forma versista se conjuga la metáfora de la fecundidad de la cultura letrada, libresca y bibliográfica. Es decir, de la fertilidad de la hoja escrita, que, como enseñan los maestros, imita o supera a la vida.

“El alma viaja en la simiente, el ser en el lenguaje, y este lenguaje es pulido material del sueño”, se escribe en el poema “(El sueño y las semillas)”, que, como una fenomenología del espíritu, relaciona al lenguaje como la casa del espíritu y del ser. “La poesía es una semilla que repercute en el cuerpo (…): fecunda tu idioma y canta”, también afirma el hablante lírico del poema “(El destino de la semilla)”.

Por ello, el poeta Julio Barco destacó, en la ceremonia de la premiación, la idea que inspiró este poemario: “El arte de la poesía, en su belleza, surge de la necesidad de un rito antiguo: la fecundidad y el canto, la necesidad de manifestarnos, el hambre voraz de aclarar, entre las dudas, la interrogante sin medida que somos, la fiesta de nuestros nombres en la noche de origen”.

En ese sentido, la óptica que aprendemos de este nuevo libro de Julio Barco (autor de más de 10 libros pese a su joven edad) es que la poesía nos ayuda, cuando la escribimos, a conocer más un tema que nos inquieta o, como contraparte, nos sugiere más interrogantes, más dudas o problematiza de forma compleja algo que creíamos saber, pero cuya verdad tiene muchas más aristas y salidas de lo que se creía. Por ello, la poesía siempre es una forma de conocimiento, de nosotros mismos y de los otros.

_____________________________________________________________________

*Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). También, ha sido reconocido en otros certámenes literarios. 

Francois Villanueva, autor de la presente reseña literaria

Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.

Poesía chilena actual: Moira Meléndez Castro

Silvestre, espíritu

Cuando era niña
la irascibilidad trazaba
cada uno
de mis pasos
Vaivén de fuego
en mi sangre mamífera
salvaje, libre
Las huellas marcadas
en el hogar, mientras
lo invisible
se tornaba visible
huellas celosas de la
volatilidad
de mi espíritu

Cuando
la temporalidad
y la adultez
desearon irrumpir en mí
Mordí sus pieles
con aquellos incisivos
tan propios
de la niñez
marcas violáceas,
tiñendo aquellos animales
heridos
dolor lacerante
estampado en sus miradas

Miradas
que sentenciaron
civilizarme,
convirtiéndome en una joven
silenciosa
inmersa en un estanque
monótono y grisáceo
Pero mis pulmones
Implacables
como siempre
me ayudaron a sobrevivir

Nadando en el océano
de mi propio silencio
encuentro a Silvestre,
mi espíritu
en diversas formas
onírico
cotidiano
fantástico
y puedo ser esa niña
de nuevo
la mujer que huye
entre escritos
para proteger
su fuerza indomesticable.



El cuerpo saqueado

A través de las miradas
colonizadoras
de hombrecitos que juegan
a ser hombres
soy
idealizada
y
nombrada «una gran musa»

La caída del título
es parte de un microsegundo
Bestial
Vertiginoso

Ahora soy nombrada «una gran puta»
porque mi expresión
de seriedad
les ofendió y destruyó
sus ansias de conquista territorial
sus risitas
su imaginación
y sus instintos

Los instintos dirigen
la mano y el ojo
para saquear mi cuerpo,
durante días queda vacío, estropeado
desdibujado

Pero ellos no saben
no entienden que
soy una artista
que reconstruye su cuerpo
escribiendo
existiendo.

Quien escribe

Quien escribe,
se transforma
Quien escribe usurpa historias
Quien escribe habita
entre obsesivos puntos
y comas
Quien escribe
respira tanto la belleza
como el terror



Quien escribe
se encuentra
en estado de subordinación,
bajo los sentidos
y la estética

Y ahora digo que
escribir,
es autoexcavación
entre venas,
entre nervios;
océanos
hay un aguajero negro, sin fin
sólo hay más y más

Moira Meléndez Castro. Estudiante de Pedagogía en Francés y español como lengua extranjera, UMCE, Chile. Autora del artículo: Littérature française: Antonin Artaud et le corps souffrance, Revue REF, deuxième édition 2020 y de los poemas Ansiedad, Nostalgia y La mano, Revista Phantasma, edición 2021. 

Poesía española actual: Irene Otero Calvo

Libre

Pronuncia, ¿no?
Tienes que aprender a entonar.
Aquí, haz una pausa.
¡Lo pide el cuerpo!
Pero suelta, mujer.
Déjalo ir.
¿Y la tensión?
No la veo.
Aprieta.
Tírate al suelo y grita.
Estas tablas
merecen que les reces.
Estate a la altura.
Ahora sube.
¡A tu izquierda!
Respira, por favor.
Da paréntesis.
Y, ante todo,
que ya es hora,
sé libre…
¿Tú te llamas artista?
Qué decepción, joder.




Soñar

¿Quién ha de leerme?
Pasarán años deshilachados
y este cuaderno envejecerá,
amarilleará,
oloroso,
pudriendo palabras
que una vez parecieron
importantes.
Llegarán las bacterias
a comérselas,
sílaba a sílaba.
Morirán al morir este papel.
y, en la espera del final,
ojalá
unos ojos
se reconozcan
en los poemas tristes
que construí
un día cualquiera.
Esas pupilas, esas,
son las que llenan mi necesidad
de objetivo.

¿Serán las mías?
¿Está mi verso condenado
a mi propia valoración?
¿Fallecerán pues mis pensamientos
sin más escuchante
que la misma cabeza
que los fue dando a luz?
Me leeré yo y nadie más.
En el fondo, lo sé.
Y lloraré en mi vejez
amargamente
al compás de la nostalgia
de una ilusión.
Será entonces
cuando caiga en la cuenta
de que no sirvió
el embarazo lírico
más que para inflar
ese ego vestido de gala
y hambriento de opciones.
Elegiré pensar
que fue bonita
la esperanza,
que la ínfima posibilidad
de contar algo
inflamó mis perspectivas
con explosivos colores de magia
y que, al fin y al cabo,
mereció la pena
soñar
aunque ese fuera un sueño
de aborto.



Aplausos

Hemos superado
una noche sin aplausos,
este escenario vacío
de grandes logros.
Los focos apuntan mal,
los tropiezos son protagonistas
y el público no disfruta.
Pero su crítica,
su abucheo lunar
ya es pasado.
Sobrevivida, la velada crece,
nos abraza y,
tímida,
recompone nuestro perfil
recortado de constelación.





Nació en Madrid, España, en 1991. Desde siempre los garabatos de la palabra escrita le han escondido secretos. Y ella no ha buscado más que desentrañarlos durante años.
Quedó finalista en el VII premio literario El Pequeño Consumidor Energía y Clima por “El verde confidente”. Ganó el Primer Premio de la Universidad Privada
Cardenal Cisneros con “Lo fácil de la Negación”. En el año 2017 estrenó en el teatro Nuria Espert su obra teatral “Lo que no quiero”. En 2020 la editorial Libros Indie publica “Secuencias”, su primera novela.
Actualmente funcionaria de carrera en el Cuerpo de Maestros de la Comunidad de Madrid, está a la espera de la publicación de su segunda novela “Una huida”, ilustrada también por ella. Irene sigue escribiendo cada día.

Poesía peruana actual: Andrea Cabel

                                                         Gestión por María Macaya 


Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.

Platino amanecer y otros poemas de Araceli Amador Vázquez

por Araceli Amador Vázquez


COLECCIONISTA DE OJOS

Sobre una silla tejen cigotos 
          un par de arañas. 
Sobre la silla 
         hacen ruido
              las –ahora– tarántulas.
Hilvanan con espuma 
                 un velo para la gran h:
la nada  
               el silencio
                                     la mudez.
El blanco aire
que cubre a la letra
intimida a las ranas;
               anfibios de pieles
 rociadas por el propio fracaso.
El péndulo infinito  
            cruje sobre sus cuerpos.
Temen por su existencia,
buscan alimento en las patas de la h.
Cómo acercarse si los arácnidos protegen la poesía.
Cómo buscar su comida si ya no hay tiempo.
Cómo saltar al blanco trono si las tarántulas devoran  
                 estas corruptas plagas.
Cómo reclamar el lugar que ningún dios les otorgó 
       porque un órgano inexistente
                             no se  puede atrofiar.
No todos fueron elegidos para mirar en la Nada el universo. 

Ellas, las ranas
tiemblan en el minúsculo invertido cielo. 
Buscan la trascendencia en el salto, 
pero  temen a las tejedoras
… y se consuelan con seguir viviendo.

***

Ellas, las arañas
tejen constelaciones  
embellecen el reflejo de los charcos  con su seda.
Anudan de vez en cuando 
                                               un hilo al cielo.

La más joven
        desliza sus carnosas piernas 
                 por el suave cordón

          (espera el inseguro salto)

       al oír el croar de una cloaca 
         clava su aguja en el ojo del anfibio 
           y ensarta la fugaz bagatela.

Sube al origen del ovillo 
y engarza en su melliza una presea;
           la delicada mota ocular 
(redonda mirada del rocío)
            para su corona de ojos.

PLATINO AMANECER

para Adriana Tafoya

Como si fuese una dulce naranja, el burro acerca el hocico al sol y se lo come a gajos.  Cada mañana recuerda el camino hacia el atardecer, se detiene a buscar más naranjas sobre la colina. Qué travieso borrico; se ha llevado el día entre los dientes. Se lo come, hasta que la noche tiene una mordida y cuando lo devora sale la luna. Entonces las ramas se convierten en mecates y la noche pasea a este burro. Qué bella mujer lo acompaña; negras olas son sus cabellos. Se mueve al trote del tierno animal, lleva en la mano un globo de plata.

Qué bella mujer; tan blanca en la oscuridad, con sus largos dedos busca en el pelaje del asno, entonces, encuentra palabras y las teje, una a una forma un collar; dice que tiene por oficio el de poeta. En sus menesteres no se da cuenta que aspira el sol lentamente, un gas amarillo se le filtra en la blancura, pero está tan concentrada que no se contamina.

Los primeros pájaros tapizan el helio, ahora son negros como la poesía. El gallo que canta ahora es azabache y de su canto salen notas negras y redondas. La mujer sigue haciendo collares con ahínco, como si de sus dedos dependiera el deseable día plateado. ¡Por fin!, ya no huele a soledad, ahora los lirios surgen de la tierra.


LA MUJER DE LAS MOSCAS

Los ojos de la difunta 
   son moteles para moscas.
El libro viejo en Bellas Artes
   es guarida de moscas.

Yo  también  tengo alas
pero  no soy 
 pájaro 
         mariposa 
                         libélula.

Soy el insecto entre las hojas
 y tú     amante de la magia
compras mi hogar  
         por veinte pesos.

El anillo que protege
 tu delgadísimo dedo 
es la mirada de un cadáver
entonces
      me poso en el hueso
                 de la muerte
    y vamos a tu casa. 

En el camino 
paseas por el Barrio Chino
te guardas a comer
      acaricias mi afelpado cuerpo 
y acercas una costilla a mi boca. 

La gente nos mira
porque las dos tenemos alas
porque nuestro comportamiento 
      es repugnante
porque a las moscas 
           no se les da de comer.

Entonces
el mesero nos echa 
porque otros van a comer 
porque los otros 
son demasiado humanos.

Me dices que te gusta 
mi traje negro 
mientras dejas la propina
y salimos del lugar.

Mujer alada
extiendes la mano izquierda 
paso por el anular
me acomodo en el índice 
ahora llevas a tu mosca en un dedo.

Con la otra mano
abres la sombrilla 
que nos cubre del sol
y continuamos el viaje.

Araceli Amador Vázquez. Nació en la Ciudad de México en 2000. Ha participado en el Encuentro de Talleres de Creación Literaria del CCH, ediciones XVII  y XVIII, y publicado en la X antología de alumnos del CCH (2019) y IX antología de alumnos del CCH (2016).

Obtuvo el segundo lugar en la categoría de cuento en el “Quinto Concurso de Lectura de Poesía y Cuento 2016” del CCH Azcapotzaco, donde asistió al Taller de creación literaria” (2015-2018). Tomó el taller de novela “Breves incendios inextinguibles”, (UCSJ, 2018) y el taller de cuento “Escritos por Nuestra Sombra” (2019).

Ha colaborado en las revistas; Verso Destierro, Ablucionistas, Biombo Poético, Revista Cultural Mood Magazine, Small Blue Library, Hiedra, Malabar, Circulo de Poesía, Kametsa (Perú) y en los periódicos Paréntesisplus, Exilio y El Sol de las Américas (República Dominicana). Así como en los programas de radio; Café con letras, Iztaccihuatl el Sendero de la Luna  y La Voladora Radio. Actualmete es miembro de los talleres de “Poesia para volar” impartido por Cultura UNAM y “La pluma crece en la palma de la mano” del Centro Cultural Futurama.

Reseñas acerca de su obra aparecen en La Jornada, La razón, Parentesisplus, Panamá Poético y Ablusionistas. Ha colaborado en las antologías Campanas del Brezo, Editorial Ave Azul y Viejas Brujas III; Memorias Futuras, Aquelarre Editoras (2021). Poemas suyos han sido traducidos al italiano. Es autora del libro Sirenas de Cuarzo; el lugar privilegiado, Editorial Verso Destierro (2021). Además a participado en diversos festivales y encuentros de poesía en la República mexicana. Actualmente estudia en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Poesía costarricense actual: Sean Salas

Gestión por María Macaya

(De Ciudad Gótica, 2022)

Georg Trakl en sueños

Cuando los murciélagos cantan el amanecer en Borneo
se barren las gradas de la iglesia
donde estuvo sentado el leproso
y la anciana se prepara para ir de puerta en puerta
ofreciendo manzanas rojas
a los tristes que ni siquiera sirven para vender el alma.

Primero despiertan los dedos,
luego los pies y muy despacio los labios,
la densa niebla motiva al poeta a usar el traje
guardado en un armario bajo tierra.

Esto es la gloria:
emborracharse hasta dormirse cantando
y despertar en una tumba ajena,
placeres carnales que arrancan el amor
como el bebé que no pidió vivir
arrancó con un mordisco el pezón a su madre.

Mueren rápido los días felices
de cocaína y naipes pornográficos,
el recuerdo se debilita
como el vaho en la ventana del sótano
donde el diablo se ocultó durante la quema de brujas.

Al cuerpo paralizado del poeta
se acerca de puntillas como una adúltera sigilosa
la sombra que regresa del viaje astral.

(De Alter Mundus, 2021)

La despedida

(Remedios Varo)

Apagaron el fuego que sentían
cuando sus sombras estaban a punto de besarse.

No sabrán si eran el uno para el otro.
Ambos tomaron su propio camino
en direcciones opuestas,
atajos a una soledad
que aún no debían conocer.

Ninguno de los dos quería despedirse,
ambos cedieron a pronunciar el adiós.
Solo un gato que miraba la escena
sabe quién se equivocó primero.

Leyendo a Lafcadio Hearn

De nuevo el mismo sueño:

asciendo la montaña de cráneos
que me pertenecieron en vidas pasadas
y justo cuando llego a la cima
despierto pateando
dentro del vientre materno.


Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).

Poesía costarricense actual: Diego Mora, selección poética de dos libros inéditos

Lamentos de Raven Darkhölme alias Mística a Eric Lehnserr alias Magneto

Olía a sal, a mar. Pero estaba lejos de él, y el frío del otoño dulce y cruel lo envolvía todo en tonalidades rojas. No solamente era un estupor general, era la certeza de un árbol vivo, un chico vivo, una tarde inesperadamente blanca, permeada de niebla; y esas mismas facciones cada vez que te miras al espejo. La estúpida mirada de siempre, la torpe sonrisa de un rostro no fotogénico, sin poder cambiar de piel, cargando con ella día a día, calle a calle, etcétera tras etcétera. Soy la niña que nunca fui, metamorfa de sentimientos; mientras el disco sigue girando, y los glóbulos blancos, y las células mutadas y tus estúpidos intentos de cubrir mi vergüenza con tu casco.


Reminiscencia de Peter Parker alias Spider Man antes de la extinción del homo sapiens

Saltando por inercia sobre los escombros de la ciudad de New York, Peter Parker, el de potentes telarañas se preguntó: ¿qué hice mal? ¿A qué villano no maté? ¿Por qué me excluyeron de la batalla cósmica? Debo conformarme con la III Guerra Mundial, donde ni siquiera estoy implicado. Puedo perfectamente arreglármelas solo, huir de las bombas y cataclismos. ¿Qué hago defendiendo a estos imbéciles? ¿Lo hago por Mary Jane? ¿Por heroísmo? Quizá es por adicción, soy adicto a la violencia, al rush del peligro.

No hay sentido arácnido que pueda contra esto. Saltar de edificio en edificio, la sensación de vértigo, la persecución de asesinos y mafiosos, el saber que el ayuntamiento de la ciudad cuenta con trabajadores dedicados a limpiar telarañas me provoca una extraña sensación de placer. Pero es como ir a una guerra que nunca acaba. Solamente vas acumulando amigos muertos.

Si como dicen se han destruido tres cuartas partes del universo, ¿qué nos garantiza que sobreviviremos? ¿Por qué no me picó una araña con rayos cósmicos? Pertenecería a los 4 Fantásticos. Tal vez si se lesiona Hawkeye pueda sustituirlo en los Vengadores. ¿Para qué me torturo con esas ideas? Nunca me llamarán. Soy un superhéroe de cuarta categoría. El mundo se viene abajo bomba tras bomba, ciudad tras ciudad y no me importa. Voy a quitarme este ridículo traje. Si es por adicción, que sea con una máscara menos.


Salmos de Lilandra

De haber podido omitir este día lo habría hecho. Así no hubiera llegado este sentimiento de autodestrucción, de holocausto. Llega la insinuación vislumbrada desde hace tantos años: al final, cuando todo iba a terminar tal como estaba planeado, algo lo sabotearía. Basta darse cuenta de que somos repelentes ante lo que añoramos. Basta verme con una herida profunda en mi metafórico dedo central de la mano izquierda. Sea lo que sea, está ejerciendo una fuerza incontrolable, una revancha final. No sé si sobreviviré a esto, pero tenía que adelantarlo: estaba mirando esas nubes y justo cuando pensé que ya nada me interesaba, las nubes desaparecieron y una estrella —una sola— comenzó a brillar para mí. Ahí estaba, solitaria en el firmamento, respondiendo todas mis dudas.

Puede que se despeje esta tristeza de tinta negra y vuelva a la ficción en cualquier instante. Por lo pronto no puedo acabarme, ni solucionarme. No puedo salir a la calle a pegar alaridos. No puedo llorar en mi cuarto. ¡Si tan solo saliera el sol! Pero será una larga noche, y mis amigos estarán muertos a esta hora. Eso es lo que ha terminado conmigo. ¡Parecen dos mil vidas! ¡Juraría que han pasado dos mil vidas si no tuviera las fechas y los números conmigo! Ha reabierto todas las heridas. ¡Ya había olvidado este dolor!  Es mejor cuando el dolor te supera, y tienes que irte de tu cuerpo; pero cuando lo manejas, es una lucha que te agota, te quita aliento. Este dolor se mantiene en la línea de lo tolerable, pudiendo acabarme se empecina con su sadismo y por eso hasta puedo describirlo.

Soy como un animal: aprendo a golpes. Estoy asustada. Me duele el dedo que sostiene mi cabeza. Este dedo que presiona mis lóbulos, que escarba en la raíz. Mejor vayan a criar cuervos. ¡Yo tengo tanto qué perder! ¡Son tantos signos de exclamación! Si fueran de otro tipo, si evocaran otras cosas, pero permanecen en la misma posición, como pedazos de marea en el cielo. Es esta especie de brillo inconmensurable, la risilla perversa, ese crujir de la madera vieja o del techo de zinc cuando sueñas con algodón. Es este pasillo inquieto y frío, sin final, un pasillo solo para mi sufrimiento. Solo yo paso por él una y otra vez, hasta que se vaya con la noche larga, como ahora, que solo puedo evocarlo, pero late, aquí a la par, como si fuera él quien está de este lado escribiendo.

¡Duelen tantas cosas insignificantes! Todo se irá al carajo, incluidos nosotros. Debo orinar vidrios. Debo sangrar a cuentagotas. Debo verme las heridas recién hechas. Pero la estrella vendrá por mí. Entonces verás el tiempo. Regresaré cubierta de tu sangre, empapada de venganza. Y no dejaré que se marche el recuerdo, para reabrir tus heridas.

Por eso me doblas el cuello con tanto odio, porque sabes que llegará mi tiempo, porque pretendes vengarte de lo que aún no ha sucedido, porque desde ahora sientes los chorros bajando por tu espalda, los desmembramientos, los crujidos.

Se te adormeció el brazo prematuramente. Es inevitable. No estés tan confiado. Siempre hay una salida de emergencia. Salirse del libreto es cuestión de despegarse del suelo un segundo. Cambias el giro de la historia y todo se vuelve magma de nuevo, y los cielos se entristecen por centurias, y luego los renacuajos, los pterodáctilos y los propulsores de plasma.

Otra vez tengo ganas de vomitar. Me duele tanto la espalda. ¡Parece increíble que apenas tenga dos millones de años! Me calculo doscientos billones, al menos. Falta tanto. Es sorprendente que en medio de las guerras cósmicas haya visto gente divirtiéndose en Tenochtitlan, con esperanza. No puedo añorarlos, son los que sufren al final. Los demás me verán en el espejo. A veces siento que estoy tocando las teclas del piano o de la computadora. Como si estuviera componiendo una sinfonía, un réquiem para ustedes. Y va tan triste la melodía, y es casi como si pudiera verlos leer y escuchar, temblorosos, sin imaginar la palabra que viene, presintiendo algunas cosas sin forma. Al renglón siguiente lo entenderé, pero pasan las hojas y no entiendes nada, no entiendes nada, te quedas ciego, de pie frente a mí, preguntas qué escribo, que si son secretos, y me cierras la puerta; te conozco, me cierras la puerta en la cara, pretendiendo ahuyentar los lobos, tranquilo, hoy no hay luna, solo nubes y arena en tus ojos.

Sigue el ritmo. Siente las pausas. Mírate tan inocente. Entonces llega el disparo, la penetración del metal, el calor de la sangre a borbotones. Caes inundado en un charco de signos interrogativos, y sabes que de ahí no te levantarás. No puedes mover ni un solo dedo. Pero te saco del agujero, yo, que te metí. Te doy un respiro, y vuelve esta desazón, el dolor de cabeza, la incomodidad de toda posición, la mirada perdida en el centro de una letra cualquiera.

Este es el silencio que temía: el final, la ausencia de palabras. De explicaciones. Volver a lidiar con el abandono fetal cuando parecías obra maestra. No me queda ni una letra más en el corazón. Me vacié. Arrójame antes que te contagie. No te dejes seducir por el blanco. Repite la estrofa hasta que la memorices. Llevarás contigo la profecía, el mundo a tus espaldas, pero nunca la buena nueva.


Diego Mora: Vásquez de Coronado, San José, Costa Rica; 1983. Ha publicado Tótem Suburbano (poesía): Ediciones Andrómeda; San José, Costa Rica, 2006. Estación Tropical (poesía): Editorial Catafixia; Ciudad de Guatemala, 2010. Historias de inodoro (microcuento): Milena Caserola; Buenos Aires, Argentina, 2010. Educación con medios (académico): Editorial Académica Española; Madrid, España, 2011. Facebookatura (novela gráfica): Ladrillo Negro, 2012. Las Meseras del Park Avenue Café (poesía): Editorial (H)onda Nómada; Ciudad de México, 2013. Peter Pan 220 (poesía): Editorial Jaguar; Quito, Ecuador, 2014. Monóxido de carbono (poesía): Hanan Harawi Editores; Lima, Perú, 2015. Niños no hagan esto en casa (poesía): Ediciones Litost; Santiago, Chile, 2019. Aparece en antologías tanto de poesía como de narrativa y en revistas literarias, académicas y digitales. Es Doctor en Estudios Culturales de la Universidad de Cincinnati, Máster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Estatal de Nuevo México y Licenciado en Psicología de la Universidad de Costa Rica. Ha dirigido talleres literarios y proyectos cartoneros en diferentes tierras del continente americano. Actualmente es profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica.

La grandeza de la devoción

por Ananda Yzghen


A mi abuelo, Bhakti Sundar Goswami con motivo de su Vyasa Puja.

Qué sería de mí
si no hubieses abierto mi corazón y mi mente.

Aunque es un pensamiento egoísta, 
la admiración me guía hacia tu corazón de oro.

Mi pensamiento se aniquila 
cuando escucho las palabras que emanan de tu ser.

Se vuelve la verdad que atrapa 
mi corazón devocional.

Si quiero describirte,
me quedo en silencio.

Solo el silencio se acerca
a la pureza de tu devoción.

Tú pones un grano de arena 
reuniendo una montaña.

Tú entras en el corazón del caído
para mostrarle la verdad de los Vedas.

Intentas ser la luz y no una simple luciérnaga
que no sabe el camino de vuelta a nuestro Amor.

Tu servicio genera alegría 
en los corazones humildes y almas del Señor.

Todo sería oscuro sin tu servicio.
Todo sería el caos.

Con tu carisma y determinación
despiertas almas confundidas por la ilusión.

Tú eres el fuego que nos alienta,
la fuerza que nos anima.

Qué sería de mí
si no hubieses abierto mi corazón y mi mente.


Jay Sri Gurú       Jay Sri Gauranga 
Mis reverencias

Ananda Yzghen. Tiene 12 años y escribe poemas místicos.