Poesía costarricense actual: Johanna Picado Vargas

Estos poemas son parte de su poemario ¨Las Cortezas
Cerebrales¨.

Maldad
Las bestias que llevo adentro ya se mezclaron conmigo: raíces de un árbol centenario,
gritos ahogados en mi casa de sustos, pasillos tenebrosos donde ni yo quiero caminar,
eso son −así son−. Las dejo quitarme gota a gota la sangre y estoy segura de que no
se cansarán hasta volverme un monstruo, quizá siempre lo he sido.

Síndrome de Ghosting
Todos de alguna forma tenemos el síndrome de Ghosting. Huimos, hacemos del papel
fantasmagórico algo tan común que se nos olvida que estamos vivos. Vos huiste de mí,
de repente: no existías, no escribías, no besabas, no respirabas. Cualquier excusa es
buena para borrarme como un garabato mal hecho del cual te sentís avergonzado.
Imagino tus psicofonías como trozos de vidrio que pasan entre la carne. Y por último, lo
único que queda es jugar con el teléfono mientras intentás hablarme desde la silla de al
lado.

Literatura de supermercado
El amor hay que traerlo como a una herida llena de sal o una roncha a punto de
estallar. Anda lleno de curvas porque las líneas rectas no las soporta por mucho
tiempo. Se ahoga fácilmente en la cúspide del pezón y cae en mi ombligo. Hay que
verlo como el primer orgasmo donde se siente un renacer de algo desconocido, luego,
ser adicto es la única salida. –Es ser esclavo más bien–. Colgarlo del llavero habitual
para tener la fe de hallarlo frente a la parada de taxis. Dibujarlo en una banca de su
color para reconocerlo antes y que nadie te lo robe. Al amor hay que soñarlo y meterlo
por todos lados, porque es mejor unírsele que dejarlo al factor sorpresa.

I
Usted y la neblina son
de esas cosas que emborrachan
y uno no hace por donde parar.
He pensado inyectarme su neblina
y pintarme de gris,
quizá comprar una libra de frío e inhalarlo todo.
Buscarme una noche congelada
en alguna montaña suya,
para que mis pies sean azules como el hielo,
caminando en césped muerto.
Como un limbo que me engaña
porque me hace creer que si me pierdo
usted y su agua fría
son mejores que el Sol.

II
Su neblina era perpetua.
Decidió dejar pasar la luz,
solo eso bastó para ahogarme
y matar a golpes el témpano,
hielo color sangre
que reavivó otra vez.
¿Puedo retirar mis pies azules?
Los quiero quitar del medio,
usted no se merece los copos aguja
que crecen en el zacate desangrado.
Me llevo cada letra muerta,
total lo estoy,
y sus venas azules
sirven para ahorcarse,
más efectivas que una hebra
de mi pelo.
Déjeme caminar
adentrarme en el volcán,
quemarme en su plástico,
tal vez así se me quiten sus espinas.
Sus espinas son perpetuas,
eso de la inmortalidad.
es asunto suyo.


Johanna Picado Vargas, Cartago, Costa Rica, 1989

Escritora costarricense, publicista, máster en Comunicación Corporativa y Marketing Digital. Participó en el taller de poesía Tráfico de Influencias en 2013 del Ministerio de Cultura de Costa Rica. En 2019 publicó su primer poemario ¨Las Cortezas Cerebrales¨ con la editorial independiente Ediciones Perro Azul, que fue presentado durante la Feria Internacional del Libro de Costa Rica ese mismo año. Su trabajo se ha incluido en diferentes publicaciones como ensayos y revistas. Actualmente estudia canto lírico y trabaja en comunicación digital en su país.

Poesía ecuatoriana actual: Cristina Pavón

Aniversario

7 de mayo de 1991,
brotó un nombre difuso a espaldas de Dios.
Ocho letras borrosas que no fueron acariciadas por banderas,
un sustantivo olvidado en la bruma,
parido en una maternidad a las 18:30:
Tauro con ascendente en Escorpio.
Cada letra, un cántaro partiéndose sobre luz y tierra.
El primer llanto del nombre escurrió un mar,
la sal pintó caminos azules
que arrastraron a veintinueve mujeres a morar mis ocho letras.
Una a una dibujaron la noche y el día de los años
hasta que el lienzo escupió las primeras conjugaciones violentas
y las cegó,
dejando desprotegida la Tierra.
Manos extrañas fundieron con monedas las lenguas de la infancia:
restos de pelo y sangre sobre los hombros,
afonías, arcadas de horror.
A lo lejos,
un Dios opaco despinta su espalda
mientras las mujeres que fui gimen cenizas.
En centro de la putrefacción, crece un árbol.

(Antología XIII Encuentro de Poesía en Paralelo Cero, El Ángel Editor, 2021)

Cinema

Hermano,
tú y yo invocamos a un dios que nos mira, aburrido,
desde un plano cenital,
reconociéndonos por las espirales de nuestros cráneos.

Hay cierta tenebrosidad en tus pupilas,
tiemblan y se retraen
cuando la luz entra por el ojo del cíclope
para atravesar el pecho
mostrando nuestros colores.

¿Cuántas historias encierra el ojo?, me preguntas
y te respondo: el cíclope deja ver el futuro y el pasado.
Me sonríes,
Somos dos niños cuyos pies flotan
sobre un abismo con cadáveres de canguil y chicles.

En nuestras mejillas se dibujan formas de caleidoscopio
pestañeamos,
dios se ha sentado a admirar al cíclope junto a nosotros.

Sobre las butacas,
hay pieles proyectadas en varios idiomas.

(Inédito, 2021)

El jardín del cíclope

Un regalo de la luz
es poder explorar
la pupila del amor
cuando madura y se ensancha
como un fruto redondo
que creemos perdurable.

(Inédito, 2022)

Nuestros desaparecidos

son espinas que atraviesan la memoria.
La memoria
es una bandera desgarrada
que ondea y salpica sangre en nuestras frentes.

Mi frente
y tu frente, tu frente radiosa*
son un puente tendido sobre
crujidos de auxilillo
lápidas
y huesos sin nombre.
A millares surgir, a millares surgir*.

Nuestros desaparecidos,
son patrimonio nacional
salvaguardado y conservado por la indiferencia.
Son los muros heridos de una patria hueca
como una “o” violenta
dibujada entre las sienes.

Nuestros desaparecidos
son la fecha y el sector de la ciudad
donde se desintegraron sus nombres
y apellidos.

Nuestros desaparecidos
son un cartel adherido
con lágrimas de un bosque invisible
que se seca y se seca
mientras los aguarda.

Nuestros desaparecidos,
no saben que están desaparecidos
hasta que reconocen el llanto
de ese amor,
que los busca
a oscuras.

Versos del Himno Nacional del Ecuador*

(Inédito, 2022)

Huérfana

A Georg Trakl

Padre,
la noche está herida, gime como un animal
y las huestes del tiempo huelen mi miedo.
en la superficie oscura los cántaros se parten
derramando la sangre de los pájaros.

En la aldea de la huérfana,
los niños se marchitan ante la voz de un dios sodomita.
la niña viento
busca dormir en los campos.

Oye cómo los ángeles lloran desplumando sus alas
en un sacrificio de amor.

Hay un lugar en tus ojos, padre,
donde las lámparas de aceite alumbran,
cubres con hojas de otoño mi desnudez
y el agua se tiñe de luna

La huérfana danza en los negros arbustos
que coronan tu frente.

Padre,
mi cuerpo rueda en el campo de rastrojos
mientras la lluvia negra comienza a caer.

Desde la tumba, padre,
la novia del viento nos cantará a los dos.

Padre,
detrás de mí,
los dementes muertos hieden.
Asaltaré el bosque
para buscar a la huérfana y a la hermana que perdiste.

Padre, lloverás siempre en mis ojos…

Llora la huérfana,
           la huérfana
                es mi espejo

Padre, arroja mi cuerpo a las parcas
Para que tejan la nueva humanidad con mi carne.

(90 Revoluciones, Mecánica Giratoria, 2015)

CRISTINA PAVÓN BURBANO (Quito, Ecuador – 1991) Es licenciada en Periodismo y maestrante de Gestión Cultural de la Universitat Oberta de Catalunya. Varios de sus poemas fueron publicados en las antologías: 90 Revoluciones (Ecuador, 2015), Tea Party 4 (Chile, 2015), Silvestres y Eléctricas (Chile, 2016), Humo sonámbulo (Ecuador, 2021), Décimo Tercer Encuentro de Poesía en Paralelo Cero (Ecuador, 2021). Sus textos también han sido publicados en revistas y blogs como: Eterna Cadencia, Círculo de Poesía, Escrituras Indie, Cráneo de Pangea, Santa Rabia Poetry entre otros. Participó como invitada en el V Festival de Poesía de Lima (Perú, 2014), el Festival Mayúscula (Ecuador, 2020) y el Décimo Tercer Encuentro Internacional de Poesía en Paralelo Cero (Ecuador, 2021).

Poesía ecuatoriana actual: Jonathan León

Pega-mente

Sigo tu espectro y en el camino me hallo a mí mismo:
al niño que hizo hogar en la calle de al lado
imposibilitado por la pobreza de no tener patria
de no tener manos, pies ni alma de refugiado
Sus caninos incrustados en el cemento
son mis centavos que perdí al lanzarlos a la fuente

pidiendo:

que el pecho de mamá no sepa a pegamento

que los puños de papá no lastimen el pecho de mamá que sabe a pegamento
 
que los chapas amarren los puños de papá para que no lastimen el pecho de mamá que

sabe a pegamento

Y lloro

Porque los puños que caen sobre mi cara
huelen a sangre y pegamento

inhalo

lo que un día fue el pecho de mi madre



rrenacerr


Santificado sea tu hombro

lleno de cicatrices provocadas por doce fantasmas de nicotina.

Retroceder a tus vertebras

es firmar una sentencia de vida, porque la muerte es algo celestial y en tus mejillas

reposa mi piel,

aquella piel que ha mudado de un cuerpo vacío e inquieto
para convertirse en la sombra de la soledad perpetua:
tu tranquilidad perturbada por lunas desnudas y soles danzantes.
Imágenes salidas de tu mente, de tus sueños, de tu pasado dibujado sobre arena

con tinta de odio y con sangre de razone.

SOLO POR HOY

danzo en el resplandor de tus ojos ansiosos y certifico mi declive hacia tu vientre para
morir y (re)nacer veintiséis mil veces, poco más pero nunca menos.




Cenizas


Quedarán reducidas a cenizas tus pestañas inquietas

Y gritaré
¡Por fin soy libre!

Pues, eran tus pestañas las cadenas que me ataban

A la vida
A la melancolía
Ahora que ya no tengo nada
Asomaré mi cara al lugar donde nací
Allí, desnudaré los atrofiados recuerdos de tu piel
Ante la beatificada fotografía de mi madre
Alzaré tu sombra con sogas de cristal
Alabaré con salmos tu nombre
Abriré mi pecho en dos
Cuestionándome
¿Tu alma o mi libertad?

Jonathan León (Loja, Ecuador, 1995). Estudiante de carrera Lengua Literatura de la Universidad Nacional de Loja. Ha publicado en la revista de la carrera “Ripio” en microcuento, poesía y ensayo. En la editorial independiente “Hidden Writers” publicó tres poemas. De igual forma en poesía publicó dos poemas para la revista boliviana de poesía “Margen de Luz”. Obtuvo el tercer lugar en el primer concurso de poesía organizado de la Facultad de la Educación, el Arte y la Comunicación de la Universidad Nacional de Loja y la Casa de la Cultura ecuatoriana Núcleo de Loja. Columnista frecuente de la Gaceta Cultural del Archivo Histórico de Loja. Ha participado como ponente en el Congreso Internacional de Historia “EDUCERE” organizado por el Municipio de Loja y el Archivo Histórico de la ciudad. Asimismo, participó como ponente en el XXI congreso desarrollado por la Asociación de Ecuatorianistas y la Universidad Nacional de Educación.

Poesía colombiana actual: Estefania Almonacid Velosa

Meridiano

Con la frente inundada de peces
recorro los naranjos.
Anuncio que la memoria
jamás fallará al subir la peña.
Es allí donde está enterrado
el álbum de flores disecadas
el espejito
y la pintura de la mujer con tacones.
Busco una tarde de pelícanos
frascos y caminatas de selva
aullidos, moluscos y tazas de sal.
Duermo sobre el escritorio
en medio de tantas postales
que me inventan las estaciones.



Blue in Green
 
En la radio suena la trompeta
el cielo retumba entre los edificios de Nueva York.
Hay que quitarse la ropa y meterse en la cama para escucharlo.
Los despertadores se apagan 
hay tiempo suficiente
adivinar el color de las prendas en las fotografías antiguas. 
Vale la pena abrir un directorio telefónico
encontrar al que reveló las siluetas en los tocadores.
La trompeta sigue sonando
no hay necesidad de encender las lámparas al pisar las alfombras.
Los reflectores de los autos dibujan jeroglíficos en el rostro.
Colocar una silla frente a la ventana
oler el café del tarro y volver a la cama 
esperar la noche para invocar a Miles Davis. 




Llamar su atención
 
                                  Inspirado en el bolero de Roberto Roena
 
Te miro frente al océano
tu espalda es la memoria que se desliza
y deja huellas de pintura como sendero.
Desde aquí intuyo tu rostro
es la canoa que encuentra al mochuelo.
Sano en la contemplación de tus manos
que señalan la llegada del candil.
Te hago llegar un vendaval recién nacido
o los cimientos de unas piedras al frotarlas.
Me convierto en una ráfaga de brisas
hago cuencos de agua para inventar
un movimiento sereno.
Quizá voltees a mirar algún día.




Vagabundo

                                                            A Yuri Buenaventura

Un muchacho moreno sale del platanal.
En un cuarto estrecho un hombre llora
desde la televisión.
El muchacho toca las congas en el metro
y París lo devora.
Ha caído en el río Sena
pero vuelve al metro y recuerda a Jacques Brel
el hombre en la pantalla.
Ha creado un universo lleno de pureza.
Regresa a la tierra ébano para cantarles a los niños
salsa en francés.
Ha nacido África en las profundidades de un puerto
lo inquietante es cómo arrastra la manigua
por todo el mundo.


Estefania Almonacid Velosa (Bogotá, 1991) es periodista y magister en Estudios Literarios de la Universidad Nacional. Es autora del poemario Zalamera, un homenaje a la salsa y el bolero, de la editorial Piedra de Toque (2021). Su trabajo cronístico y literario ha sido publicado en diferentes antologías nacionales e internacionales, y en su blog de periodismo literario Los desvelados. En el 2021 fue otorgada la beca Periodismo Cultural y Crítica Literaria, del Instituto Distrital de las Artes, con el proyecto titulado: “Un recorrido por Bogotá con Emilia Pardo Umaña”. Es autora del libro Emilia por Bogotá (Idartes, 2022), crónica que busca las huellas de una de las pioneras del periodismo en Colombia, Emilia Pardo Umaña.

Poesía costarricense actual: Rebeca Bolaños Cubillo.

FANFARRIA DE METALES

Pongo la mesa, sirvo la comida
y te observo marcharte.

Siento que tengo la cabeza
metida entre las piernas,
apenas contengo el vómito,
las ganas de arrojar todas las sillas
y romperle la sombra a la luna.

He buscado el descanso de las escaleras
para sentarme a interrogar cada plato roto
que ahora ya no puedo buscar en los basureros.

Nada responde, pero toda grita.

No se puede alcanzar ninguna paz
con planes de regreso
a lugares a los que nunca se ha ido,
con una olla de carne a la leña cada sábado,
con abrir el oído para que entre el estiércol
que sale de una boca
que dejó de encontrar tu beso.

El tedio le busca una miga de pan a la esperanza,
pero es el mismo tedio
el que repite siempre los rituales
en los que se acaban las boronas.

Tres metros de soga
se sientan en el mismo descanso
de la escalera
y simulan no ser una invitación
a la condena.

El ventanal proyecta un horizonte
lleno de luz, de luces;
un espejismo que interpreta
la Sinfonía Dante
en el primer movimiento:

“Abandona toda esperanza,
tú que entras aquí.”

Cierra en un fortissimo
mientras desciendo con Franz Liszt
a mi ajustado infierno personal
sentada frente a dos platos de comida.

BUKOWSKI PIDE CHICAS TRANQUILAS Y LIMPIAS CON LINDOS VESTIDOS

“No traigan más una puta por acá”
Bukowski

De pronto un hombre al final de su vida,
después de repartir sus bienes y sus fuerzas
entre mujeres que le han cobrado el amor,
requiere una mujer “buena”.

La necesita tanto que logra imaginar
todo lo que haría por ella.

Sin construir nunca la vereda,
conseguir almohadas para su cabeza
o provocar su risa.

La necesita, dice,
pide a sus amigos que no le lleven más putas.

Sabe que existe,
pero no la encuentra.

Volvé a nacer, Hank,
y dejá el alcohol, los celos y los puñetazos en el papel,
no en las mujeres que convertiste en putas.

LA ÚLTIMA CARTA

“Y la luna,
bajo su oscura capucha,
se cae del cielo cada noche,
con su hambrienta boca roja
para lamer mis cicatrices.”
Anne Sexton

Apenas viste el pico de mi iceberg, perdón por el lugar común, no encuentro otro
modo de llamarle a esta forma que tuvo la vida de obligarme a tener que buscarte
de nuevo para encontrarnos frente a frente en un espacio infinito al que fuiste y yo
aún desconozco.

Había secado al sol la bandera blanca que pensaba mostrarle a la muerte, tres
parece que fuera un número suficiente, hasta que de nuevo se te hace pequeño el
momento y más negro, todo negro el futuro. Y cuando el clavo de la circunstancia
te obliga a preguntarte si existe ese tiempo pendiente, o si solo hay un camino en
una línea que siempre se quiebra. ¿Cuál futuro?

Yo que nunca he renegado de las cicatrices, me siento harta de serlo yo, cada
pedazo de corazón que apenas sana, vuelve a abrirse y el llanto, que de tanto
mostrarse a pocos, ya no puede salir, se atora, se queda en el pecho y se hace
latido.

Ya no te llegará esta carta, ni todas las cosas que íbamos a decirnos serán
realidad. Somos una historia que ni siquiera encontró cómo empezar y se quedó

en el tiempo, derrapó en alguna calle húmeda y oscura para estrellarse y
provocarme el grito que ya jamás vas a escuchar.

Y, sin embargo, te escribo la carta, porque quiero poder leértela cada vez que se
la lea al mundo y así tal vez llegue a vos como un susurro al otro lado del dolor.


Rebeca Bolaños Cubillo. (1973) Graduada en RRPP y Comunicación y en Bellas Artes. Estudiante de Antropología. Publicó su primer libro “41 meses en pausa” en el 2018 – Editorial Nueva York Poetry Press. En el 2019 la plaqueta “Reporte del tiempo”- Proyecto Editorial La Chifurnia.
Su segundo libro se encuentra en revisión.
Productora Ejecutiva del FIPCR (2016 y 2017); y de los proyectos Fuego Cruzado y Canto a la Semilla, además de colaboradora del proyecto Ojo de Cuervo – Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres, iniciado en El Salvador en el año 2019.
Certificada como facilitadora de escritura terapéutica y reflexiva por el Fondo @TrustedWords.

Poesía argentina actual: Damián Jerónimo Andreñuk

Donde nace el arcoíris

Una firme determinación en cada músculo feroz.
Un grito desgarrado en las vértebras del hambre.

Una larga cicatriz en la alegría.
Un cisne que se ahoga en su belleza más inútil.

Un aroma indescifrable que baja desde las montañas.
Un crepúsculo manchado de ángeles promiscuos.

Una trompada con violencia y precisión.
Una palabra luminosa de una niña de seis años.

Un abrazo que nos nutre la raíz.
Un insomnio que termina donde nace el arcoíris.

Un milagroso amor sin almanaques ni exigencias.
Una caricia con regusto a ingenuidad y mariposas de menta.

Una poesía como un hacha que atraviesa la mentira.
Un mundo de ilusión donde pululan marionetas.

Canto de guirnaldas

Existe una mujer
con quien siempre estoy en éxtasis
y acompañado
como arriba de un bellísimo milagro
que atraviesa las tinieblas.

Existe una mujer
cuyo abrazo es como un canto de guirnaldas.
Que da el calor del paraíso aunque llegue el invierno.
Que libera mariposas en delirio
cuando dice buen día.

Existe una mujer
cuya cálida luz irreprochable
me lava la esperanza
y me enciende los huesos.

Necesidades terrenales

Un deseo insatisfecho me hiere de nunca.
Un puñado de cenizas me cubre la inocencia.
Un cuervo diminuto me agrede las felicidades.

Oigo esa leve melodía del vino macerando.

Sé que la muerte es un portal,
sólo un despojo de lo transitorio.
Sé que hay una quietud
como un orgasmo.
Que hay un amor errado
que llega hasta el suicidio.

Cuando un sendero se bifurca
ya hay una encrucijada.
No debo ahogarme por completo absurdamente
en las poquísimas necesidades terrenales.


Damián Jerónimo Andreñuk nació en City Bell en 1986 y reside en Villa Elisa, ambas localidades ubicadas en el partido de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Publicó diez libros, todos a través de Certámenes en diferentes editoriales: Omisiones (2010), Portales al vacío (2011), Formas concretas (2013), Silencio de crisálidas (2015), Metástasis (2015), Vértigo insondable (2017), Música del polen (2021), Yamila (2021), Donde orinan los lobos (2021) y Dimensiones de lo breve (2022)

Poesía española actual: Transferencias (selección poética) de Remei González Manzanero

La verdad que no vemos

No, no quiero los sueños. Es la vida,
la realidad la que nos llama. Escucha
.
Leopoldo de Luis

Deja que te lo explique, no en palabras
— que con palabras no se entiende a nadie —
sino a mi modo oscuro, que es el claro
.
Mirta Aguirre

Está aquí, déjame que te lo muestre,
en este pequeño espacio de aire,
esta dimensión, toda esta anchura
de trazas, de briznas
aciculares, está en esta brisa ingenua
que tanteo con los dedos,
que trato de asir para hacer mía,
es de sí misma,
está aquí.
Está en este soplo hecho de desgarros,
está en el lápiz que me cae de las manos
si abro la palma,
está en esta corriente alterna,
está en genios y mediocres,
en las nubes de las partículas,
en las ínfulas extrañas
y en el pliegue de las alas de un cóndor negro,
en la precipitación de un vidrio
que no nos hiere apenas
y en los resquicios invisibles
de nuestras cicatrices más finas,
está en el cieno de los ríos
que arrastras a las cimas,
en la cima lozana
que hallas en la mirada,
las miradas tiernas
que no adviertes,
y las que adviertes,
está aquí,
no puede estar en ningún otro lado.
La recogemos,
este soplo que resollamos
está hecho de ella.
Este vasto espacio que media
entre tú y yo,
los lugares entre nosotros
que no habitamos
y que alcanzamos al vuelo
con esfuerzo
y devoción de céfiro,
la verdad es que es esto,
está aquí.

(Poema de «La verdad que no vemos», XVI Premio Águila de Poesía 2020)

Viejo puente otomano

Un poema es un puente otomano que conduce al poema siguiente,
que retorna a las ciudades viejas
donde ocurrieron las batallas más sangrientas
y salva geográficamente las pequeñas distancias del alma.
En sus arcos perfectos se apoyan metáforas, metonimias
y otros hechos salvajes,
ondea el río viendo la arcada lejana desde abajo
y al poner el poeta los pies sobre la baranda
sabe que la distancia de sus rodillas hasta el río Neretva
no tiene en realidad importancia.

(Poema de «La verdad que no vemos», XVI Premio Águila de Poesía 2020)

Ángeles
Es preciso que lo sepas: los ángeles existen.

Yo misma los he sentido volar dentro de mis brazos
intactos,
con la piel pulsándome,
ceder en los límites de mi corporalidad andrómina,
yo misma los he oído arrancando a cantar en la cabeza
y sonaban a cuchichí de perdiz
mezclado con cante jondo
y he ladeado el cuello,
empujado mis orejas, para oírlos mejor.

Yo misma los he olido en algunas noches
pétreas,
en residuos de mañanas exactas como esta
y huelen a carmesí y a ambientador para el baño
y sus alas saben a lo que sabe la corteza de los árboles tras la lluvia
o a lo que le supo un pedazo de gaviota a Luis Alejandro Velázquez.

Yo misma, yo, los he besado
intacta
y su transparencia blanca plácida
se ha volcado en mis labios,
a mí me han derramado verdades como hadas,
yo misma, yo, intenté tocarlos,
traté de hablarles con lo que quedaba de mi boca.

Y mudando, ellos, los ángeles, sus cuerpos
diminutos,
pegándome en mi espalda sus alas, preguntaron:
¿Yo misma
quien es?

Solo así supe lo supe: los ángeles existen.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)

Huida hacia adentro

Bajar hasta uno mismo y ensuciarse
de materia, de mundo…

Vicente Gallego

Vengo huyendo
de estos hilos rojos,
seda cubierta
de intestinos,
pelos, cicatrices
y nervios,
me lanzo intrépida
hacia el interior mismo
y encuentro,
más allá de todo esto
que debía ser tanto
y es tan poco,
esto
que no somos.

Parece que lo dejé todo
donde lo dejaste hace años,
lo escondí tan al fondo
de nosotros
que no puedo encontrarlo.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)

Cuando ya no esté aquí

Se murió diez centímetros tan solo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo…
Ángel González

Mis uñas seguirán creciendo,
cuando no esté aquí
y siga estando de alguna manera,
dejaré de morderme las uñas,
mi sangre seguirá corriendo
disecada, las plaquetas
funcionando, mis pulmones quejumbrarán
todo lo que no respiro,
y de nadas bombeará el corazón
con soplo incontingente
estos latidos extraños,
mis articulaciones engranarán
las poleas graznidas
zurrirán inflamados los tendones
de la espalda intermedia,
crepitarán mis manos pequeñas
intentando asir el tiempo
tan naranja, hecho de alambres
de paraguas rotos
los días que no llueva.

Cuando ya no esté
y siga estando de esta manera
tan tibia y seca,
empezaré a decrecer,
menguarán las bárbaras tripas
de mi estómago encogido,
hogar que acogerá
entre colonias los parásitos benévolos
comiéndose mis uñas.

Pero ahora estoy aquí
y me estoy mordiendo las uñas.

(Poema de «Habitantes de un paraíso minúsculo», II Premio de Poesía La Equilibrista)


Remei González Manzanero (Barcelona, 1990). Es poeta y profesora y realiza estudios de doctorado. Autora de La verdad que no vemos (XVI Premio Águila de Poesía, de Aguilar de Campoo 2020), de Habitantes de un paraíso minúsculo (II Premio de Poesía La Equilibrista 2020, publ. 2022) y los cuadernos de La confesión de la carne: Desdenes del vacío (2017) y de El mundo de las almohadas (2017). El resto de su obra se encuentra diseminada en varias antologías y revistas y su próximo poemario, inédito por el momento, ha sido finalista en varios certámenes internacionales. Recientemente, le ha sido otorgado el accésit en la última edición del Certamen Calamonte Joven por el poema «Besos».

Muestra poética de Diego Quintero Martins

Salet

Nadie quiere verse desnudo sin furia sin calcio, sentir lo perdido por el tiempo —envejecer y decirse su padre. Regreso al útero donde la música es sad y los colores púrpura y las razones de los colores una reacción hormonal. Regreso al útero donde reside lo explicativo y contemplo el resto de mis dientes.

Baby we rolling

Sonámbulos en un motel a la ribera
donde teorizo con el fémur
si soy quien digo ser, tal vez un chico rudo
junto a otro menos rudo.
Un motel a la ribera donde es fácil
cuestionar mi nombre a gritos, el eco
que rasga cuando un hombre entra
dónde ningún hombre entró,
la lengua como una arteria
entre la pelvis y el latido.
Sonámbulos pero no iguales,
nunca iguales, ahí la gracia
de la piel sudorosa: brilla
como lo nuevo, un diamante
en la carne. La mañana siguiente
diremos haberlo perdido.

I

Nací al límite de la soviet donde los árboles, recuerdo, las hojas, recuerdo, se abrazaban a la tibieza de julio como las manos pequeñas y grises del recién nacido. Lo demás se diluyó en la nebulosa de los primeros días tal cual la juventud paterna se diluye en lo cirílico. Taskent se olvida y avanza y se adhiere a la gangrena del tiempo, repta, sí, con el cuerpo acercándose a la descomposición necesaria, inevitable. Mi enfisema es signo de varios trabajos de call center y los kilómetros equidistan los años, un bólido es para soñarse ¿o no? Un bólido me lleva a una isla microscópica del atlántico. Mis abuelos viven en Mindelo con algo de sosiego a pesar de pertenecer a un pueblo vibrante y pienso en la morabeza y pienso en la morna y los barcos son temporales.


Diego Quintero Martins (Taskent, Uzbekistan, 1990) es autor de los poemarios Estación Baudelaire (Ediciones Espiral, 2015) y Taskent soledad ultra (Ediciones Espiral, 2017/Ediciones liliputienses, 2019).

Poesía mexicana actual: Mercedes Soto

Tacto
El nocturno corre
como la sangre por mis venas,
se extiende para cubrir
las memorias grises que cargaban
las extremidades de mi cuerpo.
Ya no puedo ser la misma,
porque ahora
       mi carne,
se pudre con el tacto.



La bestia…
marcó mi vida de un zarpazo,
sin llegar tan profundo sangré una vida,
me vendé los ojos
para andar con la cicatriz
que la marea cubre
       seguí
como si el viento no afectara el barco,
como si poseidón fuera piadoso,
como si Ítaca fuera el fin.
Hoy
   la veo sangrando,
y lloro por ella,
            porque entiendo el dolor
de vivir sin motivos suficientes.



Te arrancaron de los huesos de tus padres

Te cortaron de las venas de tus hermanos,
Secaron la vida que germinaba dentro de ti
Y te volviste un árbol
donde tu madre se hincaba a orar por tu regreso,
en tu vida o una tu muerte…
Seguimos implorándole por ti,
             Todavía sigues arrancada
Pero te plantamos en la cumbre de nuestro corazón
Porque sin importar el tiempo,
En ruido o en silencio
El grito de todos ruge
Para matar la bestia de tu ausencia.



Mercedes Janeth Soto Sánchez (7 de enero de1994). Oriunda de Los Reyes de Salgado, Michoacán, México. Coordinadora de Cardenal Revista Literaria en GDL, 2022. Presentó su obra literaria en el XIII Festival Cultural de Atenas, Grecia, 2021. Ha publicado en diversas revistas literarias tales como: Nueva York Poetry, Buenos Aires Poetry, Por Escrito, Monolito, Sindh Courier, Cardenal, entre otras. Licenciada en Derecho por la universidad Jesuita de Guadalajara, ITESO, 2018. Becaria en Festival Cultural Interfaz del ISSSTE, Guanajuato, 2018. Coautora del libro Igualdad de género, editado por el Centro de estudios de Derecho Contemporáneo y de Consultoría Integral, (CDC), 2017.  Tercer lugar a nivel estatal en el concurso de oratoria de Toastmasters International en CDMX, 2014.  Primer lugar en el concurso de poesía en lengua inglesa por la Universidad de las Américas de la Ciudad de México, 2013.

Poesía mexicana actual: Natalia Gómez

EN CASI TODAS LAS PELÍCULAS DE ACCIÓN
hay edificios que se destruyen
también autos
esas calles
a las que les explota el pavimento
con aceras llenas de árboles
personas
flores
¿Qué verdad se oculta en todo ello?
¿Cuánta violencia debe ser necesaria para un gran final?
Las familias
la reconstrucción
los heridos de gravedad
los ilesos trastornados
toda esa serie y brutal caos
que dejan a la ciudad endeudada
y sin trabajo
ni inmuebles
¿Quién se responsabiliza?
¿Dónde quedan los protagonistas para hacerle frente?
¿Dónde los senadores y toda aquella gente que debe resguardar la metrópoli?
La realidad también es una película de acción
con personas que lo pierden todo
países con intereses
abren fuego
preparan guerras
a veces con armas
otras con ideas
nos convierten en héroes y villanos
En los créditos no hay finales justos
tampoco en la vida diaria
y nos miramos los unos a los otros
desde nuestro propio cine en casa.


ESCUCHO A MIS PADRES HABLAR CON SUS PROPIAS LENGUAS

mirarse y admirar su propio dialecto
analizar y aprender la lengua del otro
Alguien menciona una frase
y hay un silencio
mientras se toman de las manos
ambos entienden esa cuarta lengua
que no es la nativa
ni aquella que usan en la ciudad
Es la lengua con que dieron descendencia
las que extendieron fuera de sus raíces
la lengua con la que ahora entiendo
que un idioma no sólo nace del corazón de un pueblo



A LAS DOS DE LA MAÑANA
un hombre espera
que cambie el semáforo para cruzar

Al extremo
una mujer se sostiene
reclinada en alguna pared de la avenida

El semáforo está en rojo

Un coche se acerca
tres sujetos bajan armados
bruscos la levantan
y avientan al auto.

El semáforo está en rojo

El hombre que espera
no sabe que ella desconoce
que su cuerpo será arrojado
en una bolsa negra
rumbo a otra ciudad

La luz ya es verde


Natalia Gómez (Campeche, 1991)
Comunicóloga y profesora. Ha sido beneficiaria del programa PECDA 2020 en Campeche y del Festival Interfaz ISSSTE Yucatán en 2017. Egresada del II Diplomado Virtual de Creación Literaria del INBAL. Ha participado en algunas antologías como Fractal, Anuario bilingüe de Poesía de San Diego y Novísimas, reunión de poetas mexicanas Vol. II
Algunos de sus textos se encuentran en revistas electrónicas como Letralia, Círculo de Poesía, Carátula, Con la A, Ablucionistas, Santa Rabia Magazine,The Ofim Press Magazine y Beltway Poetry. Actualmente es miembro del Proyecto de Escuela de Escritores Campechanos (ESCESCAM) y del consejo editorial de Cracken Fanzine.