Ángel Díaz: poesía mexicana

No vi a un hombre perdido
con las manos puestas en la cabeza
levantándose en un día equivocado.
 
Tampoco vi al rechazo
como el compañero de escuela
al que uno debe de ignorar.
 
Ni vi a la decepción
fumando sus últimos cigarros
ahora que comienza a ser más vieja.
 
Ni el futuro se veía
como un muro tan alto
al que nadie podía rodear.
 
Tampoco vi al sueño resignado
por no volver a tocar la cama,
ni a la vergüenza
escondiendo de nuevo sus manos rojas.
 
-    Y te lo juro   -
 
No vi a la desesperación
acomodando pedazos de palabras
en una solicitud de empleo.

 

 
                                            Se toca el pene
                                    y busca romper en hojas
                                                mi ventana.
                                              A.E. Quintero

El hombre detrás de la ventana
ve a unos chicos orinando afuera de su casa,
desde su encierro voluntario él los ve
como un niño escucharía
detrás de la puerta de sus padres 
cuando hacen el amor.
 
Es un hombre que no se contradice
porque sus días se cortan ligeros por su rostro
como un cajón abierto lleno de cuchillos.
 
La soledad que los mira detrás de las cortinas
es un vidrio de manos exiliadas,
una soledad elocuente,
soledad de minorías.
 
Estoy seguro de que cuando nos ve
palpa nuestros penes desde su cristal
y años atrás cuando él orinaba en algún lugar publico
le hubiera gustado saber
si alguien lo vio
como él nos mira ahora.
 
El hombre detrás de la ventana
sabe que me han dejado solo
cuando se escuchan ruidos en la casa,
supongo que él también entiende de las compañías 
que pertenecen pero no están con nadie.
 
Escucho su puerta abrirse
ahora que la lluvia
es la única caricia contra el miedo.
 
El hombre detrás de la ventana
me saluda
y me invita a pasar.
 



Mi abuelo dejó colgada su vejez,
la ha dejado para alguien desocupado.
 
Porque dentro de sus ojos
hay muchos niños con linternas
jugando en un bosque por las noches.
 
Su prolongada infancia
ya no quiere sentir
como cae granizo sobre sus zapatos
en tallas que nunca le quedaron.
 
Y me invita a pasar a su mundo,
con sus ochenta años de arrastrar raíces,
con gavetas entreabiertas llenas de veranos
donde guardaba su juventud bajo llave
entre poemas que nunca terminó
y ahora están volando.
 
Cuando sea mayor
quisiera ser el niño
que es mi abuelo.

.

Retrato digital: Lilette Jamieson

Ángel Díaz. Poeta mexicano, estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Cursó la maestría en Educación en la UFLP. Actualmente es profesor a nivel preparatoria y licenciatura.

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