El discurso femenino en Inés Arredondo. “Ensayos de identidad”

por Beatriz Saavedra Gastélum


En la narrativa mexicana del siglo XX se han desarrollado un gran número de escritores que por su calidad, han erigido un territorio consolidado y brillante. Es innegable que a lo largo del siglo XX la literatura mexicana consigue una contundente madurez que la coloca como una de las mejores en el mundo. Entre los escritores que le han dado esa calidad a la literatura mexicana, podemos referirnos a Alfonso Reyes, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Mariano Azuela, José Revueltas, Agustín Yánez, Octavio Paz, Juan Rulfo, Rosario Castellanos, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Elena Garro, Fernando del Paso, Jaime Sabines, Enrique Serna, Griselda Álvarez, Laura Esquivel, solo por citar algunos, se puede observar que la lista es tan variada como rica en expresiones y en talento literario. Inés Arredondo está posicionada entre los mejores narradores mexicanos. Su obra es representativa de los años sesenta; en esta generación, los escritores capturaron momentos de ficción: lo interno y lo periódico que puede romper con lo tradicional. Arredondo centra sus ideas en la ruptura, estableciendo un giro y un cambio en lo establecido, logrando una gran transformación en la literatura mexicana.

La obra de Inés Arredondo instaura una discrepancia entre las dificultades comunes y las transgresiones morales y psicológicas. “Unas y otras atienden esa parte oscura del hombre que a ella la nutrió incesantemente a través de sus letras, pero las segundas revelan sus límites y sus profundidades extremas” (Escalante 1998: 137-139). En sus textos hallamos el ensayo de la autora por establecer lo femenino dentro de un sistema de valores, creencias y costumbres patriarcales, que ha apagado, ocultado y negado lo sombrío, lo emocional, la carne, el erotismo, el misterio, etc., y que en conspiración con la religión apartaron al hombre y a la mujer, según sus esquemas de valores y dejaron solo aquella parte que ellos consideraban luminosa, es decir, la mujer obediente, ingenua, sumisa, ingenua, etc.

En la narrativa de Inés Arredondo se observa un expectante análisis por el ser femenino. Un común denominador en su narrativa es, sin lugar a dudas, la complejidad de ese ser inserto en un mundo determinado y la íntima relación que este tiene con el mundo que le rodea. “Cada cuento es un intento de establecer lo femenino dentro del sistema anquilosado de valores, creencias y costumbres patriarcales” (Bradu 1998: 23-25), razón por la cual, para lograr establecer una profundidad en los ensayos de Inés Arredondo se necesita representar una práctica compleja, extraordinaria y también, aunque suene paradójico, placentera. Pues de sus descripciones, emerge como de un acto de amor o de perversión un mundo circundante al que se vuelve poco a poco con una reflexión profunda o con una visión de reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación. Los ambientes en los que surge la perversión involucran un sistema de crónica dogmática, el cual da lugar a los quebrantamientos. En el religioso: la Ley de Dios; en el moral: la razón, las tradiciones; en el jurídico: el derecho; en el sexual: una conducta íntegra.

En ella la acción del perverso se desenvuelve a partir de transgredir y violar a la oposición, al contrario, pero no en combatirlo; por el contrario, necesita de él para ratificar su proceder perverso. Desde este mismo punto de vista, la perversión se relaciona con la abyección, con relación a las conductas que someten o que se dejan sojuzgar. Las conductas tienen, en principio, un sentido adecuado. Por algun acontecimiento, hay un momento en que esa orientación sufre un disturbio, de esta manera, la perversión es un fenómeno complicado que afecta a lo sexual, político, social, espiritual; este fenómeno siempre ha estado presente en todas las sociedades humanas. Las vidas de los perversos se consideran innombrables. No obstante, desde finales del siglo XVIII la situación cambia:

Niños demasiado avispados, niñitas precoces, colegiales ambiguos, sirvientes y educadores dudosos, maridos crueles o maniáticos, coleccionistas solitarios, paseantes con impulsos extraños (…) Trátase de la innumerable familia de los perversos, vecinos de los delincuentes y parientes de los locos. A lo largo del siglo (xix) llevaron sucesivamente la marca de la “locura moral”, de la “neurosis genital”, de la “aberración del sentido genésico”, de la “degeneración” y del “desequilibrio psíquico (Foucault 2009: 53).

En la obra de Inés Arredondo se mantiene una inquietud constante por la mujer, así como, por el discurso femenino, este común denominador en sus cuentos y ensayos es, sin lugar a dudas, la complejidad del ser femenino inserto en un mundo determinado. Otra constante en sus textos, irremediablemente ligada a la mujer, es el erotismo. Al respecto dice Enrique Serna: “La paradoja de que la felicidad lleve dentro el germen de su propia destrucción es fundamental en la narrativa de Inés Arredondo y está directamente vinculada con su visión trágica del erotismo.” (Serna 1996: 265-272).

Para Inés Arredondo la literatura es existencia y subsistencia que se cristaliza en materia narrativa. El discurso, a través de la voz narradora, de los personajes, así como de la atmosfera, refleja la concepción que la escritora tiene del mundo y de la mujer, al igual que las ataduras sociales que han ceñido y determinado su mundo.

El ser humano del siglo XX, en particular la mujer, se sitúa a la perfección en los textos narrativos y ensayísticos de Inés Arredondo y desde ahí nos transfiere la deshumanización, la desacralización, la pasión, la soledad, la transgresión, la ambigüedad, la sexualidad, el erotismo, la ruptura del orden y todo aquello que experimenta. En sus obras, el lector o la lectora anticipan la profundidad secreta de la esencia íntima femenina, a la cual examina y ausculta minuciosamente. La existencia, el destino que se delimita o cambia, el sentido de la vida, se expresan mediante el descubrimiento, la imaginación, la ironía, el símbolo y un lenguaje culto, poético, que trasciende porque puede traspasar fronteras, limites, y llegar hasta lo inimaginable.

Género y palabra

Inés Arredondo escribió cada uno de sus textos en la concepción de su género, palabra por palabra, línea tras línea, con la especificidad y el respeto de un artífice provocado y provocador. Los escribió desde una intención biológica e individual corrigiendo los más mínimos detalles, dejando que los textos emergieran por sí solos en ese esencialismo femenino hasta que alcanzaran la madurez que perseguía. La perfección literaria que buscaba siempre en sus textos, en un ejercicio permanente, de obsesiva pulcritud y perfección.

Emprendió temas complicados y vetados dentro de las letras mexicanas de entonces, como el incesto, la perversión, el erotismo, el aborto, la homosexualidad, la locura, el amor destructivo, el triángulo amoroso, la pasión con desenfreno, la corrupción, la orfandad y el auto sacrificio desplegando en sus narraciones un mundo doliente que no le era ajeno; un mundo de individuos solitarios, indefensos, enfermos, despostillados, infectados, mutilados, deshumanizados o maltrechos, que abundan por la cartografía de ese “El dorado” que le sirvió de atmósfera para sus explicas y que ella construyó piedra sobre piedra y sombra tras sombra, sabiendo que creaba un lugar mágico y maravillosos, aunque terrible al mismo tiempo.

Inés Arredondo supo que para crear debía de abandonarse arrebatadamente a la creación literaria y así lo hiso, porque sabía que sólo allí hallaría la paz de la sabiduría. Conferida al arduo juego de reformarse a través del lenguaje, escribió muchas de las mejores páginas que hayan podido cifrarse en las letras mexicanas. Cuentos excelsos por su excesiva perfección. Ensayos magníficos, por su análisis profundo y sincretismo, Textos diversos —siempre agudos y francos— escritos al filo del abismo, sobre un espacio extralimitado de realidades indecibles y que producen mareo al tiempo que cautivan, que destellan hasta deslumbrar.  

De acuerdo con lo anterior, para llevar a cabo el análisis de sus narrativa se ha decidido recurrir a una metodología diversa, que aborda la obra de Inés Arredondo desde distintas perspectivas; para ello nos apoyamos en teóricos del cuento, del psicoanálisis, del existencialismo, del erotismo y, por supuesto, de la crítica que acerca de la obra de Inés Arredondo se ha hecho. Entre los principales elementos del análisis está el del narrador o narradora, que en su caso es principalmente narradora, por considerarlo como un dispositivo clave en el estudio de su narrativa, puesto que rescata un papel esencial dentro del relato, además de que su acción individual, al fin inscrita dentro de una cultura, organiza, pule, enaltece y da énfasis a las acciones, que así, cobran sentido tanto para los personajes como para el lector o la lectora; por otro lado, los personajes, que son mayoritariamente femeninos, representan igualmente un elemento esencial, ya que son ellas –las protagonistas- las que hablan y nos revelan sus secretos que, paradójicamente, resultan descubrimientos para ellas mismas.

El objetivo de este trabajo es descubrir las voces femeninas, sus acciones y pensamientos, develar el universo del ser femenino como protagonista en un mundo de hombres y los motivos por los cuales los personajes no logran la felicidad. Y en este sentido la originalidad radica en descubrir los diversos factores que obstaculizan la felicidad de los personajes femeninos.

El ensayo en Inés Arredondo señala la posición de la autora frente a su escritura, hace un análisis profundo como organizadora de un discurso tematizado fundamentalmente en los ámbitos del mal, la locura, la perversión, el erotismo, la soledad y la muerte. La mirada aguda y perspicaz es necesaria para comprender su centro y girar dentro de su narrativa. Además, encontramos expresiones de imperfección, desamor, desarraigo, desaliento, dimisión, desesperanza y, en otro orden de ideas, frenesí, delirio, insensatez. Expresiones que tienen como finalidad alcanzar una determinación, lograr a través de la libertad social y moral de alcanzar esa autonomía propia dentro de los límites que se imputa a la mujer y que refutan la hipótesis de la feliz conclusividad del ser humano, con base en lo anterior, en este trabajo pretendemos mostrar como en los textos de Inés Arredondo hay un discurso y un lenguaje que revelan la complejidad del ser humano femenino.

El trabajo como reseñista y crítica que Inés Arredondo llevó a cabo en sus publicaciones no sólo respondía a un impulso generacional. También nació de una inquietud y de un interés personal por consolidar su oficio, en sus textos, redactados a propósito de un libro o de una puesta en escena, por ejemplo, ella suele asumir una posición franca y reflexiva ante lo que lee o comenta, como si, en el fondo, al juzgar los trabajos de los demás, no quisiera sino evaluarse ella misma como escritora para sacar de esas lecturas analizadas una “lección” y una postura individual, básicamente estética, que pudiera nutrirla de nuevas experiencias para aplicarlas más tarde a sus propios ejercicios narrativos. Y es que, si bien en el medio literario el trabajo cotidiano como reseñista comúnmente es considerado un ejercicio “menor”, que apenas se valora por el automatismo que implica redactar un texto semanal o mensual o por el sueldo fijo que representa colaborar con regularidad en alguna publicación, el contacto frecuente con otros autores y con otras obras es el que le da al escritor una disciplina que normalmente consolida su oficio. Inés lo sabía, de allí que escribiera:

Sentir que lo han comprendido a uno, que el mensaje ha llegado, es uno de los placeres más grandes que puede haber. E imaginar que por una nota periodística, por una traducción, por un disco de Voz Viva de México, habrá más interesados en un autor causa siempre una sensación muy especial” (Arredondo 2002: 124-139).

Voces femeninas

Podemos analizar que las relaciones que emprenden las diversas voces femeninas en Arredondo y en sus personajes se construyen y se desenvuelven en amores atípicos y excéntricos que de ninguna manera aspiran a una integridad edénica, y se hallan bastante inspirados de una  realidad terrenal y de la inmundicia humana. La pasión carnal, el desgaste habitual de la conciencia y de las relaciones amorosas, la desgana espiritual e intelectual son factores que deterioran el vínculo de la pareja.

Es importante destacar, por otro lado, que aunque la idea de lo material está presente en algunos personajes, no es un elemento que establezca un impedimento de una relación satisfactoria. Es el factor más exterior y palpable para destacar la parte más oscura en las relaciones que presenta la autora y ligar esto a la clausura, al rencor, a la egolatría y al individualismo de los personajes, pero lo primordial se desarrolla al presentarnos una introspección de los múltiples problemas internos que tiene cada uno de los personajes y como las voces dentro de las mujeres se desarrollan con una carga social que es adquirida durante la infancia debido al entorno dónde esta transcurre  y son estos conflictos interiores los que afloran en cada uno de los personajes femeninos que representan esa búsqueda interior. Porque es en este lugar donde se encuentran las verdaderas razones de la incompatibilidad.

La preocupación de Inés Arredondo por los conflictos internos dentro de los personajes femeninos nos hace suponer que el foco de interés que ella busca se localiza en el interior de sus personajes. La condición humana y contrapuesta de éstos y en general, la reflexión a la que impulsa y motiva la mayor parte de su literatura, ratifica el carácter existencial de los conflictos y la búsqueda interior dentro de los personajes. La misma autora resalta ese representación humana y existencial de su narrativa, en su autobiografía titulada La verdad o el presentimiento de la verdad: “No solamente quiero tener para hacer, sino que quisiera llevar el hacer, el hacer literatura, a un punto en el que aquello de lo que hablo no fuera historia sino existencia, que tuviera la inexpresable ambigüedad de la existencial” (Reyes 1989:37-38).

Es por esta razón que sus personajes constantemente están inmersos en emociones contradictorias e intrincadas que muestran la constitución natural del ser humano, de las relaciones que entre ellos se presentan y se desarrollan, nada es sencillo dentro de las tramas que desarrolla Arredondo, nos imbuye en relaciones profundas, obscuras y complicadas. Hemos visto que el misterio del mundo, la angustia, la incertidumbre, son algunos de los conflictos existenciales de los personajes de Arredondo.

Se puede deducir que en Arredondo prevalece una búsqueda interior, sobre todo se subraya en los personajes femeninos. Hay un acto de renovarse a través de las experiencias dañinas que sufren a lo largo de las historias, otro aspecto a resaltar es el poder sexual y erótico de los personajes que se enlazan con el deseo, lo clandestino, lo secreto,  lo culposo e inmoral, lo reprimido por la cultura y la sociedad, en este sentido puede decirse que Arredondo afronta la experiencia literaria de los límites y de este modo se relaciona con los estudios de Bataille y Kristeva sobre el erotismo, la transgresión, la perversión y el derroche.

Inés Arredondo es considerada como la única mujer escritora de la llamada Generación del Medio Siglo Mexicano, mucho más lejana por su insurrección a las feministas de reivindicación de las escritoras mexicanas del siglo XX, Inés Arredondo es simplemente una de las mejores narradoras de México, tal como en una de sus últimas entrevistas se autoprofetizó: “Quiero ser uno de los mejores narradores de México junto con los hombres” (Arredondo 2009). Ante esta tácita respuesta acerca del papel que desempeñaba en el mundo de las letras mexicanas, para ese entonces entusiasta de un éxito apremiante, y aun cuando su producción literaria era escasa su legado tampoco ha sido de uso exclusivo para incluirla en la literatura propiamente femenina, al contrario, pues tal como menciona Miguel Ángel Quemain: “Quería ser el mejor escritor mexicano y combatió, el estúpido prejuicio que distingue entre literatura y literatura femenina”. (Quemain 2009: 27-38) Es más, ella misma descartó más en otra entrevista cualquier asomo de duda al respecto: “…no creo en el feminismo, no existe para mí… A mí me gustaría estar entre los cuentistas, pero sin distingo de sexo, simplemente con los cuentistas” (Ribera 1987:37-62).

Inés Arredondo es transgresora no sólo en su obra sino en su concepción del quehacer literario, pues a pesar de que como comenta Beatriz Espejo, “Nunca tuvo la hoy llamada conciencia de género” sí producía una visión femenina en sus textos, lo que sin duda le otorgan un rasgo más de genialidad, pues como indica Quemaín: “tuvo el valor de convocar a todos sus ángeles y demonios en la misma mesa y hacer del aquelarre un festín de ima-ginación”y muy sutilmente también dejó explícito qué es lo que representa para ella la literatura, y cuál es la veta a seguir en su literatura y, asimismo, su muy particular “defensa” de lo femenino (Arredondo 2009).

Arredondo dejó libres a los demonios del subconsciente a través de perfectos y sombríos textos. Aunque la mayoría de sus protagonistas son mujeres, casi todas son víctimas de un padre, un hermano, un esposo o un amante; en su narrativa brillan por su ausencia elementos perpetuamente ligados a lo femenino imponiéndose la pasión, la muerte y la perversión. Es directa, incisiva, incluso cruel, pero siempre sutil, maliciosamente sutil. ”El verdadero fuego quema sin anunciarse” (Escalante 1998: 137-159), respecto a la narrativa de Arredondo, haciendo hincapié en su empleo magistral del understatement como técnica literaria. Como García Ponce, Inés restringe al máximo el devaneo con la metáfora, lo cual no la exime de ser poética y vagamente filosófica. La anécdota en sí, más que la manera de contarla, es lo que importa para Inés, como señala Graciela Martínez Zalce: “Los cuentos de Inés siguen por lo general la poética de lo siniestro”, (Zalce.1996:).

Las miradas que están en los textos de Arredondo, son miradas perniciosas, intensas, perversas o enérgicas. No son miradas que comuniquen ilusiones, o respuesta a una demanda de amor, sino miradas límite que despiertan en el sujeto que las explora satisfacción, gusto, a veces placer. Es el gozo que le acontece al sujeto cuando se despoja al orden, transgresión que despierta sentimientos de culpabilidad en el sujeto, culpabilidad gozosa porque surge del deseo.

La narrativa de Inés Arredondo se encuentra sostenida por un  sistema de creencias, en el que las situaciones que favorecen lo perverso transforman las normas que determinan el comportamiento, organizando una forma diferente de ver el mundo, donde gradualmente se rompen las reglas que controlan tanto el pensamiento como las acciones de los personajes. En esa búsqueda de sentido, la mirada es uno de los ejes por los que Inés Arredondo lleva a cabo un recorrido que va de la culpa a la redención por medio del pecado, tras el crecimiento intelectual.

De acuerdo con Bataille, la disposición que excede los límites de lo prohibido está siempre en constante transcripción, ya que crece a la par del ser humano y se forma y crece de acuerdo a la incesante ruptura de la afirmación de la cual es sostenida. Esto lo encontramos en la narrativa de Inés Arredondo, debido a que sus protagonistas, voluntaria o involuntariamente, se enfrentan a su universo, hasta que logran habitar en ese espacio que se encuentra más allá de lo determinado, donde es permisible alcanzar el grado máximo de placer en esa relación amorosa.

El mundo narrativo propuesto por Arredondo sale de los parámetros normales y establece un nuevo paradigma en el cual el bien ha sido trastocado por el proceso que reclama la perversión y transformado por éste. Al respecto Kristeva dice lo siguiente:

Fascinado por lo abyecto, se imagina su lógica, se proyecta en ella, la introyecta, como el sentimiento de la abyección es juez y cómplice al mismo tiempo, gualmente lo es en la literatura que se le confronta. En consecuencia, se podría decir que con esta literatura se realiza una travesía de las categorías dicotómicas de lo Puro y lo Impuro, de lo Interdicto y del Pecado, de la Moral” (Kristeva, 1988:25- 26).

Por lo anterior, podemos decir que la escritora no hace sino seguir las fluctuaciones del deseo, el cual es el origen del sufrimiento. Los temas que abarca la totalidad de la obra de Inés Arredondo (34 cuentos) se concentran alrededor de seis ejes: la pasión, el amor, el mal, la pureza, la locura y la muerte. El sentido que ella explora a través de la mirada del otro es el sentido que en sí mismos encarnan los personajes de sus tres libros: La señal (1965), Río subterráneo (1979) y Los espejos (1988). Para tratar de comprender la narrativa de Arredondo es básico seguir los postulados de Bataille, de  Freud o de Nietzsche.

Podemos concluir que la narrativa en Inés Arredondo es una indagación de la conciencia en diferentes sentidos en los que podemos vislumbrar la ausencia transcendental de sentido humano, trata las emociones más íntimas y profundas del ser humano, crea una dirección que da a sus textos a partir de su propio orden formado dentro de su obra, ante la ausencia de respuestas en sus personajes. Esta forma el arte le da dirección a la vida que representa. En este amplio panorama convenimos a contextualizar la obra de Inés Arredondo y de otros escritores de su generación.

Es destacable que ante la discordancia en el orden real, la artista opone la forma de su universo artístico; la escritura y su forma literal es el único absoluto a su alcance. Esta autonomía de la forma se acierta en la misma obra, es en este aire lucido sobre la forma literaria donde se defienden los recursos centrales en la escritura del símbolo, el sarcasmo y la ironía de lo terrible.

Inés Arredondo encontró en el ensayo, así como en la prosa breve, una manera de transmitir su efectividad dentro de la literatura, su obra ensayística posee un sinnúmero de méritos literarios y humanos, entre los cuales despunta el interés y la preocupación por el universo femenino. El hecho de abordar su obra desde una perspectiva crítica, de estudio y análisis crítico, confirma que la literatura puede ser apacible o sosegada, pero también oscura y angustiante. El análisis literario de sus ensayos contiene enormes posibilidades, analizar su ideología resulta tan profundo como la fantasía con la cual la escritora se desarrolló. Se puede abordar desde muy distintos enfoques y puntos de vista.

De un solo cuento es posible extraer un gran material para ser examinado y descubrir los motivos por los cuales los personajes femeninos se desarrollan en voces poéticas oscuras y que no logran la felicidad y es en este sentido que la originalidad de la escritora consistió en descubrir los diversos factores que obstaculizan la felicidad de los personajes femeninos. El análisis literario resultó eficaz para desentrañar la verdad‖, el secreto de cada relato, construido bajo una estructura aparentemente clásica. Es decir, sirvió para dilucidar la complejidad de las mujeres que narran o de quienes se narra. No cabe duda de que la gran inquietud literaria de Inés Arredondo se centra en la inagotable exploración por los rincones del alma, el espíritu o la imaginación femenina, que supone, como en este caso, una tarea meticulosa y ardua.

Los diversos caracteres y los variados espejos que componen el fondo y la forma de cada personaje y su voz interior reflejaron un gran valor para penetrar y explorar el enorme depósito de asombrosas realidades que se presentan en la profundidad de los ríos subterráneos, de incesantes aguas turbulentas, que representan las vidas o las fracciones de vidas de los personajes femeninos que protagonizan las historias.

El contexto físico no está elegido al azar dentro del desarrollo de la historia. Arredondo usa siempre cada palabra con un contenido profundo, ubica cada elemento dándole una profundidad precisa hasta lograr una triple y admirable fusión entre paisaje, circunstancias y personajes. Por esta razón, los personajes se observan incapaces de poder ver en su interior lo que no quieren ver porque temen reencontrarse consigo mismos, mujeres sobajadas que no quieren cambiar su situación porque temen quedar desamparadas y en soledad.

Respecto a la manera en que se desarrollan sus personajes dentro de su entorno y dentro de todas estas facetas, lo que sobresale en la narrativa de Inés Arredondo es la forma en la que describe las emociones y las alteraciones de dichos personajes y la manera de acercarse a cada uno de ellos por medio de los sentidos, especialmente por el sentido de la vista y el gusto, provocando diversas reacciones que, algunas veces, terminan en perversión. Pero también observamos en todos ellos heridas que los han marcado, dejándolos confusos y cansados de la vida, huellas dolorosas con las que nos dan a conocer sus sentimientos e intenciones, que es lo que quería hacer la escritora con las señales que recibía para pronunciar en sus historias sus sentimientos, pues ella siempre necesitó una señal para escribir o hacer algo. Esas descripciones nos llevan a transitar por vidas y caminos desequilibrados, excéntricos, paranoicos, frenéticos, delirantes, furiosos, pero también llenos de placer, de sensualidad, de erotismo, de goce, de lujuria, de éxtasis, de hastío, de dolor y de tristeza. Una narrativa en la que todas estas emociones encontradas nos envuelven para disfrutar de las historias que nos llevan de la mano a un mundo de misterio con un desenlace inesperado en la mayoría de las veces.

Inés Arredondo, con su obra, logra trastornar al mismo tiempo que lleva a una reflexión pues se puede apreciar que los elementos que habitan la desdicha operan en casi todos los relatos, en algunos como conflictos interiores dentro del ser humano y su existencia, en otros, problemas como el incesto y en otros dirige la atención hacia el erotismo, la culpabilidad, la decadencia hacia lo sagrado, pero siempre llevando a la pasión en un camino que desemboca irremediablemente hacia la fatalidad. Además, debemos tomar en cuenta, que Inés Arredondo se ha dado a la tarea de mostrar realidades, intensamente bruscas y anormales, narradas desde una perspectiva muy femenina, dándole una voz de mujer, y de esta manera logra recrear un mundo lleno de extravagancias y extrañezas, mostrando la cosmovisión femenina ante estas situaciones.

Exceder y fragmentar los límites del apego, la pasión, el bienestar, la libertad u el amor es lo que buscan muchos de los personajes en los textos de Arredondo; buscan lo incondicional, lo absoluto, el ideal de una plenitud quimérica en el amor pasión, tal como lo expresó en una entrevista: ―En el amor pasión que yo trato de captar a veces vivido por uno solo de los personajes, hay siempre una búsqueda de lo absoluto. Eso siempre termina en locura, perversión, exterminio o muerte, aunque la locura consista únicamente en seguir viviendo para sí mismo, esa pasión‖ (Bradu 1998: 9).

En lo personal considero que la mayor contribución de Inés Arredondo, está en mostrarnos el deseo, el erotismo y la sexualidad como innovadores y trascendentes en la literatura mexicana, inclusive turbulentos en tanto nos presenta una fractura en una sociedad conservadora como lo es la mexicana.

Podemos observar, que Inés Arredondo le otorga una particular atención al universo femenino. Sus discursos y conflictos continuamente resultan más profundos y angustiantes. Esto permite afirmar que la dificultad de compenetración se intensifica más en los personajes femeninos. Esta soledad se agudiza y agrava en la constitución femenina, ya que la autora proyecta una soledad, tanto en familia como en la pareja, de una forma más amarga y desoladora.


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Beatriz Saavedra Gastélum. Poeta mexicana. Egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestra por la Universidad de Barcelona ub en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Autora de cinco libros poesía, su obra ha sido incluida en diversas antologías, revistas y periódicos nacionales e internacionales. Sus poemas han sido traducidos a lenguas indígenas, francés, inglés, holandés y alemán. Fue finalista del Concurso Vivir Soñando España 2005 y obtuvo una mención en la Asociación de Poetas de Argentina apoa. En 2015, fue distinguida con el Galardón Sinaloenses Ejemplares en el Mundo, en el ámbito cultural, otorgado por el gobierno del estado. Radica en la Ciudad de México. Ha realizado estudios en literatura, poesía, historia y filosofía. Forma parte del consejo directivo de la Editorial Floricanto, donde ha participado como editora en más de 23 libros. Fuente: Enciclopedia de la Literatura en México (f,l,m). Fotografía: Facebook.

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