Poesía mexicana actual: Mónica Zepeda

RAÍCES DE LLUVIA

Soñamos con beber belleza del silencio,
como quien brinda sus párpados al fuego
para contemplar raíces de lluvia,
de estética en la tierra.

De nuestras manos hacemos cuencos
y entre los cuencos escurren o se evaporan
incandescentes vientos del Fénix y la brasa,
partícula a partícula,
molécula a molécula.

A veces, sólo por dirigir los ojos
a otro cuando
en que no se halle el rastro de su ausencia,
nace un símbolo de bendición,
de agua de sí.

La palabra se agrieta,
nos sabe a manantial.

Y entonces el silencio bautiza nuestras lenguas.

MURO COLINDANTE

Ni tira adhesiva, ni impedimento.
El silencio no es mordaza. Es éxodo.
Un incorpóreo muro colindante
entre personas y palabras. 

A pie de página y de obra,
ladrillo tras ladrillo, se edifica.
Por vergüenza a quedarse
mudo, se demuele,
toma sus escombros,
los echa sobre su espalda.
Cuando le pesan, los arrastra.
En la garganta, los arrastra.

Ni blanca indiferencia, ni cese, ni omisión.
Va despacio en espacio.
No sé si llega, yo sé que viaja.

Ondea vientos de hermandad y absolución,
sigue siendo o fue mi patria.

Tela de bandera, luto quizás a media asta.

SAL ABIERTA

Dos repetidas noches hoy son distantes.

No eres él, no, ni tú.
Tú no eres tú conmigo.

Cristalizadas olas de sal abierta
embarcan en aquel muro,
donde rasgué mi esquife y mis muelles,
junto a la cama de concreto de una prisión.

Bogo hacia faros ahora extintos,
bogo, ay, en esta celda,
con las rimas hechas de pubertos
casi jóvenes abetos.

No eres él, no, ni yo.
Yo no soy yo conmigo.

Dos repetidas noches hoy son distantes.

Hoy son distintas
nuestras dos hembras
libertades.

ADVENIMIENTO

Era el advenimiento de la mano,
permitirse acariciar por otoños amputados,

volver sumiso al vendaval
y en un ánimo estrujarlo.
Segar, plausible, el sol, 
ilusorios siglos ya trazados.

No era armarse de estertor
tras caminar confiado hasta el armario.
Ni un estruendo de vísceras y plomo,
ni un pretérito de párpados.

EL HORIZONTE EN MÍ

El horizonte me posterga, como en aquella sombra
ya marchita, con la misma generosidad de una mañana nueva. 

El paso cauteloso de la vida, los arrasados cantos de los ríos,
constelación de estrellas en el mar, el horizonte en mí después, después
y ahora en mí el horizonte. Con la misma generosidad, y extendidos yermos,
y un alud recién nacido. ¿Qué gratitud podría ofrecer el cuerpo?
Seguir aún; y sembrar, mientras se acerca el fin, la mañana nuestra,
pero difusa. Sembrar el añil en vuelo de la tarde y, aunque no logre aflorar, 
no impedir aquel sueño furtivo de la grana. Y el rostro se ilumina, 
porque procuró ser la mañana una tenue realidad.


MÓNICA ZEPEDA (San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, 1987). Licenciada en Literatura y Creación Literaria por Casa Lamm. Meta-NLP Master Practitioner por The International Society of Neuro-Semantics. Es autora de Si miento sobre el abismo (2014) y Las arrugas de mi infancia (Coneculta Chiapas, 2020; Ediciones El Pez Soluble, El Salvador, 2023). Ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales como Jornadas Pellicerianas 2022 y The Americas Poetry Festival of New York 2022. Parte de su obra poética ha sido traducida al polaco, inglés e italiano e incluida en diversas antologías. Poemas suyos también han sido publicados en reconocidos medios impresos y electrónicos de México, España, Honduras, Guatemala, Perú, Bolivia, Colombia, Chile, Estados Unidos, Italia, Puerto Rico y El Salvador.

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