Poesía mexicana actual: Satriani Durán Vázquez

DÍA DE LAVANDERÍA

Tengo un pleito casado
con el ciclo de lavado:
no le entiendo, jamás le he hecho caso.
El polvo del jabón que entra a mi nariz
que me hace estornudar
no es como la coca, no es como el cristal…
los minutos, los segundos,
u
n
o
a
u
n
o
gira el ciclo cual matraca
andando en círculos perfectos
de mugre, trémula espuma,
suavizantes y algodón.
El peso del agua en la tela,
el naufragio de mi pantalón,
morusas, pelusas, cartón,
jamás un peso.
¡Ni qué decir de los billetes!
No resisten la primera lavada del mes.
En otros lenguajes la ropa se lava y
se destiñe igual.
Quizás por eso no entiendo los botones,
peleo con las perillas y sueño que
mi castigo tras la putiza policial y
el internamiento, era un tanto más amable
más cordial.
Porque
¿Qué culpa tiene uno de los ríos incontenibles que anegan la casa y la paciencia?

¿Qué culpa tengo yo de que el agua puerca despinte de todo menos la eterna
polución de las prendas que se pegan y nunca han sido confortables?
Lavadora cruel, impersonal.
Alguien perdió el gancho
que sujeta la manguera y
la debo sujetar yo para
que no se pierda
porque pierde el movimiento
del motor inmóvil que yace mojándose
tras figuras que mojándose se aferran
a seguir sucias.
Lavadora infiel, animal,
que ruge segundo a segundo
en vuelta errática, anormal,
antinatural…
Te odio lavadora, te odio secado a sombra,
secado al sol, tendedero pa colgarse…
vasos
gramos
pasos
dosis
mierda.

MIERCOLES SEIS DE DICIEMBRE DE 2023
Solo, bajo la lluvia en un mundo frío,
oscuro, aterrador…
Donde todos son terriblemente conocidos,
donde todos son horriblemente familiares,
escogiste de última morada una verde entre semana;
cuatro ruedas,
mucho ruido y
el dolor…
Ese insondable horror que arde,
que muerde,
que chilla agudo
en las resonancias de mi alma.
Alma que me recuerda que
está cuando menos la quiero,
cuando se presenta pa dormir al perro,
para sentir estos infiernos que no tengo.
En las sombras los ojos queman,
los veo: veo el dolor, veo la sangre,
de fuera entrañas que no explico cuáles son.

No las puedo señalar en un mapa corporal
ni en un aparador de carnes del mercado.
Y llueve y te riegas.
Sé que tengo algo de ti en mis tenis;
Una oruga y un ciempiés; un recuerdo
y la impresión: luceros del averno,
es la calavera que se muestra ante nosotros
y se posa
y se ríe
y se queda quieta esperando hacia el espasmo
y cuando gritas
«¡Adiós!»

¡Adiós, hijos de puta!
Aquí se quedan a sufrir
La insufrible vida,
la perra vida patas pa arriba.
Y yo me quedo y tú te irás
a la noche de enero,
al cielo de los perros
por travieso, entrometido,
por ingenuo y juguetón.

POR SI ME PIERDO…

Mira, mija:
si me pierdo, si me matan
o me buscan, no preguntes,
no hagas nada, no contestes.
No te muevas por mí.
Porque te pierden,
porque te matan o te harán llenar
un formulario de denuncia;
una entrevista con los medios…
Encarte burocrático que
pesará en tu alma ilusa,
intranquila, por el resto
de tu vida, por los siglos
de los siglos, amén.
Búscame, mija, mejor
en las Palmas, en misa de ocho a tres.
Ve al Parque Morelos, Río Colorado,
Alcalde y San Juan.
Indios Verdes, Insurgentes,
Tlalnepantla, Ecatepec.
Búscame en el pederasta,
el feminicida, el insecticida…
En el crimen irresuelto.
En el wey que se fuma la vida
en segundos sentados y amarillos
por el vagón del tren de división
a Mezquitán.
Pregunta por los días de abril,
por el camión atestado de mierda humana,
paridora irresponsable del demonio.
Pregunta por mí en la morgue,
en la iglesia, en transparencia,
a ver a qué le tiran,
a ver a qué le juegan.
Pregúntale al migrante que te pide de comer
o al pendejo que te da para coger.
Tenía nexos con el narco, una banda criminal,
una gorda cuenta en Suiza y
una sala en tribunal.

Nadie sabe, nadie supo y todo fue
una farsa: jamás existí,
fui tan solo un sueño
guajiro, mojado, inalcanzable…
Ve a ver si ya puso la puerca
en el sol de nuestros besos.
No me busques si no
es que encuentras
una fosa harta de huesos.


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