Si pudiera escoger
el lugar de la herida
escogería la mesa
la silla inhabitada
la taza sucia con el
pocillo de café
porque
el lugar de la herida
es siempre
donde fuimos felices
*
Nunca me he comido
un quelite.
Me imagino que sabe como
las sílabas tónicas
que bailan en
los textos y no van a
ningún lado
solo al amarillo
azul de la nostalgia
*
Nadie tiene por qué saberlo todo.
¿Por qué las hormigas cargan tanto peso
en sus espaldas para hacerle la casa
a una reina que no duda en matarlas?
Nadie tiene por qué saber de dónde viene
el morado intenso de la berenjena
o a quien se le ocurrió juntarla con el tomate
como si fueran amantes de larga data.
Nadie sabe.
Ni yo sé
si te extraño de verdad
o es el sabor de un buen gelato
lo que añoro.
*
De los puntos suspensivos
a las comas
a abrirte las puertas
y decir que te quiero
porque
las pequeñas cosas
sí importan.
*
Un tamal solo se come
con el café negro
que chorreaba mi abuelo
a las cinco de la mañana.
La niñez vuelve y
yo sonrío.
*
Usted sea, me dijo.
Y yo no supe ser.
Se me había olvidado.

Maricruz Fernández Pérez (Costa Rica, 1968)
Filóloga y Máster en Educación, estudios de posgrado en Literatura Hispanoamericana. Gestora cultural, Directora de la Feria del libro y el arte en Turrialba y del proyecto Turrialba: arte, cultura y ciudad. Facilitadora de talleres de escritura y expresión creativa. Colaboradora de la compañía de ballet Danza Abend y de Turrialba Literaria.
