Tu casa no es trash
es una especie
de galería de arte pretenciosa
la biblioteca del techo hasta el piso
impacta de lleno y nos recibe
varios cuadros
un balcón oscuro
telas que cuelgan.
Saco fotos con la mente
diseño una versión adaptada a mis posibilidades
para cuando me mude a mis próximos
treinta y cinco metros cuadrados.
La música suena fuerte
somos muchas personas
amontonadas en un living
mientras vos
no dejas de hablar
clínica de obra
vuelos a Europa
exposiciones
y me sostengo
en la luz que cae
sobre la mesada
y me sostengo
en el sonido de las copas
chocando contra el mármol
y me sostengo
en las dinámicas impuestas
lugares espesos.
Embestida por el alcohol
sin saludar
salgo a la calle
y ahora que voy tranquila
encuentro el consuelo
en un colectivo de línea
mirando por la ventana
las luces rojas de la avenida
forman un túnel interminable
y agazapada en el asiento
de a poco me hundo
disfruto
lo que hay.
Al descubierto
En una esquina dos personas
se saludan con un abrazo extenso
y pienso en la capacidad implícita que contiene un cuerpo
de amoldarse a otro.
Las manos frías sobre el manubrio
el mismo camino de vuelta:
en la repetición está la tranquilidad.
¿Cuánto tiempo se puede sostener la incertidumbre?
Me acuerdo de la última vez
caminamos toda la noche
la avenida era un túnel interminable
y nuestras manos
podían mantenerse juntas sin esfuerzo
tu ritmo no era el mío
y era tarde
muy tarde
pero estaba dispuesta a frenar
solo
cuando vos lo hicieras.
Destellos
Cuando el sol pega sobre el Paraná
y lo marrón del río se hace color caramelo
y brilla
y el viento mueve bruscamente el agua
para que siga brillando
cuando me di cuenta que tus ojos
son dos almendras apaisadas
y que al sol también brillan como el Paraná
me pasaría todo el dia quieta de frente al río
mirando como todo se aclara
como todo se vuelve un destello.
La promesa de un salto
Me miré la sangre corriendo por las manos
busqué mis dientes con la lengua
y sentí alivio
estaban intactos.
Nada de esto fue mi culpa
pero el sentimiento era inevitable
y mientras volvía a mi casa
repetía como un mantra
esto no me va a volver a pasar.
Mi cara y la suciedad de la calle
mis rodillas impregnadas de asfalto
la continuidad de una caída
que me desmiente:
antesala de un dolor
que perdurará en el tiempo.
Ritual
Me propuse escribir un poema
y me senté callada al borde de la mesa
¿el silencio es un requisito
para invocar eso que queremos?
Estoy descreída de casi todo
y me paso el día entero
sosteniendo la misma intención
me aferro
a un deber innecesario:
escribir poemas.
Hace un rato entre a mi casa
y en la puerta de un edificio
dormían tres personas en un mismo colchón
por un momento pierdo el enfoque
me corro de la escritura
la escena me trae de golpe a la realidad
y me eximo
no puedo hacerme cargo del desamparo.
Quizás sea por eso
que sigo sin escribir un poema.

Gina Tebay nació en Rosario en 1995, estudió comunicación social en la UNR, y dicta talleres de escritura para adolescentes en una biblioteca popular de la ciudad. Publicó su primer poemario “Invitación al vacío” en 2023 con la editorial Halley Ediciones y coordinó la edición del libro “Entre mitos y realidades: La historia del Rosario”, editado por la Municipalidad de Rosario en el marco del festejo de los trescientos años de la ciudad. Realizó talleres y clínicas de escritura con Cecilia Pavón, y Gustavo Yuste.
