Un pasillo puede ser una casa
188 pasos me lleva recorrer la totalidad del pasillo
que llega hasta el patio
te podés perder recto sin curva
de un lado las piezas, la cocina, el baño
en el medio el tiempo que lleva caminar los días
1352 veces lo recorrimos, las mismas que decidimos separarnos
el silencio es ancho no tiene final
los árboles tapan la visual del fondo
no termina como lo nuestro
una puerta dos puertas tres, muchas entradas pocas salidas
en un pasillo pueden vivir los muertos
enterrados bajo un jazmín que florece en primavera
los muertos de abajo rascan
las cáscaras de humedad de las paredes
dejan al descubierto la putrefacción
cajas grandes bolsas de tela de plástico
de consorcio, cosas
muchas cosas apiladas
de muertos de hace poco y de hace mucho
pueden caber en una casa pasillo
188 pasos hay hasta la tumba de mi padre
murió en invierno como ahora
que recorro el interior de la casa que no es mía
y que también puede ser una tumba.
Inundación
una fuerza succiona
las capas capas capas
de tierra herrumbrada,
un río sostiene mi casa
nos hundimos lento de a poco
no hay quien pare la fuerza
que arrastra el agua
y nosotros mientras tanto
II
se rompe todo
el techo se agrieta
los caños no aguantan
la presión del malestar
el cuerpo tampoco y
duele duele duele
el hastío es profundo,
como las pérdidas del país
que ya nadie llora.
Manso camalotal
manso se arrastra el camalotal
hacia mi cuerpo
me desespera el río
que se confunde con el barro
cuando me enterraron viva
en el pueblo.
el cuerpo resiste y enfrenta
el miedo a lo profundo
me atraviesa el río, me atraviesa
el camalotal me esquiva
ya no tengo secretos
dejo que me lleve.
Monte adentro
desfilan moscas saltan lombrices,
los gallos rastreros no anuncian
el amanecer, gritan
el presagio de lo que vendrá
no es fácil, caminar
el empedrado húmedo
monte adentro
esquivo sapos hambrientos
de saliva y mierda
se detiene el verso
en el monte de tu lengua
que ya no me besa.
lo aparente
elevo la cabeza a 45 grados
el cielo busca su tono rosado celeste
miro los lapachos extasiada
el diablo sale en primavera -decía mi abuela-
escupe su baba hace caer las flores
un señor las barre con fuerza bruta
se pegan en sus zapatos en su mano
su gato se arrastra en los restos
de lo que supo ser comida
una paloma aplasta el pétalo
con sus plumas filosas
mi nuca resiste no quiere
que se acabe el cielo.

Cynthia Rodríguez. Nació en Crespo, Entre Ríos, Argentina en septiembre del año 1984. Actualmente reside en la ciudad de Paraná. Es docente y escribe. Ha participado en distintas Antologías publicadas por la editorial independiente Camalote: Campo (2022), Fe (2024) Hogar (2025) y Breve (2025). Ganadora del Premio “Entre Orillas (2025)” otorgado por el municipio de la ciudad de Paraná en la sección poesía. También participó en la Revista N° 6 Ligeia y en el libro literario Antología de feminismo entrelazados: Matorral editada por Flor de Ceibo.
