La fe herida que duele
El corazón
y el trepidante ritmo ahogan la voz de almendras.
Las tijeras
y su caricia de metal incendian la sangre.
Los huesos
y su esencia helada corroen la ruta de los gusanos.
Los ojos
y su estela de luz enceguecen los días del mercurio.
La alegría de los corales
impregna risas en la danza de los náufragos.
Los pájaros transparentes escuchan a Beethoven
devolviendo con eso la fe.
Las manos y su basto desierto
donde se dibujan diminutos soles
guían el regreso a casa.
El filo del cuchillo
y su delicado canto guían por senderos de arena
las noches llenas de larvas.
La risa
y sus miles espejos hacen huir a la muerte,
la fe es herida que duele.
Otras formas de caminar
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez cobijaron nuestros pies,
los ladridos son mariposas traslúcidas
donde los niños juegan a escondidas
mientras los cometas desenredan los sueños.
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez fueron la brújula para nuestros miedos,
los ladridos son arcoíris que desactivan las nostalgias del ayer
reinventando los sueños postergados.
Los perros reconocen los caminos
que alguna vez fueron cometas
que dieron esperanza,
que albergaron el abrazo.
Padecemos cotidianamente
y dejamos de leer entre líneas
y olvidamos que los sueños,
la brújula
y los cometas son otras formas de caminar.
Culpas ajenas
Las piedras lloran
porque se resisten
a sentir en sus sienes
el aire que las transforma
en monstruos,
no está en su esencia
teñirse de rojo,
extrañan los laberintos
nupciales de la selva,
la caricia sutil del mar en calma
o el saludo a destiempo del caminante.
Las piedras lloran
porque no está en su esencia
limpiar culpas ajenas.
Los ojos de mi madre
Hoy por la mañana vi los ojos de mi madre. En ellos no vi cansancio, ni penas, ni congojas,
ni largas cadenas de oraciones infértiles. No vi en ellos crucifijos que llenan el corazón de
culpas. No vi en ellos lápidas que hacen sangrar las manos de impotencia. No vi en ellos
salutaciones de dioses falsos y de flores negras que marcan el paso del olvido. En cambio vi
en ellos el reflejo del agua que emana de manantiales vírgenes que sacian la sed y sosiegan
las manos. En sus ojos negros vi cómo la noche se ha instalado porque su mirada irradia
estrellas que no son fugaces, pero sí cumplen los deseos de los brazos que esperan el
regreso. Vi en ellos féculas dulces que riegan los días de bondad y enternecen el caminar de
los primeros pasos. Vi en ellos la mayor de las ternuras que sobrepasa al silencio y continúa
a pesar de la muerte.
Los que verdaderamente viven
Al cementerio dicen que solo llegan los que mueren. Sin embargo, he visto gatos negros
que se pasean y recobran las flores y sus pétalos que se convierten en los epitafios para los
que aún viven. He visto hormigas afanosas entre tumbas vacías y entre sus patas se
descuelgan los llantos de los que aún viven. He visto zancudos que rondas las horas de la
locura y entre sus alas llevan el peso de las culpas de los que aún viven. He visto a los
zompopos que rasgan las rutas de los pistilos y seducen a la tarde con sus vómitos de arena
y con ella sepultan la ignominia de los que aún viven. He visto a la tarde que huye de las
fronteras del cementerio y entre su falda de colores lleva pedazos que huelen a vida.

Rudy Alfonzo Gómez Rivas. [Aguacatán, Huehuetenango, Guatemala. 2 de julio de 1977]. Docente, escritor, editor, gestor cultural. Premio Especial de Monólogo Teatral Hiperbreve Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes» 2008, Madrid, España. Primera Mención con la obra «Aves de Papel» en el Certamen Internacional de Poesía Premio «María Eugenia Vaz Ferreira» Montevideo, Uruguay 2008. Segundo lugar en el Primer Certamen Literario Internacional «Lone Star» Houston, Texas 2020. Primer lugar en los Juegos Florales Latinoamericanos «Rodolfo Angelino Rivera Escalante 2022», Huehuetenango, Guatemala. Premio Literario Klemens Janicki IANICIUS Polonia 2022. Premio «Władysław» Poznán, Polonia 2023.
