A retaguardia
Nunca volví la cabeza
en la puerta del colegio.
La entrada llena de niños
llorando.
madres con las rodillas
en el suelo
soportaban el peso
de las mochilas.
La mía tragaba en seco
le costaba soltar mi mano
durante unos segundos
memorizaba mi espalda.
Los sábados estaba segura
de que la escuela abría.
La obligaba a llevarme
hasta la verja
para tocar el candado
y me quedara tranquila
mientras ella
aprendía a soltarme.
El verano 1995
es la casa de la abuela
y el portarse bien
que nos piden nuestros padres
cuando se van a trabajar.
Tienes seis y te adaptas
al espacio que te dejo.
Desayunamos con los ojos fijos
en la pantalla de tubo.
Vemos Las gemelas de Sweet Valley
tú quieres ser Jessica
pero yo elijo primero
así que te conformas
con ser Elizabeth.
Con Los Rompecorazones
pasa algo muy parecido
elijo a mi favorita
y te dicto quién vas a ser tú hoy.
Eres la hermana menor
en un mundo gobernado
por mis leyes de once años.
Con los dedos preparados
sobre los botones de play y rec
cazamos la canción limpia
sin la voz del locutor pisando la intro.
Es el triunfo que conocemos
grabado en una cinta
de noventa minutos.
Con esa música inventamos
coreografías que imitan los videoclips
de Los 40 principales.
Nuestra única preocupación:
que la cinta no se enrede en el cabezal
y la melodía no se corte antes de tiempo.
El verdadera milagro es el tiempo
La fuerza del superglue
que une las dos piezas rotas
no sería nada
sin los diez minutos
que estamos dispuestos
a sostenernos en silencio
mientras todo se une.
Tratado de una espera
I
Alimento a una gata callejera
cada día aparece puntual.
Come despacio y se marcha
hasta el día siguiente.
Si alguna mañana no viene
me preocupo
miro por la ventana
esperando verla llegar.
Cuando la puerta sigue vacía
entiendo que corre peligro ahí fuera
y no puedo protegerla siempre.
El amor es un animal libre.
II
Ahuyento a los demás gatos
para que no le quiten la comida.
No la defiendo por débil
cuido su fragilidad
en un mundo que solo premia
el tamaño y el ruido.
Se lame las patas y vuelve a la calle.
Poema para cuando te quedas sin trabajo a los cuarenta
Casi media vida siendo
una planta de invernadero
creciendo bajo una luz artificial
que me quemaba las hojas.
Arrastré mis raíces
por una tierra seca
viviendo solo para dar flores
que otros venían a arrancar.
El invernadero terminó cerrando
y me quedé a la intemperie
con las raíces al aire.
Ahora me detengo a escuchar
es raro sentir de verdad el viento
sin el murmullo del riego automático.
Me observo en el agua estancada
de una maceta vacía
y me da terror.
Dudo que esta versión
deshojada y silvestre
vuelva a adornar
el salón de alguna casa.

María LP (Antequera, Málaga, 1982). Poeta, aunque su currículum diga que ha dedicado media vida a la gestión de espacios comerciales y equipos en dos grandes y conocidas multinacionales. Durante esos años, la poesía se abrió paso entre la rutina y los horarios. Hoy, cerrado ese ciclo, puede volcarse de lleno en la escritura. Su obra, en un tono confesional, explora la memoria, el amor, la pérdida, el vínculo con los animales y las pequeñas certezas cotidianas que sostienen el día a día. Se ha formado en poesía y escritura creativa con autores como Juan Domingo Aguilar y Cecilia Pavón, entre otros, y ha contado con la revisión crítica del poeta Gastón Carrasco de su primer poemario inédito Las mentiras que nos salvan.
En marzo de 2026 participó en el festival online Poesía o Barbarie.
