Poesía peruana actual: Sandra Ramírez Rossel

ACORDES INCIERTOS

Me preguntaron alguna vez quién era mi musa,
será acaso:
¿Las sombras de tus lamentos?
¿La música del piano?
¿Las melodías del viejo saxofón?
¿O las partituras olvidadas en algún ensayo?

Y si las pesadillas rondan a medianoche,
tu música sabe cobijar esta extraña secuencia,
imaginando que alguna vez tocaste el trombón,
bajo el cielo gris,
abriendo paso a las nubes coposas de llanto
que se fruncieron solo por joder,
celosas de nuestra conexión,
y del pacto que firmaron nuestros cuerpos desnudos
en medio del placer.
Oigo tu canto,
heme aquí con inexactitud,
con melodías robadas que el viento no quiso compartir.
Y tus dedos se deslizan suavemente en cada cuerda,
en cada escala del mástil,
simulando paradas en los trastes.

Esta alianza musical nos asoma
en el crepúsculo detrás de las montañas,
bailando con el sonido de un piano,
y en medio del deseo,
mis ojos son tu voz.

CIELO INFINITO

¿Cuál es tu verdad corazón?
¿A qué temer, si en la jaula de nuestros encantos guardamos recuerdos de
terciopelo?
Deseando que los arrullos de las frescas noches de otoño
nos preparen para temples mañanas.
Mañanas que nos regalan algo más que ensueño,
ecos de la noche bañados de desconsuelo,
pedazos de nobleza,
raudos pilares que sostienen alguna barbarie,
alguna osadía no dicha,
alguna pregunta no respondida.
Y mi fuerza se desmorona
con una caricia,
con un detalle,
con una sonrisa.
Recordando que los pétalos de girasoles
los guardé en algún libro de Cortázar,
bañados en aromas de letras,
intentando ser Cronopios,
deseando conocer a la Maga,
aprendiendo a bailar con los Famas,
en un misterioso Cielo infinito.

HOMBRE DEL OCASO

Las pestañan hamacan las perlas
que resbalan titubeando en la verdad
y la brisa reposa
cuando la piel se agrieta
y la alberga en cada poro
exhumando el cuerpo
que apena esta tarde.

Afuera hay sol
pero en el alma; penumbra
y la noche reconforta
cuando alivia el llanto
y el anónimo nombre
se descompone en sílabas.

En el balcón, un reposo
y el hombre
tiene sed de miel,
tiene sed de amor
y tiene sed de piel.

Afuera hay sol
y el alma vuela en el ocaso
ondulando sombras,
y delineando la figura
en papel carbón.
La copa alzada
brinda con el cielo.

Primer sorbo
y el hombre entra en penitencia
confesando los amores
que guardó en silencio.

Acerca la copa,
el segundo sorbo
y las mentiras resbalan
con lentitud
dañando las cuerdas
que alguna vez
profesaron amor
cuando la desolada tarde
le regala verdades
y él desplaza caretas
y templa el corazón.

Acerca la copa,
tercer sorbo,
y él recuerda que su rostro
no es mentira,
que el color de la voz
no fue ilusión
y que los tibios senderos
se exploraron
con deseo y lentitud.

Afuera hay sol,
pero en el alma; penumbra
y las pestañan hamacan
las últimas perlas.

El hombre acerca la copa
y da el último sorbo,
brinda por las verdades
que conjetura
en desilusión.


Sandra Belen Ramírez Rossel, nació el 25 de agosto de 1986 en Bellavista- Callao, Perú. Es Técnica en Gerencia Hotelera con Excelencia (Cevatur-Perú). Es Escritora, Poeta y Narradora de cuentos infantiles.
Presentaciones en la Feria del Libro Ricardo Palma y en la FIL.
Participó en el Taller de Escritura Creativa (Editorial Autómata), publicada en Antologías Literarias, entre ellas: “Lima en Letras”, “Literal”, “Tiempos Modernos I y II”, Antología Poética “Palabras sin Fronteras. Fronteras sin Palabras” de la Universidad Ricardo Palma y de la Antología Poética Virtual “Aislados” (Dendro Ediciones).
Cursó el Taller Virtual “Introducción en el arte de contar cuentos” de la Fundación Chilena Mustakis. Talleres Virtuales Master class: “Introducción al doblaje” a cargo de Torre A Doblaje y del Taller Literario “Inducción al cuento” a cargo del escritor chileno Manuel Pozo, el Taller virtual “Técnicas Narrativas para libros Infantiles” a cargo de la comunidad creativa online Doméstika, y el Taller online de Introducción a la Escritura Creativa, a cargo de Javier Nicolás Santiago.
Autora del poemario “Insomnio de Luna Nueva” bajo el sello de la editorial chilena
Dialecto ediciones.

Poesía costarricense actual: Daniel Araya Tortós

PROFESIÓN DE FE

En algún momento fui a catequesis,
una vez creí en Dios
y ocasionalmente regreso
al pecado de hacerlo.

El tiempo vendrá por nosotros
como quien busque robarnos la billetera
en una casa abandonada
donde caímos por el sueño
y tres pesadillas.

Nuestra única diferencia
ante las otras bestias
es no entender
qué putas hacemos

y destruirlo todo mientras
huye la respuesta.

Si hubo o hay alguien arriba,
nos dio libre albedrío
y quizás nos dice
que nos hacemos las pajas mal.

La viga siempre está
en nuestro ojo
y el amor y la elección
serán para todos los cuerpos,

y por nuestra sordera
vienen los tornados
en tiempos del bruto humano.

Padeceremos y seremos sepultados
sin resurrección en ningún día
según nuestra estulticia.
Así como manda el cielo.

Estoy sentado a la derecha de la iglesia
y de nuevo cometo los pecados
de creer en Dios y juzgar
a vivos y poetas
en un error sin fin.

Algo así fue lo que entendí
de esas tardes catecúmenas
de dos o tres personas
donde mi fallo fue
no prestar atención.

ANTIMUESTRA

¿Cuándo consideraron buena idea
pintar de negro las entradas?

No hay enmarques, ni pedestales.
Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Pero no mentiré: me gusta ese concepto
de exhibir al desnudo;
como mi velatorio de anoche.

A ver.
Esos pies marinos tienen una uña encarnada
y los pies del niño tienen quemaduras de tercer grado.
Ese gato no se paralizó: está muerto.
¿Nadie recogió los rastros de vodka ni la bala?
¡Aquellas hojas ya están roídas!
¡No todas las heridas curan, carajo!
Al final, aquel muchacho saltó del autobús:
cayó de cabeza.
Muchas veces, se necesita más que abrazos
para suturar las heridas.
no lo digo yo, ¿lo hace mi evidencia?

Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Nunca he tenido ojo para el arte,
solo veo el dolor en él.
Miente quien me llama artista.

Pero la muestra no es ni la mitad
del contenido real. Creo saberlo.
Ojalá la destruyan con dinamita;
pronto.
Quien quiera que sea el artista,
ojalá se desdiga y haga más.

¿Y cuándo consideraron buena idea
pintar de colores las salidas?

INSTRUCTIVO PARA UN ELECTROCHOQUE

En caso de máxima necesidad
o de activación de un Protocolo de Eliminación Espontánea,
proceda de la siguiente forma:

Ate al individuo a sus emociones,
miedos y pérdidas;
láncelas sobre sus brazos,
ojos y
columna

QUE
SUBAN
COMO
ELECTROCHOQUE.

Y no lo deje huir.
La descarga posterior
será meramente protocolaria.

Nadie sobrevive a sí mismo.

Bienaventuranza de la noche

Bienaventurados sean
los que orinan a las 12:40 a.m.
y dejan la luz apagada
a la entrada y a la salida.
Ellos saben cómo moverse
ante la vida.

Se vuelve suicida y engañoso
andar por los túneles para
buscar la
luz la buscar
la luz
y no saber que
el túnel solo sigue.

La vida no es del ojo claro
o de la pierna ágil.
Anda más quien sabe ser ciego
y quien cojea, se estrella y
cae pacientemente.

El sentido de la vida toma
el mismo rumbo de quien
corre al sanitario a las 12:40 a.m.
y orina con las luces apagadas.

Solo hay oscuridad
al otro lado.

Ominosa
oh
impasible
impasable
impensable
oscuridad.
Justo a la hora en que orina Dios.

Bienaventurados,
y mucho,
sean los que orinan a las 12:40 a.m.
Me contó Dios
que ellos ya le descubrieron
la trampa a este juego.


Daniel Araya Tortós, nació en Pejibaye, Costa Rica, el 22 de agosto de 1998. Estudiante de Filología Española en la Universidad de Costa Rica.
Integrante actual de Otro Taller Literario en Costa Rica. Varios de sus textos han sido publicados en diversas revistas a nivel latinoamericano. Además de aparecer en las antologías Y2K (Editorial Estudiantil de la Universidad de Costa Rica, 2019), Nueva Poesía Costarricense (Ministerio de Cultura y Juventud, 2020) y el fanzine de Otro Taller Literario (2020).
Su ópera prima, Reposo entre agujas, fue publicada en el 2019, bajo el sello de Nueva York Poetry Press.

Poesía boliviana actual: Sarah Gonzales Añez

VEJEZ

La casa cumple 80 años
y se viste de fiesta.
En sus paredes de barro
se lucen las grietas.
En el techo, el sombrero de las alasitas
en sus vigas anidan las canas.
Un anillo rodea el jardín,
donde no hay pasto,
ni animales
Solo un poncho de alpaca,
con vértices marcados
tejido de nostalgias.
El patio está oscuro,
los cercos han caído
y por si osa en asomar la lluvia,
un pañuelo negro duerme en el bolsillo.
La casa cumple 80 años
y nadie ha llegado a visitarla.

MARGEN

Los olvidados abren sepulturas,
allí entierran a todos sus muertos.
No hay a quién contar penas en el infierno,
cae la noche, se ausenta la luna.
Si nadie les nota nunca su ausencia,
si aparecen, son fantasmas indeseados.
¿Quién los recuerda? ¿Alguien les reza?
¿A quién engañan los olvidados?
El hambre aprieta, pongan cadenas,
la desnudez de huesos es un anuncio.
Nacen mudos, se tragan arengas,
camino, fusta, tropiezo y llanto.
Los confinaron a líneas sin alma,
por nombres, números les asignaron.
Cuando extendieron las manos abiertas,
no les dieron pan a los olvidados.

Eva (1, 1-5)

Mi dios me insta a decidir,
pero él es una hogaza de pan
que como tantas veces,
me esfuerzo por no vomitar
en ocasiones.
Él me da la mano,
tomo su brazo
y mis huérfanos sistemas
reparten sus vestigios.
Con misericordia me ama,
no quiero parir sus frutos.
Soy Eva.
Yo no creé el pecado,
lo disfruto.
Me castiga,
pido perdón a diario.
Solo reclama mi alma,
le ofrezco la corteza,
antes de que se pudra
y tejan mis cadenas.
En la azul esfera,
entre la espada y el hastío,
mi dios es un molde de barro,
en mis manos está lo divino.

ANGÉLICA

El corazón de mi abuela
está guardado
en un frasco de aceite de cusi.
Cuando ella nos cuida
destapa el amor,
impregna sus manos
y se nos olvida
que duele el alma.
Su cuarto es una vitrina
con piso de periódicos amarillos.
Las ventanas
perdieron amaneceres
y en el umbral de su puerta
se despidieron dos hijos.
La cama está hecha
de retazos.
Cada tela, una vida
y crianza con horneados.
Naftalina para sus años.
Alcanfor para sus pasos.
Mi abuela se queda en el masiaré,
vence las goteras de su techo podrido.
No barreremos sus cabellos en el piso,
ni echaremos a perder sus frascos vacíos.
Nosotros solo estamos de paso.


Sarah Gonzales Añez (1994), de San Ignacio de Velasco (Bolivia). Comunicadora, con maestría en Educación Superior y experiencia en procesos educativos y de capacitación, radio, televisión, periodismo, proyectos sociales y consultoría socioambiental.
Es autora del poemario Muralla Rota (Literatelia, México, 2020). Integra el colectivo boliviano Trueque Poético, dirigido por la poeta y gestora cultural Valeria Sandi. Ha participado en diversos espacios literarios y en el 1er y 2do Festival Internacional de Poesía Joven “Jauría de Palabras” (Bolivia, 2019).
Tiene poemas publicados en los plaquettes Umbral de Palabras (Paracas, Ica-Perú, 2020) y Cruzando palabras (Ángeles del Papel Ediciones, Perú, 2019); el suplemento Puño y Letra (Correo del Sur, Sucre, 2019); en el fanzine Porrazo 2 (colectivo Tintazul, 2018) y en la revista literaria Mal de Ojo (Chile, 2020). Realizó una colaboración poética en la canción Bohemio Cantor, de la banda cruceña Sonata Urbana.

Tres poemas de Antonio Díaz Mola

SITUACIÓN

Algo me has dicho
de amor y pasatiempos,
ya lo he olvidado.
La blanda cama
no es ahora sino espacio
de silencio y luz.
 
¿Eres o no
la que duerme conmigo
y aguanta mis manías?
Música lenta,
las pinzas por colores,
comer callados.
 
Hoy no es la noche
un tiroteo
en los puertos lujosos.
Es noviembre.
Y un libro que había perdido
lo encuentras debajo de la cama.
 
Algún ególatra
feliz, lo abrazaría.
Yo no: otro es mi cuerpo.
 
 
CONFESIÓN

Quiero decir sin complejos: mírame.
Toma esta mano pálida
que ha escarbado tu nombre sobre tierra.
Alégrate si canto y desentono,
acepta el desafío
de habernos entregado a lo imperfecto.
Perdona si no sé
tocar el piano como en películas de amor.
Dime que no me vaya, insísteme
aunque mientas, agrándame el orgullo.
Abre los grifos, mójate los labios
y bésame de agua, de diáfana
sustancia imprescindible.
Toma mi voz, pon luz a las palabras
que a oscuras susurramos
cuando el mundo reitera su jaleo.
Tenemos una vida por delante,
y si me apuras,
una muerte constante en darnos calma.
 

EN UNA OCASIÓN

Aprendí a imitar cómo dices te quiero
en un francés de cuarto curso.

Tenías acento de muchacha rubia.
En tu columna el mástil de la guitarra,
 en tu boca sol y abril y nubes de saliva.

Tus canciones favoritas por la mañana en casa.
La nota mayor del día en el agua,
en la soberana limpidez que corre
por tu espalda de ninfa bajo la ducha.

Hicimos el amor dos o tres veces
y, alguna vez, me tragué el orgullo.

De nuevo alguna vez,
muy al filo de tu hombro,
tuve veinte años y era suficiente.

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Antonio Díaz Mola (1994). Desde los 20 años se inició en la poesía. Estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Málaga. En el año 2019 gana el Premio de Poesía Ateneo de Málaga con su obra El palacio de Laura, y el Premio de Poesía Museo del Vino, con su poema “Para siempre”.