Poesía boliviana actual: Sarah Gonzales Añez

VEJEZ

La casa cumple 80 años
y se viste de fiesta.
En sus paredes de barro
se lucen las grietas.
En el techo, el sombrero de las alasitas
en sus vigas anidan las canas.
Un anillo rodea el jardín,
donde no hay pasto,
ni animales
Solo un poncho de alpaca,
con vértices marcados
tejido de nostalgias.
El patio está oscuro,
los cercos han caído
y por si osa en asomar la lluvia,
un pañuelo negro duerme en el bolsillo.
La casa cumple 80 años
y nadie ha llegado a visitarla.

MARGEN

Los olvidados abren sepulturas,
allí entierran a todos sus muertos.
No hay a quién contar penas en el infierno,
cae la noche, se ausenta la luna.
Si nadie les nota nunca su ausencia,
si aparecen, son fantasmas indeseados.
¿Quién los recuerda? ¿Alguien les reza?
¿A quién engañan los olvidados?
El hambre aprieta, pongan cadenas,
la desnudez de huesos es un anuncio.
Nacen mudos, se tragan arengas,
camino, fusta, tropiezo y llanto.
Los confinaron a líneas sin alma,
por nombres, números les asignaron.
Cuando extendieron las manos abiertas,
no les dieron pan a los olvidados.

Eva (1, 1-5)

Mi dios me insta a decidir,
pero él es una hogaza de pan
que como tantas veces,
me esfuerzo por no vomitar
en ocasiones.
Él me da la mano,
tomo su brazo
y mis huérfanos sistemas
reparten sus vestigios.
Con misericordia me ama,
no quiero parir sus frutos.
Soy Eva.
Yo no creé el pecado,
lo disfruto.
Me castiga,
pido perdón a diario.
Solo reclama mi alma,
le ofrezco la corteza,
antes de que se pudra
y tejan mis cadenas.
En la azul esfera,
entre la espada y el hastío,
mi dios es un molde de barro,
en mis manos está lo divino.

ANGÉLICA

El corazón de mi abuela
está guardado
en un frasco de aceite de cusi.
Cuando ella nos cuida
destapa el amor,
impregna sus manos
y se nos olvida
que duele el alma.
Su cuarto es una vitrina
con piso de periódicos amarillos.
Las ventanas
perdieron amaneceres
y en el umbral de su puerta
se despidieron dos hijos.
La cama está hecha
de retazos.
Cada tela, una vida
y crianza con horneados.
Naftalina para sus años.
Alcanfor para sus pasos.
Mi abuela se queda en el masiaré,
vence las goteras de su techo podrido.
No barreremos sus cabellos en el piso,
ni echaremos a perder sus frascos vacíos.
Nosotros solo estamos de paso.


Sarah Gonzales Añez (1994), de San Ignacio de Velasco (Bolivia). Comunicadora, con maestría en Educación Superior y experiencia en procesos educativos y de capacitación, radio, televisión, periodismo, proyectos sociales y consultoría socioambiental.
Es autora del poemario Muralla Rota (Literatelia, México, 2020). Integra el colectivo boliviano Trueque Poético, dirigido por la poeta y gestora cultural Valeria Sandi. Ha participado en diversos espacios literarios y en el 1er y 2do Festival Internacional de Poesía Joven “Jauría de Palabras” (Bolivia, 2019).
Tiene poemas publicados en los plaquettes Umbral de Palabras (Paracas, Ica-Perú, 2020) y Cruzando palabras (Ángeles del Papel Ediciones, Perú, 2019); el suplemento Puño y Letra (Correo del Sur, Sucre, 2019); en el fanzine Porrazo 2 (colectivo Tintazul, 2018) y en la revista literaria Mal de Ojo (Chile, 2020). Realizó una colaboración poética en la canción Bohemio Cantor, de la banda cruceña Sonata Urbana.

2 pensamientos

  1. Muy bellas letras… Inspiradoras y reflexivas, me encantó.
    Muchos éxitos para su vida profesional, para que continúe inspirando y haciendo reflexionar a la juventud.

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