Poesía boliviana: César Antezana/ Flavia Lima

Los poemas a continuación son de tres libros distintos: Masochistics (2018), Anjani (2020) y
 Polímeros cuir (2021).

                                  de Masochistics


caminos
el rumor de tu cuerpo corriendo detrás
tu silueta apurada repitiéndose en mi cabeza
                                  de pronto
la luna alta, mi almohada, tus labios, mi sexo
trafico un juego de lencería que hurté de mi hermana

sé que ella te gustaba

…

sonidos
una fruta desconocida
se atora en mi garganta
          justo cuando iba a decirte que te amo
y sale por mi oreja derecha y descansa en el barro
dejándome deshabitada

entonces hueca, resueno

…

incrustaciones
tu mano extendida
sobre mi espalda desnuda
mis huesos acomodándose a la sombra de tus dedos
otra vez el ritmo aletargado
de esta vida insatisfecha
que describes violento en mi cuerpo
       con los golpes de tu cadera

…

vestimentas
hierofanía:

toma en cuenta mis desvelos, mi obediencia
asume mi llana intención de hundirte el cráneo con elegancia contenida
nunca en domingo
jamás en la casa de tu familia que con tanto cariño me alimenta
sólo recuerda cuánto me rio de ti
al darme una bofetada que me deje boquiabierta

        pero esta vez hazlo bien
        que quiero acariciar el ardor hasta después de medio día

tersura
te tengo y me tienes
juguemos a ver quién tiene más a quién
yo conservo un zapato tuyo y un par de pañuelos manchados
tú guardas, sin decírmelo, un precioso conjunto de dormir
que te dejé la noche en que me abandonaste en la puerta del hotel
beso todas las mañanas un anillo tuyo demasiado pequeño para ser tuyo
llevas en el bolsillo del saco
unas toallas íntimas para chantajearme cuando llegue la ocasión
tengo tu bolígrafo azul, tú tienes mi media chulla
tengo tu libro de religiones antiguas, tu guardas mi libreta de ahorros
aún guardo ese par de dientes que te arranqué después del almuerzo en aquella concurrida playa
sin que nadie lo notara
tú tienes tres gotas de mi sangre

¿pretendes un listado eterno?
dame tu mano y arráncame vello púbico
no quiero seguir hablando



de Anjani

Te odio
y algunas señales no caducan
se quedan como soplo en el corazón
como paso apurado al borde de la calzada

la imposibilidad de sostener la mano arriba
el miedo de salir a la calle con algo demasiado ajustado
el desagüe que se tapa en un momento extraño
incómodo acaso
el escozor en el ojo derecho
el tropiezo en las piedras levantadas de una calle aún invertebrada a esta ciudad que se regodea
siempre en hacernos a un lado

           Como este vestido que deshilacha su ruedo

¿Puedes destilar los sonidos de los dientes que perdimos debajo de las piedras hembras, debajo
de los universos ambidiestros de los que a veces nos hablabas?

…

Bach amontona sus sonidos y reza como una mantis elegante y rabiosa que susurra el
secreto de los animales
nos desconcierta, haciéndose hierática y agresiva
lista para dar un par de golpes y después echarse a husmear monoxidades de nostalgia
apabullante

       Por esas lágrimas le amaste alguna vez
recreadas en el terso lugar de tus creencias y contra marchas
asediadas por ese grupo de notas histéricas
repitiéndose en grados secuenciales, cada vez más complejas, cada vez más disfuncionales al
sistema linfático y sus coronarias

          Así, más o menos, desapareces de nuestras caricias
          hasta convertirte, poco a poco, en polvo que alimenta a las astromelias

…

Colecciono tubitos de plástico que recojo de las jardineras públicas
          me ayudan a cerciorarme de los algoritmos de la selva desnuda
          los escondo en las negruras de mi piel y nadie las percibe cuando                            c         compro pan, o salgo a
          mar los imaginarios estatutos de la clarividencia que nos regaló mamá



de Polímeros cuir
(fragmento)

(…) ¿dónde lees esta antología de la desgracia, este volumen de chistes mal contados, este
atuendo de lino depreciado que pretende lucir una marca extranjera?

¿dónde repasas una y otra vez este atolladero de frases inconclusas, de retazos incongruentes,
aún desde el punto de vista más desmesurado?

la poesía es una truculenta señora que despierta a media noche y se pone a recitar el orden de las
cosas conforme a la sucesión de los planetas
           por eso la quieres
           porque hay que hacerse cargo de ella

cómo quisiéramos que se encarguen de nosotras
mujeres anonadadas por el tiempo y nuestros cadalsos cotidianos
la ciudad se cuela por hendiduras insospechadas y testarudas
y construye nidos desesperantes
en medio de estas arrugas que apenas puedo disimular debajo de esta camiseta de poliester
somos como rameras de la circunstancia, políglotas y cariñosas
desdentadas y amaneradas

en el fondo nos animan los mismos celos que les son comunes a todas
tan bobas que nos ponemos a veces frente a las montañas
en medio de sus olas y la nostalgia que nos asalta cuando sucumbimos a la intriga policial del
 hotel
a la cita fácil de los taxistas
al piropo descompaginado del adolescente que solo quiere humedecer sus dedos con nuestro
sudor, para luego lubricarse a sí mismo y prestarse a placeres ocultos, guarecido como tú mismo
ahora, por las cuatro paredes de tu cuarto
lejos de los videojuegos
lejos de tus libros de texto
lejos de tu novia
lejos de tus primos
lejos de todos esos espejos que acomodan en las esquinas los calenturientos músicos de jazz que
patrocinan nuestros encuentros

la poesía me excita, como lo hacen las vergas de los ancianos
de los viejos que salen a caminar a pesar del frio
con gestos hambrientos y cara de desdicha pública
-un poco de canela en rama y leudante fresco-

                                            y me gustan

la poesía me salva del acondicionador en el cuarto de baño y de los boleros que la radio
desparrama por toda mi habitación
tan desarreglada como me encuentro hoy, en que no vienes a visitarme
la poesía me aturde, me limpia las heridas y me enseña a hablar una antigua lengua
opacada por el mutismo de las conservas
y me trata como a una doncella
-como si tuviera bonitos ojos-

                                      y eso también me gusta

la poesía me incita a mentir, a remendar el encaje de mi vestido
a evitar la vergüenza de las tardes
          con alguna golosina que se aturda entre mis dientes afilados
                  mientras sonrío tratando de caerte bien

la poesía es mediadora entre mi sensualidad y este pene que delimito eventualmente
que me perturba y que me pertenece de alguna extraña manera

¿te molesta que utilice la palabra pene en estos momentos?
¿aun cuando posea uno extraño, dentado e inclinado hacia la izquierda?
ahora mismo que voy recitando en voz alta lo que escribo
        ¿con cuánta originalidad me puedo preocupar por ti, genitalidad sin         rostro al otro lado
        de la página, animadversión mal planteada, oficio redescubierto
anhelo de humillación
        inclinación por el pollo frito y las flores de plástico?

¿no puedo solo salir de casa y dejar de hablarte por un momento?

lo único que quiero es sentir tu musculatura haciendo esfuerzos sin par sobre mí

sobre este mi cuerpo sumergido en agua de canela y toronjil
¿no me deseas?
¿no me quieres acariciar?
¿podrías tocarme en los lugares que enumero a continuación abusando de tu inocencia?
      pies
         
           brazos

                    tobillos

        detente un poco en ellos

me delata un moretón que no quiero que veas y entonces jadeo para distraerte
        mis rodillas
          mi ropa interior con la etiqueta de la tienda aún puesta
              tanto que me cuido para ti
sigue por mis piernas, largas como genealogías novelescas
y entonces de regreso

                                        pies
                                 nervios
                       jadeo y ropa interior

sólo que ahora, aprovechando el pudor de mis dedos tratando de detenerte, me la bajas un poco
más y sonríes

                                  este juego me gusta

cuando pones música y me preguntas si escuché el eco de tus nudillos siguiendo un ritmo tonto
sobre el respaldo de la cama, hecha de maderas aglutinantes
de selva y escorbuto

¿acaso puedo responder algo coherente, tan constreñida como me encuentro?
¿acaso puedo dejar de pensar en la ausencia de tus dedos y tu tibio escozor, ese que tanto he
ambicionado desde la primera página? (…)

César Antezana/Flavia Lima es parte de la colectiva trans/cultural ALMATROSTE (desde el 2004), de la editorial artesanal del mismo nombre (desde el 2007), coorganizadoras de la FLIA La Paz (Feria del libro independiente y autogestionado). Ha publicado el libro de narrativa Zzz… y los poemarios El Muestrario de las pequeñas muertes (Ed. Almatroste), Cuerpos imperfectos (en el marco del II concurso de poesía Edmundo Camargo), Masochistics (premio nacional de poesía Yolanda Bedregal, 2017), Anjani (editorial Yerba Mala Cartonera, 2020) y Polímeros cuir (segundo premio Franz Tamayo, 2020). Co-organiza el Festival Sudaka de poesía marica y es egresada de la Maestría en Literatura boliviana y latinoamericana de la UMSA de La Paz. Creyente de la praxis anarquista, reivindica el feminismo CUIR en toda su monstruosidad

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