Poesía colombiana actual: Daniel B. Montenegro

PECADO ORIGINAL

Me rezan
con los ojos apretados
y las manos una sobre la otra;
una cantidad infinita de invocaciones.
Cantan, beben y matan en mi nombre.
Me piden volver al paraíso,
la entrada al reino de los cielos.
El descanso eterno y la luz perpetua.
Pero yo estoy apartado del mundo,
lloro en silencio
por el error de haberles hecho
a mi imagen y semejanza.

AUTOBIOGRAFÍA # 14

Yo recuerdo las veces en que transitaba
sin importar que las medias
o los zapatos de tela se mojarán.
Cuando llevaba a los poetas
enfermos en mi mochila o en bolsas de mercado.
Aún tengo ese tufo de abandono
que Hopper dejó en mi epidermis
o las gotas que volaron al chocar entre
las piedras de un caminante sobre las nubes.
Tanta basura se ha quedado en mi cuerpo
que no soy capaz de conciliar una imagen de mí.
Ya no resisto los cambios de temperatura
la humedad o el sol intempestivo.
Antes no importaba que me salieran hongos en los pies
que me enfermara de gripe o me subiera la fiebre;
siempre y cuando la muerte me susurrara voluptuosidades,
acariciando su única cuerda.
Ya es tarde para volver a probar los pasteles de nata,
las papas a la huancaína o las carnes en descomposición.
Mis órganos están suspendidos sobre la tinta seca,
sobre tejidos blandos podridos, a la espera,
no de resucitar sino de fermentarse.
Ya no necesito oxígeno,
todo se lo he dejado a los hongos o las bacterias
que se encargarán de mí hasta convertirme
en un improbable derivado alquímico de la desesperación.

MANTENER LA VIDA

Mi impulso es primitivo
no es nada de lo que me sienta
remotamente orgulloso.
Pero ahí vamos,
Alimentándome de los escombros.
Engordando para año nuevo.
Tendría otras opciones,
como sumergirme en la posteridad
o trabajar responsablemente.
Pero yo prefiero conservar la vida
que los juglares y los dioses
se olviden de mi nombre,
que jamás murmuren mis andanzas
para poder hacerme uno
con el coloquial apretón de manos
de una vida tranquila.
No tengo ninguna otra pretensión
que calentar mi cuerpo en una tarde
con el cielo nublado y amenaza de lluvia.
Esperando a que la brisa de la muerte
desgaste mi cara hasta quedar irreconocible.

SEPIIDA

Me comparo con los elefantes
que se dirigen a su propio cementerio.
Ambos venimos a morir a este mundo desolado.
Estoy hecho de lo que contrapone al mundo
y devela completamente el alma humana.
Mis formas ocultan residuos,
nada útiles ni reciclables.
Casi nadie percibe
que no soy yo el que les habla.
Cada día alguien diferente vive por mí,
cambia de voz y piel,
emulando lo que queda
de mi vida y luego se pierde
atentando contra la suya.

PALABRAS

Encontrarán
solamente
palabras
salvajes
atacándose
entre ellas.
Dirán:
“la poesía
no sirve
de nada”
y tendrán razón,
aunque
ella
recrea
su
existencia
y presta
significados
para lo que
tengan que decir.

*Fotografía por Gabriela Bonilla Dominguez


Daniel B Montenegro

Psicólogo social, investigador de campo y docente universitario. Ha participado en talleres de escritura creativa y dirigido talleres de escritura comunitaria. Algunas de sus poesías han aparecido de manera dispersa en diferentes publicaciones, también algunas de sus poesías han sido traducidas al nasa yuwe, italiano, portugués e inglés. Cuenta con dos libros de poesía Tríptico Árido (2020) y Furia episódica (2022) Algunos de sus trabajos de narrativa también han aparecido de manera desperdiga, hace parte de la antología Águilas y moscas: selección de cuentos (2020) y Cuentos Atómicos: Antología Iberoamericana reciente (2021).

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