Descomposición (I)
Era el mes de tu cumpleaños
te hice tres regalos
justo en frente de la cascada
te regalé tu libro favorito.
Por eso no puse" te amo"
porque necesitaba
cobrar fuerza de a poco.
Puse “con amor” y firmé.
Hoy estará en tu biblioteca
y se lo prestarás
como a mi me prestaste
un libro que te regaló tu ex.
Quizás se pondrá celosa
pero ojalá no tanto
ojalá adivine
que fue escrito con dolor
durante la caída.
Tres regalos
y para mi cumpleaños
vos a penas intentaste uno
tan absurdo que lo rechacé
-no quiero cuidarme la cabeza con un casco-
al poco tiempo, pasado tu cumpleaños y el mío
nos estrellamos.
Vos llevabas puesto el casco.
Yo me fundí con el agua
violenta, deseando el río.
Descomposición (II)
-Vayamos al río - te dije
estábamos en el patio
era domingo y revisabas la huerta
tenías las manos manchadas con oxido
y yo un globo en el pecho.
Desde la reposera te miraba
con un telescopio.
Si hubieses respondido
si te hubieras acercado
con hojas de citronela
o si hubieras volteado a verme
del otro lado del teleobjetivo
hubieses visto que era solo un fruta verde
que se rebanaba así misma
con cada invitación.
Y que solo era cuestión de decir.
Pero no. No dijiste nada
como quien muestra que algo se ha perdido
en las mándibulas diminutas
de las hormigas.
Y yo no oigo
no logro escuchar
más que el silencio quemado de domingo.
¿Por qué no me contestas?
El globo es de cenizas y no quiere derrumbarse.
No me siento amada, llévame al río.
Vos queriendo cambiar el lugar
querés ser el kale
sos como el kale
exótico y saludable, horriblemente mudo.
Y yo, soy como la acelga
llorando con hojas pesadas
con agujeros más grandes cada día.
Miento que tomo sol, para poder seguir
porque quiero entender
cómo fue
que dejaste de responder
por qué me quedo todavía
esperando tu voz
salir entre las cañas
cuándo comenzó mi indefensión
y por qué, por qué, por qué
tu mudez destraba así mi muerte
y me paraliza en tu jardín.
DEScomposición (III)
Me movía en tu casa como un fantasma
pedía permiso
para abrir la heladera
la alacena
para pasar al cuarto.
Anhelaba la comodidad
la confidencia
pero no estaba.
Y pedía permiso a propósito
por si acaso te dabas cuenta
de los lejos
que me tratabas.
DescomPPosicIón (IV)
Y yo andaba detrás de tu languidez
poniendo a disposición
mi robustez
Abrázame, te decía-
Y entonces dejabas que tu brazo libre
cayera sobre mi espalda
que es tan ancha, que es tan fuerte
y apenas lo sentía
Abrázame con fuerza-
Te estoy abrazando, me decías
Y yo me sumergía en los músculos
para sentir en el latido de mis hombros
alguna pista.
desDESdes (V)
Quedaba toda la tarde para andar
paseando con el perro
juntando piedras
haciendo el amor
regando la huerta.
Una tarde entera para nosotros
y me quedé
como quién insiste en ver a los muertos
y entonces allí estaban
y no fuiste feliz
y no fui feliz.
El viento del tren secó mis ojos.
¿Qué hacía sufriendo gratis?
Faltaban meses
para la pregunta correcta.
Mientras tanto en el cuerpo
florecía una granada
y crecían con ella
las mañanas negras.
Cuando llegué a casa
no tenía la tarde toda para mí
solo la noche
y un cantero de pólvora
sobre el sofá.

Rocío (30) nació en Laprida, actualmente vive en La Plata. Profesora de danzas, estudiante de Cs. de Educación (UNLP). Publica su primer libro de poemas Autopartes del Naufragio, en 2017 y Poesías para Abrir en 2019, ambos por SerSeres Ediciones. En 2019 fue seleccionado “Procesar«(videopoema) por el Festival Internacional de videopoesía VideoBardo. En 2022 publica Kintsugi Bazar de Poemas Rotos con Prueba de Galera Editoras. Colabora con textos en Literaria Pandora y Cuadernos de Danza. Ha publicado en Revista Vozal #5, Gambito de Papel, Pantomima Revista, Sisma y en diversos blogs.
