Bajo la lengua, la turba
Antes de ser este cuerpo,
yo era el olvido.
No hubo grito
en mi primer aliento.
Nací mujer,
pero mi sangre
todavía es agua estancada.
Habito la memoria
de haber sido nada.
Estar muerta
era una forma
de pertenecer al suelo,
una paz de siglos.
Pero la luz
ha decidido reclamarme.
Qué difícil
es volver a ser alguien.
Extraño la densidad
de ser musgo.
He vuelto a nacer,
en un sueño verde
extraña y sedienta.
Ruptura de la memoria solar
Aquí estoy.
La luz de la tarde toca esta misma piel,
este mismo escritorio.
Adentro, la agenda, el tránsito,
las palabras dichas por obligación,
un espacio vacío que no se llena
con rutinas ni logros esperados.
Hay una vibración sutil, persistente,
que empuja hacia afuera,
un pulso que dice:
"Esto no es todo lo que eres"
Pido libertad,
una libertad que se sienta
como un espacio abierto
en el pecho.
Tregua dócil
He soñado con olvidar.
La noche, compasiva,
me tendió su paleta de añil,
y me volví materia dócil
al rito de ceder.
Fui arrastrada
por una corriente callada.
Saber que el olvido existe,
aunque no me pertenezca:
esa fue la tregua.
Cerré los ojos,
buscando la ruta
que duplica la nada.

María José Cáceres Ramírez (2003). Profesora de Ciencias Sociales, escritora, y promotora cultural hondureña. Originaria de Lepaterique, Francisco Morazán. Ganadora del Primer Lugar en el Certamen Nacional de Poesía de los XXXIV Juegos Florales de San Marcos, Ocotepeque. Primer Lugar del Certamen Literario de Cuento Corto: “Honduras Diversa”. Segundo Lugar en el Concurso de Ensayo: «Voces Educativas”
