Hambre canina
Llegué al mundo herido,
con el hambre de ser,
en el epigrama de un vientre
broté como tallo de una flor muerta,
mi madre alumbró su coraje,
con dientes apretados y una hoguera
quemante en el ombligo.
Jaulas Vacías
Silban las bombas
Del otro lado del mundo,
silban las bombas,
haciendo tiritar los huesos.
Ya no hay canciones de paz,
solo jaulas vacías
pedazos de nada
en una tierra infértil
que palidece y se sonroja
con el sonido de la guerra.
Sijtli
Mi abuela es un lugar común:
a veces llora a través de mis ojos
cuando el cáncer le muerde el estómago
mi abuela es un Xoloitzcuintle que
amamanta la noche con atole.
de su sexo se desprenden niños pájaro
y lágrimas de piedra.
Mi abuela ladra a los ancestros
en náhuatl, porque dice que son
sordos y no escuchan a los extranjeros.
Desde su tumba reposa
su cuerpo de perro herido,
la lumbre eterna la deja sin pelo.
Mi abuela en su condición de perro
esta ciega, persigue la luz de la
familia.
Cada tercer día de sangre
el tecolote canta,
mi abuela muere.
Soñé con un perro
Con un perro desollado
Cantaba su cuerpo su
Cuerpo rojo silbaba
Blanca Varela
Rojo lamento
Mi madre soñó con un perro,
un perro desollado a media noche,
un perro que lleva mis vísceras,
mi ropa, la medida de mis ojos,
la oscuridad de mi cabello,
mis tenis rotos.
Y mis ansias de libertad.
mi madre soñó con un perro
que le dice mamá y lanza ladridos
en forma de auxilio,
auxilio mamá, auxilio, auxilio.
Soñó con un perro cubierto de sarna,
cubierto de mí,
de mi sombra,
sombra de cuchillos y balas
que atraviesan la piel del can,
del hombre, del niño.
Mi madre soñó con un perro, con un perro
desollado que responde a mi nombre y aúlla
a la noche con lágrimas y gritos.
mi madre soñó con un perro de 26 años,
desesperado jugando su infancia,
en el cadáver de su propia forma.
mi madre vio en su sueño bolsas negras,
ya no había perro, ni niño, ni hombre ni carne,
solo el sueño, la pesadilla, la pesadilla, la pesadilla.
Secretos revelados
Ahora sé que las fotografías funcionan
como contenedores para reciclar
lágrimas que uno, algún día necesitará.
también sé que cada cierto tiempo un vientre se abre
para darle vida a un ser
Híbrido,
Sin nombre,
Sin Dios,
Ni credos.
Un octubre mi madre abrió su cuerpo,
deformando su figura de flor perpetua
para que el mundo conociera mis ojos de piedra,
donde más tarde fueron
extraídos los recuerdos más tristes de la casa.
Mis padres inmortalizaron mi infancia
en un cuadrito de cartón,
donde habita un niño que me reclama el extravío
de sus canicas, a mis 26 años sé lo suficiente de el dolor
y los excesos,
pero no sé
cómo callar al niño de la fotografía.
Me lanzaron como piedra
a un río sin memoria,
cerquita de la montaña
con leña prendíamos la luz de los amaneceres
y al apagarla nos cubríamos los
miedos con el cobertor
de la noche.
Los libros aburrían como el lenguaje
temporal de la neblina que ocultaba la mugre de los perros
y la fiereza de los fantasmas.
Ahora sé que las fotografías
ocultan secretos y que de vez en cuando
mi madre rezaba para que papá volviera a casa.
Extinción
Primero fui como un gato asustado
entre la hierba,
con los días me fueron creciendo
las ramas y me creí árbol
hasta que el peso de mi dolor
fue destruyendo mi corteza.

Óscar Páez (Huatusco, Veracruz, México, 1993). Lic. En Psicología General. Estudió creación literaria. Finalista del premio de poesía Francisco Javier Estrada 2022 y el premio de poesía emergente Antonio Alatorre 2022. Autor de los libros Los Castigados (Híbrido, 2018); Armario de Brevedades (Minificción, 2020); Plegarías al espíritu extraviado (Poesía, 2021); De estos poemas crecerá mi casa (Ediciones Ave Azul, 2021).
