Porque se trataba de nosotros

por Juan Esteban Jiménez Giraldo

28 de agosto de 2019, Giessen, Alemania.

Queridísimo:

Hemos intentado organizar una reunión en un margen de tiempo casi imposible de cumplir y, aunque no lo quisiera así, estoy casi convencido de que vernos después de seis meses será imposible y que tendremos que esperar dos años más para nuestro próximo encuentro… o ¿vuelves para vacaciones? Es curioso que desde mañana en la mañana, en el momento de mi partida de este continente hasta el momento de nuestro reencuentro, exista la misma cantidad de tiempo que hubiéramos tenido que esperar K. y yo para reencontrarnos. ¿Es una tarea imposible esperar, al mismo tiempo a un amigo que se va a estudiar y a un amor que se viene a hacer su vida al continente que mañana abandono y al que no sé si volveré? Para mí no: lo supe tanto cuando acepté sostener una relación anómala con ella como cuando vos me contaste de tu éxito académico. Sabía que me reencontraría tanto con ella como con vos; pero, por un lado, la espera se mostró como una enemiga grande e insuperable y por el otro, como un reto admirable y digno de tomarse. ¿Por qué con un amigo ese reto es posible y con una amante no? ¿Por qué es esto?

Quizá porque la amistad y el amor sean objetos de naturaleza distinta. La amistad no es amor, pero éste está en ella y viceversa. La amistad no es hermandad, pero ésta está en ella. ¿Y cuál de éstas es más deseable? Aquel a quien quisieron aceptar a su hermano como amigo dijo: Je n’en fais pas […] plus grand estat, pour estre sorty de mesme trou [no le doy gran crédito al hecho de haber salido del mismo hueco]; a quien quisieron convencer de que su esposa también era su amiga, respondió c’est un marché qui n’a que l’entrée libre [el matrimonio es un mercado que solo tiene libre la entrada]; pero a quien preguntaron por qué elegía a un extraño como su amigo, dijo: si on me presse de dire pourquoy je l’aymois, je sens que cela ne se peut exprimer, qu’en respondant : Par ce que s’etoit luy ; par ce que c’estoit moy [si me obligaran a decir por qué lo amo, siento que no podría explicarlo más que respondiendo: porque era él, porque era yo]. Con los años, Montaigne explicaría que juntos se acercaban más a la belleza, y, ¿qué es el amor sino una fuerza que nos conduce a eso que es eterno?

¿Por qué no decir, entonces “porque se trataba de ella, porque se trataba de mí”? No por una cuestión de género, sino por una cuestión propia de la manera en que entendemos las formas que toma el amor. Montaigne pudo haber ilustrado sus ideas de otra manera, así como lo hizo Platón en el Fedro y en El Banquete: porque era él/ella, el amigo/la amiga; o porque era él/ella, el amado/la amada. Pero, ¿qué diferencia haría esto con mis amistades femeninas? Los griegos no me han terminado de explicar, John, y hay una explicación misógina que lejos está de satisfacerme, justo en los elogios que hacen Fedro y Pausanias de Eros.

…Porque se trataba de vos, porque se trataba de mí, diría yo, John. Por eso podemos esperar para vernos, sea en septiembre con mi regreso, sea el próximo año, si vienes para vacaciones, sea en dos años, hacia el final de tu maestría. Porque entre los dos se genera esa fuerza que tiende hacia lo bello.

Juan Esteban Jiménez Giraldo.

.

Juan Esteban Jiménez Giraldo (1995) Estudiante de filosofía en la Universidad de Antioquia, Colombia. Editor y propietario del blog de traducción y escritura creativa “Parabolae Cogitationum”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s