La escritura fragmentaria de Mario Bellatin y los problemas de edición de “Mis uñas delicadas”

Por David Espino Lozada

El año pasado tuve la oportunidad de compartir una comida con Mario Bellatin para platicarle acerca de Cardenal Revista Literaria, y en lo que estuvimos hablando salió el tema de su producción literaria, como alguien ya reconocido, y la mía, que apenas comienzo. Para entonces yo llevaba conmigo dos noveletas que escribí en formato fanzine y él mencionó que recién editaba una serie de libritos que recorrían toda su obra. Lo mencionó por cómo se veía el material que yo llevaba, pero también porque en cuanto lo cogió le advertí que no estaban en sí terminados, que en cualquier momento pensaba revisitarlos para hacer correcciones. Me dijo que su colección de Los cien mil libros de Bellatin pretende lo mismo. Ningún texto está terminado de manera definitiva, y al transcurso de su vida sufrirá modificaciones, ya sea por las relecturas del autor o por las notas y correcciones por parte de algún editor, pero también por el polo estético, la realización que hace cada lector.[1] Aquí hablo de mi experiencia como lector-editor de Bellatin, pero siempre, en primer lugar, como lector suyo.

Al recibir un texto tan en crudo (escrito por WhatsApp, tecleado en la pantalla táctil) como “Mis uñas delicadas” es inevitable, en el trabajo de edición, hacer varias correcciones. Poco después de la publicación del segundo número de Cardenal, discutía con Ulises Paniagua sobre el repentino cambio que hay entre el segundo y tercer párrafo del relato. Me dijo que era como si fueran dos historias distintas. Le señalé que quizá se volvía evidente por la libertad que tomé para poner un punto y aparte. Esto no es algo inusual en la obra de Bellatin, quienquiera que haya tenido en sus manos Salón de belleza notará que cada párrafo parece ser una unidad individual, seguido por un espacio y nunca ninguno comienza con sangría. Releyendo “Mis uñas” en la edición digital,[2] donde la convención tipográfica es hacer este tipo de saltos entre párrafos, no puedo sino pensar en que pude haber usado esta misma distribución en la revista impresa. Es evidente que hay un cambio en la diégesis cuando hice yo la partición, pero cada uno de estos párrafos es una viñeta completa por sí misma. Esto es algo que se deberá replantear algún otro editor en el futuro, dependiendo de su propia lectura.

En mi caso, yo me inclino por una perspectiva fragmentaria, y como creo que permite una lectura más rica. Si existe un continuum bellatiano, entonces “Mis uñas delicadas” está dentro de este leviatán que conforma toda su obra (que supera al archivo Mario Bellatin, a Obras reunidas y a Los cien mil libros). Al ser eso una tarea monumental, en lo que resta me centraré solamente en el cachito que es el relato publicado en la sección “Passeri Caput” del segundo número de Cardenal Revista Literaria.

Es fácil poder entender los dos primeros párrafos de “Mis uñas delicadas” como un conjunto por razones de las que he hablado. No es de manera aleatoria que ambos forman parte del mismo texto. No podemos entender la escritura fragmentaria de Bellatin como fragmentos que no cuajan, en palabras de Barthes. Si existe una disrupción en el sentido, esto no significa que nos lleva al sinsentido, sino que crea uno nuevo mediante las diferentes conexiones que el lector da al contenido de la obra, es decir, un desarrollo dinámico que permiten que el lector aporte.[3] Esto tampoco significa que no pueda haber párrafos secuenciales, sino que son tales las piezas que se pueden reconstruir de diferente orden.

En mi primera lectura, los dos primeros párrafos trataban de una especie de «párrafos introductorios» que establecen al personaje. No había un cambio de voz narrativa, como puede parecerles a otros lectores (y quizá sea la razón por la que Ulises dijo que parecían ser dos historias), después del punto y aparte. En la escritura de Bellatin los personajes se metamorfosean, como le ocurre a Jacobo en Jacobo mutante.[4] Entendí, pues, que se trataba de una (o varias) metamorfosis. Sea que la madre cambie a padre, o que el padre sea un nuevo personaje, mientras que la «hija» es el narrador-protagonista que coincide con el del principio. Existen referencias de naturaleza equivocada y del deseo de transformación de cuerpos en lo que se puede llamar «bloque 1», según mi edición en el 2019. La justificación del salto que separa el relato en dos fue, según mis intenciones del momento, para marcar un cambio espacio-temporal de la diégesis. Pero se puede entender quizá como lo que hizo Anagrama en su edición de Damas chinas del mismo autor, donde separó dos historias que, en los manuscritos originales, corren en paralelo.[5] Así pues, parece que se marca el comienzo de otra historia, donde el padre que aparece puede ser identificado como el narrador del bloque 1 y la hija del bloque 2 una voz nueva, o bien un par de personajes que no habíamos visto antes. Esto se puede entender por el cambio de tono que existe. Y aunque ambos bloques están en gramaticalmente en presente, el bloque 1 es más ligero en acción y muestra una serie de imágenes que son establecidas como analepsis. En cambio, el segundo cuenta las acciones al momento que suceden, y por lo mismo nos muestra desde dónde habla la voz narrativa. Esto puede causar la impresión de que es alguien más el que habla. No obstante, a pesar de que las uñas no están presentes, el trabajo que realiza la hija es manual y parece evocar la imagen ya establecida. Tal fue la razón que yo vi para que existiera continuidad entre ambas, y llegara a la conclusión de que comparten el mismo narrador; aunque la reaparición del leitmotif no justifica esto, sino que puede ser lo que le da unidad al texto.

Las piezas del texto, entendidas como que cada párrafo es un fragmento, no permiten entenderse por sí (y por lo mismo, reacomodarse), al estar divididas en dos bloques. Es por esta razón que apuesto para cualquier edición futura de “Mis uñas delicadas” en la división de saltos entre cada párrafo, lo que le da más libertad a ser interpretado (y formar, quizá, otros bloques, o incluso optar por la ausencia de estos). Por mi parte, al menos así será si llegase a ver una reedición en Cardenal Revista Literaria.


[1] Wolfgang Iser. “La interacción texto-lector: algunos ejemplos hispánicos”. En busca del texto: Teoría de la recepción literaria. Comp. Dietrich Rall. México: UNAM, 1987. p. 351.

[2] Publicada en https://cardenalrevista.com/2020/06/04/mario-bellatin/

[3] Anthony Percival. “El lector en Rayuela.” En busca del texto: Teoría de la recepción literaria. Comp. Dietrich Rall. México: UNAM, 1987. P. 385.

[4] Melania Stancu. “«L’uomo multiplicato» de Mario Bellatin: de Jacobo mutante a Jacobo reloaded”. Narrativas mutantes: anomalía viral en los genes de la ficción. Bucarest: 2018. pp. 314-18.

[5] Iván Suasnábari. “La escritura en movimiento. Desplazamiento y sustracción en la génesis textual de Damas chinas de Mario Bellatin”. Traslaciones. Revista Latinoamericana de Lectura y Escritura, vol. 3, núm. 5. La Plata, Argentina: 2016. pp. 111-21.


David Espino Lozada (1999) es narrador, jefe de edición en Cardenal Revista Literaria y estudiante de Letras Hispánicas en la UNAM. Es autor de las publicaciones Areopagítica y elabora actualmente un nuevo libro de novelas cortas.

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