El Palacio de Alabastro

por Mariana Bernárdez

Tu lenguaje inaudible se confunde con rumor de agua
apenas roce en la ventana que protege de la ventisca
quietud en risco al imaginar tu dedo. fuego
entonando los signos en surco de labranza
que acusa la línea del bisonte y del ciervo
que velaron hasta el tercer día en lo hondo de la cueva
cuando tu clamor atronando removió la estela
y te sentaste sobre ella a contemplar cómo
al dictado de tu voz
la luz en su iridiscencia
fue un león caminando sobre el margen del desierto.

*

Tu índice sobre mis párpados limpiando la polvareda de lo vivido
adentrando el sosiego y el marasmo de un centro marcado
por la cala de un tálamo y el cruce de un camino
 
porque de guijarros se va trazando la ruta de navegación
en las formas agrestes del desierto rojo
en el manto que brilla contra el resplandor al deslizarse
en el sonido de la arena cuando se arremolina en cierzo
en el exilio allende del deseo
 
ese vértigo del punto cero
cuando la ruta múltiple del Nilo
confunde las historias y los rostros
y tu pericia convulsa hunde el puñal
para saberte por siempre perseguido
por la furia de los dioses.

*

Arrasada hasta sus cimientos
Nínive la de las 15 puertas
custodiadas por toros alados
fue el lugar donde tu corazón trazó
el contorno del palacio sin rival
con sus lajas de alabastro
y el friso de la cacería de leones
 
Tu puño guarecido con una daga
protegió del quebranto la biblioteca sin par
cuyas tablillas inscritas
               en letra cuneiforme
dicen guardaron para siempre
el Poema de Gilgamesh
 
Tres días con sus tres noches
no bastaron para delimitar sus orillas
y a su horizonte llegaron
provenientes de la India
caravanas de seda, aceites y especias
para el Templo de Innana
 
La ambición no atrevió el saqueo
de la tumba de Jonás
ni de sus reinas cubiertas
       con finísimas hojas
              de oro repujado
pero sí el asedio y la destrucción
que hizo desvanecer hasta su nombre
y cubrir los pedruscos de su muralla
con la tierra de la sequía
 
Fue ese tu susurro
el mismo que avivó su despertar
cuando con una chinilla dibujaste
el curso del Éufrates y del Tigris
sobre mis palmas
y soñé con un Edén que nunca existió
y supe de tu rostro vasto e indomable.

*

Pétalo de arena
no de gacela en fuga
ni de juncos al amanecer
semejaba tu mirada
al filo de la penumbra
contraluz
en fulgor de la bóveda
que cubría nuestros cuerpos
en el gemir de la unción

*

Sentado en el pretil
tu cabeza giraba vigilante
abarcando la borrasca
y forcejeabas
entre lo temible y lo numinoso
con el hilo fino de la cordura
que pronto trozarías.

*

En cualquier minuto
se te enredaría el ovillo
y los recuerdos en tropel
soltarían su traza
vaso roto cuyo derramar
sería la mordedura
de toda sapiencia.

*

Y el libro escribía
 
Cuando en lo alto…
es decir antes del antes
 
Cuando lo inexistente
cuando el nudo
 
Cuando no se extendían los cañaverales
y la mano a la par seguía el rastro de luz
hendiendo en la arcilla el verbo cuneiforme
 
ni se habían establecido los destinos
¿qué fábula y signo se habrán de deshilar
en el tramado de los dedos?
 
sus nombres fueron pronunciados…
¿quién escribe?
¿escribir y a la par ser escrito?
 
que la palabra de mis labios no sea revocada
y siglos después entras rompiendo
el espejismo y el delirio
y desatas la ventolera
para que de entre sus velos surja
Nínive de alabastro
con sus 22 mil tablillas de arenisca
y el misterio del Enuma Elish.

*

Vieja herida la del costado
que con la lluvia parece
una compañía querida
 
declaración de una vida más alta
 
no la de los pronombres
como sentenció un poeta
ni la de la lumbre de los secos
 
es una herida
 
no a imagen del rey pescador
ni menor a un silbo vulnerado
 
no hecha con una espada
ni en el desplome
a ras del acantilado
del ánima en su vértigo
 
punza en astilla dentro
y abulta su herrumbre y su queja
para advertir que se nace
de un sueño
que aún referido tantas veces
se vaticina en limo de ciencia
y silogismo puntual
donde abreva el azar
 
esta es una vieja herida
y esta es la daga
y este ya no mi pecho
por el que nacieron
las luces y lo incalculable
de una escritura
proveniente del barro
 
Cuando en lo bajo…

*

Quede por siempre entre los hombres
en este friso de mármol y ajez
el poder concedido a tus manos
cuya fuerza inusitada te coronó
en rey de reyes
usurpando la gloria del clan de los leones
 
Quede para siempre suscrito en la historia
tu gesto al estrangular la fiera del desierto
en símbolo de coronación y señorío
 
Que nadie cese de temblar
ante la imagen de tu fuerza
capaz de doblegar los mares
y las tinieblas del abismo
 
Que cada saeta encarnada
sea la belleza inmemorial de lo terrible.

*

Después de Nínive tus labios no pronunciaron sino lo albo
Hubo momentos donde no supe si la ceguera y la cólera
te habían traído desde lo antiguo para murmurar el viento
que resguarda las grietas de Wadi Rum
Te miré en los vitrales policromados de Chartres
en las gárgolas de Santiago
en el mercado de seda de Antioquia y en su Primera Cruzada
en las fotografías del Kilimanjaro
              y el registro de la maleta encontrada de Capa
en la incisión geográfica de las montañas
en la guía de Miguel de Molinos y en la firma de San Juan de la Cruz
¿o era yo quien en mi desesperación te descubría en tu ausencia?
yo quien no aceptaba un dolor arrancado incluso de su soledad
la que necesitaba de tu confidencia en mis oídos
o la que en azoro confesaba la incongruencia de constatar tu partida.

Mariana Bernárdez, “El Palacio de Alabastro” de El pozo de mis ojos. México: Papeles Privados, 2015.


Mariana Bernárdez Zapata, nacida en la ciudad de México, es poeta y ensayista; realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía especializándose en el vínculo entre poesía y filosofía; aborda una tradición de autores para quienes la poesía sobrepasa la orilla del lenguaje eficiente y comunicativo. Sus diferentes oficios le han permitido a acercarse a autores definitivos en la literatura mexicana como Dolores Castro, Ramón Xirau, Raúl Renán, Angelina Muñiz Huberman, entre otros. Ha trazado una trayectoria que enlaza la creación poética con el ámbito académico y el editorial. Es una de las voces más singulares de su generación por su concepción metafórico-simbólica; sus libros cuentan con prólogos de Ramón Xirau, Dolores Castro, Raúl Renán, Bernardo Ruiz, Antonio Colinas, entre otros. Ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, catalán y rumano; cuenta con más de una veintena de libros publicados entre poesía y ensayos; entre sus libros de poesía recientes se cuentan: Don del recuento, 2012. Nervadura del relámpago, 2013. Escríbeme en los ojos, 2013; traducido al portugués por Nuno Júdice, Lisboa, 2015. En el pozo de mis ojos, 2015. Aliento, 2017, traducido al portugués por Nuno Júdice, Lisboa, 2018. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte bajo el género de poesía en la emisión 2018-2021.

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