Tres poemas inéditos de Rubén Márquez Máximo

Por Rubén Márquez Máximo

El otro mar de tu mirada

Todos miraban el mar aquella tarde de junio
 cuando el silencio cubría las palabras
 con la cálida brisa de los días
 que aún no llegan pero ya se anuncian.

 Todos miraban el mar y yo te miraba a ti
 disuelta en el instante de otro mar
 que ceñía la luz de la memoria
 llamado silencioso del deseo que se anhela.

 La tarde crecía en tu mirada
 y las aves volaron al encuentro
 de un lejano aroma de puertos olvidados
 que habitaba el instante de fantasmas
 como un espacio devorado por el tiempo.

 Era junio y en tu mirada había tempestades
 un mar distante que siempre te contaba
 la verdad extraña de quien nunca llega
 porque el hogar se encuentra en la deriva.

 Todos miraban el mar aquella tarde
 mientras yo tocaba tu mirada con la mía
 y algo distinto zarpó de tu presencia
 como un faro distante que se acerca
 como una voz en medio de la niebla.

Las huellas de tu ausencia

En estos versos debiera estar tu nombre
 tu mirada abierta al horizonte
 tu manera de tocar la tarde
 cuando las cosas parten sin decirnos
 a la otra orilla que se vislumbra entre las horas.

 En estos versos debiera estar tu nombre
 aquellos instantes de agitado respirar
 de cabellos al viento galopando en la mañana
 murmurando en tu mirada la tibieza
 que acaricia el día que comienza.

 En estos versos debiera estar tu nombre
 tus palabras que incendiaban el aire
 el instante querido de los besos
 y tu mirada abierta al árbol de la infancia
 donde los días cantarían el reencuentro.

 En estos versos debiera estar tu nombre
 pero queda el silencio
 las huellas de la ausencia
 de los días que dejaste en la memoria
 en el aroma de las flores no tocadas.

Tiempo de Eurídice

La música de Gluck habita en estas horas
 y Orfeo invoca entre las notas
 la imagen de Eurídice en el verdor de la tarde
 y apareces como uno más de mis fantasmas
 que llega de regiones distantes
 para poblar el tiempo de lo que nunca ha sido.

 La tarde oscurece y se adivina tu boca
 tu cuerpo temblando al roce primero
 la humedad de los mares que te nombran
 que vienen y van al ritmo de las voces.

 Eres la que parte para estar presente
 la que muere cada día en cada rosa
 como la luz que en el ahora se disipa
 como el suspiro de quien cierra los ojos
 y nos deja el leve peso de sus días.

 Al fondo del estudio oigo las voces
 que reviven la memoria de tu imagen
 y una vez más mis versos te tocan
 y una vez más entre mi aliento
 te vuelves ceniza. 

Rubén Márquez Máximo. (Puebla, México. 1981). Poeta y ensayista. Es egresado del Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica y de la maestría en Literatura Mexicana de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Actualmente concluye el doctorado en Literatura Hispanoamericana en la misma Universidad. Sus poemas han aparecido en diversas revistas nacionales e internacionales. Ha sido incluido en las antologías de poesía mexicana: La luz que va dando nombre (1965-1985): Veinte años de la poesía última en México (2007), El oro ensortijado. Poesía viva de México (2009), Antología de poesía contemporánea. México y Colombia (2011) Antología general de la poesía mexicana (2014) y Al menos flores, al menos cantos. Antología de poetas del mundo (2017) En Ediciones Alforja ha publicado el poemario Pleamar en vuelo (2008) y en Valparaíso México Las batallas de Eros (2016). Es co-fundador de Círculo de Poesía. Revista Electrónica de Literatura y de su Casa editora.

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