Muestra poética de María Belén Corso

Poesía

Quiero poesía
surcos en el corazón,
arterias que florezcan en insomnio,
savia en la sangre.

Necesito poesía
de árboles verdes y prominentes curvas
ríos caudalosos y peces anaranjados,
la palabra confundiéndose con la vida.

Deseo poesía
la espero en la boca
la construyo entre tus piernas.

Pido poesía.
Haz del susurro,

el grito de fuego.

Mujer

No hablo de dolores ni de pasiones ocultas.
Murmullo de manantial, cascadas de miel y limón
fruta dulce, higo maduro.
La música de mis entrañas vive,
el corazón en los vientos ruge.
Savia de cosa buena y aliento rojizo coro florece.
¿Escuchás su vuelo?
Golondrina de los ríos grises,
arrullo de la carne encendida.
Mujer, te parecés a la ira y te parecés a mi.

Duraznero

Ayer lo sentí,
el primer verano.

Fui carozo de durazno
y en mí, dejé morir la flor.

El frutal merecía aflorar
y con presentimiento de culpa
de la rama más alta
se suicidó el dulzor.

En la mano del hombre
el terciopelo maduro cayó,
con prisa y sin pausa
de un bocado lo devoró.

Fue entonces
cuando algo que no esperaba
entre sus dientes mordió,
y en ese instante
su presumida boca
con saliva impune lo escupió.

Comprendí que a las rosas
se le permiten las espinas
pero a los duraznos,
el carozo no.

Desguarnecida

Te has prendido a lo inmensurable
y no te suelto.
Liberarte es morir
y al morirte en los gajos torpes de la confianza
los pasos se van solos
y sola me quedo.

Paisaje de amor muerto

Hay un jardín en el olvido.
Alguna vez alguien, llamó a todo esto “amor”.

Y el día se hizo tarde y la tarde devino en noche,
y cuando la noche en penumbras
alumbró lo que el sol alimenta,
un perfume exquisito avivó.

La nombrabas como esa golosina tan rica,
llena de colores y en cada giro una risa feliz.

Te cabe en una mano
la piedra preciosa,
qué afortunado que eres,
hallaste entre lilas y rosas.

El rayo de luz primero,
que gracias a él, descubres el paisaje,
alumbra la naturaleza nuestra,
que con sudores y sin quejas
procura de sí la vida y la muerte.

mi moon river

Hay un río que corre prendido fuego.
Al lugar común se lo han comido los insectos
y las rosas aún no mueren,
no se ahogan en esta maraña de obsesión
que despierta por las noches
preguntándose
por las estrellas que no brillan
y las luciérnagas que sí murieron.

Destierro

En la pampa de tu estrecha mirada
de tierras verdosos, noche concebida en la penumbra,
yo mendigo lo que sin ímpetu le pido
a la sombra oscura de un viejo sueño.

Y espero somnolienta, que devore de vos
la templanza toda, se haga de mí
la fiesta de polvo de estrellas
obnubilándote al fin, con perfumes y oro.

Huella profunda del eterno que hemos visado,
pétalo amoroso que vuelto a mí,
hallé deshojado,
manadas indómitas revolcándose.

No es la hoguera ni la higuera de besos
lo que en esta hora de muerte destierro.

Libar las flores

Es sábado de fiestas con soles
y lo sabés arrogancia.
Lo sabés en las calladas tormentas de tu cuerpo
lo sabés en la ausencia de las licorosas copas.

Ha crecido el limonero,
semilla del romancero moderno.
Crucificado en el asador de mis entrañas
gritás azul, mar del delirio mío.

La resaca del amor agitado
sorprende más agitados aún, los insectos
el jardín de la próspera mañana.

Saliendo victoriosa de ésta,
quién pudiera libar las flores
y yacer despierta.

Umbral

La selva ha tocado mi puerta y no la dejé entrar
¿Será la primavera errante?
¿Será la primavera que nunca llega?

Miro por aquel agujero olvidado
hay flora y fauna detrás del algarrobo,
las abejas y mariposas anaranjadas vuelan.

¿Debería ser cautelosa con los insectos,
las plantas carnívoras, el oso hormiguero?

Me apresuro
construyo un artificio ennegrecido,
retrocedo el pensamiento
abro la puerta
y salto al vacío.

Pétalo nocturno

Pétalo sincero que te hacés presente
en la hora infalible de mi desesperanza
y perfumado, vuelto hacia mí,
destruís el dolor concebido en noches oscuras,
Península
Isla de Sentimientos.

¿Quién pudiera pétalo
ser lo que vos?

El crepúsculo no abarca
la epopeya tu existencia,
ni siquiera contempla el azúcar
de tu corola húmeda.

Pétalo mío:
nuestro tiempo no pasará jamás.


María Belén Corso (Buenos Aires, 1993) Estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes, es docente de Lenguaje visual en la UNA y realiza gestión cultural en la UNLaM. Publicó el libro de poemas ‘Pétalo nocturno’ (Alción, 2020) e integra las antologías ‘Textos viajeros’ (Ed. Galiarte, 2020), ‘Calíope, Antología de mujeres poetas del conurbano’ (Ed. Lítica, 2020) y ‘Clímax’ (VULVA fanzine, 2020), entre otras. En 2019 ganó la beca creación del Fondo Nacional de las Artes, expuso junto al colectivo @mujeresquecortanypegan en Madrid y formó parte del Premio Jóvenes Grabadores en PANAL 361.

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