Poesía ecuatoriana actual: Santiago Grijalva

Contemplaciones aerostáticas de un hombre

I
Un niño arroja la piedra a un pájaro
lo que busca no es el dolor
                   es la libertad.

II
Ojalá hubiera Escondido mis juguetes
en la repisa más baja de mi memoria.

III

Discrepo con el abedul,
tal vez,
su sombra pueda ser todo aquello que llamamos humanidad.

IV
No hay forma de descubrir el invierno
sin el frío de la ausencia,
no existe forma de calcular la caída
sin contemplar la muerte lenta de una hoja.

Hay algo en las aguas que nunca entenderé
es la forma, cómo el líquido es el mismo en una copa y en una lágrima.

V
En aquella posición
descubrimos que los colchones en desuso
también sufren de inflación.

                                                                                                                           (Inédito)


Por donde transita el agua

Después de cerrar el telón
después de correr las persianas
                  a la ciudad.
Qué pasará con el caramelero que me endulzó el mediodía,
con la viuda que me ayudó a cruzar la acera,
con el paracaidista que no soportó el viento,
con aquel niño que corría tras la bicicleta de su hermano,
qué con los carteles que nadie lee,
con los cigarros a medio fumar de las personas,
qué con los zapatos del anciano
                al olvidar el mundo en la suela sucia del tiempo,
acaso ocurrirá algo con aquella rama
                que el viento rompía,
qué con la melodía replicada en el oído sordo de mi espera,
qué sucede con los rostros cuando cierro los ojos.

                                                                                                            (Inédito)


La puerta del hospital

Con un silencio pastel en la cornisa
colgado como pirata en tiempo de abolición
se desprende de mi pecho la sustancia azulina de la angustia,
rebusco las sendas de una puerta silenciada en el dolor
el rostro disyuntivo de mi soledad,
será que se va a dislocar la pena en este cambio de nivel,
será que pronto llegarán las luciérnagas para regalarme una verbena
              sentenciada a las derrotas,
a la eterna ausencia del rostro cristalino,
o quizá llegue el espejo antes, o quizá llegue roto después,
o quizá no llegue, o quizá no se estime el tiempo que tarda
                la sangre en volverse aglutinación ridícula de recuerdos.

Entre los pasillos tercos y desdoblados,
la ausencia me acompaña tristemente entusiasta,
a lo mejor me asalta la pena y después me arranco
a golpes una sonrisa.
Es probable que el tiempo en la piel de mi padre transcurra diferente,
puede ser como un eclipse de soledades,
como una amapola que florece a los ojos de un niño.
Me reclama inocencia la mirada,
me repite angustiosa la melancolía en la calle errónea de mis victorias,
soy un pedazo de almidón descartado para la levadura de mis tristezas.

Mi descuido tropieza con la puerta color piedra de una habitación,
contengo el aire, como el condenado antes de sumergirse en la miseria,
antes de empezar a bracear por la soltura sinuosa del mar en estas pérdidas.

Me repito que no hay trapos para disimular el corazón,
que no es necesario volcarse en la cuneta de la historia
para comprender la insana necesidad de alimentar de luz a los cristales translucidos
               de mis ojos deshidratados,
ya no vale la pena golpearse las canillas con los filos de cama
                para que la oscuridad sienta la sonoridad de los huesos.

He buscado constantemente en los abanicos del creacionismo
aquella historia que me demuestre las cicatrices como un emblema en la evolución,
me hace falta materia para convertirme en recuerdo,
me hace falta el tiempo para convertirme en anémona,
me hace falta el aliento de mi padre sobre el óleo para volver a verme con la mesa servida,
me hace falta un segundo para poder empujar la puerta
         contemplarme en silencio, proyectarme en el vejestorio de dolor en que me he convertido
palmearme lentamente la espalda
              decirme, que toda espera tiene la belleza de la enfermedad.

                                                                                                                                                            (Inédito)

Costumbres II

Juego a la ruleta
siento el gatillar absurdo sobre la cabeza
contemplo en silencio la cara de dolor en
los otros,
siento su mango húmedo,
colmado de esperanzas en el rodar del aire
sobre el tambor
me caliento por el metal redondo, me busco
en su única salida.
Las dudas me invaden al pensar,
el porqué, este acto repetitivo y compulsivo
              en el juego,
presiento que puedo hacer trampa
pero no sé qué deseo en realidad
ganar
           o perder
                           la misma respuesta.

                                                                                              (Los desperdicios del polvo; 2018)


LLUVIA SOBRE UN CAFÉ EN MI PAÍS

                                                                                                   Hoy llueve mucho, mucho,
                                                                                                   y pareciera que están lavando el mundo
                                                                                                     Juan Gelman

Tenemos que limpiar los miedos
y las asperezas que recubren a la gente.
Yo propongo;
Que la muerte sea un oscuro y luminoso callejón,
que las lágrimas de los aferrados a la realidad
se conjuguen con la lluvia, hasta bajar por la
alcantarillas.
La lluvia cae diferente sobre el otro
cae en sus casas y las inunda
cuando la recubren de sollozos,
cae diferente sobre Andrés, sobre Daniela cae
diferente
y sobre la máquina roja que llevamos por dentro.
Yo propongo;
Que nos guardemos en una casa, en un café
o nos recojamos en un andén.
pero hoy no, esta tarde en
que la humedad del ambiente
crea momentos de perfección,
cuando la lluvia no era más que la única forma
de resbalar por tu cuerpo,
cambiando la tormenta en breve brisa de verano.
Esta tarde cuando la lluvia lava el mundo
me obligo a recordarte
olvidarme de la palabra revolución.

                                                                                                           (La revolución de tus cuerpos; 2015)

Santiago Grijalva
(Ibarra, Ecuador; 1992) Psicólogo Social Comunitario. Publicó los poemarios; La revolución de tus cuerpos (2015), Arreglos para la historia poemario (2017), Los desperdicios del polvo (2018) Cerrar una ciudad (New York Poetry Press, 2019), Propositti della belleza (Propósitos de la belleza; Raffaelli Editore, 2020). Consta en la Antología de Poesía Española Contemporánea “Y
lo demás es Silencio Vol. II” (Chiado Editorial; Madrid, 2016), Seis poetas ecuatorianos (Editorial Caletita; México 2018); está incluido en la selección de poetas ecuatorianos «Voices form the center of the world» realizada y traducida por la poeta Margaret Randall. Sus poemas han sido publicados en la revista Caravansary Revista Internacional de poesía (Colombia; 2019); Aérea Revista Hispano Americana de Poesía (Santiago de Chile; 2018) Utopía (Edición N°93; 2016) Cuando E. P. Thompson se hizo poeta: revista de poesía política (N°4; 2017); Además, en varias revistas digitales en Iberoamérica. Participó como invitado en el Festival Internacional de poetas Poesía en Paralelo Cero (Ecuador, 2016) y Las líneas de su mano (Bogotá,2018), Jauría de palabras (Bolivia, 2019). Coordinador del Encuentro de poetas en Ecuador “Poesía en Paralelo Cero”.

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