Cántigas de Escarnio: Alfonso Chase

CÁRMENES

PARA JEANNE SALZMANN
(1889-1990)
MAESTRA

I

Escribo interna forma que transcribe la pura soledad
del cántico: el cardo y la paloma girando en el magma inicial
de la raíz y el fruto contenidos en la imagen del sueño
que al solo palparlo deviene realidad inmediata
fecha: águila llameante que imagina su propio vuelo.

II

Escribo interna forma bamboleante palabra
inflamada sílaba hacia el mortero loco del espacio
más allá del relámpago y más cerca del confín
en donde los ojos crean eclipses y formas lúcidas
para interpretar el cielo en la aureola austera
del sol cayendo sobre el vaso lustral de la memoria.

III

Escribo con la sangre algún deseo inmediato:
algo que después es estribillo cantado por los otros
palabra deslenguada hirviendo sobre el labio
para decirse su propio lenguaje circular y su estallido.

IV

Escribo enigmas que conciben la pupila como un ojo
abierto y fijo perdido ante su propio rumbo
voluntad de palabra más allá de su significado
Signo puro de un coro que murmura entre la bruma
lo que nos fuera otorgado sin pedirlo.

V

Escribo bamboleante ritmo crujiendo entre las venas
la voz de mi enemigo: anillo sobre el cual descansan
todas las plagas de la tierra y las bendiciones obtusas
necesarias migas para complacer designios que objetamos
al abrir y cerrar todas las puertas dibujadas al frente.

VI

Escribo en libertad de ser solo una voz plural
desperdigada en un grano de luto sobre el mundo.
Escribo en cárcel de palabras rasgo la hoja en dos
y descuajo los ternísimos insectos del lenguaje
asidos al imán de los vocablos: huyen entonces hacia:
mariposas brillando como lunas.

VII

Escribo lentos goces temblando
sobre la piel ajena mascullo lenguajes que ignoramos
bebo en mis propias manos del agua que mana de las venas
absortas en su plena piedad de llama súbita
creciendo volcando construyendo plenas en su
poder de remontarse hasta el agua lustral que arde en vientre
para cubrirnos de sueños mientras un áspero
coro gime entre las sienes su lenguaje de estrellas y de abismos.

2010

Del Libro de los esplendores (2019).


A QUIEN BUSCARE EL CORAZÓN DE LOS LUGARES

Aunque encubras estas cosas en tu corazón, yo sé que
de todas te has acordado.

Job 10-13

A Jack Gerardi

I

Donde nadie sabiendo quiénes somos nos reconoce.  Donde proviniendo de lejanos días alguien extiende su mano y establece el puente, crea las horas y desata a las memorias con el rencor de los perros.

Donde la música, proviniendo de ella misma, hace de nuestro rostro una ceremonia suspensa.

II

Abres tu cuerpo. Tú mismo, llave para todos los sentidos y las hierbas que sobre tu piel se extienden.

Abres los nombres porque para nombrarte el mundo carece de sílabas y las palabras son pretextos para saberte vivo.

Yo te contemplo. Vivo para tu propio tacto y apenas existente para que mi cuerpo pueda justificar su aliento.

III

Apenas amparado a una piel que corresponde a un cuerpo he perdido la voz, la claridad. La noche se hace forma en sí misma y se despliega con vastedad de manos. Se hace polvo a la llegada de todas las palabras y sobrevive por algún milagro posible y acontece en el linaje enemigo que sustenta su base.

IV

¿Cómo ser de la noche y no perder la cualidad de iluminar y desbandar sobre los cuerpos follajes pequeños, espigas como rencores y pródigos insectos?

V

No decir tu cuerpo. Hablar de la ciudad y de los árboles y de las gentes que en este momento te recorren. Tu mismo mundo, ríos, vegetaciones, manos y ojos de todos creando alguna ciudad de puentes verdosos y jardines a los cuales les ha de ser concedida alguna pareja de amantes, una fuente y tres insectos.

VI

Sobreviven las cosas por la posibilidad de los lenguajes. El polvo es apenas un discurso fragmentado y el aire transcurre por todas las ciudades, como posibilidad para escindir la soledad de alguno.

Todo se satura de purulencia de palabras, se nutre de sílabas y estalla oscuramente, blasfemando, apostrofando. Desbandándose de su centro inicial.

VII

Boca de la noche: tacto de los días. Polvo de todos los instantes gastados cubriendo párpados y pestañas.

Suturas sobre todos los labios. Goce en desbandada, música ciega girando sobre su propio engranaje.

Todo en rigor se tiende en máscara. Dando forma a otra forma algo se cumple y el barniz que se adelgaza es el reflejo del nacimiento de una estrella, para la contención evidente de algún sueño.

VIII

Todo se extiende en cuerpo. Se vuelca sobre muslos y resucita bañado de mundo. Bajo el acto se ocultan los objetos, el agua, las inventadas aves de los sueños y los emblemas de alguna posible crucifixión.

IX

Como si fuera un ciego o piedra o escondido silencio. Tal el vuelo quebrado de alguna semilla con alas, dispuesta a fecundar la tierra o a devolverse a sí misma para cumplirse, me extiendo sobre todos los cuerpos y todos los tactos. Crezco. Sueño en la memoria y me doy a todos los días por la señal de tu cuerpo.

X

Tú solo eres mi patria. A ti te conozco desde la infancia y transcurro por tus brazos y me hundo en tu vientre buscando algún fragmento de mi propio nacimiento. Tú solo me contienes. Me llevas desde siempre en la memoria de un trozo de palabra y te expandes sobre el aire para recorrerme. Tú me das lo esencial. La palabra para hacer el silencio un recuerdo antiguo y de mis párpados algo semejante a la nostalgia.

XI

En el cuerpo somos solo los inventados.

Las pálidas creaciones de nuestras manos que, como espejos, reproducen innumerables fragmentos de nuestro rostro.

A las palabras como al cuerpo. Con toda la libertad de los sentidos. Con la nostalgia de los ancianos y con la piel de los niños.

XII

Brusca, repentina comprensión de las dos manos. Rumor y deslumbramiento del tacto. Constelación de círculos pequeños, presentidos, perdidos sobre las palabras. Hechos silencio. Los tactos se reconocen y se guardan, para siempre, en el escondido silencio de su sangre.

XIII

Todo en sí cumple su deleite. Los amantes apenas saben de la intimidad de la llama y conciben su amor como una semilla desnuda y falta de sol y apenas constelación de labios diminutos que la fuerzan a estallar dentro del suelo.

Porque la carne es el imán y la llama es escombro de alguna luz desbocada.

XIV

Cuando para buscar alianzas de palabras descubro tu boca, encuentro la agonía de todos los lenguajes.

Cuando para expresarme me aproximo a tu cuerpo, convoco, de súbito, a todas las inocencias gastadas ya a los envejecidos vocablos, preñados de polvo y olvidados de su posibilidad de puentes.

XV

A pesar de tus poros y tus brazos y tus muslos desnudos ya que te ovillas en perpetua posición para encontrarte, yo te hallo en los libros y en los poemas y en las calles y en los llantos que resbalan por los muros de las casas.

Yo sé que existen sobre todos y hasta en la clara membrana del aire te repites. Oscuro y asfixiado sobre los cuerpos muertos, celebro algún oficio antiguo, nocturno y propicio de tu desnudez ausente.

XVI

Me preparo. Huyo dentro de mí. Me despeño en las palabras y llamo a guerra al cuerpo, al tacto, al sexo y hasta enfrento al labio el otro aliento.

Cerco al miedo y burlo la locura porque ante el temor de ser la llama soy un agua.

XVII

Como un lápiz que solo escribe poemas o una hoja en blanco, solitaria, el cuero no puede vivir sin las dos manos. Ellas crecieron con el cuerpo y aman la finísima extensión del propio tacto y enamoradas de sí mismas sobreviven gracias a su propio calor.

Por tus manos sé que el mundo existe y que las gentes crecen y que la historia transcurre sobre la pasividad de los objetos.

Tus manos son el testimonio de la muerte y el borde de alguna memoria antigua que repite su oficio por mi cuerpo.

XVIII

Me desplazo en los sonidos. Vestigios tuyos
disecados. Sacramentos podridos en su propia santidad.
El día alza la hostia de tu cuerpo. Las cigarras y el aire
devoran los ojos de las estatuas.
Pasa la lluvia y la ciudad se abre. Nace
para mis pasos y los tuyos.
En el lenguaje muere: tal la agonía
en la garganta rota de algún niño.
Solo un lenguaje poblado de naranjas,
un agua exhausta, carcomida y viva
en su propia contención.
Súbitamente mi cuerpo es música
y anudado a tus manos resucito,
como si alguien, desvestido de nombres,
llenare de signos algún cuarto.

XIX

De lo que en Concilio dijeron los Obispos, los Párrocos, los Diáconos, los Arzobispos y los Cardenales y por último el Romano Pontífice, sobre el cuerpo y su función en la tierra, únicamente estoy de acuerdo en aquello que decía que el cuerpo es semejante al surco y que el amante es la semilla.

De los temores, los exorcismos, los pecados y las excomuniones me río, cuando desnudo, el cuerpo es la formación más hermosa de que Dios existe.

XX

¿Con qué lenguaje soñarte, palparte, saberte? ¿Con el de las palabras o con el de los signos?

Quizá con el del silencio.

Bogotá, octubre, 1969.


RELACIÓN DE LA TRISTÍSIMA
DESTRUCCIÓN DE INDIAS
(1535-1968)

LLAVE DE FUNDACIÓN

Yo tomaban cuanto a su alcance veían:
collares, pectorales, frutas,
mancebos y mujeres, porque
diezmados por el hambre o el horror
ellos se dejaban tomar.
Agobiados por el peso del botín
algunos invasores se ahogaron
al cruzar los ríos
y en el fondo de los canales,
entre escombros,
los niños jugaban con los cuerpos
y los huesos
de los que fueron sus verdugos.
Sesenta y cinco días duró el sitio.
Durante todo ese tiempo
aprendimos a beber la sangre de nuestros hijos
para lograr subsistir
y cuando la ciudad
al fin se rindió,
abrimos todas las puertas
y, tendidos, la boca contra el suelo,
pedimos la pueste para nuestros cuerpos.
Y luego fue la dispersión.
El rumor de aguas llenando los oídos
Y los pájaros mordisqueando los ojos
y los días cayendo como flecas en los caminos.
Y no teníamos comida o escudos o armas
y la ciudad empezó a podrirse
tal una fruta
y los gusanos nacieron de nuestras bocas,
senos y cabellos.
Doquier fue soledad
y lluvia
y sangre
y luego el calicanto
cercando edificios, rincones, templos,
hasta volvernos todos a la vida,
como nacidos de un sueño ligero
en el deslumbramiento del día.

COMBATES HUBO

Combates hubo entre las sierras.
Ojos desparramados entre el verde secreto
de los árboles
y en la oscura galaxia
de las manos.
Armas surgieron. Roncos batallones
de palabras vivas y fusilamientos
detrás de muros y paredes.
Muertes también se registraron
en los códices
y se pusieron las listas de combatientes
a la salida de las escuelas
para que los niños reconocieran
el rostro de sus padres.
Entre secretas rondas
y dispuestos silencios
arrancaron las uñas de algunas compañeras
y los dueños de las tierras extendieron los cercados
y algunas gentes compraron televisores a colores
para ver más nítidamente a la muerte.
Combates hubo en la ciudad.
El agua fue cortada y los niños
estudiaron a la luz de las velas
y el sol no aparecía
y la noche estaba fija sobre todo,
desvelada de estrellas, ropajes
y nombres.
Combate hubo y hubo,
en la ciudad y en la sierra,
hasta que palabra a palabra
llegó el aire de nuevo.
Combates hubo, amigo,
hasta sobre la piel del jade.

PALABRAS PARA UN PRÍNCIPE

Mira que no te acuerdes
de cosa carnal alguna.
Que tu cuerpo un árbol sea
y que en tu alma viva el aire
y se establezcan los pájaros.
Que te reconozcas en el pensamiento
y en el ánimo humilde
y no respondas palabra dura
o golpees con tu bastón a los ancianos.
Allégate a los sabios, a los poetas
y a los niños.

FIESTAS

Para los primeros días mataban
muchos niños.
Para las calendas cada cuerpo
era la historia
de una lejana sucesión de rostros
y en el momento de la muerte
se cumplía algún solsticio.
No los crucificaban, ni los colgaban
entre los ladrones, sino que los extendían
sobre la piedra dura
y luego comían los corazones.
Por la tarde repartían los muslos
y los brazos
y los sexos
entre el pueblo.
De noche, los muros hedían
y la costra oscura de la sangre
atraía moscas y perros
y sonaban los gritos
y sobre todos los rostros
estallaba la fiesta amarilla de la luna.

SORDO REPOSO

El pecho le brillaba
untado de aceites y bálsamos.
Caminaba seguido de ocho pajes
y en las últimas noches retozaba
con cuatro doncellas.
Era alto y melancólico
como si se supiera embalsamado
en sus propias palabras.
Durante trescientos sesenta y cuatro días
vagó por las calles
cegado por su propia belleza
y no fornicaba
en la contemplación
de sus manos.
El día del sacrificio
subió las escaleras con dignidad
y en la muerte
tuvo el oficio
que da la guerra continua con la vida.
Del sabor de su corazón
dice este poema
y la suave memoria de su desnudo cuerpo
fue obstinación de pensamiento
por largos días
en algunas muchachas
y muchachos.

QUE SON PUERTAS

Charcos de sangre y de palabras.
Palabras muertas y palabras vivas
nos alcanzan,
nos pisan los talones, nos escupen
sus gritos y disputan entre sí.
Los ojos de todas las palabras. Sueltos
sobre la mesa. Luchando por mirarnos,
por romper el silencio y ser testigos
de alguna devastación obstinada.
El agua del canal hierve en palabras.
Sobre sí mismas se arrojan.
Se devoran como perros
y entre babas, aullando,
de destrozan en el suelo.
Pero no temas. Las palabras
guardan sus armas en los dinteles.
Se dispersan como ordenadas huestes
de soldados vencidos
y se pierden, menudas y sonámbulas,
por entre puertas abiertas.

¿1535? : 1968

Nos dejaron caer bombas de napalm,
nos envenenaron las aguas,
sembraron los campos de minas
y nos pusieron trampas
en los jardines.

Los códices se estuvieron silenciosos
y los periodistas
reseñaron que no teníamos miseria,
ni explosión demográfica, y que la tierra
era compartida en común
y no teníamos gases lacrimógenos
o celdas especiales de tortura.

No hubo diarios que informaran
de nuestro llanto
ni teletipos que transmitieran
nuestros gritos.

Ningún compañero empapeló
con proclamas
el vacío de los muros
ni desde los balcones
los francotiradores
hicieron blanco en los yelmos.
Ellos siguieron tomando nuestras tierras
y vendiendo a nuestros niños
y el silencio fue el único camino
para nuestros pasos.

No hubo tableteo de ametralladoras
o golpes con bastones eléctricos,
y bebieron mezcla en vez de Coca Cola
y masticaron peyote en lugar de chiclets
y celebraron gozosos la caída de la ciudad
y la pudrición de sus habitantes.

PEQUEÑA HISTORIA

Toda la noche
escuchó la voz de su hermano
entre las piedras y canales.
Toda la noche batalló con las palabras
hasta hartarse de horror
con el sonido de su propio nombre.
Tres veces cerró la puerta de piedra
de su recámara
y otras tantas el viento la empujó
y lo encontró desnudo y ebrio
entre las mantas.
Al amanecer hizo encender los braceros
y quiso que el incienso lo llenara todo,
hasta que los niños se ahogaran.
Por la tarde se lavó,
fornicó e hizo fiesta
Por la muerte de su hermano
Y de su amigo Tzicquatzin
y los dos mil ochocientos guerreros
que iban a sitiarle.

BATALLA FLORIDA

Donde el agua sin armas
de los dedos
expande nombres y arcabuces.
Donde lo apenas vivido
es contemplado
en su áspera destrucción
por atrapar los pasos
y penosas palabras se levantan
y son puentes.
Donde las flores
se están quietas. Donde lo limpio ofende
y la historia es solo un nombre
encarnado en el instante próximo
que se estalla en sonajas, códices y pasos.
Y a pesar de los crímenes,
los sacrificios y las guerras,
una piedra y otra piedra se levantan
para construir
el rostro de todos.

ÚLTIMO ESTAR

Volcado sobre sí mismo como un río,
pasa los días girando,
leyendo textos
y evitando la cercanía de la carne.
Modera su enojo. Corta puentes
y establece trampas en los ventanales
y esconde las armas
y desesperado mira las estrellas.
Incendios hubo adentro de su sangre
y murió de una pedrada,
como un perro.
De tantos signos adversos,
de tanta traición
y tanta mierda,
ahíto de astrólogos y sueños,
con la cabeza colgada, vacío de su propia sangre,
su cuerpo estuvo muchos días con sus noches
tendido en los mercados,
y el agua temblaba
en todos los canales
y el miedo
picoteaba los ojos
y los labios
de las gentes.

SUEÑO CUMPLIDO

Los soldados apartan la neblina
con sus ametralladoras
y cumplen en las calles
su oficio de insectos.
Lavan raíces. Limpian muros
y raspan a las piedras
con sus cepillos de acero.
En la ciudad: México, Bogotá, Caracas,
los niños salen a la calle de nuevo
y tienen miedo de recibir el sol
en sus ojos y los perros
lamen la sangre de los estudiantes.
Jack y yo
caminamos entre huesos
 y purulencias y destrucción
 de días ceremoniosos y carcomidos
 como si fuera 1535,
pero en 1968 resulta inútil
hablar de antiguas fiestas o navíos
cuando nos queda entre las manos
solo un lenguaje de rifles y gritos.

Tlatelolco, Bogotá, San Francisco, Praga.
1968-1970.


FANFARRIA PARA UNA AMIGA TRISTE

Ingredientes: una acera, una
piedrecita, un zapato, y un be-
llo dibujo con tiza, preferente-
mente de colores.

JULIO CORTÁZAR, Rayuela

Para Zulay Soto

1

Página a descifrar o rito mudo
de su centro impreciso la noche desborda.
Saquea los armarios, abre libros
y desparrama flores viejas y postales
y sin timón se cuela en los rincones
y en ese rito mudo llueve sombras
para cubrir de olvido las palabras.

2

Memoria o desmemoria: a menudo tu tacto

Rendidos a la noche somos suyos.
Abrimos ojos interiores. Puertas viejas
que conducen a corredores
ante los cuales lo innombrado brota
y es creado un lenguaje deslumbrante
para guardar en él las manos
absortas en su propia tibieza.
Conozco de la noche solamente
lo que ella entrecortada engendra.
Sus bordes, su atmósfera,
su acento lleno de serenas mentiras
y el poder de sostener las hojas en el árbol
y sustentar eternamente los besos del amante.
Conozco que la noche es el olvido de la lluvia
o la imagen de un mundo infinito y sin salidas,
engendrado en la matriz de todos los objetos.
Sé de la noche por sus párpados gastados
y la muda forma del agua
y sellada belleza a cuyo peso me rindo.

3

Palabras, mutaciones, signos

Llegó la noche por mi infancia
antigua y el silencio
y brevedad de todos sus minutos.
Quizá también me acerco a ella
al escuchar la voz menguada de los ríos
o los silencios desnudos bajo cielo.
Junto al despliegue de la noche el mundo crece.
En la farmacia
algunos muchachos beben Cola-Cola
y fuman mariguana, hablan a gritos
y hacen silencio repentino
al pasar una muchacha.
Esto es el mundo. El aire que se enreda
en los cabellos de alguna mujer
empuja un poco de la historia
y un insecto muerto es un anuncio pequeño
que advierte y participa
en el secreto ritual de todos nuestros actos.

4

De ti mismo olvidado, él me vigila

Y uno despierta y se levanta
incapaz de reposo y se desploma.
Obstruye la palabra y extiende óxidos
para cubrir a todos los recuerdos.
Sé que estoy vivo y sin embargo
mi rostro ha perdido sus facciones
y se ha gastado en movimientos
para celebrar a todos los recuerdos.
Poblar un parque vacío con la palabra
y darle hojas al árbol
y límite a la fuente y crear con sílabas
el tejado y a la puerta.
Y la voz perseguida de ese todo que somos
y que dialoga en diáspora continua.
Canción es la mirada en suyo fondo
y se escucha un eco sembrado de sonidos:
madriguera en la que vamos a encontrarnos,
cara a cara, huraños y sin rostros.

5

Pequeña agonía de mi padre

Mi padre amasaba las sombras
y creaba sílabas y rostros
que transmitía confiado
y yo soy su hijo con mi disfraz de sombras
y obsesionado de palabras.
Fuer artista, relojero, oficinista
y a veces marinero
y cuando recorrió joven el mundo
tocando la guitarra y bailando el swing y el charleston.
Era alegre
pero suspiraba triste por los tejos, la nieve
                                                                     /y las colinas
de West Virginia o Massachusetts.
Hace años vivía secuestrado
por sí mismo. Escribiendo textos
que olvidaron las sombras
y asistido por la mirada de mi madre.
Para escribir sobre él es necesario el sueño.
El sueño descarnado que verifica que un cuerpo
es siempre el trozo de algún árbol
y el plomo sobre el molde no puede desterrar
la angustia o dispersar el miedo.
Hablo del sueño sembrador de fechas.
El que pasa su mano sobre el tiempo
y el terror del ajusticiado
al contemplar los restos de su cuerpo.
Nunca más solos frente al sueño. Abrid
todas las puertas y ventanas.
Dejad que la luz y los mendigos
forcejeen ante el umbral
y dejadlos entrar al festín del sueño
que transcurre y esparce su libertad sobre los cuerpos.
Caminaba mi padre siempre como por sí mismo,
buscando la razón de sus manos
y sus ojos y las huellas de nuestros viejos abuelos
que vendían delicatesen en Manhataan.
Y escribía nombres extraños en el Libro de Zohar
y criaba las plantas y cortaba las rosas
y copiaba mis poemas en su oficina.
De memoria en memoria,
húmedo de recuerdos se enfermó de pronto
y escuchando música a oscuras
creía ver el perfil de algún amigo
donde solo eran sombras
y nunca aceptó completamente la muerte del Che
o que en Vietnam del Norte
los niños sigan yendo a la escuela bajo el suelo.
Se murió de círculo en círculo.
Irrecuperable para sí mismo
en la orfandad de nuestras miradas
y desde el principio en la música
y desde siempre en la tierra.
Y unos niños cantaron el salmo catorce
y un pequeño fragmento de la Misa Criolla.
Tal es su historia. Como toda biografía:
un parpadeo, un pequeño acaso de algo
entrevisto por diminutas rendijas.
Un rostro sin escape, un cuerpo para siempre
debajo del aire, único en la tierra
en un monólogo mudo y una pequeña placa:      

Our beloved father
1903     1968

6

De lo que de ella conozco

Ante el lugar señalado abro la puerta
y el corazón y las dos manos.
Riego mi voz y soy recompensado
al recibir las voces del mundo.
Crezco sobre mis ojos y soy arrastrado
a celebrar el silencio prolongado
en la piel de dos amantes ayuntados.
Con insistencia castigo a las palabras.
Conjugo un verbo y creo del corazón
de cada sílaba la oscuridad sonora.
Sé que me agobia la noche.
Pero canto lo que de ella conozco
y satisfago una deuda
con su bondad de panecillo rancio.

7

La total estación

Que del verano nazca, crezca y ramifique
la total estación.
La siempre viajera buscando
un cuerpo o una orilla,
reúne fragmentos para hacerse
o completarse en la noche.
La música profunda escuchada hacia dentro
que crea sonidos que solo en silencio repercuten.
La estación que es río, que es mujer
y madre de mí mismo
y sin embargo procede de mi carne.
Solo el aire la puede contener
con su desordenada luz
rondando por los cuerpos y escondida al final
por entre vellos y linfas.
Mirándola mudante en un espejo,
sus dos senos firmes y nocturnos
la separan de la traición del tiempo.
Duerme sobre sí misma. Envuelve al mundo.
Lo recrea y lo libra de la prisión del aire.
Que del verano nace y es invierno
y otoño y a veces primavera
con su verdor pequeño y su musgo transitorio.

8

Oboe sostenido para mis amigos lejanos

Acogido en tu piel y desplegado
me llego hasta tus ojos,
ahuecando mis manos para contener las voces
y al invierno y a las melodías
que se escapan de los bares y retroceden
en duro combate con el viento
hasta su lugar de origen.
Alguien a quien he olvidado
me dijo que hay un día
dispuesto para todos nosotros.
A pesar de los diarios y las agencias de noticias
y los vigilantes consumidos en la mirada
de sus propias fechorías
y a pesar de los impuestos y la apatía de los jóvenes.
He encontrado en ese día varios rostros
de mis amigos y vecinos.
Yo pienso en una mesa en que estaremos todos.
En el día de las manos abiertas
y en el cerillo que incendie el granero
en que se esconden las sombras.
Voy invisible de un oído al otro.
Me adelgazo y me adentro en las casas vacías
y en las llenas de gentes
y en las llenas de nada.

9

Color de lluvia, mi ciudad se te asemeja

Debo decir de mi ciudad.
Cartago huele a pan horneado,
a eucalipto, y es justo decirlo, a veces a boñiga.
Es una ciudad pagada de sí misma
que sin embargo amo
como si fuera una muchacha flaca
o una abuela impertinente.
Vive de historias
que ella misma se inventa
y que hemos visto crecer detrás de las cortinas,
donde débiles ancianas
de lenguas móviles, y por ello diminutas,
cuentas chismes o dicen oraciones,
olvidadas en roídos misales.
Cartago tiene acequias
bordeadas de berros y de peces
y árboles grandes de los que cuelgan
nidos de oropéndolas y piapias.
Esta ciudad se nutre de nombres antiguos casonas
y de poetas que adoran lechuzas
y monseñores que tenían hijos con las criadas.
Cartago es un recuerdo de botella sellada.
De don Ricardo Jiménez con bombín
jugando al escondite con Beatriz Zamora
                                                                   /en los corrales
y terremotos suspensos sobre todas las torres
y lágrimas lentas y campesinas
cayendo sobre surcos y huertas.
Mi ciudad es como el polvo de gofio
o las escapadas para buscar gusanos y abejones
en potreros y patios.
Debo decir de esta ciudad verde y oscura
que tanto se asemeja a tus gestos simples
y a tus palabras gastadas.
Hablar del mueble
dentro del cual las polillas enloquecen
porque sus nuevos dueños
han barnizado las puertas y victrolas
y han quemado las sillas que olvidaron
los antiguos señores y han echado al fuego
los empapelados de flores inmensas.
Cartago es reaccionaria
y triste y solitaria
a pesar de las casas nuevas
y la súbita invasión
de algunos nuevos apellidos.
Sobre sus calles todavía repercuten
los tacones
de alguna beata rezagada
y a veces una señora vieja
toca el piano, Chopin o Schumann, puede ser,
cuando los peones vienen de las fincas
y en la plaza los chicos descalzos
y con el torso desnudo y dorado
juegan al fútbol o hablan de muchachas.
Cartago es una ciudad de nombre masculino
y sexo femenino,
que amo porque ya no tiene estaciones
y casi no le quedan parques o estatuas
y en medio de una batalla entre la niebla y el aire
sus colibríes emigraron al norte.
Es una isla diminuta
y a ella pertenezco pues se te parece
y porque el corazón y el sueño quedan para siempre
en el paisaje dentro del cual
olvidamos la inocencia.

10

A menudo un final apenas desemboca.

Como se anuncia una estación perpetua.
Como se mueve la nieve
y empiezan a brotar los insectos
y las hojas y la hierba sobre el aire,
una nocturna barcarola sobre la piel del mundo
va creciendo.
Nazco a una boca o quizás a una pupila.

San José, enero de 1970.


ODA A NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

A Eunice Odio

Coelorum reginae, Angelorum Dominae Reipublicae
de Costa Rica dilectae ac delectae Patronae…

MONS. VÍCTOR SANABRIA M.

El alfiler va ahondando
al duro corazón de piedra. Miguel,
desde la cumbre, hirsuto toca la gota
de agua santa, raspando la intensidad
de la piedra. La cera recibe el último
deseo del peregrino. La bruja, tonta,
en su arabesco ingiere su ración
de trementina, para evitar que se le pudra
la garganta. Las rodillas, testarudas, luchan
contra la lustral alfombra del pecado. Rafael
recibe el lagrimal con toscas manos espectrales
y la placenta se pega suavemente al aire,
dulcemente sonámbula en su sueño. La sierpe
inmóvil cae: los fieros colmillos
atacando el seno de la Virgen.
El abismo pesado del lenguaje goteando en el reloj
no escuece el humo de los ojos. El agua santa mana
y brota de la ceniza algún augurio: alfombra o molusco
para raspar los milagros. La vela, sedienta,
ataca al ángulo desnudo de la luz, bailando
sobre la espalda fúlgida de los peregrinos,
sin preocuparse de la patinada aridez
bajo la nave del ojo.
María, hierática, lentísima
entre las cortes celestiales, sostenida
por la forma superior del jaguar,
protege al Hijo por sobre la transmigración
de la substancia. María, esposa de José,
el hijo de Jacob y nieto de Mattán,
la madre invisible de Emmanuel.
Tegumento misterioso esta mujer que vence
a las arañas. Discípula del Sol,
madrépora mineralizada por ángeles de seda.
He aquí la velocidad de su cuerpo irguiéndose:
              Alma y cuerpo subiendo,
              desperdigándose en átomos.
              Arde. Sube
por sobre el círculo benéfico, triturando serpientes
legañosas, polen pascual que la cubre
como diminuta cariátide de piedra avanzando
entre caballitos de mar. Sello erguido
como un pedestal silbante entre las ruinas.
              Esta es la esencia del amor:
La destrucción del tálamo, el cumplimiento
                                                        /exacto del designio:
La flor silbante en vilo por la noche.
La metamorfosis de la rosa en hálito de Dios:
El címbalo hecho agua sobre el rostro del Crucificado.

1-2 de agosto de 1972, San José

Del libro Cántigas de Escarnio (2018).

Selección: Lovesun Cole

ALFONSO CHASE (Cartago, 1944) es uno de los escritores costarricenses más destacados e influyentes. Participó activamente en la fundación de la Universidad Nacional (UNA), de la cual fue catedrático, y donde se desempeñó como profesor de talleres literarios, asesor cultural de Rectoría, docente investigador en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje y director de Extensión del Centro de Estudios Generales, entre otros cargos. Asimismo, ocupó puestos de diversa naturaleza en varias instituciones de Costa Rica, entre las que podemos citar la Editorial Costa Rica (ECR), la Asociación de Autores y el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD), del cual fue cofundador (1970). Ha publicado los poemarios: Música solar. Antología poética: 1966-2016 (2017), Cántigas de Escarnio (2018), Piélagos (2017), Jardines de asfalto (1995), entre otros. En novela; Los juegos furtivos (1967), Las puertas de la noche (1975), El pavo real y la mariposa (1996), entre otros. En cuento; Mirar con inocencia (1975), Ella usaba bikini (1991), Fábula de fábulas (1979), entre otros En ensayo; Nuestra señora de los ángeles: madre de la cultura, (1996), Los herederos de la promesa (1997). Y compilaciones; La hora del cuento, (textos para secundarios, 1982), Las armas de luz (poesía de la América Central, 1985), entre otros. Ha sido profesor en universidades de Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela y Guatemala y jurado de los principales premios literarios del continente americano. Es miembro PHI BETA DELTA, de la Honor Society for International Scholars, miembro extranjero de honor de la Popular Culture Association (PCA), ambas de EE.UU. Y pertenece al capítulo costarricense de la International Board on Books for Young People (IBBY). Poemas y relatos suyos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, polaco, serbiocroata, ruso y griego moderno, entre otros, e incluidos en numerosas antologías. Premio Nacional de Cultura (1999), Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en las ramas de poesía (1967 y 1995), cuento (1975), novela (1968 y 1996) y ensayo (1986). Premio Carmen Lyra de literatura infantil (1978). Reconocimiento Doctorado 𝘩𝘰𝘯𝘰𝘳𝘪𝘴 𝘤𝘢𝘶𝘴𝘢 de la Universidad Nacional de Costa Rica (2022).

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