Muestra poética de Edith Fernández García

©
Noche atada de besos a distancia.
La noche se quiebra en el
alquitrán confuso
de las calles,
en el intermedio del gris al negro del dolor agudo.
Tiene una esquina cortada
por la alcantarilla vaciándola;
tiene una puerta dormida
de escarabajo rojo aprisionado;
tiene un poco del desgaste
de los tornillos mudos
en la pared desierta.
Noche confusa de miedo
de paso sigiloso de un
hombre atisbando,
de luz devoradora por la pupila inútil
del placer manchado.
Noche del canto mudo
de la luna luna,
de la tragedia íntima
de los pañales rotos de la vida
en el regazo trunco de la cuna.




©
Pies azules
tiene la esperanza,
boca de bronce y manos de hojalata.
El día se cansa de ser una pausa
las hojas se caen en cualquier plaza
y la noche llega
furiosa y descalza
hasta el amanecer de puerta y luna vaciadas,
de techo empujado rocío
fugándose de las casas,
crin enardecida,
ausencias y despedidas,
ecuaniles en la garganta:
la desesperanza…




VII ©

Tengo el cansancio lento
que en la noche cualquiera
se abraza al silencio.
No puedo estar sin lágrimas
cuando otra vez la noche
me lame la herida,
la vieja herida incicatrizable.
Me niego a pensarte
ribeteando en la noche
tu silueta intacta...
No puedo ser nada
mientras el dolor me llame,
solo un proyecto infértil
de un suicidio imaginado.




Póstumo ©

Es tarde, ya muy tarde
las alas de los sueños
no alcanzan la esperanza.
Es tarde y se termina
la búsqueda del todo.
El alma está cansada
enredando sus brazos
en la nada.
Es tarde y se levanta
un muro en cada palma
del tráfico insaciado
tocando lo intocado,
trepando lo deseado
deseando lo esperado.




Adiós ©
 
El cáncer puso empeño  
en esa destinación  
y venció.  
Su carrera por multiplicarse  
fue segura.  
Y este corazón sensitivo,  
y esta alma tan fuerte,  
se despiden,  
poco a poco,  
pero con prisa hacia el final.  
Decir adiós es duro  
cuando se dio la lucha  
hasta la última batalla.  
                                                                                                                                                                                  inédito

Edith Fernández García

Nació en Turrialba, Costa Rica, el 11 de diciembre de 1937. Cursó sus estudios primarios en la Escuela John D .Rockefeller hoy Jenaro Bonilla Aguilar de la ciudad de Turrialba. La secundaria en el Colegio Nuestra Señora de Sión en la ciudad de San José donde estuvo como estudiante interna por los cinco años. Trabajó en el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA) en Turrialba (el que después se convirtió en el Centro Agronómico de Investigación y Enseñanza (CATIE)) en labores de artes gráficas. También en la edición de la Revista Turrialba, revista que fue muy importante en su tiempo en agricultura tropical.  Laboró un tiempo en el Hospital William Allen de Turrialba como lo que llamaban Visitadora Médica, que eran labores de Trabajo Social. Durante la Administración de Francisco J Orlich (1962-1966) fue vicecónsul en la Ciudad de México. Fue en este lugar que su amiga, Maria Elena Quirós, publicó su único libro El río, la montaña.  Este contiene ocho poemas y su MISA. En los años 70 deja de laborar en el CATIE y adquiere una pequeña finca en Alto de Varas en Turrialba. Esta finca se llamaba Yasnaia Poliana que era el nombre de la Hacienda de León Tolstoi. En la Sede Universitaria de la Universidad de Costa Rica en  Turrialba da el curso de Apreciación Literaria durante varios años. Muere en la ciudad de Turrialba el 30 de agosto de 1996.

© Todos los derechos reservados: Familia Tapia Fernández.

Se le agradece a la familia de la autora por brindar el material aquí presentado.

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