Secuencia de madres
Guárdala por nueve meses, decía la hermana, busca en el interior el reflejo de la madre que
quisiste tener en los años que fuiste niña, traza el rostro de una vida con tu vientre y corre por
el tiempo en los pasos que enseñan los hijos.
Cuando estés cansada busca en la mañana las fotografías que hicieron una vez la maternidad.
En puntas salta y alcanza los juguetes de antiguas generaciones. Con un puñado de pastas
rasga los tejidos de alguien que no puede respirar, sostén en las piernas la fuerza para caer
con las fuentes que posee la sangre en el cuerpo, con las manos limpia esas partes que no
usarás en las siguientes semanas, con el agua en los pañuelos recuerda que la vida se siente
antes y después de una pérdida.
Origen
¿Y si el mundo se llena de mujeres sin rostro?
Mujeres que mueren con el líquido al hacerse madres
mujeres que custodian el haber sido humanas para olvidar en el monte las manifestaciones de
otras memorias
Mujeres no mujeres que viven en los escombros de un hombre que posee los orgasmos
Mujeres que escuchan las paredes y encienden en su cuerpo la marea nocturna en el vientre
Mujeres que escupen el mundo en la ventana de cada viajero
que mueven los escombros en casa para permanecer
Mujeres que ocultan las lecturas en su pasado
que no cuentan con las olas de su rostro
Mujeres sentenciadas al olvido de sus caderas
que piden permiso para entrar
que piden derecho al salir
Mujeres custodiando la libertad en la comida mientras el mundo les niega cada rostro
mientras el mundo hace de una mujer todas las mujeres a imagen y semejanza
Mujeres idealizadas a un placer primero
a una obligación segunda
y a un quehacer sin sentido donde todas
inmersas en nuestro cuerpo
escapamos para no recrear el antiguo camino
que dejó la primera mujer sin rostro.
Secuencia de río
A “Siembra de cuerpos gramaticales”
La gente sumergía sus manos en el barro
los peces bailaban buscando la respiración en la tierra.
Daban saltos y terminaban con el dolor
que intuía la muerte del agua.
En los días posteriores el gas pimienta
se hizo dueño de los pulmones.
Los gritos arrojados a una autoridad sin oídos
removieron el sueño.
Los cuerpos tirados en el piso
decidieron desaparecer
en los informes de la alcaldía.
En el transcurso del año
los ojos sostenían el aliento
para determinar la paciencia
de la siguiente manifestación.
Sembrados en el puente tuvieron las manos
de aquellos a quienes la memoria
no podría dejar en las cifras
de un río hacinado en la hidroeléctrica.
Y así mojaron los pasos
hundiendo su rostro en el lodo.
Las palabras se movían
teniendo en la contemplación
la corriente del Bajo Cauca.
Los cuerpos cansados
dejaron cada falange
al desaparecer
en la ingeniería fluvial del progreso.
Instrucciones para hacer una cruz
Envuelva el cuerpo deseado, saque tierra y, de a poco, vaya dejando la vida en el vacío de las
piedras.
Para que los troncos sean recordados y los años que duren no se vayan por obra de los que
sobreviven a la caída, riéguelos constantemente con saliva de las fosas.
Con cuidado tome los pedazos de hierba que crecen a su alrededor y plante tres cuerpos más.
Con las manos sumerja la quietud en el rostro y olvide que tiene conciencia, los raspones
habrán hecho polvo las rodillas y plantado, sobre las sogas, un aliento que crecerá donde la
memoria desaparece.
El silencio, esa creencia de olvidar las palabras lentamente, volverá raíces aquellos rostros que
no decidieron ser suelo.

Alejandra Becerra, nació en Bogotá, Colombia (1992). Ha sido incluida en diversas antologías de poesía, entre ellas, Veinte voces emergentes – Poesía Colombiana del Siglo XXI-, Ed. Exilio (2023) y Yo vengo a ofrecer mi poema -Antología de resistencia-, Ed. Escarabajo (2021). Ha participado en los festivales literarios El poeta tiene la palabra y Ojo en la tinta – Festival de poesía y Narrativa-. Sus poemas han sido publicados en medios electrónicos como Quira medios, Círculo de poesía y La raíz invertida, así como en la revista Occidente XXI.
