Cultivo hongos alucinógenos
en las macetas del balcón
y los riego con el sudor
de mis amores. Huelen
a lavanda y azufre.
Su superficie es tersa
como la extensión de un salar
y en cada bocado de la carne
magra, blanquecina, láctea:
un nirvana y un abismo
Mi vida como una película
de Rohmer, el diálogo
sostiene la acción, en el elegante
departamento porteño
sobre una silla de mimbre
emulo el gesto de mis abuelas
cuando tejían una manta
para la madre primeriza. Pero,
mi ensayo es más humilde tengo
un alelí de pétalos azules que deshojo
con paciencia,
caen sobre mi vestido blanco
las corolas, cuento
por cada una de ellas
una amistad perdida.
Tengo una piedra de bezoar
en la garganta, un dolor biodegradable
por cada silencio.
A los mensajes de mis amigas
que llegan empapados en lágrimas
y andan con el corazón lleno de espinas:
les propongo que construyamos un rosal
un muro donde dejar crecer la hiedra
espina venenosa en el cierto insomnio
que se propaga debajo de las camas.
Musicalización kafkiana del desastre.
Nada es tan definitivo como un último adiós
en la venia del tren que parte lejos.
Y que se enquiste el presente
en un momento de eternidad punzante.
Ya sabremos qué hacer con estos cuerpos
desgastados por la imposibilidad
y la distancia, vamos a construir
un jardín de cactus que se alimenten
de las gotas livianas de agua cristalina
que caen de los postigos de la ventana.
Somos esa supervivencia, también.
Desarticulación cubista
A Paul B. Preciado
Salí de la ducha
con la piel enrojecida
el agua caliente
apéndice del sol
perpendicular en la pared
me calcé un chaleco
de mi abuela,
las medias
de mi vieja,
y fui hasta la cama
con los pasos de quien almendra
la costra enmohecida en su vientre.
Lo que tengo para decir
me atraganta.
Prefiero recorrer
con el pulso inexacto
los sabores de la infancia:
la manzana rallada con canela,
la cajita de caramelos,
un guiso humeante
y no la guerra
en los ángulos de mi cuerpo
donde la nostalgia
coagula el olvido.
Hubo, hay, habrá
batallas anónimas:
mi útero
estridente de flores
de plástico
para que no se mueran
para que los insectos
no hogareñen las hojas.
Mi cuerpo plastilinado
por las manos santas
de un médico
regurguita por la boca de Zeus
un apenas visible milagro.
La curva necesaria.
Y los ramos de rosas, quién los arroja ¿
hieren mis palmas.
La cantidad exacta y suficiente
de polvo en los poros.
Azúcar de mascabo mi pelo,
una luciérnaga mi cruz
en los rincones oscuros
y soy una silueta a acuarelar en la pared
pincelada a pincelada.
Con las muñecas amortajadas
sujeto mi cadena.
Una cicatriz rencorosa
llevándose la voluntad de habla
y aun así mi sangre resulta dulce
como el agua limpia
y en los espejos el que no soy
tiene un gemir
de niño en incubadora.
Decir mi cuerpo es ajeno
como quien desentierra
a una tortuga
cuando se aviene el verano.
Que mi cuerpo sea
una desarticulación cubista
gota de sodio en la laringe.
Quisiera que no
pero hoy el cuerpo es un síntoma
un error claustrofóbico
no es la vista, no es el tacto, no
ocurre infinito en el presente:
Y decir yo es como decir
Y decir yo es como decir
mi padre; con el párpado a media asta
y su cuerpo zigzagueante
se detiene en cada pájaro en cada hormiga
sin saber que lo que hace
no deja de ser poesía.
Y decir yo es como creer que
un límite un encierro encapsula
un conjunto de ahoras
que topan ni desencadenan en nada.
Hacen del contorno
una prueba de fe, dónde empiezo ¿
el aullido doliente de los pájaros
decimos que cantan
un río seco
solo arrastra de barro, dónde termino ¿
y si hubiese un límite, qué es el otro ¿
¿Qué es esto que me sale del lenguaje?
Si se siente el pulso a dónde está la guerra
¿Por qué hay un hueco en aquella trinchera
con la profundidad de la garganta?
De un daimon de algo que cabe
en la palabra inconmensurable
pero no deja de desear nombrarse
otra cosa, de otra forma.
Si se siente el pulso, dónde está la guerra.

Mendoza (1994) Redactora y correctora. Vive en Buenos Aires y estudia Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Estudió Licenciatura en Letras Modernas en la UNCuyo. Recibió el primer premio en el Certamen Literario Vendimia 2021 con su libro de poemas “Arterias” editado por Ediciones Culturales (2022). Publicó «Vampirización del ego» (Mar Adentro, 2017) y el fanzin «La conspiración de los damascos» (2019) que se publicó en México por la Editorial Ojo de Golondrina. Fue editora del dossier El Jardín de Ophelia de Revista Ophelia. Tercer puesto en Slam Argentina (2020). Forma parte de diversas revistas y antologías, entre ellas, “Flotar” (Camalote, 2021), “Palometa” (zine bilingüe, 2021), “Vote Poesía” (Grito Manso,2020). Actualmente forma parte del consejo editorial de la revista Gambito de papel y coordina el proyecto de difusión de poesía y arte visual Postales Federales.

¡Muchas gracias por compartir estos poemas! Excelente laburo el que hacen. Un abrazo
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